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#3AutopublicaciónRelato Guarda silencio Herramientas José Francisco Olguín FloresEntrevista 2026 AGOSTO y Recursosen la
La revista de los que publican sin permiso Artículos -El escrito de un novel por Pablo Esteban Marín -Tao de los talleres literarios por Eduardo Honey -La sinopsis como valor agregado para la venta efectiva de tu libro por Mary Lundh -Respirar sobre el papel: El uso del punto en la narrativa por Georgia Bogdan Entrevista -Jose Francisco Olguín Flores: autor mexicano de terror paranormal, thriller sobrenatural y fantasía oscura Escaparate Indie -Luna Negra - Robert Lau -Brillar para mí - Mónica Otermin -Los Jesuitas de Portugal - Siul Said II -Hijos del Pacto Rojo - J. Paterna Relato -Guarda silencio por Rubén Martinez Í n d i c e
La revista de los que publican sin permisoFuente: Canva me inspira a escribir. Quiero ser bueno en esto. No sé si mis obras quedarán para la posteridad, si mis textos se usarán en clases de literatura mientras los alumnos "¿por qué tengo que leer a este tipo?", ni si llegarán a alguien a quien puedan serle útiles. Pero estoy seguro de algo: tengo algo que decir y debo hacerlo. Mi alma se retuerce entre sollozos cuando no acato su llamado. Desconozco si alguien puede identificarse con lo que escribo. Tal vez otros noveles difieran, y lo acepto. Pero ahí está la esencia de la escritura: todos tenemos motivos diferentes, y esa es la magia de las letras. Mientras unos dibujan, yo me decanto por la escritura, por mi fascinación inspirada también en los grandes autores que, más allá de volverse comerciales, tenían un afán por dejar expresar una idea, una denuncia o la creación de todo un mundo. Somos noveles, y quizás esta admiración es lo que nos une, aunque primero nos veamos rodeados de correcciones, frustraciones y rechazos antes de que nuestro trabajo sea respetado. No es una señal de pánico; es parte del proceso. Pocos nacen con la estrella de conectar con las letras. Es nuestra responsabilidad seguir enfrentándonos a nuestros escritos con devoción, no desde la egolatría, sino desde la intención de mejorar cada día e incluir, en cada palabra, un pedacito de nuestro arte. Hoy escribo esto porque la inspiración me lo pide y porque debo alimentar a esos lobos. No sé si viviré de escribir o si quedaré en el olvido, pero cada palabra, cada historia, viene desde la mayor intensidad que las letras me permitan plasmar. Que esto sea un recuerdo para no dejar de escribir. Vivimos en un mundo impaciente, donde parece que se busca en los libros el just time de las nuevas generaciones, pero todo lo importante requiere tiempo y paciencia con uno mismo. Es menester que estemos dispuestos a corregir cuantas veces sea necesario, recibir cuantas críticas sean importantes y asumir cuantos errores debamos. Al final, quien inicia a escribir lo hace porque tiene algo que decir, pero en el camino se aprende a decirlo. Y eso es lo que, a futuro, convertirá al novel en un gran escritor. Hace tiempo que comencé a recorrer el camino de la escritura. Perdiéndome entre mis propias letras y en mis ideas amateur sobre este oficio, he logrado enfrentarme a una pregunta que quizás resuene en algunos de ustedes: ¿Por qué escribir? La otra vez hablé sobre mis inicios y sobre lo que me inspiró desde hace años, pero que no fue sino hasta ahora que me atreví a enfrentarme a la página en blanco con nada más que mi ordenador, mis ideas desordenadas y mi voluntad de aprendiz. Porque sí hay algo de lo que estoy muy seguro: para ser bueno en algo, además de la práctica, el conocimiento y las ganas, lo más importante es reconocer que en este arte es vital estar abierto a aprender. Decidí escribir porque, al igual que ustedes, tengo momentos de inspiración que nacen desde la caída de las hojas hasta el encanto de una mujer; desde una buena serie o película hasta un buen libro, de esos que se quedan en la mente y, me atrevo a romantizar aún más, en el alma. El caos de mis ideas, sumado a la necesidad de plasmarlas y la inspiración que recae desde lo más simple a lo más fantasioso, genera en mí la urgencia de narrar aquello que mi mente quiere decir. Pero como buen amateur, me he encontrado más lleno de frustraciones que de halagos. Los escritores noveles no solemos darnos cuenta de nuestras faltas ortotipográficas, errores narrativos, flaqueza en nuestros