En un rincón del bosque, donde los árboles eran altos y los caminos estaban llenos de hojas, vivían unos amigos muy especiales: un oso, un conejo, un gallo y una pequeña gallinita, pero estos amigos no se esperaban que esa mañana les traería una sorpresa que ninguno imaginaba.

Entre los arboles se asomaba un zorrito que se había despertado con ganas de jugar de pronto se le ocurrió una gran idea, Miró a un lado, miró al otro y, cuando encontró la oportunidad, ¡tomó a la gallina y salió corriendo! —¡Cocorocó! ¡Socorro! —cacareó la gallina, muy asustada. Pero el zorrito corría tan rápido que, en un abrir y cerrar de ojos ya estaba lejos de aquel lugar.

Cuando los animales descubrieron lo ocurrido, se armó un gran alboroto. El gallo salió corriendo, el conejo saltó detrás de él y el oso se lanzó a perseguir al pequeño ladrón. —¡Devuelve a la gallina! —gritó el gallo. —¡No dejaré que te escapes! —dijo el oso. El zorrito miró hacia atrás y vio a todos siguiéndolo. —¡Uy! ¡Esto se está poniendo difícil! —pensó. Y corrió todavía más rápido.

¡Por aquí, por allá, entre los árboles y sobre las raíces! El zorrito conocía muy bien cómo correr entre los arbustos, pero el oso y sus compañeros no pensaban rendirse. —¡Ya casi lo alcanzamos! — gritó el gallo. El zorrito no respondió. Tenía las orejas hacia atrás y los ojos muy abiertos. Solo pensaba en escapar. ¡Pum, pum, pum! Las pisadas retumbaban por todo el bosque.

Los árboles eran cada vez más altos y el camino estaba cada vez más oscuro, pero el zorrito seguía corriendo con la gallina. Al principio, todo le parecía un juego divertidísimo. Ahora, sin embargo, comenzaba a cansarse. y sin darse cuenta, se habían perdido en el bosque.

Mientras tanto los tres amigos estaban muy agotados, pero aun asi no decidieron rendirse y continuaron buscando a su pequeña amiga, la cual estaba indefensa en los brazos de aquel zorrito

El zorrito trepó un gran árbol para observar el paisaje y desde una rama podía ver muchísimos árboles y algunas montañas a lo lejos, miró en todas direcciones y al fin comprendió que escapar había sido mucho más fácil que encontrar el camino de regreso.

La luna iluminó las colinas y las estrellas comenzaron a brillar. Sin embargo, los amiguitos de la gallina decidieron buscar un arbol para poder pasar la noche y descansar

Cuando salió el sol, el bosque volvió a llenarse de colores. Las hojas brillaban, los pájaros cantaban y una montaña se veían a lo lejos. -Mira ahí va nuestra gallinita- grito con mucho entuciasmo el conejo.

En aquella montaña, estaba el zorrito avanzaba con cuidado, acompañado por la gallina. - ¡Esta montaña es enorme! -exclamó ella. - ¡Y yo que pensaba que mi aventura sería cortita! -respondió aquel zorro travieso.

El zorrito junto a la gallinita se deslizó por la montaña hasta encontrar una pequeña madriguera iluminada. Allí, ya convertidos en amigos, decidieron terminar una partida de ajedrez. Mientras tanto, sus compañeros llegaron a rescatarla, pero el oso queriendo entrar primero se quedó atascado en la entrada.

La noche volvió a caer y estos dos amigos se quedaron dormidos en aquella madriguera, mientras el viento soplaba suavemente. Afuera, el oso, el conejo y el gallo tuvieron que acomodarse como pudieron para pasar la noche, pues ninguno logró entrar.

Al amanecer, el gallo escuchó un cacareo detrás de unas rocas: ¡co, co, co! Los tres corrieron siguiendo el sonido y al mirar, vieron a la gallinita junto al zorrito. ¡Por fin estaban cerca de encontrarla! El oso, el conejo y el gallo bajaron rápidamente la montaña, decididos a llevar a su amiga de vuelta a casa.

Cuando llegaron a la orilla, ¡ya era demasiado tarde! La gallinita y el zorrito se alejaban en un pequeño bote, remando tranquilamente. El oso, el conejo y el gallo se quedaron sorprendidos al verlos partir. ¡Ahora tendrían que idear otro plan para recuperar a su amiga!

Al gallo se le ocurrío usar al oso como bote y se lanzaron al mar. ¡El oso remaba con sus patas mientras el conejo gritaba: «¡Más rápido, más rápido! de repente SPLAAASH una ola gigante los hizo dar tantas vueltas que terminaron todos mareados.

Al llegar a la orilla, estaban empapados y cansadísimos, se sacudieron el agua y miraron a su alrededor. Aunque estaban agotados, no pensaban regresar sin encontrar a la gallinita.

De pronto, el gallo descubrió unas huellitas que se adentraban en el bosque —¡Por aquí! —gritó emocionado. Los tres corrieron tras ellas hasta llegar a una pequeña casita. Con mucho cuidado, se acercaron a la ventana y lo que vieron ahí dentro los dejó sin palabras.

La gallinita y el zorrito estaban calentitos junto al fuego, tomándose un chocolate caliente. Pero el oso, el conejo y el gallo se enfurecieron y ¡PUMMM! Derribaron la puerta y entraron corriendo. Al ver sus caras, el zorrito se sintió muy triste. Entonces la gallinita dio un paso al frente y dijo: ¡Él ya no es malo! Se convirtió en mi amigo y me cuidó todo este tiempo. Sus amigos se quedaron en silencio.

De pronto, el gallo descubrió unas huellitas que se adentraban en el bosque —¡Por aquí! —gritó emocionado. Los tres corrieron tras ellas hasta llegar a una pequeña casita. Con mucho cuidado, se acercaron a la ventana y lo que vieron ahí dentro los dejó sin palabras.