View Siempe fuiste tú. Cap 15 flipbook.
1 Portada (Aún no la hay)
2 Siempre fuiste tú Abigail Mtz
3 Dedicatoria (Tampoco hay JAJAJJA)
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5 Prólogo Hace diez años. Hace mucho sol. Odio el sol. No me queda más que sentarme en la sombra debajo del árbol, pero hay pura tierra ¿Me siento o no? Me voy a ensuciar... y si me ensucio, me regaña mi mamá. Mejor me quedo parado nada más. Lucía se fue con sus amigas. ¿Qué hago ahora? Recojo una hoja que cayó del árbol. Me gusta este árbol, tiene mariquitas en su tronco ¿De dónde saldrán? Agarro una y la pongo en la hoja. Es roja, tiene muchos puntos. No me gustan los puntos. Son raros. ¿Por qué los tendrán? —¿Qué haces? ¿Quieres jugar? Un niño se me acerca, está con las rodillas llenas de tierra. Lo van a regañar. Su cabello está bonito ¿Lo podré tener como él? —Estoy viendo una mariquita. Mira. — estiro la hoja para que la vea. —¿Sabías que también se les dicen vaquitas? Está bonita. Se acerca de más a mí, me hago para atrás. Quiero a mi hermana. No me gusta que se acerquen mucho a mí, pero, ¿Le diré algo? Mejor no. —bueno, ¿Juegas o no? —¿A qué? —Estoy buscando cosas en la tierra. — señala uno de muchos agujeros en la tierra. Me echo aire con las manos. —¿Por eso estás sucio? —Si, pero se quita. No pasa nada. — ojalá poder decir lo mismo. —¿No te regañan? —¿Deberían? Que papás tan raros, y que divertidos también. Quiero unos así ¿Los venderán? —bueno, pero yo no me puedo ensuciar mucho...— parece que no me escucha, ya me está jalando de la muñeca, caminando dando saltos. No me queda más que correr un poco para alcanzarlo. Esto va a salir mal. Hay muchos pozos ¿Cuánto tiempo llevará aquí? ¿Tendrá calor? No se ve tan sudado. —y... ¿Con qué excavo? —Mmm... ¿Con la mano?
6 —me voy a ensuciar. —te lavas. No pasa nada. ¿Por qué es tan fácil para él? Quiero ser el, que padre. Sé que me irá mal, pero ya que. Se siente raro tocar la tierra, está seca. Mis manos se sienten igual de secas. Ya me las quiero lavar. —¿Qué buscamos? —no sé ¿Un palo? ¿Una piedra? —Quien encuentre la piedra más grande gana. —Va. Comienzo a excavar. Encuentro un palito y mejor lo uso en vez de mi mano. No me quiero ensuciar. No me gusta la tierra. Menos en mi mano. Ya me dio calor ¿Dónde está Lucía? No la veo. Volteo a mi lado ¿A dónde se fue el niño? Me tocan el hombro, y mi pregunta ya se contestó. —¿Quieres agua? —¿Ya le tomaste? —si ¿Y qué? —tiene tus babas. Me río, él también lo hace. —¿Si o no? —si lo limpias, sí. Cuando sonríe sus ojos se hacen más chiquitos, a mí no me pasa eso ¿O sí? Limpia la parte de arriba de la botella y me la extiende. La tomo con cuidado. Mi mamá me dijo que no debía tomar nada de extraños. Pero él no es un extraño, se ve bueno. Cuando le tomo se la vuelvo a dar, y digo gracias en bajito, como mi mamá siempre me dice que haga. —No encuentro nada. Ya me cansé. El sol ya me tiene harto. Que se vaya a dormir ya, por favor. —yo también ya me cansé. —¿Y si ya no jugamos? —pues ya que. Me vuelve a agarrar de la muñeca, y me hace subir las escaleras que llevan a un túnel. —A mí me gusta venir aquí. No hay sol aquí. Sonrío, porque por fin ya no hay sol. Tengo que agacharme para no pegarme en la cabeza, el túnel es chiquito. ¿Por qué será así de pequeño? —¿Por qué tienes hoyos en las mejillas? ¿Hoyos? Me llevo las manos a la cara ¿Dónde?
7 —¿Hoyos? —Si. Aquí. Se toca el mismo sus mejillas. Lo imito a la vez que sonrío. Es cierto. ¿Estoy mal por tenerlos? —Son bonitos. A él le gustan. ¿A mí también deberían? —¿Gracias? Tu cabello es muy oscuro. ¿Cómo lo tienes así? —Así nací. Está padre, ¿Verdad? —mucho. Miro el túnel, es amarillo. Tiene cosas negras, creo que son letras. No sé por qué me da risa, pero me comienzo a reír. Es divertido, me cae bien. —¡Israel! ¿Quién se llamará así? Qué bonito nombre. ¿Yo no me llamo así, ¿verdad? No, creo que no. —Me están hablando. Ven. Me da su mano. ¿Le tomo la mano? ¿No es muy... "raro" como dice mi papá? Bueno, él no me está viendo. Agarro su mano, y me vuelve a jalar para salir del túnel. —Ay Israel, ¿Ahora a quién traes? Es una mujer, tiene el cabello como... ¿Israel? Creo que es su mamá. —Es mi nuevo amigo. Sus ojos vuelven a hacerse chiquitos al sonreír. ¿Amigo? ¿Soy su amigo? —Soy Leo. —ah sí, es Leo. No sabía mi nombre. Pero le divierte saberlo, está sonriendo. —es parecido a León. ¿Por eso tu pelo es de ese color? —Ojalá sí. Nos volvemos a reír. Me cae muy bien. Si es mi amigo. Es fácil reírme con él. Casi como con Lucía. —bueno... Mañana puedes salir con el Isra, ya es tarde. —pero... — trata de que su mamá le dé más tiempo. Pero no parece convencerla. —Bueno... ¿Mañana salimos? —No sé si me dejen...— —por favor. —Bueno, sí. —Bien ¡Hasta mañana! No me alcanzo a despedir. Su mamá se lo lleva entre risas. —ya hiciste amigos y…Estás super sucio. Lucia llega detrás mío. No me gusta que haga eso con sus ojos, que me vea por completo. —¡Me dejaste solo!
8 —Vamos con mamá mejor. Ay si, ahora me ignora. Mala.
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10 Tragedia tras Tragedia Capítulo 1 Qué mejor que levantarse temprano para venir a entregar la libreta de inglés y que la maestra decida no venir ¿verdad? Tremendo coraje que me da. Es la segunda vez que me sucede eso y estoy a nada de quedarme con el cero en libreta que humillarme viniendo a la prepa solo a eso y que a la vieja esa se le ocurra faltar. Para acabarla, mis compañeros deciden que cada hora libre les da el permiso de levantarse de sus asientos, salirse del salón sin permiso, gritar como si los estuvieran quemando vivos y todo lo que se podría confundir con el infierno versión nueve de la mañana con adolescentes de preparatoria que se comportan como preescolar. Sinceramente ya no sé si preocuparme o no. Siendo representante de grupo debería mantener a todos en su lugar y callarlos. Pero si a los profesores no les hacen caso ¿Qué le queda a un simple puberto como yo? Antes me cae un meteorito mientras cago que la posibilidad de que éstos se sienten y se comporten como gente decente. Además, seguro que en uno de estos días me doy de baja de representante, ni siquiera sé por qué me eligieron los profes. Okey, puedo ser responsable y ligeramente más tranquilo (cuando me conviene) que todos los demás monos que hay aquí, incluyendo a mi mejor amigo Isra (Con todo el afán de ofender) Y hablando del rey de roma... éste viene hacia mí con una gran sonrisa que me indica que viene a arruinarme más (si es que es posible) el día. Rezo por mi vida para que no vaya a salir con unas de sus bromas que nada más no ayudan con el estrés que siento entre regañar a medio salón, cumplir con mi trabajo de representante o ser feliz y vivir mi vida como cualquier estudiante promedio (omitiendo los drogadictos) Efectivamente vine con toda la intención de joderme. No le basta con los suficientes rumores y burlas que hay sobre nosotros por ser considerados los más "jotos" del salón incluso cuando medio salón sabe que Israel es la cosa más heterosexual que puede pasarle al mundo. Y yo no puedo quejarme... Tal vez el apodo me molesta, pero mentira no es. Y estoy más que bien con ello. Me pasa el brazo por los hombros y me acaricia el costado del cuello... Con razón nos tiene con esa fama. —Hazte para allá, Isra. — Me quejo cuando siento las cosquillas en mi cuello. Él sabe que soy extremadamente sensible cuando de cosquillas se trata, yo no sé por qué mi cuerpo decidió que me iban a dar cosquillas en
11 todos lados. Lo empujo lo mejor que puedo, me tiene bastante agarrado el mugroso. Cuando logro separarlo este solo me mira con la misma sonrisa arrogante de siempre y se recarga con los brazos cruzados en uno de los bancos al lado del mío. —Es para que tengan de qué hablar los chismosos— Ríe igual de sarcástico y seguro que siempre. Lo que no sé si me irrita o me alivia en estos momentos donde ya parece zoológico más que salón. —Estás viendo que me caga que me digan joto y tú nada más no ayudas. —Mentira no es. Aparte ¿Qué les importa? Si a ellos les importa, entonces que a ti no. —Claro, Isra. Como soy igual de despreocupado que tu ¿Verdad? — Me levanto de mi banco para apoyarme junto a él en la tabla esa que está pegada al banco. Me temo que el descontrol en el salón ya está demasiado horrible que ya ni Dios, el universo o el mismísimo Luis Miguel pudiera con ello. Y vuelvo a lo mismo. Si ellos no pueden ¿Por qué yo me desgastaría en intentarlo? Ay no, que se frieguen la vida ellos. Yo no pienso andar detrás de ellos como si fueran niños. —No es eso... A mí también me importan muchas cosas, y lo sabes. Pero la opinión de esos no está en mi repertorio de cosas que me importan— Sonríe a la vez que se voltea hacia mí. Seguro debo verme demasiado demacrado como para que la sonrisa le decaiga un poco, y con justa razón. No dormí casi nada ayer por terminar la maldita libreta de inglés para que al final no me la revisara. Más aparte ya me duele la cabeza de tanto ruido que hay y para terminar de matarme, no desayuné. —Bueno, ya lo que sea. — Murmuro con una media sonrisa, dando el tema por terminado. Porque sé que si seguimos con este tema no voy a saber controlarme y me voy a querer sacar argumentos del culo nada más para llevarle la contraria. El odia eso, y yo amo hacerlo al igual que yo odio que me haga cosquillas y el de igual forma lo hace. Estamos más que a mano. Me empiezo a preocupar un poco cuando veo un tenis volar por el salón. Okey, ya hay que asumir mi responsabilidad. Isra no tarda en burlarse del zapato volador. Otra vez, no ayudando mucho. —Debería ir a reportar la falta de maestro. — Se aguanta la risa a lo desgraciado. Pues sabe que si se ríe o hace algo similar a ello el madrazo va a ser para él y no para el que aventó en tenis. Le enseño el dedo medio, me doy media vuelta con una risa reprimida o si no esto acabará mal entre los dos. Y queramos o no, ver un tenis volando por el salón si da risa. Voy hacia la raíz del conflicto, el mismo grupito hueco de la cabeza que consiste en dos chicas que el porciento que tienen de pendejas, lo tienen de
12 noviazgos. Y el porcentaje es bastante alto. Y otros dos idiotas que su futuro se resume en miseria por drogadictos (No confirmados, pero ya todos los han visto más de dos veces) Para acabar de joder, buscan cualquier oportunidad para recalcar lo gay que parezco. Pero sinceramente no me preocupo por opiniones de gente más drogada que quién hizo la florecita esa de colores diciendo "Si te ofrecen drogas te va a decir que se siente bien padre y que te vas a reír" —¿Ahora no le dices a tu noviecito que te ayude? — Incita uno de ellos. Normalmente me enojaría, pero estoy más cansado de regañar a los mismos de siempre que hasta me da hueva enojarme o ponerme a discutir con él. —Solo díganme quién aventó el tenis y ya. — Suspiro, bastante frustrado con el hecho de que digan "noviecito" refiriéndose a Isra. No me pueden ver feliz con cualquier ser masculino porque ya comienzan a especular lo que sea acerca de la relación entre ellos y yo. Los cinco se miran entre ellos, unos se ríen con burla. Los otros se limitan a mirar a otro lado. Finalmente, uno decide tener más cerebro que los demás y finalmente apunta a quien supongo que será su amigo. Aunque siéndolo o no, que traición. ⟡ —No puedes negar que lo del zapato fue lo mejor— La voz de Isra me saca de mi trance. Acabo de llegar de coordinación después de ir a reportar al chistosito ese que aventó el tenis. Hasta la prefecta se quería reír, así de mal estamos. Lo que más quiero en estos momentos es irme a mi casa, incluso si eso implica ver a la rata de mi hermana en su vida posgraduación, lo cual me da una envidia tremenda. —Pues si hasta la prefecta se quería reír. Ah, pero yo no me puedo reír porque yo debería poner el ejemplo. — Arremedo con la voz de la prefecta, ganándome una risa de Isra. Voy caminando a su lado por los pasillos, agarrándolo del hombro para no perderme, incluso sabiendo que es fácil verlo desde lejos, si es que me llego a perder. —Ni modo, nada más a ti se te ocurre aceptar eso de ser representante de grupo. — Se burla de mí, pero yo no alcanzo a reponer en contra de su broma. Alguien físicamente más grande que yo me empuja lo suficiente como para que me tambalee y suelte a Isra. Volteo a todos lados en busca de alguien que pueda haberme empujado, solo consigo escuchar unas risas insoportablemente burlonas unos pasos más adelanté. Me apoyo en la pared más cercana que encuentro, sintiendo mi respiración acelerada. Solo del enojo. Odio que me pase esto, más porque sé que lo hacen con intención. Busco a Isra con la mirada, levantando un poco el mentón para lograr ver
13 más lejos a la vez que me llevo la mano al hombro, pues si me empujaron bastante feo. Distingo a lo lejos al pelinegro, quien parece no haberse dado cuenta de mi inexistencia a su lado hasta hace unos segundos, pues mira en todas direcciones en busca de mí. Cuando finalmente me encuentra, es él el que empuja gente hasta dar conmigo, caminando con urgencia. —¿Qué pasó? — Eleva un poco la voz para que yo lo escuche, pues aún no está tan cerca mío. —Lo de siempre. Me empujaron. — Hago una mueca, dando los últimos pasos que le faltan por dar para llegar a él. —Deberías reportarlos. —Nah, eso es lo que ellos quieren. No les voy a dar el gusto. — Suspiro, la frustración se acumula en mis ojos y hago el mayor esfuerzo para no marcharme a llorar frente a media escuela. Es simplemente miserable que desde que esparcieron los rumores sobre que era gay en la prepa no me ha dejado de caer mierda. Si, no todo es malo, tengo a mis amigos y más gente que me ha hecho llegar su apoyo desde que eso sucedió. Eso no quita que todos los días me hagan sentir miserable con mi simple existencia. Isra me analiza de pies a cabeza, se detiene en mis ojos, en mis labios ligeramente fruncidos para evitar llorar. Suspira antes de pasar su brazo por encima de mis hombros y jalarme un poco hasta que mi rostro se quede en la altura del hueco de su cuello. Odio el contacto físico, jamás me ha gustado la idea de estar cerca de alguien. Pero Isra tiene totalmente permitido sobrepasar el límite. Paso mis manos a su espalda, con los puños cerrados. Me dejo consolar, nunca lo hago, pero me siento extremadamente mal como para aguantar hasta llegar a mi casa y derrumbarme allí, encerrado en mi habitación. Me permito soltar alguna que otra lágrima, que termina mojando la playera del uniforme de Isra. Sollozo en bajito y trato de que mis hombros no se muevan tanto al hacerlo, no quiero que los que pasen enfrente de nosotros sepan que efectivamente estoy llorando. Suficiente tengo con ya estarlo haciendo en medio de demasiada gente. Cuando ya comienzo a sentirme un poco asfixiado me separo de Isra, aún con las pestañas mojadas, los ojos rojos y esa extraña sensación que se siente cuando terminas de llorar, o al menos te detienes. —Pide salida. Yo te paso lo que vayamos a hacer en las demás clases. — Me alienta, y yo casi me echo a reír de lo irónico que suena eso.
14 —Jamás anotas nada en clase. —Puedo hacer una excepción. Tómalo o déjalo. — Lo considero. No me vendría mal llegar temprano a mi casa hoy, sobre todo considerando que es viernes. —Tal vez lo haga. — Murmuro, levantando mi vista a la de él. Aún me arden los ojos; me los tallo con el dorso de las manos. Isra me da una palmadita en la espalda, acariciando un poco esta antes de finalmente apartar la mano. ⟡ Toco el timbre, nadie me abre. Mi hermana debe de seguir dormida, como la odio a ella y su vida sin responsabilidades académicas. Efectivamente pedí salida, aunque no fue fácil convencer a los prefectos que era por un malestar físico. Supongo que me dejaron salir porque notaron mis ojos hinchados. Finalmente me resigno a que mi hermana no me va a abrir, por lo que busco en mi mochila las llaves y abro la puerta con cuidado, temiendo encontrarme con alguien que no es mi hermana. Eso no ocurre, la sala está vacía. Como siempre. —¿Llegando temprano? ¿Qué pasó? — la voz adormilada de mi hermana se escucha. Va saliendo de su habitación, aún en pijama. —Me sentí mal. Me duele la cabeza. — murmuro, esperando que no note mis ojos y mi voz algo rota. Mi mira de arriba a abajo, justo como Isra hizo. Trata de acercarse, pero yo le doy la vuelta. —Estoy cansado Lucía, voy a mi habitación. Ella asiente, como si ya entendiera lo que sucedió. —Descansa. Te despierto en la comida. Es lo último que escucho antes de cerrar mi puerta con llave. Dejo la mochila en el piso y me tumbo de cara en mi cama desordenada desde la mañana. Tomo una almohada y la uso para amortiguar los sollozos. ¿En qué les afecta lo que a mí me gusta? Dios... ¿No pudiste hacerme "normal"? Supongo que "normal" no es la palabra correcta, pero sé que es como a la mayoría se refieren cuando de estos temas se trata. ⟡ —Ven a comer. Mamá ya llegó. — la voz de Lucía resuena del otro lado de la puerta a la vez que toca la puerta con fastidio, tal vez lleva demasiado rato haciendo eso y yo no he querido responder. No dormí, solo cerré los ojos y perdí la noción del tiempo.
15 —Mmm... Voy. — es lo único que puedo decir, no me da para más. Ni hambre tengo. De mala gana me levanto de mi cama. Al verme al espejo noto lo peor que me puede pasar, mi cabello está horrible. Y con justa razón. Trato de calmarlo solo con mis manos antes de salir de mis cuatro paredes. —Llegó temprano y demacrado. — Me señala Lucía apenas y bajo el último escalón, acusándome con mi mamá y sabiendo perfectamente que después me tendré que sentar de mala gana a hablar del porqué con ella. Cómo ya estoy acostumbrado, mi mamá se acerca a mí para darme un beso en la mejilla como saludo. Se me queda viendo más de lo necesario, sabe que algo me pasa. Es mi mamá después de todo. —¿Vas a comer? — pronuncia con voz suave, esa que usa cuando sabe que estoy mal y que tanto odio, pues me hace sentir como un niño. —No, gracias. — meneo la cabeza. Estoy a nada de darme media vuelta directo a las escaleras nuevamente, cuando a mi mamá se le ocurre detenerme sujetándome de la muñeca. —Leo. — me llama, hay preocupación en su voz. Me volteo por encima de mi hombro para verla. Suspiro mientras espero lo que sea que me vaya a decir. Si hay algo que me molesta demasiado... Sin duda es que se preocupen por mí. Yo puedo solo ¿Okey? —Sabes que me puedes contar si algo está mal, ¿verdad? — me volteo completamente hacia ella, resignado a que no puedo comportarme como un completo idiota con ella. —Si má, pero no me pasa nada. Estoy mejor que nunca. — mi tono sarcástico no ayuda, pero no me importa demasiado. Finalmente parece aceptar que no me va a sacar la información que quiere, soltándome de la muñeca para que yo me vaya directo a mi habitación otra vez.
16 No es nada grave… lo juro Capítulo 2 Me sacuden el cabello. Estoy recostado en el banco, pero aun así se perfectamente quién ha sido el que me ha despeinado incluso sabiendo que dependo emocionalmente de cómo se ve mi cabello. Escucho su leve risita y confirmo mis sospechas. Sin levantar la cabeza, le doy un manotazo que le da justo en el abdomen, haciéndolo quejarse y obligándome a levantar la cabeza solo para ver como "sufre" por el manotazo, y digo "sufre" porque estoy seguro que ni siquiera le dolió o lo movió de lugar. —Uno viene con buena intención y lo maltratan— Menea la cabeza con decepción. Ush, es un dramático de primera. Quién sabe por qué lo habré escogido como mejor amigo. De igual forma me saca una sonrisa. —¿Ya estás mejor? — Pregunta al cabo de un rato, examinando mi rostro con la mirada. Buena pregunta, ¿Ya estoy mejor? Uh. Creo que ni yo sé responder a la pregunta, se me aprieta un poco el pecho. Tal vez logra ver la duda en mis ojos, por lo que me da una sonrisa triste antes de apoyar ambas manos en la mesa del banco, agachándose un poco para estar más a mi altura. —Bien... ¿Mínimo más estable? — Su tono se hace más bajo y suave, y aunque generalmente odiaría que alguien más me mire como si me fuera a romper. Con él no lo hago. Creo que ya recordé por qué lo escogí como mejor amigo. Pues tiene esta manera de preocuparse por mi sin hacerme sentir como un completo inútil que no sabe cuidar de sí mismo. —Eso creo... No lo sé la verdad. — Meneo la cabeza con duda, volviendo a hundir el rostro en el suéter que tengo sobre la mesa del banco, usándolo como almohada. Se mantiene un rato más apoyado en la mesa del banco, simplemente mirándome como para asegurarse que no le esté mintiendo. Y cuando estoy por despegar la frente de mi antebrazo... Siento que alguien más me sacude el cabello, empujándome mi cabeza hacia mi brazo otra vez, ¿Qué maña tienen con eso? —¿y ahora? Nada más te lo encargué un día Isra, y mira nomás como me lo dejas. — Me señala con la palma abierta, fingiendo estar decepcionada con Isra. A éste lo toma por sorpresa la acusación, pero de inmediato levanta las manos al aire para tratar de defenderse.
17 —Ora que yo, échale la culpa a los pendejos que habitan por aquí. — Aunque trata de sonar tranquilo, lo dice con tanto desdén que sospecho que le molesta incluso más que a mí. Gisselle se agacha hasta que sus rodillas tocan el suelo al lado de mi banco, evitándome la pena de yo tener que levantarme. Me debo de ver muy cómodo para que no me quiera molestar. O tal vez ve lo cansado que luce mi rostro cuando, finalmente, lo levanto. —¿Me vas a decir qué te hicieron los cabrones esos? — murmura, manteniendo el equilibrio con las manos aferradas a la orilla de la mesa. —No fue nada grave te lo juro, pero ya sabes que tengo dos pies izquierdos y... — Me callo, es imposible tratar de justificarlos. Es más, ¿Por qué tan siquiera trato de hacerlo? O sea, todavía de que me humillan y me hacen llorar... ¿Los intento justificar? ¿En serio, Leo? Gisselle casi trata de atravesarme con la mirada, sabe que realmente trato de no llevarme mal con ellos, y que mucho menos me podría pasar por la mente acusarlos. Está más que claro que si los acuso, me va peor. —Me empujaron. Es todo— me limito a decir, pues haberme tropezado y haber llorado ya fue problema mío. —Leo. — Me advierten al unísono, tanto Gisselle como Isra. Ugh, odio que me conozcan tan bien ¿De verdad no pueden dejar pasar esto y ya? Estoy más que bien, es más, me podría aventar un maratón de 1000 metros de la pura felicidad que siento, incluso si no tengo la menor idea de qué distancia en exactitud es un metro. —Mira... mejor yo te digo. — Se dirige a Gisselle, pues sabe que por mi parte ya no voy a decir nada. —Se me fue de vista, y te juro que fue menos de cinco minutos cuando lo encontré recargado en la pared. — Explica, y Gisselle no puede evitar volver a mirarme, esta vez con más preocupación. Odio esto, que me miren como si fuera frágil. Incluso aunque yo sea el culpable de que me vean así. Finalmente se cansa de verme a mí, y su mirada pasa a Isra, sospechando de que no le haya dicho todo lo que sucedió, pues ya ha sucedido que Isra no suelta más información solo porque sabe que yo no quiero decirla. Y Dios... Cuanto le agradezco que de vez en cuando se calle la boca. Y antes de que a cualquiera de los dos (especialmente Gisselle) se le ocurra interrogarme más al respecto... Entra el profesor de Historia, y en estos momentos agradezco demasiado la presencia de este grandioso hombre (mentira, lo odio. Mugre viejo) Peeeero, juro que, en estos momentos, con gusto acepto que me mande a su coche por las copias de sabe qué cosa con tal de ya no verle la jeta a estos dos que se hacen llamar mis amigos. Mentira, los
18 amo. Pero, de puro corazón, dejen de verme como si me quisieran ahogar en preguntas. Lo único que vuelvo a pronunciar en toda la clase es el "Buen día" que todos (o al menos la mayoría) dicen al unísono al ver la llegada del profesor. Yo no sé qué tienen los profesores con querer que les digamos eso cuando ni ellos tienen el descaro de hacerlo, pero bueno, ¿Quién soy yo para cuestionar sus métodos de enseñanza? ⟡ Las próximas dos horas más miserables de mi vida (Matemáticas) Me la paso sin mucha intención de hablar con nadie, al menos que sea con la profesora al pasar a revisar la actividad, aunque solo es por cortesía y para que me suba puntos por ello. Pues de otra forma, seguro voy reprobando matemáticas. Ya no tengo nada que hacer, ni siquiera tengo pendientes de otra materia, así que podría fácilmente salirme del salón con alguna excusa y no volver, total, no falta mucho para el descanso. Mentira, en mi vida me he saltado una clase y jamás lo pienso hacer, pero la idea siempre me anda tentando en días como estos. Más cuando se tratan de dos horas clase de matemáticas sabiendo que ni sumar bien sé. Rayar la última hoja de mi libreta con garabatos o simples círculos sin levantar la pluma del papel me parece lo más razonable para pasar el tiempo, aunque pronto tengo que volver a mi deber e ir a recoger algunas cosas de la profe a dirección. Y bueno, mínimo me distraigo un poco en el camino de regreso al salón y me da el aire fresco en el rostro. Pero el regresar, vuelvo a toparme con el desorden. las miles de voces mezclándose entre ellas, papeles volando. Y, a este punto, me preocupa como la profe puede estar tan... Tranquila y acostumbrada a todo esto mientras yo apenas y los escucho, quiero hundirme bajo tierra y no volver a salir nunca jamás. Llego a mi lugar, y todos siguen allí, existiendo perfectamente en sus respetivos espacios. (Aunque claro, siempre hay uno que otro que no está donde debería) Gisselle hablando con Debany, cuchicheando bastante sonrientes, seguro que algún nuevo chisme a llegado a ellas. Me río levemente al verlas tan emocionadas por ello. Termino apoyando mi mentón sobre mi mano, mientras me giro hacia Isra, a un lado mío. Él ya me está viendo, seguro está igual de aburrido que yo, pues de otra forma... Estoy seguro que preferiría ver una mosca antes que verme a mí por puro gusto. Si, así de fuerte está el aburrimiento.
