ENTREGA FINAL revista rotated

LA CREACIÓN DEL HÁBITOS. Gerard Unger Tipografía XG Nivel 2. Ciclo lectivo 2024. FADU. UBA. Pérez, Agustina. Fragmento del libro: El diseño de libros. La creación de hábitos, de patrones de conducta, es una ca- racterística fundamental de los seres humanos. El hábito ofre- ce comodidad y seguridad du- rante la lectura: actuar siempre de la misma manera, de modo que pensar sea innecesario, per- mite centrarse en el contenido. Eso se logra cuando puedes con- ar en las letras y en la tipogra- ía, cuando tus expectativas se ven satisfechas y los ojos y el ce- rebro trabajan sin oposición. Lo mismo vale para otras acciones y procesos, como el manejo de paneles de control de todo tipo de aparatos. 04.

Adaptación a las características humanas, tanto mentales como corporales, de todo lo que usan los humanos. Las letras tomaron forma a partir de la interacción entre el ojo y la mano: por una parte la distancia de lectura se desarrolló en relación con las letras, mientras que estas y sus soportes asumieron formas y formatos que se adapta- ban al ojo y a la mano. La creación del hábitos Adaptación a la anatomía. Distancia de lectura. [60 cm ______ ] Se trata de hábitos para los ojos, para las manos y para el ce- rebro, o al menos así debería de ser. Lo que no se adapta al cuer- po, a las manos o a los ojos, no resulta agradable. Esto sirve lo mismo para el hacha prehistórica que para el volante, los peda- les y el cuadro de mandos de un coche, y para las letras. Se trata de ergonomía: la adaptación a las características humanas, tan- to mentales como corporales, de todo lo que usan los humanos. Las letras tomaron forma a partir de la interacción entre el ojo y la mano: por una parte la distancia de lectura se de- sarrolló en relación con las letras, mientras que estas y sus soportes asumieron formas y formatos que se adaptaban al ojo y a la mano. Los libros son fáciles de manejar (al menos la mayoría) y permiten una buena distancia de lectura. De este modo, numerosos utensilios y sus propiedades siguieron el mismo camino de adaptación a la anatomía: un ratón adap- table a la mano, o una silla cómoda. Aquellos que crearon las letras actuales, primero usando la pluma y luego, hacia 1450, el metal, mientras escribían y ta- llaban guiaron sus manos con el cerebro a trava         Los ojos indicaron a las manos cómo debían adaptar las for- mas de las letras para que los ojos las captasen más deprisa. Hábitos para los ojos. 2 |

