Tomo I. Manta: Un puerto milenario

Preliminares Considerar que poseemos una verdad histórica es un acto de soberbia. La historia se compone de interpretaciones sujetas a revisión conforme surgen nuevas fuentes primarias o documentos incunables. Lo que sí podemos garantizar es lo logrado tras años de investigación, donde rastrear fuentes documentales —históricas, arqueológicas, antropológicas, etnológicas y lingüísticas— ha permitido recuperar aspectos del pasado, comprender las raíces y el desarrollo de este puerto milenario. Los cronistas han ofrecido evidencias que nos ayudan a visibilizar el posible origen de Manta, interpretar su cultura material, la iconografía y las actividades que han perdurado, así como las interacciones con otros pueblos. Estamos convencidos de que la historia debe reescribirse continuamente, pues muchas veces depende de noticias incompletas y de interpretaciones de terceros. La aparición de documentos originales permite revisar y analizar datos emitidos con los cuales podemos quitar ese velo que cubre la historia de los pueblos y sobre todo analizar las diferentes interpretaciones que se han dado con afanes nacionalistas, regionalistas, localistas de los datos emitidos por los primeros cronistas, relacionados con nombres de pueblos, puertos y de posibles fundaciones españolas en lo que se denominó Provincia de Puerto Viejo o Provincia de Manta. Preservar la historia local es fundamental, ya que nos permite viajar al pasado, comprender el origen y proyectar el futuro. Documentos y Imagengrafías corren el riesgo de perderse en archivos personales, por lo que fue esencial entrevistar a personas de la ciudad que conservaron información relevante sobre acontecimientos y fechas importantes. De no rescatar esos fragmentos de historia, parte de la identidad local permanecería oculta. La historia local, también conocida como historia matría, se manifiesta en la vida cotidiana de parroquias, barrios y urbanizaciones, y nos acerca a los sucesos clave a través de la oralidad, fortaleciendo la identidad y el desarrollo de sus habitantes. A lo largo de su historia, Manta ha ido conformando un patrimonio cultural que incluye manifestaciones tangibles e intangibles de valor arqueológico, histórico, arquitectónico, social, artístico, ambiental, etnológico y antropológico, que requieren de su conservación para preservar su identidad. Muchos investigadores, cronistas actuales, historiadores locales, regionales y nacionales han dedicado parte de su tiempo en escribir la historia de este importante cantón manabita, sus aportes son valiosos; ellos desde diferentes ópticas han tratado de llenar vacíos en la historia local, pero también muchos de ellos han sesgado sus interpretaciones, por ideologías y por objetivos políticos. Ha sido un verdadero privilegio tener acceso a parte de la historia de Manta, a que se nos haya confiado por parte de la Cámara de Comercio la delicada tarea de reescribirla, reconstruirla, reinventarla; y un honor compartirla con ustedes a través de este libro.

Capítulo 1. Los primeros pobladores de Manta

La presencia de los primeros habitantes en América ha sido objeto de diversas teorías a lo largo del tiempo. El modelo más aceptado sostiene que grupos humanos procedentes de Asia ingresaron al continente a través de la región de Beringia, un puente terrestre que conectaba Siberia con Alaska, en un proceso caracterizado por múltiples oleadas migratorias que, a lo largo del tiempo, dieron lugar a la ocupación progresiva de Norte, Centro y Sudamérica. En las primeras décadas del siglo XX, el antropólogo Paul Rivet propuso una interpretación complementaria basada en la existencia de varios flujos migratorios hacia América, incluyendo posibles contactos transpacíficos desde regiones como Melanesia y Australia, planteando que ciertos grupos habrían llegado por vía marítima a las costas americanas y ampliando así la comprensión de las posibles rutas que contribuyeron a la formación de las poblaciones del continente. Las primeras evidencias de presencia humana en la franja costera de lo que hoy es Manabí corresponden a poblaciones precerámicas de cazadores-recolectores del Período Arcaico, situado para esta región entre hace 9.000 y 6.000 años AP1. Estas poblaciones aprovecharon diversos ambientes y recursos, tanto costeros como de los valles interiores, mediante la pesca, la recolección y la caza. En el valle del río Julcuy, las evidencias del sitio El Puerto documentan una ocupación humana de hace aproximadamente 6.900 a 6.500 años AP. Con el tiempo, algunos de estos grupos desarrollaron formas de vida más sedentarias, en un proceso que antecedió al establecimiento de las primeras sociedades agrícolas y ceramistas de la región2. Capítulo 1. Los primeros pobladores de Manta 1 Jorge Marcos Pino, “La historia de Manabí prehispánico”, en Arqueología y etnohistoria del señorío de Cancebí en Manabí central, Esqueletra Editorial, Manta, 2011, p. 41. 2 Se han identificado ocupaciones precerámicas del Período Arcaico anteriores a Valdivia en distintos sectores del sur de Manabí. En el sitio El Puerto, en el valle del río Julcuy, las investigaciones arqueológicas han identificado una antigua ocupación precerámica de hace aproximadamente 6.900 a 6.500 años. Véase Florencio Delgado, Middle Holocene Archaic Occupation in the Interior Valleys of Manabí, Ecuador: Human–Environment Dynamics at El Puerto, Julcuy River Valley (ca. 6900– 6500 cal BP), manuscrito inédito, 2026; en Salango se ha identificado también una ocupación del Arcaico Tardío, anterior a Valdivia, asentada sobre una antigua playa. Véase Richard Lunniss (y otros), “La transición Arcaico Tardío – Valdivia: una reevaluación en base a evidencias de los sitios Salango y Valdivia”, en Valdivia, una sociedad neolítica: Nuevos aportes a su conocimiento, Ediciones UTM, Portoviejo, 2021, p. 130. Imagen 1. (Colocar imagen de figura de venus de valdivia) GdlF

ALOS PRIMEROS POBLADORES DE MANTAEl territorio de Manabí combina colinas suaves y llanuras costeras, con predominio de ambientes secos de bosque tropical seco y matorrales, aunque hacia el norte y en torno a los ríos hay zonas más húmedas. Destaca el estuario del río Chone en la bahía de Caráquez. Frente a sus costas confluyen las aguas frías de la corriente de Humboldt y, de forma estacional, las cálidas de El Niño, lo que ha influido en el clima, la productividad marina y la diversidad de ecosistemas costeros y terrestres de la provincia. Durante el Período Formativo temprano, específicamente en la fase Valdivia (4400– 1500 a. C.), se desarrollaron comunidades agrícolas desde la provincia de Santa Elena hasta el sur de Manabí. Estas sociedades produjeron las primeras formas de cerámica3 y establecieron redes de circulación tanto marítimas a lo largo del litoral manabita como terrestres hacia el interior de los Andes4. Alrededor de 3600 a 3200 a. C., en el área de la costa ecuatoriana comprendida entre el cabo de San Lorenzo y la punta de Santa Elena, surgió un rito propiciatorio de la lluvia que asociaba el bivalvo Spondylus princeps con la caracola Strombus peruvianus, utilizada como trompeta ceremonial5. Esta temprana asociación vinculó ambas especies al ámbito ritual y constituye uno de los antecedentes de la importancia que posteriormente adquiriría el Spondylus en las redes de intercambio y en las prácticas ceremoniales del mundo andino. En el año 2500 a. C., la presencia de la fase Valdivia III en la Isla de La Plata sugiere el uso temprano de las embarcaciones de balsa con vela6. Durante esta etapa se documenta la presencia de Spondylus en territorio peruano7. Entre 1500 y 1000 a. C., en la fase Machalilla, se consolida la ocupación costera del sur de Manabí8; se perfecciona la cerámica, se intensifica la pesca y las evidencias arqueológicas indican el uso de las embarcaciones de balsa para una navegación regular destinada al intercambio de bienes9. Imagen 1.2. Concha Spondylus GdlF Imagen 1.2. Concha Spondylus GdlF 3 Emilio Estrada (y otros), La cultura Valdivia, Publicación del Museo Víctor Emilio Estrada n.º 6, Editorial Vida, Guayaquil, 1959, p. 6. Aunque Valdivia fue considerada entre las cerámicas más antiguas de América, dataciones posteriores registran evidencias anteriores en el bajo Amazonas (6000– 5000 a. C.) y el norte de Colombia (5000–4500 a. C.). John W. Hoopes, “Ford Revisited: A Critical Review of the Chronology and Relationships of the Earliest Ceramic Complexes in the New World, 6000–1500 B.C.,” en Journal of World Prehistory 8, 1, 1994, p. 41. 4 Jorge Marcos Pino, Los pueblos navegantes del Ecuador prehispánico, Abya-Yala, Quito, 2005, pp. 155, 166. 5 Jorge Marcos Pino, “La historia de Manabí prehispánico”, p. 67. 6 Presley Norton, “El señorío de Salangone y la liga de mercaderes” (1985), en Historia marítima del Ecuador. Tomo II: Período prehispánico, Ed. por Jenny Estrada, Instituto de Historia Marítima, Guayaquil, 2012, p. 252. 7 Karen Olsen Bruhns, Ancient South America, Cambridge University Press, Cambridge, 1994, p. 282. 8 Emilio Estrada, Las culturas preclásicas, formativas o arcaicas del Ecuador, Publicación del Museo Víctor Emilio Estrada, n.º 5, Editorial Vida, Guayaquil, 1959, p. 53. 9 Benjamín Rosales, La balsa ancestral del Pacífico Americano, Sílex Universidad Magnum, Madrid, 2024, p. 138.