19 Suena el timbre del receso, ni ganas de salir quiero. ¿Y si me quedo adentro? Por un día no creo que me haga nada. Me recuesto en el banco igual que hace unas horas, fingiendo estar dormido, esperando que Isra hoy decida simplemente no luchar en sacarme del salón al verme "dormido". Pero, obviamente no consigo que me crea, pues hace unos minutos lo estaba viendo bastante despierto. El peso de su cuerpo recargado en mi banco se hace presente, aun así, no pienso moverme. Lo peor es que Isra tiene demasiada presencia, mucho más en su mirada, y me es imposible no sentir esta misma sobre mi nuca. Isra, ¿Si te puedes poner algo en los ojos o de plano no verme, Isra? Me harías un gran favor. Al verme tan aferrado a no moverme, suelta una risa. Y juraría que a meneado la cabeza como siempre hace al reírse de mí. —Leo. —Mande. — respondo, aún sin mucha intención de salir. No me responde, en vez de eso... de la nada ya siento el jalón de su muñeca sobre mi brazo. ¿Qué parte de que no quiero salir no entiende? —Isra. — le advierto, aferrándome al banco como si mi vida dependiera de ello, hundiendo aún más mi rostro en mi "almohada" improvisada. —Leo, no te puedes quedar aquí. Nada más te vas a hundir más en lo que sea que traigas. — Ni yo le creo que diga eso, es él el que más entiende lo que me sucede. Me termino resignando a darle la razón a Isra, pues lastimosamente, sí que la tiene. Me levanto por mi cuenta, pero antes de salir, termino por regresarme a ponerme el suéter que tenía usando como almohada sobre el banco. Para acabarla... Ni es mío el suéter, es de Lucía, pero como a ella le quedó grande y a mí me gustó... Pues no iba a desperdiciar la oportunidad de un suéter nuevo. —Ni frío hace, Leo. — Me voltea a ver, riéndose un poco al verme ponerme el suéter. Aprovecha ese rato para caminar hasta el marco de la puerta, apoyándose en este cruzado de brazos. Y si, ni frío hace, pero me siento seguro así. Es raro, ni yo sé por qué me siento seguro con un simple suéter puesto, supongo que tal vez es por el hecho de tener algo que me haga pasar más desapercibido. Y en estos momentos... Lo que más quiero es lucir lo menos llamativo posible, si es que esa es la solución (o por lo menos ayuda) para dejar de ser un objetivo allá afuera. —Ahora sí ya vámonos— llego a su lado, y ahora soy yo quien lo jala de la muñeca para llevarlo conmigo afuera. Se deja llevar por mí, increíblemente orgulloso de que haya logrado su cometido de sacarme del salón. Lo que no sabe es que eso le costará que lo
20 esté jodiendo todo el receso, aunque bueno... Siempre lo ando jodiendo de todas formas. ¿Lo peor? es que él se deja. ⟡ Apenas pongo un pie fuera del salón, me la tengo que pensar dos veces si realmente vale la pena seguir llevando el suéter puesto. Este calor está infernal. Y bueno, ¿Qué esperaba estando en junio? Ay no, no me importa el mugroso sol. Si yo voy a salir en contra de mi voluntad, mínimo lo haré como yo quiera. Y si eso implica asarme con el suéter puesto... Pues lo haré. Una vez que hemos avanzado hasta un pequeño pasillo, Isra se detiene, lo cual ya suponía que pasaría, pues no había dicho ni hecho nada extraño hasta este momento. —¿Cuánto y me pongo a gritar? — La pregunta parece ser solo un aviso más que una apuesta como tal, pues cuando volteo a verlo, con toda la intención de mirarlo mal y reírme de él. Solo logro ver como toma aire, inflando más de lo que debería su pecho. Y justo hoy mi mente decidió funcionar bien y no retrasarse, pues alcanzo a taparle la boca con mi mano, dándole un manotazo sin querer. El mugroso si iba a gritar. Y en lo que me burlo de el con mi mano aún sobre su boca, como si no fuera poco que estaba a un suspiro de gritar... Termina por lamerme la mano como defensa, haciendo que aparte de inmediato mi mano. Definitivamente me la va a pagar un día de estos. Desgraciado. De igual forma, termino limpiando mi mano en su brazo. E incluso aunque no haya gritado, termina por hacerse escuchar cuando ahora él es el que se burla de mí. Su risa se da a conocer desde lejos, creo que es lo que más puedo distinguir de él. También es muy contagiosa, de ese tipo de risas en las que se me olvida que hay demasiado gente a mi alrededor y con las que me puedo permitir reírme hasta que me duela la garganta de tanto esfuerzo. —Te odio— reniego tratando de calmar mi risa. El solo menea la cabeza, sin ninguna intención de guardar silencio y de ni un deje de culpa en el rostro. Está más que feliz de haber hecho lo que hizo. No tengo duda. —Bueno, mínimo te hice reír, ¿No? — No tengo cómo llevarle la contraria en ello. Si, me hizo reírme un rato... pero creo que había mejores formas de lograrlo sin tener que lamer mi mano.
21 Pero la verdad, no me quejo, pues al final Isra siempre me hace sentir de esta forma. Me acompaña cuando ni yo mismo puedo hacerlo, y sin duda es lo que más le agradezco. Si, sé que no estoy solo en este terrible mundo. Sé que no solo es Isra, también es Gisselle y mis otros amigos. Pero con él, siento que es el único que de verdad me hace sentir bien sin este tono que me cataloga como frágil. Y puede que no haya sido la mejor opción lamerme la mano (sí, soy un resentido y voy a sacar el tema cuántas veces quiera) Pero al menos, me reí, y eso ya es demasiado para días como este.
22 Yo no fui al pride, el pride vino a mí Capítulo 3 Si hay un mayor hater del sol, seguro soy yo. Lo peor es que Isra me lleva haciendo caminar por más de diez minutos seguidos bajo este mismo. Bueno, también yo que acepto. Pero, me prometió una nieve por hacerme caminar en el sol, así que como siempre, ahí voy a creerle. Parece que le urgía caminar al mugroso, no se pudo ni esperar a que fuéramos a dejar las mochilas a nuestras casas, pues apenas y salimos de la prepa me dijo lo de ir a buscar sabe qué cosa de pintura al centro. HASTA EL CENTRO. ¿En serio Isra? —Si me vas a hacer caminar, mínimo carga mi mochila o algo. Sé un buen amigo— bromeo. Pero él deja de caminar. —Dámela pues, jodón— Dudo. Ya suficiente tiene con la suya. Ay no, qué pena. Yo también me detengo. Ay no, yo lo decía de broma. Y también mugre Israel que todo acepta. Por eso lo apendejan. —Isra, era broma... —No, ahora me la das por andar ahí jodiendo. — Y en un parpadeo ya trae mi mochila colgada junto con la de él. Y no se le ve ni una pizca de arrepentimiento, así que es cuestión de segundos para echarse a caminar otra vez. No me queda más que seguirlo. Si mi papá o los de mi escuela nos vieran justo ahorita... Estoy seguro que lo que me dicen sería peor, y ahora sí que ese apodo de que Isra es mi novio cada que me ven con él, sería con mucha más razón. Ay no, no voy a andar pensando en esto ahorita. Nos la pasamos caminando un rato más. Y en una esquina, antes de cruzar la calle donde ya estamos más cerca de tomar el metro hasta el centro, deja de caminar. Y lo peor es que no me doy cuenta hasta que por poco y choco con un poste, teniéndome que voltear para buscar a Isra y encontrarlo parado a mitad de la banqueta, con la mirada fija en el celular.
23 De inmediato me doy la media vuelta y camino hacia él, frunciendo las cejas. —¿Qué pasa? — Llego a su lado aprovecho para ver en la pantalla y lograr entender por qué se quedó parado de la nada. Oh, se me olvida que es junio. Miles de publicaciones, la gente, colores, carteles... —No me digas...— suspiro, sin saber si reír o llorar. —Pues sí te digo— bromea el mugroso, con una sonrisa enorme cuando me voltea a ver. —No pienso ir al centro con el calor de la chingada y más aparte tanta gente, Isra. — gesticulo con las manos, hablando rápido. —Leo, ocupo esa pintura. — casi, casi me suplica el mugroso. —¿No la puedes comprar en otro lado? — hago una mueca, también suplicándole que no nos arriesguemos a ir para allá. Capaz y salgo en las noticias y mi mamá me ve, y termina por pensar mal de mí. Que, bueno... Así que tu digas que va a estar muy equivocada, pues la verdad no, pero... Ugh, ya basta, no pienso ir para allá. Lo miro, sosteniendo su mirada, y ruego que se rinda rápido, pues el sol ya me está calando en la espalda. —Leo. —Isra. —Leonardo. —Israel. —Leonardo... De verdad. Nunca te pido nada—De la nada se convierte en esos niños que dice "no pedir nada" cuando claramente piden toda la tienda. —Ay ora que nada... Eres bien pediche Isra. — Me quejo. Pero soy débil a su mirada, lo siento, me declaro culpable de ello. —El pediche eres tú— dice señalando mi mochila sobre su hombro. A ver, yo se lo dije de broma, ya que el haya aceptado es problema suyo. —Te odio más de lo que piensas— ruedo los ojos, adelantándome un par de pasos. E incluso teniéndolo a mis espaldas, sé que está sonriendo. Un par de pasos más me percato que no se ha movido, pues no escucho ni un mísero movimiento. —¡Vámonos! — me volteo para verlo por encima de mi hombro.
24 —¿Entonces sí? — hasta un brillo en los ojos le veo mientras trota para alcanzarme. Mugroso. —Camina antes de que me arrepienta. Y te aviso que el vaso de nieve ya pasó a litro con esto— Solo espero que esto no se lo tome literal, pues al menso si lo creo capaz de comprarme un litro de nieve. ⟡ Por poco y se nos pasa el metro. Todo porque el menso de Isra no encontraba la tarjeta en su mochila. No es que no la trajera, es que estaba buscando en MI mochila. ¿Cómo la iba a encontrar entonces? Agradezco que el metro no esté lleno, pues si nos toca bastante tiempo para llegar hasta el centro, y no pienso irme parado todo el camino. Y aunque es poca gente, la mayoría lleva carteles, maquillajes, peinados bien elaborados... O sea, en pocas palabras, iban a la marcha. Y la verdad, que orgullo. Isra lleva escuchando música desde que nos subimos al metro, así que no me está pelando mucho. No pues que gran amigo que es, eh. Termino por recargarme en su hombro para intentar pasar el rato, pues yo no he traído mis audífonos. Y no me dice nada, no me voltea a ver. Solo se acomoda mejor, para que esté más cómodo. Aunque cuando me aburro, termino por robarle un audífono. “We sat in my bedroom, and i hear you heart like a train on the tracks…” Ora, ¿De cuándo acá escucha música en inglés el menso este? Según mis cálculos, ni decir hola en inglés sabe. Bueno, no me quejo. Prefiero eso que a cualquier otro tipo de música. Pero, supongo que él no entiende absolutamente nada de lo que dice y solo lo escucha porque "suena bien", (si, me imagino eso con su voz, ¿Y qué?) o si sí sabe qué dice... ¿Por qué rayos escucharía la canción más romántica habida y por haber? Está loquito. ⟡ Cuando por fin nos bajamos, no me sorprende que todos los que estaban en el metro se bajaron junto con nosotros. Que envidia el cabello de algunos, así de colores bien exóticos. Salimos de la estación del metro y vemos el total caos lleno de orgullo, colores e identidad por todos lados. Dios. Mío.
25 Le echo una mirada a Isra, y el me la devuelve. Es la primera vez que ambos vemos esto tan de cerca, y estoy seguro que SE NOTA que así es. —Isra, solo dime qué no nos vamos a perder y que sabes exactamente dónde está esa maldita tienda. — se queda callado. Maldito mentiroso chantajista. —Mira, no tenía contemplado perdernos, pero con toda la gente...— le echa un vistazo a el gentío. Parece que va a decir algo más, pero termina por volver a cerrar la boca. —Mínimo mal no nos van a ver por agarrarnos la mano para no perdernos.— bromea. Y aunque quiero regañarlo, no como hacerlo cuando escucho otra vez la risita esa. Termino por reírme junto a él. —En mi vida te agarro de la mano. —Ya lo hiciste de todos modos. —Teníamos ocho, OCHO. —Pero me agarraste de todos modos. — ay no, a este niño no le voy a ganar. Ruedo los ojos y lo jalo del brazo. —Mejor vamos avanzando para salir rápido de aquí. — reprocho. Y él no rechista, simplemente me sigue. ... No sé cuántas cuadras ya llevamos caminando, y la marcha sigue. Ya hasta me dan ganas de comprar aguas y regalarlas, Dios, que cansancio, y más entre tanta gente. Aunque, en el camino aprovecho que mi "increíble" amigo se le ocurrió traerme acá en el día justo, pues puedo aprovechar a comprarme una pulserita con mi bandera. Y no la de México, eh. El problema es ¿Cuál me compro? —Isra, ¿Cuál? — le llamo mientras alzo ambas pulseras. Las dos tienen los colores, pero una es tejida y la otra es de cuencas. —Me gusta más la tejida, pero es más llamativa, y no sé cómo te sientas tú con eso. — Si, es más llamativa. Ugh. —A mi igual me gusta la tejida. —Llévala, los demás que se jodan. — me sonríe, y eso es lo único que necesito para terminar por comprarla. Si, es algo mínimo y demasiado sutil, pero... Es un gran paso. Hace un año ni siquiera podría pensar en la bandera o en la palabra. Hoy ya estoy bien con eso. Y es un gran avance. ⟡ —Dime que ya falta menos para llegar. No aguanto los pies. — no solo los pies. El calor está horrible también.
26 —Nadie te manda a traer converse, esos no son para caminar. — menea la cabeza con decepción fingida. —¡¿Yo qué iba a saber que íbamos a caminar?!— me indigno. Ahora resulta que soy adivino. —Debes de ir siempre preparado. —Ugh, te odio. —Te cargo si quieres. — ruedo los ojos. —Cállate y camina mejor. —Nada más cruzamos esto y ya llegamos. — suspiro, por fin. Al cruzar, veo al amor de mi vida a metros de mi... Los mangos con chamoy y chile. Pero me resigno a que tendremos que ir primero por la dichosa pintura, limitándome a pasar de largo, aunque mi mirada se quedó en los mangos y hasta el cuello me torcí. —Aguas, no vaya a ser que te disloques el cuello, eh. — escucho la carcajada de Isra a unos pasos de mí. Y confirmo cuando dicen que la risa es la que chinga. Mugroso. Mejor que me compre mi nieve ya, ni crea que me he olvidado. Cuando llegamos por fin a la tienda, me deja pasar primero, sosteniendo la puerta. Y me impacta ese olor tan característico de todas las papelerías y tiendas de arte. Isra desde siempre le ha encantado pintar y hacer mil y un cosas que puedan considerarse arte. Es bastante creativo. Así que no me sorprendería si sale con dos bolsas llenas de aquí cuando solo venía por una pintura. —Aquí hay clima.— suspiro con una sonrisa. Dios, sentía que estaba a nada de fundirme allí afuera. Isra solo menea la cabeza mientras se ríe. Pasamos a los lockers que hay antes de entrar bien, bien a la tienda para dejar las mochilas. Isra solo saca su cartera y celular, al igual que yo. —Y... ¿Por qué la pintura la buscas hasta acá? — digo mientras lo sigo, curioseando entre los estantes de figuras de unicel. —Vi que según aquí es donde la venden. — él también está viendo todo. Pues no se le va a escapar ni una sola cosa que "le pueda servir" cuando él y yo sabemos que nunca la va a utilizar.
27 Me quedo más de la cuenta viendo la sección de libretas y diarios, pues son los que más me interesan. Cuando volteo a todos lados. Me he perdido. Isra ya no está. Pero, afortunadamente, parece que Isra si sabe dónde estoy yo. Pues de la nada veo uno que otro rizo sobresaliente entre estantes. Y cada vez están más cerca. —La encontré, es esta. — Si, efectivamente era Isra. Si tuviera que definir su cara ahora mismo... Sería la misma que un niño cuando ve algo que le hace mucha ilusión. Y la verdad, tengo la fiel creencia de que Isra es un niño chiquito. —¿En serio? ¿Por qué es taaaan especial? Platícame. — A ver, no me puede traer hasta el centro a por una pintura que no sé por qué es tan especial para él. Otra vez, noto ese brillo e incluso como se le ilumina la cara al hablar sobre esto. Sin duda hay un sentimiento bien bonito de ver a la gente hablar de lo que les gusta. —Porque es un tono morado muy bonito y aparte es metálico, o sea, tiene brillos. Y tú sabes que amo el morado. — cuando está emocionado, habla rápido. Una sonrisa se forma en mis labios al verlo tan inquieto por una pintura. —Si, sé que amas el morado. — suelto una leve risita. El no deja de ver la dichosa pintura con una sonrisa. Estoy seguro que ni a la futura persona con la que se case va a verla con tanto amor como a esta pintura... O como yo con los magos con chamoy. —¿Qué más traes allí? Ya vi que no nada más es la pintura lo que llevas— alzo una ceja, viendo con curiosidad la canastita que seguro agarró para no cargar tantas cosas en las manos. —Tú me dijiste que querías una pluma de color. Y agarré una roja fuerte, porque te gusta el rojo. — no tarda en sacarla, y yo solo puedo reírme más de esto. Es un niño, no tengo dudas. —Esta marca de plumas está padre porque rayan súper bien. Me extiende la pluma mientras deja la pintura dentro de la canasta esa otra vez. No solo es rojo tipo vino (como mi color favorito) sino que aparte es de punta fina, y yo no escribo con una pluma al menos que sea de punta fina. Me quedo viendo la pluma más tiempo del que debería entre mis manos. Es muy lindo el empaque, aparte. No la quiero soltar, pero la debo dejar en la canasta con lo demás o se me va a perder.
28 —¿Y tú que andabas viendo? — se acerca más a mi lado para ver qué es lo que yo estaba tan entretenido en ver. Ladea la cabeza con confusión cuando nota que estaba en la zona de libretas y agendas. —¿Libretas...? — toma una que lleva de portada unos girasoles, que parecen ser los de Van Gogh. Estoy seguro que solo por eso agarró la libreta, pues cuando la abre y ve que no es de hoja lisa... La deja, decepcionado. —Si... Últimamente me ha gustado escribir o garabatear cosas. — me justifico, tomando una libreta simple negra. Y puede que sea simple. Pero no hay stickers que no puedan arreglar lo aburrido de una libreta negra. ⟡ —lo que más me gustó sin duda fue ver a niños allí también. —¿Verdad? Es lo más lindo que he visto. — Una total locura que hayan niños en el pride con sus papás o sus mamás, incluso gente más joven que nosotros con sus padres apoyándolos... Simplemente me hacen olvidarme por un momento de toda la mierda que pasamos día a día. El Camino de regreso a la estación del metro ya fue más tranquila. Ya no había tanta gente e Isra me compro la nieve prometida. Así que todo bien. —Si alguna vez les dices a tus papás... ¿Crees que irías con ellos a eso? — pregunta Isra, ladeando la cabeza con curiosidad. —Con ellos no, ya estoy grande como para eso. Pero, tal vez cuando tenga a alguien... Ir con el sería buena idea. — creo que jamás podría ir con ellos. No porque no crea que no me vayan a apoyar, sino porque me da... ¿Pena? No lo sé. —Si... Siento que ir con tus papás a esta edad ya es medio raro. — ambos nos reímos ligeramente, simplemente más tranquilos ahora que el calor es casi inexistente por el clima del metro. Vuelvo a recargarme en el hombro de Isra, sosteniéndome sin darme cuenta en su brazo. De igual forma él no dice nada, simplemente deja caer su cabeza sobre la mía. ⟡
29 —Leo— repite en voz baja mi nombre. —Leo...— Me quejo, pues realmente no hay necesidad de molestar... Me he dormido. Me he dormido en el hombro de Isra. Dios, que pena. —Ya nos vamos a bajar. Te quedaste dormido. — suelta una risa nasal, examinando mi rostro, pues debo de verme muy adormilado. —¿En cuánto nos bajamos? — bostezo, aun queriendo recargarme en su hombro. —Ya, ahorita— se sigue burlando. Mugroso.
30 Gisselle ya suéltame. Capítulo 4 —¿Dónde andabas? — Se voltea para verme. Ni un qué bien que ya llegaste o algo por el estilo, así de bien me reciben apenas llego a mi casa. Qué increíble familia, eh. —Con Isra, en el centro— Me dejo caer en el sillón con la mochila aún colgada en mi hombro y sintiendo todo el cuerpo pesado. Maldito Isra. Como el sí aguanta caminar tanto, cree que yo también. Dejo mi mirada fija en la pulsera que me compré mientras hablo, no tan seguro de dejármela puesta. —Ah, qué bien. ¿Comiste algo allá? — Viene a mí con toda intención de sentarse al lado mío, y por pura inercia escondo mi muñeca. Mi mamá obviamente sabe del tema y de banderas, así que no es como que pueda traer ahí la pulsera como si nada. Mejor prevenir. —Una nieve, y eso porque me la compró Isra porque me la debía. — Me río un poco al recordarlo. Mi mamá también sonríe. A veces me pregunto qué rayos pensará mi mamá sobre Isra y yo, o sea, llevamos años juntos. Un día el simplemente me encontró en el parque y ya nunca jamás ninguno de los dos soltó al otro. Si a mí se me hace irreal llevar la mayoría de mi vida con el mismo mejor amigo, no me quiero ni imaginar a mi mamá que aparte de verme crecer a mí. Lo ve crecer a él. —¿Por qué te la debía? —Es que no quería ir hasta el centro por lo de... La marcha. — sacar el tema me da una presión en el pecho. Aparto la mirada de ella y paso saliva antes de volver a hablar. —Y yo le dije que, si íbamos, me debía una nieve. — Solo asiente. Yo sé que ni siquiera le dio importancia al tema de la marcha, pero aun así no puedo evitar sentir este nervio y adrenalina del simple hecho de sacar el tema. —Bueno, ¿entonces sí vas a comer o no? — Vuelve a levantarse, y aprovecho para volver a voltear la pulsera. Me siento como cuando de niño hacía una travesura y la tenía que esconder, y apenas se volteaba mi mamá volvía a sacar la cosa esa que había hecho. —Pues sí, ya voy. — digo con media sonrisa mientras dejo la mochila sobre el sillón. Al rato la subo.