Los tipógrafos grabadores trabajaron las barritas de metal hasta darles forma de letras tridimensionales, autén- ticas miniesculturas. Tallaron letras de tamaT          seis puntos y una altura de un milímetro, de bello contorno. Con lupa y punzones de acero más duro que el de las barri- tas de acero, fabricaban una media de dos punzones al día. Mientras tanto se hacían impresiones de prueba, que se ana- lizaban minuciosamente, comparándolas con letras acaba- das, por si había que recticarlas. Luego los ojos informaban al cerebro y a las manos sobre cómo mejorar los tipos para los ojos del tipógrafo y del lector (es de suponer que los ti- pógrafos sabían leer). Más anchas o más nas, más vacías u otras variantes. Y así sigue siendo el diseño de tipos, aunque ya no se emplean buriles y limas, sino que se trabaja con pan- tallas y potentes zooms para descubrir el mínimo detalle. Las formas de las letras son, en parte, arbitrarias. La escritura protocananita (1800-1500 a.C.) y la fenicia dieron lugar, a través de varias ramicaciones, no solo al griego y latín, sino al hebreo y al árabe, lo que representa una gran diversidad.’ Las letras del alfabeto latino bien pudieron ser otras a las que actualmente son. Cuando en Europa se habían extendido las formas de letra góticas, fue gracias al entusiasmo de varios humanistas por lo que las formas carolinas dieron paso a la escritura humanista. Tampoco en el período de los incunables, después de las letras de imprenta humanistas, hubo la más mínima unanimidad. Finalmente, entre 1470 y 1500 se jaron los principios y la mayor parte de los detalles de las letras de imprenta, gra- cias a los diseños desarrollados en el norte de Italia, funda- mentalmente para las editoriales de Nicolaus Jenson y Aldo Manucio. El hecho que desde entonces estas formas hayan cambiado poco en lo fundamental no se debe al lector con- servador de Morison, sino probablemente a que esas formas ya habían cristalizado y se habían adaptado a las caracte- rísticas de los ojos y del cerebro, es decir a las necesidades ergonómicas de los lectores. Que las tipograías sean en cierta medida arbitrarias, ha sido un argumento para los diseñadores de cara a introdu- cir un nuevo alfabeto. Una serie como la de Crouwel (1967), que utiliza solo elementos horizontales y verticales, resulta sin duda más coerente con nuestro alfabeto, pero no por ello menos arbitraria. Realmente no existen argumentos de peso para defender los cambios. Las investigaciones han demostra- do, por ejemplo, que la m y la w son más legibles que la i y la l, entre otras cosas porque la f, la i, la j, la l y la t son más diíciles de distinguir. Pero uno no lee letras sueltas, y en la lectura el contexto ayuday          que esto sea una debilidad, pero el resultado no es malo. Las letras podrán ser en parte arbitrarias, pero están adaptadas a los ojos del lector y representan un logro tipográco. Y de esta forma, con el paso del tiempo, lo arbitrario se ha desvanecido. La creación del hábitos 1° GÓTICAS 2° HUMANISTAS 3° JENSON & MANUCIO Gracias al entusiasmo de varios humanistas por lo que las formas carolinas dieron paso a esta escritura. Fijaron los principios y la mayor parte de los detalles de las le- tras de imprenta. en Europa se habían extendido las formas de letra. [ Los ojos de guía.] e| 6pt | 3

Se podría argumentar que ese ritmo de elementos verticales con espacios más o menos iguales inuye poco en la lectura, porque los ojos no se desplazan con un ritmo constante por el texto ni en línea recta. La lectura de los lectores experi- mentados se parece más al tanteo. Sin embargo, el ritmo es importante ya que parece que sea una base o fundamento. Puedes alterar mucho el ritmo, agrandar o reducir las letras y sus espacios interiores y exteriores, antes de que se con- vierta en algo incómodo para la lectura. Letras ultraestrechas o anchas son aceptables en pequeñas cantidades, pero deben evitarse en los textos extensos. Si solo se aumentan o reducen los espacios entre las letras, el ritmo se ve perjudicado y la lectura resulta incómoda; el mismo in- conveniente se produce en el caso de espacios irregulares. Mientras lees puedes ir dando saltos con la vista, aterrizan- do aquí y allá para jar un texto, siempre y cuando el texto tenga una estructura buena que lo vertebre. Los talladores de tipos usaron esa clase de experiencias para agradar a los lectores: las letras pequeñas se hacen con tra- zos anchos y  rmes, y con mayores espacios; las letras gran- des son más aéreas,  nas y estrechas, con menores espacios. Todo ello tiene como objetivo alcanzar una alternancia agradable de blancos y negros. Con las fuentes digitales se puede obtener un resultado parecido, diseñando versiones intermedias para los tipos pequeños, medianos y grandes. De algunos tipos de letra se han sacado varias versiones: ti- pos recios y tirando a anchos para textos en general, y más nos y delgados para los títulos. Espacios Distancia Ritmo Los tipos de letra comunes, sus cuerpos más habituales son nueve, diez y once puntos, cumplen con los deseos de los lectores. grises. Si en un centímetro cuadrado metes quince líneas del- gadas, estas podrán ser observadas desde una distancia de lectura media (de 35 a 40 cm). Si colocas treinta líneas en el centímetro cuadrado, ya comienza a ser di!ícil distinguirlas, y cuarenta y cinco líneas parecerían un cuadrado gris. Así, dependiendo de la distancia de lectura y de observación, existe un límite en la capacidad de los ojos para detectar lí- neas separadas. Esta limitación de los ojos se ha empleado de forma ingeniosa al reproducir, por ejemplo, fotos en la prensa. Puedes observar matices de gris, aunque, en reali- dad, al mirarlas de cerca resultan ser una composición de pequeños puntos negros, con una densidad superior a la que es capaz de detectar el ojo. Muy por encima del límite inferior de percepción de los ojos, hay una alternancia entre elementos blancos y negros, que resultan agradables a una distancia de lectura normal. Una alternancia rítmica de elementos verticales, rectas, curvas y diagonales, fáciles de detectar por los ojos durante la lectu- ra. Los tipos de letra más comunes, en sus cuerpos más habi- tuales de nueve, diez y once puntos, cumplen con los deseos de los lectores. A mayor distancia, menor luz o di cultades visuales, es preferible adaptar tal ritmo y que las distancias entre los elementos verticales se incrementen. En sentido contrario, las letras pequeñas las puedes leer acercando el texto a los ojos, aumentando la luz o empleando una lupa. 4 | La creación del hábitos