AMANTA, UN PUERTO MILENARIO - TOMO I

ALOS PRIMEROS POBLADORES DE MANTAPosteriormente, en el Formativo tardío, en la fase Chorrera (1000–500 a. C.), la zona donde hoy se ubica Manta se consolida como asentamiento costero estable10; se desarrollan sistemas agrícolas más intensivos, se perfecciona la navegación en balsas y se fortalecen las rutas comerciales y el intercambio cultural entre la costa ecuatoriana, el norte del Perú, Mesoamérica y las conexiones terrestres hacia los Andes11. En este contexto, se plantea que estos movimientos pudieron haber llevado cerámica inicial desde Ecuador hacia Guatemala12. Asimismo, se incrementa hacia el Perú la distribución de Spondylus y Strombus13,14. Durante el Período de Desarrollo Regional (500 a. C.–500 d. C.), la población que ocupa Manta se integra a los desarrollos de la cultura Bahía15. En esta etapa se expanden aldeas pesqueras, se mejora el urbanismo, se perfecciona la agricultura, se desarrollan sistemas de manejo de agua y se intensifica el comercio marítimo regional en balsas, especialmente de Spondylus y Strombus16. La abundancia de figurinas, cerámicas policromas, instrumentos musicales y objetos ornamentales hallados en Tarqui y Los Esteros revela una sociedad dinámica y creativa, con una compleja vida ritual, centros ceremoniales, plataformas comunales y una activa red de intercambio a lo largo de la costa del Pacífico17,. Esta sociedad también desarrolló técnicas avanzadas de alfarería, metalurgia y trabajo en piedra; mientras que la música, las ceremonias y el consumo ritual de la coca ocuparon un lugar importante dentro de la vida social y religiosa18. Imagen 2. Colocar Imagens de cerámicas y figuras Chorrrera procedentes de Manta Imagen 2. Colocar Imagens de cerámicas y figuras Chorrrera procedentes de Manta 10 Emilio Estrada, Arqueología de Manabí Central, Publicación del Museo Víctor Emilio Estrada n.º 7, Guayaquil, 1962, p. 17. 11 Karen E. Stothert (Ed.), Lanzas silbadoras y otras contribuciones de Olaf Holm al estudio del pasado del Ecuador – Tomo I, Banco Central del Ecuador, Guayaquil, 2001, p. 53. 12 Emilio Estrada, Arqueología de Manabí Central, p. 89. 13 Donald W. Lathrap, Ancient Ecuador: Culture, Clay and Creativity, 3000–300 B.C., Field Museum of Natural History, Chicago, 1975, p. 59. 14 Presley Norton, “El señorío de Salangone y la liga de mercaderes”, p. 242. 15 Emilio Estrada, Arqueología de Manabí Central, pp. 19, 72. 16 Presley Norton, “Las culturas cerámicas prehispánicas del sur de Manabí”, en 5000 años de ocupación, Ed. por Presley Norton, Abya-Yala, Quito, 1992, p. 38. 17 Stirling, Matthew W., y Marion Stirling, Tarqui, an Early Site in Manabí Province, Ecuador, Anthropological Papers 63, Smithsonian Institution, Bureau of American Ethnology, U.S. Government Printing Office, Washington, D.C., 1963. pp. 6-8. 18 Libertad Regalado, Gigantes de Bahía: Los Esteros, Museo Centro Cultural Manta, Ministerio de Cultura del Ecuador, Manta, 2011, pp. 6-8.

AMANTA, UN PUERTO MILENARIO - TOMO IImagen 3.2 . Emilio Estrada con su descripción. Arqueología de Manabí Central, pág. 157, figura 50 a. En Los Esteros, Estrada (1962) identificó una capa de lava solidificada que cubría enterramientos y otros vestigios de esta ocupación. A partir de esta evidencia, planteó que una erupción volcánica ocurrida hacia el final del período Bahía habría sepultado o destruido buena parte de los asentamientos de Los Esteros y de la zona de la actual Manta, provocando su abandono durante varios siglos. Estrada sugirió que la lava pudo proceder del cercano cerro de Montecristi, al que consideró un antiguo cono volcánico20. “Hace unos 30 años [por los años 60], en un excepcionalmente fuerte aguaje durante la Semana Santa, las olas destruyeron una colina, probablemente una duna, a las orillas del mar, en el barrio suburbano de la ciudad de Manta, conocido como Los Esteros. Para sorpresa de todo el mundo salieron a la luz del día varias filas de figuras de Bahía Gigante, intercaladas con otras menores, y todas dispuestas en forma escalonada en el flanco frente al mar. Como el rocío bajo los rayos del Sol, todas desaparecieron en un instante en manos de los moradores, y no existe ningún informe científico de ese suceso. El estilo es inconfundiblemente el que conocemos como la Cultura Bahía.”19 19 Karen E. Stothert (Ed)., Lanzas silbadoras y otras contribuciones de Olaf Holm al estudio del pasado del Ecuador – Tomo I, 2001, p. 229. 20 Emilio Estrada, Arqueología de Manabí Central, p. 75. Investigaciones en el valle de Julcuy han identificado también

Imagen 5.- Realizar un mapa del Ecuador con las diferentes fases culturales relacionadas con Manta. Realización propia. GdlF basado en pdf Simaluiza Ruiz, 2017. Pág. 62.

AMANTA, UN PUERTO MILENARIO - TOMO IImagen 5.- Realizar un mapa del Ecuador con las diferentes fases culturales relacionadas con Manta. Realización propia.GdlF basado en pdf Simaluiza Ruiz, 2017. Pág. 62. Aproximadamente a partir del 500 d. C., con la intensificación de la agricultura, el crecimiento de la población, el incremento del intercambio comercial y la consolidación de cacicazgos y señoríos étnicos, comienza el Período de Integración, durante el cual la cultura Manteña (600–1535 d. C.) alcanzó su mayor complejidad social y política. En este contexto, Manta, el cacicazgo Jocay, se consolidó como uno de los principales puertos de la costa del Pacífico sudamericano y formó parte de una “liga de mercaderes”21 dentro de la denominada «confederación manteña-huancavilca», que conectaba a señoríos de la costa ecuatoriana y del norte del Perú. En este tiempo, Manta experimenta un notable avance urbanístico y cultiva actividades intensas como la metalurgia, la cerámica, las esculturas de piedra y la producción textil, además de dominar la navegación comercial de gran distancia mediante balsas veleras. El comercio del Spondylus y del Strombus, por rutas marítimas hacia Mesoamérica y hasta el norte del actual Chile, y por rutas terrestres hacia los Andes, convierte al puerto de Manta en un nodo continental de intercambio. Al final de este período, destaca también el culto religioso a Umiña22, que refuerza la centralidad ritual de Manta dentro de la civilización manteña. Este proceso se mantuvo hasta 1534 d. C., cuando la conquista española interrumpió las redes indígenas. Para entonces, Manta acumulaba tres mil años de ocupación humana continua y una profunda tradición marítima y comercial que la situó como uno de los grandes puertos prehispánicos del Pacífico sudamericano. huellas de actividad volcánica en la antigua ocupación de Manabí, entre ellas una capa de ceniza volcánica situada después de la ocupación Chorrera y antes de la Bahía. Aunque no es posible relacionar directamente esta evidencia con el episodio señalado por Estrada en Los Esteros, muestra que la actividad volcánica dejó también sus huellas en otros lugares de Manabí. Véase Florencio Delgado, Middle Holocene Archaic Occupation in the Interior Valleys of Manabí, Ecuador: Human–Environment Dynamics at El Puerto, Julcuy River Valley (ca. 6900–6500 cal BP), manuscrito inédito, 2026. 21 Jacinto Jijón y Caamaño, Antropología prehispánica del Ecuador, La Prensa Católica, Quito, 1945/1951, p. 88. 22 Viliulfo Cedeño Sánchez, La Confederación Manteña, Editorial Offacoda Color, Colección Jocay, Manta, 1985, pp. 88–89.

AMANTA, UN PUERTO MILENARIO - TOMO I23 Anónimo, “Segunda parte de la Descripción de la ciudad de Puerto Viejo y su distrito” (1605), p. 294. 24 Paul Rivet, Ethnographie ancienne de l’Équateur (1899–1906) - Tomo VI, Librería Gauthier-Villars, París, 1912, pp. 58-59. 25 “Manteño es un nombre étnico que refiere a los Mantas históricos de la Provincia de Manabí, quienes se distinguían en lo lingüístico y étnico de los Huancavilcas de la Provincia del Guayas”, Erick López Reyes, Reconstruyendo entidades territoriales, sociopolíticas, económico- productivas prehispánicas: Aproximación metodológica al señorío guancavilca de Colonchillo en la punta de Santa Elena, Ecuador. Tesis de maestría, Escuela Superior Politécnica del Litoral, Guayaquil, 2022, p. 98. La denominación Mantas ha sido utilizada por diversos autores para referirse a este grupo étnico de Manabí y diferenciarlo de otras poblaciones o naciones de la costa ecuatoriana. Véase Paul Rivet, Ethnographie ancienne de l’Équateur (1899–1906), pp. 45-52; y, Wilfrido Loor, Los indios de Manabí, Editorial Ecuatoriana, Quito, 1937, quien señala: “Entre los pueblos antiguos y de mayor cultura en Manabí, y quizá en Sur América, está el de los Mantas” (p. 28), “Los Mantas debieron ocupar un nivel relativamente alto por su cultura y, dada su antigüedad, han influido mucho en las civilizaciones posteriores de Sur América” (p. 29). 26 Algunas interpretaciones historiográficas extienden la denominación étnica huancavilca hasta Manabí. Benjamín Rosales señala “la extensión territorial que dominaban” los huancavilcas “desde el sur del golfo de Guayaquil hasta el norte de Manabí” (Benjamín Rosales, La balsa ancestral del Pacífico americano, p. 234), apoyándose en Sarmiento de Gamboa, quien refiere que Túpac Inca “hizo conquistar todos los Huancavilcas, aunque eran muy guerreros y peleaban por tierra y por mar en balsas desde Tumbez hasta Huañapi y a Huamo y Manta y a Turuca y a Quisin” (Pedro Sarmiento de Gamboa, Historia de los incas (1572), Ediciones Polifemo, Madrid, 1988, cap. XLVI, p. 123). Sin embargo, esta interpretación excede lo que permite afirmar el pasaje. La mención de Manta y otros lugares no implica que sus poblaciones fueran étnicamente huancavilcas, y una referencia aislada no basta, por sí sola, para convertir esta denominación en una categoría étnica general para las poblaciones de Manabí. La civilización Manteña (600 – 1535 d. C.) Es importante preguntarse si el grupo conocido como los manteños constituyó un pueblo, una cultura, una confederación, una liga de mercaderes o una civilización. Esta sociedad ocupó una extensa región de la costa del actual Ecuador, diferenciada territorialmente en dos grandes ámbitos. Los denominados manteños del norte se asentaron desde el estuario del río Chone y se extendieron hacia el sur de la provincia de Manabí. Por su parte, los manteños del sur23 ocuparon territorios de las actuales provincias de Santa Elena y Guayas, incluida la isla Puná, y extendieron su influencia hasta Tumbes24, en el norte del actual Perú. Su espacio territorial estuvo interrelacionado por diversos señoríos, integrados, a su vez, por distintas poblaciones. En cada población menor ejercía la jefatura un cacique, mientras que, por encima de estos caciques, se encontraba un señor o cacique principal que residía en el poblado principal del señorío. El conjunto de estos señoríos manteños se articulaba regionalmente en forma confederada mediante un sistema dinámico de alianzas flexibles, redes comerciales especializadas, complementariedad en el acceso a distintos pisos ecológicos y centros ceremoniales compartidos. Los manteños del norte, denominados históricamente mantas25, tuvieron como pueblos vecinos: al norte, los caráquez, pasaos, coaques y campaces; al este, los llamados colorados y los chonos; y al sur, los huancavilcas26, punaes y tumbecinos.