31 ⟡ Tirarme en el suelo con este calorón es lo mejor que puedo hacer. Y es que, aunque tenga el maldito clima prendido, no se siente. No sé si es porque no está directo a mi cama o que pedo, pero el maldito no enfría. Bueno, también hay que considerar que estamos a más de treinta grados. Aparte, siempre se piensa mejor en el suelo. Y el que diga que no, hay de dos, o nunca en su vida se ha tirado a pensar al suelo... O simplemente está menso. Me doy vueltas en el suelo, pero ya me está doliendo la espalda. Así que me toca dejar a mi amado para dejarme caer de cara en el colchón, que al menos ya no está tan caliente como cuando apenas y entre a la habitación. Me quedo boca abajo, jugando con los hilos de la pulsera que sirven para ajustarla. Aún no me puedo quitar de la cabeza a los miles de niños (bueno, adolescentes. Pero es que no quiero decirles así y luego sentirme viejo yo) junto con sus papás en la marcha. La cara de felicidad y cero prejuicios que les vi hablaban por ellos. Y con justa razón, es totalmente increíble como hay tanta gente igual que tú y sin miedo de salir por allí a la calle a gritarlo. Las parejas de no solo jóvenes, también de adultos ya mucho más grandes allí, también van a cerrar la boca de muchos que dicen que esto es una etapa. Aunque lo feo es que solo en días como estos se "permite" besarte a tu novio o novia en la calle, solo este día puedes traer una bandera hasta en la cola y nadie te va a decir nada. El resto de los días... Nadie se atreve a decirlo, mucho menos hacerlo. ⟡ —pero, ¿Cómo les dirías a dónde irás? —Obviamente cuando tenga novio ellos ya van a saber, mensa. — la veo rodar los ojos del otro lado de la pantalla. —Igual... ¿Crees que alguien te llegue a importar tanto como para presentárselo? Dudo. A ver, obviamente que cuando tenga novio se lo voy a presentar a mis papás, pero es cierto... ¿De verdad me importará tanto? ¿Lo suficiente como para salir del clóset? —No lo sé, Gisselle... — suspiro. —Supongo que sí, ¿No? — Solo se encoge de hombros. Yo termino por apoyar mi mentón en mi mano.
32 —Igual... No me voy a preocupar por algo que aún no pasa. Ni novio tengo. — bromeo. Pero la verdad, me pesa un poco la idea de que no he estado enamorado desde tercero de secundaria. Y con justa razón. Ya que así que tú digas que haya terminado muy bien... Pues la verdad no. Y claramente me voy a seguir preocupando al respecto. La idea de que alguien llegue a ser tan importante en mi vida como para que mis papás lo lleguen a conocer... Me aterra más de lo que debería. Ush, maldita Gisselle. ¿Por qué me tenías que preguntar eso? —Y ni tengas, por favor. Ya vimos que estás bien pendejo para escoger novios. — —Hey, hey, hey... No me andes criticando a....— me callo. Ni como defenderme. —No mejor si dile todo lo que quieras, la verdad si me pasé esa vez. —Dices esa vez como si hubieran sido muchas otras veces. — Desgraciada. O sea, ya sé que tengo una vida amorosa nula, pero, tampoco para que me lo diga así de feo. —Ya basta. — me hago el ofendido. Pero no le puedo reclamar. Tiene toda la maldita verdad. Y si, puede que haya tenido menos de dos novios en toda mi vida. Puede que los dos hayan sido unos completos imbéciles. Y también puede que sea mi culpa por escogerlos así, pero, Espero que el próximo... no sea un imbécil, y que no me haga querer esconderme.
33 Abrazos no balazos Capítulo 5 —tenía que llegar Leo... Tan bien que estábamos. — ¿Disculpa? Maldita Gisselle, nada más no te arrastro porque te tengo compasión, y cariño. Pero lo último en mi vida se lo pienso decir en la cara. Luego se le sube. Para acabarla, ahora también Debany se ríe. Está bien, Debany. Creí que éramos amigos. No, no, no, qué traición. —¿Quién te crees muerta de hambre? Me amas, admítelo. — Dejo mi mochila en mi banco y me paso a un banco justo al lado de Gisselle. —Muerto de hambre tu. — rueda los ojos y aprovecha que me distraje al ver a Isra llegar para darme un codazo en el brazo. Obviamente se la regreso. La compasión ya se fue por la borda. —Hey al amor de mi vida no le andes pegando. — ahora Debany también me pega. Hoy todos decidieron agredirme. Perfecto. —Lesbianas. — El día que se dejen de decir esos apodos voy a hacer fiesta. Si algún día me preguntan que si he sido testigo de una relación duradera y estable... Voy a mencionarlas a ellas, no me importa que no sean nada y solo les guste bromear con eso. Para mía ya hasta viven juntas y tienen cinco gatos. —Gay. — dicen al unísono las desgraciadas. —Díganme algo que no sepa. —¿Tan temprano y ya andan peleando? — bosteza al dejar la mochila sobre su banco. Va directo a mí, solo para seguir con la tradición de alborotar mi cabello como saludo. A este paso los tres se van a ganar una buena arrastrada. —Pues éstas que me están diciendo cosas. — me quejo, apuntándolas con toda la mano. Isra solo se ríe mientras menea la cabeza. Apoyándose con una mano sobre mi hombro. Teniendo el dichoso banco a centímetros... ¿Agarra mi hombro? ¿En serio? Pero está bien, mientras no me quiera abrazar, todo bien. —Ay, ni aguantas nada, leo. —Ay, ni aguintis nidi Leo. — Mantén tu distancia, Gisselle, ya me está temblando la mano de tenerte enfrente y no poder pegarte.
34 Pero antes de que pueda desquitarme con la mugrosa de Gisselle, Debany decide sacar su lado más chismoso posible, bueno, en realidad no lo saca. Así es siempre —¿Y esa pulsera, Leo? — levanta una ceja, con una sonrisa ya formándose en sus labios . —Ayer el menso este me hizo ir al centro con él sin saber que ayer era la marcha...— Debany aprieta los labios para intentar no reírse. Y hablando del mugroso... Se le ve una increíble cara de orgullo cuando escucha que le cuento a Debany toda la aventura de ayer. Desde haberme arrastrado hasta el centro por una mendiga pintura... Hasta haberme quedado dormido en el metro. —...Y aproveché para comprar una. — estiro mi brazo hacia ella con un total orgullo para que vea mejor la pulsera. Y bien que aprovecha, aunque eso sí, me jala un poco de la muñeca para acercarse. Obviamente apenas y me jala retira su mano. Sabe que el contacto físico y yo no somos muy amigos. —Está linda. — asiento y alejo mi brazo, dada por terminada la "gran" interacción. —¿Verdad? Yo lo ayudé a decidir. — ruedo los ojos, pero me es imposible no sonreír. Metido, ¿Quién le hablo? De la nada ya no siento la mano de Isra en mi hombro. Así que me veo obligado a voltear a todos lados para ver a dónde rayos ha ido. Estaba tan metido escuchando el chisme de estas dos que se me olvidó Isra. Una disculpita de antemano para él, pues sé lo dramático que puede llegar a ser si se entera que se me olvidó que estaba conmigo. —Si a quién buscas es a Isra. Ya tiene rato que se fue con Dani. — me apunta la puerta del salón. Nunca me cansaré de decir que Debany a veces se comporta bien fresita. ¿En qué momento llegó Daniel? Y... ¿Por qué no me avisó que se iría con él? Mugroso, pude haberme ido con ellos hace rato en lugar de estar aquí, aplastado en el asiento duro del banco. Pero bueno, mínimo yo sí sé el chisme más fresco de la prepa y ellos no. Así que yo gané. Seguramente estarán en la cancha. Yo no sé qué maña tienen con irse a jugar antes de entrar a clases. Por eso los regañan, y también por eso me mandan a mía a buscarlos, lo que me hace perder clase... Okey, tal vez no me puedo quejar mucho. Y si, efectivamente ubico a Isra, Daniel y otros que en mi vida he visto, (O tal vez sí pero no les di importancia) jugando como mensos en la cancha, debajo del sol que, de estar yo allí, estuviera hecho agua en el suelo. ¿Cómo
35 pueden jugar con este calorón? O sea, ¿De verdad no sentirán que les cala el sol en la espalda? Por mi seguridad... Me voy a quedar en las bancas a esperar a que Isra se dé cuenta que estoy acá. Ni de pedo me meto a la cancha, capaz me dan un balonazo o yo qué sé. Con eso de mi suerte... Mejor prevenir que lamentar. Igual, no estoy atado acá verdad. Fue él el que me dejó, yo no debería haber venido a por él. Pero aquí ando... aunque ni siquiera sé por qué. Leo de cinco años estaría encantado de ver cómo estos se parten su madre corriendo y aventándose por el balón. Ahora creo que me da un poco de hueva. Si no fuera porque Isra está aquí, en mi vida hubiera venido a ver esto. Aunque igual solo lo vine a buscar, no a ver. Apoyo mis codos en mis rodillas y mi mentón en mis manos. Manteniendo la vista fija en el balón, pues ya qué más me queda. Después de que todos celebran como mensos por un gol gracias a Isra, (que eso si tengo que admitir. Isra es demasiado bueno en esto.) Finalmente el menso se percata de que estaba allí, y sale casi corriendo de la cancha en dirección a mí. Ay si... Ahora sí le importo, pero hace rato me dejó abandonado. —Me abandonaste. — le reprocho de broma, lo que hace que suelte una risa. —Ni me estabas pelando. — frunce el ceño, haciéndose el ofendido. —Es que el chisme estaba bien bueno, al rato te cuento. —Ya dijiste. — se deja caer a un lado mío. Lo mejor de todo esto, es que no se le ve nada cansado. Si, está medio acalorado, pero definitivamente yo no me vería así después de jugar, menos debajo de este solo insoportable. Yo estaría a dos pasos de estrellarme contra el suelo. —¿Por qué te ves tan fresco? Ya ni yo que no estoy haciendo nada. — levanta una ceja, riéndose ante mi pregunta mientras yo me abanico la cara. —¿Tal vez porque yo sí hago algo de ejercicio? — Ah, pues si verdad. Pendejo yo. Ruedo los ojos ante la respuesta tan obvia, consiguiendo que Isra se siga riendo. —¿Y eso que vienes para acá? — Llega Daniel, y me veo obligado a saludarlo chocando puños. A ver, no es como que me caiga super mal, pero hay ciertas cosas que prefiero mantener lejos de él, una de ellas: el contacto
36 físico. Y si, ya sé que chocar puños es el contacto físico MÁS insignificante de la historia... Pero aun así me incomoda. —Vine por Isra, pues alguien me lo robó. — Hago énfasis en el alguien, para ver si así utiliza su cerebro y se da cuenta que me refiero a él. Intercambia una mirada con Isra antes de volver a hablar. —Ora que te lo robé, él solito quiso venir. — Ah. Bueno. Bien. Perfecto. Increíble. Me volteo con Isra, indignado. O sea, no solo me abandonó. Sino que fue decisión propia. Nombre, qué gran amigo tengo, eh. —Traidor. — se lleva la mano al pecho mientras lo apunta con su mano libre. Si este niño no termina siendo actor... Nos vamos a perder a uno muy bueno. Mugre Isra dramático. Antes de que Daniel le conteste y esta discusión siga... Termino jalándolo de la muñeca para ya irnos. No voy a soportar escucharlos discutir, menos siendo las siete de la mañana. —Si, si, si... En el salón discuten. — escucho el sonido de indignación de Isra, pero simplemente lo digo llevando conmigo. Aparte, ya es costumbre para el que lo jale de la muñeca, así que no puede quejarse justo ahora. No cuando ya llevo toda mi vida haciéndolo. Trato de caminar lo más rápido posible, pues no tarda en sonar el timbre para indicarnos que entremos a nuestros respectivos salones. Lo peor es que Isra se detiene a saludar a alguien cada dos por tres, Dios... ¿Cómo conoce tanta gente? —Si me regañan por andar afuera es tú culpa. — lo acuso mientras lo sigo jalando para llegar lo más pronto posible al salón. —Tú decidiste venir por mí. — Ruedo los ojos. —Claro que no. — suelto con una risita. Ni yo me la creo. Estamos a nada de llegar, lo raro es que Isra no ha emitido ni un solo sonido desde hace cinco minutos. Hay de dos, o simplemente decidió ser callado... O algo pasó. Parece que se ha detenido, pues ya no puedo jalarlo para seguir caminando. Me giro por encima de mi hombro para ver qué rayos está haciendo o con quién se ha quedado, y termino por ubicarlo recargado en una pared. No lo pienso ni dos veces antes de correr ligeramente para llegar con él, tratando de ver mientras voy con el qué es lo que le ha pasado. Al llegar con él, estoy a nada de agacharme para ver qué le pasa, pues parece que el malestar es en su pierna, pero me detiene.
37 —¿Qué pasa? — frunzo las cejas, tratando de no lucir tan preocupado, aunque seguro que ya fallé en ello. —Creo que me lastimé la pierna jugando... Ahorita que venía caminando la sentía como tensa— hace una mueca mientras masajea suavemente su pantorrilla. Si, efectivamente venía de allí el dolor. —Se te va a caer la pierna. — suelto una leve risita, pero mantengo mi mirada alternada ente su pierna y su cara, viendo si hay señales de que el dolor ya no es tan feo. —Pendejo. — él también se ríe, aunque en su cara se nota que si le duele mucho todavía. —Ve a trabajo social a ver qué te dicen. — sugiero, pues es lo único que se me ocurre. —No, si aguanto. Solo... Ayúdame en lo que llegamos al salón. — lo miro fijamente. No puede estar hablado en serio. —Israel, soy el menos indicado en el que te puede apoyar para caminar. — el mugroso todavía se ríe. Ush. —No me importa. — Antes de que pueda tan siquiera seguir diciendo por qué no soy el más indicado... Ya siento su brazo sobre mis hombros. Ni modo, aunque sea de apoyo emocional lo ayudo. —Nada más no te me recargues tanto porque nos caemos los dos. — Para acabarla, a veces me tropiezo yo solito... Somos como si un ciego guiara a otro ciego. Me veo obligado a sujetarlo de la cintura para que no se me vaya a ir, y si llega a pasar... Nos vamos los dos. Siento que caminamos como cuando a dos niños los amarran de un pie y tienen que caminar juntos. Que, de hecho, sí que nos hicieron algo así de niños... Aún recuerdo lo mucho que sufrí porque Isra quería ir casi corriendo y yo estaba a nada de tropezarme cada que avanzaba. Yo creo que una vez caminé chueco y ya jamás se me volvió a quitar. ... No sé ni siquiera cómo es que llegamos al salón enteros y sin ningún rasguño, bueno... Al menos yo, pues Isra sí está un poquito madreado. Ni modo, ¿Quién lo manda a andar jugando? No me quiero ni imaginar la regañada de su mamá cuando se entere que su niño aún no aprende a comportarse. Fuerzas a la mamá de Isra.
38 —¿De cuándo acá ahora es Leo el que lleva a Isra? — No sé por qué no me sorprende que Gisselle sea la primera en señalar que lo estoy sujetando de la cintura y lo estoy llevando hasta su banco. —Se lastimó la pierna. — Trato de sonar sarcástico, pero termino con un tono algo irritado. Tal vez me molesta que hable sin saber. Una vez que he cumplido mi deber de dejar a Isra hasta su banco... El deber de representante me llama. Y... ¿Cómo le explico al profe que no tengo las faltas porque acabo de llegar al salón porque a Isra se le ocurrió lastimarse la pierna? Ya fue, le digo que no las tengo y ya. Problema suyo. Es deber de él tomar asistencia, ¿Yo qué voy a andar tomando asistencia? Muy apenas y vengo. Aunque le haya dicho con toda la pena del mundo que no tenía las faltas, como quiera me puso a tomar asistencia a mí. Desgraciado, como lo detesto a él y su materia. Ojalá y se lastime la pierna como Isra. Okey, no. Ya en serio, ojalá que lo de Isra solo sea algo de unos minutos, y que si pueda regresar por su cuenta a casa. No pienso llevarlo como lo hice hace rato hasta su casa, si de por sí mis papás sospechan de mí... No me quiero ni imaginar si me llegan a ver con Isra de esa forma tan... No tan de amigos. Y bueno, también que sacrifiqué la poca reputación que me quedaba en la prepa al llevarlo así hasta el salón... Pero mínimo la prepa tiene solución, puedo irme a otra o cosas así... Mi familia es prácticamente me corren y a ver qué me depara en el mundo. Okey, no. No creo que mis papás sean capaces de semejante aberración, o sea, probablemente si se vayan a lamentar o me vayan a cuestionar cuando se enteren... Pero, ¿Correrme de casa? No creo, aún tienen un poco de coherencia. Ojalá poder ser unos de los cinco que faltaron el día de hoy, me la estaría pasando bien a gusto acostado en mi cama sin hacer absolutamente nada y sin tener que llevar a Isra prácticamente cargado. La vida sería mucho más fácil para mi si no tuviera que levantarme tan temprano. Estoy seguro que el problema no es venir a la prepa, (bueno, tal vez si un poco) sino el hecho de levantarme a las CINCO de la mañana y todavía tener que esperar a Isra para irnos caminando juntos todos los días. Si, definitivamente la rutina ya me tiene harto. Un papelito vuela por encima de mi hombro derecho, y solo me basta para ver que vino del lado derecho para saber quién lo ha escrito. Me preparo mentalmente para la letra menos legible que pueda yo presenciar.
39 "Ya se me pasó el dolor :) Aun así tengo miedo de que si se me vaya a caer la pierna. Imagínate que sí, nononono Si se me cae, me ayudarías o me dejarías tirado?" No puede ser que lo diga en serio, si ya sabe que la respuesta sería dejarlo tirado, obviamente. Nah, mentira. Me sorprende que ahora sí le haya entendido a su letra, siempre es un batallar con él y su letra. Supongo que por fin tomó mi consejo de ponerse a hacer ejercicios para mejorarla. "Te dejaría tirado. Ntc, pues obviamente te ayudo menso, luego de quién me voy a burlar por no tener pierna? Vas a estar muy lejos como para hacerlo, y ni como puedas caminar" Dejo de escribir, me está ganando la risa. Es que, la sola idea de ver a Isra tirado sin pierna me da una risa que no puedo tan siquiera describir. Siento otro papel más chiquito golpearme la cabeza, viniendo de la misma dirección de hacer rato. Ush, ni aguanta nada. Vuelvo a doblar el papel y se lo lanzo, agachando la cabeza y cubriéndome la boca con las manos, tratando de no hacer tanto ruido, pero la maldita imagen de Isra tirado me sigue apareciendo en la mente, haciendo que me ría aún más. Rezo porque el profe esté demasiado ocupado haciendo lo que sea que está haciendo como para que no me escuche, luego me cambian de lugar y me veo obligado a callarme. Viejo malvibroso. Pasan minutos y el papel ya no vuelve a mí, por lo que supongo que, hasta allí la conversación, y que cuando Isra se levante, (si es que puede) me va a matar por hacerle burla. Ni modo, él solito se lo buscó lastimándose. ... Faltan menos de dos cuadras para llegar a casa de Isra, y al maldito se le ocurre detenerse. Lo veo por encima de mi hombro, seguro que ha visto algo, ha pasado una hoja seca o yo qué sé, aunque dudo lo de la hoja seca, estamos en junio. Le ubico apoyando en una pared, otra vez. ¿Neta Isra? Faltan dos cuadras, más aparte está el calor horrible. ¿No te podías esperar a llegar a tu casa? De igual forma me acerco a él acelerando mi paso. —Otra vez me duele— se queja, pasando sus manos por su cabello para acomodarlo. —¿Mucho? — Esta vez sí me deja agacharme a revisar, terminando por poner su pie en mi rodilla para yo poder ver si se ve hinchada la pierna o algo por el estilo. No me importa que mi pantalón termine sucio por el tenis de Isra, luego lo lavaré. —Pues otra vez no puedo caminar, ¿Eso es mucho? — me mira desde arriba, haciendo una mueca cuando presiono ligeramente una parte en específico.
40 —Vamos a mi casa mejor, ya veremos qué nos dice mi mamá— Por eso amo que vivamos así de cerca. Funciona tanto para salidas como para este tipo de cosas. Y considerando que mi casa está mucho más cerca, lo mejor es ir allí para no hacerlo caminar más. Le hago señas para que camine una vez que me levanto y sacudo un poco mi pantalón. Me mira como si estuviera estúpido. Ay, cierto que no puede caminar, upsi. —Ush, ya voy. — ruedo los ojos, caminando otra vez hacia él, pues ya me había alejado un poco. La sonrisa en su rostro crece cuando lo dejo volver a pasar su brazo sobre mis hombros para que se apoye. Aquí es más probable caernos, las banquetas no son las más derechas posibles. Pero, ¿Qué más da? En vez de un idiota lesionado... Ahora seremos dos idiotas lesionados. Una caída más no me hace daño, ya hasta se me hace extraño que llevo rato sin caerme. Vuelvo a sujetarlo de la cintura. ¿Así se sentirá la gente que tiene pareja? O sea, no porque yo creo que Isra y yo... No. Jamás. Obviamente nunca. Pero, ¿Con esta naturalidad caminarán? He visto a miles de parejas caminar así en la calle, y sigo sin entender cómo no les importa nada más que la persona con la que están caminando. Isra se la pasa mirando al suelo mientras avanzamos, seguro que está demasiado preocupado en que, si se cae, puede lastimarse más. Y la verdad, es que yo también tengo miedo de que se caiga, solo imaginarme que le pase algo más que una simple lesión me altera. ... —¿Otra vez vienes tú? — Qué gran recepción, eh. Cada día nos recibe con más entusiasmo. Se nota que adora que Isra se la viva en mi casa. —Ay señora, es que deje le cuen-...— Deja la mochila sobre el suelo. Yo hago lo mismo. —No, no te digo a ti. Le digo a Leo. — No puede ser que hasta mi mamá prefiera más a Isra que a mí. ¿En serio, mamá? Trata de procesar antes de finalmente reírse. —No le veo lo gracioso. — reprocho, viendo como los dos se burlan de mí. Hasta en mi propia casa me hacen burla. Increíble, qué gran familia y mejor amigo tengo, eh. Si no fuera porque estás lastimado, Isra, sino, ya te hubiera pateado. Maldito. —Aburrido. — Mira, lo esperaba de todos menos de ti, mamá. —No te creas, Leito, sabes que te quiero. — se acerca a dejarme un beso en la
41 mejilla, en el cual me obligo a sonreír. Ni crea que se me va a olvidar que haya insinuado que quiere más a Isra que a mí. —Bueno... ¿Me van a contra por qué venían caminando como si acabaran de aprender ayer a hacerlo? — Nos miramos mutuamente. Hay de dos, nos regaña y le habla a la mamá de Isra o se preocupa y le ha la a la mamá de Isra. —Es que yo andaba jugando fut, y andaba bien, lo juro...— hasta acá de nota que él también le tiene miedo a mi mamá. Trato de reírme en bajito de él. — Pero una vez que deje de jugar, me empezó a doler mucho la pierna. Así que Leo me ayudó a llegar hasta el salón, porque de verdad que no podía caminar. — Alterna la vista entre los dos, como si estuviera buscando mi confirmación. Afirmo con un movimiento de cabeza. —Bueno, ya después se me pasó. Pero ahorita que ya veníamos cerca... Me volvió a dar el dolor más fuerte. Y otra vez me ayudó Leo a llegar acá porque quedaba más cerca. — vuelvo a confirmar con el movimiento de cabeza cuando la mirada de mi mamá vuelve a mí. —Okey... ¿Dónde mero te duele? — Isra extiende su pierna a mi mamá y le señala volviendo a hacer una mueca cuando mi mamá lo sujeta. ¿Cómo puede sobrellevarlo tan bien? Estoy seguro que si yo me lesionaría y me tocaran donde me duele, estaría hecho un mar de lágrimas, bueno, en general cualquier rasguño me hace eso así que... No sería tan nuevo. Cuando menos recuerdo, estoy yendo a la tienda a por hielo para ponérselo a Isra en la pierna para que no se le caiga, porque, según mi mamá, sí estaba hinchada la pierna. No sé de dónde fue que sacó esas conclusiones, pues cuando yo lo revisé antes de llegar a casa, estaba extremadamente bien, bueno, también no es como que tenga la mejor vista del mundo, eh. Pero bueno, no soy mamá, no opino. Al final ellas siempre ven cosas que nosotros no. —Nada más vas a poner hielo aquí— Me señala la toalla que me trajo. Tomo sus órdenes y echo unos cuatro hielos allí, y sigo las otras indicaciones que me dice; envolverlo y ya ponérselo en la pierna al menso este. —O sea, ¿Me tengo que quedar así? — No puede ser que me tengo que sentar en el suelo por quién sabe cuántas horas nada más para que a Isra no se le caiga la pierna. Todo lo que uno hace por la amistad. No llevo ni cinco minutos sentados y ya me está doliendo la cola. No puede ser, ¿Qué será de mí de aquí a que el hielo se derrita? Me quedaré más plano de lo que ya estoy. Ni modo. —Antes de que te empieces a quejar... Yo haría lo mismo que tú estás haciendo ahorita por mí. — Me arranca una sonrisa, aunque me quiera hacer
42 el que no le creo. Obviamente sé que el haría esto y otras mil cosas más por mí. Y la verdad, yo no pensaba quejarme.