Al igual que el ritmo de las partes verticales debe ser agradable, también el peso de las letras puede resultar más o menos grato. La media habitual de este parámetro se deno- mina normal. ¿Pero qué es normal? Las variantes normales de un tipo contrastan con las versiones ligeras o densas, y las variantes normales de la mayoría de las fuentes tienen un peso similar. Pero, al igual que muchas otras variables ti- pográcas, este valor no es jo. Las verticales con gruesos de un quinto a un sexto del ojo medio se consideran normales. Y los cientícos que realizaron la investigación de la Romain du Roi, a  nales del siglo XVII, establecieron al principio para la n un grosor de asta de un sexto. Pero de esa forma las letras resultaban demasiado livianas, y cambiaron la rela- ción a un quinto. Lineas Variamtes procesos.{ En el córtex visual, en la parte posterior de tu cabeza, las neuronas trabajan juntas enm ! " # $ % & ' ( columnas (altura de 1,5-4,5 mm), especializadas entre otras cosas, como por ejemplo las líneas negras, por lo que en el reconocimiento de elementos grácos primarios. Y estas columnas son sensibles a líneas con distintos ángulos. De esta modo, probablemente podrían procesar los componentes de la bicicleta mencionada y desmontada unos capítulos atrás. De esta forma -se piensa- procesarán también las partes de las letras. Investigaciones neurológicas recientes han demostrado que en la parte izquierda posterior de la corteza cerebral existe una peque- ña zona que reconoce el texto, las letras o sus partes” Se supone que esta área está especializada en el reconocimiento de informa- ción gráfica elemental. Posiblemente, esta parte del cerebro sirvió en el pasado para produ- cir otros estímulos, como siluetas de animales que se pretendía ca- zar o que suponían un peligro, y así permitir un procesamiento de los datos muy rápido durante actividades como la caza. Dado que, evolutivamente, la lectura es una tarea bastante reciente, esta área no puede haber sido creada ex profeso; sin embargo trabaja bien con las letras, pues estas parecen adecuarse maravillosamente a ella. La presencia de zonas neuronales especializadas parece confirmar que el cerebro ha indicado a los ojos y las manos qué señales grá- ficas funcionan bien. Es como si las letras, con sus partes rectas y curvas, verticales, horizontales y diagonales, respondiesen a la capacidad de esta zona del cerebro, especializada en procesar tal tipo de elementos. Hay muchos indicios de que el desarrollo de la escritura y del alfabeto se valió de la experimentación para encon- trar aquello que el cerebro podía procesar eficazmente. Estas características neuronales probablemente no solo afectan a la escritura latina, sino también al resto de alfabetos. Los je- roglíficos egipcios responden peor a este principio, aunque son suficientemente abstractos como para responder parcialmente a las características descritas del cerebro, mientras que la escritura hierática es adecuada. Por otro lado, en ciertos alfabetos, las herramientas de escritura obstaculizan la vista. En el caso del chino, si superas los trazos de pincel, se pueden reconocer los elementos gráficos primarios. En todo caso y en cuanto a la escritura latina, es evidente que existe una base ergonómica para las formas de las letras del alfabeto. Investigaciones neurológicas recientes han demostrado que existe un área en nuestro cerebro que está especializada en el reconocimiento de información gráfica elemental. | 5La creación del hábitos

