AÑO 15 / NO 23 / Noviembre 2026 ISSN 0719-1235 Publicaciones Pastoral UC Volver a encontrarnos Cardenal Fernando Chomali ¿Demasiadas pantallas? el reto de la primera infancia Carolina Muñoz Sembrar comunidad en territorios digitales Liliana de Simone, Miriam Díez ECOS DE LA ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS

Directora Carmen Elena Villa Comité editorial Alejandra Castro Alejandra Rasse Andrés Covarrubias Cristián Opazo Francisca Arancibia Ingrid Bachmann Jorge Blake P. Jorge Merino José Luis Romero Marcos Singer Mario Faúndez Nicolás García Patricia Imbarack Paula Miranda P. Rodrigo Polanco Sergio Maturana Directora creativa María Soledad Hola Diseño Claudia Brenning Corrector literario Rodrigo Andrade Correctores de estilo Virginia Soto-Aguilar Teresa Moreno Marta Winter Colaboradora Paulina Bustamante Agradecimientos Rayén Condeza Padre Pablo Arteaga Angélica Portales Impresión Atelier Diálogos es una publicación semestral. Las opiniones vertidas en los artículos no representan forzosamente el pensamiento de la Pontificia Universidad Católica de Chile o de la revista Diálogos y son responsabilidad exclusiva de su autor | ISSN0719-1235 | ©Pontificia Universidad Católica de Chile, 2026 | Se autoriza la reproducción de artículos y crónicas de esta revista, siempre que se cite la fuente. Si quieres aportar contenidos a nuestro sitio web revistadialogos.uc.cl, escríbenos a dialogos@uc.cl AÑO 15 / NO23 / NOVIEMBRE 2026 La inteligencia artificial es una herramienta que cobra verdadero sentido solo cuando es guiada por la calidez de lo humano y la luz del Espíritu Santo. Es una invitación a no temer los signos de los tiempos y poner la innovación al servicio del encuentro, la fraternidad y la dignidad compartida. POR_ Amelia Sofía Alarcón Graf, estudiante de Diseño en la Pontificia Universidad Católica | ameliaalarcong@uc.cl

| 1 editorial POR _ Carmen Elena Villa Betancourt, directora | carmen.villa@uc.cl «El Papa no condena la IA. Nos pide, más bien, integrarla a nuestra cotidianeidad con discernimiento, nos recuerda que el genio humano es infinitamente superior al procesamiento de datos». AÑO 15/ N° 23 / NOVIEMBRE 2026 Muchos ignorábamos quién era Robert Prevost a finales del 2022 cuando fue lanzado ese novedoso sistema de Inteligencia Artificial (en adelante IA) llamado Chat GPT. Algunos mirábamos este fenómeno con cierta sorpresa, asombro, otros con temor, desconfianza e incluso enojo. Hoy la IA simula el rol del artista, el periodista, médico, escritor, lector, humorista, analista de datos, compositor, historiador, entre tantos otros. Hasta hace las veces un consejero a quien se le formulan preguntas para la toma de decisiones importantes a una máquina, que se programa con algoritmos y que responde con rapidez y precisión, pero que siempre le faltará algo: la sabiduría basada en el amor y en querer lo mejor para el otro. En este contexto, Robert Prevost, hoy Papa León XIV, publicó la encíclica Magnifica humanitas el 25 de mayo de 2026. Sus palabras han llegado como un faro, para una humanidad llena de cuestionamientos. El Papa no condena la IA. Nos pide, más bien, integrarla a nuestra cotidianeidad con discernimiento, nos recuerda que el genio humano es infinitamente superior al procesamiento de datos porque está impregnado de alma, sentimientos, de la pregunta por el sentido y el anhelo de lo trascendente y por lo mismo su texto nos ofrece ricas orientaciones para salvaguardar la dignidad de la persona. La revista Diálogos, que ha regresado a dos ediciones impresas anuales, quiso tomar como tema central la voz de la Iglesia frente a la IA, la cual ha sido muy bien recibida más allá del credo de cada quién. Las investigaciones y artículos que trae este número analizan diferentes aristas que tiene el desarrollo acelerado de la IA. También hemos incluido una reflexión del cardenal Fernando Chomali, arzobispo de Santiago y gran canciller de la UC, quien, relevando los conceptos de la dignidad humana, el bien común y el diálogo, invita a dejar las divisiones para construir un futuro compartido. “La inteligencia artificial no es un ‘tú’”, dijo el purpurado en un reciente evento académico en esta casa de estudios. Y es que cada vez más, la IA pareciera ser un “tú”. Hemos hecho tantas consultas a uno o varios sistemas de IA, que permiten que nos vayan “conociendo”, codificando nuestro perfil, gustos, hábitos de consumo, orientaciones y hasta nuestro estado de ánimo o problemas personales. Esto hace que muchos lleguen incluso a sentir cierto afecto por un determinado asistente de IA y que vayan, de manera sutil e incluso inconsciente, sustituyendo las relaciones personales o la lectura de un buen libro por una lista de prompts que buscan respuestas, inmediatas y verosímiles, pero muchas veces vacías de sabiduría. Una alerta adicional es la feroz competencia entre diferentes magnates de la tecnología, que está haciendo que la IA se desarrolle con una velocidad muy superior a la regulación ética. Semanas antes del cierre de este número supimos que el joven investigador británico Jacob Coxon renunció a Anthropic por los dilemas morales que le generó trabajar allí. Su frase publicada en una red social en que decía que “podría matarnos a todos para finales de la década”, acumuló más de 90 millones de vistas en menos de 24 horas. Esperamos que la lectura pausada y esperanzada de la Magnifica humanitas siga guiando la reflexión académica porque, como dijo el Papa: “Ningún sistema de cálculo, por sofisticado que sea, genera un corazón que se entrega, ni una conciencia capaz de discernir el bien. Incluso cuando las máquinas sobresalen en eficiencia, el centro de la historia sigue siendo un rostro humano que exige ser contemplado”, (MH 233).

2 | | 3 contenidos ¿Y SI TE DESCONECTAS PARA CONECTARTE CON EL SILENCIO? Antes de hacer, producir o rendir, somos seres vivos. Ese es el mensaje que dan los dos pequeños bosquetes que existen en el campus San Joaquín y que buscan dar un respiro al ritmo vertiginoso de la vida universitaria, donde los días suelen medirse por clases, pruebas, plazos, reuniones, evaluaciones y desafíos. En el 2025 nacieron dos estaciones de baños de bosque autoguiados en las áreas verdes del parque central del campus. A simple vista son un tótem, una silla y un bosquete al paso. Pero su alma habita en algo mucho más profundo: la posibilidad de detenerse. De respirar. De volver a sentir y escucharse. Quienes llegan a estos espacios encuentran prácticas autoguiadas de conexión con la naturaleza, y de respiración y las emociones. No buscan enseñar nada nuevo. Solo nos ayudan a recordar. Recordar que el bienestar no siempre se encuentra avanzando más rápido, sino a veces haciendo una pausa consciente en medio del camino. La encíclica Laudato si’ del Papa Francisco nos recuerda que “nosotros mismos somos tierra”, mientras que Magnifica humanitas advierte del riesgo de que la humanidad “pierda su rostro”. Quizás el sentido más profundo de estos bosquetes sea precisamente traernos a la memoria ambas cosas: que pertenecemos a la tierra que nos sostiene y que, al detenernos y respirar, recuperamos algo esencial de nuestra propia humanidad. Y los testimonios lo confirman. Una estudiante relató: “Mi experiencia fue catártica... me permitió llorar, concentrarme en la naturaleza y sentirme presente”. Otra escribió: “Es la primera vez que tomo un baño de bosque y ya me dan ganas de tenerlo como ritual diario”. Alguien más describió el lugar como “una sorpresa en medio del camino”. En una universidad dedicada a generar conocimiento, estos bosquetes nos recuerdan otra forma de sabiduría: la de detenernos y volver a sentirnos parte de la tierra que nos sostiene. POR_ Rosanna Ginocchio, académica Ingeniería Forestal, Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales | cearginocch@uc.cl EDITORIAL 01. LA IA NO ES UN “TÚ” Carmen Elena Villa Betancourt GRAN CANCILLER 04. VOLVER A ENCONTRARNOS Cardenal Fernando Chomali El arzobispo de Santiago de Chile invita a reconstruir la confianza y promover una cultura del encuentro para afrontar juntos los desafíos del país. CARA A CARA 06. LA IGLESIA FRENTE AL RUIDO: COMUNICAR CON CREDIBILIDAD EN TIEMPOS DE IA María Soledad Herrera Tres destacados periodistas dialogan sobre el valor insustituible de lo humano en la comunicación actual. La clave está en la humanidad, la escucha y la credibilidad. SELLO UC 10. PARA RECUPERAR LA “CHISPA” DE LO HUMANO Magdalena Ortega y Juan Eduardo Ibáñez Inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia, el nuevo proyecto Voces UC busca forjar una cultura del diálogo cara a cara donde los estudiantes dejan de lado sus dispositivos para conectarse con el otro. INVESTIGACIÓN ACADÉMICA 12. SEMBRAR COMUNIDAD EN TERRITORIOS DIGITALES Liliana de Simone y Miriam Díez Las redes sociales desafían a las universidades católicas a comunicar quiénes son sin perder relevancia ni características como creatividad, autenticidad, fe y misión. EN LA ARAUCANÍA 16. “VILLARRICA EXISTE”: UNA COMUNIDAD QUE EDUCA, INTEGRA Y TRANSFORMA Karen Cartagena Recorren largas distancias para aprender y encontrarse: así los estudiantes de UC Villarrica construyen comunidad y aportan al país. INVESTIGACIÓN ACADÉMICA 18. MAYORES CONECTADOS, DERECHOS GARANTIZADOS Ingrid Bachmann y Alonso Calderón Mery Más que aprender a usar dispositivos, la alfabetización digital busca que las personas mayores se desenvuelvan con confianza y autonomía. REPORTAJE CENTRAL 22. FULTON SHEEN: EL INFLUENCER QUE EVANGELIZÓ ANTES DE INTERNET Carmen Elena Villa Este obispo estadounidense (1895-1979) hizo de la radio y la televisión herramientas de evangelización y halló su inspiración en la práctica de una Hora Santa diaria. INVESTIGACIÓN ESTUDIANTE 26. CUANDO LA VERDAD TIENE DOBLE DIGITAL Paulo Fabián Garrido Frente a los deepfakes, la alfabetización digital y el discernimiento ético son claves para proteger a la dignidad humana. INVESTIGACIÓN ACADÉMICA 28. ¿DEMASIADAS PANTALLAS? EL RETO DE LA PRIMERA INFANCIA Carolina Muñoz El bienestar digital infantil depende de algo más que limitar el uso de los dispositivos: exige presencia, acompañamiento y vínculos significativos. 32. LA DIGNIDAD HUMANA COMO ANTÍDOTO FRENTE A LA LÓGICA DE LA OFENSA Manuel Correia Machuca. La invitación a “desarmar las palabras” abre un camino para fortalecer el respeto, la convivencia y el bien común en tiempos de tensión y polarización. 43. LO HUMANO SOBRE LA MÁQUINA Gabriela Arriagada Frente al paradigma tecnocrático, un llamado a poner la dignidad humana, la comunidad y el cuidado en el centro. EL PESO DE LA PALABRA 44. ¿QUO VADIS HUMANITAS? Mauricio Correa Cassanova ¿Hacia dónde va la humanidad? Una reflexión sobre dignidad, tecnología y desarrollo humano desde la antropo

