Microcuentos sobre la realidad social ecuatorianaLengua y Literatura Integrantes Ana León Bianka Oyarvide Michelle Párraga María Emilia Idrovo 4 miradas, un Ecuador Revista Digital (Flipbook) con microcuentos e ilustraciones 2026 Entre líneas Ecuatorianas
Lengua y LiteraturaEl último vuelo Ma. Emilia Idrovo
Lengua y Literatura Ma. Emilia Idrovo Mateo apretó el título universitario guardado en el bolsillo interior de su chaqueta. Tras dos años de carpetas archivadas, llamadas vacías y portones cerrados, la única certeza en su ciudad era el hambre. El desempleo devoraba los sueños de su generación, mientras en las esquinas, la extorsión y el miedo marcaban el ritmo de las calles. Ayer, la vacuna exigida al negocio de su padre terminó en disparos al aire. Esa fue la señal definitiva: no había futuro en una tierra donde vivir costaba la vida. Caminó entre la bruma del terminal, esquivando a hombres armados que acechaban en la sombra como buitres sobre el asfalto. Tenía el corazón acelerado, pero la determinación intacta. Vendió su laptop, sus libros y el reloj de su abuelo para pagar aquel boleto sin retorno. Prometió a su madre enviarle dinero apenas cruzara la primera frontera, convencido de que cualquier desierto o selva extranjera sería más piadosa que el barrio que lo vio nacer.
Lengua y Literatura Ma. Emilia Idrovo Subió al bus interprovincial que lo llevaría hacia el norte. Sostuvo su mochila contra el pecho, suspiró con alivio y miró por la ventana esperando dejar atrás la violencia. Fue entonces cuando el sujeto a su lado se levantó, sacó un arma del abrigo y gritó: —¡Nadie se mueva, esto es un asalto!
La luz que no volvióLengua y Literatura Ana León
El reloj marcó las seis de la tarde y la avenida quedó sumida en una tiniebla absoluta. Don Ramiro bajó apresurado la puerta metálica de su abarrotería, aterrorizado por la sombra de las extorsiones que azotaban al barrio al caer la noche. En la penumbra, encendió una vela y guardó el escaso dinero del día. Repentinamente, unos golpes desesperados hicieron retumbar la cortina de hierro. Fuera, los gritos rompían el silencio nocturno. Don Ramiro empuñó con manos temblorosas un viejo palo de escoba detrás del mostrador, convencido de que la delincuencia finalmente había tocado a su puerta. —¡Don Ramiro, por favor, abra! ¡Es una emergencia! —suplicó una voz conocida. Al subir ligeramente la puerta, descubrió a su vecina llorando en el portal, sosteniendo en brazos a su pequeña hija. La niña, pálida y con respiración agitada, necesitaba conectar de inmediato su nebulizador eléctrico para superar una crisis severa. Lengua y Literatura Ana León
Lengua y Literatura Ana León Don Ramiro miró con impotencia la vela que parpadeaba en su mano y el generador a motor que llevaba semanas apagado por falta de combustible. La verdadera amenaza de aquella noche a oscuras no vestía de criminal, sino de abandono.
Boleto a la sombraBianka Oyarvide Lengua y Literatura
Bianka Oyarvide Lengua y Literatura El maletín de cuero negro pesaba en la mano del exministro mientras caminaba a paso apresurado por la terminal internacional del aeropuerto. Cada anuncio por los altavoces le hacía dar un brinco; sentía en la nuca la mirada helada de la justicia tras la filtración de las partidas presupuestarias que desviaron millones destinados a las medicinas de los hospitales públicos. Miraba de reojo a los costados, esperando en cualquier segundo que un contingente policial le cortara el paso y le colocara las esposas ante las cámaras de televisión. La culpa y la paranoia le hacían sudar frío la frente.
Bianka Oyarvide Lengua y Literatura Al llegar al control migratorio, dos oficiales uniformados se erguieron ante él y le ordenaron detenerse. El hombre cerró los ojos, preparándose para la inminente captura. —Señor Ministro, qué honor —dijo uno de los agentes, haciendo una venia impecable mientras tomaba su pasaporte diplomático—. La sala VIP está lista y su vuelo privado a Europa despega en diez minutos. Que tenga un excelente viaje de retiro.
El diploma de la esquinaMichelle Parraga Lengua y Literatura
Michelle Parraga Lengua y Literatura El sol de mediodía quemaba sobre el asfalto mientras Julián ajustaba por décima vez el nudo de su corbata. En su mano derecha apretaba una carpeta desgastada que custodiaba su título universitario en ingeniería y una lista interminable de capacitaciones. Durante seis meses había repetido la misma rutina: subir escaleras de cristal, entregar hojas de vida a secretarias indiferentes y escuchar la frase rutinaria: «Nosotros lo llamamos». El desempleo se había vuelto una sombra pegajosa que devoraba sus ahorros y su dignidad.
Michelle Parraga Lengua y Literatura Derrotado por el cansancio y el hambre, caminó hasta el parque central. Entró a un baño público, se quitó el terno impecable y lo guardó en la mochila. Minutos después, reapareció en la esquina más concurrida de la avenida vistiendo una camiseta gastada, una franela en el hombro y un limpiaparabrisas en la mano. Un auto elegante se detuvo ante la luz roja del semáforo. Julián corrió a echar agua sobre el parabrisas. Al levantar la mirada tras el cristal limpio, reconoció de inmediato la cara del ejecutivo que dos horas antes se había negado a recibir su currículum.