43 ¿A dónde corro? Capítulo 6 Del uno al diez, ¿Qué tan preocupante es que no haya señal de vida de Isra? Ya van a dar las siete y no ha llegado. A ver, entiendo que ayer se haya sentido mal y que probablemente le siga doliendo la pierna, pero ¿Tanto como para faltar? Para mí que le dio flojera y encontró una excusa en su pierna para faltar. —¿Crees que si llegue? — me volteo a preguntarle a la persona que me hará sobrevivir en este día, o sea, Gisselle. —Siempre llega a la par tuya, yo creo que no. — Ruedo los ojos. Ugh. Día de mierda va a ser. Como el dramático que soy, me recuesto en el banco, quejándome en voz baja. ¿Qué voy a hacer sin Isra todo el día? Que desgraciado. Ya ni yo el mes pasado que vine pareciendo zombi con tal de no dejarlo solo, ¿Y así me paga? No, no, no, qué decepción. Ahora sí, hoy que ningún profe me ponga a hacer su trabajo más simple porque juro que... —Leonardo, ¿Puedes venir? — Ay ya nada. Tendré que aceptar mi miserable vida. No hay de otra. Me levanto de mi silla muy a mi pesar, pero mostrando la mejor cara posible. Está bien que el hecho de que Isra haya faltado me tenga de malas, pero no puedo andar de malas con los profes. Nadie quita que en una de esas me madrean y me manden a orientación por hacer mala cara. Me aguanto las ganas de rodar los ojos cuando me manda a dirección a sacar quién sabe cuántas copias de varias hojas. La verdad es que ni atención le presté. Ya estoy automatizado a decir que sí a todo lo que me piden los profes, así que ya ni qué hacerle. Lo único bueno de venir a dirección es que aquí si hay climas, bueno en los salones también hay climas verdad, pero no funcionan. Lo malo, es que las chismosas de las secretarias se me quedan viendo por el arete que tengo. Ush, si ya sé que hasta allá se me nota lo joto, que les valga. Ya ni mi mamá que me lo hizo me cuestionó tanto como estas señoras con la mirada. La única amable aquí es la que saca las copias. Con ella se chismosea bien a gusto.
44 Después de que me dan las copias me toca caminar de regreso al salón y allí es donde me acuerdo porqué es que odio venir a dirección. Tengo que cruzar media prepa para llegar otra vez al salón. Estoy seguro que si le pongo en el Google maps cómo llegar de aquí al salón me pone diez minutos y hasta me cuenta si hay tráfico o no. ¿A quién se le ocurre hacerla tan alejado de todo? Lo ideal sería hacerlo en punto medio. Apresuro el paso cuando escucho voces no tan amigables a pocos pasos de mí, trato de hacerme el que no escucho cuando estoy casi corriendo y ellos han empezado a llamarme por mi nombre y cosas que no me gustaría repetir al ver que me estoy pasando por la cola el hecho de que me estén hablando. No pienso voltear. —¿Ahora no vino tu noviecito? Siempre vienes con él, qué lástima. — Sigo sin voltear. Siento el corazón en la garganta a estos puntos de mi miserable vida. Acelero aún más el paso, rezando con ser lo suficientemente rápido como para lograr escaparme de ellos. ¿No me pueden ver tranquilo y solo al mismo tiempo o qué? Siento que el corazón se me para cuando siento una mano sobre mi hombro, jalándome bruscamente hacia atrás. No sé ni cómo es que sigo de pie. —No les estoy haciendo nada. Suéltame. — Sueno más asustado de lo que me gustaría. Y lo notan, claro que lo van a notar. Eso es lo que quieren, y es una lástima que yo se los esté cumpliendo. Darles la cara no es lo más inteligente que puedo hacer. —Tienes razón. Pero eso no implica que no sea divertido verte como perro asustado. — Trato de no ver la horrible sonrisa que se le forma al escupirme eso directo en la cara. Y también de ignorar las risas de los demás. Aunque se sabe que no soy el mejor cubriendo las cosas que me calan, y lamentablemente voy sintiendo los ojos más húmedos de lo normal. —Aww, ¿Ya vas a llorar? — Otro diferente al que me jaló me toma de la barbilla, obligándome a levantar esta misma para verlo. Que asco. —Ya wey, no vaya a ser que se enamore de ti por agarrarlo así. Ya sabes cómo son. — Paso saliva, haciendo un movimiento brusco para zafarme de su agarre. Siento todo el cuerpo caliente, al igual que la cara. Mi respiración está más acelerada que antes. "Ya sabes cómo son" ¿Cómo son quienes cabrón? Suspiro un poco pesado antes de darme media vuelta y seguir mi camino. Al parecer ya no estaba tan lejos de mi edificio. Se han quedado atrás, pero eso no quita que no siga escuchando las chingaderas que dicen al referirse a mí.
45 Tengo la vista borrosa, así que rezo con que el salón al que he entrado sea el mío. Muy apenas y me sale la voz al pedir permiso para entrar. Le doy las hojas al profe y voy directo a mi asiento. Seguro todo el color que se me vino al cuerpo del enojo ya se me ha ido, el problema es que ahora debo de verme más pálido. Juego con los hilos de mi pulsera, mirando todo el rato hacia abajo. Y cuando creo que ya me he calmado porque mi respiración está más tranquila... Siento mis mejillas húmedas. Ah, con razón ya estaba bien a gusto. Me tallo el rostro más fuerte de lo normal al limpiarme el rastro de lágrimas. Que pinche coraje. Me levanto bruscamente para ir a pedirle al profe que si me deja salir del salón. Y después de que me juzga con la mirada, porque no creo que no se note que lloré, me da permiso. Y de todo corazón, le agradezco que no haya preguntado, de haberlo hecho, estaría llorando otra vez. No sé qué tan buena idea es salir a tomar el aire con la posibilidad de que me los vuelva a cruzar. Después de menos de unos cinco minutos caminando, escucho mi nombre. Afortunadamente reconozco la voz y me volteo de inmediato. Dándome con Gisselle que viene corriendo hacia mí. —¿Qué haces acá? —Le dije al profe que iba al baño —Te van a regañar ahorita que te vean —No me importa. Lo que me importa es saber ¿Por qué llegaste pálido al salón después de las copias? —No pensé que me viera tanto así— me paso la mano por el cabello, evitando verla. No me va a dejar hasta que le diga. —Pues si te viste muy mal. ¿Qué pasó? — adelanta unos pasos para por fin estar a la par mía. —Nada. —Leo. —Te juro que nada. — Me desespera que no pueda no decirle nada. Una vez que no sepa algo no es el fin del mundo. Dios. —Todo lo que juras no es cierto. —Mentirosa, hay cosas que sí.
46 —La mayoría no. — Suspiro, algo molesto. No es que no quiera que esté aquí, o sea, aprecio el gesto de que haya venido conmigo. Pero yo no pedí que viniera. —No te quiero decir. — le suelto con un tono más seco del de siempre. —¿Por? — Insiste. Yo dejo de caminar. —Al rato te digo. Ahorita no quiero hablar de eso. — Me pongo enfrente suyo, para ya no dejarla caminar más. Odio lo rápido que puede cambiar mi tono de voz cuando estoy mal. Parpadea, algo confusa. Jamás le había hablado así. —Bueno. — Me responde de la misma manera que yo a ella. Se da media vuelta y se dispone a irse. Yo no intento detenerla. ¿Para qué? Puedo con esto solo, no necesito su ayuda. Claro que no. No sé para dónde se supone que iba a ir, pero definitivamente no me voy a regresar. ¿Podré pedir salida? Tal vez si lloro en sus caras sí. El victimismo siempre es bueno en estos casos. Bueno, aunque me van a preguntar la razón de porqué estoy así de mal. No les quiero decir. No quiero causar más problemas. Si ya de por si me va mal, imagínate si es que llego a abrir la boca. No, mejor así me quedo. Igual, no me molestan tanto ni tan seguido, puedo lidiar con eso. ... Vuelvo a recostarme en el banco, aprovechando que estoy casi hasta atrás para ver si me puedo dormir lo que resta del día. Pero, lamentablemente no lo consigo. Solo logro sentir la cabeza como pesada, un dolor bastante intenso. Solo espero que cuando me levante de mi banco no me desmaye, pues todo el revoltijo de cosas que siento me da a entender que voy por ese camino. Ojalá y no, porque ahora no hay quién me cargue y llore porque no despierto. Ay ya, debo de dejar de decirle cosas por eso, la verdad, yo me hubiera preocupado igual que él si la situación hubiera sido al revés. Otra vez, la suerte no está de mi lado, pues me hablan ahora para que salga de mi salón y vaya a quién sabe dónde a dar mi testimonio sobre un suceso que yo ni enterado de que había pasado. ¿Creen que por ser repre soy un chismoso y todo sé? Bueno, o sea, sí, pero juro que esta vez no estoy enterado de qué pasó. Al levantarme, se me nubla un poco la vista, pero no le hago caso. Hoy sí desayuné y no me cortaron, no creo que me desmaye. O tal vez solo estoy siendo demasiado optimista justo para no desmayarme.
47 —¿Ahora qué pasó? — Digo entre dientes, no muy contento de ir a hacer mi labor. Voy caminando detrás de la chica que mandaron a que me hablara. No recuerdo haberla visto antes, pero bueno, tarde o temprano tengo que conocer gente. Lamentablemente. —Según hubo una pelea ayer, ya en la salida — me explica, volteando sobre su hombro para verme. —¿Y yo qué voy a saber de eso? Apenas y suena el timbre yo ya estoy en mi casa, no mames. —Pues igual te mandaron a hablar. — Se ríe un poco. —Pues ya que. — me contagia un poco su humor. —A todo esto, ¿Cómo te llamas? No te había visto. —Leo, bueno, Leonardo. Pero es muy largo, mejor Leo. ¿Tú? Tampoco te había visto —Samantha. Bueno, igual que tú, dime Sam. Es más fácil. — Acelero un poco mi paso para caminar a la par, no pienso ir hablando a sus espaldas. Literalmente. —No tengo mucho que llegué acá, tal vez por eso no me habías visto. —¿y otra prepa más jodida no encontraste? — Bromeo. A ver, ya sé que no está tan jodida, pero obviamente hay mejores. Logro hacerla reír, y también que me voltee a ver otra vez. —Es la que me quedaba más cerca, aparte, las otras ya no tenían cupo. —Bueno eso sí, yo también me metí porque me quedaba cerca, y porque el estúpido de mi mejor amigo se aferró a que estuviéramos en la misma. — Aprovecho que se ha encontrado con una amiga en el pasillo para verla mejor; tiene lentes, el cabello un poco más debajo de los hombros y con rayitas azules. Y es mucho más bajita que yo. Si creía que Gisselle, que me llega al mentón estaba chiquita, ella que me llega debajo el hombro... bueno, ya me di cuenta que Gisselle no estaba tanto al parecer. No capté mucho de la conversación con su amiga por lo mismo de andar de chismoso, pero cuando veo que comienza a caminar, la vuelvo a seguir. —A todo esto, ¿De dónde eres? Es que el acento...— A ver, no quiero sonar tan chismoso, pero son cosas básicas que hay que saber. Mala suerte la suya por toparse con alguien tan chismoso como yo. —Sonora — Ah ya, claro. —Con razón — pienso en voz alta.
48 —Ay, ¿Sí se nota mucho? — se detiene para verme, algo apenada tal vez. —Un poco, pero está bien, digo, no es raro. No te preocupes. — Hablo rápido, tratando de hacerle entender que no está mal. —¿Tú sí eres de aquí verdad? —Toda la vida. — asiento con la cabeza, aunque no me esté viendo. —Sabía. Tienen un acento bien marcado todos. — se ríe un poco, yo le sigo la risa. Siempre dicen eso, y aunque ella también sea del norte, la verdad es que me sorprende que su acento no se note tanto como alguien pensaría. Ya ninguno habla en lo que sigue de la caminata, pues ya hemos llegado a orientación para ver para qué es que les super urge tenerme allí. Pero no me quejo, chisme gratis y nadie me puede juzgar porque ellos mismos me trajeron hasta acá. ... —Se equivocaron de Leo. — me río apenas salgo de la sala de orientación, topándome con que Sam aún sigue ahí. —¿Cómo? — alza la ceja, acomodándose los lentes con el dorso de la mano —Sí, le hablaron al primer Leo del que se acordaron, pero el Leo que buscan no soy yo. —Ya. Bueno, ¿tienes algo que hacer? — Me mira con más detenimiento, aún recargada en la pared. —Estaba en clases. — digo con obviedad, encogido de hombros. —¿Y quieres entrar? — alza la ceja otra vez, con apenas una sonrisa formándose en sus labios. —Obviamente no. —Bueno, vamos a darnos la vuelta un rato. — se ríe en bajito. —¿A ti ya no te ocupan? —Lo dudo. — Parece que le importa muy poco, y la verdad, a mí también. —Bueno. — apenas y acepto se echa a caminar para salir de orientación. Bien, al final me salí con la mía. Voy a perder clases. ... Tras un rato de estar caminando, quejándonos un poco de la vida y de la prepa. Descubro que se mudó porque su papá le salió trabajo acá y que mejor se mudaron para no tener que dejarla sola tanto tiempo. Aunque me dio
49 cosita preguntarle sobre su mamá, aparte, es de ley que, si una persona no toca un tema, tú tampoco. —Le gustaste a mi amiga con la que me paré a hablar hace rato. — me suelta de la nada, riéndose un poco muy alto. —¡¿QUÉ?!, ¡¿PERDÓN?! — Se echa a reír al verme tan exaltado. Yo hasta me siento rojo. —Sí, por eso nos estábamos riendo. Pero tú ni en cuenta. — dice entre risas. —Me disocié, por eso ni las escuché. — me sigo riendo, tanto que tengo que cubrirme la boca para tratar de calmarme. —De todo lo que pudiste decirme, ¿Me sales con esto? — —Es que apenas ahorita me acordé. — Se justifica, agarrándose de la baranda al ya ni poderse sostener de la risa. Lo peor es que verla reír no ayuda a que yo me calme. Tiene una risa demasiado contagiosa. Bueno, el problema ahora no es ese, el problema es ¿Cómo le digo que soy gay y que lo siento mucho por su amiga, pero no hay forma de que algo suceda? —Qué rápido te pusiste rojo, eh. — Alza la ceja, seguro insinuando cosas. Ay no, ya a la chingada, es ahora o nunca. —No, o sea, no es por eso. O sea, sí es por eso, pero no como tu piensas... Ugh, ya así déjalo. — —¡¿Cómo que así lo deje?! — cesa un poco su risa. —Es que... ¿Cómo te explico? — me cubro el rostro con ambas manos, sin saber si reír o llorar. —¿Explicarme qué? — Dios, soy yo de nuevo. —Ay Sam, ya no le doy tantas vueltas. Soy gay. Ya, así de simple. — Me descubro el rostro, sin saber si reírme o no. Al ver la reacción de Sam, me doy cuenta que está en la misma situación que yo. Pero al escuchar el primer sonido de risa que se me escapa, se relaja al instante, riéndose. Aunque aún medio confundida. —¿Y por qué no me dijiste de un inicio? — Al parecer la confusión es más de por qué no le dije que porque le haya sorprendido. —No lo creí necesario— digo acomodándome el cabello, medio apenado. —Ay no hay pedo, yo le digo y ya. — Vuelve al tema de su amiga, echándose a reír otra vez. Yo le sigo el juego, aunque siento algo caliente le rostro.
50 Dios, soy yo de nuevo. Capítulo 7 Aprovecho en el camino a casa de Isra para mandarle un mensaje a mi mamá y avisarle que voy a estar en casa de Isra, porque la última vez que no le avisé dónde estaba por poco y llama a la policía a que me fuera a buscar. Ya sé de dónde saqué lo exagerado. No le aviso a Isra que voy a su casa. Como quiera nunca ve los mensajes. Aparte, ¿Para qué? Ya todos allí me conocen, es más, me quieren más que a él yo creo. Obviamente voy a verlo solo para ver que no se le haya caído la pierna o algo por el estilo. No porque lo quiera ver. Obvio no. Prefiero que me atropellen antes que venir a verlo porque sí. Toco la puerta, y en espera de que me abran, siento algo restregándose por mis pies. Se me olvida que la vecina de Isra tiene gatos. A ver, sí me gustan los gatos. Pero a veces me dan miedo, no sé, tal vez porque son muy... ¿Aventados? Ni idea. Algo hay en ellos que no me terminan de dar confianza. Pero igual este gato sí me quiere, por lo que me agacho a acariciarlo. Mi mamá probablemente me regañaría si me viera agarrando un gato "de la calle" pero no es de la calle, es de la casa de al lado. Eso es muy diferente. —¿Vienes con Isra? — Apenas abre la puerta, cruza esta misma, corriendo hasta donde estoy para abrazarme. Sí se lo correspondo, pero no por tanto tiempo. Puede que ya no sea tan pequeño, pero aún no tengo el corazón para decirle que no me gusta el contacto físico y negarle un abrazo. —Pues ni modo que contigo, ¿Tu hermano dónde está? —Arriba, creo. —Bueno, al rato te veo. Dicho eso, subo las escaleras, topándome a la mamá de Isra en el proceso. Una vez llego a la puerta del cuarto de Isra, por mucho que me gustaría pasar así nada más, toco la puerta. —¡Voy! — Lo escucho del otro lado de la puerta, seguido de un golpe que, si mal no estoy, fue contra la cama. Al escucharlo maldecir por dicho golpe, no puedo evitar reírme.
51 —¿Qué haces acá?, ¿Por qué vienes con todo y mochila? — Tiene el cabello revuelto. Una de dos, estaba dormido o estaba demasiado metido en lo que sea que estaba haciendo como para verse así de desconectado. —Primero respóndeme tú, ¿Por qué faltaste? —Me dolía la pierna. — Como sí no lo conociera Isra. Obviamente no le duele la pierna, pero se sabía que iba a sacar eso de excusa. —Yo te veo muy bien parado. — lo miro de arriba abajo, tratando de no reírme de su gran mentira. —Estoy apoyado en la puerta. — Ahora sí ya no me aguanto la risa, pues hasta él aprieta los labios para no reírse. —Isra. — me cruzo de brazos, ya riéndome. —¿Qué? Te estoy diciendo bien. — A él también se le escapa la risa. No me va a decir, ya me resigné a que no lo hará, ya que. Lo bueno es que, al parecer, si tiene las dos piernas. —¿Y tú? No me has respondido. — Se cruza de brazos, sonriéndome. —¿Qué cosa? — Me hago pendejo, volteando a otro lado con tal de no verlo. Si él no me respondió con la verdad, yo no tengo por qué hacerlo. Ni modo. —¿Por qué viniste? No le respondo. En su lugar, paso directamente a su cuarto, con tal de que no me insista. Pero parece que Isra tiene otros planes. Escucho la puerta cerrarse, y con eso pienso que ya me he librado. Hasta que siento que me jala de la muñeca. Es cuestión de segundos cuando quedo contra la puerta, con el parado enfrente mía. —¿Por qué viniste? — vuelve a insistir, con una sonrisa un poco burlona, aun cruzado de brazos. Paso saliva, sintiendo el rostro algo caliente. Me paso la mano por el cabello, y aunque intento sostenerle la mirada, no lo logro. Ugh, ¿Por qué me he puesto así? No me va a soltar hasta que le responda, pero ¿Qué se supone que le responda? Ugh, desgraciado. Ni una sola vez me puedo escapar de él. —Leo... — Me llama. Volteo a todos lados menos con él. Soy débil al ver a la gente a los ojos, ¿Okey? No es que Isra tenga la mirada pesada y por eso no quiera verlo a los ojos. No, claro que no. Así soy con todos. —Leonardo. — Me toma del mentón solo unos segundos para hacerme voltear con él y verlo. Siento algo raro en el estómago gracias a eso. Asco tal vez. Nah, mentira. Quién sabe.
52 —Mande. — De mala gana le respondo, solo por el hecho de que me obligó a voltear a verlo. —¿Me vas a decir? — Sonríe, claramente porque ya vio como estoy. —No. —Bien. Se quita de enfrente mío. Volviendo a dónde estaba, que al parecer era su escritorio. Yo me quedo quieto, todavía en la puerta, viéndolo de espaldas hacia mí. Se gira unos segundos después, solo para fruncir el ceño al verme aún allí. —Ya deja de estar ahí. Y antes de que yo pueda tan siquiera reaccionar, se levanta de la silla y camina hasta mí. Solo para tomarme de la muñeca y jalarme hasta su cama, sentándome en la orilla de esta con ambas manos en mis hombros. —Yo me podía sentar solo, ¿Si sabes? — Ahora sí lo miro a los ojos, ladeando un poco la cabeza. Dejo mi mochila al lado de la cama, en el suelo. —Pues no parece. — Se burla, dándose media vuelta y volviendo al escritorio Ruedo los ojos, y una vez que ya se ha dado la vuelta, me permito sonreír un poco, esperando que no voltee otra vez, luego se le sube el ego al verme sonreír por lo que él hizo. Pronto me canso de que no me esté pelando, así que me levanto y ahora soy yo el que camina hasta él para saber qué está haciendo. Solo por curiosidad obvio. Parece que él nota mi presencia, pues apenas me acerco lo suficiente, cierra la libreta y se voltea hacia donde yo estoy. Por pura inercia me alejo, pues si no lo hubiera hecho... Bueno, hubiera mucha cercanía para mí gusto. —¿Por qué no puedo ver? —Trato de quitarle la mano que tiene encima de la libreta para ver lo que hacía, pero obviamente él no se deja, terminando por recostarse en el escritorio. Sobre la libreta. Lo peor es que escucho su risa. Desgraciado. —¡Isra! — me quejo, zarandeándolo. Pero solo consigo que se ría más fuerte y se aferre aún más a la libreta. Me resigno a simplemente verlo proteger la libreta como si de eso dependiera su vida. En algún momento se tiene que levantar, ¿No?
53 —Es más probable que se caiga la silla antes que yo suelte la libreta. — Dice entre risas. —Pero, ¿Por qué no puedo ver? —Porque no. —Ush, me odias. Apenas se levanta un poco, lo suficiente para que pase mi mano... No me la pienso dos veces y tomo la libreta. Corriendo con esta misma pegada al pecho. La adrenalina se hace más fuerte cuando siento a Isra casi pasándome los talones mientras corremos por toda su habitación. Ya me estoy quedando sin aire, pero me niego a dársela. Me comienzo a reír de los nervios. Dios, soy yo de nuevo. Termino por tirarme sobre la cama, esperando que Isra se apiade de mí. Pero eso no sucede. Lo último que veo es la silueta de Isra segundos antes de que se aviente sobre mí. El grito que escapa de mis labios sin duda es el más desgarrador y poco varonil que he dado en mi vida. —Israel, te juro que si no te quitas te voy a patear. — Está encima mío, de manera literal. Si se me rompe una costilla, es su culpa. —Dame la libreta y me quito. — se ríe aún más. Y cómo buen hermano menor que fue entrenado toda su vida... Lo agarro del cabello. El problema empieza cuando siento que él también me agarra del cabello. —Suéltame y te suelto. — decimos al unísono, y de inmediato soltamos la carcajada. Pero aun así no nos soltamos. —Leo. —Isra. —Leonardo. De verdad dame la libreta, no hagas esto más difícil. — Sigue sin soltarme y sin quitarse de encima, pero mínimo ya puso sus codos para sostenerse y no aplastarme tanto —Es que, ¡¿Por qué no puedo ver?!— me quejo, tratando de pasar por el hueco entre su brazo y el colchón, pero el rápidamente me obstruye el paso. Haciendo que no lo logre. —Más tarde te enseño, pero dame la libreta.
54 —¿Cómo chingados te voy a dar la libreta si estás encima mío? No me puedo mover. — Lo miro directo a los ojos. Allí es cuando caigo en cuenta que, efectivamente, está encima mío. Aparto la mirada de inmediato. —Ay si es cierto. Ya voy, ya voy. — todavía se ríe mientras se tira a un lado mío en el colchón. No tardo en darle la libreta, estampándola en su pecho, sin querer verlo. A lo que él responde con un quejido. Me quedo viendo el techo, ¿Qué chingados me pasa? Siento que el colchón vuelve a su forma cuando Isra se levanta a dejar la libreta a saber dónde. Me paso las manos por el rostro, tratando de ver sí de pura casualidad estoy en un tono normal y no al borde de temperatura. Lastimosamente descubro que estoy en la segunda opción. Bueno, una razón más para dar vueltas en la cama hasta que mi rostro queda hundido en el colchón. No tardo en escuchar la risa de Isra cerca mío, para después sentir el colchón hundirse otra vez a causa de Isra. —¿Sigues vivo? — me sacude el cabello, a lo que respondo con un manotazo al aire. Lástima que no le alcancé a dar. —No, estoy bien frío ya, ¿Qué no ves? — Después de decir eso, me hago el muerto, aflojando todo el cuerpo. Lo divertido dura poco cuando Isra aprovecha a que estoy más liviano para darme la vuelta. Por inercia me cubro el rostro, solo por si acaso. Obvio. —¿Qué traes? — Trata de quitarme las manos del rostro. Doy una vuelta más en el colchón, acabando en el piso. Pero prefiero eso a que me toque la cara. O que esté mínimamente cerca. Apenas toco el suelo, la risa burlona de Isra vuelve. No me despego las manos de la cara, incluso si ya no siento calor en ella. Y cuando por fin me digno a quitarme las manos de encima... Me topo a Isra parado al lado mío, viéndome desde arriba, cómo si me hubiera muerto. Todavía me molesta con la punta de su pie, dándome en la costilla seguido de otra risa. —A ti te encanta molestarme, ¿Verdad? — murmuro, aún tirado en el piso. —No. Yo solo trato de convivir, ya es pedo tuyo sí se te enojas. —Te odio. —Yo también te quiero, Leonardo. — me tiende una mano para levantarme. Tomo su mano y me impulso para levantarme. —Yo no dije eso. — frunzo el ceño, viéndolo solo unos segundos a los ojos, ya una vez de pie.