4 | | 5 T uve la oportunidad de reunirme el pasado 21 de agosto con un numeroso grupo de empresarios, emprendedo- res, académicos y personas vinculadas al mundo del tra- bajo y de la economía. Fue un encuentro cuya finalidad era entregar un documento llamado “Carta a los Empresarios: La empresa promotora del bien común”, que permitiera conversar, escuchar, compartir inquietudes y preguntarnos qué responsabi- lidad tenemos frente al momento que vive nuestro país. Salí de allí con una convicción: Chile necesita volver a en- contrarse y aunque parece algo evidente, no lo es. Vivimos en una época en que tenemos múltiples medios para comunicar- nos y, paradójicamente, muchas veces nos escuchamos poco. Abundan las opiniones, las declaraciones, los mensajes, las redes sociales y las respuestas inmediatas. Falta, en cambio, ese ejercicio tan humano de sentarse frente al otro, mirarlo a los ojos, intentar comprender sus razones para pensar o ac- tuar de tal o cual manera desde la convicción de que nadie posee por sí solo todas las respuestas. En el reciente Te Deum señalé que los grandes desafíos que tenemos por delante sólo podremos superarlos trabajando jun- tos. No están los tiempos para proyectos personales, para pasar cuentas ni para encerrarnos en nuestras propias certezas. Es tiempo de ampliar la mirada, conocer la realidad y abrirse al otro sin prejuicios. Chile enfrenta problemas demasiado im- portantes como para abordarlos de manera fragmentada. La pobreza y la soledad; la inseguridad y la violencia; la pér- dida de confianza; el envejecimiento de nuestra población; la dramática disminución de la natalidad; la creación de em- pleos; la educación; la irrupción de la IA; la corrupción. Nin- guno de estos desafíos pertenece exclusivamente al Gobier- Cardenal Fernando Chomali Arzobispo de Santiago, Gran Canciller UC 4 | | 5 GRAN CANCILLER nicacionales. Todos influimos, de algún modo, en el clima que vive nuestra sociedad. En esta línea, existe un valor que urge de sobremanera recomponer: la confianza. La confianza, aunque invisible, es capaz de sostener nues- tra convivencia. Permite cooperar, cumplir los acuerdos y creer que el otro actuará de buena fe. Sin ella las sociedades se fragmentan, las instituciones se debilitan y las perso- nas terminan viviendo unas al lado de otras, pero no unas con otras y, lo que es más dramático, menos, unas para las otras. En el Te Deum utilicé una imagen muy sencilla: la confianza es como el oxígeno. No la vemos, pero no pode- mos vivir sin ella. ¿Cómo se recupera? No mediante discursos grandilocuen- tes. No. La confianza la recuperas cumpliendo con la palabra empeñada, reconociendo los errores, escuchando antes de responder. Es importante comprender que mi adversario no es mi enemigo. Por eso, insisto en la necesidad de plantear una cultura del encuentro entre empresarios y trabajadores, entre Gobierno y oposición, entre las universidades y el mundo productivo, entre generaciones, entre quienes tienen fe y quienes no la tienen. El desarrollo de la IA , por ejemplo, tendrá consecuen- cias profundas sobre el empleo y la educación. Sería irrespon- sable abordarlo desde compartimentos estancos. Se necesita un diálogo sincero entre el Estado, los empresarios, los sindi- catos y las universidades. Lo mismo ocurre con la familia. Frente a nuestra realidad demográfica, no basta con lamentar que nazcan pocos niños. Debemos preguntarnos seriamente qué condiciones estamos ofreciendo a los jóvenes para formar una familia, tener hi- jos y desarrollar, al mismo tiempo, una vida laboral plena. El dilema entre familia y trabajo no debiese existir. Esa tarea requiere al Estado, ciertamente, pero también al mundo em- presarial y a toda la sociedad. Tengo esperanza en Chile. La tengo porque conozco a miles de personas que cada mañana se levantan a trabajar, «No están los tiempos para proyectos personales, para pasar cuentas ni para encerrarnos en nuestras propias certezas. Es tiempo de ampliar la mirada, conocer la realidad y abrirse al otro sin prejuicios. Chile enfrenta problemas demasiado importantes como para abordarlos de manera fragmentada». no, al Parlamento, a los empresarios, a las universidades, a las Iglesias o a la sociedad civil. Nos pertenecen a todos y deben deben ser abordados por todos, pero en conjunto. En la carta a los empresarios quise recordarles que una empresa no es únicamente una organización destinada a producir bienes, prestar servicios y generar utilidades, reco- nociendo, obviamente que todo ello es legítimo y necesario. Pero una empresa es, ante todo, una comunidad de personas. Allí transcurre una parte muy importante de la vida de miles de chilenos: se establecen vínculos, se desarrollan talentos, se viven frustraciones y alegrías, y se toman decisiones que re- percuten en las familias. No da lo mismo, por lo tanto, cómo se ejerce el liderazgo. No debemos olvidar que las decisiones que parecen exclusivamente económicas o técnicas siempre tienen un rostro humano,

6 | | 7 En ese sentido, el timing parece estar del lado del Cardenal, porque lo impor- tante es cuando esa voz empieza a ser relevante. No la voz Chomali, sino la voz de Iglesia Católica la que vuelve a tener importancia en el discurso público y la Iglesia Católica tiene cosas que decir en el debate público. ¿Cómo ha resultado para ustedes la llegada de Magnifica humanitas? De hecho, Matilde tiene un programa en CNN sobre el contenido de esta encíclica... Matilde Burgos (MB): ¡Es que encon- tré que la encíclica es atómica! Porque no solamente habla de IA, habla de migrantes, del sistema de Naciones Unidas, de geopolítica, de multilatera- lismo, de la crisis, del mundo laboral que se está generando por el reempla- zo de los trabajos, por la IA. Pero al mismo tiempo nos invita a no perder la esperanza de que la IA lo va a copar todo y que más bien hay que hacerse preguntas, hay que interrogar a quienes están detrás y son los desarrolladores de esta nueva herramienta. Entonces el Papa sintonizó con lo que hoy a la gente le está haciendo sentido. Y bueno, en el tiempo en que está viviendo, se transformó en un antagonista, tal vez, de quien, en este momento, “la lleva en términos de poder”. Con esta publicación, León XIV se transformó en un líder, a lo mejor sin querer tener ese protagonismo. Tal como tú dices, en esta encíclica se habla de muchos temas, uno de ellos es el de la IA y también de lo importante de conectar con las personas, ¿cómo se cuida y se protege la comunicación humana de la uniformidad? ¿Y cómo podría aportar la Iglesia a ello? Gloria Faúndez (GF): Evidentemente están todos los que son los más miedo- sos de la IA de que nos van a absorber nuestro trabajo, pero yo soy de las que se pone en el otro lado, en el revival de lo más natural. Creo que el auge de la IA LA IGLESIA FRENTE AL RUIDO: COMUNICAR CON CREDIBILIDAD EN TIEMPOS DE IA ¿Cómo puede la Iglesia en nuestros tiempos recuperar credibilidad en el espacio público? Tres destacados periodistas reflexionan sobre confianza, escucha, pensamiento crítico y el valor insustituible de lo humano. MODERADO POR_ María Soledad Herrera. Directora ejecutiva de la Unión Social de Empresarios Cristianos USEC y fundadora de la plataforma Amén + Comunicar ya no es solo transmitir un mensaje. Hoy el desafío está en encon- trar nuevas formas de conectar con una sociedad saturada de ruidos e informa- ción. Convocar, generar confianza y ser un referente son algunas de las tareas en medio de una creciente polarización y desconfianza, en la que basta con ganar seguidores y likes para posicionarse como un comunicador exitoso –aunque no lo sea de profesión- y a costa muchas veces de la objetividad y veracidad. La Iglesia no está exenta de este desafío. ¿Cómo volver a ser una voz relevante en el debate público? ¿Cómo generar confianza y al mismo tiempo mantener el espíritu crítico? Sobre estos temas dialogaron los perio- distas Gloria Faúndez, editora general de La Tercera; Matilde Burgos, presenta- dora de CNN Chile; e Iván Valenzuela, conductor de programas como Mesa Central y Teletrece Tarde, en el conversa- torio “El mensaje y los medios: escrutinio público retos y credibilidad”, que tuvo lugar en el VII Seminario Internacional de Comunicaciones de Iglesia realizado en la Pontificia Universidad Católica de Chile los pasados 27 y 28 de julio. Si bien el conversatorio abordó diferentes temas, en esta oportunidad nos centraremos en el papel de la Iglesia frente a los desafíos tecnológicos actuales. ¿Qué significa que la Iglesia vuelva a tener una voz relevante en el debate público? Iván Valenzuela (IV): No es si tenemos un frente o un sector Iglesia católica, tampoco si la Iglesia católica está todos los días en el diario. El punto es cuán relevante es la voz de la Iglesia. Por ejemplo, lo que hace el cardenal (Fer- nando Chomali) es participar del debate público con una voz que a veces va a ser más pertinente, otras quizás no tanto, pero por lo menos se hace el intento. En un momento, por la crisis de la Iglesia, debido a los escándalos de abuso sexual de parte de agentes pastorales, varios católicos se guardaron por la vergüenza. Iván Valenzuela Conductor de Mesa Central y Teletrece Tarde. Gloria Faúndez Editora general de La Tercera Matilde Burgos Presentadora de CNN Chile CARA A CARA | ILUSTRACIÓN PAULINA BUSTAMANTE

8 | | 9 CARA A CARA | LA IGLESIA FRENTE AL RUIDO: COMUNICAR CON CREDIBILIDAD EN TIEMPOS DE IA «Creo que el auge de la IA está trayendo de vuelta la valoración por lo mejor del periodismo y lo mejor del periodismo son los periodistas, son las personas que hacen, que construyen, que diseñan la noticia». Gloria Faúndez está trayendo de vuelta la valoración por lo mejor del periodismo y lo mejor del periodismo son los periodistas, son las personas que hacen, que construyen, que diseñan la noticia. El antídoto, frente a la IA, son las cua- lidades más humanas, aquellas que no pueden reproducir las máquinas, como son la empatía, el pensamiento crítico, la curiosidad, la creatividad. ¿Qué aporta la Iglesia? Aporta empatía. Los cristianos y católicos debieran ser aquellas personas que multipliquen esa cualidad. Y ¿cómo podemos humanizar esa información y aportar diversidad? MB: La IA lo que ha hecho es polarizar los debates. Escuchar es cada vez más difícil porque se escucha al que grita más, al que es más estridente en la forma, en el fondo. Y yo creo que los espacios de escucha humanizan. En eso es insustitui- ble una persona. También creo que nos desafía mucho la IA en salir de esos discursos polarizantes, en poner la pelota en el piso, en tratar de buscar encuentros, en no privilegiar al vociferante. A lo mejor no me voy a llenar de likes, pero voy a ser consistente con lo que yo creo que es el periodismo, con lo que yo creo que necesitan las personas. Necesitamos encontrarnos, y salir de los discursos polarizantes. Yo creo que ese es un desafío interesante y que puede no ser el más popular. IV: Totalmente de acuerdo. Creo que vi- vimos en un mundo, por decir lo menos, hostil para los medios. Dicho eso, es el mundo en que vivimos, es el mundo que hay que asumir. Probablemente, como dice Matilde, no vamos a ser muy populares tratando de privilegiar las voces moderadas respecto de las vociferantes, tratando de hacer que prevalezca la evidencia por sobre las opiniones, de que las políticas públicas se construyan sobre la base también de hechos y no sobre la base de políticas identitarias. Ninguna de esas cosas es particularmente popular. Y creo que nuestro desafío es hacer que, en un ambiente hostil, esos valores que -por de pronto tienden a mejorar el medio ambiente en el que los medios de comunicación se desarrollen-, sean los que prevalezcan. El ambiente de polarización es nefasto para los medios. Solo sirve para un tipo de medios, que son “los de trinchera”, que hacen activismo y no periodismo. Y cuan- do eso ocurre, la cadena continúa con la degradación de la libertad de expresión, de la democracia primero, y de la libertad de expresión después. GF: Y déjame sumar la responsabilidad que eso implica también, porque un error en este escenario es muy costoso en la credibilidad de los medios, como hablamos en el tema de la confianza, los medios estamos desafiados. Probablemen- te en los momentos más exigentes que hemos tenido como instituciones, pero se pueden hacer cosas muy activas, respecto de cómo no ayudar a polarizar, cómo no privilegiar la entrevista a aquel que hace del conflicto su tema principal. Hacerse cargo de lo que dicen los políticos es parte también de la pedagogía. Y en este mundo que pide espíritu crítico, pero que también generemos confianza, entonces cuando somos tan críticos, ¿en qué espacio se genera la confianza? MB: Es una maratón, o sea, una carrera de largo aliento. Es empezar a hablar con la verdad, a dar respuestas, a afrontar situa- ciones incómodas, porque no siempre van a ser situaciones incómodas, no todo (en los medios de comunicación) es denuncia. También podemos hablar de muchas otras cosas, pero cuando ya restablecimos las confianzas. Esto es algo que se tiene, como decían Iván y Gloria, que hay que ir ganándose poco a poco. La Iglesia es una voz necesaria. GF: Yo coincido contigo en que son carri- les paralelos, es decir, uno la confianza y otro la crítica, obvio. Ahora, también creo que debiera haber un interés de la Iglesia por no solo aso- ciarse a estos temas valóricos que son de la agenda más tradicional. Y en ese sentido me parece que la publicación de la Magnifica humanitas es algo “fuera de la caja”. Hace además sentido con lo que decía Matilde, de ver cómo se enfrenta el tema de la tecnología, que es como el lado correcto de la historia en este minuto. Yo creo que la confianza es un camino, es un proceso, y a veces va a estar teñido de crítica, o de escepticismo. Pero hay que insistir, insistir, me parece que esa es la clave. «no perder la esperanza de que la IA lo va a copar todo, y que más bien hay que hacerse preguntas, hay que interrogar a quienes están detrás y son los desarrolladores de esta nueva herramienta». Matilde Burgos «la Iglesia Católica tiene cosas que decir en el debate público». Iván Valenzuela IV: Además que el espíritu crítico hay que someterlo también al escrutinio de los medios. Recuerdo que antes del estallido social se estableció como una “esp