ALOS PRIMEROS POBLADORES DE MANTA27 Tatiana Hidrovo, Tras las huellas de la Ciudad de los Cerros, Corporación Centro Cívico Ciudad Alfaro, Montecristi, 2016, p. 226 28 María Isabel Silva, Pescadores y agricultores de la costa central del Ecuador: Un modelo socio-económico de asentamientos. Tesis de Maestría, University of Illinois, Urbana-Champaign, 1984, pp. 18, 44 29 Colin McEwan, And the Sun Sits in His Seat: Creating Social Order in Andean Culture, [tesis doctoral], University of Illinois at Urbana–Champaign, Urbana, 2003, p. 120 30 En la organización territorial colonial de Manta, citada en la “Segunda parte de la Descripción de Guayaquil, en que se trata de la ciudad de Puerto Viejo y su distrito” (1605), se mencionan las parcialidades asociadas a Manta: Jaramijó, Levique y Capil. La fuente también indica que, hacia la década de 1570, fueron reducidos en Manta (es decir, se movilizó su población a Manta) los pueblos de Jaramijó, Camilloa y Cama. Bajo el modelo colonial, estas poblaciones quedaron integradas en una misma jurisdicción y, según el texto, “tenían lengua propia y común a ellos”. En conjunto, estas referencias sugieren vínculos culturales anteriores a la reducción, heredados de formas de articulación regional prehispánica en el ámbito del señorío de Jocay. Anónimo, “Segunda parte de la Descripción de Guayaquil, en que se trata de la ciudad de Puerto Viejo y su distrito” (1605), en Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las Antiguas Posesiones Españolas de América y Oceanía, sacados de los Archivos del Reino y muy especialmente del de Indias - Tomo IX, Ed. por Luis Torres de Mendoza, Imprenta Frías y Compañía, Madrid, 1868, pp. 288-303. 31 Pedro Pizarro, “Relación del descubrimiento y conquista de los reinos del Perú” (1571), en Colección de documentos inéditos para la historia de España – Tomo V por D. Martín Fernández, Miguel Salvá y Pedro Sainz de Baranda, Imprenta de la Viuda de Calero, Madrid, 1844, p. 214. 32 Girolamo Benzoni, Historia del Nuevo Mundo (1565), Ed. por M. Carrera En la región habitada por los manteños del norte se establecieron distintos señoríos con funciones administrativas y ceremoniales. Entre los más destacados se encontraban Japotó (Charapotó), Picoazá (Cerro de Hojas–Jaboncillo), Jocay (Manta), Xipixapa ( Jipijapa) y Salangome (Agua Blanca). Por su parte, el Señorío de Jocay estaba integrado por diversas poblaciones, entre las que se incluían Jocay, como pueblo principal; Xaramixo ( Jaramijó); Camilloa (Las Chacras); Cama (San Mateo); Pillasagua (El Aromo–Pacoche); Levique (Ligüiqui); y Capil (Pile)30. Los manteños establecieron centros de peregrinación destinados al culto de sus divinidades, incluyendo espacios para la veneración de representaciones de su entorno natural y la elaboración de ídolos en piedra y madera31. Practicaron su adoración con música ritual y cantos en sus templos32. Imagen 7. Colocar Imagen de flauta de hueso de animal del catálogo del NMAI No. 243644.000) Imagen 8. Figura Bahía que nos facilitó Leonardo Alnoso de su colección encontrada en Liguiqui. Que se ve la imagen con rondador. GdlF Algunos autores consideran que las poblacio- nes asociadas a Jocay habrían formado parte del señorío de Picoazá (Cerro Hojas-Jaboncillo). Tatiana Hidrovo señala: “No está claro si la zona localizada entre Manta y Jaramijó con- formaba una unidad política propia (…) Quizá la zona de Manta era parte de la gran Ciudad de los Cerros y funcionaba como su puerto”27. Otros autores, en cambio, plantean la existen- cia de un señorío propio de Jocay-Manta. Entre ellos, María Isabel Silva propone un “Señorío de Manta”, cuya principal población era Jocay y cuyo territorio comprendía también Jaramijó, Camilloa y Cama28. De la misma manera, Colin McEwan analiza la organización territorial de los manteños: “Se pueden identificar fácilmente tres señoríos importantes: Jocay, que compren- de los pueblos de Jaramijo, Camilloa, Cama y el pueblo principal de Jocay; Picoaza, con un pueblo principal del mismo nombre, junto con Tohalla, Misbay y Solongo; y Salangome, tam- bién con un pueblo principal del mismo nom- bre, además de Tuzco, Sercapez y Salango”. [Traducción propia al español]29. El Señorío de Jocay

AMANTA, UN PUERTO MILENARIO - TOMO IDíaz [traducción y notas], Alianza Editorial, Madrid, 1989, p. 311. 33 Emilio Estrada, Arqueología de Manabí Central, p. 83; Francisco Huerta Rendón, Una urna funeraria de La Libertad y su muerte ritual, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas, Guayaquil, 1954, p. 2; Olaf Holm, Cultura Manteña-Huancavilca, Museo Antropológico y Pinacoteca del Banco Central del Ecuador, Guayaquil, 1982, pp. 43-45. 34 Richard Lunniss, “Alimentación y cosmovisión precolombina en Manabí”, en Resiliencia y creatividad gastronómica: La transformación de Portoviejo en Ciudad Creativa de la Gastronomía UNESCO 2019, Editorial Humus, Portoviejo, 2025, p. 60. 35 Ver Anexo 1, Eroticidad ritual, disidencia de género y la construcción del “pecado nefando” en el señorío de Jocay: una reconstrucción etnohistórica. 36 Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, Historia general y natural de las Indias, islas y tierra-firme del mar Océano (1535) - Tercera parte, Tomo IV, Imprenta de la Real Academia de la Historia, Madrid, 1855, Libro XLVI, p. 221. 37 Inca Garcilaso de la Vega, Primera parte de los Comentarios reales de los incas, Pedro Crasbeeck, Lisboa, 1609, Libro IX, cap. VIII. 38 Tatiana Hidrovo, Tras las huellas de la Ciudad de los Cerros, p. 95. 39 “En el área húmeda de El Aroma [El Aromo-Pacoche], al oeste de Manta, [M. Saville] descubrió una gran extensión de corrales, nuevamente asociados con sillas de piedra”, Richard Lunniss, La ciudad de los cerros Jaboncillo y de Hojas: Nuevos aportes científicos sobre la cultura manteña. Resultados de la temporada de investigación marzo–diciembre 2010. Corporación Ciudad Alfaro, Montecristi, 2011, p. 17. 40 “conocemos de una serie de centros de importancia que aún no los hemos explorado, como el Cerro Jupe, los Cerros de Manantial, y el sector de la Roma [El Aromo-Pacoche], Cerro Agua Clara, donde hay específica mención de corrales y sillas de piedra”, Emilio Estrada, Arqueología de En Jocay adoraban a una deidad llamada Umiña, representada por una gran esmeralda y asociada con poderes curativos, a la que acudían visitantes de lugares lejanos para recibir sus ofrendas. Desarrollaron un sistema funerario complejo, caracterizado por tumbas profundas y urnas funerarias, con rituales públicos asociados a la muerte y ajuares diferenciados que expresaban jerarquías sociales, así como una concepción de la muerte como tránsito y continuidad33. En la última etapa del horizonte manteño, tras la descomposición, los restos óseos eran limpiados y depositados en una vasija cerámica de gran tamaño como parte del entierro secundario34. Imagen 9. Colocar Imagen de urna funeraria manteña encontrada en Plaza San Marco. GdlF En su estructura social, la cultura de los manteños registró prácticas de sodomía y conductas sexuales que seguían sus propias normas sociales35. Algunos jóvenes se presentaban enchaquirados, adornados con collares y cuentas36. El matrimonio no exigía virginidad femenina, y los parientes y aliados del novio podían acceder sexualmente a la novia antes de la unión formal37. Fueron hábiles alfareros, ceramistas, tejedores y expertos en arte lítico. Sus asientos de piedra en forma de U, esculturas únicas en el mundo antiguo, se han encontrado principalmente en cerros de Manabí38: Hojas, Jaboncillo, Agua Nueva, Jupe, Agua Blanca, Andrés de Vera, Junín, y La Roma (El Aromo-Pacoche)39,40; suelen estar asociados a corrales, plataformas y espacios ceremoniales, y con frecuencia presentan