personajes y debilidades lingüísticas hasta que decidimos escribir con seriedad. No es lo mismo ser un estudiante al que aplauden por un escrito sobresaliente que un adulto al que le interesa abrirse paso en este arte con la seriedad que requieren las letras. Incluso puedo prever a mi correctora con una que otra mueca mientras lee este texto. Pero sucede algo peculiar. La pasión por mejorar, la inspiración repentina y mis ideas inquietas por salir al papel como una manada de lobos hambrientos me levantan y me permiten recibir las críticas más pesadas y los errores más banales con la misma mentalidad que El escrito de un novel Pablo Esteban Marín Artículos
La revista de los que publican sin permiso No se vanagloria, y por eso brilla; no se justifica, y por eso es conocido; no proclama sus capacidades, y por ello merece confianza; no exhibe sus logros, y por eso permanece. No rivaliza con nadie, y por ello nadie compite con él" (poema 22). Siempre pedí que no me dijeran maestro ni sensei, que usaran mi nombre: éramos iguales, solo con algunos años de más. Les advertí que llegaría el momento en que deberían matar al rey: olvidarme y continuar su camino. Así lo hicieron. Se admiraban de mi velocidad al escribir; jugaba con eso y no me vanagloriaba porque sabían la verdad: aprender mecanografía. Les pedí que no se justificaran por sus escritos: el texto se sostiene solo, incluso en su primer borrador. Festejaba con ellos cada publicación; yo callaba las mías, eran parte de lo esperado. En grupo revisábamos textos para concursos. No competíamos porque sabíamos que había espacio para todos. Además, tenían la confianza de buscarme para una última revisión, para resolver dudas o apoyarlos en cuestiones personales. Quizás contradiciendo al Tao, sentí orgullo por ellos cuando varios ganaron premios. Hace poco una fue primer lugar con un texto que no pasó por mis manos. Asumo, con poco de un ego no tan sabio, que algo dejé en el taller, en su capacidad creadora. Que hubo un susurro al vacío que los impulsará el resto de su vida. En esta pausa, resultado de los opuestos, continúo con el "seguir la guía de la Luz Interna" (poema 27), donde "existe un tiempo para que todas las cosas vayan delante" (poema 29). Aunque morí para ellos (metafóricamente), no he perecido; gozo de la auténtica longevidad de mi flujo y ser en el escribir. Eso sí, hubo algo que nunca logré enseñar ni describir. Al leer el Tao entiendo por qué. Hay un instante en que estoy tecleando y las palabras, las frases, los párrafos llegan sin parar. En narrativa desaparece lo que me rodea para encontrarme en el escenario; escucho la voz de los personajes, percibo olores, sabores y texturas. Si es poesía, la palabra es la transustanciación de emociones. Es algo que no busqué, solo ocurrió. Ojalá todos ellos, mis amados talleristas, también logren su Tao en el escribir. Nunca he buscado la iluminación, menos la trascendencia espiritual. Sin embargo, he estado rodeado de personas que van tras su camino en la literatura mística: La doctrina secreta de Blavatsky, Los cuatro acuerdos de Ruiz, Tlacaélel de Velasco Piña, La conspiración de acuario de Ferguson y muchos más que llegaron a mi biblioteca durante los 90s. Que estos libros hacían eco, les resonaban. Lo peculiar es que mencionaban al taoísmo y su influencia en el grupo o secta correspondiente cuando acompañaba a mis amigos. Nunca vi en sus manos un ejemplar, tampoco lo encontré en sus bibliotecas. Recuerdo haber hojeado ejemplares en la desaparecida Nalanda del centro de Coyoacán. Era interesante, pero me atraía más el Aikido. Nunca adquirí uno, siempre el presupuesto fue para otros libros. Lejos de esas aventuras en las postrimerías del siglo XX, por fin consigo un ejemplar digital que leo en su totalidad. Por primera vez encontré el dichoso eco en varios de sus poemas. Este año ha sido uno de mudanzas y refundaciones, de ser dejado atrás, de perderme y levantarme con nuevas cicatrices. Durante tres años estuve co-coordinando el Gran Colisionador de Textos Especulativos, un taller literario surgido de la Tertulia de Ciencia Ficción de la Ciudad de México. Entre todos los tertulianos era el que tenía experiencia y disposición para tallerear viernes y sábado, de dos a cinco horas, nueve meses al año. Por eso me propuse como voluntario para coordinarlo durante la pandemia. Entre la edad y mi experiencia seguí una serie de preceptos personales. Y, al leer el Tao, hallé cosas como: "El Sabio pasa desapercibido y ahorra las palabras. / Cuando su tarea ha sido cumplida y las cosas han sido / acabadas, todo el mundo dice '¡Somos nosotros los que las hemos hecho!'" (poema 17). Así estoy ahora. Continúan trabajando, han publicado una primera antología y, en apariencia, no existo. Reflexiono sobre lo que traté de transmitir y el Tao me brinda el reflejo como resumen de mi labor: "(el Sabio) Tao de los talleres literarios Eduardo Honey ArtículosFuente: Canva