10 | | 11 SELLO UC | 3. Se revisó la experiencia de los Moreau Courses en Notre Dame University (University of Notre Dame, Moreau First-Year Seminar, 2026: https://moreaufirstyear.nd.edu/) se tomó en consideración el reporte de educación superior de Yale, además de informes realizados por American Academy of Arts & Science (American Academy of Arts & Sciences, “News”:macad.org/humanities- indicators,lawliberty.org/forum/restoring-a-higher-civics, mdpi.com/2075-471X/13/2/19) y Andalusia Star News, “Digital Detox Pedagogy: Reclaiming Analog Tools for Deeper Learning”: https:// www.andalusiastarnews.com/opinion/digital-detox-pedagogy-reclaiming-analog-tools-for-deeper-learning-347782. 4. Papa Francisco, Carta encíclica Fratelli Tutti, Asís, 3 de octubre 2020, 198. 5. Papa León XIV, Carta encíclica Magnifica humanitas, Ciudad del Vaticano, 15 de mayo de 2026, p. 187. La pregunta que originó Voces –¿cómo formar ciudadanos?–, es compleja y admite muchas respues- tas, según a la antropología que las sustente. Ante el individualismo, la fragmentación y la polarización que marcan nuestro país, el desafío se vuelve urgente y exige una respuesta desde la identidad UC: necesitamos generar las condiciones para que nues- tros estudiantes desarrollen una cultura del respeto. Por ello, animados a trazar esos nuevos mapas de esperanza –y tras estudiar la experiencia comparada y la investigación sobre métodos formativos recientes3–, concebimos un curso in- novador que hace de los estudiantes los protagonistas de su propia formación. En Voces se experimenta qué es ser un buen ciudadano, recogiendo la noción de amistad cívica del Papa Francisco, para quien el diálogo es, ante todo, un camino: “para encontrarnos y ayudar- nos mutuamente”4. Así, hicimos de esa afirmación un método de formación, siendo el programa un primer paso de una trayectoria de formación ciudadana que busca que, en nuestros estudiantes, se arraigue el hábito del diálogo y la escucha como forma de buscar la verdad y descubrir el bien común. El diseño del curso responde, además, a tres invitaciones que el Papa formula en Magnifica humanitas. Primero, desarrollar espacios de reflexión que promuevan la es- piritualidad en los jóvenes y la búsqueda de la verdad: un desafío de carácter sapiencial en medio de la sociedad de la (excesiva) información (146). Segundo, “desarmar las palabras”: generar espacios donde nos encontremos y nos escuchemos desde las experiencias de cada uno, para sanar las heridas de la historia y construir una co- munidad verdaderamente humana (213). Y, tercero, descubrir la chispa de lo humano en un mundo mediado por lo digital. En esta experiencia los estudiantes, toman una pausa del uso de dispo- sitivos electrónicos para mirarse de frente y construir este diálogo, desde los contenidos de los principios funda- mentales antes mencionados. Para ello, las alumnas y alumnos se preparan en una masterclass con lecturas disponi- bles, para luego participar de talleres presenciales liderados por estudiantes previamente capacitados, que se llaman ayudantes facilitadores, y que preparan y dirigen la sesión, cuidando que todas las voces sean escuchadas. En cuanto al contenido, las conversa- ciones se nutren de los principios de la DSI, comenzando por el que funda todo el orden social: la dignidad de la persona humana, es decir, el valor inalienable de cada ser humano, anterior a sus logros y a sus opiniones. Como subraya Patricia Imbarack, académica de la facultad de Educación, “se trata de algo inherente a la persona, que da sentido a su vida y la abre a la trascendencia”. El curso estudia también la tradi- ción del respeto, a partir de la encíclica Fratelli tutti del papa Francisco y de autores como Steven Pinker y Martin Luther King, en un módulo diseñado por la profesora de Comunicaciones Eliana Rozas. Pero el respeto no solo se estudia: se practica, reconociendo en quien piensa distinto a un interlocutor valioso que merece ser tratado como tal. De ese diálogo va surgiendo una mirada que C on Magnifica humanitas el papa León XIV traza el camino de la Igle- sia ante los desaf íos de la nueva civilización tecnológica y moralmente fragmentada, haciendo un recorrido de las enseñanzas y principios que animan la Doctrina social de la Iglesia (DSI) desde hace más de un siglo. En este caso particular la Encíclica plantea, de manera valiente, la necesidad de reconocer y proteger lo propiamente humano como la nueva cuestión social. Subraya, en esta línea, la importancia decisiva de la educación y de las escuelas, y nos llama a una “alianza educativa renovada”1 para, buscar en su seno una reflex- ión ética profunda que nos permita, como sociedad, construir la nueva Jerusalén. Este llamado no es nuevo. Ya en su carta apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza, el Papa invitó a las comunidades educativas a ser un “laboratorio de discernimiento, innovación y testimonio profético”2. La UC ha respondido a este llamado, entre otras iniciativas , con “Voces: Di

12 | | 13 ¿ Cómo podemos conversar con quienes están al otro lado de la pantalla? Es la pregunta que surgió cuando comenzamos la investigación NetCath: estudio com- parativo netnográfico de la identidad católica digital y la comunicación en las redes sociales de universidades cató- licas. Quisimos plantearla desde una doble militancia: estudiantes, pero tam- bién consumidores de dichas platafor- mas que tienen sus propios regímenes, economías de la atención con prácticas y dinámicas que no necesariamente privilegian conversaciones motivadas por la fe y la religión. Esta investigación fue desarrollada durante el año 2025 en el marco de la red SACRU (Strategic Alliance of Catholic Research Universities), que reúne cerca de 400 publicaciones por universidad. Se investigaron las plataformas de Insta- gram y TikTok de la Pontificia Univer- sidad Católica de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, la Unicatt de Milán y la Blanquerna Universidad Ramón Llull de Barcelona, observando cómo estas instituciones de distintos contextos culturales expresan —o silencian— su identidad religiosa en los espacios digitales donde se mueve la Generación Z. Los resultados revelaron una paradoja: aunque estas instituciones se definen explícitamente como católicas, el 78 por ciento de los contenidos analiza- dos no articulaba elementos vinculados a aspectos de su identidad confesional. Más que un hallazgo comunicacional, este dato plantea una pregunta: ¿Qué ocurre cuando instituciones cuya misión nace de una determinada visión de la persona sienten que deben ocultar o suavizar esa identidad para poder existir en el espacio digital? La pregunta que se hace el proyec- to NetCath, con el apoyo del XXII Concurso de Investigación y Creación para Académicos “Dignitas Infinita: Por una tecnología al servicio de la dignidad humana”, de la Pastoral UC, junto con el profesor Patricio Dussaillant, responde a la inquietud que plantea el Papa León XIV: “La promoción del bien común Identidad católica, algoritmos y comunicación universitaria ¿Es posible hablar de fe en el ecosistema digital sin perder relevancia ni autenticidad? El estudio NetCath analiza cómo las universidades católicas habitan las redes sociales y qué desafíos enfrentan para construir comunidad en la era de los algoritmos. SEMBRAR COMUNIDAD EN TERRITORIOS DIGITALES POR_ Liliana de Simone, académica de la Facultad de Comunicaciones UC y directora del Observatorio de Consumo, Cultura y Sociedad, Proyecto NetCath | rldesimo@uc.cl y Miriam Díez, directora del observatorio Blanquerna de Comunicación, Religión y Cultura de la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals de la Universidad Ramón Lull de Barcelona | miriamdb@blanquerna.url.edu. nunca puede separarse del respeto al derecho de los pueblos a existir, a cus- todiar su propia identidad y a contribuir con su propia originalidad a la familia de las naciones”1. En NetCath encontramos diversas estrategias con las que se aborda esta nueva dinámica: algunas universidades parecen asumir que es mejor hablar menos de religión para no ser invi- sibilizadas o menospreciadas por las plataformas. Observamos que otras universidades católicas deciden adoptar un tono híbrido en redes sociales como parte de una estrategia universal e inclusiva hacia lo católico, utilizando los canales de comunicación institucionales para hablar de comunidad, excelencia y valores que no son específicos del nicho católico. Y en tercer lugar, encontra- mos narrativas digitales que recogen con mayor naturalidad la vida pastoral, integrándola en otras conversaciones online sin abusar de la ultraidentidad o criptoidentidad2 católica y sin que ello se reduzca a una narrativa digital identita- ria y confesional. Pero eso significa que la misión queda subordinada a una supuesta lógica tecnológica que decide qué merece ser visible y qué no. También puede ser una manera de entender un mundo multidimensional que exige repensar la manera de comunicar de las universida- des católicas. La fe como telón de fondo Uno de los conceptos más sugerentes que emergen de la investigación es el de religió ambient. La expresión catala- na describe una forma de presencia religiosa que permanece como trasfondo cultural o escenografía implícita que acompaña la vida cotidiana. Este fenómeno se observa con claridad en las redes sociales de las universida- des estudiadas. La fe está presente en los valores que inspiran determinadas iniciativas, en el compromiso social, en las actividades de servicio o en el acom- pañamiento comunitario, pero rara vez ocupa el centro de la narrativa institu- cional. No obstante, el 78 por ciento de los posts no articula la fe textualmente, lo que excluye el uso del adjetivo “católi- ca/cattolica” como nombre propio de la institución. La situación refleja una tensión entre el deseo genuino de las instituciones de mantener una identidad y el hecho de que una comunicación excesi- vamente confesional pueda reducir su capacidad de diálo

14 | | 15 el desafío no es solo producir conteni- do católico correcto, sino aprender a habitar la gramática de consumo digital de los jóvenes sin diluir el mensaje. Es decir, aplicar una pedagogía digital de la fe que sea ambient sin ser invisible ni que atente a la vulnerabilidad afectiva de Gen Z. Comunicar desde lo que realmente somos La propuesta está en que las universida- des católicas estén inmersas de manera proactiva en el ecosistema digital. No se trata de hablar únicamente de temas religiosos. El catolicismo abraza toda la existencia humana y, por tanto, también la investigación, la cultura, la excelencia académica y la vida comunitaria. Una identidad católica sólida no se reduce a símbolos o mensajes explíci- tos, sino que se expresa en una manera de comprender la educación y las rela- ciones humanas. Es necesario que se visibilice la diversidad de la universidad, el rigor académico, la vida comunitaria y, sobre todo, que el estudiante esté realmente en el centro. Este estudio coincide con otro de los hallazgos relevantes de NetCath: Los contenidos con mejor desempeño en redes sociales no fueron los más insti- tucionales ni los más cuidadosamente producidos, sino aquellos que mostraban experiencias reales, relaciones humanas concretas y espacios de participación comunitaria. En la UC, por ejemplo, algunas de las publicaciones con mayor interacción estuvieron vinculadas a actividades pastorales, iniciativas solidarias y expe- riencias compartidas por estudiantes. Llamaron la atención aquellos conte- nidos donde estudiantes compartieron vivencias directas en un lenguaje acorde a las affordances6 de cada plataforma, los cuales obtuvieron considerablemente más interacciones. Del mismo modo, la evidencia mostró que aquellos conte- ENSAYO ACADÉMICO | SEMBRAR COMUNIDAD EN TERRITORIOS DIGITALES La cuestión no está exenta de riesgos. Si bien estos evangelizadores digitales pueden convertirse en puentes valiosos hacia la fe, también existe el peligro de que terminen construyendo comunida- des excesivamente centradas en la figura del propio creador. De Babel a Jerusalén Es precisamente aquí donde aparece una de las imágenes centrales de Magnifica humanitas: la contraposición entre Babel y Jerusalén. La metáfora no alude simplemente a la tecnología, sino a dos formas distintas de comprender la co- municación humana. La Babel digital se manifiesta cuando las plataformas favorecen dinámicas de aislamiento, competencia y autorrefe- rencialidad. Allí, “la comunicación se rompe, las lenguas se confunden y los seres humanos ya no se comprenden”7. La imagen de la Jerusalén digital, en cambio, está basada en el regreso del exilio del pueblo de Israel cuando esta ciudad “recupera así un lenguaje común, no el de la uniformidad, sino el de la comunión: la armonía que nace cuando cada uno asume su parte y todo el pueblo reconoce que su fuerza viene del Señor8”. Sería pues una red de vínculos capaces de conectar personas y experiencias en pri- mera persona. Esto se traduciría en ayu- dar a quienes comunican la fe en espacios digitales para que se sientan parte de algo más grande. La Iglesia y los agentes pas- torales tienen el deber de acompañarlos y ayudarles a construir comunidad. Una de las mayores preocupaciones que arroja esta investigación es que la comunicación digital reproduzca las di- námicas de polarización que atraviesan buena parte de las sociedades occiden- tales y que contradicen la vocación de la Universidad Católica sobre la que reflexiona San Juan Pablo II, la cual tiene esa “insondable riqueza del mensaje salvífico del Evangelio y la pluralidad e infinidad de campos del saber en los que la encarna” y que “permite a la Iglesia establecer un diálogo de fecundidad incomparable con todos los hombres de cualquier cultura”9. «Una identidad católica sólida no se reduce a símbolos o mensajes explícitos, sino que se expresa en una manera de comprender la educación y las relaciones humanas». nidos relacionales, que taggean a otras instancias, suman visibilidad, aunque diluyen el contenido religioso. Esto nos lleva a concluir que las plataformas premian la autenticidad. La irrupción de los nuevos evangelizadores digitales La autenticidad también ayuda a explicar otro fenómeno analizado en la inves- tigación: el creciente protagonismo de influencers religiosos y creadores de contenido católico capaces de conectar con jóvenes que raramente participan en espacios eclesiales tradicionales. Mientras las estructuras institucio- nales continúan comunicando muchas veces desde modelos verticales y donde a menudo elementos como el humor, tan propio de la cultura digital, brilla por su ausencia, estos nuevos actores digitales establecen relaciones horizontales con sus audiencias. Los influencers religiosos o creadores de contenido hablan desde una vida concreta, desde algo que las personas perciben como cercano y accesible. La plataforma favorece esa lógica relacional. Los contenidos religiosos aparecen mezclados con publ