ALOS PRIMEROS POBLADORES DE MANTA

AMANTA, UN PUERTO MILENARIO - TOMO I

ALOS PRIMEROS POBLADORES DE MANTAbases con figuras humanas o de felinos41. A estos se suman las estelas o bajorrelieves de piedra, registradas sobre todo en cerro Jaboncillo, así como en Jupe y en El Aromo-Pacoche (La Roma)42, consistentes en placas verticales talladas, generalmente más anchas en la parte superior y con la base sin labrar para ser clavadas en tierra; en ellas se representan figuras humanas, frecuentemente femeninas, enmarcadas por diseños geométricos como pórticos, círculos, espirales y formas en “U”, acompañadas de motivos animales, lo que revela un complejo lenguaje simbólico. Fueron orfebres que supieron manejar las aleaciones del oro, la plata y el cobre43; metales como el oro y la plata no representaban riqueza económica, sino que expresaban una legitimidad simbólica. A la vez, elaboraron su sistema de calendario ceremonial y de orden social vinculado al ciclo agrícola, lunar y solar44, mientras desarrollaban estrategias para el manejo del agua mediante albarradas y la construcción de pozos de piedra45. Su ubicación ecuatorial y la interacción entre la corriente de Humboldt y los eventos cálidos asociados a El Niño configuraron un entorno marítimo altamente productivo que favoreció el desarrollo de sociedades costeras especializadas. En este contexto, la disponibilidad de recursos estratégicos como la concha Spondylus princeps, de alto valor ritual y de intercambio, y la abundancia de Ochroma pyramidale (madera de balsa), fundamental para la construcción de embarcaciones, crearon las condiciones para el surgimiento de una antigua tradición marítima en la región. A estos recursos se sumó el algodón, materia prima que posteriormente desempeñaría un papel fundamental en la elaboración de tejidos y velas para la navegación. Su aprovechamiento tiene profundas raíces en la Manabí Central, p. 83. 41 “Su forma es la de una silla o sillón de asiento más o menos cóncavo, sin espaldar y con brazos, sobre una base maciza, esculpida con la representación de un animal o de una figura humana encorvada, que soporta sobre las espaldas el asiento en forma de U. Las esculturas de animales representan generalmente a un puma o tigrillo americano; pero se ha encontrado también figuraciones de monos, pájaros y murciélagos. Raras son las que no tienen como soporte alguna figura. Las más frecuentes son figuras de hombres encogidos, a veces como arrodillados sobre un pedestal cuadrangular; suelen ser de ejecución muy realista, pudiéndose apreciar, en los mejor conservados, rasgos étnicos característicos, como la nariz aguileña y las orejas grandes, provistas de adornos u orejeras”, Carlos Manuel Larrea, El misterio de las llamadas sillas de piedra de Manabí, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1958, p. 10. 42 Tatiana Hidrovo, Tras las huellas de la Ciudad de los Cerros, p. 121. 43 Olaf Holm, Cultura Manteña-Huancavilca, p. 29. 44 Colin McEwan, And the Sun Sits in His Seat, pp. iii, 520. 45 Betty Meggers señala: “Un criterio de avance tecnológico es la modificación del paisaje natural para adaptarlo a las necesidades humanas, y en este sentido los manteños fueron más allá que otros ecuatorianos prehistóricos. La creciente población ejercía presión sobre las fuentes de agua naturales, ya que los ríos eran pequeños y escasos. Se excavaron pozos a través del sur de Manabí, uno en el borde de Manta que alcanzaba una profundidad de 12,8 metros. Si el suelo era blando, las paredes se recubrían con piedras sin tallar. Donde había manantiales cerca de la superficie o suficiente lluvia, se construían embalses” [Traducción propia al español], Betty J. Meggers, Ecuador, Ancient Peoples and Places - Vol. 49, Imagen 11.- Imagen de orfebres indios de Benzoni

AMANTA, UN PUERTO MILENARIO - TOMO Icosta ecuatoriana y está documentado en Real Alto, en la actual provincia de Santa Elena, desde aproximadamente 3500–3000 a. C.46 Frederick A. Praeger Publishers, New York, 1966, p. 124. 46 Jonathan E. Damp y Deborah M. Pearsall, “Early Cotton from Coastal Ecuador”, en Economic Botany 48, 2, 1994, pp.163–165. 47 Alexander G. Ioannidis (y otros), “Native American Gene Flow into Polynesia Predating Easter Island Settlement”, en Nature 583, 2020, pp.572–577. 48 Las guaras son tablones verticales que, al subirse o bajarse entre los palos de la balsa, permiten maniobrarla con gran eficacia incluso con viento en contra, haciendo posible orzar, arribar, virar en distintos sentidos y mantenerse a la capa mediante el ajuste de su profundidad en el agua. Véase Antonio Ulloa y Jorge Juan, Relación histórica del viaje a la América Meridional - I Parte, Tomo I, Imprenta de Antonio Marín, Madrid, 1748, pp. 264-265. 49 Jorge Marcos, “De ida y vuelta a Acapulco con mercaderes de Mullu”, en Arqueología de la costa ecuatoriana: nuevos enfoques, ESPOL, Quito, 1986, pp. 169, 179. 50 María Rostworowski de Díez Canseco, “Mercaderes del valle de Chincha en la época prehispánica: un documento y unos comentarios”, en Revista Española de Antropología Americana - Vol. 5, Madrid, 1970, p. 144. El Aviso (1570-1575) citado por la autora señala que los mercaderes de Chincha “iban a Quito y a Puerto Viejo”, de donde llevaban chaquiras de oro y esmeraldas. En este contexto marítimo, identificamos Puerto Viejo con el puerto de Manta. Ver nota 122. 51 Jorge Marcos, “De ida y vuelta a Acapulco con mercaderes de Mullu”, pp. 170, 175. Imagen 13. Sello de pescadores MAAC Imagen 13. Sello de pescadores MAAC La posibilidad de contactos transpacíficos durante la fase cultural manteña ha recibi- do un importante respaldo de los estudios genéticos, que han identificado, hacia el siglo XII, contactos entre poblaciones poli- nesias y grupos indígenas americanos rela- cionados con el norte de Sudamérica, con una mayor afinidad genética con poblacio- nes indígenas de la actual Colombia y una localización más amplia en el ámbito Co- lombia-Ecuador. Los autores señalan ade- más que las costas de Ecuador y Colombia constituían puntos favorables para alcan- zar la Polinesia, de acuerdo con simulacio- nes de vientos y corrientes oceánicas47. Sobre esta base, los manteños perfeccionaron técnicas de navegación y pesca; construyeron embarcaciones de balsa dotadas de guaras48 y velas de notable eficacia, capaces de recorrer largas distancias por el océano Pacífico y maniobrar incluso frente a corrientes y vientos adversos. Sobre esta antigua tradición marítima, los manteños desarrollaron y consolidaron una amplia red de intercambio, identificada como una “liga de mercaderes”, que articulaba distintos pueblos y puertos de la costa ecuatoriana y se proyectaba a larga distancia por el Pacífico. Manta, Salango y la isla Puná, junto con Tumbes hacia el sur, formaban parte de este amplio espacio de circulación e intercambio. Desde la costa ecuatoriana, las rutas marítimas se proyectaban hacia el norte por las costas de Colombia y Centroamérica, estableciendo contactos que alcanzaron Mesoamérica49. Hacia el sur, estas redes se articulaban con los circuitos comerciales de los Andes centrales y con los mercaderes de Chincha, quienes llegaban hasta Quito y Manta, desde donde obtenían chaquiras de oro y esmeraldas50. Este tráfico estaba relacionado también con la creciente demanda andina del mullu o Spondylus, cuyas conchas procedían de las aguas cálidas septentrionales y alcanzaron un elevado valor ritual51. De este modo, los navegantes de la costa ecuatoriana habrían ocupado una posición estratégica en la articulación de las rutas septentrionales y meridionales del Pacífico. Huellas Genéticas del Pacífico

ALOS PRIMEROS POBLADORES DE MANTAJijón y Caamaño postuló una “lengua manteña” o “lengua de la Confede- ración de Mercaderes”, formada por dialectos poco diferenciados dentro de un solo idioma. A partir del análi- sis toponímico, relacionó esta lengua con el puruhá y el cañari, y la ubicó dentro de la familia Puruhá-Mochi- ca, perteneciente al tronco lingüístico Macro-Chibcha. Asimismo, identificó este conjunto lingüístico con la “len- gua de los Llanos”, mencionada en el Sínodo de Quito de 1594 como una de las lenguas que los religiosos debían aprender para la evangelización.52 Sin embargo, estudios posteriores identifi- can la “lengua de los Llanos” mencio- nada en el sínodo con la lengua yunga o mochica del norte peruano53. Gómez Rendón, por su parte, identifica una importante impronta barbacoana, vinculada a grupos “colorados”, en la evidencia onomástica del área man- teño-huancavilca, aunque considera prematuro asociar con certeza una lengua barbacoana a esta cultura54. 52 Jacinto Jijón y Caamaño, en Antropología prehispánica del Ecuador, pp. 87-89 53 Carlos Arrizabalaga, “Fray Antonio de la Calancha y las lenguas de la costa norte del Perú: la cuestión del sec y las lenguas de los tallanes”, en Allpanchis, 94, 2024, p. 88. 54 Jorge Gómez Rendón, “Deslindes lingüísticos en las tierras bajas del Pacífico ecuatoriano. Tercera parte”, en Antropología. Cuadernos de Investigación, 24, 2021, pp. 41-42. 55 Tatiana Hidrovo, Historia de Manta en la Región de Manabí – Tomo I, Editorial Mar Abierto-ULEAM y Eskeletra Editorial, Quito, 2005, p. 59. 56 Jorge Marcos, “De ida y vuelta a Acapulco con mercaderes de Mullu”, p. 168. 57 Jorge Marcos, “De ida y vuelta a Acapulco con mercaderes de Mullu”, pp. 180, 183. La Lengua en la Confederación Manteña El comercio manteño articulaba una amplia variedad de bienes. Junto al Spondylus, sus intercambios incluían tejidos, sal, pescado, fibras vegetales, caña guadúa, tintes para teñir, tabaco y madera de balsa, productos que eran extraídos, elaborados, almacenados y redistribuidos. Estas redes comerciales permitían a los manteños, a su vez, acceder a bienes procedentes de otras regiones, como “obsidianas, las esmeraldas, el cobre y la coca”55. Estas conexiones no se limitaban a las rutas marítimas, sino que enlazaban con redes terrestres que permitían la circulación de productos entre los puertos, los asentamientos del interior y regiones más distantes. En la sierra septentrional ecuatoriana actuaban comerciantes especializados conocidos como mindalaes, quienes participaban como intermediarios en la circulación de productos de distintas regiones, entre ellos el Spondylus procedente de la costa y la coca de las vertientes andinas56. Dentro de este sistema, el Spondylus ocupó un lugar especialmente relevante. Su creciente demanda ritual en los Andes favoreció la expansión de las redes de intercambio y la búsqueda de sus bancos en aguas cada vez más septentrionales. Más que una única ruta, recorrida de principio a fin por los mismos comerciantes, se habría tratado de una extensa red articulada por distintos pueblos, navegantes, puertos y puntos de intercambio, mediante la cual circulaban no solamente bienes, sino también conocimientos e información57. En este amplio espacio comercial, Manta habría desempeñado un importante papel portuario, conectando las rutas oceánicas con las redes terrestres del interior y con los circuitos de intercambio que se extendían tanto hacia el norte como hacia el sur del continente. Imagen 14. Tortero con la imagen del hombre cargando pescado