55 —Pero lo pensaste. — me guiña un ojo en broma, sonriéndome. Más hostigoso no puede ser. —Ush. — Ruedo los ojos, volviendo a sentarme en el borde de la cama y a cubrirme el rostro con las manos. Mátenme. Termino por dejarme caer en el colchón y quitarme las manos. Rezando con que mi rostro no haya decidido hacer nada extraño como cambiar de color y así. —Entonces... ¿Quieres hacer algo? —No sé... ¿Qué hora es? —Como la una o dos. —¿Crees que ya debería ir a mi casa? — entrelazo mis manos sobre mi estómago. —No, es muy temprano. — se tira al lado mío. Ambos miramos hacia el techo.
56 No sé. Capítulo 8 Estoy recostado en la mesa del banco y creo que es la primera vez en la que voy a rezar para que Isra no venga. Sí, ya sé que ayer me enojé porque me abandonó y hasta fui a su casa para molestarlo. Pero creo que algo de paz hoy no me vendría mal, estoy seguro que lo que sea que traía ayer fue producto de estar hasta la madre de todo. Además, apenas llegué a mi casa, caí dormido. Tal vez era solo eso. Sueño. Siento otra vez ese peculiar gesto de revolverme el cabello y me levanto de inmediato... Solo para toparme que la causante era Gisselle. —¿Y ahora?, ¿Por qué tan alterado? —No sé de qué hablas. — Me paso las manos por el rostro, algo frustrado. —Leo, te levantaste como si hubieras escuchado que balacearon. No me vengas con eso —Ajá. — Vuelvo a recostarme. —Llevas así desde ayer que no me quisiste decir porqué parecía que te ibas a desmayar. —Gisselle. —O sea, ¿Qué te pasa? — No me escucha. —Gisselle. —Y luego ya no entraste a clases y... — Me vuelvo a levantar para mirarla. —¡Gisselle, ya wey!, ya entendí que estoy de la mierda. Y respondiendo a tu pregunta... Ni yo sé qué chingados me pasa. Solo... Déjame en paz. Ya se me tiene que pasar. — Hago una pausa. Estoy sonando como un imbécil. —Y de una vez, perdóname por hablar así, pero últimamente no se ni cómo me llamo. — Suspiro, cubriéndome el rostro con las manos. Ver a Gisselle justo como ayer cuando, otra vez, le grité por estúpido... No me está ayudando. Ya me quiero ir. —A ver... Está bien, Leo. Perdóname por estar de insistente, pero... Lo que sea que traigas, no quiero que te lo guardes. Porque tanto tú como yo sabemos que luego pasan cosas como estas y ya no vas a saber cómo
57 retractarte. ¿Estamos? — No me aparta la mirada. Y es lo que más me hace querer desaparecer. —Creo. — titubeo. Me siento como cuando me regañaban de pequeño y no quería aceptar que estaba mal lo que sea que hubiera hecho. Me dejo caer en la mesa. Bueno, ya falta poco para salir de vacaciones, tal vez eso también me tiene así de desesperado. Escucho que llega el profe de la materia que nos toca a primera hora, y para mi mala suerte... Es ciencias. Me pican la cabeza, y esta vez no me levanto, seguro es Gisselle otra vez. —¿Leo...? — Reconocería esa voz donde fuera. Suelto un suspiro a la vez que me levanto. Demasiado rápido como para que me maree. Odio que me pase eso. Se le hizo tarde, no tengo dudas. Siempre trae el cabello bastante más aplacado. Hoy lo trae como si muy apenas se alcanzó a echar agua. Aparte, su voz me sonó medio baja. Típica de cuando aún anda asimilando que está despierto. —¿Se te hizo tarde? — me burlo, apoyando mi mentón en mi mano. —Si... — Bosteza. —No me podía dormir ayer. — hace una mueca, sentándose en el banco vacío al lado mío. —¿Por? — ladeo la cabeza, sin quitarle la mirada de encima. —No sé... Me sentía como inquieto. — Se acomoda el cabello, haciendo una mueca al decir lo último, casi como si pudiera sentirlo nada más de recordarlo. —Pero luego ya ni supe con qué se me quitó. — sonríe a la vez que abre su mochila, rebuscando en ella. —Ayer lo encontré tirado. Yo creo que se te cayó cuando andábamos peleando. — saca de una bolsa chiquita mi arete. De inmediato me toco la oreja donde se supone que debería estar y, efectivamente, no está. —Ni me había dado cuenta. Gracias. — no tardo mucho en agarrarlo y ponérmelo Estaba tan metido en todo lo de ayer que ni cuenta me di de mi arete. Me quedo viéndolo un poco cuando se vuelve a acomodar el cabello, pero lo hace hacia abajo, tapándose las cejas. ¿Ahora qué se hizo? —A ver, quítate el cabello de las cejas. — hasta cree que no me iba a dar cuenta. —¿Para? — se sobre salta un poco al escucharme, con una sonrisa apenas formándose en sus labios.
58 —Tu hazme caso. — No se la piensa dos veces. Al quitarse el cabello, noto que trae una raya en la ceja. Raya que ayer no traía. Más pendejo no puede estar. No en aguanto y termino riéndome, —¿Qué? — dice a la defensiva, también riéndose. —Así no estaba tu ceja ayer. — levanto la ceja, aunque claramente ya sé por dónde va esto. —Se me fue la mano dándole forma y me la moché de más. — Por fin confiesa, riéndose de su tragedia. —¿Sí se ve muy mal? — Pregunta, ya más preocupado. —...No, se te ve bien. — es lo único que digo. Nada más para que no se sienta mal. Claro. Aun así, vuelve a cubrirse con el cabello. —Así déjalo, se ve bien. Lo juro. — Insisto, medio burlón. Me da una sonrisa antes de que vuelva a acomodarse el cabello para que se note la raya en su ceja. Al poco rato, nos dice el profe que hagamos parejas para hacer quién sabe qué actividad, pero inmediatamente nuestras miradas se juntan. Hemos estado juntos en las actividades en pareja desde que nos conocemos. O sea, desde cuarto de primaria. Pues por alguna razón, siempre nos tocó en los mismos grupos. Obviamente yo no voy a hacer ni madres, aquí el bueno es Isra. Ya después me lo va a pasar. De mientras yo le saco plática. Así es como siempre funciona. —¿Qué vamos a hacer en las vacaciones? Ya nada más es esta semana y adiós a la prepa. — murmura mientras anota algo que el profe pone en el pizarrón. Yo ni la libreta he sacado. —¿Vamos? — Alzo una ceja. —Pues sí, nos la pasamos como chicles. — se encoge de hombros, dándome una mirada rápida. —Pues... Va a cumplir años Luca, ¿No? Ahí ya hay un plan. — recuerdo. — Si mal no estoy... Es en los primeros de julio, ¿Verdad? —Si, el 17. Igual mi mamá no ha dicho nada de si le va a hacer algo. — sigue con la mirada fija en la libreta, escribiendo sabrá qué cosa. —Pero como quiera voy a ir a tu casa. —Si ya sé. — se ríe, levantando la vista al pizarrón otra vez. De mientras ya voy sacando la libreta.
59 —¿Cuántos va a cumplir? Ayer que lo vi se me hizo más alto. — rebusco en mi mochila, rezando con que sí haya traído la libreta. —Si, yo también lo noto. Ni idea, creo que 11. — me da una mirada rápida antes de volver a la libreta. —¿Qué?, ¿Tan rápido? ¿Qué no tenía 7? — ¿En qué momento creció tanto? No mames, se me fueron 5 años en un parpadeo. —Yo también sigo pensando eso. — suelta una risita. Bien, ya encontré la libreta... El problema es que no tengo pluma negra. Malditos ratas, ni una semana me duró. —Si es cierto lo de las señoras que dicen que crecen bien rápido. — me burlo. Prácticamente es cierto, pero me siento una total señora cada que lo digo. —Bueno, entonces... ¿El cumple de Luca es el primer plan? Pero van a pasar dos semanas desde el inicio de vacaciones. — ¿Qué necesidad tiene de que nos veamos todos los días? No nos vamos a morir si no nos vemos dos semanas, Isra. —Déjame descansar de ti esas dos semanas. — bromeo, apenas escribiendo la fecha. —Te dejo una. Pero vamos a hacer llamada mínimo dos veces en esa semana. — Ora, ¿Y qué soy tuyo o qué?, ¿Por qué tanta exigencia? —Ni que fuera qué, Isra. — ruedo los ojos, riéndome. —Ah bueno, entonces le voy a decir a Luca que no te invite a su cumple. — me chantajea. —Si no me invita él me invita tu mamá. — Ahora es él el que rueda los ojos, con una pequeña sonrisa. Ni modo, una vez que me conoció ya no se pudo zafar de mí. No hay devoluciones. —¿Entonces? — hace una mueca, pasándome la libreta para yo copiarme. La tomo, poniéndola en mi regazo para copiarme más fácil. —Isra, ¿Para qué quieres que nos veamos cada santo día? — volteo a verlo antes de comenzar a escribir. —Es que me aburro. —Ayer que fui a tu casa te veía bien a gusto sin mí. — le reclamo de broma. —Leo, tenía media hora de estar despierto ayer. Agradece que mínimo no me encontraste dormido. — se burla, apoyando su mentón en la palma de su mano.
60 —Si te hubiera encontrado dormido te hubiera despertado de todas formas. — le sigo el juego. —Que malo, yo jamás de haría eso. — Al parecer ahora quiere hacerse el sufrido. Qué lástima que no lo voy a dejar. —Mentiroso, una vez que llegaste y a mí se me olvidó que íbamos a salir, por lo que me quedé dormido, si me despertaste. Fuiste hasta mi cuarto a despertarme. — lo acuso, apuntándolo con un dedo. —Ay bueno, pero fue una vez. — rueda los ojos, riéndose. Ay si, cómo a él no le interrumpieron el mejor sueño de su vida. Mugroso. —Yo ni una vez te lo he hecho. Traidor. — otra vez lo acuso, apuntándolo con el dedo índice. —Dramático. — Se burla. —Traidor. — dejo de escribir solo para decírselo en la cara. Si, soy bien pinche resentido, ¿Y qué tiene? —Rencoroso. —Traidor. — —¿Ves? —Traidor. —Fue el año pasado, ya supéralo. No le respondo. Simplemente le saco el dedo de en medio. ... —¿Vendrás la próxima semana? — Se detiene un momento para esperarme, y cuando lo alcanzo, decide que es buena idea pasarme el brazo por encima de los hombros. Hoy no ando soportando mucho el contacto físico, ni siquiera viniendo de él, la verdad. Así que intento quitarme disimuladamente su brazo de encima. O sea, no es que de plano no esté soportando el contacto, si te lo puedo aguantar, pero... Ugh, ya mejor así lo dejo. —Ya ni vamos a hacer nada, ¿O sí? — murmuro, pasándome una mano por el cabello una vez que logro zafarme de él, aunque, aun así, me jala de la muñeca cuando vuelvo a atrasarme. Suspiro. Es imposible tratar de no tener contacto con él. No sé si termina por notar que no estoy muy contento con el hecho de que me esté jalando o algo así... Pero termina por soltarme después de unos pasos. —No lo sé, tu deberías de saber. Eres repre y así. — se ríe, jugando con la pulsera de plata que lleva en la mano.
61 —Ugh, al rato le pregunto a la prefecta. — ruedo los ojos, tratando de seguirle el paso. A ver, no es cómo que haya gran diferencia entre su paso y el mío, pero... Por alguna razón siempre camina como si lo estuvieran correteando. —Bien, cambiando el tema... ¿Salimos hoy? — me mira, algo entusiasmado. No sé qué planea, pero de igual forma, sé que no le voy a poder decir que no. Porque hay de dos; me insiste hasta convencerme, o... Realmente me nazca salir. De igual forma, siempre puedo fingir que me quedé dormido. Solo que tendré que rezar para que no venga hasta mi casa a despertarme. —¿Volvemos a lo mismo...? Isra, no es obligatorio vernos todos los días. — Me río, viendo a mi alrededor, topándome con Sam, y las que parecen ser sus amigas, un poco lejos de donde estoy. Lo bueno que está de espaldas a mí y no me puede ver. Aunque, es de reconocer que su cabello la distingue demasiado, tal vez por eso me fue tan fácil reconocerla estando tan lejos. Y hablando de Sam... Ni siquiera le conté a Isra lo que pasó justo ayer que me dejó solo en este infierno. Bueno, da igual, ya habrá tiempo para decirle. Aparte... De solo recordar lo sucedido, vuelvo a sentirme débil físicamente. Que se vayan mucho a la mierda los imbéciles esos. —Ya sé, pero... No lo sé, quiero salir. — suelta una risa nasal, buscando con la mirada el barandal más cercano para ir a apoyarse ahí. —Sal con Daniel. — Me encojo de hombros, apoyándome al lado de él. Pasa su brazo por el largo del barandal, haciendo que sus dedos me toquen ligeramente, así que termino por separarme un poco de este mismo. —No es lo mismo. — me ve como si acabara de decir la cosa más obvia y estúpida en toda mi vida, estoy seguro que hasta le ofende que le haya dicho eso. Suelto una risa nasal, alzando una ceja. —¿Por? — Arrastro un poco la palabra, cruzándome de brazos. El simplemente niega con la cabeza, cosa que hace cuando claramente no me va a responder y quiere dar el tema por terminado. Ugh, odio que haga eso. ¿Qué le cuesta contestarme? Seguro ve mi cara de indignación, pues aprieta los labios para intentar no reírse. ... —O sea, ¿Qué necesidad de vernos siempre? Ya fui ayer a verlo, lo vi ahorita en la prepa, y me está diciendo que nos veamos ahorita... ¿Por? — me tiro de cara en la cama de Lucia, como el dramático que soy. Y si, ya sé que le he dado la vuelta a esto mil veces, pero es que nadie me contesta. ¿Cómo quieren que no me diga preguntando algo a lo que no le tengo respuesta? Y, pobre de Lucía, pues es la única que está ahorita para
62 desquitarme de esto y a la que le puedo contar. Pues siendo sincero... No quiero las conspiraciones de Gisselle. Solo quiero que me golpeen un rato y me digan las cosas directas. Y Lucia, ya sabe cómo lograrlo. —Primero que nada, hola. Segundo, ¿La de tocar la puerta no te la sabes? Y otra... ¿De quién hablamos? — se ríe ligeramente, levantando vagamente la vista de su celular para posteriormente, picarme la cabeza con el dedo. —De Isra. — ruedo los ojos. Aún tirado en su cama, aunque mínimo ya ruedo para quedarme viendo al techo. Pues si seguía así, comenzaría a asfixiarme. No sé acostarme boca abajo. —Ya. Y... ¿Desde cuándo eso te molesta? — alza una ceja, con apenas y una sonrisa asomándose. —desde siempre. — digo a la defensiva. —Mentiroso. A los diez te la vivías en su casa, y hace una semana, también. — se ríe, acariciándome el cabello. No sé por qué hace eso, nunca logré entender qué tiene con mi cabello. —Bueno, pero es que... Ugh. Ya bye. — me levanto de inmediato para salirme de su cuarto. No queriendo afrontarlo. Pero se me olvida que tiene su mano en mi cabello. —No, ahora te quedas. ¿Para qué abrías la boca? — se ríe un poco más al ver cómo se me va la cabeza hacia atrás, volviendo a acostarme por su jalón de cabello. Mugrosa. —¿Pero ¿qué? Termina de hablar. —Pero... — pienso un momento, pasando saliva. ¿Pero qué? —... He estado muy cansado, o sea, ha de ser eso. No es que me moleste. —Bueno y si ese es el problema... ¿Por qué no se lo dices y ya? ¿Qué tan difícil es decirle "¿Estoy cansado, no tengo ganas” y ya? — me quedo callado. Buen punto. Bueno, no. No le voy a dar la razón. Ugh, me cae mal. Decido que lo mejor es no contestarle. Así que vuelvo a rodar para quedarme con la cara enterrada en el colchón. Tratando de fingir demencia hasta que se me olvide que sigo en su habitación, en su cama, y con ella esperando una respuesta. —Leonardo. —Mande. —Pues respóndeme. —¿Cuál era la pregunta? — obviamente recuerdo la pregunta. Solo quiero más tiempo para pensar en qué le voy a decir. Suspira.
63 —que si el problema es que estás cansado o no tienes ganas... ¿Por qué no nada más se lo dices, así como me lo dijiste a mí? ¿Por qué se te hace difícil eso? —Bueno, es que ese no es el problema. — Decido tomar el camino de la honestidad. Ya que. Mira, tarde o temprano va a saber que le mentí. Y prefiero que sea ahora cuando tome venganza a dentro de una semana. —Entonces, ¿Cuál es? — Suspira. Yo vuelvo a girar para verla. —No sé. —¿Cómo no vas a saber, Leonardo?, ¿Hizo algo? —No. —¿Se pelearon recientemente? —No...— termino volviendo a hacerme bolita. —¿Entonces? —¿Qué parte de que te dije que no sé no entendiste? — me río, solo por no saber cómo reaccionar, pues realmente no me da risa la situación tan miserable en la que estoy.
64 Voy contigo Capítulo 9 —¿A dónde vas? — me detiene cuando voy bajando las escaleras, todavía con el cabello húmedo. —Con Isra. — la aparto con cuidado de mi camino para ir a avisarle a mi mamá, pues anda en su pedo viendo sabe qué novela. —¿No que no querías salir porque "estabas cansado"? — alza una ceja, enfrentándome. —Ush. Adiós, al rato vengo. — ruedo los ojos antes de darme la vuelta para abrir la puerta. No hay plan. Ni sé a dónde vamos a ir, pero como estuvo chingue y chingue... Pues para allá voy. Aunque gran sorpresa me llevo cuando me lo topo en la esquina que separa las calles donde vivimos. —¿No se supone que iba a tu casa? — acelero mi paso para llegar con él, riéndome. —Me mandaron a recoger a Luca. — Me contesta, aunque algo tenso, tal vez nervioso. —¿Por?, ¿Dónde anda? — No tardo mucho en prender mi alerta. Algo pasó. —A unas casas de acá. Vente. — Me jala de la muñeca, para ir casi corriendo entre calles. Ni siquiera sonrió al verme. Por unos minutos, voy corriendo detrás de él. Tratando de seguirle el paso. Ni siquiera me dirige la palabra. Hasta que me canso de que no me haya dado una explicación, y aunque sé que debería esperarme... Termino por preguntar. Con algo de miedo, la verdad. —... ¿Pasó algo? — Trato de suavizar el tono de mi voz. Solo por si acaso. Suspira antes de contestarme. Volteando en cada esquina a ver los señalamientos con el nombre de las calles. —Está en casa de un amigo. La mamá de ese amigo le marcó a mi mamá, diciéndole que estaban jugando y que no sé ni cómo, se cayó... Terminando abierto de la cabeza. — me da una mirada por encima del hombro antes de dar vuelta en una calle. Por fin adentrándonos a las casas.
65 Paso saliva. No sé ni qué decir. De todos los planes que me imaginé... No pensé que llevar a Luca al hospital fuera uno de ellos. Ojalá sea poco lo que le tengan que coser. —¿Por qué no vinieron tus papás? —Leo, es entre semana, ambos están trabajando. — Su tono habla por sí solo. Claramente la idea de hacerse cargo de Luca no le agrada. Menos en situaciones como estas. —Pues sí, pero... ¿Cómo lo vas a llevar si no tenemos carro? — Me voltea a ver, pasándose una mano por el cabello. —Ahorita resuelvo. — me responde, cortante, buscando entre las casas quien sabe qué número. —¿Cómo que ahorita? Wey, se abrió en la cabeza. Esto no es de esperar. — Bien, tal vez no es la mejor manera de hablarle a alguien que simplemente está haciendo lo que le dijo su mamá que hiciera, pero... ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? No espero su respuesta, en lo que Isra señala una casa, yo ya estoy marcándole a Lucía. —¿Qué haces? — se detiene al escuchar la voz de Lucía en la alta voz. —Hablando con Lucía. Para que nos lleve al hospital. — digo con obviedad, diciéndole que se adelante. No lo piensa dos veces antes de echarse a correr a una casa amarilla claro. Lucía no tarda en preguntar la dirección. Me toca ir otra vez hasta la esquina con el señalamiento de la calle para decirle el nombre y el número, que, por suerte, escuché a Isra repetirlo en voz baja mil veces mientras corríamos. —Voy para allá. — Me cuelga. Vuelvo a correr para la casa dónde Isra se echó a correr hacia ella. Topándome con su silueta de espaldas a mí, agachado, cerca de la banqueta. Mientras más cerca estoy, camino cada vez más lento. No sé ni qué me da más miedo: ver toda la sangre, o ver a Luca inconsciente. Pero pronto distingo a Luca sentado en la banqueta, junto a Isra, quién lo está sujetando de la cabeza, apoyándolo en su pecho. Bien, está consciente. Le tengo una gran fobia a la sangre. No puedo verla ni siquiera en pocas cantidades. Pero... No pienso dejar a Isra solo. Pero cuando me acerco, Isra me indica que mejor vaya dentro de la casa. Alcanzo a ver las manchas de sangre en su mano. Trato de ignorarlas lo mejor que puedo, aunque se me haya revuelto el estómago. Decido dejarlos a
66 ambos, yendo a ver por qué chingados no está la mamá con Luca y quién se supone que es el adulto responsable de cuidar a los niños aquí. —¿Ya marcó una ambulancia? — ni siquiera me paro a saludar, voy directo a lo que importa ahorita. Y si sí, espero que se haga responsable de todo. Pues al final, era SU responsabilidad estar allí afuera con ellos. —No tenía el celular a la mano... Apenas voy a marcar y....— titubea, haciéndose la que está "marcando" el número. Pero vi claramente que apenas había sacado el teléfono cuando entré. —¿Cuánto tiene que sucedió? —Como 8 minutos... Pero le marqué a su mamá en es ese instante...— ¡¿Cómo puede hablar con tanta tranquilidad?! No mames. —¿Sabe lo importante que son esos 8 minutos? Primero hubiera llamado a la ambulancia y ya después a su mamá. — hago una pausa, tratando de calmarme y regular el pinche coraje que traigo atorado. —Ya le hablé a mi hermana para que lo lleve, no debe de tardar. Pero usted viene con nosotros. — Digo con el mejor tono que tengo. Hasta cree que se va a escapar, ni madres. —Bien. Muchísimas gracias. — hasta me cambio el tono de voz. Ugh, nada más no le digo nada porque es mayor que yo y mi mamá me educó muy bien como para saber que no debo de mentarle madres a las señoras en su cara. Por mucho que quiera. —Ajá. Ahorita le digo cuando ya esté mi hermana acá. — murmuro rápidamente, saliendo otra vez a dónde están Isra y Luca. Suspiro al darme con que, el carro de Lucía ya está acá. Hago señas desde afuera a la señora, que no tarda en salir, ya con el bolso listo. Al final, decidimos que las adultas adelante y los que se están por desmayar atrás. Tengo que sacrificarme al sostener a Luca por un momento para que Isra pueda subirse al carro. Pero Isra todavía ni se acomoda y me dice que se lo dé, pues sabe que estoy a nada de desmayarme del puro miedo. —Lucia... ¿No tienes toallitas húmedas...? — murmuro con la voz temblorosa, tratando de ignorar la sensación de sangre en mis manos, pero no ayuda el hecho de que del puro miedo no deje de verme las manos. Hasta ganas de llorar me dan. —No Leo... Perdóname, ahorita pedimos allá o te vas a lavar las manos. — Escucho la preocupación en su tono, pero mantiene la vista fija en la calle, poniendo las intermitentes y pitando constantemente para que la dejen pasar más rápido.