16 | | 17 Arica y Parinacota. Cada uno aporta una historia, una mirada y una experiencia que fortalece el carácter diverso del campus. La presencia de la Universidad en Villarrica también ha crecido. Hoy contamos con equipos profesionales de apoyo estudiantil y con visitas periódicas de distintas unidades UC, acercando servicios, oportunidades y acompañamiento. Un ejemplo significativo han sido las giras de las carreras de Pedagogía en Educación General Básica, Pedagogía en Educación Parvularia y del programa Bachillerato Inicia. Gracias a ellas, muchos estudiantes han conocido otros espacios de la Universidad. En ese proceso, especialmente la comunidad del Sagrado Corazón, los han recibido con generosidad, permitiéndoles experimentar una universidad que comparte un mismo proyecto educativo. Hoy podemos afirmar que Villarrica no solo existe: es parte fundamental de la UC. Una comunidad que aporta desde su territorio, aprende en diálogo con su entorno y contribuye a construir una universidad más diversa, conectada y consciente de que su riqueza radica en la pluralidad de experiencias que la conforman. Quiero comenzar este relato recordando una historia que nació hace más de quince años. En ese entonces, dos estudiantes de Pedagogía en Educación General Básica de Villarrica compartieron una inquietud: visibilizar ante toda la Universidad que, en el corazón de La Araucanía, existía una “Villarrica existe”: una comunidad que educa, integra y transforma POR_ Karen Cartagena García. Coordinadora de Asuntos estudiantiles. Campus Villarrica | kcartagenag@uc.cl 16 | | 17 sede de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ambos eran dirigentes estudiantiles y decidieron presentar una lista desde este campus para las elecciones de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC). Más que una candidatura, impulsaban una convicción: que los y las estudiantes de los distintos campus conocieran esta comunidad universitaria del sur rica en historia, identidad y compromiso con su territorio. La respuesta quedó plasmada en una frase que se convirtió en el sello de su campaña: “Villarrica existe”. Era una declaración de presencia y una invitación a mirar más allá de Santiago, reconociendo que la Universidad también se construía desde el sur. ¿Quiénes eran esos jóvenes? Estudiantes que habían dejado atrás sus hogares en Chiloé y Carelmapu para perseguir un sueño. Creían que la educación podía transformar realidades y que su paso por la Universidad debía trascender las salas de clase. Querían convertirse en agentes de cambio social y comprendieron que, para contribuir a transformar el mundo, primero debían visibilizar la comunidad de la que formaban parte. Con el paso de los años, aquella frase dejó de ser solo un lema. Quizás fue un pequeño gesto en la larga historia de la UC, pero contribuyó a que quienes formamos parte del Campus Villarrica nos sintiéramos cada vez más integrados a una comunidad universitaria que reconoce la diversidad de sus territorios como una riqueza. Esa comunidad la encarnan jóvenes con los sellos distintivos: la interculturalidad, la sustentabilidad y la educación inclusiva. Estudiantes convencidos de que los cambios más profundos nacen desde la educación y que asumen, desde temprano, el desafío de convertirse en agentes de transformación social. En ellos se refleja también el espíritu de Magnifica humanitas, al comprender que la formación universitaria se construye en el encuentro con otros. Por ello, valoran la presencialidad, recorriendo largas distancias e incluso caminando varios kilómetros para llegar al campus, aun cuando podrían conectarse de manera remota para algunas clases. Lo hacen porque reconocen el valor de la presencialidad y de una comunidad que, a través de la colaboración y una cultura de puertas abiertas, favorece una formación más humana e integral. Muchos provienen de Villarrica, Curarrehue, Loncoche, Pucón y Panguipulli. Una parte importante vive en sectores rurales, donde las dificultades de conectividad y transporte forman parte de la vida cotidiana. En invierno enfrentan lluvia, viento y bajas temperaturas para llegar a los puntos donde pueden tomar locomoción. También integran esta comunidad, estudiantes de las regiones de Los Ríos, Los Lagos, Aysén, Magallanes, Metropolitana, CAMPUS VILLARRICA La cultura de puertas abiertas y el acompañamiento cercano son parte del sello que distingue a la comunidad UC Villarrica. La vida universitaria en el Campus Villarrica se construye en el encuentro cotidiano entre estudiantes provenientes de diversos territorios del sur de Chile. FOTOGRAFÍA: CÉSAR DELLEPIANE FOTOGRAFÍA: CÉSAR DELLEPIANE La histórica consigna de un grupo de estudiantes resume hoy el aporte del Campus Villarrica a la UC: una formación arraigada en el territorio, marcada por el encuentro, la diversidad y el compromiso con la transformación social.

18 | | 19 H ace algunos años, la alfabeti- zación digital de las personas mayores se entendía como aprender a enviar un correo electrónico o navegar por internet. Hoy el desaf ío es mucho más complejo. Conseguir una hora médica, realizar trámites estatales, pagar el transporte público, acceder a beneficios sociales, identificar una estafa o comprender cómo funciona la IA son acciones que dependen, en mayor o menor medida, de competencias digitales. La pregunta ya no es si la tecnología forma parte de nuestra vida cotidiana, sino cómo garantizar que todas las personas pue- dan participar de ella en condiciones de igualdad. En Chile, la transformación digital ha avanzado con rapidez. Muchos servicios públicos y privados se encuentran mediados por plataformas digitales, apli- caciones móviles o sistemas automatiza- dos. Sin embargo, este proceso también ha puesto en evidencia una tensión creciente: mientras la tecnología pro- mete inclusión y eficiencia, numerosos adultos mayores experimentan barreras que limitan su autonomía que exige que una persona cuente con las habilidades, herramientas y recursos para realizar las actividades que necesita o desea hacer en su vida cotidiana. La discusión adquiere especial rele- vancia en un país que envejece acele- radamente. Cerca del 20 por ciento de la población chilena corresponde hoy a personas mayores de 60 años y las proyecciones indican que hacia 2050 ese porcentaje alcanzará aproximada- mente un tercio de la población. En este contexto, hablar de alfabetización digital no significa únicamente enseñar a usar dispositivos, sino reflexionar sobre ciu- dadanía, inclusión y dignidad en un país en el que además la esperanza de vida supera los 80 años1. ¿Quiénes quedan fuera cuando esa transformación se acelera? León XIV en la encíclica Magnifica humanitas recuerda que el valor de la persona no depende de su productividad, eficiencia o capacidad de adaptación tecnológica: “Indiquemos criterios de discernimiento —la digni- 18 | dad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz— y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frá- giles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz”2. Brecha de derechos La expansión de las tecnologías ha transformado el acceso a numero- sos servicios esenciales. Solicitar una atención médica, descargar certificados, comunicarse con instituciones públicas o participar en actividades educativas depende cada vez más del uso de dispo- sitivos conectados a internet. Para mu- chas personas mayores, estas demandas exigen una actualización constante en herramientas cada vez más complejas, lo que en muchas ocasiones dificulta su inserción en la sociedad. La autonomía digital está vinculada al pleno ejercicio de derechos como la salud, la movilidad, la educación y la información. Cuando una persona no puede utilizar las herramientas necesa- rias para acceder a esos servicios —por ejemplo, la Clave Única— sus derechos quedan restringidos en la práctica. La situación se vuelve más com- pleja porque las barreras digitales no dependen únicamente de la capacidad individual. Muchas plataformas no consideran aspectos tan básicos como el tamaño de las pantallas, la calidad de la conexión o las dificultades visuales asociadas al envejecimiento. En otras palabras, el problema no siempre está en el usuario o en su desconocimiento sobre el manejo de nuevas tecnologías: muchas veces está en los entornos digitales diseñados sin considerar la diversidad de quienes los utilizan. A ello se suma una realidad persisten- te. Aunque Chile registra altos niveles de conectividad, sobre todo en compara- ción con otros países latinoamericanos, los adultos mayores continúan siendo uno de los grupos que suelen quedar excluidos del acceso a internet, espe- cialmente cuando se combinan factores como pobreza, ruralidad o menor nivel educacional. El enemigo silencioso: edadismo y tecnofobia Uno de los hallazgos más importantes de las investigaciones sobre inclusión digital es que muchas barreras son culturales antes que tecnológicas. Las personas mayores suelen enfrentarse a prejuicios que las presentan como inca- paces de aprender o adaptarse a nuevas herramientas digitales. Este fenómeno, conocido como eda- dismo, tiene consecuencias concretas. La discriminación basada en la edad contribuye al desarrollo de la tecnofobia, entendida como el temor a utilizar he- rramientas digitales o realizar trámites de manera autónoma. Para ello es importante reforzar en los adultos mayores la autoefica- cia, es decir, la confianza que alguien puede tener en sus propias capacidades. Muchas personas mayores de 60 años llegan a convencerse de que no podrán aprender sobre tecnologías digitales, especialmente cuando su entorno responde con excesiva impaciencia o condescendencia (como si no supieran ni siquiera desbloquea

20 | | 21 consecuencia es una dependencia cre- ciente que limita la autonomía personal. Aprender requiere tiempo, acompaña- miento y espacios donde equivocarse no sea motivo de vergüenza. Más allá de los dispositivos La alfabetización digital suele asociarse a habilidades técnicas. Sin embargo, las experiencias desarrolladas por el Núcleo de Desigualdades y Oportunidades Digitales NUDOS, un centro de inves- tigación sobre inclusión digital, y por el programa 60+ Digital muestran que el desafío es mucho más amplio. En talleres especiales para adultos mayores se observa que muchos de ellos evitan abrir enlaces o confirmar trámi- tes por miedo a ser víctimas de estafas. El temor termina afectando incluso para promover la inclusión de los más frágiles y construir una sociedad más jus- ta. Como dice el papa León XIV: “Esta es la lógica de la subsidiariedad, que valora la cooperación entre generaciones, entre pueblos, entre disciplinas y culturas como el camino privilegiado para hacer crecer la estabilidad, la prosperidad y la paz. Las tensiones y las diferencias no deben intimidar; pueden convertirse en energías creativas cuando están orientadas por una responsabilidad compartida”3. La fuerza de la comunidad Las investigaciones y programas desa- rrollados en la Universidad Católica de Chile muestran que la inclusión digital funciona mejor cuando se construye colectivamente. Durante diversos talleres, las personas mayores descubren que no están solas frente a sus dificultades. Compartir experiencias permite reconocer que muchos desafíos son comunes y que el problema no reside en una incapacidad individual, sino en transformaciones tecnológicas aceleradas que afectan a toda la sociedad. INVESTIGACIONES ACADÉMICAS | MAYORES CONECTADOS, DERECHOS GARANTIZADOS Esta dimensión comunitaria adquiere especial valor en un contexto marcado por la soledad no deseada y el aislamien- to social. Es allí donde las tecnologías pueden convertirse en herramientas para fortalecer la participación social, mantener vínculos familiares, organizar actividades comunitarias y acceder a espacios educativos. Las experiencias intergeneracionales cumplen aquí un papel fundamental. Programas como Aulas con Trayectoria UC permiten que personas mayores compartan espacios académicos junto a estudiantes universitarios, promoviendo intercambios de conocimiento en ambas direcciones. Conecta Mayor y el desafío de la inclusión La experiencia de la Fundación Co- necta Mayor UC constituye uno de los esfuerzos más relevantes en esta materia. La organización nació con el propósito de promover la integración social, la autonomía, la dignidad y el legado de las personas mayores me- diante la inclusión digital y un cambio cultural en torno a la vejez. Su trabajo incluye el desarrollo de metodologías de aprendizaje digital, herramientas tecnológicas inclusivas y programas orientados a fortalecer la participación social y la autonomía. El énfasis de estas iniciativas no está solamente en enseñar el uso de dispositi- vos, sino en resignificar la relación de las personas mayores con la tecnología. El objetivo es que puedan participar en una sociedad cada vez más digitalizada sin perder independencia ni protagonismo. Una nueva ley para una nueva realidad La reciente aprobación en Chile de la Ley 21.822 de Personas Mayores y de Promo- ción del Envejecimiento Digno, Activo y Saludable representa un hito para esta población y para su entorno. La norma- tiva reconoce a las personas mayores como titulares de derechos y establece un marco integral destinado a garantizar actividades necesarias, como confirmar una consulta médica, pagar cuentas o comunicarse con instituciones públicas. La irrupción de nuevas tecnologías, como la IA generativa, añade una capa adicional de complejidad. Si hace algu- nos años el desafío era enviar correos electrónicos o utilizar la Clave Única, hoy resulta necesario comprender fenómenos como los deepfakes, la des- información automatizada o los riesgos asociados a la economía digital. Frente a este escenario, la alfabetiza- ción digital ya no puede limitarse a la enseñanza instrumental. Requiere desa- rrollar criterios para evaluar información, reconocer engaños, comprender riesgos y tomar decisiones informadas. En palabras de la encíclica Magnifica humanitas, esta constituye una práctica indispensable su inclusión, participación y autonomía. Entre los derechos contemplados figuran el acceso a la información, la educación, la conectividad, la independencia y el trato digno. Esta ley abre una oportunidad para profundizar la discusión sobre autono- mía digital y exigir que los servicios pre- senciales y digitales resulten realmente accesibles para todos. Sin embargo, disponer de un marco normativo no bas- ta. El desafío consiste en traducir esos principios en políticas públicas, diseños tecnológicos inclusivos, programas edu- cativos y nuevas formas de convivencia intergeneracional. El acompañamiento intergeneracional favorece la inclusión dig