Es probable, además, que este sistema de intercambio se apoyara en una forma de comunicación común: una lengua matriz o “lengua de confederación de mercaderes”, empleada entre los distintos pueblos costeros en medio de una amplia diversidad lingüística. Otros estudios señalan indicios de una lengua franca utilizada por comerciantes entre Tumbes, la isla Puná y la costa de Manabí58, mientras una fuente de comienzos del siglo XVII señalaba que, aunque los pueblos de la región no compartían una lengua general, “los indios marítimos se entienden todos entre sí”59. Las actividades productivas y agrícolas se desarrollaban de manera comunitaria, organizadas en torno a grupos de parentesco y al aprovechamiento colectivo de los recursos naturales, sin que estos fueran objeto de apropiación privada. Los bienes obtenidos contribuían al sustento del grupo y al mantenimiento de las autoridades religiosas y cacicales. De igual manera, la pesca se integraba a este sistema mediante prácticas de redistribución y la entrega de tributos al cacique60. En conjunto, estos elementos permiten comprender a la sociedad manteña como una organización cuya influencia se sustentó no necesariamente en el dominio político y militar de otros territorios ni en el control directo de su fuerza de trabajo, sino en su capacidad para articular y controlar los circuitos de intercambio y los excedentes que circulaban a través de ellos61. 58 “Tumbes, la isla de Puná y la costa pacífica de Manabí; en estas regiones los nombres de lugares son la mejor evidencia lingüística que queda junto con declaraciones de que existía una lengua franca utilizada por los comerciantes” [Traducción propia al español], Patricia J. Netherly, “Landscapes as Metaphor. Resources, Language, and Myths of Dynastic Origin on the Pacific Coast from the Santa Valley (Peru) to Manabí (Ecuador)”, en Landscapes of Origin in the Americas, University of Alabama Press, Tuscaloosa, 2009, p. 138. 59 “Los indios desta tierra, no convenian en una lengua general y comun á todos: cada pueblo hablaba la suya diferente (…) los indios marítimos se entienden todos entre sí”, Anónimo, “Segunda parte de la Descripción de la ciudad de Puerto Viejo y su distrito” (1605), p. 302. 60 Tatiana Hidrovo, Historia de Manta en la Región de Manabí – Tomo I, pp. 64-65. 61 Ibídem, p. 58.

ALOS PRIMEROS POBLADORES DE MANTAManteños del norte y Manteños del sur En el territorio donde se extendió la civilización manteña, no todas las regiones alcanzaron el mismo nivel de desarrollo. Los asentamientos de los manteños del norte muestran una organización más compleja62. Allí se levantaron centros ceremoniales, se esculpieron estatuas, sillas y estelas en piedra, y se desarrolló una arquitectura urbana más elaborada con el uso de la piedra63, que sugiere “un régimen más culturizado, un gobierno más fuerte, tal vez a base de una teocracia más dominante”64. La distribución de sitios con sillas de piedra revela una ideología compartida entre los manteños del norte y efectivo sistema de control sociopolítico, probablemente estimulado por el control del intercambio marítimo a larga distancia65. En cambio, los grupos del sur representaron sillas en figuras cerámicas, pero no desarrollaron la talla de grandes asientos de piedra66. Además de su destacada capacidad como navegantes y comerciantes, los manteños del norte desarrollaron prácticas agrícolas mediante la construcción de terrazas67 y la organización de espacios productivos, así como sistemas de pesca pasiva mediante extensos corrales marinos de piedra68. En contraste, los grupos del sur, como los huancavilcas y punaes, mostraron una orientación más marcada hacia el medio marítimo, manteniendo una vida estrechamente vinculada al mar y a las redes de intercambio. Así, aunque todos formaban parte de una misma tradición cultural, se observan diferencias regionales en el énfasis de sus formas de organización social, económica y ritual. Las crónicas de Pedro Pizarro y Gonzalo Fernández de Oviedo describen a los pobladores de la costa, desde Puerto Viejo (Manta) hasta Puná y Tumbes, como personas que vestían prendas sencillas de algodón, como mantas o camisas, acompañadas de adornos visibles. Destacaban los ceñidores y bandas tejidas, así como los cinturones y chaquiras de oro y plata ajustados al cuerpo, además de adornos en muñecas y piernas. 62 El arqueólogo Bushnell ha señalado: “Es evidente que la cultura manteña es mucho menos extensa y desarrollada en la Península de Santa Elena que en Manabí; si esto se aplica al área de Huancavilca en su conjunto, aún debe ser comprobado mediante trabajo arqueológico, pero la evidencia histórica ciertamente le da a Manta una importancia que no comparte ningún centro en el territorio de Huancavilca” [Traducción propia al español], G. H. S. Bushnell, The Archaeology of the Santa Elena Peninsula in South-West Ecuador, Cambridge University Press, Cambridge, 1951, p. 95. 63 “Los manteños fueron los únicos habitantes de la costa que utilizaron piedra en la construcción” [Traducción propia al español], Betty J. Meggers, Ecuador, Ancient Peoples and Places - Vol. 49, p. 124. 64 Emilio Estrada, Arqueología de Manabí Central, p. 87. 65 Colin McEwan, “Sillas de poder. Evolución cultural en Manabí-Costa del Ecuador”, en 5000 años de ocupación, Ed. por Presley Norton, Abya-Yala, Quito, 1992, p. 63. 66 Tatiana Hidrovo, Tras las huellas de la Ciudad de los Cerros, p. 225. 67 Betty J. Meggers, Ecuador, Ancient Peoples and Places - Vol. 49, p. 124. 68 Cristian Favier Dubois (y otros), “Pre-Hispanic Fishing Structures Preserved on the Central Coast of Ecuador”, en Journal of Maritime Archaeology, 14, 2019, pp. 107–126. Imagen 17. figura de hombre sobre silla manteña de 40 cm de alto. Imagen NMAI 267914.000, con Imagen de la cédula.

A ello se sumaba el uso privilegiado de cuentas de concha Spondylus y textiles bien elaborados, lo que muestra que la vestimenta no solo cumplía una función práctica, sino que también expresaba prestigio y el cuidado en el trabajo artesanal propio de estas sociedades costeras69. Imagen 18. Colocar el Cuadro No. 8 de Emilio Estrada. Comparación de los Manteños del Norte con los del Sur) 69 Pedro Pizarro, “Relación del descubrimiento y conquista de los reinos del Perú”, p. 214; Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, Historia general y natural de las Indias, Tercera parte, Tomo IV, Libro XLIII, cap. III, p. 122.

Las primeras referencias modernas a los registros arqueológicos manteños fueron realizadas por Manuel Villavicencio en 1858, aunque sin definirlos culturalmente. Durante su visita a Cerro de Hojas, Villavicencio ofreció la siguiente descripción de dicho lugar: Este es una baja montaña con un plano en su superficie; en este plano se halla un círculo de sillas de piedra, lo menos en número de treinta, cada una de las cuales es una esfinge sobre la que está el asiento con dos brazos, todo de piedra bien labrada i de una sola pieza que se puede transportar: este círculo de sillas parece que alojaba un congreso de hombres que se reunían para sus conferencias70. Posteriormente, arqueólogos y etnógrafos europeos documentaron piezas arqueológicas originarias de Manabí71 y realizaron descripciones detalladas sobre los Mantas como uno de los pueblos indígenas del Ecuador, asentados en el territorio desde Bahía de Caráquez hasta Salango. 70 Manuel Villavicencio, Geografía de la República del Ecuador, Imprenta de Robert Craighead, New York, 1858, p. 489. 71 Tatiana Hidrovo señala, al referirse a las sillas conservadas en Alemania, que en el Museo de Kunstgewerbe de Berlín se encontraban 15 sillas y añade: “la mayoría de estos asientos fueron sacados por comerciantes alemanes que se asentaron en Manabí desde el siglo XIX, atraídos por el comercio de la tagua”, Tatiana Hidrovo, Tras las huellas de la Ciudad de los Cerros, p. 12.

72 Charles Wiener, “Los indios Colorados y las sillas de piedra de Manabí”, en Revue d’Ethnographie, Librería de la Sociedad Asiática del Colegio de lenguas orientales vivientes, París, 1882, pp. 454-458. 73 Anatole Bamps, Les antiquités équatoriennes du Musée Royal d’Antiquités de Bruxelles, Librería Europea C. Muquart, Bruselas, 1879, pp. 47–143. 74 Paul Rivet, Ethnographie ancienne de l’Équateur (1899–1906), pp. 45-52, 229-231. 75 Federico González Suárez, “Atlas arqueológico ecuatoriano”, en Historia General de la República del Ecuador, Imprenta del Clero, Quito, 1892, pp. 132-135. 76 En 1904, González Suárez señalaba: “En la provincia de Manabí encontramos a los Mayas. Esta fue, acaso, la gente que arribó a las playas ecuatorianas unos trescientos, o, cuando más, cuatrocientos años antes de la conquista de esa provincia por los españoles: fue también la última inmigración llegada al Ecuador; y los Mayas fueron los que abrieron en Santa Elena los pozos o cisternas que todavía se admiran en esa localidad; los que fabricaron las curiosas sillas de piedra, los que labraron estatuas y se hicieron célebres en las tradiciones indígenas, en las que se los calificaba de gigantes”, Federico González Suárez, Prehistoria ecuatoriana: Ligeras reflexiones sobre las razas indígenas, que poblaban antiguamente el territorio actual de la República del Ecuador, Impreso por Ricardo Jaramillo, Quito, 1904. p. 17. 77 Marshall H. Saville, The Antiquities of Manabí, Ecuador: Final Report - Vol. II, New York, 1910, p. 7. 78 Benjamín Rosales, “La arqueología como fuente de la historia: Marshall Saville y Manabí”, en Revista cultural Spondylus, 33, 2012, p. 8. En 1882, Charles Wiener publicó en París una interpretación sobre las sillas de piedra en U en la Revue d’Ethnographie72. Destaca el trabajo de Anatole Bamps, quien en 189773 presentó ponencias en el Congreso de Americanistas en Bruselas acerca de antigüedades ecuatorianas exhibidas en el Museo Real de Antigüedades de Bruselas, incluyendo sillas de piedra y otros objetos arqueológicos de Manabí. Posteriormente, entre 1900 y 1906, Paul Rivet estuvo en Ecuador y, desde París, publicó Ethnographie Ancienne de L’Équateur74, donde realizó un extenso análisis de los Mantas, destacando su influencia territorial en Manabí y describiendo sus diversos objetos arqueológicos, incluidos los asientos de piedra. En Ecuador, el obispo quiteño Federico González Suárez publicó en 1892 un tratado sobre las sillas de piedra, esculturas y objetos arqueológicos que logró encontrar en su visita a Manabí75. Hasta entonces, algunos estudios relacionaban los vestigios arqueológicos de Manabí con las culturas de Centroamérica, particularmente con la maya76. A inicios del siglo XX, las investigaciones del arqueólogo estadounidense Marshall H. Saville marcaron un avance decisivo en su interpretación. A partir de sus exploraciones y publicaciones, reconoció la existencia de una cultura regional propia en Manabí, para la que mantuvo la denominación de cultura Manta77, y la identificó como una de las últimas civilizaciones prehispánicas de la costa ecuatorial del Pacífico, con manifestaciones culturales propias y diferenciadas de las centroamericanas y peruanas. Saville, durante sus estadías en 1906, 1907 y 1908 en la provincia de Manabí, realizó excavaciones en los cerros Hojas-Jaboncillo, Agua Nueva y Jupe, así como en los sitios de Manta (antiguo Jocay) y en la región montañosa al sur de Manta, denominada por él como distrito La Roma (El Aromo-Pacoche). Llevó a cabo observaciones en muchos lugares donde se asentaba la población de Manta, que en tiempos de su visita llegaba a un poco más de 3 mil habitantes78. Saville fue enfático en afirmar que en Manabí existió una gran cultura con identidad única, diferente tanto de las sociedades costeras cercanas como de otras culturas americanas influyentes, como los incas y mayas. Sus investigaciones quedaron plasmadas en la obra científica The Antiquities of Manabi, Ecuador (Volumen I, 1907; Volumen II, 1910). Imagen21. Colocar las portadas de los libros de Wiener (1882); Bamps (1879) y Rivet (1912) Gdlf Imagen 22. Colocar Imagen de las dos portadas de los libros de Saville The Antiquities of Manabi, Gdlf