67 —¿Está bien? — volteo a ver a Isra, quién ya me estaba viendo a mí. Escucho los sollozos de Luca, aunque quién sabe qué le habrá dicho Isra para que ya no estuviera el escándalo de hace rato. —Está estable todavía. Igual ya no tardamos. ¿Tú...? Perdóname por haberte traído a esto...— hago un ademán con las manos para restarle importancia, pero al volver a verme las manos... Tengo que cerrar los ojos por un momento. Un temblor en mis manos se incrementa a todo lo que de por sí ya traigo. Ya no aguanto. —No pasa nada. Sabes que como quiera, hubiera venido contigo. Me hubieras o no traído. — susurro, viendo por la ventana para después ver al frente, notando como las estrategias de Lucía funcionan, pues todos nos dan el paso. —Tengo mucho miedo. — se sincera, con la voz medio quebrada, viendo levemente a Luca, quién sigue pegado a su pecho. Su mano aún sostiene su cabeza, no dejando que se mueva por nada del mundo. —Siento que Luca depende de mí. Si es algo muy grave voy a sentir que es mi culpa...— echa la cabeza hacia atrás, recargándose por completo, tratando de mantenerse fuerte. Pues, ante todo, tiene a Luca en brazos. —No va a ser tu culpa. Es solo que le cosan. Además, está aquí, en tus brazos, respirando, estable... La culpa no es tuya. Llegaste cuando el daño ya estaba hecho, no cuando aún no sucedía. — trato de calmarlo un poco, sintiendo la necesidad de abrazarlo, pues siento que mis palabras no son suficientes. Pero no puedo. No podemos. No cuando está esto de por medio. —Isra, Leo. Bájense y vayan directo a urgencias. — Ni siquiera me di cuenta en qué momento ya habíamos llegado. Apenas Lucía quita lo seguros, Isra se apresura a abrir la puerta. Ambos terminamos dando un fuerte portazo sin querer, pero en estos momentos ya a nadie le importa eso. —¿Qué se supone que voy a decir? — Suspira, tratando de caminar lo más rápido que puede. Pues si corre, está el riesgo de tropezarse. —No sé ni a dónde se supone que tenemos que avisar. — No me animo a verlo. No puedo ni siquiera con el hecho de tener las manos con sangre. Mucho menos voy a soportar el verlo completamente manchado. Lo bueno que escucho a Lucía corriendo detrás de nosotros. —Dámelo. — Estira los brazos a Isra apenas está cercad e Isra. —Te vas a manchar, mejor me lo llevo yo, ya estoy manchadísimo. — Se pega aún más a Luca al pecho. Negándose.
68 —Isra, no te pregunté. Dámelo. Sé que ninguno de los dos sabe para dónde ir. Déjenme que las dos seamos quien lo llevemos. Aparte, les van a hacer preguntas y estoy segura que ninguno de los dos las va a poder responder. — Suspira, antes de finalmente acceder. Lucía no tarda en cargarlo, acelerando el paso para llegar hasta la puerta de urgencias. ¿Ahora qué se supone que hacemos? Isra no me deja pensar en eso. Pues lo siento abrazándome apenas ve que Lucía entra a urgencias con Luca en brazos. Hace rato me podría haber importado la sangre en mis manos. Pero ahorita no me la pienso dos veces antes de pegarme a él, manchándome la camiseta yo también. —¿Se supone que tenemos que ir a urgencias también? — apoya su mentón en mi hombro. Y aunque ha preguntado eso, no parece querer separarse de mí. Y la verdad, aunque sea raro y difícil de admitir, yo tampoco me quiero separar de él. —No sé... Si, ¿no? — Murmuro, viendo a nuestro alrededor. Nos quedamos bastante cerca de la entrada. Pero, sinceramente, no quiero entrar a tan siquiera la sala de espera. Y cuando ya quiero alejarme pues siento otra vez esta molesta necesidad de alejarme... Isra no me deja. Sus manos, antes en mi espalda, bajan a mi cintura, apretándome más contra él. Al principio, pienso en reclamarle, incluso en reírme. Pero cuando escucho sus sollozos cerca de mi oído, hago el intento de no moverme. —Mis papás no llegan hasta la noche. — Murmura cerca de mi cuello, con su mentón aún apoyado en mi hombro, con la voz rota. Jamás, en los casi diez años que llevamos siendo amigos, lo había visto tan asustado y quebrado como hoy. Los ojos me arden. —No sé qué voy a hacer si me dan a Luca y estoy solo en la casa. — se separa para verme, aun sujetándome por la cintura, sin querer dejarme ir aún. —Pero... ¿Sí llegan muy tarde? — Por primera vez, soy yo quien le busca la mirada. Se pasa una mano por el cabello, total, la sangre en sus manos ya está seca. Al igual que en las mías, supongo. Pero no me he querido tocar nada, no soporto la idea de seguir así. Pero ni de pedo me meto a un baño del hospital. —Pasadas las once. — hace una mueca, y cuando mira sobre su hombro hacia atrás, me suelta, dándose la vuelta para caminar a urgencias. No me la pienso dos veces antes de seguirlo, topándome con que Lucia está afuera, y tal vez por eso fue que decidió caminarle.
69 —¿Te dijeron algo? — Es lo primero que dice apenas llega con Lucía, yo voy justo detrás de él. —No te preocupes. Solo van a ser unos cuatro puntos. Aunque lo tuvieron que anestesiar, no lo podíamos calmar. — de inmediato me voltea a ver a mí, antes de voltear a verla a ella. —Mil gracias. Gracias, gracias, gracias... — La voz se le vuelve a romper, y como a este punto, Lucia vuelve a robarle el papel de hermano mayor a Isra... No tarda mucho en abrazarlo, dejando que vuelva a llorar lo necesario, ahora en su hombro. Esta vez se separa más pronto, limpiándose las lágrimas. —Y después de eso... ¿Ya me lo puedo llevar? — Lucia afirma al asentir. — Es que... —Ya sé que no tienes a nadie en casa. Tu mamá le hablo a la nuestra para decirle. Vas a estar en nuestra casa hasta que ellos lleguen. — interrumpe Lucía, con una sonrisa tranquilizadora. Isra me voltea a ver a mí, y por primera vez en el día... Veo una mínima sonrisa. Un aire de alivio. Después de que Isra agradeciera otras veinte veces... Por fin llaman a Lucia de nuevo, esta vez, ya sale con Luca de la mano. Y aunque no estamos seguros de si debería de correr, al él le vale puritita madre. Pues apenas ve a Isra, se echa a correr hacia él. Quisiera ser él y que no me importara ver toda la sangre en la playera de Isra. Trae la cabeza vendada, y obviamente, tuvieron que raparlo para poder coserle. Bueno, el cabello ya es lo de menos en este momento. Pensé que lo traerían dormido, pues cuando Lucia dijo lo de la anestesia... Pensé que duraría más el efecto. Bueno, ya ví que no. Isra se agacha para abrazarlo, y desde acá noto que está a nada de llorar otra vez. Isra no llora, pero cuando lo hace, no hay quién lo pare. ... —¿Creen que se recupere pronto? —Estamos tirados en la cama de Lucía. Ni idea de cómo es que cabemos acá. —Isra. Ya no estés en eso. Estoy segura que sí, pero, ya ahí déjale. — Hace un ademán para restarle importancia. Isra se acomoda en la cama, mirado al techo. Se pasa una mano por el cabello. —¿Te dejarán quedarte? — ladeo la cabeza para verlo. Le tuve que prestar una camiseta. Y apenas ahorita me doy cuenta que le queda un poco MUY apretada de los brazos. Aparto la mirada.
70 —Me van a salir con la excusa de quién va a cuidar a Luca cuando ellos no estén. Lo dudo. — Rueda los ojos, ya casi como si los estuviera escuchando. —Tal vez piden permiso para cuidarlo. No sabes. — —A ver qué. — suspira, cruzándose de brazos. —Están muy tranquilos. Peléense o algo. —Ambos la volteamos a ver, ofendidos. —Ora, ni que fuéramos gallos de pelea. — respondo, riéndome. —Pues parecen. Volteo a ver a Isra, pero ya no lo encuentro. Lo único que recibo es un almohadazo directo en la jeta. Órale, así nos vamos a llevar, cabrón Le hago señas a Lucia para que me pase la almohada, ella aprovecha a ponerse detrás de la cama, de lo contrario, también le va a tocar almohadazo a ella. Le aviento la almohada, pero cuando la agarra y veo que toma vuelo para regresármela... Terminó huyendo con Lucía. La mugrosa me deja morir cuando se va para el otro lado de la cama. Nada más no insulto a su mamá porque tenemos la misma. De todos los escenarios en los que pude haber terminado... Fue echo bolita en el suelo, con Isra enfrente mío junto con dos almohadas en cada mano. Dios, soy yo de nuevo. —Salvado por la campana. — rueda los ojos, saca su celular del bolsillo de su pantalón, dejando las almohadas en la cama. Lucia por fin se digna a salir, acomodándose en la cama como si nada. Yo decido quedarme en el piso, con la vista fija en Isra. —Y... ¿Crees que me pueda quedar? Por favor — suplica un poquito a quién sea que está del otro lado del teléfono, me imagino que ha de ser su mamá. Dura un rato más en la llamada antes de colgarla, con una leve sonrisa. —Ya vienen para acá. — suspira, alternando la vista entre nosotros dos. —¿Y…? —Si, wey, sí. Si me voy a quedar. — Rueda los ojos, ya con una sonrisa más amplia. —Ay no puede ser. No los voy a soportar.
71 —Nos amas, admítelo. — le da una sonrisa a Lucia, teniéndome la mano para levantarme. Y cuando ya estoy de pie. Me pasa el brazo por encima de los hombros, atrayéndome a él. Ya se había tardado. Ruedo los ojos, separándome de inmediato. —Ahora ve y dile a mamá que Isra se va a quedar. — Se burla, alternando la vista entre nosotros dos. Ugh, olvidé que tenía que decirle. Igual, no creo que diga que no. De todas formas, Isra ya está aquí. Me detengo antes de abrir la puerta. —¿Vienes conmigo? —Voy. Cierro la puerta, aunque no del todo. Llevándome a Isra de la muñeca escaleras abajo. Al bajar el último escalón... Nos topamos con que Luca está dormidísimo en el sillón. Apenas llegamos, dejamos a Luca con mi mamá y nos fuimos directo al cuarto de Lucía. —Ma... ¿Se puede quedar Isra? — voy a la cocina, pues escucho todo el ruido de los trastes. —¿Trae ropa? — Continúa con lo que está haciendo, sin voltearnos a ver. —Les dije a mis papás que ahorita que vinieran me trajeran ropa. —Bueno. — Frunzo el ceño. No pues sí, que clara. —¿Bueno qué? —Que sí, se puede quedar. —Bien. Gracias mami. — Nos volteamos a ver a la par, con una sonrisa, antes de volver a subir las escaleras, corriendo. Alcanzamos a escuchar el regaño de mi mamá por correr en las escaleras, pero simplemente nos reímos.
72 Todo es culpa de Isra. Capítulo 10 Aprovecho a que no tardan los papás de Isra en llegar para bañarme, él ya está abajo esperando junto con Luca. Y aunque me dijo que no se tardaba, está más que claro que si se va a tardar, pues les va a querer explicar toda la situación de hoy, y el niño no sabe resumir. Salgo del baño, con la toalla enredada a la altura de la cadera. Me acomodo el cabello frente al espejo en lo que espero a secarme un poco. No me gusta secarme con la toalla, la verdad. —¿Leo...? — Toca la puerta. No la puede abrir de todas formas, le puse seguro. Creo. Al ver que no le contesto... Gira el pomo de la puerta. —De una vez me trajeron la playera de la prepa y... — No me doy cuenta que, efectivamente, no le puse seguro a la puerta, hasta que escucho que esta se abre como si nada. —... A la madre. — es lo último que escucho de Isra antes de escuchar el portazo. Acto seguido, se caga de risa detrás de la puerta. Corro a ponerle seguro a la puerta. Me paso las manos por el rostro, notando la alta temperatura. Estoy rojísimo. Mierda. ¡¿Cómo chingados se me va a olvidar ponerle seguro?! Bien diría mi mamá, para pendejo no se estudia. —Wey... Si ya sabías que me estaba bañando o cambiando, ¿Para qué abres? — me termina ganando la risa, aunque aún estoy rojísimo. Me recargo en la puerta. —Y tú ¿Para qué no le pones seguro? — se burla del otro lado. Mugroso. —Tantita prudencia, cabrón. — replico con humor en la voz. Busco mi ropa lo más rápido posible. Me topo con una playera que ni yo me acordaba que tenía, y la verdad, se ve comodísima. Luego recuerdo que era de mi ex y la dejo donde está. Pinche perro. Lo único bueno que me dejó fue justo esa playera. —¿Ya puedo entrar? — vuelve a tocar. Hasta acá escucho que se está aguantando la risa.
73 —No. Por mugroso te quedas afuera. Te duermes en las escaleras. — bromeo, caminando a la puerta para abrirla. —Quisieras dejarme afuera. — Utiliza una voz arrogante en broma. Ruedo los ojos, riéndome. Lo odio. —Me voy a bañar. — avisa, yendo directo al baño. Si wey, es tu pinche casa, ándale, pásale. Ay mentira, claramente si es como su casa. Se la vive acá el mugroso. —Ajá...— murmuro, pasándome las manos por el cabello para desenredarlo. Debería cortarlo ya. Siento que ni forma tiene. ¿Y si me lo corto ahorita? El cabello. Obvio. Me río yo solo de eso. Parezco loquito. —Wey. Dejé la ropa ahí en tu cama. Pásamela, por fa. — habla desde el baño después de un buen rato. —Estoy acostado. Que hueva. Ven por ella. — A ver, si, está al lado mío, pero... Que flojera pararme. Ya estoy bien a gusto. —Es que no me quiero exponer como cierta persona que conozco. — recalca el "cierta persona". Desgraciado. —Así menos te la voy a pasar. — me río, pero no muy fuerte. No le quiero dar la satisfacción de que me escuche reír por su burla. Se resigna a que no le voy a pasar ni madres, por lo que termina saliendo en toalla del baño. Y la verdad, qué bueno, porque... Miro disimuladamente cuando sale del baño. Ay ya a la chingada. El pendejo no está funcionando hoy. Ya es tarde, a estas horas ya no funciono. Agarro su camiseta y se la aviento apenas y lo veo. Tratando con todas mis fuerzas de no verlo mucho. Paso saliva. Dios, soy yo de nuevo. La atrapa, agarrando la demás ropa en mi cama antes de volver a encerrarse en el baño. Me paso una mano por el cabello aún húmedo, para después tallarme el rostro con ambas manos. Hasta sentí la respiración más acelerada. Ay no, pura mierda eso. Estoy perfectamente bien. ... —¿Si te trajeron todo? — Juego con los mechones de mi cabello, tumbado en la cama. —Espero. La verdad me da flojera checar. — Ahora es él el que se acomoda el cabello. —Mañana voy a despertar hecho mierda del cabello. — Habla para sí mismo, riéndose un poco.
74 —¿Pongo mi alarma o tú pones la tuya? — Tomo mi celular, checando las mil alarmas que tengo, una por cada cinco minutos. Es que, si no, ni un terremoto me despierta. Ni una pinche alarma sísmica puede conmigo. —Yo me levanto más temprano que tú. — Me voltea a ver por encima de su hombro. —¿Apago la luz? — Asiento como respuesta. Siguiéndolo con la mirada, incluso si no veo mucho por la escasa luz. —Uhm... ¿Cómo cuánto? —Media hora antes. Creo. — Hace señas para que me recorra un poco, ya para acostarse, un poquito muy cerca de mí. Se me olvida que el mugroso no sabe dormir si no está pegado a algo. No sé por qué creía que era buena idea esto. Ugh. —Bueno. Puedo hacer excepción. Nada más porque me caes bien. — Ruedo los ojos. Igual termino poniendo mis primeras cinco alarmas por si acaso. Aunque igual sé que, en cuanto él se despierte, me va a despertar a mí también. En cuanto se cobija, me voltea a ver con media sonrisa. —Hazte para allá. — le pongo distancia con mi brazo, aunque esté lejos. —Leo... — Protesta, haciendo un leve puchero y haciéndome ojitos en broma. No me va a convencer. Ni de pedo me duermo abrazado con él. —Wey, tengo calor. — Me excuso. Haciéndome bolita en una esquina de la cama. No voy a dejar que se acerque, al menos no mientras estoy despierto y medio consciente. —Me odiaaaaas. — Ya va a empezar de dramático... —No. Solo tengo calor. — Recalco, riéndome al ver cómo se hace el ofendido, dándome la espalda. ¿Por qué chingados hace tanto calor si el clima está prendido? Ugh. Odio tener calor. Ya hasta me quiero bañar otra vez. Me acomodo del otro lado. Dándole la espalda a Isra. Acomodando mi cabello, pues el fleco ya me molesta en los ojos. Al rato le digo a Lucía que me ayude a cortarlo. —¿Cuándo fue la primera vez que dormimos juntos? — Su voz me saca de mis pensamientos. Volteo a verlo. Está viendo al techo, con todo el cabello alborotado. Una pequeña sonrisa se me forma al verlo así. Siento algo extraño en el pecho. —Pensé que ya estabas dormido. — Me río, acostándome de lado para poder verlo mejor. —No lo sé, teníamos como catorce. Creo. — No es un creo. Realmente estoy seguro. Porque fue cuando le dije que estaba hablando con
75 un chico de nuestro salón. Ese día estaba que me moría de la emoción. Luego me ilusionó bien feo. Mugroso. Mientras yo viva, siempre habrá alguien que le guarde rencor a ese infeliz. —Nos vino a regañar Lucía porque estábamos risa y risa. — Vuelvo a hablar. Soltando una risa nasal. Qué nostalgia. ¿Cómo que no fue ayer eso y fue hace cuatro años? Dios, qué rápido se me fueron esos cuatro años. Creo que Isra tiene algo que ver con eso. —Y como quiera nos valió. Lamentablemente caíste dormido como a la hora. — Se burla. Ugh. No estaba dormido, estaba descansado los ojos. Es muy diferente. Aunque, apenas y escuché lo último que me dijo esa vez. Creo que también me estaba hablando de alguien. Pero sinceramente, no escuché nadota. —Es que ya eran como las tres. No soy nocturno como tú. —¡No soy nocturno! — ¿En serio? Lo volteo a ver con obviedad en mi mirada. —Bueno... Puede que un poco. — Alza las manos en señal de rendición, riéndose levemente. Bostezo. Haciéndome un poco más bolita, enredándome en la cobija. No sé por qué no puedo dormir si no estoy hecho bolita. Y luego que por qué me duele la espalda. ... Escucho la alarma. Trato de cambiar de posición para volver a dormir, aunque sea un rato más, pero no puedo moverme. Algo. O más bien. Alguien, me tiene agarrado. Abro los ojos de inmediato. Topándome con lo obvio. Está acurrucado contra mí, su cabello me está haciendo cosquillas en el cuello. ¿En qué pinche momento de la noche terminé hasta con las piernas entrelazadas con las suyas? Otra queja, ¿No era más fácil agarrar un extremo de la cobija y abrazarte de allí? Y ya para acabarla... ¿Era necesario sujetarme de la cintura? Otra vez siento calor en las mejillas. Ugh, es muy temprano para sentirme así. —Isra...— Trato de despertarlo, alborotando aún más su cabello. Se mueve, pero solo para pegarse más a mí. Si es que eso se puede. —... ¿Qué? — Murmura con la voz ronca por el sueño. Su voz resuena muy cerca mío, haciendo que mi piel se erice. —Ya sonó tu alarma.
76 —Uhm... ¿Y si no vamos? — Se queja. Aunque mínimo ya se separó de mí. Qué bueno. Estaba a nada de alejarlo por las malas si no se quitaba en menos de cinco minutos. Mentira. O sea. No mentira de que quisiera que se alejara. Sino de que lo iba a quitar por las malas. Obviamente sí quería que se quitara. —Tenemos que ir. — Me río, sentándome en la cama, tallo mi rostro con mis manos para tratar de despertarme. —Pues ya que. — rueda los ojos. También sentándose en la cama. Se pasa ambas manos por el cabello. Pero claramente no funciona para calmar los mechones todos alborotados y por si ningún lado. Está hecho mierda como él predijo anoche. Igual, no se ven tan mal. Me digno a levantarme, yendo directo al baño para lavarme la cara. Qué pinche hueva. Bueno, yo me ando quejando del cabello de Isra... Mira nada más cómo ando yo. Igual, me ha visto peor. Aparte, cualquier cosa es mejor que la vez que me corté el cabello super corto, casi rapado. Esos meses en los que me tardó en crecer el cabello fueron los más miserables de mi existencia. Jamás vuelvo a ir a que me corten el cabello. Si lo voy a traer trasquilado, mínimo que sea por mi culpa. Una vez que salgo, aprovecho que Isra se terminó yendo al baño fuera de mi habitación para cambiarme. Ahora sí le pongo seguro a la puerta. No pienso cometer el mismo error de ayer. Qué pinche pena, neta. Odio la tela de la playera de la prepa. ¿Otra tela más caliente no había? Quito el seguro a la puerta. Pasándome al espejo del baño para acomodar mi cabello. Creo que tendré que ir a robarle la plancha a Lucía. Ugh, ¿Qué le cuesta dejarla en mi cuarto? Ella ni la usa. —¿A dónde vas? — Me sujeta de los hombros. Su voz sigue medio ronca y ahora trae el cabello casi escurriendo. —Voy a robarle la plancha a Lucía. ¿Por qué chuchas te mojaste el cabello? — me río al ver que le cae una gota de agua justo en el ojo. Todo menso. —Para definirlo, wey. ¿Tienes gel? —No... Pero creo que Lucía tiene. Ahorita checo. — Le doy una palmadita en el hombro antes de irme directo al cuarto de Lucía. Rezo a más no poder para que no rechine la puerta una vez que la abra, luego se despierta y me agarra buscando cosas en su cuarto. Por eso la otra vez le puso seguro la muy cabrona. Envidiosa. Salgo victorioso del cuarto, con plancha y gel en mano. Jamás en mi vida he visto peinada a la lombriz que tengo de hermana, quién sabe cuánto tiempo tendrá ese gel ahí.
77 —Pensé que así tenías el cabello. — Le doy el gel, dirigiéndome al baño. El problema es que los dos vamos para el mismo lado. —¿Cómo? — Conecto la plancha, tratando de ignorar el hecho de que ahorita nos vamos a pelear por querer estar los dos en el espejo. Wey, tengo un espejo en mi cuarto también, ¿Qué necesidad de estar acá de encimoso? —Pues lacio. — toma una toalla, tratando de escurrir lo más posible su cabello. —Si lo tengo lacio. Pero es que es para que queda más acá. — Me mira, sin entender del todo. Riéndose un poco. Me mueve hacia un lado, con una mano en mi cintura, como si nada. Otra vez los mismos escalofríos de cuando habló cerca mío. Paso saliva. Ajustando la temperatura de la plancha. En lo que yo casi me quemo la mano y me peleo veinte veces con mi fleco porque nada más no se acomoda... Isra lleva fácil diez minutos con el gel y no lleva ni una mitad del cabello. Ya me di cuenta por qué se levanta más temprano. —Leo. Se ve igual que siempre. — me ve a través del espejo. Riéndose de mi insistencia. —Es que siento que se ve... Raro. — Me tuve que partir el fleco a la mitad, y no como normalmente lo traigo, que es un poquito más al centro. —Está igual que siempre. Ya te dije. — rueda los ojos, siguiendo con sus mechones. —Ah, ¿O sea que siempre me veo raro? Va. Así nos vamos a llevar. — me hago el indignado, fingiendo que me salgo del baño. Me agarra antes de que tan siquiera pueda cruzar la puerta, regresándome con un jalón de muñeca. Siento una leve presión en el pecho, justo como ayer en la noche. Me va a dar un paro al corazón y me voy a morir. Obvio. —No andes poniendo palabras en mi boca, ¿De dónde chingados sacas que te ves raro, wey? — Me sostiene enfrente de él, agarrándome por lo hombros, con su vista fija en mi cabello. Niega con la cabeza, riéndose. Ruedo los ojos. Decidiendo ya no decirle nada. Cómo quiera, vuelvo a acomodarme el fleco unas cinco veces más. —Wey, ayúdame. — habla desde el baño. —¿Ahora qué? — me levanto de la cama, dejando el celular allí. Justo cuando me acabo de acostar me habla. Ush. —Qué agresivo. — ruedo los ojos. Me mantiene la mirada por medio del espejo. —Primero, ¿Vas a hacer otra cosa?
78 —Pues... No. O sea, te voy a esperar para desayunar. —Ayúdame con la parte de atrás del cabello. Por fa. —¿Cómo qué te ayude? — enarco ambas cejas, —Pues definiéndolo, menso. ¿Cómo más? Es que, si no, nunca voy a acabar. — suelta una risa nasal. —Pero... ¿Cómo le hago? — Lo veo con desconfianza, pinche Isra pediche. —Nada más lo enroscas así. — con los dedos índice, toma un mechón del cabello y lo empieza a cómo enredar en ellos. Bueno, no parece tan difícil. —Y ya. Obviamente agarras gel. No le vayas a hacer así nada más porque no va a durar nada. — —Bueno. — ruedo los ojos, con media sonrisa. Agarrando un poco de gel y haciéndole tal cual me dijo. Años tenía si tocar el gel. Qué odiosa sensación. Cuando lo desenredo. Nombre, me quedó bien perro. Y eso que jamás había hecho esto. Ahorita mismo me lanzo como estilista de cabello ondulado. —No es por presumir... Pero me quedó bien chingón. — Orgulloso, voy por mi celular para tomarle foto a tremendo mechón que hice, enseñándole la foto a Isra. Quién nada más se ríe. —Ándale. Ahora síguele con todo lo demás. — Ush, apaga mi grandísimo brillo. Seguro me tiene envidia. Si, debe ser eso. … —Primera vez que te veo bien peinado. — Se burla Debany apenas Isra se sienta en el banco al lado suyo. Agarra un mechón, jugando con él. Apenas la veo cerca de Isra, aparto la mirada. Volteo con Gisselle, que nada más me da una mirada medio sospechosa antes de hacerme señas para que vaya con ella. —¿Qué traes? — Cruza los brazos, sin perderme la vista. —Nada. —Leo… —No sé. — Volteo a ver a Debany otra vez. —Lo va a despeinar. — Murmuro, señalando disimuladamente a ambos. Vuelve a verme como si ya estuviera haciéndose ideas. Me paso una mano por el cabello, suspirando antes de dejar de verlos. —Lo dudo. Aparte, se ve bien. No lo puedes negar. — Ruedo los ojos. En efecto, no lo puedo negar.