22 | | 23 ¿Qué habría hecho Fulton Sheen con una cuenta de Instagram o TikTok? Mucho antes de los podcasts, videos virales o algoritmos de las redes sociales, él ya había descubierto que la Buena Noticia debía darse a conocer en aquellas “nuevas plataformas” del siglo XX: la radio, la televisión, los periódicos y las conferencias. Su programa televisivo Life is worth living (La vida es digna de ser vivida) acercó a centenares de miles de personas al mensaje de Cristo durante las décadas de los 60 y 70 del siglo XX. Monseñor Sheen fue beatificado el pasado 24 de septiembre en San Luis, Missouri, Estados Unidos. Nacido en Illinois en 1895 y ordenado sacerdote en 1919, estudió en el seminario San Viator en San Pablo, Minnesota; luego en la Universidad Católica de América en Washington DC y posteriormente viajó a Bélgica para cursar su doctorado en Filosofía en la Universidad de Lovaina. Allí se especializó en santo Tomás de Aquino. Al regresar a su país impartió clases en su alma mater. Durante su ministerio publicó 66 libros a los que se le suman decenas más que fueron recopilaciones de sus charlas y programas de radio y televisión. Entre sus obras se destacan Life of Christ (Vida de Cristo), la cual recorre diferentes momentos de la vida de Jesús a través de comentarios a los evangelios y Treasure in Clay (Tesoro en vasijas de barro) su autobiografía. Si bien ya era un reconocido escritor, profesor y orador, su fama a nivel nacio- nal comenzó en 1926 cuando incursio- nó en la radio donde por dos décadas condujo el programa The Catholic Hour (La hora católica). Más tarde llegó a la televisión, lo que lo convirtió en un fenómeno cultural y religioso para una sociedad que empezaba a descubrir el poder de la pantalla. Así empezó a viajar por su país dando conferencias, lo que acercó a muchos connacionales suyos al mensaje del Evangelio.. El padre Anthony Andreassi, actual director de las Obras misionales pontifi- cias en Estados Unidos (cargo que ocupó Sheen en la década de los 50), dijo para la revista Diálogos que a pesar de la sólida perdible para él era la hora de adoración al santísimo que hacía diariamente: “Contemplar la Eucaristía durante una hora transforma el corazón de una manera misteriosa, como le sucedió a Moisés en su transformación tras su encuentro con Dios en el monte (Sinai)”3, escribió el obispo en sus memorias. Insistía en que un sacerdote solía tener un gran ardor apostólico en los primeros años de su ministerio, pero este podría irse apagando con el paso del tiempo: “La luna de miel llega pronto a su fin”. Por eso decía: “El propósito de la Hora Santa es animar al encuentro personal y profundo con Cristo. Dios siempre nos está invi- tando a acudir a Él, a conversar con Él, a pedirle cosas y a vivir todo lo bueno que nos trae entrar en comunión con Él”4. Un mundo con dos tipos de hambre En 1950 fue nombrado director nacional de la Sagrada Congregación de la Pro- paganda Fidei (hoy Dicasterio para la Evangelización). Esto lo llevó a viajar por diferentes países, a conocer realidades de pobreza y lugares donde el mensaje de Cristo era desconocido. Las donaciones que recibía por sus programas de radio y televisión las destinó a la evangelización, la construcción de hospitales, escuelas y leproserías en África, Asia y Oceanía. “El mundo para mí sufre dos clases de hambre. Nuestro mundo occidental, en su abundancia material padece del ham- bre del espíritu; el resto del mundo es víctima del hambre de pan”5. Dentro de los viajes que describe en sus memorias cuenta que una vez predicando en una Iglesia en Kenia durante su homilía se le REPORTAJE CENTRAL | formación académica y de los numerosos premios que recibió “tenía un estilo muy práctico y personal. Era un comunicador magistral capaz de transmitir ideas com- plejas a una amplia audiencia. Fue una habilidad que perfeccionó a lo largo de los años, comenzando con sus primeras apa- riciones en la radio —un medio que, por aquel entonces, a principios de la década de los 30, era todavía una gran novedad”. El sentido del humor fue una de las herramientas que le permitía transmitir el mensaje del Evangelio con actualidad y frescura. Así lo describe el director ejecutivo de la fundación Fulton Sheen Monseñor Jason Gray: “El cerebro solo puede absorber cierta cantidad de temas profundos a la vez, antes de generar un agotamiento. Así que él decía que mu- chas veces el humor era una excelente manera de intercalar chistes dentro del contenido de su prédica porque así traía un breve momento de ligereza y luego volvía a temas más serios y densos. Sheen tenía un don natural para ello”1. Por su parte monseñor Robert Barron, obispo de Winona-Rochester en Estados Unidos y fundador del ministerio Word on fire (Palabra ardiente) que ofrece videos y podcasts para la evangelización, se refirió al estilo del beato Sheen. “Sabía reírse de sí mismo. Además, poseía grandes dotes de oratoria. Al verlo hoy, tal vez nos parezca un poco grandilo- cuente o excesivamente dra

24 | | 25 escaparon algunas lágrimas. El párroco al final de la misa le dijo: “me olvidé con- tarle que no tenía dinero suficiente para el piso, así que usamos abono de vacas y arcilla. Probablemente fue el olor lo que lo incomodó”6. La entrega de tantos misioneros en comunidades vulnerables alrededor del mundo fue algo que hizo mella en su corazón. Aquella experiencia reforzó su convicción de que la misión de la Iglesia consistía en llevar a Cristo a todos los rincones. En 1951 el papa Pío XII lo nombró obispo auxiliar de Nueva York donde estuvo hasta 1966 y luego fue nombra- do obispo de Rochester, en el estado de Nueva York, diócesis que encabezó por tres años hasta que renunció por límite de edad. El padre Andreassi, lo describe como “un hombre incansable. Trabajaba entre 14 y 16 horas diarias, sin excepciones; todo ello con el único fin de centrar- se plenamente en su apostolado. Por ejemplo, cuando preparaba su programa de televisión en los años 50, no utilizaba notas ante la cámara. Memorizaba su intervención —tanto en inglés como en al menos otro idioma extranjero— durante varias horas, de modo que, al pronunciar el monólogo, pudiera hacerlo a la perfección”. ¿Dónde radicaba su atractivo? En gran medida, en su extraordinaria pedagogía, según cuenta monseñor Robert Barron: “Tenía una presencia muy carismática. Sabía cómo utilizar esos dones comuni- cativos. Creo también que, como todos los grandes maestros —si hubiera que señalar un rasgo común—, poseen un don para la analogía. Un maestro piensa: «Muy bien, ¿qué es lo que ya sabes?». Y luego explica: «Bueno, aquello que quiero enseñarte se parece a eso, pero es un poco diferente»”. Comenzaba con algún tema familiar para la audiencia y desde allí conducía hacia una reflexión espiritual o moral. Gracias a esta estrategia lograba hablar simultáneamente al académico, al trabajador, a la madre y ama de casa y al estudiante. Nunca evitó los temas difíciles y de- nunció múltiples corrientes ideológicas que consideraba incompatibles con la dignidad humana. Lo hacía desde una profunda confianza en la ley natural y en los valores compartidos por creyentes y no creyentes. Uno de sus libros más conocidos es Three to Get Married (Son tres los que se casan) en el que resalta el valor del matrimonio, la diferencia entre la atracción animal y el amor humano y reflexiona cómo el amor entre los es- La grandeza de saberse de barro Sheen ganó premios, llenó auditorios y fue reconocido en todo Estados Unidos. Sin embargo, quienes conocen su vida coinciden en que siempre buscó conser- var la humildad. “Creo que algunas de sus raíces lo mantuvieron lo suficientemente humilde como para no dejarse distraer demasiado por la fama. Es el tipo de cosas que, en mi opinión, podrían hacer que alguien, si así lo permitiera, pudiera perder el norte con tanto éxito; pero Sheen mantuvo —creo yo— una perspectiva concreta que adqui- rió de sus padres y de una crianza basada en el sentido común”, dijo monseñor Gray. En su autobiografía reflexiona sobre el peligro de que los honores eclesiásticos hagan olvidar que todos somos “barro”. Él confesó haber experimentado la tentación de ser seducido por títulos y privilegios, aunque terminó compren- diendo dónde se encuentra el verdadero valor del ser humano: “Al final de los tiempos no seremos evaluados según cuánto tiempo servimos o cuánto hicimos, sino según si las personas a cargo nuestro recuerdan al obispo como alguien que fue Cristo entre ellos (...) veo con temor y temblor las responsabilidades que he tenido tras más de sesenta años de sacerdote y casi treinta de obispo”10. Esa conciencia se expresó también en gestos concretos. Renunció a beneficios personales, entregó sus ingresos a las misiones y mantuvo la cercanía con la gente sencilla. “A medida que nuestro ego baja la divinidad hace morada en no- sotros. Nada puede ser ocupado por dos objetos al mismo tiempo. Disminuirse es estar menos ocupado de uno mismo”11. Tradición y apertura Sheen participó en todas las sesiones del Concilio Vaticano II entre 1962 y 1965. Al finalizar este evento eclesial encontró en su diócesis un complejo momento en el que un grupo de católicos a nombre del progreso, quería cambiar de fondo y de forma la doctrina milenaria mientras que otros se oponían a la renovación pastoral propuesta por los papas Juan XXIII, Pablo VI y los padres conciliares. Según mon- señor Gray, Sheen supo “transitar por una vía intermedia: quería implementar las directrices del Concilio y, al mismo posos se fortalece cuando ambos orien- tan su vida hacia Dios y entienden esta unión como una vocación y un sacra- mento: “Ama al otro no por su atractivo, sus talentos o su simpatía, sino por Dios. Para el cristiano, una persona es alguien por quien debo sacrificarme, no alguien que deba existir para mi propio bien”7. Quienes lo escuchaban percibían que hablaba desde una auténtica preocupa- ción por el ser humano y no desde una actitud condenatoria. “Si no perdonamos los pecados de nuest

26 | | 27 Estas premisas cobran relevancia al analizar la antropología basada en la persona que la encíclica sostiene. Así, Magnifica humanitas se aplica al deepfake al reconocer la verdad como un bien propiamente humano y el riesgo de no poder distinguirla de la copia, que pone en peligro la posibilidad misma de reconocerla. Frente a la tecnología, dice la encíclica, la dignidad humana debe ser el criterio de discernimiento, y el deepfake es un problema para ello. Si no es posible saber si lo que percibimos con los sentidos —la imagen o la voz, en este caso— pertenece a una persona o no, el derecho encuentra un problema a la hora de reconocer el valor de lo humano, porque se erosiona el límite entre lo que merece dignidad y lo que no. Lo grave del asunto es el riesgo de que la verdad no pueda afirmarse con cer- teza respecto de lo propiamente humano. León XIV hace una recomendación: “educar a los niños, adolescentes y jóvenes para que aprendan a reconocer las mani- pulaciones, a defender su propia dignidad y a respetar la de los demás, también en los entornos digitales”6. Es lo que se cono- ce como alfabetización digital. Por otro lado, la Unión Europea ha establecido, en su reglamento 2024/1689, medidas de transparencia que afectan a proveedores y a los responsables del des- pliegue de determinados sistemas de IA7, en general, con el fin de que se pueda saber que un contenido fue generado artificial- mente. Entre ellas, en lo que concierne al deepfake, obliga al responsable a hacer público el origen artificial del contenido8. La sanción frente al incumplimiento de es- tas obligaciones consiste en altas multas9. En Chile, las respuestas normativas han venido desde la ley 21.719, que en- trará en plena vigencia el 1 de diciembre de 2026. En ella, los datos biométricos, dentro de los que se encuentran el rostro y la voz —que el deepfake afecta especialmente— pueden ser calificados como datos sensibles10. El efecto de esto es que su tratamiento requerirá, consenti- miento previo y expreso del titular11. Las sanciones para el tratamiento de dichos datos sin consentimiento son también de multas12, impuestas por un órgano creado por la misma ley: la Agencia de Protec- ción de Datos Personales13. También, en nuestro derecho se han esgrimido como remedios la responsabilidad civil y la acción de protección14, esta última con principal sustento en el derecho a la propia imagen, a partir del artículo 19 N° 4 de la Constitución15. La encíclica propone la dignidad hu- mana. Ese examen enfrenta un proble- ma evidente: la falta de disposición de muchos proveedores o usuarios de los sis- temas de deepfake a someterse a análisis ético. Ante esto es necesario extender el ámbito de los sujetos a quienes se dirige; a los ciudadanos que se prestan a realizarlo, pero también a las autoridades, y, en espe- cial, a los jueces a la hora de enfrentarse con el deepfake como problema jurídico cuando lesiona el derecho de un tercero. Magnífica humanitas nos dice que el análisis de un caso concreto en el que esté involucrada la IA —en todos los ámbitos, incluyendo el de un juez— no puede apartarse de la dignidad humana como principio rector que descansa en una convicción más amplia: la tecnología debe ordenarse a la persona humana y al bien común, y no al revés. E n el contexto de la publicación de Magnifica humanitas, resulta in- teresante abordar cómo se aplican estos parámetros a un aspecto con- creto de la IA generativa: el deepfake. El deepfake (o ultrasuplantación, en la versión española) consiste en una falsificación digital hiperrealista de video, imagen o audio, producida mediante aprendizaje profundo, que muestra a personas reales haciendo o diciendo lo que jamás hicieron o dijeron1. El proble- ma de esta práctica se presenta cuando distinguir lo verdadero de lo falso se vuelve casi imposible, potenciado a su vez por el desarrollo de la IA generativa2, que apunta hacia su sofisticación. León XIV advierte del riesgo de que la IA pueda ser utilizada para borrar u oscurecer los límites entre lo verdadero y lo falso. Ello conlleva, a su vez, el peligro de afectar la veracidad del juicio, la cual tiene un valor intrínseco en virtud de su dimensión racional. CUANDO LA VERDAD TIENE DOBLE DIGITAL LA DIGNIDAD HUMANA FRENTE AL DEEPFAKE POR_ Paulo Fabián Garrido Osses, Estudiante. Facultad de Derecho, Pontificia Universidad Católica de Chile. | paulo.garrido@uc.cl Cuando la tecnología puede imitar a una persona hasta volver irreconocible la diferencia entre verdad y ficción, surge una pregunta urgente: ¿cómo proteger la dignidad humana? Una reflexión desde la Magnifica humanitas. 1.Chesney, R., y Keats Citron, D., “Deep Fakes: A Looming Challenge for Privacy, Democracy, and National Security”, California Law Review 107, Nº 6, 2019, 1758. https://doi.org/10.15779/ Z38RV0D15J. 2. Casar Corredera, J., “Inteligencia artificial generativa”, Anales de la Real Academia de Doctores de España 8, Nº 3, 2023, 475. 3. Santo Tomás de Aquino, Sum. Th

