contratapa
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pag para dedicatoria
Juana, recién se despertaba. -¡Buen día!-
Juana abrazó a su osito y le dijo bajito: -Voy a vestirme yo solita, por primera vez. ¿Podré? El osito aplaudió con sus patitas: -¡Sí, sí, sí!
Agarrólamedia,hizounacuevita conlasmanos,metióelpiehastaelfondo... ¡ZAS! -¡Puedoyosolita!-festejóJuana, con una sonrisa enorme.
Agarróelzapato, leabrióbienlaboca, acomodóelpie, juntó las tiritas y lasapretófuerte, ¡RICRAC! -¡Puedo yo solita! -
Se puso la capa sobre los hombros, giró el botón de costadito, como un pez que nada de perfil, y lo empujó hasta el otro lado del ojal. ¡CLIC! —¡Puedo yo solita! — gritó, dando una vuelta entera.
Se miró al espejo: medias, zapatos y capa. Todo por primera vez, todo ella sola. ¡El osito saltaba de alegria!
De puntitas de pie, con el osito bien abrazado, caminó despacito hasta la cocina.
Shhh... shhh... Se escondió detrás de la puerta, aguantando la risa.
—¡Sorpresa! — gritó Juana, saliendo de un salto con su capa flameando.
Mamá la abrazó fuerte y le dijo, muy despacito: -Sos cada día más grande y yo estoy tan orgullosa de vos.
En el desayuno, Juana agarró la cuchara, la hundió en el yogur hasta el fondo y la llevó despacito a la boca. ¡ÑAM! —¡Puedo yo solita! — dijo, con una sonrisa blanca de yogur y la naricita manchada.
El osito la miraba desde la silla, con muchas ganas de probar también. Agarró su propia cucharita, la hundió en su platito y la llevó a la boca.
—¡Puedo yo solito! — dijo el osito, muy contento. Mamá y Juana se rieron juntas, y le dijeron con ternura:—¡Estamos orgullosas de vos!--