La revista de los que publican sin permisoFuente: Canva Particularmente, yo defino a la sinopsis de venta como: “Una combinación de palabras que captará la atención del lector y lo impulsará a comprar tu novela” La sinopsis de venta tiene características específicas. Siempre es breve (entre 150 a 250 palabras), no contiene spoilers y, lo más importante, tiene un gancho muy atractivo. Es decir, para que sea efectiva, debe aportar valor adicional al libro que ya está escrito. Entonces, ¿cómo elaboro una sinopsis de venta efectiva? 1.Usa las características para guiarte (breve, sin spoilers, buen gancho) 2.Habla de los protagonistas. 3.Presenta un conflicto atractivo. 4.Describe brevemente el escenario de la historia. 5.Por último, nunca olvides el género de tu novela. Esto te permite determinar qué ideas son relevantes y qué puedes descartar. Esta combinación debería ayudarte a redactar una sinopsis llamativa. Pues es lo que deseas lograr si tu objetivo es vender tu novela. Es importante destacar que una sinopsis de venta no define si tu libro es bueno o no, pero desafortunadamente es un filtro que se puede usar para juzgarlo. En la mayoría de los casos, el lector lo empleará para determinar si vale la pena o no leer tu obra. Por eso es primordial que le brindes la atención adecuada antes de publicar tu novela. Y no lo olvides, la sinopsis no es un resumen, es una herramienta muy efectiva para la promoción. Es un valor agregado que fortalece la venta de tus libros. Una verdad universal es que, más allá de una buena trama, la publicación de una novela requiere de una buena sinopsis. Aunque nos duela y nos cueste admitir, la sinopsis es uno de los filtros más duros del mercado y determina si tu libro será comprado o no. Por ello nunca debemos subestimarlo. Como autor, sé que uno de los errores más comunes es pensar que para vender el libro debemos hacer un resumen completo de la historia, pero ¿quién puede culparnos? Pasamos meses, incluso años, trabajando en un borrador. Es natural que nos sea difícil encontrar las palabras mágicas que nos permitan crear una sinopsis lo suficientemente atractiva para impulsar a los lectores a darle una oportunidad a nuestro libro. Citaré un par de fallos típicos en la redacción de la sinopsis para que los tengas en cuenta: 1.Hacer un resumen de la historia. 2.Escribir un número excesivo de palabras. 3.Ser muy ambiguo y poco claro. 4.No mencionar a los personajes principales. 5.Incluir a demasiados personajes. 6.No describir el ambiente de la historia. 7.Autopromocionarte en la sinopsis. Ejemplo: “La mejor saga que puedas leer”, “Best seller en amazon”, “Autor premiado”, “Recomendado por x autor”, etc. Crear expectativas es un arma de doble filo. Lo mejor es dejar que el lector sea quién determine si le interesa o no tu libro. Pero, al final, ¿qué es una sinopsis de venta? Primero que nada, su objetivo es vender el libro. Ten eso claro desde el primer instante. Segundo, es un reflejo de lo que el lector encontrará en tu novela. Por ello, las palabras que utilices serán muy significativas. La sinopsis Mary Lundh Artículos como valor agregado para la venta efectiva de tu libro
La revista de los que publican sin permisoFuente: Canva 1.2 El punto y aparte: cambiar de aire Es un respiro más profundo. No solo separa dos oraciones: cambia de párrafo. Indica un cambio de escena, de tiempo, de personaje o de foco narrativo. Thomas cerró la puerta de su despacho. Afuera, la lluvia seguía cayendo sobre Woodenport. Primero, dentro. Con Thomas. Encerrado. El punto y aparte cierra ese microcosmos; el nuevo párrafo abre la ventana: afuera, la lluvia, el pueblo. El lector ha viajado en un instante, sin necesidad de "mientras tanto". Solo un punto y aparte bien colocado. Es herramienta de transición y de ritmo. Con punto y seguido, ambas acciones ocurren en el