28 | | 29 ¿DEMASIADAS PANTALLAS? EL RETO DE LA PRIMERA INFANCIA POR_ Carolina Muñoz, directora de Equidad de Género UC, profesora de la Escuela de Trabajo Social UC Carolina Salinas,directora del Centro UC de la Familia y profesora de la Facultad de Derecho UC · Cristián Núñez-Durán, profesor de la Facultad de Teología UC Nicole Elizondo, investigadora del Centro UC de la Familia y coordinadora del proyecto. Este artículo presenta los principales resultados de una encuesta aplicada en 2025 a madres, padres y cuidadores de niños y niñas de 0 a 6 años por el Centro UC de la Familia y la Escuela de Trabajo Social y analiza las percepciones de personas cuidadoras respecto del uso de dispositivos móviles en la primera infancia, así como las tensiones, recomendaciones y desafíos de política pública. «Madres, padres y cuidadores no solo regulan el acceso a tecnologías, sino que también modelan hábitos de uso mediante prácticas cotidianas de observación, imitación y mediación». La primera infancia constituye una etapa especialmente sensible, ya que en ella se desarrollan procesos fundamentales para el lenguaje, las funciones ejecutivas, la regulación emocional y la construcción de vínculos afectivos, todos ellos ligados a la interac- ción con adultos significativos1. La expansión del uso de pantallas en esta etapa ha generado creciente preocupación en organismos internacionales, autoridades sanitarias y comunidades científicas. En Chile, además, se discuten proyectos de ley orientados a restringir el acceso de menores a entornos digitales mediante verificación de edad, límites a algoritmos de recomendación y mayores obligaciones para las empresas tecnológicas. INVESTIGACIONES ACADÉMICAS | Sin embargo, gran parte del debate se ha centrado en adolescentes y redes sociales, dejando en segundo plano una realidad que comienza mucho antes: la exposición cotidiana a pantallas en el hogar durante la primera infancia. Aunque la literatura ha avanzado en el estudio de los correlatos del tiempo de pantalla en población preescolar2, aún son escasos los estudios que articulan percepciones parentales, condiciones estructurales de crianza y dimensiones éticas del cuidado digital. Para ello, se presentan los resultados de la encuesta nacional “Percepciones parentales sobre primera infancia ante el mundo digital: peligros y desafíos”, desarrollada por el Centro UC de la Familia y la Escuela de Trabajo Social de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Bienestar digital y vínculos tempranos La incorporación creciente de tecno- logías digitales en la vida cotidiana ha transformado las experiencias de socialización infantil y las prácticas de cuidado en el hogar. No obstante, la discusión pública suele concentrarse en variables cuantitativas, como el tiempo de uso o la edad adecuada para el contacto con pantallas. El bienestar digital en la primera infancia no de- pende solo de cuánto tiempo un niño o niña permanece frente a una panta- lla, sino del entramado de relaciones familiares, prácticas de mediación, características del entorno digital y condiciones sociales que configuran esa experiencia3. Durante los primeros años de vida se establecen bases neurobiológicas para el lenguaje, la autorregulación emocional, la atención y las habilidades sociales. La elevada plasticidad cerebral implica que las experiencias tempranas tengan un impacto significativo4. En este marco, la evidencia coincide en que el principal motor del desarrollo infantil no es la exposición aislada a estímulos, sino la interacción contingente con adultos significativos capaces de responder de manera sensible y consistente. Esto se relaciona con la teoría sociocultural de Vygotsky5, según la cual el aprendizaje emerge en la interacción con otros, y con la teoría del apego, que destaca la disponibilidad emocional de las figuras cuidadoras como condición para vínculos seguros y para la regulación emocional6. Desde allí la preocupación por el uso intensivo de pantallas no se refiere solo al contenido consumido sino también a la posible sustitución de experiencias relacionales insustituibles. La familia constituye el primer espacio de socialización digital. No solo regula el acceso a tecnologías, sino que también modela hábitos mediante observación e imitación7. Por ello, la mediación parental no debe entenderse únicamente como control del tiempo de uso, sino como un proceso educativo orientado a promover competencias digitales saludables. A ello se suma el diseño de las plataformas digitales contemporáneas, orientadas a maximizar la permanencia mediante principios de la economía de la atención: reproducción automática, desplazamiento infinito, recomendaciones personalizadas y 1. Shonkoff, J. P., y Phillips, D. A., eds., From Neurons to Neighborhoods: The Science of Early Childhood Development. Washington, DC, National Academy Press, 2000 2. Veldman, S. L. C., et al., “Correlates of Screen Time in the Early Years (0–5 Years): A Systematic Review”, 2023; Madigan, S.

30 | | 31 INVESTIGACIONES ACADÉMICAS | ¿DEMASIADAS PANTALLAS? EL RETO DE LA PRIMERA INFANCIA sistemas de recompensa variable8. Estas estrategias adquieren especial relevancia en la primera infancia, dado que las capacidades de control inhibitorio y autorregulación aún están en desarrollo. La expansión de la IA conversacional añade una dimensión adicional. En el caso de chatbots y asistentes, no está en juego solo el tiempo de pantalla, sino también la experiencia relacional que el infante internaliza. Estos sistemas generan una apariencia de reciprocidad al responder, adaptar el lenguaje e incluso simular vínculos afectivos. Desde la perspectiva del apego, ello plantea una pregunta clave: ¿qué tipo de relaciones están aprendiendo a establecer cuando parte de su experiencia comunicativa ocurre con sistemas artificiales siempre disponibles? El estudio tuvo un diseño cuantitativo, descriptivo y correlacional. Se aplicó una encuesta en línea, autoaplicada, a una muestra no probabilística de 390 madres, padres y personas cuidadoras de niños y niñas de 0 a 6 años, levantada entre octubre y diciembre de 2025. El instrumento permitió identificar patrones de uso, factores asociados y perfiles parentales diferenciados, con énfasis en el uso de dispositivos móviles en contextos cotidianos de crianza. El análisis combinó estadística descriptiva, análisis bivariados, pruebas de tendencia y tamaño de efecto, con el fin de interpretar la relevancia sustantiva de las asociaciones observadas. Control y condiciones El uso de dispositivos móviles en la pri- mera infancia no puede entenderse solo como una decisión individual sobre el tiempo de pantalla, sino como una prác- tica situada en condiciones familiares, sociales y tecnológicas más amplias. Esto coincide con la literatura que desplaza el foco desde la duración de la exposición hacia el ecosistema relacional en que ocurre el uso digital9. Los hallazgos también son coherentes con la evidencia sobre primera infancia, que subraya la centralidad de la interacción con adultos significativos para el desarrollo del lenguaje, la autorregulación y los vínculos afectivos. El uso de pantallas importa no solo por su contenido, sino por su potencial para desplazar interacciones necesarias para el desarrollo socioemocional. Los resultados dialogan con estudios que describen a la familia como principal espacio de socialización digital. Madres, padres y cuidadores no solo regulan el acceso a tecnologías, sino que también modelan hábitos de uso mediante prácticas cotidianas de observación, imitación y mediación. La tensión entre conciencia de riesgo y uso persistente de pantallas refleja, además, que los dispositivos suelen funcionar como apoyo práctico en contextos de alta demanda y escaso soporte para el cuidado. La revisión sobre economía de la atención ayuda a comprender por qué las estrategias de limitación son difíciles de sostener. Las plataformas digitales están diseñadas para prolongar la permanencia. En la primera infancia, esto es relevante porque las capacidades de control inhibitorio y autorregulación todavía se están formando. Desde el marco humanista de este trabajo, los resultados refuerzan la necesidad de comprender el bienestar digital infantil como una cuestión de cuidado, organización social de la 8. Fogg, B. J., Persuasive Technology: Using Computers to Change What We Think and Do. San Francisco: Kaufmann, M., 2003; Zuboff, S., The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power, New York, PublicAffairs, 2019. 9. Livingstone, S., y Blum-Ross, A. Parenting for a Digital Future: How Hopes and Fears about Technology Shape Children’s Lives, New York, Oxford University Press, 2020; Odgers, C. L., y Jensen, M. R.. “Annual Research Review: Adolescent Mental Health in the Digital Age: Facts, Fears, and Future Directions”, Journal of Child Psychology and Psychiatry 61, N° 3, 2020, 336–348. 10. Papa León XIV, Carta encíclica Magnifica humanitas, Ciudad del Vaticano, 15 de mayo de 2026. PRINCIPALES RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN 2. La mediación parental re- duce la intensidad del uso: Cuando los cuidadores supervisan más, estable- cen reglas y controlan contenidos, disminuye la probabilidad de uso intensivo. La mediación no elimina el uso, pero sí lo modula. 5. La percepción de daño no sigue exactamente la exposición real. Un mayor tiempo de uso no implica necesariamente que el cui- dador perciba más daño. La percepción negativa aumenta con la edad del menor, probablemente por expectativas normativas sobre lo adecuado en cada etapa. 1. La edad es el principal eje del uso: A mayor edad, mayor probabilidad de uso intensivo, especialmente en días sin asistencia al jardín. Esto último regula parcialmente la exposición, aunque no la elimina. 4. El tipo de establecimiento sí marca diferencias. En planteles públicos, el inicio del uso tiende a ocurrir antes y los niveles de exposición son mayores que en establecimientos privados. 7. Se identi

32 | | 33 INVESTIGACIONES ACADÉMICAS | A unque inspirada en las en- señanzas de la encíclica de León XIII Rerum novarum, la encíclica Magnifica huma- nitas de León XIV se encuentra en un nuevo momento de la historia, donde la digitalización, la robótica y la inteligencia artificial “se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profunda- mente en el imaginario colectivo”1. Por esta razón, su enseñanza magisterial nos advierte de los problemas sociales que se pueden generar o agravar, y su exhorto nos invita a vivir con responsabilidad. La primera tarea es desarmar las palabras, quitarles el sesgo ofensivo, para no seguir impulsando la lógica de la guerra. En lo que sigue, trataré de acceder a los fundamentos que definen esta llamada para finalizar con una reflexión sobre la importancia de la recomendación del Pontífice. Los problemas de la IA y la civilización del amor La carta encíclica ve dos problemas generales en la IA. El primero es que no es neutral, porque sigue los intereses de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza. Asociado a lo anterior, está el hecho de que ella misma sirve a las campañas de desinformación y alimenta la polarización, el enfrentamiento y la desestabilización social. A lo anterior se suma que es opaca en cuanto a la línea de mando y responsabilidad, siendo que “(…) es esencial que las responsabili- dades estén claras en todas las etapas: desde quienes diseñan y programan los sistemas hasta quienes los utilizan y quienes resuelven confiarles las decisio- nes concretas”2. El segundo problema es político y nace del hecho de que la IA pertenece a unas pocas empresas, generando una notoria concentración del poder tecnológico. Pero el más serio gravamen surge por el uso de la IA en una cultura del poder que normaliza la guerra y da libertad a la industria bélica, la cual se hace cada vez más poderosa debido al surgimien- to de nuevos actores armados. Este componente está generando una “nueva asimetría epistémica”3, y un grave riesgo a la dignidad. Custodiar a la persona humana en estos tiempos implica des- armar la IA, que significa “sustraerla a la lógica de la competencia armamentís- tica, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás”4. El Papa es consciente de que su diagnóstico es frontal y que la forma de describir la realidad que vivimos “puede parecer sombría o pesimista”, pero también considera que “es una denuncia necesaria”5. El reclamo es por el uso del instrumento en un contexto de libertad ilimitada apoyada en el poder tecno- lógico, que es predominante privado, opaco en su responsabilidad, y contrario a la verdadera libertad que nace del trabajo compartido que nos reúne en una obra común y nos lleva a agradecer al Creador. En palabras del Papa Pablo VI, León XIV ha revivido el llamado a construir la civilización del amor, cuyo último fundamento es la dignidad hu- mana y el deber que tenemos de ponerla en el centro de todas y cada una de nuestras acciones. El Papa ha propuesto “cinco vías de responsabilidad cotidia- na y pública: desarmar las palabras, construir la paz en la justicia, asumir la 32 | mirada de las víctimas, cultivar un sano realismo y relanzar el diálogo y el mul- tilateralismo”. La primera es “desarmar las palabras”6, porque si somos ofensivos no contribuimos a desarmar la tierra. Nos insta a ser conscientes de que la verdadera paz (no el término del con- flicto), se da con justicia, y a “no apartar la mirada cuando se comete una afrenta contra la dignidad humana”7. Nos invita a cultivar un sano realismo para que “rechacemos las visiones maniqueas típicas de los relatos violentos, que divi- den el mundo entre buenos y malos”8, y nos opongamos a la lógica de la guerra con diálogo multilateral. La dignidad de la persona humana Los principios de la Doctrina social de la Iglesia que “se convierten en criterios para juzgar y discernir el nuevo escena- rio: la dignidad inalienable de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solida- ridad y la justicia social”9, tienen como fundamento la dignidad de la persona humana. León XIV ha profundizado esta doctrina eclesial haciendo una dis- tinción entre la dignidad moral, social, existencial, y ontológica de la persona humana. La dignidad moral se define por la manera en que el ser humano orienta sus propias decisiones y su pro- LA DIGNIDAD HUMANA COMO ANTÍDOTO FRENTE A LA LÓGICA DE LA OFENSA Por_ Manuel Correia Machuca, profesor de la Facultad de Filosofía ¿Qué significa defender la dignidad humana en tiempos de la IA? Este artículo explora el llamado de León XIV a “desarmar las palabras” y construir una cultura del respeto, el diálogo y la paz “Que cada cual se fije bien de qué manera construye” (1 Co 3,10). 1. Papa León XIV, Carta encíclica M