79 —Obvio que se ve bien, digo, es Isra después de todo… pero, ¿Por qué tiene que estar tan cerca? — Hay cierto desespero en mi voz. Me vuelvo a acomodar el fleco. Volviendo la vista a ellos. Ugh, ¿Por qué me importa tanto? —¿Celos? — me da un leve empujón en el brazo. ¿Por qué sentiría celos? Esas son puras mamadas. —Pendeja. Obvio no… Solo, no sé, es raro. — Suspiro, con la voz tensa. —¿Qué cosa? —¿Pues de qué estamos hablando? Es que, mira nada más. — Están demasiado cerca, y no sé por qué Isra está como si nada con eso. —Ahorita vengo. —Leo… ¿A dónde vas? Ya no le contesto. Voy directo con Isra. —¿Me acompañas por la lista? Se me hace que el profe ya no vino. — Trato de sonar lo más despreocupado posible. —Voy. — Sonríe, ajeno a todo el desmadre. No tardo en jalarlo de la muñeca apenas se levanta. Apresurando mi paso para salir del salón. —Ora, ¿De cuándo acá tanta prisa para ir por la lista? — Se burla, dejando que lo jale, por los pasillos. —Es que me estresó el ruido. Es eso. — Pinche mentiroso que soy. Lo bueno que no me está viendo la cara. Si no, se va a la mierda toda mi mentira. … Una vez que agarro la lista y reporto la falta de maestro. Me topo a Isra recargado en la pared, esperándome a que termine de hablar con la prefecta. Apenas me ve, se separa de la pared, sonriendo. —Yo no sé cómo te puedes llevar tan bien con la prefecta. Es bien mamona. — Me susurra cerca del oído, jalándome para mantenerme cerca. Siento el aire de su risa por mi cuello. Me está dando calor otra vez. Ugh, me odio. —Si es mamona, pero nada más es de que le trates. Te lo juro. — Hago lo mismo que él, susurrar en su oído. Aunque rozo ligeramente su nuca con mi mano para que se agache y pueda hablarle bien. —Leo. No anden perdiendo tiempo. Ya váyanse al salón. — Escucho la voz de la prefecta detrás de nosotros. Me sobresalto, separándome de Isra de inmediato.
80 Ah, pinche vieja. ¿A usted qué? De mala gana jalo a Isra para caminar. Pero solo para despistar a la prefecta. No tengo intenciones de querer ir al salón aún. Menos si eso implica que cierta persona esté de encimosa con él. A ver, no es que me moleste, solo que… No sé, tal vez a Isra le incomoda y como el pendejo no sabe decir que no, pues ni cómo zafarse de allí. —¿Para dónde vamos? — Pronto me alcanza el paso, sonriendo tranquilamente. —A todos lados menos al salón. —Bueno. — Accede, riéndose. Terminamos llegando a las bancas más alejadas de todo que hay. En el primer semestre me la pasaba acá siempre, para que no me vieran las prefectas cuando andaba de cabrón con alguien. Igual Isra me tiraba paro de si estaban cerca o no las prefectas. Qué grandes tiempos. Bueno, ni tanto. Sí me divertí y conocí un chingo de gente, pero… Me ilusionaba bien feo. Creo que por eso dejé de ser así. Yo no sé andar de cabrón. Tarde o temprano terminaba enganchado. —¿Ahora no te vas a besar con nadie? — Se burla, recargándose en la mesa de la banca, dándome un leve empujón en el hombro. —Ush. Cállate. Justo me estaba acordando de eso. — Siento el rostro rojo. ¿Era necesario acordarse? Aun así, suelto una leve risa. —Perdí la cuenta de las veces que por poco y los cachaban. Aunque… ¿Qué era lo peor que podía pasar? — Me siento en la mesa de la banca, al lado suyo. —Que mandaran a citar a mis papás y me sacaran a la fuerza del clóset, wey. — Sueno bastante seco al decirlo. Bueno, no se enteraron mis papás, pero si media prepa y todo mi salón por culpa de unos rumores. Qué hijos de perra los que hasta publicaron en la cuenta de quemados de Instagram el rumor. —Ay, pero… ¿A ellos qué? — Recarga su codo en mi hombro. —Aparte, estoy seguro que si hubiera sido al revés, y que tú te anduvieras besando con morras. No te dirían nada wey. — Me cala la garganta al decirlo. Y obviamente así es. Isra también tuvo sus ligues. La diferencia es que él sí se podía besar dónde quisiera y no le decían nada. Jamás se tuvo que esconder. —Pues sí. Ay no, pinche gente sin quehacer. — Su tono es más amargo. Casi como si él también resintiera eso.
81 —Bueno, pero… ¿Entonces efectivamente no hay nadie a quién esperar? — Al parecer alguien sintió el aire muy tenso ya. Pinche Isra. A veces si te quiero. —¡Que no, wey! — Le quito el codo de mi hombro, riéndome. Se podrá olvidar hasta de mi cumpleaños, pero creo que jamás se va a olvidar de esa época de mi miserable vida. Nada más se acuerda lo que le conviene. Mugroso. … Apenas salimos de la prepa, Isra se termina quedando un rato a platicar con unos amigos de otro salón. ¿De dónde chucha conoce tanta gente? Una vez que se despide de ellos, comenzamos a caminar. Pinche solazo que hace. No me sorprendería si dando un paso ahorita me desmayo de un golpe de calor. Nadie jamás me hará pensar que el verano es la mejor época del año. Quien dice eso de seguro en su ciudad el verano es de 27 grados y no de 40. Monterrey culero. Pinche gente privilegiada, neta. —Vente a la sombra, yo no sé qué haces en el lado de puro sol. — Se ríe, jalándome para que me vaya al lado donde esta él. Pero justo por eso prefería el sol. Pues estando acá, estoy más cerca de lo que me gustaría estar de él. —Ya me cansé. — Me quejo, empujándolo de la espalda para que camine más rápido. Ya quiero llegar a mi casa. Ya no aguanto. —Si caminas rápido más te vas a cansar. — Se deja empujar, riéndose. Aunque de la nada se frena en seco, haciendo que casi me vaya de hocico por pisar mal. Le doy un manotazo en la espalda. Obviamente la culpa fue suya. Que me haya tropezado y metido el pie yo solo no tiene nada que ver. Claro que no. —Wey. — Voltea por encima de su hombro, fingiendo seriedad. Pero hasta acá escuché la leve risita cuando le pegué. —Fue tu culpa. — lo acuso, adelantándome para apuntarlo con el dedo índice. —A la otra si te voy a meter el pie para que se te quite. — Eso me hubieras dicho antes... Dejo que vuelva a adelantarse. Ni de pedo me va a meter el pie. Mugroso. Por las siguientes cuadras, voy con el pendiente de no adelantarme y ponerme enfrente de Isra mientras caminamos. Pues sé que sí es capaz de meterme el pie. La última vez sí logro que me tropezara. Maldito. Jamás se la voy a perdonar.
82 —¿Y si llegamos al parque? — ¿En serio? ¿Todavía ve que me estoy queje y queje del calor y sale con eso? —Isra, tengo mucho calor. — Aunque igual… Ya estamos a una cuadra del parque. —Ándale. Un ratito. Por fa. — haciéndome ojitos, caminando de espaldas para poder verme y ver si así me logra convencer. Suspiro. —Bueno… Pero solo un ratito. — termino accediendo, rodando los ojos. Él nada más me sonríe, jalándome de la muñeca para que camine más rápido. Ugh, odio no poder decirle que no. Pero bueno, supongo que eso a veces es bueno. Siempre me termina sacando de mi zona de confort de algún modo.
83 No puedo. Capítulo 11 Solo por él acepto estar afuera con tremendo calor. —Allá hay más sombra. Murmura Isra mientras señala una banca justo debajo de un árbol, ese con mariquitas. Me fijo antes de sentarme en la banca, no vaya a haber hormigas o algo por el estilo, capaz que me piquen la cola. Se me sale una risa cuando me lo imagino. Pongo mi mochila sobre mis piernas. —¿No sientes que el parque se ve muy vacío? — Es muy rara la vez que veo a alguien por acá. Ya ni siquiera hay niños. —Pues es que ya no hay niños. Si acaso Luca, pero con esto que paso… Yo creo que no lo van a dejar salir en un buen rato— Aunque se ríe, sé que tal vez la razón por la que no quiso llegar a su casa… Sea justo esa. Volteo a ver alrededor. Siento que no ha cambiado nada, y a la vez… Que todo está diferente. Ay no sé. No me quiero poner a pensar en eso ahorita. Mi vista se queda fija en el túnel que hay en los juegos. Ese que varias veces fue mi salvación del sol cuando estaba más chico. Qué mal ya no poder correr allí para esconderme. Era mi lugar favorito. —Horrible que ya no quepa en el túnel. —Lo veo de reojo. Seguro que él también le llega el mismo recuerdo, pues sonríe cómo cuando se acuerda de algo. No sé en qué momento me grabé todas sus sonrisas como para identificarlas. Bueno, casi 10 años de amistad, supongo que es por eso. No, no supongo. Es por eso. —Pero según yo sí cabes. — Suelta una risa. Ah, mira qué gracioso. Deja me tiro al piso de lo increíblemente gracioso, eh. Ush. Mugroso. —Te pago si lo intentas. — A ver, obvio acostado debo de caber. Aparte, uno hace todo por dinero. Bueno, no todo, obvio no. Pero… Ugh, se entiende, pues. Aparte, ¿Yo cuántas veces me he rajado a algo? Muchas veces, sí. Pero es que esas veces no me ofrecieron dinero. Fue por eso. —¿Cuánto? — —Cien pesos. — Cien pesos son cien pesos. Aparte, lo máximo que me puede pasar es que me caiga, y eso ya sería si hay un pinche agujero y no me doy cuenta.
84 —¿Si me caigo? —Yo te agarro. — ¿Confío en que va a estar al pendiente de si me estoy por caer? No. ¿Me importa? Tampoco. —Si me muero es tu culpa. — Amo exagerar. Es mi mayor cualidad, lo reconozco. Rueda los ojos, ya riéndose. Y justo como pensé, el mugroso va subiendo las escaleras detrás de mí. —¿No que me ibas a agarrar? — Alzo la ceja, con una leve risa. —Ush, ya voy. —No. Ya ahí quédate. No me voy a caer, wey. No creo. — No recordaba así el túnel. O sea, está súper chiquito. No mames. ¿En qué momento se achicó? Me termino acostando. Mido lo mismo que el pinche túnel. Me gana la risa. Esta es la cosa más fácil y estúpida por la que me voy a ganar cien pesos. El mejor día de mi vida. —Me debes cien pesos. — Lo apunto una vez que logro salir del túnel, pues si estuvo más complicado. Me acomodo el cabello. Aun riéndome, bajo las escaleras, saltándome los últimos tres escalones, aunque ahora lo siento como si solo estuviera saltando uno. —Y luego lloras cuando te caes. — Se apoya en uno de los tubos de los juegos. Dándome una mirada de arriba abajo, cruzado de brazos, sonriéndome. Siento algún tipo de tirón en el pecho. —Ya no me he caído. Y ya no lloro cuando me caigo. — Frunzo el ceño. Y si llorara… ¿A ti qué? Ay no, mentira. Pero sí, muy pedo mío. —Te ibas a caer ahorita de camino. — Suelta una risa. Ruedo los ojos. —Ush, no es mi culpa que se me atraviesen cosas. —Pero si te tropezaste tú solo. —La voz le tiembla por querer reírse y estarse aguantando. Pinche mentiroso. Fue su culpa. Bueno, o sea, no fue su culpa. Pero voy a fingir que sí la fue para no sentirme tan estúpido de meterme el pie yo solo. —Ash, ya estuvo bueno. — Ahora sí aprovecho para hacerme el sentido como el buen dramático que soy. Nunca hay que desaprovechar la oportunidad de demostrar mis dones de actor de drama. Finalmente, se le sale la carcajada cuando me ve haciendo como que me voy, negando con la cabeza. Me agarra de la muñeca antes de que avance más. Levanto la vista solo para verlo reír. Siempre me ha gustado que se le achiquen los ojos cuando sonríe.
85 —Mis cien pesos. — Lo veo, sonriendo. Ni crea que nada más por… Lo que sea que traigo en estos días, se me va a olvidar. Rueda los ojos, buscando en su mochila. Sacando el billete. —Te compraré algo. Lo prometo. — Extiendo mi mano para hacer la promesa del meñique. —Ya dijiste. — Entrelaza su dedo con el mío, mirándome a los ojos. Lo único que se escuchan si acaso son unos pájaros. Qué silencio tan raro. O sea, no me molesta, de hecho, me gusta. Pero. No sé, creo que estaba acostumbrado a que siempre había ruido acá. Hace mucho que no nos quedábamos después de la prepa. No sé si ambos andamos en nuestro mundo, pero hasta se nos olvidó separar los dedos. Me río al notarlo, él baja la vista a nuestras manos. Aun así, no las separamos. Me da el impulso de acercarme más. Creo que jamás he iniciado un abrazo yo. Pero, siempre hay una primera vez, ¿No? Vuelvo a mirar a sus ojos, pero él ya me estaba viendo. Aparto la mirada. Si no lo pienso es más fácil. Si no lo pienso es más fácil. Si no lo pienso es más fácil. Si no lo pienso… Rompo la distancia que nos quedaba. Apoyando mi mentón en su hombro. Creo que al principio no entiende muy bien por qué de la nada he decidido romper mi propia regla de espacio personal. Y aunque no la entienda, como quiera no le pienso decir. Pronto siento sus manos pasar a mi cintura. Ya a este punto creo que ya se puede decir que he hecho las paces con los escalofríos. Siempre huele igual, como a perfume, pero no del típico, sino otro... Diferente. Por decirlo de alguna manera. —Leo, me mandó mi mamá a buscarte…— La voz de Lucía me hace separarme de golpe. —¿Para qué me quiere? — Con la voz un poco tensa, paso saliva. Ya ni el sol me hizo ponerme rojo. ¿Por qué que Lucía me vea abrazado de Isra sí? —Nada más para ver si ya habías llegado. — Me da una última mirada antes de darse media vuelta e irse. Me paso ambas manos por el rostro. Estoy seguro que ni siquiera la mandó mi mamá. Nada más vino porque escuchó nuestras risas. Como si no la conociera.
86 Escucho la leve risa de Isra, dándole una mirada medio apenada. Primera y última vez que empiezo un abrazo yo. Ya vimos que, si eso pasa, algo tiene que salir mal. Y cuando pienso en decir algo… Vuelvo a sentir los brazos de Isra rodearme. Bueno, mínimo cumplí mi promesa. Última vez que soy yo el que da el abrazo. Aparte, qué pena. Ay no, mátenme. No puedo devolverle el abrazo, pues me quedo rígido un buen rato. El corazón me va a mil. Qué horrible sensación. Ni que me estuviera cayendo de un paracaídas. Esta vez me separo más pronto. No porque ya no quiera abrazarlo. Sino que, me da miedo que sienta cómo mi corazón se me está por salir. —Me amas, admítelo. — Me río para despistar, pasándome una mano por el cabello. —O sea, ¿Amar, amar? No, pero... te aprecio. — Ladeo la cabeza, con media sonrisa, algo sarcástico. ... —¿Dónde estabas? — Mi mamá apenas y pongo un pie en la casa ya me está preguntando eso. Me acerco a ella y me inclino a darle un beso en la mejilla, en forma de saludo. —¿Lucía no te dijo? — Me apoyo en la barra de la cocina. Sabía que fue por cuenta propia. Pinche Lucía chismosa. —Estaba con Isra. En el parque. — Me acomodo el cabello. —¿Cómo sigue con eso de Luca? — —Pues... No me dijo nada, y tampoco le quise preguntar. — No quería volver a preocuparlo si le preguntaba. Aparte, si no me dice, no le pregunto. Así de simple. Yo no sé si tiene ganas o no de hablar de eso. —Bueno, ojalá que se le pase. Sí se veía mal. —Si… Pero, va a estar bien. Estoy seguro. — La verdad es que no. Pero eso no tiene por qué saberlo ella. Decido saltarme la comida, diciéndole a mi mamá que estoy “muy cansado” y que “prefiero dormir”. Pero mi plan va a todo menos a descansar, tengo cosas que sacar lo antes posible de mi mente. Al pasar por el cuarto de Lucía para verificar que está ahí, aunque, ¿Dónde estaría si no? O sea, es demasiado temprano para que salga. Solo entro a mi cuarto a aventar mi mochila al suelo, para ir directo al cuarto de Lucía.
87 —Necesito hablar contigo. — Ni siquiera toco la puerta para avisar que voy a entrar. Levanta la vista hacia mí, un poco confundida. —¿Ahora con quién andas saliendo? Por favor otro hetero curioso que no sabe lo que quiere no sea el caso. — Suelta una leve risa, pero al ver que simplemente volteo a otro lado. Se pone totalmente seria. —¿Bien…? — Palmea el colchón, indicando que me siente al lado de ella. Dudo. Creo que estaría mejor en la puerta, pero… No quiero preocuparla si me quedo en la puerta. Camino despacio a su cama, sentándome en la orilla. —Bueno… Viste el abrazo… Sabes que llevo días sin querer como… ¿Verlo? Tal vez… Uhm… — Me paso la mano por el cabello. Me pude haber imaginado hablándole de miles de chicos a Lucía, pero… ¿De Isra…? El solo pensamiento hace que el corazón se me vuelva acelerar. —A ver, si, vi el abrazo. ¿Qué hay con eso? — Levanta una ceja. Suspiro. Comienzo a sentir cómo apenas se me forma un nudo en la garganta. Mis manos comienzan a temblar. Dios… ¿Por qué chingados me tenía que suceder a mí? O si de verdad tenía que pasar… ¿No podía ser mínimo otra persona? —Es que...— el nudo en mi garganta se aprieta más. Estoy seguro que si fuera otra situación... Con otra persona… No me costaría tanto decirlo. —Creo que...—suspiro, con la voz temblorosa. —que... me gusta. — Ni siquiera la quiero ver a los ojos. Qué manera más pendeja de joderme el día. Estaba muy bien. Pude haberme guardado esto. —Me gusta Isra, Lucia. Me gusta. — Más que para decírselo a ella. Es para ver si, escuchándome decirlo en voz alta ayuda a dejar de hacerme pendejo. Y bueno, creo que funciona, pero… ¿A qué costo? Suspiro. —Y me da mucho miedo. — Cierro los ojos con fuerza, dejando que salgan las lágrimas de una vez. No sé ni en qué momento termino abrazado a ella. Creo que tal vez por el miedo de ver su reacción. —Leo…Bueno, ya sabes lo que eso implica… — Me acaricia el cabello. Lo que solo hace que me suelte a llorar más. —No sé qué se supone que deba a hacer con esto. — Odio escuchar mi voz así. Odio que me pese tanto esto, pero a la vez… ¿Cómo no me pesaría? No estoy hablando de una persona sin importancia. Estoy hablando del imbécil que conozco desde los ocho. El que se burla conmigo y de mí. El que sabe cuándo estoy de la chingada. ¿Por qué madres tenía que ser él? ¿Por qué?
88 —Y, aparte, es mi mejor amigo… No me puede gustar, Lucia. No puede. — Me ahogo entre sollozos. Lucía me levanta el rostro. Limpiándome las lágrimas con los pulgares. —¿Por qué no? — Me mira a los ojos. Me caga que su voz sea así de calmada en estos momentos. No es que me moleste, o sea, es solo que… Me siento como si le estuviera hablando a un niño chiquito. Esa sensación es la que me caga. —Es que yo sé que ni siquiera le voy a gustar. No hay posibilidad. No soy lo que él busca. — ese pensamiento me quiebra más. Es verdad, por más que lo intente, jamás le voy a gustar. No porque yo sea mal opción, sino porque, ni siquiera soy una opción. Por naturaleza no le gusto. —Eso no sabes, puede que haya cosas que aún no te dice... — —No me des falsas esperanzas. — Alzo un poco la voz, desesperado. — Y aunque así fuera, igual sería un no rotundo. — Digo en contra de lo que siento. Pero sería lo mejor para los dos. —No pienso arriesgar la amistad por un simple capricho mío. —Primero, nada que te ponga así es un capricho, no debes de encasillarlo con ese término...— Me mira a los ojos. Siento que los ojos me arden otra vez. Ya me había calmado. Puta madre. —Segundo, si no lo dices, está bien. — Sujeta mis manos. Seguro ya notó que no han dejado de temblar desde que empecé a hablar. —Pero dudo mucho que puedas ocultarlo, más si consideramos que lo ves todos los días. — Comienzo a mover el pie. Me zafo de sus manos para tallarme el rostro. Tiene razón. No voy a poder. Y aun así firme en fingir demencia hasta que se me olvide. Me funcionó una vez, otra seguro que también jala. —Igual ya sabes la decisión que voy a tomar, ¿No? — Mi voz suena amarga, ya afectado por llorar y por tener que aceptar que no hay nada que hacer. Asiente como respuesta. Decido que ya hasta acá terminó la conversación. Levantándome. Pero me detiene de la muñeca, haciéndome voltear por encima de mi hombro. —Si cambias de opinión porque crees que te equivocaste acerca de Isra... Ten en cuenta que, él es bueno, y te quiere muchísimo. — Lo último lo siento como si me hubieran disparado. Un gran peso se me pone en el pecho en cuestión de segundos. Sí, pero, ¿De qué sirve que me quiera si es en una forma amistosa? Ya no quiero seguir con esto. Ahora soy yo el que solo asiente.
89 —Gracias. — Susurro antes de cerrar la puerta de su cuarto. agradecimiento. Y apenas llego a mi cuarto, cierro la puerta con seguro, tirándome en la cama. Vuelvo a tallarme el rostro antes de echarme a llorar por milésima vez en el día.
90 No te ilusiones. Capítulo 12 Si de por sí ya no quería ir a la prepa... Con todo esto menos. Lo bueno es que Isra me mandó mensaje diciendo que se le hizo tarde, así que, mínimo no le voy a ver la cara hasta que llegue a la prepa. Hubiera preferido no despertar hoy a tener que convivir con él todo el camino a la prepa. Mínimo y estando allá no estamos solos. Y ahorita lo que menos quiero es quedarme solo con él. Aunque igual, ya solo es recoger calificaciones la semana que viene y a la chingada todo. Ojalá no haber dejado ninguna materia. Aunque, según yo, la única que estaba en riesgo, era inglés por la chingada libreta. Pero, igual ya no es culpa mía que la profe se haya incapacitado justo en la semana que debía de entregarla. Muy pedo suyo. A ver si me la quiere recibir por Classroom. Prefiero eso y que me ponga un ocho a que me ponga cero por no tener ni madres. O sea, está bien que a veces si me pase y no haga nada, pero... Tampoco como para reprobar. Con que pase el semestre soy feliz. Me paso la mano por el cabello cuando el fleco me vuelve a calar en los ojos, teniendo que partirlo en dos. Ni siquiera está tan largo. Ugh, ayer se me olvidó decirle a Lucía de eso, andaba bien apendejado con todo lo de Isra que ni se me pasó por la mente lo del cabello. Y como si el pinche día me viera muy tranquilo... Empieza a llover. Bien. Qué felicidad. Mira nada más cómo me río de la alegría. A ver, hay de dos: de verdad si refresca este calor de la chingada la lluvia, o vale cola todo, llueve como media hora y nada más levanta más el bochorno. No sé si reírme o llorar. Y para acabarla, ni suéter me traje. Chingada madre. ... Todavía me toca pasar a prefectura para ir a recoger quién sabe qué cosa que me dijo la prefecta para el profe de historia. Y tiene el descaro de reírse de que no vi el pronóstico y que llegué todo pinche mojado a la prepa. O sea, está bien que me llevo con ella y me cae bien, pero... Eso ya es abuso.
91 Aparte, en mi vida le he puesto atención a los pronósticos. Eso es cosa de señores. O eso pensaba antes de entrar al salón y ver a todos con suéter. Ay, no sean mamones. ¿Neta soy el único que de verdad no ve los pronósticos? Suspiro al ver que el banco de Isra aún está vacío. Seguro se va a esperar a que lo traiga su papá, o de plano ya no va a venir. Ojalá sí sea la primera. Me dejo caer en el banco, recostándome en la mesa de este. Ya me está dando algo de frío. ¿Será prudente regresarme a mi casa por un suéter? Ay no, que hueva, ya ni modo. —Gisselle... Ya te sentí, wey. — Me volteo a verla, encontrándola justo cuando me iba a asustar. Mugrosa. Puedo estar pendejo, medio ciego, estúpido, medio bizco, no saber caminar bien, trabarme de vez en cuando... Pero la vista periférica y mis nervios no me fallan. Bueno, a veces. —¿Cómo andas? — Se sigue riendo. Ay, ¿A poco sí se nota que ando bien jodido? —¿Por? — Frunzo las cejas. —Nada más... Te vi raro ayer, antier, la semana pasada, y todo el mes. — Aunque sé que lo dice de broma... Puede que sí me haya sentido un poco de la chingada. Pero, según yo lo he estado ocultando bien. O sea, no me han visto de que, tirado. Así que no pueden decir que me he estado muriendo. Porque, aunque sí pueda ser cierto, no me han visto. —Mentirosa. Nada más fue el martes que me sentía mal. — Me río un poco, rodando los ojos. —Ya bien, menso. ¿Sí estás bien? — Me busca la mirada, pero yo me distraigo al ver a Isra por la ventana. Ya llegó. —Te lo juro. — Murmuro, siguiendo a Isra con la mirada. Atrás de él viene Debany, creo que le está diciendo algo, porque Isra voltea a verla, riéndose. Otra vez siento el nudo en el estómago igual que cuando lo terminé arrastrando para "ir por la lista" Me paso una mano por el cabello, apartando la vista para que Gisselle no vuelva a sacar sus conclusiones. No quiero decirle. No aún. Ambos entran juntos, y no me sorprende que Isra le sostenga la puerta. Al final, su mamá se la rifó criándolo y hace eso con todos. Hasta conmigo, pero... Ugh, no deja de ser incómodo verlo que lo haga con alguien que no soy yo.