mismo latido. Con el punto y aparte, marcas una frontera: "esto que viene es distinto. Respira, y luego sigue". Error común: cambiar sin necesidad. Si la misma idea sigue en el mismo espacio, usa punto y seguido. El punto y aparte pierde su filo si se abusa. El truco está en saber cuándo el cambio añade algo: cuando el contraste es significativo, cuando el lector necesita procesar, cuando quieres que el silencio entre párrafos pese. 1.3 El punto final: el silencio definitivo Es el más sencillo y el más definitivo. Solo uno. Cierra el texto. Pero no por sencillo es menos importante. Es la última decisión del escritor, y tiene un efecto en el lector. Un punto final puede ser un portazo, un suspiro o una puerta entreabierta. Lo que no puede ser es un accidente. No se pone por inercia; se pone porque has decidido que el texto ha dicho lo que tenía que decir. En el thriller, el punto final es delicado: un cierre excesivo traiciona la ambigüedad; uno muy abierto frustra. El truco está en saber qué quieres que sienta el lector al terminar: alivio, inquietud, ganas de releer, o necesidad de mirar al techo un rato. El punto, en definitiva, no es solo un signo de puntuación. Es una herramienta de control narrativo. Con él decides cuándo respira el lector, cuándo cambia de escenario y cuándo se queda a solas con el silencio. Aprender a usarlo no es cuestión de normas, sino de escucha: la escucha del ritmo propio, de la necesidad del texto, del efecto que quieres causar. El resto es práctica. Y mucha lectura atenta La puntuación, en la narrativa, no es un adorno académico. Es respiración. Es el mapa invisible que le dice al lector cuándo hacer una pausa, cuándo acelerar, cuándo detenerse del todo. En el thriller psicológico (un género que vive de la tensión, la duda, la respiración contenida) saber puntuar es casi tan importante como saber qué historia contar. La RAE describe usos. Nosotros hablamos de decisiones. No se trata de “esto está bien” o “esto está mal”, se trata de: ¿qué quiero que sienta el lector aquí? ¿Quiero que respire hondo o que se ahogue un poco? ¿Quiero que haga una pausa larga o que siga leyendo sin freno? En esta serie de apuntes, no voy a explicar todas las reglas, solo las que me han servido. Las que he aprendido corrigiendo mis propios textos, leyendo a otros, editando a los demás, y sobre todo, escribiendo. Empecemos por el más sencillo y, a la vez, el más definitivo: el punto. 1.1 El punto y seguido: la pausa que no corta la escena Es el respiro más breve del escritor. Separa dos oraciones dentro del mismo párrafo. La segunda sigue hablando del mismo tema, pero el ritmo respira. El lector procesa una cosa antes de pasar a la siguiente. Nikolái encendió un cigarrillo. La llama tembló entre sus dedos ahuecados. Primero, la acción. Luego, el detalle. El punto permite que el lector vea una cosa, luego la otra. Si usaras coma (Nikolái encendió un cigarrillo, la llama tembló...), la frase sería igual de correcta, pero el ritmo cambiaría: más rápido, más urgente. Con el punto, hay un instante de separación. Un microsegundo en el que el lector acompaña el gesto de encender, y luego ve la llama. El thriller se alimenta de estos matices. En persecución, la coma acelera. Pero cuando el personaje se detiene a pensar, el punto y seguido da ese microrespiro que el lector necesita. No abuses: demasiados puntos fragmentan la acción. El truco está en saber cuándo poner la pausa. Eso no lo enseña la RAE; lo enseña la escucha del propio ritmo. Respirar sobre el papel Georgia Bogdan Artículos El uso del punto en la narrativa
La revista de los que publican sin permiso de confrontar la pequeñez humana ante entidades o fuerzas territoriales antiguas, donde el paisaje mismo sea el verdugo, es una frontera en la que sin duda quiero seguir adentrándome. 4. Has participado en ferias internacionales (Argentina, Colombia, Filipinas, Perú, México). ¿Cómo es la experiencia de llevar tu terror a países tan distintos entre sí? ¿Hay algo que conecte a todos los lectores de terror, sin importar de dónde sean? Es una experiencia reveladora. Aunque los folclores, acentos y mitologías locales cambien, el miedo primario es universal. Da igual si estás en Manila, Lima, Bogotá o la Ciudad de México: a todos nos aterroriza la pérdida de control, la soledad, el duelo inconcluso y lo que se esconde en la penumbra. El lector de terror comparte un código implícito: la valentía de querer asomarse a la oscuridad. 