AMANTA, UN PUERTO MILENARIO - TOMO IEl Aromo-Pacoche: El distrito La Roma de Saville (1910) El topónimo “La Roma”, registrado por Marshall H. Saville en sus diarios y cartografía de campo, corresponde al actual sitio de El Aromo, ubicado en las inmediaciones del Bosque de Pacoche. La forma “La Roma” debe entenderse como una transcripción fonética aproximada del nombre local “El Aromo”, producto de la percepción auditiva del investigador en un contexto de registro bilingüe. La cercanía fonética entre la pronunciación inglesa de la palabra aroma y “El Aromo” pudo haber influido en su reinterpretación como “La Roma”.79 79 Marshall H. Saville, The Antiquities of Manabí, Ecuador: Final Report - Vol. II, mapa plegado después de la p. 284 y Plate IX. 80 Marshall H. Saville, “An Unknown Race Found in the Tropics”, en The New York Times, 22 de septiembre de 1907, p. 8. Artículo periodístico de los trabajos de Marshall H. Saville en la costa del Ecuador (provincia de Manabí), donde se reporta el hallazgo de extensos campos de ruinas, cerámica superficial y monumentos líticos, atribuidos a una civilización desconocida hasta entonces por la arqueología mundial. 81 “Piedras como objetos utilizados por los antiguos habitantes de la costa para llevar sus registros, en lugar de los quipus, hechos de cuerdas con nudos, usados por los pueblos del antiguo Perú. Este era un método de numeración y de llevar cuentas mediante cuerdas, a las que se unían líneas más pequeñas a modo de flecos, en los que había nudos en una variedad casi infinita de combinaciones” [Traducción propia al español], Marshall H. Saville, The Antiquities of Manabi, Ecuador – Volumen II, p. 172. En septiembre de 1907, el periódico The New York Times destacó en grandes titulares el hallazgo de una “nueva civilización” en Sudamérica, aludiendo a la cultura identificada por el arqueólogo Saville80. Durante sus exploraciones en Manta, el arqueólogo observó extensos campos de tiestos visibles a flor de tierra que se extendían por varios kilómetros en las ruinas de Jocay, al sur del entonces poblado del puerto de Manta, así como en sectores hacia el este, la Ensenada y los Esteros. Su asombro fue mayor al recorrer los cerros Hojas-Jaboncillo, Jupe y Agua Nueva, donde pudo examinar directamente las complejas evidencias del trabajo lítico: esculturas antropomorfas y zoomorfas, representaciones de aves, bajorrelieves o estelas, sillas de piedra en forma de U, nuqueros, metates, bases estructurales para edificaciones, restos de murallas, recintos interpretados como corrales, posibles templos y viviendas, pozos de piedra para captación de agua, así como piedras de registro81. Todo este conjunto arqueológico lo llevó a concluir que se encontraba ante una cultura altamente desarrollada. Imagen 25. Colocar la Imagen del diario de campo de Saville donde escribe LA ROMA, pág. 175 del pdf NMAI. AC.001_189_03 Contains Restricted Material Imagen 28. (Ubicar Imagen piedra registro cód. NMAI No. 016055.000).

Imagen 31. (Colocar Imagen publicación periódico NYTimes) Imagen 16. Colocar Mapa señalando los puntos de donde se han encontrado las Sillas Manteñas en Manabí, similar al mapa de Colin McEwan. Incluir Junín. GdlF.

ALOS PRIMEROS POBLADORES DE MANTA

AMANTA, UN PUERTO MILENARIO - TOMO IAl suroeste de Manta, en el distrito La Roma (El Aromo-Pacoche), encontró restos quebrados de sillas de piedra82 en U y de estelas de bajorrelieve del mismo diseño de cerro Jaboncillo83. En el bosque húmedo de La Roma halló una cantidad considerable de silos, a los que Saville les asignó la función de tumbas84. Las investigaciones de Saville85 en Manabí resultaron fundamentales para dar a conocer esta civilización en el ámbito académico internacional, e incorporar su estudio al conocimiento arqueológico de las sociedades precolombinas de Sudamérica. Luego de los trabajos de Saville, el arqueólogo Jacinto Jijón y Caamaño profundizó el estudio de esta civilización a partir de sus excavaciones y exploraciones realizadas en Manta y cerro Jaboncillo en 1917 y 192386. Los resultados de estas investigaciones fueron publicados posteriormente, en 193087 y 194588, y parte de la documentación original de sus trabajos se conservan en sus cuadernos de trabajo de campo89. En 1923, cuando volvió a explorar Manta, Jacinto Jijón y Caamaño documentó numerosos montículos que eran, en realidad, las bases de antiguas construcciones con muros de piedra, rampas y plataformas adaptadas al terreno. Estas evidencias permitieron reconocer la importancia y complejidad del antiguo asentamiento manteño existente en el lugar. La revisión posterior de las notas originales de sus investigaciones, realizada por Daniel Schávelzon, permitió conocer que entre sus hallazgos se encontraba, además, la única silla de piedra registrada arqueológicamente en Manta, encontrada en fragmentos90. 82 “En el distrito de La Roma, la separación entre la zona húmeda y la árida se encuentra en las superficies onduladas de las colinas. En la zona húmeda se encuentran extensos restos de asentamientos antiguos, como lo demuestran los corrales. No supimos de su existencia en la región árida. En las cercanías de los corrales, observamos varios asientos de piedra rotos, idénticos a los encontrados en el Cerro Jaboncillo. Eran de tipo humano y animal” [Traducción propia al español], Marshall H. Saville, The Antiquities of Manabi, Ecuador – Volumen II, p. 14. 83 Ibídem, Plate LIII. 84 Ibídem, pp. 82-85. 85 La colección de piezas manteñas recolectadas por Marshall H. Saville durante sus tres expediciones a Manabí (1906, 1907 y 1908), financiadas por George Gustav Heye, se conserva actualmente en el Centro de Recursos Culturales del Museo Nacional del Indio Americano del Instituto Smithsoniano, en Washington D.C. De acuerdo con el inventario realizado por Benjamín Rosales, el conjunto procedente de Manabí asciende a un total de 2.181 piezas, que comprenden materiales de piedra, alfarería, metal, huesos y espinas; entre ellas se registran 58 sillas de piedra en forma de U, además de dos fragmentos adicionales. Benjamín Rosales Valenzuela, Trad. e Introd., Las antigüedades de Manabí, Ecuador. Un informe preliminar. Por Marshall H. Saville (1907), Ministerio de Cultura del Ecuador, Quito, 2010, p. XVII. 86 “Los 3172 objetos extraídos durante su primera temporada son la colección más antigua proveniente de Manabí que se conserva en el país. La información obtenida fue amplia y original, superadora de Saville”, Daniel Schávelzon, “Jacinto Jijón y Caamaño: un texto en los orígenes de la arqueología del Ecuador (1910)”, 2003, actualizado en 2021, p. 13, publicado en el sitio web de Daniel Schávelzon, https://www.danielschavelzon.com.ar/?p=7729 87 Jacinto Jijón y Caamaño, “Una gran marea cultural en el N. O. de Sud América”, en Journal de la Société des Américanistes, 22(1), 1930, pp. 132-142. 88 Jacinto Jijón y Caamaño, Antropología prehispánica del Ecuador, pp. 88, 105. 89 “9 cuadernos originales de este autor, (…) que en la actualidad se encuentran en el Museo Jijón y Caamaño de Quito”, Daniel Schávelzon, Arqueología y arquitectura del Ecuador prehispánico, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1981, p. 71. 90 “En esta excavación, iniciada en 1917 y continuada en 1923, [Jijón y Caamaño] encontró montículos de características similares a los de los cerros; incluso halló la única silla de piedra de Manta, aunque en fragmentos”, Daniel Schávelzon, Arqueología y arquitectura del Ecuador prehispánico, p. 72. Imagen 30. Colocar del Vol II The Antiquities of Manabi Imagen del Plate LIII (Estelas Manteñas de Jaboncillo y de La Roma, pág. 419 del pdf)