ritmos. Además de este fundamento, cabe añadir la evolución de los hábitos al usar instrumentos de escritura: los efectos de las plumillas con puntas anchas o puntiagudas son elementos que se siguen encontrando en las letras. Estos efectos han quedado jados porque la costumbre de muchas generaciones ha perdurado. Los talladores de letras de la segunda mitad del siglo XV siguieron elmente la escritura a mano, pues los lectores ya estaban familiarizados con esos elementos. Y como cada año se añadían -y añaden- nuevos lectores a estos hábitos, los vestigios de la escritura manuscrita se han integrado en el patrimonio mental colectivo de los lectores. Es otra razón por la que las formas de las letras han variado poco desde nales del siglo XV. En el siglo XVI se añadió la plumilla de punta na a las plumillas de punta ancha en forma de cincel y, poco a poco, sobre todo hacia nales del siglo XVIII, sus efectos se dejaron notar en las letras de imprenta de la familia Didot y en las de Bodoni, en las que se acentuó el contraste entre los trazos anchos y  nos, y el eje del espesor se desplaza hacia el centro antes la parte más gruesa de un trazo se situaba en la parte de arriba a la derecha y abajo a la izquierda), y las transiciones entre las partes anchas y estrechas se hicieron más bruscas. INSTRUMENTOS DIDOT BODONI xv Se acentuó el contraste entre los trazos anchos y finos, y el eje del espesor se desplaza hacia el centro 6 | La creación del hábitos

Una y otra vez, los lectores y las letras se han condicionado mutuamente. Las letras se han adaptado a las características de los ojos y del cerebro, al tiempo que los lectores han desa- rrollado hábitos y automatismos, y las letras han devenido convencionales, además de transmitir tales condiciones a los útiles de escritura. Este conjunto de características pa- recen dejar poco margen para las novedades a los diseñado- res. Pero no es menos cierto que sobre estas bases también se pueden construir nuevas obras personales. El cerebro rítmica. 9pt. 10pt. 11pt. Al tiempo que los lectores desarrollaron hábitos de rit- mos de lectura, cantidad de grisado, cuerpos de texto re- gular estandares. y los hábitoscuerpos recurrentes. | 7La creación del hábitos (

Gerard Unger (Arnhem, Países Bajos, 1942 - 2018) fue un diseñador gráco y tipógrafo. Profesor en la Universidad de Reading, en la Academia Gerrit Rietveld de Amsterdam y en la Universidad de Leiden. En 1984 fue galardonado con el premio H.N. Werkman al conjunto de su obra tipográ- ca, en 1988 con el Gravi- sie-prijs por el concepto de su tipograía Swi y, en 1991, recibió el internacional MauritsEnschedé-Prize por todos sus diseños de tipos. Legales y algo mas. Autor Este texto pertenece al libro ¿Qué ocurre mientras lees?, de Gerard Unger Estudiante: Agustina Perez. TipografíaXG Nivel 2. FADU, UBA. Ciclo lectivo 2024. Título original: Terwijl je leest © Autor: Gerard Unger © traducido por: Eric-Martin Jansen © editor: Campgrafic, 2009