5. Estudiaste Sistemas y Diseño Digital. ¿Esa formación técnica se cuela de alguna manera en tu escritura o en tu forma de estructurar una historia? Considero. Los sistemas me dieron la lógica, la arquitectura y el diseño de diagramas: cuando desarrollo la trama de una novela, la trato con la precisión de un algoritmo donde cada causa genera una consecuencia sin vacíos argumentales. Por su parte, el diseño digital me educó en la composición visual, el ritmo y el uso de los espacios. 1. Para empezar, cuéntanos quién es JF Olguín más allá de la biografía. ¿Qué te llevó a escribir terror paranormal y thriller sobrenatural? Después de todo lo vivido, soy un observador constante de las grietas. Me obsesiona lo que ocurre cuando la normalidad de una persona se quiebra y deja al descubierto aquello que no podemos controlar ni explicar. Llegué al terror paranormal por mis vivencias y al thriller sobrenatural porque me permite explorar los abismos humanos: el miedo no miente y ahí es donde aparece su verdadera esencia. 2. Has publicado trece obras entre novelas y novelas cortas, además de una antología de relatos. ¿Cómo ha sido ese camino tan prolífico? ¿Escribes siempre o hay temporadas de sequía? Ha sido un camino de disciplina y necesidad expresiva. No creo en la espera pasiva de la inspiración; entiendo la escritura como un oficio que se cultiva a diario. Más que temporadas de sequía donde la mente quede en blanco, lo que tengo son períodos de incubación: momentos donde leo, observo, estructuro y acumulo tensión antes de soltarla en el teclado. Cuando arranco un proyecto, mantengo un ritmo sostenido porque necesito habitar el universo de la historia hasta que esta pida salir por completo. 3. Llevas el terror en el ADN de tu obra, pero has explorado desde el paranormal hasta el thriller psicológico. ¿Hay algún subgénero dentro del terror al que todavía no te hayas atrevido y te gustaría probar? Me atrae enormemente profundizar en el folk horror llevado a sus consecuencias más ancestrales y oscuras, o incluso explorar los lindes del terror cósmico. La idea “El terror necesita autenticidad; no le tengas miedo a mostrar tus propias obsesiones” Jose Francisco Olguín Flores Entrevista La Nana de los Muertos Género: Terror paranormal/thriller sobrenatural Disponible en Amazon Formatos: Ebook e Impreso
La revista de los que publican sin permiso Mantengo el diálogo abierto en redes sociales, atiendo sus comentarios y comparto no solo los lanzamientos. 11. ¿Hay algún tema o frontera dentro del terror que aún quieras cruzar? ¿O algún clásico que te haya influido especialmente? Quiero explorar más a fondo los límites entre la cordura y el folclore patológico. En cuanto a influencias, la narrativa atmosférica de Edgar Allan Poe, la crudeza humana de Horacio Quiroga, el peso trágico de Juan Rulfo y la capacidad de Stephen King para hacer cotidiano lo extraordinario son pilares que siempre están presentes en mi imaginario. 12. ¿Qué le dirías a alguien que está empezando a escribir terror y no sabe si tiene algo que valga la pena? Le diría que no busque complacer a nadie ni copiar la fórmula de moda: que escriba aquello que genuinamente le quite el sueño o le perturbe. Si la historia que estás contando te genera una reacción visceral a ti mientras la creas, ten por seguro que encontrará su eco en alguien más. El terror necesita autenticidad; no le tengas miedo a mostrar tus propias obsesiones 13. Para terminar: de todas tus obras, si tuvieras que elegir una sola para que alguien te conociera, ¿cuál sería y por qué? Elegiría aquella historia donde la tensión sobrenatural y la fractura humana alcancen su equilibrio más puro; esa obra que resuma mi sello: atmósferas asfixiantes, personajes golpeados por la vida y un ritmo vertiginoso que no dé tregua. Quien entre por esa puerta entenderá de inmediato de qué se trata el universo de JF Olguín como: La Nana de los Muertos, Mariana Inocencia Oscura y Asturas 253 el Origen del Mal. 6. Dices que tu narrativa es sensorial y cinematográfica. ¿Cómo construyes una atmósfera que atrapa al lector desde las primeras líneas? No me limito a describir lo que un personaje ve; necesito que el lector huela la humedad de la habitación, sienta en su piel el cambio brusco de temperatura y escuche el crujido metálico a lo lejos. La atmósfera no es un decorado de fondo, es un personaje vivo que interactúa. Para atrapar desde la primera línea, apelo de inmediato a los sentidos y desestabilizo la percepción de confort. 