Jijón y Caamaño definió el estilo manteño97, acuñó las denominaciones período manteño98 y cultura manteña99, y planteó la existencia de una liga o confederación de mercaderes100 en la costa. Asimismo, aportó de manera decisiva a la organización secuencial y cronológica de las sociedades aborígenes del Ecuador. En 1930, el arqueólogo alemán Max Uhle visitó Manabí y realizó recorridos por el cerro Jaboncillo, Jaramijó y Jipijapa; sin embargo, centró principalmente su atención en Manta, al considerarla clave para comprender el desarrollo de las civilizaciones antiguas. A partir del análisis de hallazgos expuestos en excavaciones vinculadas a obras urbanas, identificó la superposición de capas culturales, destacando la continuidad de ocupación y la presencia de niveles antiguos relativamente bien conservados bajo la superficie moderna, y advirtió que gran parte del registro arqueológico de Manta permanecía enterrado bajo la ciudad contemporánea, especialmente en sectores próximos al antiguo frente portuario101. 91 Tatiana Hidrovo, Tras las huellas de la Ciudad de los Cerros, p. 98. 92 Marshall H. Saville, The Antiquities of Manabi, Ecuador, vol. I, p. 47 93 Rhoda y Earle Brooks, The Barrios of Manta: A Personal Account of the Peace Corps of Ecuador, New American Library, New York, 1965, p. 51 94 Viliulfo Cedeño, La Confederación Manteña, p. 173 95 Colin McEwan, “Sillas de poder. Evolución cultural en Manabí–Costa del Ecuador”, pp. 62–63 96 Daniel Schávelzon, Arqueología en Manta, Ecuador (1976–1977). Antología de textos, Ediciones Academia, Buenos Aires, 2026, p. 43 97 Jacinto Jijón y Caamaño, “Una gran marea cultural en el N. O. de Sud América”, p. 140. 98 Ibídem, lám. XXVIII, p. 134. 99 Jacinto Jijón y Caamaño, Antropología prehispánica del Ecuador, p. 235. 100 Jacinto Jijón y Caamaño, El Ecuador interandino y occidental antes de la conquista castellana - Tomo II, Editorial Ecuatoriana, Quito, 1941, p. 92 101 Max Uhle, “Las antiguas civilizaciones de Manta”, en Boletín de la Academia Nacional de Historia, 12, 1931, Nos. 33–35, p. 46. Sobre la presencia de sillas de piedra en Manta, es necesario distinguir entre las piezas halladas en contexto arqueológico y aquellas registradas, conservadas o adquiridas en la ciudad sin procedencia local comprobada. Tatiana Hidrovo señala que “de acuerdo con la colección del Museo del Indio Americano, formada por las piezas trasladadas por Saville (…), cuatro sillas más fueron localizadas en la zona de Manta, posiblemente la Roma”91. Marshall H. Saville, por su parte, indicó que en 1906 observó cuatro asientos de piedra quebrados en el edificio de la Aduana de Manta y tuvo conocimiento de al menos dos o tres más entre la población; sin embargo, precisó que “son de Cerro de Hojas”92. Asimismo, Rhoda y Earle Brooks, miembros del Cuerpo de Paz en misión en Manta, dejaron un testimonio, a comienzos de la década de 1960, de tres sillas de piedra que se encontraban en Tarqui, Manta, aunque sin conocer su lugar de hallazgo ni procedencia93. Viliulfo Cedeño señaló también haber observado una silla de piedra en el Colegio Stella Maris de Manta, igualmente sin establecer su procedencia arqueológica94. A estos testimonios se suman dos sillas conservadas en el Museo Nacional del Indígena Americano, atribuidas a Manta (códs. 267915.000 y 267917.000), que no proceden de excavaciones arqueológicas, sino que fueron adquiridas por coleccionistas en la ciudad a inicios de la década de 1960 y posteriormente donadas al museo en 2010. Estos registros documentan la presencia histórica de varias sillas de piedra en Manta, pero no permiten establecer por sí solos que hubieran sido halladas arqueológicamente en el antiguo asentamiento. Colin McEwan advierte que algunos asentamientos manteños costeros, como Manta y Puerto López, han sido afectados o destruidos por la expansión urbana moderna, por lo que, de haber existido sillas en estos sitios, “fueron muy obvias, fáciles de transportar y hace tiempo desaparecieron”95. En esta misma línea, Daniel Schávelzon, a partir de los testimonios de Saville y Jijón, plantea la posibilidad de que hubieran existido sillas en los asentamientos de la costa y que estos lugares fueran saqueados antes que los de los cerros, señalando además la dispersión de numerosas piezas hacia Europa y Estados Unidos96. Sillas “U” en Manta Imagen 32.1. Dibujo del libro de Schávelzon, pág. 45 de la Silla en Tarqui, 1962.

ALOS PRIMEROS POBLADORES DE MANTASin embargo, el arqueólogo Max Uhle postuló la teoría difusionista según la cual varias de las antiguas civilizaciones de la costa ecuatoriana, incluidas las que conformaron la secuencia cultural de Manta, recibieron importantes aportes de poblaciones y tradiciones culturales mayoides procedentes de Centroamérica. Esta hipótesis fue posteriormente desestimada al comprobarse que las culturas costeras ecuatorianas tuvieron un desarrollo propio, con antecedentes anteriores al período maya clásico (250– 900 d. C.), y mantuvieron relaciones e intercambios con Centroamérica, sin derivar necesariamente de aquellas culturas. Imagen 33.1, 2. Portada y texto de Uhle Las Antiguas Civilizaciones de Manta Imagen 34. Colocar el mapa de Manta de Estrada (1962, fig. 5) donde marca sus excavaciones, pág. 114.

AMANTA, UN PUERTO MILENARIO - TOMO IPosteriormente, Emilio Estrada (1957, 1962)102 excavó en Manabí y dio paso a la teoría sobre la amplia extensión territorial de los manteños, señalando que ocuparon una extensa franja costera desde el estuario del río Chone, en Bahía de Caráquez, hasta la región de Guayaquil, denominando a estos últimos como “Manteños del Sur” o “Huancavilcas”. Estrada llevó a cabo trabajos de exploración en el centro de Manta, Tarqui y Los Esteros, encontrando restos de bases de edificaciones de piedra, montículos y espacios ceremoniales de la fase cultural Bahía, y una extensa área de distribución de tiestos manteños, confirmando con ello el establecimiento de una consolidada población portuaria103. Estrada y posteriores estudios estimaron que Manta llegó a tener una población aproximada de 20 mil habitantes antes de la Conquista104. 102 Emilio Estrada, Prehistoria de Manabí, Publicación del Museo Víctor Emilio Estrada, n.º 4, Editorial Vida, Guayaquil, 1957; Emilio Estrada, Arqueología de Manabí Central, Publicación del Museo Víctor Emilio Estrada n.º 7, Guayaquil, 1962. 103 Emilio Estrada, Arqueología de Manabí Central, pp. 16-18, 72, 195. 104 “El área de distribución de tiestos Manteños del último período, permite calcular para el Manta protohistórico una población total de siquiera 20 mil almas”, Ibídem, p. 81.

ALOS PRIMEROS POBLADORES DE MANTAEstrada afirmó que se trataba de “la única civilización ecuatoriana que hizo extenso uso de la piedra como elemento de sus construcciones y que también la utilizó en gran escala en sus manifestaciones artísticas”105, de la “civilización de las sillas de piedra de Manabí”106, cuyos distintos señoríos habrían logrado confederarse bajo objetivos comunes de organización política y de establecimiento de redes comerciales con otras civilizaciones de la América indígena. A estos estudios se sumaron, en 1957, los arqueólogos estadounidenses Matthew W. Stirling y Marion Stirling, quienes llegaron a Manabí como parte de una expedición auspiciada por la Smithsonian Institution y la National Geographic Society. En Manta realizaron excavaciones en Tarqui, en un sitio situado entre esta población y Los Esteros, y efectuaron también exploraciones en Cerro de Hojas. En Tarqui encontraron un profundo depósito arqueológico, con abundantes restos de cerámica y numerosas figurillas, cuyos materiales se relacionaron con la cultura Bahía. Una muestra de carbón permitió situar el sitio alrededor del 200 a. C107., y por la variedad de los hallazgos los investigadores lo consideraron un lugar clave para comprender los antiguos desarrollos culturales de la costa ecuatoriana. En Cerro de Hojas, en cambio, los Stirling encontraron evidencias correspondientes a la cultura Manteña. Allí excavaron dentro de uno de los antiguos recintos de piedra y obtuvieron una datación por radiocarbono cercana a 1397 d. C., con un margen de ± 200 años108. Este resultado tuvo especial importancia, pues Stirling facilitó a Emilio Estrada el primer fechamiento por radiocarbono para la cultura Manteña109, 105 Ibídem, p. 80. 106 Emilio Estrada, Prehistoria de Manabí, p. 35. 107 Stirling, Matthew W., y Marion Stirling, Tarqui, an Early Site in Manabí Province, Ecuador, pp. 6-8. 108 Ibídem, p. 5. 109 Daniel Schávelzon, Arqueología en Manta, Ecuador (1976-1977). Antología de textos, Editorial Academia, Buenos Aires, 2026, p. 28 Imagen 35. Colocar Imagen de Estrada (1962, fig. 12) de lugar donde realizan excavación en los Esteros, pág. 120. Imagen 36. Colocar mapa de los montículos en los Esteros del libro de Estrada (1962, fig. 116, pág. 195)

AMANTA, UN PUERTO MILENARIO - TOMO I110 Colin McEwan, And the Sun Sits in His Seat, pp. 33-34. aportando una referencia cronológica para situar en el tiempo este desarrollo cultural. Los resultados de estas investigaciones fueron publicados en 1963 bajo el título Tarqui, an Early Site in Manabí Province, Ecuador. Las investigaciones de Jijón y Caamaño, Uhle, Estrada y los Stirling permitieron reconocer la importancia que alcanzaron las sociedades prehispánicas asentadas en esta región, así como la extensión y complejidad de los asentamientos existentes en torno a Manta durante el período precolombino. A finales de la década de 1970, el arqueólogo británico Colin McEwan inició sus primeras observaciones en Agua Blanca (antiguo señorío de Salangome) y, a partir de 1985, puso en marcha, junto con María Isabel Silva, el proyecto arqueológico en el sitio, desarrollando investigaciones extensivas sobre la organización espacial y el significado político-ritual de los asientos manteños110. Desde una perspectiva simbólica y espacial, McEwan profundizó el estudio de la sociedad manteña y propuso que los asientos de piedra, junto con las prácticas rituales asociadas, constituyeron expresiones materiales de jerarquía, autoridad y orden social dentro del señorío manteño, vinculando la vida política con el calendario ceremonial, la cosmología y la ideología del poder en las sociedades ancestrales de la costa ecuatorial. Imagen 36.1. Foto de Los Esteros Excavación Stirling segun Schavelzon. Imagen 36.2. (1,2,3) Fotos de piezas en Museo Smithsonian, Washingnton. Colección M. Sterling.