34 | | 35 regularlas, sino también desarmarlas, hacerlas amenas y acogedoras. “El poder de las palabras es enorme y lo experimentamos en nuestra comu- nicación cotidiana, cuando alguien nos dice algo que cambia nuestro estado de ánimo, ya sea para bien o para mal”17 dice León XIV. La conclusión es que: “todos debemos, por tanto, hacer un examen de conciencia sobre las palabras que usamos, sobre los prejuicios de los que están impregnadas y sobre la agresividad, abierta o encubierta, que las motiva”18. Desarmar las palabras con- lleva el asumir la mirada de las víctimas, identificarnos con el diálogo y apostar por la diplomacia y el multilateralismo para resolver nuestros conflictos. Ofensa y respeto ¿Existen ofensas que sean justifica- bles por principios como la libertad de expresión o de difusión o por ideales estéticos como “el arte por el arte”? Y el respeto, ¿es siempre debido? En algunas corrientes filosóficas actuales, los actos y palabras ofensivas se justifican como propios de una cierta idea de libertad, consistente en la falta de coerción que otros semejantes puedan ejercer sobre uno mismo. En esta posición, nadie tiene derecho a amordazar a otro solo porque palabras o acciones puedan herir sensibilidades; al contrario, uno puede expresarse como quiera, si no se invade el espacio del otro y no se invade el de uno mismo. Bajo esta concepción negati- va de la libertad, que la identifica con la ampliación de las posibilidades de acción individuales, las conductas ofensivas suelen interpretarse como hechos que solo generan malestar subjetivo. Por ello, se menosprecia su alcance comunita- rio. No es extraño, entonces, que tales conductas se justifiquen invocando fines artísticos, expresivos o experimentales . Pero las palabras y acciones ofensivas se vuelven enemigas de la comunidad (no puede existir una comunidad en que solo haya enemistad y ofensas) y termina destruyendo el pretendido es- pacio de confort moral que se construye el individuo. La ofensa, por sutil que sea, o por distinto que sea su medio de transmisión (por ejemplo, de persona a persona, o por un medio escrito, a veces anónimo, etc.), afecta el espacio moral y la libertad del otro, y termina por dañar el tejido social. Es decir, la ofensa y la libertad son contrarias porque la ofensa genera malestar, frustración, y de alguna manera priva a la víctima de justicia y le dificulta alcanzar su libertad positiva y su autorrealización personal. Además, la ofensa deja al descubierto un conjunto de defectos del carácter que no contribuyen a la dignidad humana. Así el que ofende y exagera el come- tido actúa de forma despiadada. Y si minimiza la ofensa cometida, de forma frívola. Y si se padece la ofensa y se exagera, damos paso a la victimización. Y si minimizamos su efecto en noso- tros, actuamos con debilidad y de forma condescendiente. Y al exagerar el debido hasta el infinito, nunca se encontrará nada que pueda suprimirla o negarla”13. Desarmar las palabras La dignidad ontológica es el funda- mento de la civilización del amor. Pero construirla no es fácil. El primer escollo es la creencia de que nuestras acciones no cambiarán el curso de los aconteci- mientos. Nos convencemos de que nada podemos hacer y no lo hacemos. “Este modo de vida es “una forma elegante de rendirse”14. Sin embargo, el cambio está dentro de nosotros. El Papa nos recuer- da que “nadie está exento de respon- sabilidad”, pues “cada uno dispone de un ámbito propio de acción, y ahí –no en otro lugar– está llamado a elegir si alimenta la lógica de la fuerza –aun- que sea sólo con indiferencia, cinismo, mentira y odio–; o si promueve la lógica de la paz –con verdad, sobriedad, cercanía y cuidado–”15. Todos estamos llamados a construir esta civilización del amor y lo primero por hacer es desarmar las palabras que usamos a diario. Si la dignidad acom- paña siempre al ser humano, no hay ninguna razón que justifique ofenderlo. pio obrar. Hay ciertas acciones que son dignas y otras que no lo son. La dignidad social, en cambio, radica en “las con- diciones de vida de la persona y en el res- peto concreto que le es reconocido por la sociedad”10. Incluso, se puede hablar de dignidad existencial, que es el “modo en el que una persona percibe el valor de sí y de su propia vida”11. Pero la raíz de todas estas formas en que se da la dig- nidad humana depende de la dignidad ontológica, que es “la dignidad que per- tenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios”12. La dignidad humana es, pues, intrínseca, es decir, no es más o menos digna ni está sujeta a escrutinio. Por esto le parece a León XIV “especialmente insidiosa” la ideología de que la persona debe ganarse o justificar ante otros su dignidad. Toda mujer y todo hombre es digno sólo por ser persona, por poseer un valor especial ante Dios. Por eso, para que la dignidad acompañe siempre al ser humano, es que la Iglesia la llama a la dignidad del ser humano, “porque es infi

36 | | 37 Juan Narbona | j.narbona@pusc.it ACADÉMICO DE LA PONTIFICIA UNIVERSIDAD DE LA SANTA CRUZ DE ROMA. es una de las grandes fortalezas que tenemos y es la que nos ha permitido seguir existiendo, aún luego de tantas persecuciones. Pero ello no hubiera sido posible sin un ingrediente: el sentido de comunidad. La IA puede ayudarnos a sistematizar discusiones y a ordenar nuestra tradición, a consultar sobre fuentes o incluso a repensar algunas ideas; pero hay un valor humano en el judaísmo que es el que nos permite no olvidar lo importante: el arevut, un concepto vinculado a la idea de garantía mutua entre personas, de cuerpos vulnerables que se necesitan unos a otros. Si bien la IA puede darnos respuestas, tal vez abrirnos preguntas o incluso facilitar acciones de la vida cotidiana, nunca podrá ser garante de otra persona y, con ello, ser parte del destino de un otro, ya que no arriesga nada por los demás. No perder a los otros y alejarnos del cuerpo (y con ello el sentido de pertenencia a un todo más grande) es una gran manera de aprovechar las ventajas que puede ofrecer la IA pero enlazados a los otros, lejos de esa idea de individualidad que muchas veces nos hace olvidar que vivimos con y para los demás. ¿CÓMO LA IA ES UNA HERRAMIENTA PARA ACÉRCAME A MI FE? En 2016, Sundar Pichai, director ejecutivo de Google, llegó a afirmar que la IA es “lo más importante en lo que está trabajando la humanidad”, incluso más importante que la innovación de “la electricidad o del fuego”. Quizás no estemos todos de acuerdo con su comparación, pero no hay duda sobre la relevancia de la IA en el futuro cercano de nuestra humanidad. Por lo tanto, es vital como sociedades no solo prepararse para los beneficios de estos cambios profundos, sino también para los peligros y riesgos de estas innovaciones. Como musulmán, encuentro en mi fe una guía completa y universal con respecto al uso de cualquier herramienta innovadora. El islam nos enseña que el cielo y la tierra, y todo lo que hay entre ambos, han sido creados para servir a la humanidad, y que nada ha sido creado en vano. (Corán 2:194) Estas herramientas, no son ni buenas ni malas, sino que se definen según el uso. Por ejemplo, Dios ha dotado a cada ser humano de la capacidad de hablar y expresarse. Asimismo, según el Sagrado Corán, el ser humano ha sido creado como el centro de este universo y sus facultades deben ser la fuerza activa. (Corán 95:5) Así que la IA debe utilizarse como medio de servicio y apoyo, en lugar de subordinar o incluso reemplazar la capacidad humana. Al destacar este criterio, Su Santidad Mirza Masroor Ahmad, líder espiritual de la Comunidad Musulmana Ahmadía, en numerosas ocasiones nos aconsejó que los sistemas de la IA deben servir como una herramienta complementaria, y nunca como un sustituto del liderazgo humano y de la sabiduría divina. Si pretendemos utilizar la IA para reemplazar a Dios como creador de este universo y desplazar a la humanidad del centro de su creación, entonces, a la larga, esto resultará ser una maldición, y no una bendición para la humanidad. Me interpela como musulmán el mensaje central de la encíclica Magnifica humanitas. Como lo señaló León XIV, es mi profundo anhelo que la IA sea un instrumento para reconstruir entre todos “la ciudad de Jerusalén” en vez de edificar “la torre de Babel”. Brenda Ficher | brenficher@gmail.com COORDINADORA DE CONTENIDOS DE COMUNICACIÓN EN LA FUNDACIÓN BUNGE Y BORN. IMAM MARWAN GILL | mgill.es@ahmadiyya-islam.org ATRIO | ¿Cómo la IA es una herramienta para vivir mi fe? SER PARTE DEL JUDAÍSMO ES PERTENECER A UN PUEBLO ANCESTRAL, con sus rituales, sus rutinas, sus mandatos, sus designios y, claro está, sus desafíos. Esta doble condición del judaísmo, la de pueblo-nación y religión, complejiza los vínculos intracomunitarios -hay muchas formas del judaísmo e incluso siglos de discusión sobre cada aspecto de la vida- y también las formas de relacionamiento con otras comunidades, religiones y tecnologías. Desde este credo nos hemos tenido que adaptar a muchísimos cambios en la historia. Esta condición de adaptabilidad ME LLAMA LA ATENCIÓN OBSERVAR QUE, en diversos países fuertemente secularizados, muchos jóvenes están redescubriendo el interés por la fe, por la Iglesia y por la dimensión espiritual de la existencia. No resulta casual que este fenómeno coincida con la expansión de las redes sociales y de la IA. Después de años de hiperconexión, muchas personas descubren que la eficiencia no basta para llenar el corazón humano. Gracias a la IA puedo acceder rápidamente a documentos, profundizar en el Magisterio, estudiar la Sagrada Escritura o encontrar recursos que enriquecen mi formación. Como toda tecnología, amplía nuestras capacidades y puede convertirse en una valiosa aliada para el conocimiento y para la comunicación. Sin embargo, la fe cristiana no consiste en acumular información, sino en cultivar una relación. Y precisamente ahí aparece el límite de la lA. Puede generar respuestas brillan

38 | | 39 «Evangelizar en tiempos de IA es decirle al mundo que Jesús sigue vivo. Lo único que ha cambiado es que la red ya no es la de Pedro en una barca desgastada, más bien es por medio de un botón, de una pantalla, que podemos llevar el mensaje a través de kilómetros de distancia». Evangelizar es habitar. Es construir con otros. Mirar hacia el corazón propio para donarlo para el bien de los demás. Esta donación es tan real como caminar por las calles de Chi- le y darnos cuenta de que hay mundos incontables en cada persona: vidas frági- les, desesperanza, desaf íos, inestabilidad económica, inseguridad en la materni- dad, jóvenes que se sienten solos, que aún no comprenden su vocación, y más. Allí el corazón actúa por inspiración de Jesús. Porque la evangelización no cam- bia, el mensaje es el mismo: “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Hebreos 13,8). Lo que cambia no es el mensaje, es el canal que hoy nos lleva a entrar a nuevos continentes digitales. El habitar en esta era de la IA nos hace muchas veces sentirnos atrapados porque deseamos impresionar a los demás con elocuencia, innovación, creación de nue- vos conceptos. Pero ¿sabes? ¡Todo es más sencillo! Evangelizar en tiempos de IA es decirle al mundo que Jesús sigue vivo. Lo único que ha cambiado es que la red ya no es la de Pedro en una barca desgastada, más bien es por medio de un botón, de una pantalla, que podemos llevar el men- saje a través de kilómetros de distancia. ¿Acaso no es increíble esto? ¡Dios abre inmensas fronteras! Es acoplarnos a la técnica sin ser domi- nados por esta. Hoy podemos hablar di- versos idiomas, escribir textos para com- partir los mensajes de Jesús y crear apps, instruir a la IA en temáticas y creaciones católicas. Es llegar más lejos, sin tener que prender antorchas para ser vistos sino en- cendiendo la luz para aquellos que nece- sitan un mensaje de paz, amor y frater- nidad. Es decir, es una gran oportunidad. En este espacio o continente, el evan- gelizar parece un trámite de banco, pero no es así. Es entregar el corazón lleno de vida, de sueños para el bien común de las personas. Así estamos custodiando en primera persona la fe que se nos ha trans- mitido. Y comunicar el mensaje evangeli- zador, no solo es mostrarlo: Es vivirlo. Hoy tenemos un gran desafío: Ya no basta con saberlo todo. Debemos sentir- lo todo. Florecer y dejar florecer: “… Esto exige una “corresponsabilidad valiente” Magnifica humanitas1, es decir, alzar la voz del evangelio desde las posiciones y lenguajes en donde nosotros mismos ha- bitamos: Somos nosotros actuando como pescadores, diciendo que Jesús sigue en- tre todos, en la Eucaristía: La esperanza para todas las generaciones. El papa León XIV ya nos dice: La hu- manidad tiene la opción de construir la Ciudad de Dios o la Torre de Babel. Los comunicadores católicos deben optar por el camino de la Ciudad de Dios. No mirando el ego, la satisfacción personal, querer ser más referentes que Dios, sino que poner la palabra del Señor delante de todo. Como dijo el papa Francisco: “Evangelizaremos con el corazón para construir la Ciudad de Dios. Nos sen- taremos en la plaza pública de esta Ciu- dad Digital”2. Evangelizar en tiempos de IA: Es custodiar el corazón de la Humanidad Dafne Estefanía Vergara Quintana Relacionista pública, especialista en comunicaciones y cultura cristiana de la Pastoral Duoc UC. Activista en evangelización digital católica. Estudiante de teología en la PUC Javeriana. dvergaraq@duoc.cl OPINIÓN 1. Magnifica humanitas, Ciudad del Vaticano, 15 de mayo de 2026. N° 13, pág. 19. 2. Francisco. (2014). Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro: Mensaje del Santo Papa Francisco para la XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Ciudad del Vaticano. 24 de enero de 2014. «El Papa hace un llamado para que la política asuma la responsabilidad de gobernar este desarrollo tecnológico y para que este debate sea también conducido con el apoyo de la filosofía, y de las ciencias humanas y sociales». El Papa León XIV, en Magnifica humanitas, dirige su mirada a una de las grandes cuestiones de nues- tro tiempo: la IA, las plataformas digitales y la concentración del poder tecnológico. Ante ello, nos plantea una propuesta: la humanidad necesita “des- armar” la tecnología. Pero ¿cómo se desarma una IA? El Pontífice, sostiene que la inteligencia artificial necesita reglas, límites y orien- tación ética. Su preocupación no está en la existencia de estas herramientas, sino en la lógica de poder bajo la cual están siendo desarrolladas. La encíclica advierte que la IA se ha con- vertido en un poder diseñado para incre- mentar su propio poder. Es una dinámica impulsada por la competencia tecnológica, el control de los datos y la búsqueda de ven- tajas económicas, militares y cognitivas. El problema es que ese poder se encuentra cada vez más concentrado en manos de grandes corporaciones tecnológicas, priva- das y estatales, que son capaces de influir