7. Varias de tus obras se posicionaron entre las más vendidas de Amazon España en terror paranormal durante 2025. ¿Qué crees que conectó con los lectores en ese momento? Creo que los lectores conectaron con la honestidad emocional del terror que propongo. En un mercado saturado de sustos fáciles o trucos efectistas, ofrecer historias donde el elemento paranormal es el detonante de conflictos humanos auténticos marca la diferencia. 8. Has mencionado que el horror en tu obra surge de la fractura emocional de los personajes. ¿Cómo trabajas a tus personajes para que el terror no sea solo externo, sino también interno? Un ente o una manifestación paranormal solo cobra peso real si encuentra un eco dentro de quien la padece. Antes de diseñar al monstruo o al evento sobrenatural, diseño la culpa, el trauma, el duelo o el secreto del personaje. El terror externo funciona como un espejo amplificador de la fractura interna. 9. Recientemente ingresaste a la SOGEM. ¿Qué significa para ti formar parte de una institución así después de una trayectoria tan autónoma? Es un paso sumamente gratificante. Haber recorrido un camino independiente y ver cómo el trabajo constante abre puertas en instituciones emblemáticas como la SOGEM reafirma que la literatura de género hecha con rigor tiene un lugar destacado. Significa tejer lazos con la comunidad autoral de mi país, defender los derechos del creador y aportar mi grano de arena a la profesionalización de las letras en México. 10. Tienes una comunidad de lectores creciente en distintos países hispanohablantes. ¿Cómo mantienes esa conexión con ellos? Trato de leer todos los mensajes y contestar con cercanía y autenticidad. Entiendo a mis lectores no como meros consumidores, sino como cómplices de este viaje hacia la penumbra. Entrevista La Consagrada de las Sombras Género: Terror paranormal/thriller sobrenatural Disponible en Amazon Formatos: Ebook e Impreso Enigmas el Departamento Género: Terror paranormal/thriller sobrenatural Disponible en Amazon Formatos: Ebook e Impreso
La revista de los que publican sin permiso ROBERT LAUROBERT LAUROBERT LAU Escaparate Indie Luna Negra Autor: Robert Lau Género: Ficción de superhéroes En Veridia, las sombras crecen y los inocentes pagan el precio. Ante una corrupción desbordada, Isabella Cruz, una distinguida empresaria, asume el compromiso más peligroso de su vida. Tras una fachada de elegancia, renace en la noche como Luna Negra: una implacable guardiana táctica que combate el crimen desde las alturas. Con el apoyo tecnológico de Mateo, su hábil aliado, Isabella enfrentará batallas mortales y enemigos calculadores que pondrán a prueba su fuerza, su intelecto y su propia humanidad. Una fascinante novela de misterio y acción donde defender la justicia exige el peso de una doble vida inquebrantable.Disponible en Amazon en formatos ebook e impreso Brillar para mí Autor: Mónica Otermin Género: Autobiografía Durante años, Mónica vivió priorizando las necesidades de los demás, hasta que su cuerpo y su alma le exigieron detenerse. En Brillar para mí, comparte una historia real de pérdidas, aprendizajes y reconstrucción. A través de recuerdos cargados de emoción, humor y sensibilidad, la autora narra cómo logró transformar el dolor en creatividad, recuperar su voz y descubrir que el acto más valiente no es brillar para los otros, sino hacerlo para uno mismo. Un libro que emociona, inspira y recuerda que siempre es posible empezar de nuevo. Disponible en Amazon en formatos ebook e impreso
La revista de los que publican sin permiso Disponible en Amazon en formatos e-book e impreso Hijos del Pacto Rojo Autor: J. Paterna Género: Thriller histórico Tres clanes. Una traición. Y un pacto que se desangró bajo la luna. En la Escocia del siglo XVI una matanza cambió para siempre el destino de aquella región de las Highlands. Desde entonces tres clanes somos enemigos mortales. Fergus MacAthern creció escuchando que su abuelo era un traidor, lo que siempre le generó dudas y sufrimiento, pero ahora debe asumir el liderazgo de su clan, así que emprenderá una búsqueda implacable de la verdad enfrentándose a sus enemigos y la amenaza de una nueva guerra. Escaparate Indie Disponible en Amazon