En 1976, el arqueólogo argentino Daniel Schávelzon, junto con el mantense Viliulfo Cedeño, realizó excavaciones en el centro de Manta y en el sitio al que identificaron como “Terrazas” (actual Complejo Tohaly, junto a la Agencia de Tránsito). En el sitio “Terrazas” excavaron una loma transformada con tres terrazas artificiales donde descubrieron una gran estructura de piedra con rampa de acceso111. Posteriormente, excavaron en Jaramijó una gran plataforma de piedra con una estructura rectangular monumental, evidenciando arquitectura compleja y varias etapas constructivas dentro del asentamiento manteño112. Schávelzon señala que: El área Manta-Tarqui y su secuencia hasta Jaramijó, donde casi hay cerámica ininterrumpida por la playa a lo largo de 25 kilómetros, y según ciertas excavaciones en una profundidad de hasta 5 metros. Esto nos muestra una población densa y estable.113 En 1985, Viliulfo Cedeño Sánchez, con la publicación de su obra La Confederación Manteña, profundizó en el estudio del grado de desarrollo alcanzado por esta civilización, proponiendo por primera vez la existencia de un probable calendario lunar y solar, investigación que realizó en colaboración con el historiador mexicano Virgilio Valladares114. Desde 2003, el Proyecto Manabí Central, dirigido por el arqueólogo francés Jean- François Bouchard, desarrolló nuevas investigaciones sobre los asentamientos prehispánicos de la costa central de Manabí, iniciando en 2004 excavaciones sistemáticas en Japotó, antiguo asentamiento manteño situado en el territorio de la actual parroquia de Charapotó, cerca de San Jacinto. En los trabajos participaron los arqueólogos Franklin Fuentes y Telmo López, junto con un equipo internacional integrado, entre otros, por Karen Stothert, Mercedes Guinea, Anne Touchard y Tania Delabarde. Las investigaciones identificaron un extenso asentamiento manteño, posiblemente con ocupaciones anteriores, caracterizado por numerosas tolas o montículos artificiales y espacios vinculados con la vivienda, las actividades productivas y las prácticas funerarias115. El estudio de su arquitectura, cerámica y diversos restos arqueológicos permitió conocer con mayor detalle aspectos de la vida cotidiana de estas poblaciones y reconocer a Japotó como un importante núcleo regional de la costa central de Manabí durante el período manteño. 111 Daniel Schávelzon, Arqueología y arquitectura del Ecuador prehispánico, pp. 97-105. 112 Ibídem, pp. 85-96 113 Ibídem, p. 360. 114 Viliulfo Cedeño Sánchez, La Confederación Manteña, pp. 196-197. 115 Jean-François Bouchard, “Japoto: une métropole régionale tardive dans la province côtière du Manabí (Équateur)”, en Les nouvelles de l’archéologie, 111–112, 2008, pp. 89–93. 116 El proyecto Hojas-Jaboncillo articuló un amplio equipo interdisciplinario, en el que participaron, entre otros, Jorge Marcos Pino, Tatiana Hidrovo, Telmo López, Florencio Delgado, César Veintimilla, Oswaldo Tobar, Richard Lunniss, Stefan Bohórquez, Marco Suárez, Mariela García Caputi, Marco Vargas y Silvia Álvarez, además de diversos especialistas nacionales y extranjeros que desarrollaron investigaciones y prospecciones en el sitio. Véase Tatiana Hidrovo, Tras las huellas de la Ciudad de los Cerros, pp. 26–29. Imagen 37. Colocar Imagen del plano de las excavaciones de Daniel Schávelzon en Terrazas, Pdf págs 100, 101. Imagen 37.1. Foto de escultura Schávelzon, pag. 44, libro 2026. Gallinácea americana. Nota a la imagen: Escultura de piedra de 70 cm de altura, recuperada en Manta en 1976. Schávelzon la relacionó, por su semejanza, con una de las esculturas fotografiadas por Marshall H. Saville en la Casa Tagua de Manta, e interpretó ambas como representaciones de una gallinácea americana (Daniel Schávelzon, Arqueología en Manta, Ecuador (1976–1977). Antología de textos, p. 44). Saville había considerado que aquellas figuras posiblemente fueran llamas (Marshall H. Saville, The Antiquities of Manabi, Ecuador, vol. I, p. 21). Emilio Estrada, al reproducir el texto de Saville en 1962, ofreció otra interpretación: “Son venados; animales sagrados en Manabí. Hay varios de Cerros de Hojas” (Emilio Estrada, Arqueología de Manabí Central, p. 103).

A inicios de la segunda década del nuevo siglo, se llevaron a cabo nuevas investigaciones arqueológicas en cerros Jaboncillo y de Hojas (2010-2015), impulsadas por la historiadora manabita Tatiana Hidrovo y bajo la dirección científica del arqueólogo ecuatoriano Jorge Marcos Pino, quienes articularon un amplio equipo interdisciplinario para el estudio de Hojas-Jaboncillo116. Estos estudios han reportado importantes asentamientos manteños, así como detalles sobre su arquitectura con el uso de la piedra y modos de vida en los cerros Hojas-Jaboncillo. El análisis de la antigua Ciudad de los Cerros, en Hojas-Jaboncillo, ha permitido identificar el grado de desarrollo alcanzado por esta civilización, evidenciando significativas concentraciones demográficas y un elevado nivel de organización política, social y ceremonial117, interconectada con otros señoríos y cacicazgos. Esto ha llevado a plantear la hipótesis de una estructura política peculiar de mayor alcance, denominada «Estado Manteño»118, un «Señorío mayor», cuyo centro ceremonial y político podría haber sido la Ciudad de los Cerros, como lo propusieron Hidrovo y Marcos119. Sin embargo, para la fase final de la sociedad manteña, inmediatamente anterior al contacto con los españoles, cabe plantear como hipótesis que Jocay-Manta pudo haber adquirido una posición preeminente como centro ceremonial, político y marítimo en la región. Esta posibilidad se sustenta en la importancia religiosa del santuario de Umiña, su condición de puerto vinculado al tráfico marítimo de larga distancia y la magnitud de su asentamiento, documentada por la arqueología. Cuando Girolamo Benzoni describió a Manta pocos años después de la conquista, en 1546, señaló el sitio como un antiguo y gran poblado cuya población había quedado drásticamente reducida120. Por otra parte, ni Benzoni ni las primeras crónicas identificaron a Hojas-Jaboncillo como una gran ciudad activa o sede del poder manteño, lo que ha llevado a considerar que el complejo pudo haber sido abandonado un tiempo considerable antes de la conquista121. Estos indicios permiten considerar que, en la etapa final del período prehispánico, la centralidad política y ceremonial pudo haberse desplazado o reconfigurado hacia Jocay-Manta, favorecida por el santuario de Umiña y su función portuaria dentro de las redes marítimas del Pacífico. 117 Richard Lunniss, La ciudad de los cerros Jaboncillo y de Hojas, p. 126. 118 Tatiana Hidrovo, Tras las huellas de la Ciudad de los Cerros, p. 31; 119 Ibídem, pp. 225, 231. En este sentido, Emilio Estrada había planteado que Cerro de Hojas-Jaboncillo fue “el centro ceremonial, y tal vez la capital de la nación Manteña”. Estimó que pudo haber concentrado a 30 mil habitantes. Emilio Estrada, Arqueología de Manabí Central, pp. 23, 82. 120 Girolamo Benzoni, Historia del Nuevo Mundo (1565), p. 312. 121 Richard Lunniss, La ciudad de los cerros Jaboncillo y de Hojas, p. 101. 122 Anónimo, “Segunda parte de la Descripción de la ciudad de Puerto Viejo y su distrito” (1605), p. 294. Imagen 38. (Colocar Imagen de imagen del calendario manteño de Viliulfo Cedeño) GdlF Imagen 39. Colocar imagen de la Ciudad de los Cerros, texto 2016, Tatiana Hidrovo, Pdf págs. 36 y 38.

Resulta igualmente significativo que, aun setenta años después de la conquista, la Descripción de Puerto Viejo y su distrito de 1605 señale que el gobernador indígena de todos los pueblos del distrito de Puerto Viejo, nombrado por los virreyes, “reside en Manta”122, mientras las autoridades españolas tenían su asiento en la nueva villa de Puerto Viejo. Esto permite considerar que la posible centralidad indígena de Manta en la etapa final prehispánica pudo haberse conservado, bajo nuevas formas, durante el período colonial. Una civilización propia La Civilización Manteña emerge, a partir del conjunto de evidencias examinadas, como una sociedad de notable complejidad, con características propias que se expresaron en su organización social y territorial, sus conocimientos tecnológicos y sus manifestaciones artísticas, simbólicas y rituales. Estos elementos permiten reconocerla como una de las sociedades más significativas de la región septentrional andina y de la costa sudamericana. En conjunto, las evidencias arqueológicas e históricas muestran una sociedad que alcanzó importantes niveles de desarrollo tecnológico, artístico y organizativo. El trabajo del oro, la plata y el cobre, junto con el dominio de la piedra, la cerámica y los textiles, revela conocimientos técnicos y expresiones estéticas y simbólicas propias. A ello se suma el desarrollo de asentamientos con espacios claramente definidos, expresión de una organización social y territorial compleja. Finalmente, su articulación como una verdadera «liga de mercaderes», sustentada en avanzadas técnicas de navegación y en el aprovechamiento del bivalvo Spondylus, vinculado desde tiempos milenarios a prácticas rituales y redes de intercambio, les permitió desarrollar amplias redes de intercambio marítimo que vincularon la costa ecuatoriana con otras regiones de Sudamérica y Mesoamérica. Imagen 40. Imagen de la recreación de Jocay del libro Victoria Lligua y la Casa de los Tohallí. Gdlf. Imagen 41. Colocar una imagen del perfil costero del Pacífico desde México a Chile con una balsa manteña ubicada en Manta con flechas de rutas al norte y al sur. GdlF.