40 | | 41 ¿QUÉ SIGNIFICA APRENDER CUANDO TODO PARECE ESTAR A UN CLIC? ILUSTRACIONES PAULINA BUSTAMANTE Catalina Ramírez 1. Bruno Latour, La esperanza de Pandora. Ensayos sobre la realidad de los estudios de la ciencia (Barcelona: Gedisa, 2001). 2. León XIV, Carta encíclica Magnifica humanitas, Ciudad del Vaticano. 15 de mayo de 2026., n. 9. 3. Madeleine Clare Elish, “Moral Crumple Zones: Cautionary Tales in Human-Robot Interaction”, Engaging Science, Technology, and Society 5 (2019): 40-60. 4. León XIV, Magnifica humanitas. op. cit. n.67 El valor de equivocarse La IA es una herramienta de la que la universidad debe hacerse cargo. Llegó para quedarse. Cada vez hace más parte del ADN de la investigación y la docencia. Esto nos debe llevar, por un lado, a celebrar el valor de la creatividad humana que ha llegado a este nivel de tecnología. Por otro lado, es tan cambiante, que a veces tengo la sensación de que cuando termino de leer el “manual de instrucciones” y los “protocolos de uso”, todo lo que leí ya está obsoleto. La encíclica Magnifica humanitas ofrece una clave valiosa para abordar esta realidad. Antes que condenar la tecnología, invita a reconocerla como una creación nuestra y, en ese sentido, refleja la capacidad de innovación que Dios ha depositado en las personas. Detrás de la IA hay seres humanos que generan contenidos, suben la información y diseñan los algoritmos El documento advierte, eso sí, un riesgo igualmente importante: delegar en la tecnología aquello que nos corresponde asumir personalmente. Aprender no es solo acceder a información; implica desarrollar criterio, tener responsabilidades, formular preguntas y, sobre todo, equivocarse porque esto es parte clave del proceso pedagógico. Hace algunos años, por ejemplo, nos equivocábamos más al tomar una micro y gracias a ese error aprendíamos a conocer la ciudad y descubríamos rincones insospechados. Cuando un estudiante busca en la IA una respuesta inmediata para evitar la incertidumbre o la frustración, corre el riesgo de perder una experiencia formativa fundamental. Otro desafío es la confianza excesiva en sistemas que también pueden equivocarse. Los modelos de IA generan información sistemática y ordenada, pero no siempre verdadera. El pensamiento crítico continúa siendo pues una competencia irrenunciable. La tarea de la universidad no puede reducirse a enseñar el uso de nuevas herramientas; debe formar personas capaces de evaluar, contrastar y discernir la calidad de la información que reciben. La IA puede ser una aliada valiosa cuando se utiliza para mejorar la escritura, corregir errores o facilitar tareas rutinarias. Lo que nunca debería reemplazar es la reflexión personal ni la construcción gradual del conocimiento. El verdadero desafío es encontrar un equilibrio entre eficiencia y formación humana. La universidad está llamada a recordar algo esencial: el centro de la educación sigue siendo la persona humana. Por eso, más que enseñar a interactuar con algoritmos, debemos seguir cultivando aquello que ninguna máquina puede sustituir plenamente: la responsabilidad, la conciencia crítica y la riqueza de las relaciones cara a cara. RESONANCIAS ENTRE ACADÉMICOS | Después de la publicación de Magnifica humanitas, miembros del consejo académico pastoral se reunieron en varias ocasiones para conversar sobre los desafíos que otorga la IA en el mundo universitario, qué ventajas trae y cómo formar a los estudiantes con estos nuevos desafíos tecnológicos. Roberto Campbell Académico Facultad de Ciencias Sociales | roberto.campbell@uc.cl No es una biblioteca más rápida Cuando converso con mis estudiantes de Trabajo Social sobre la IA, la primera pregunta que aparece es si está permitido usarla. Creo que esa no es la pregunta decisiva. Desde hace décadas, los estudios sociales de la ciencia y la tecnología vienen mostrando que las técnicas nunca son meros vehículos de una intención previa: Bruno Latour las describía como mediadores que traducen y desplazan aquello que queríamos hacer. Un martillo no es una mano más fuerte; una IA generativa no es una biblioteca más rápida1. Magnifica humanitas lo formula con precisión: la técnica “no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”. No estamos ante herramientas transparentes, sino ante artefactos con biografía2. Por eso lo decisivo no está en lo que la máquina afirma, sino en lo que da por sentado y, sobre todo, en lo que deja de preguntar. Un sesgo que se enuncia se discute; un supuesto que nadie enuncia se hereda. La respuesta suele ser la misma: un human in the loop, alguien supervisando. Tranquiliza, pero no garantiza nada si lo que hay que detectar no tiene la forma de un error; y cuando el sistema falla, responde quien firmó y no quien lo diseñó3. Este nuevo escenario nos desafía como docentes: debemos enseñar a discernir. Esta relación humano-máquina nos exige salir de la comodidad de los primeros niveles del conocimiento (memorizar y describir) y da

42 | | 43 «Aquello que hace el desarrollo de IA posible, el etiquetado de datos, la moderación de contenidos, la extracción de minerales, los entrenamientos de modelos: son personas. Personas muchas veces invisibilizadas en el sur global, quienes hacen posible que la máquina parezca inteligente, personas que sirven a la máquina». H ace un año escribía sobre la necesidad de una IA “con ros- tro humano”, capaz de recordar que detrás de cada dato hay una persona frágil, vulnerable y portadora de dignidad. Hoy, con la encíclica Magnífica Humanitas del Papa León XIV, esa intui- ción encuentra un respaldo en las ense- ñanzas sociales católicas, basada en una invitación urgente a la reflexión crítica que no podemos posponer. El Papa afirma que “todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prio- ridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones”1. Estas decisiones y priorizaciones son el corazón de la de- liberación ética. Es decir, hacerle frente a una tecnología capaz de excluir, discrimi- nar, explotar y deformar nuestras capa- cidades, nuestras comunidades, nuestra vida en sociedad. No existen inteligencias artificiales sin contexto, y su verdadero beneficio y valor solo puede aprovecharse cuando tenemos poder sobre ellas. León XIV retoma también el “paradig- ma tecnocrático”, heredado de Laudato si’ para describir esa lógica que reduce todo a eficiencia, control y lucro, y que presenta a la IA como una realidad inevitable. Frente a ese optimismo que nos ciega y nos en- candila debemos levantarnos y asumir una postura crítica. Aquello que hace el desa- rrollo de IA posible, el etiquetado de datos, la moderación de contenidos, la extracción de minerales, los entrenamientos de mo- delos: son personas muchas veces invisi- bilizadas en el sur global, quienes hacen posible que la máquina parezca inteligente. Me parece que esta reflexión a la que nos llama León XIV va más allá de una crítica a la tecnología en sí misma, y es más bien un recordatorio de los valores que sustentan nuestro “buen vivir”. Esta visión integral de comunidades indígenas andinas desafía el paradigma de desarrollo que mide el progreso humano a través de la acumulación individual y el crecimiento en métricas. La idea de buen vivir se basa en la relacionalidad: el florecimiento hu- mano no nace del individuo, sino dentro y a través de sus relaciones con los demás, y con el mundo vivo en el que cohabitan. Se busca una armonía que se construye y reconstruye perpetuamente a través de la atención mutua y el cuidado recíproco. Como individuos portadores de dere- chos y dignidad, nos debemos los unos a los otros, eso es vivir en y desde un amor al prójimo. Les dejo una invitación a re- plantear el ecosistema sociotecnológico: integremos los sistemas de IA no como un modo de acelerar progreso, sino como mediadores que se usen solo cuando nos ayuden a construir una red de cuidado. Así, podemos exigir que los sistemas de IA jueguen un rol legítimo y valioso, pero definido por las relaciones a las que sirve, no por las eficiencias que produce. Estamos a tiempo de proteger lo hu- mano sobre la máquina, de relacionarnos desde nuestra vulnerabilidad para fomen- tar el florecimiento colectivo. La pregunta no es cuánto puede hacer la IA por no- sotros, sino qué tipo de humanidad que- remos preservar en convivencia con ella. Lo humano por sobre la máquina Gabriela Arriagada Bruneau Profesora, Instituto de Éticas Aplicadas UC e Instituto de Ingeniería Matemática y Computacional UC OPINIÓN 1. León XIV, Magnifica humanitas, Ciudad del Vaticano, 15 de mayo de 2026. L os mandatos culturales asociados la productividad hallan un aliado formidable en la lectura digital; sus ventajas son ostensibles. No obstante, pareciera que existe algo –que no es una mera insistencia en el pasado– en la lectura del libro f ísico. Podríamos aventurar que hay algo alrededor de este que configura una disposición semejante a lo sacro. El acto de leer un libro inaugu- ra una relación, honda, que parece otor- garle una dignidad más alta tanto al gesto como a su objeto. Es necesario notar que el libro tiene una historia. Como dice Umberto Eco, “a la memoria que el libro transmite, por así decir, adrede, se añade la memoria que rezuma como cosa f ísica, el perfume de la historia de la que está impregnado”1. Comprende y expresa desde su fisicali- dad una historia editorial, de imprenta, de encuadernación y adquisición, que constituye el feliz instante en el que se entrecruza con un destino humano. Des- de entonces adquirirá una trayectoria de uso, una huella con dos reflejos: el libro soporta y registra en su materialidad su encuentro con un otro vivo, su dueño; así como este es marcado, en su memoria y sus afectos, por aquel. Este vínculo tiene algo de ritual, en tanto el libro y nuestra relación con él están atravesados por toda una gestualidad, una coreograf ía vista y repetida, un practicar vivo: el aca- rreo del libro, su olor y te

44 | el peso de la palabra Quo vadis, humanitas? POR_Mauricio Correa Cassanova, profesor de la Facultad de Filosofía e Instituto de Éticas Aplicadas UC | mcorrea9@uc.cl Q uo vadis, humanitas? es un documento de la Comisión Teológica Internacional (2026), publicado con motivo del 60º aniversario de Gaudium et spes, que reflexiona sobre la antropología cristiana frente a los desafíos del desarrollo científico y tecnológico. Su eje central es responder quién es el ser humano y hacia dónde se dirige la humanidad, organizando su ref lexión en cuatro categorías: desarrollo, vocación, identidad y condición dramática. El documento examina críticamente el transhumanismo y el posthumanismo, corrientes que buscan superar o redefinir la condición humana mediante la tecno- logía. Desde la perspectiva cristiana, es- tas propuestas promueven la autonomía absoluta y la autocreación, debilitando la relación con Dios, con los demás, con la creación y con uno mismo. En contraste, la CTI propone una visión del desarrollo humano integral, basada en la dignidad de toda persona creada a imagen de Dios. Asimismo, sostiene que la vocación hu- mana se realiza en la historia y en la vida comunitaria, aunque la cultura digital y la urbanización han favorecido el aislamien- to y la pérdida del sentido de pertenencia. La identidad humana es entendida como un don recibido de Dios y, al mismo tiem- po, una tarea que exige libertad y respon- sabilidad. Finalmente, el documento con- cluye que la auténtica humanización no se alcanza mediante el perfeccionamiento tecnológico, sino en Cristo, quien revela plenamente la dignidad, la vocación y el destino último del ser humano. Sin duda, la revolución tecnocientífica determina los nuevos signos de tiempos que ponen en cuestión nuestra condición humana y su destino. De ahí la importan- cia de leer y reflexionar el documento de la CTI, el cual antecede a la reciente en- cíclica Magnifica humanitas. Al final, tal como demuestra la enseñanza reciente de la Iglesia, nos enfrentamos una vez más al desaf ío de custodiar y promover nuestra dignidad infinita, un don que nos precede y que constituye una riqueza inalienable.

PORTADA_Extremismo_trz_correg.pdf 1 28-10-21 09:25 NEUROPLASTICIDAD MOHEB COSTANDI MIT PRESS / CONOCIMIENTOS ESENCIALES LIBRE ALBEDRÍO MARK BALAGUER MIT PRESS / CONOCIMIENTOS ESENCIALES EXTRATERRESTRES WADE ROUSH MIT PRESS / CONOCIMIENTOS ESENCIALES INTELIGENCIA ARTIFICIAL GENERAL JULIAN TOGELIUS MIT PRESS / CONOCIMIENTOS ESENCIALES PLÁSTICOS IMARI WALKER-FRANKLIN JENNA JAMBECK MIT PRESS / CONOCIMIENTOS ESENCIALES NEUROLINGÜÍSTICA GIOSUÈ BAGGIO MIT PRESS / CONOCIMIENTOS ESENCIALES Espacio de reflexión sobre temas de la vida universitaria y nuestra sociedad, a la luz de la fe. Te invitamos a escucharlo, compartirlo y sumarte a este podcast donde el pensamiento y la fe se encuentran. ESCÚCHALO EN SPOTIFY.

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