en formato e-book En la Europa de 1307, la Orden del Temple amenazaba el poder del rey; por ello, debía desaparecer. El monarca ordenó arrestar a su Gran Maestre, Jacques de Molay. Tras torturarlo durante años, lo condenaron a la hoguera por herejía, una falsa acusación que lo llevó a pronunciar una maldición. Mientras Roma celebraba la caída del Temple, en los puertos del Atlántico zarpaban pequeñas embarcaciones sin emblemas, llevándose consigo el mayor tesoro de la orden: un sistema bancario invisible. En Portugal, un rey más inteligente los recibió y los transformó en la Orden de Cristo, preservando su legado por siglos. Con el tiempo cambiaron de nombre, pero sus secretos y tesoros seguían muy vivos, al igual que la maldición de Jacques de Molay. Los Jesuitas de Portugal Autor: Siul Said II Género: Histórica conspirativa
La revista de los que publican sin permiso oces cruzadas, pasos apurados. Los pacientes rodeaban a la anciana tendida en el suelo. La sala de espera era un caos. Entre tanto alboroto, recordé las indicaciones del médico: —Ramiro, no lo dejes avanzar, atiéndete a tiempo. Por eso estaba ahí. El aire entraba con dificultad en mi pecho. Guarda Silencio Autor: Rubén Martinez Género: Ficción contemporánea Relato V Salí de casa con tiempo suficiente para llegar a mi cita en el hospital. El dolor en el talón estaba ahí desde el primer paso, los años no perdonan. Bajé las escaleras apoyándome en el barandal, evitando cargar todo el peso de un solo lado. Afuera, el calor parecía salir del pavimento. Encendí el auto y avancé despacio. «¡Qué suerte!» pensé: el aire acondicionado del carro no jaló, y bajar las ventanas no iba a servir de mucho. Y entonces apliqué la técnica que me recomendó el doctor; inhalar por la nariz en cuatro segundos, retener el aire siete y exhalar por la boca en ocho. A dos cuadras del hospital, un coche detenido en doble fila bloqueaba el paso. El conductor, con la puerta abierta, estorbando aún más, miraba hacia la entrada de la primaria. Varios automovilistas tocaban el claxon, menos yo. —Ahorita, pinches desesperados —dijo el hombre que estorbaba, haciendo una seña con la mano—. Nada más recojo a mi niña. Detrás de mí comenzaron a acumularse más carros, y la niña nada que salía. A los cláxones que ya sonaban se sumaron otros, e incluso se escuchó una que otra mentada de madre. Yo solo miraba el reloj: 2:10. La aguja avanzaba, y solo me repetía: respira, Ramiro, respira. Por fin, la reja de la escuela se abrió. Decenas de niños salieron corriendo. Mochilas, voces, pasos desordenados. El hombre del carro cerró la puerta y salió a buscar a su hija. La niña tardó en aparecer. Cuando por fin llegó, él la tomó de la mano con calma, le acomodó la mochila y volvieron al coche sin prisa. Unos metros más adelante, el tráfico se detuvo otra vez. Padres e hijos corrían entre los autos, cruzando sin mirar. Se oyó el chirrido de llantas. —¡Has de llevar mucha prisa, animal! —Usa el puente, pendejo —dijo el conductor señalando a ese puente que nadie usaba. Pero no todo fue malo, se liberó un espacio en la orilla y me alcancé a estacionar. Volví a mirar el reloj; 2:20, la cita era a las 2:30, y las indicaciones solicitaban llegar quince minutos antes. Iba a correr, pero el dolor en la pierna me recordó que no estaba para esos trotes. Entré a la clínica, olía a desinfectante. El aire frío contrastaba con el calor de afuera. La sala de espera tenía sillas metálicas alineadas contra la pared, un televisor colgado en lo alto proyectaba imágenes sin sonido, debajo, un letrero plastificado: “Guarde silencio. Hay pacientes en consulta”. Pero el sonido de todas esas conversaciones que se mezclaban sin orden, ese par de niños correteándose entre las sillas, cual caballos desbocados, daba fe de que a nadie le importaba que alguien estuviera en consulta. Claro, cuando el dolor no es propio somos poco considerados. Caminé con dificultad a la ventanilla, esa que tiene un cristal grueso que separaba el mostrador de los pacientes. En cuanto pude me recargué en la pared, había unos cinco pacientes antes que yo. Nadie avanzaba, el monitor encendido, y la silla vacía. Pasaron unos minutos, y me animé a preguntarle a la señora que estaba delante de mí: —Disculpe. La mujer ni volteó. —Disculpe —repetí, tocándole el hombro—. ¿Sabe dónde está la asistente? —Ella giró apenas la cabeza y encogió los hombros.
La revista de los que publican sin permiso —Yo llevo veinte minutos aquí —dijo la mujer de más adelante—. Y no ha salido nadie. —Creo que están en cambio de turno —agregó alguien, sin darse vuelta. Un golpe seco me desequilibro. Uno de los niños pasó corriendo y se estrelló contra mí. El dolor del talón aumentó. —Por eso no debes andar corriendo a lo loco, bebé —la madre apenas lo sostuvo del brazo—. Levántate, ya nos llamaron. Ni me volteo a ver. Respira, Ramiro, respira. La espera continuó. Al menos por un momento, la sala quedó en silencio. Ese silencio no duraría mucho. Primero fue la música —qué música, ruido—, un ritmo corto, repetido, de esos que se quedan dando vueltas. Luego vino una risa breve, forzada. Después otra. Una voz distinta, más aguda. De buenas a primeras, el volumen aumentó y seguido de él unas carcajadas, fue inevitable voltear. Junto al extintor, una anciana sostenía el teléfono a la altura del pecho. El brillo de la pantalla le iluminaba la cara. Su torpe dedo subía y bajaba, deteniéndose apenas en cada video. Risas enlatadas. Música. Otra voz. El talón llevaba rato latiendo. Seguir de pie no ayudaba. Más carcajadas, más videos. Y esta mendiga asistente no llegaba. Me concentré en mi técnica: inhalar por la nariz, sostener el aire, soltarlo despacio… inhalar otra vez… Una nueva carcajada. Por Dios, mujer, ponte audífonos. El dolor aumentó. Cambié el peso de una pierna a otra. Miré el reloj. Respira, Ramiro, respira. Pasadas las tres apareció una mujer con —creo que era la asistente— una carpeta en la mano. Saludó sin detenerse y dejó sus cosas sobre el mostrador. Otra empleada se le acercó de inmediato. Hablaron un momento. Por fin se sentó y soltó las palabras que todos esperábamos: —¿En qué le puedo ayudar? —le dijo, con voz disfónica, al primero de la fila. —Buenas tardes, señorita. Quiero programar una cita. —Con gusto, solo deje que la computadora entre al sistema —dijo poniéndose el cubrebocas. Más risas enlatadas, más música, y la bendita fila no avanzaba. Aprisa, un guardia de seguridad cruzó la sala de espera. Lo seguí con la mirada, con la esperanza de que viniera a callar a la vieja. Saludó a todos y siguió de filo. Falsa alarma, el idiota iba rumbo al baño. —Disculpe —dije, intentando llamar la atención de la anciana—. ¡Hey, abuela, puede bajar el volumen del celular! —No sea intolerante —dijo el barbicano, segundo en la fila—. ¿Qué no ve que es una mujer mayor? —Y ustedes no ven semejante letrerote que dice silencio. El policía que ya venía de vuelta nos preguntó qué pasaba. La señora que estaba frente a mí se adelantó: —Es que la abuela tiene un poco alto el volumen y la verdad sí es incómodo para los demás. El barbicano salió de la fila y se acercó a la anciana: —Bájale un poco, mamá —le dijo, tomando el celular—. Ya sabes cómo es esta pinche gente. La fila avanzó. El barbicano volvió a su lugar. Cuando le dieron la cita, me volteó a ver, como si fuera a partirme la madre, y se fue junto a la anciana. Avancé un paso. Cambié el peso del cuerpo a la otra pierna y un rayo me atravesó el talón. Maldita sea, cómo ardió. Casi me tiro al suelo. Después de soportar la lentitud de la asistente, por fin, mi turno. Di un paso al frente. —Buenas tardes, tengo cita… —…Su carnet —casi no la oía con ese puto cubrebocas—. Va a pasar al consultorio cinco. Le voy a dar unas indicaciones… Me acerqué al cristal, lo más posible. Parecía chiste, o una broma del destino, pero justo cuando la asistente comenzó con las indicaciones, la anciana levantó el celular frente a su cara y activó el altavoz: —¡Hola, mi amor! —¡Saluda a tu abuelita, bebé! —dijo el barbicano, moviendo la mano frente al celular. —Abuelita, te quiero mucho —salió una voz chiqueada de la pantalla. Relato
La revista de los que publican sin permiso —Y yo a ti, mi amor… No oía ni una mendiga palabra de lo que decía la asistente. —Perdón, no alcanzo a escuchar. —Le decía que tiene que… —se bajó el cubrebocas e intentó elevar el tono. Pero la vieja no se callaba. Cada vez hablaba más fuerte. Las punzadas en la cabeza se volvieron incontrolables. —Espere un momento, señorita —dije, con voz muy tranquila, alzando apenas la mano. Salí de la fila. Pasé junto al letrero: “Guarde silencio”. —¡Dile a tu mami que ya casi salimos del hospital! —dijo el barbicano. La niña debió hacer alguna gracia frente a la cámara, porque la carcajada de la anciana se extendió por toda la sala. Las voces empezaron a alejarse. Se volvieron ecos de otro lado. Parpadeé. El extintor estaba ahí, en la pared. Di otro paso. El metal frío en las manos. Parpadeé. Un golpe seco. De vuelta a la ventanilla, el televisor continuaba encendido. Las imágenes cambiaban sin sonido. Las sillas estaban fuera de lugar. La anciana en el suelo. El teléfono a un lado. El líquido oscuro avanzaba despacio entre las juntas del piso. La asistente no estaba en su lugar. El dolor en la cabeza volvió. Esta vez no cedía. Respira, Ramiro, respira. Atiéndete a tiempo. Respirar ya no bastaba. La sala de espera era un caos FIN Relato