92 Puede que Gisselle haya tenido razón ayer, con de que estaba celoso, pero... ¿Es que cómo no? Ay no, ya adiós. No le voy a dar tanta importancia. Se supone que no me importa y que tengo que fingir demencia. No puedo estarme enojando por cosas como estas. Pero apenas Debany pasa, Isra corre conmigo, sonriendo. Me es imposible no regresarle la sonrisa. —¿Por qué no traes suéter? — Ruedo los ojos, sabía que primero se iba a burlar. Desgraciado. —Porque no vi el pronóstico... — trato de no reírme. Decirlo en voz alta es más ridículo de lo que pensé. Qué pinche pena, neta. —Pero, o sea, ya sabes que nunca los veo. — ¿Eso funciona como justificante? Ojalá sí. Me paso una mano por el cabello. Ahora el que se aguanta la risa es él. Ugh, mugroso. —Bueno, pero... ¿No tienes frío? — Deja la mochila en el banco enfrente mío. ¿Por qué siempre se tiene que cambiar de lugar? Bueno, a él es el único que le dejo hacer eso. A los demás si los mando a la chingada. —No... — arrastro la palabra. Pinche mentiroso que soy. Pero, sé de lo que es capaz. Y no quiero más pedos de ese estilo ahorita. —¿Seguro? — deja el suéter en la mesa del banco. —Te lo juro. — La gente debería de dejar de creerme cuando "juro" algo. Pero, a la vez, qué bueno que sigan cayendo en la mentira. Me es más fácil. Mantengo la vista fija en el su suéter en la mesa. No me lo voy a poner, el frío es mental. ¿Frío? ¿Qué es eso? ¿Se come? Ni de pedo me lo pongo. No hay forma. Pienso darle la excusa de que se lo ponga él porque me va a dar frío, pero trae una camiseta de manga larga bajo la playera del uniforme. Ugh, bueno, igual se lo puedo regresar siguiendo mi mentira de que no tengo frío. El profe nos pone a anotar sabe qué cosa de un vídeo que está proyectando. Wey, ya es la última semana, no deberíamos de estar haciendo nada. Ya ni lo va a calificar, pero "Eso les va a contar para el otro semestre" Ni madres. Nunca cuenta. Ni se acuerdan. Aun así, me digno a hacerlo. Si mantener la cabeza ocupada en un vídeo de un tema que claramente me pasó por la cola porque no me interesa me ayuda a olvidarme de Isra un rato. Con gusto lo hago. Termino poniendo el suéter hecho bola en mis piernas. Al rato se lo doy. ... —¿Y si nos quedamos en el salón? — Murmuro, con las manos entre mis
93 muslos para tratar de calentarlas un poco. Bueno, al menos la lluvia no hizo que pareciera olla el pinche clima. —Leo... — Me mira a los ojos, haciendo esa cara que siempre usa para convencerme. Suspiro, tratando de mantener mis labios serios. Soy débil a sus ojos. Lo admito. Aparto la mirada, y de mala gana me levanto del banco. —¿Y el suéter? — Dice con una sonrisa una vez que llego con él. —Isra... — Reprocho. Pienso ser fiel a mi palabra. —Leo... — Repite con el mismo tono que yo, sonriendo y volviendo a hacer esa mirada. —Te odio. — Le doy un leve empujón con mi mano en su pecho, dándome media vuelta para regresarme por el suéter. Dudo un poco antes de ponérmelo. Gisselle va a tener mucho de qué hablar una vez que me vea con él puesto. Y no solo ella. Ugh, he andado muy bien estos días sin que me molesten. Ojalá que cuando me vean, por una vez sean empáticos y lo dejen pasar. Y si no... Como quiera está Isra. Una leve sonrisa se forma en mis labios cuando siento el suéter haciendo su trabajo. Dios, sí me estaba muriendo de frío. Pero, ¿Qué le vamos a hacer?, soy bien pinche terco. Aunque, pronto me llega el olor del perfume de Isra. Me paso una mano por el cabello, pues se me ha despeinado cuando me lo ponía. —¿Feliz? — Llego a su lado, acomodándome el gorro del suéter, estaba todo doblado. —Mucho. — Sonríe de forma juguetona. Me toma de la muñeca, jalándome afuera del salón. Aún con todo y suéter, logro sentir la calidez de su mano alrededor de mi muñeca. Ugh. Sabía que esto iba a ser difícil. Mientras vamos caminando por los pasillos rezo que nadie se le atraviese a Isra. Cosa que claramente sucede porque conoce a media prepa. Mientras plática con el chico eso, otra vez siento un tirón en el estómago. Qué horrible es esto. Es un chico. Es un chico. Es un chico... No debería de importarme si está hablando con un chico. Total. Se sabe que Isra no es así.
94 Me cruzo de brazos, recargándome en el barandal. Enfrente mío pasa alguien, dándome un empujón en el hombro. Por instinto, mi cuerpo se pone rígido y el corazón se me acelera. —¿Qué? ¿Ahora cómo vas a negar lo de tu noviecito? — Aparto la mirada, aferrándome a los tubos del barandal. ¿Otra vez...? —Traes su suéter, wey. —Hasta crees que no lo reconocemos. — Los tres se ríen. Uno de ellos se acerca más a mí. Lo suficiente como para que termine pegándome por completo al barandal. Isra me está dando la espalda. Y ellos están hablando lo suficientemente bajo como para que no se dé cuenta. Paso saliva. Pinche nudo en la garganta. Siento que no me deja respirar. No puedo hablar. Las palabras no me salen. Es como si me hubieran tapado la boca con la mano. Wey, tengo a Isra a menos de diez pasos. No puede ser que no pueda gritar. Que no pueda mínimo defenderme de alguna forma. ¿Por qué, wey? ¿Por qué? —¿Qué? Ya no tienes como negarlo, ¿verdad? — Otra vez uno de ellos me toma del mentón. Muevo bruscamente la cabeza, tratando de zafarme. Pero me aprieta demasiado fuerte, lo suficiente como para que me comience a doler. Ya se me han puesto llorosos los ojos. Bien. Perfecto. —Y... Qué lástima. No viene a defenderte. — Hace un puchero burlón. Demasiado cerca de mi cara. Sigo tratando de echar la cabeza hacia atrás, pero no puedo. No cuando me sigue jalando hacia él. Siento su pinche aliento rosarme los labios. Necesito moverme. Esto es demasiado. Pero, ¿Cómo se supone que me mueva si los otros dos los tengo a cada lado mío? Chingada madre, wey. Neta. Ni siquiera me puedo mover como para empujarlos. Aparte, la última vez que lo intenté... El que salió perdiendo fui yo. Otra vez siento el cuerpo totalmente tenso cuando quien me tomaba del mentón decide soltarme. No me soltó porque se cansaron de mí. Es porque es el turno de otro.
95 No es hasta que cambian de lugares. Otro diferente se pone enfrente mío y los otros dos me sujetan de las muñecas... Que mi cuerpo por fin decide reaccionar. —Suéltenme... Por favor... — Miro a los ojos a quien tengo enfrente. Solo se ríe. Es lo que quieren. Y conmigo siempre lo logran. Aun así, lo digo en voz baja. No soy capaz de gritar. No cuando ni yo mismo me doy cuenta que llevo rato ahogándome en el llanto. —¿Por qué no le dices a tu novio que te salve? — Se ríe en mi cara. Yo solo estoy viendo a Isra, quien sigue de espaldas. Totalmente ajeno a esto. —Es que desde acá se ve que no le interesa, wey. Ni se ha preguntado dónde está. — Hablan entre ellos, riéndose y haciendo caras de lástima. Como si de verdad les importara. Siento mi corazón a todo lo que da. —Apostaría que solo lo quiere para... — No termina la frase. Pero hasta yo le entendí. —¿Para qué? Dilo, wey ¿O mucho miedo? — Lo jala del hombro. Y cuando menos lo pienso. Ya lo está agarrando del cuello de la camiseta. Los otros tratan de separar a Isra del chico. Fallan cuando ven que Isra no les tiene ni tantito respeto. Sé de lo que son capaces. Tanto ellos como Isra. No quiero ni ver lo que está sucediendo, pero me es imposible cuando los tengo enfrente. Isra se va a meter en problemas por mi culpa. Soy un idiota. Debería de tratar de separarlos. Pero ni siquiera eso puedo hacer. Mi cuerpo solo quiso reaccionar una vez y fue para hablar... —¿A ti qué lo que yo sea de Leo? ¿Te dan celos o qué? — No parece querer soltarlo. Pero cuando lo hace... Se le olvida que seguimos en la prepa. Por un momento se aleja, y algo parecido al alivio me recorre el cuerpo. Después me doy cuenta que es solo para agarrar vuelo... Pues veo el puño de Isra yendo directo a la cara de ese wey. Dándole de lleno en la nariz. Lo único que alcanzo a ver es como todos se acercan, rodeándolos. Mientras me hago paso entre la gente, limpiándome las lágrimas con la manga de su suéter... Veo el momento justo en el que uno se le echa encima, tumbándolo de espaldas al suelo. Otra vez me congelo. Pienso que seguro el golpe en la cabeza de Isra fue duro, pues por un momento toda la bola de personas se queda en silencio. Dejan de abuchear, de insultar, de apoyar la pelea.
96 Pero conozco a Isra... Y de alguna forma... Ahora es él quien está encima del chavo. Me quedo en medio de la gente y ya desde acá le veo el ojo morado, pero no parece importarle. Está dispuesto a ganarles. Pero hasta yo sé que no va a poder. Los minutos se me hacen eternos. Alcanzo a ver uno que otro golpe entre la poca vista que me dan las personas, tanto dados como recibidos por Isra. Los ojos me vuelven a arder cuando veo que por fin veo que un profe los separa, pero lo que menos siento es alivio, pues veo como se llevan a Isra casi arrastrando. Muy apenas puede caminar. Y como quiera sigue hablando quién sabe qué. Seguro mentando madres. Esto es mi culpa. Yo debí de hacer algo antes de que llegara a esos niveles. Apresuro mi paso, sin importarme que Gisselle me esté gritando que me regrese desde toda la gente. Otro profe lleva a el que salió más golpeado. No sé si también se puteó a los otros dos o entonces... ¿Por qué es que no los llevan a ellos también? —Si no hubieras estado molestando a Leo no hubieras acabado así, wey. — Es lo primero que escucho de Isra apenas llego con él. —Juro que si vuelvo a ver que le haces algo no te la acabas, cabrón. — Sigue con toda la adrenalina aún. El profe que lleva a Isra agarrado termina regañándolo por el lenguaje, pero sé que eso no le va a impedir que siga diciéndole de cosas. Efectivamente tiene el ojo morado. Parece que le abrieron el labio y está todo entierrado, aparte de una que otra marca roja en la cara. —Lo dudo, mira cómo quedaste. — El otro tiene un papel en la nariz, empapado de sangre. Tengo que voltear a otro lado para que el estómago no se me revuelva. Mínimo a Isra no se le ve tan feo el labio. Eso no significa que soporte verlo. Obviamente también me da cosa ver la poca sangre que ya se le secó en el labio. —Peor que tú no. — replica, con una risa seca. Lo peor es que se ve orgulloso de esto. Voy a tratar de convencerme de que es por la adrenalina. —¿A… dónde los van a llevar? — Me dirijo al profe que trae agarrado a Isra, y tanto él como Isra se espantan al escucharme. Ni enterados de que iba con ellos. La mirada de Isra pasa a mis ojos, y siento como si me dispararan cuando veo que se ve mucho peor de cerca. ¿Qué irá a decir su mamá de todo esto? Dios... Ojalá no se enoje conmigo por hacer que su hijo reaccione así.
97 —A dirección. Esto requiere citatorio y suspensión. — Pero... ¿Para Isra también es todo eso? —Pero... Van a suspender a ellos y a los demás, ¿verdad? — Hay algo de esperanza en mi voz. Que yo sepa, lo tres ya tienen suficientes reportes y suspensiones que es muy posible que los saquen de una vez de la prepa. Ojalá sí suceda. —Eso ya lo va a ver el director, Leonardo. — Suspiro, acomodándome el fleco. —¿No te duele...? — Paso a hablar con Isra, tratando de ignorar que el profe está con nosotros. -—No mucho... — Menea la cabeza, tocándose el labio y el ojo. —Y, ¿La cabeza? — Lo sigo viendo con preocupación, pues para que cuando cayó todos hayan guardado silencio... Tuvo que haber estado cabrón eso. —No. Solo como que me mareé cuando recién me pegué, ya luego se me pasó. — Pues sí, apenas se levantó se agarró a golpes otra vez... Ni chance de procesar el golpe le dieron. Ojalá que no haya sido nada grave, suficiente tienen sus papás con lo de Luca como para que ahora también este niño llegue golpeado de la prepa... ... Me quedo en la sala que está afuera de dirección, esperando a que Isra salga y me de noticias de a quién suspendieron y qué es lo que le van a hacer a él. Sí me asusté de verlo así. Jamás había visto que llegara a golpes. Sí, en la secundaria hubo empujones, pero todo era más que nada a palabras... No de esta forma. Comienzo a mover el pie contra el suelo, ya algo desesperado. Van como diez minutos desde que Isra entró a hablar con el director, los maestros y los otros tres para hablar de lo que pasó. No sé si la versión que cuente él vaya a incluir que me estaban molestando. O sea, me tiraría paro por hablarlo por mí, pero... ¿Y si me piden que vaya también a hablar para confirmar eso? No sé si pueda hacerlo... Qué pinche pena de tenerles que decir que no llevan meses molestándome, que ya llevan un chingo, y que por pinche miedoso y no quererme meter en pedos no he dicho nada. Él no tenía nada que hacer por mí, y como quiera... No dudó nada en echarse encima de ellos cuando escuchó lo que estaban insinuando... Y sé que no me debería de alegrar que Isra llegue a esos extremos por mí, pero... Si no hubiera llegado. El golpeado hubiera sido yo. Y yo sí hubiera terminado en el piso sin levantarme.
98 —¡Leo! — Escucho a Gisselle corriendo directo hacia mí, con mi celular en la mano. Frunzo el ceño, levantándome bruscamente de la silla. —¿Qué pasó? — Le pregunto a Gisselle, quien nada más se encoge de hombros. Le arrebato el celular, ya algo alterado. Al ver que es Isra quién me está llamando... No dudo en contestarle. —¿Qué pasó? ¿Cómo estás? ¿Todo bien? — Me siento algo agitado. Ojalá no sea nada malo. Pero... ¿Cuál es la necesidad de marcarme? —Hey... Sí, todo bien. Bueno, es que están pidiendo que digas lo que sucedió antes de la pelea, pero ni de pedo iba a dejar que vinieras con estos... — Se calla. Como si lo hubieran regañado. Paso saliva, ¿Cómo que para contarles lo que sucedió? Bueno, mínimo no me va a hacer entrar con ellos. —... Con ellos aquí. —Ah, bueno. ¿Todo? — Dudo. Gisselle no se ha ido, así que termina sentándose al lado mío, dejándome su mano cerca por si necesito apoyo, sin decir nada. Ya me conoce. —Lo que recuerdes, de preferencia sí todo. — La voz del director me da escalofríos. Yo puedo... De esto depende que por fin me dejen de molestar después de meses en los que valía madre quedándome callado. Yo puedo. Yo puedo. Yo puedo... —Bueno... Es que Isra me prestó su suéter porque yo no vi que iba a llover, no traje suéter, me agarró el frío... Todo eso. — Suspiro, no quiero que la voz me tiemble. De una vez le agarro la mano a Gisselle. —Primero me empujaron. Después comenzaron a decirme que si no estaba mi "Noviecito" refiriéndose a Isra. Que seguro andaba con él porque traía su suéter... Pero no conformes con eso. Uno comenzó a invadir mucho mi espacio personal. — Siento la garganta seca. —Para todo esto, desde que me empujaron yo dejé de tener movilidad. No pude hablar, no pude reaccionar, no me pude mover... Todo mi cuerpo se alertó demasiado que no pude hacer nada. — Se me rompe un poco la voz. Mierda. No quiero llorar. No quiero llorar... Aprieto un poco más la mano de Gisselle. Parpadeo algo rápido. —Y después de invadir mi espacio personal... Me soltó quién me tenía agarrado del mentón. Pero solo me soltó porque era el turno de otro para molestarme. — Cierro los ojos con fuerza. Otra vez siento el corazón acelerado nada más de acordarme. —Me sujetaron de las muñecas, uno de cada lado. Me inmovilizaron incluso cuando veían que no me estaba moviendo. Les pedí, no, les supliqué que me soltaran. Pero les valió. Y ya en eso... Fue cuando se metió Isra... — Me acomodo el fleco.
99 —Uhm... ¿Algo más que ocupe saber? — Murmuro, ni cuenta me di cuando comencé a llorar. Me limpio las lágrimas con la manga del suéter, tratando de no hacer mucho ruido para que Isra no se vaya a dar cuenta que lloré. —No. Es todo. Gracias, Leonardo. — Suspiro, recargándome en Gisselle, quién sigue sujetando mi mano como si de eso dependiera su vida. —Al rato te veo. — Es lo último que me dice Isra antes de colgar. Escucho su voz algo tensa. Me tallo el rostro, sintiendo mis manos temblar. Ya lo dije. El director ya sabe. Seguro ellos también me escucharon. Ahora sí más vale que los expulsen, porque sí no... Peor me va a ir. Con que esto no escale al punto que les llamen a mis papás para también explicarles la situación a ellos... Todo bien. —¿Crees que... les digan a mis papás? — Dejo el hombro de Gisselle en paz, incorporándome para verla. Con los ojos aun ardiendo. —Leo... De todo esto, ¿Lo que más te importa es que tus papás se enteren? ¿Neta? — Me acaricia el dorso de la mano. No quiero verla directamente a los ojos. Odio que me vean de esa forma. Cómo con lástima. Cómo si tuviera algo que debería de arreglarse. Me caga que me vean así. —Es que no es solo que se enteren... Es que les van a decir por qué me dicen esas cosas. Y yo aún no quiero decirles que soy gay. Todavía no estoy listo. — No sé ni siquiera si algún día llegaré a estarlo. Ugh, ¿Por qué esto es tan pinche difícil? ¿Por qué tengo que salir del clóset? ¿Por qué no simplemente puedo llegar un día con novio y ya? Sin la necesidad de explicar. ¿Por qué? —Leo... No hay prisa y, aparte, no tienes por qué estarlo. Puedes estar muerto de miedo y decirles, aun así, o puedes no hacerlo. No hay reglas estrictas en eso. — Cierro los ojos, volviendo a llorar. Ya wey, ya pasó todo esto, ya se está solucionando... Ya deja de llorar un rato, ¿No? —Me voy a deshidratar de tanta lloradera. — Trato de bromear un poco para distraerme. —Menso. — Se ríe en bajito. Y agradezco que se detenga cuando me iba a dar un empujón de broma. Ya que estoy de la chingada, pero... ¿Qué tan bueno será decirle lo de Isra? ¿Es muy apresurado? Es que... Bueno, igual, no ha hecho preguntas del suéter. Pero seguro que debo de seguir oliendo un CHINGO al perfume de Isra. Yo no sé por qué siempre se echa tanto perfume.
100 Me vuelvo a limpiar las lágrimas, mirando vario rato hacia arriba para evitar seguir llorando y ver si así se me calma el ardor en los ojos. Y lo bueno que me limpié las lágrimas ahorita, porque justo sale el profe que traía a Isra hace rato de la dirección. —Leonardo, pide Israel que si puedes ir con él. Está en enfermería. — Volteo a ver a Gisselle, esforzándome lo mejor que puedo para que no se me pinte la sonrisa apenas escucho el nombre de Isra. ¿Ahora para qué me quiere ahí? La sola idea me deja una presión en el pecho, pero... No es de esa presión que no puedo ni respirar. Es diferente. No sé, algo rara. Gisselle solo mueve la cabeza para que vaya. Le termino dejando a cargo mi celular. Espero que no se tome fotos como siempre. Ya no tengo almacenamiento suficiente como para dejarla hacer eso. Acelero un poco el paso cuando me doy cuenta que están regañando a los tres. No quiero verlos. El profe es quien me abre la puerta de enfermería. Dándome de lleno con Isra sentado en la camilla. —¿Cómo estás? ¿Te sientes bien? ¿Te duele todavía la cabeza? — Apenas llego enfrente suyo, le levanto la cara con mis manos, acercándome más de lo que me gustaría, viendo la cinta en su labio. —¿Qué te dijeron? ¿Qué te van a poner? ¿Le hablaron a tus papás? ¿Van a venir ellos o los míos? — Lo ataco de preguntas, tropezándome un poco al hablar. Me sostiene la mirada mientras me toma de las muñecas, quitando mis manos de su cara, pero... Me sostiene las manos de una forma... No extraña, si no cómo intentando calmarme. Aparto la vista a la ventana atrás de él. —Mira... Te voy a ser sincero. El golpe en la cabeza me sigue doliendo, ya me estoy mareando, tengo sueño... — Suspiro, ¿Cómo lo puede decir tan tranquilo? Lo miro con algo de preocupación. Bueno, mínimo no se ve ido ni nada por el estilo. Tal vez ya se le empezaron a juntar las cosas. No me quiero preocupar mucho... —Me dijeron que iba a haber reporte y pues, la junta con mis papás. De los otros no sé, creo que están viendo si ya los sacan de la prepa. — Cierro los ojos del alivio, ojalá sí los saquen. Aunque con eso de que "mágicamente" las suspensiones a ellos siempre se arreglan... Ya no se sabe. No me quiero ilusionar. —Y, ya vienen mis papás. No te preocupes. Estoy bien. — No entiendo la manía de decir que está bien cuando claramente no lo está. Y obvio que me voy a preocupar, lo estoy viendo medio muerto.
101 Bajo la mirada a nuestras manos. No sé en qué momento comenzó a acariciar el dorso de mis manos, pero en el momento en que parece darse cuenta... Me suelta. Solo me agarró de las manos, seguro no lo pensó... Ya sé cómo es. No te ilusiones. No es nada. —Los dejo solos. — Ni cuenta me había dado de que el profe seguía aquí. Bueno, mínimo nos dejó solos. —Cabrón, me sacaste un susto terrible... Pensé que te ibas a morir o algo así. — Suelto una risa algo seca, el nada más me sostiene la mirada. —¿Tú? ¿Cómo estás? ¿Te sentiste bien contando todo? — ¿En serio se sigue preocupando por eso en vez de lo de su cabeza? —Me sentí raro, es la primera vez que hablo de eso... de esa forma. Pero, sí, estoy bien. Ojalá por fin pueda descansar de ellos. — Suspiro. Aunque, también está la posibilidad de que no los expulsen y valga madre todo otra vez. —Otra cosa... ¿Por qué? —¿Por qué de qué? — Se hace el que no capta. Hasta cree que me va a hacer pendejo. —¿Por qué te agarraste a putazos? — Aparta la mirada. Ahora sí parece que hay cierta culpa en sus ojos, no que hace rato, que hasta se estaba riendo. —No pude controlarme, wey, perdóname. Pero es que empecé a ver qué tú no hacías nada y no me pude quedar ahí, nada más viendo... No pude. — Suspira, algo frustrado. Yo me las hubiera arreglado solo. No había necesidad de que se metiera. Lo que menos quería era justo esto, y.… mira cómo acabamos. —Me dejé llevar. Ni siquiera pensé cuando le di el golpe. Lo único que quería era que sintieran un poco de lo que tú sentiste alguna vez. Quería venganza. Y como nadie hacía nada... Lo hice yo. — Parpadeo rápido. Ya no voy a llorar. Ni de pedo. —No era necesario que te pelearas a golpes... — Trato de hacerle entender —Ellos no entienden a palabras, Leo. Lo sabes. — Sí, lo sé. Pero, ¿No era más fácil hablarle a un profe en vez de que se le echara encima? —Aparte, no soportaría la idea de que si yo no me metía... El que estuviera ahorita madreado serías tú. — Me quedo callado un minuto. Sí, si él no se hubiera dado cuenta, creo que ni siquiera estaría así de tranquilo como él. Probablemente me hubiera ido mucho peor de lo que le fue a él. Me tallo el rostro. Ya me había olvidado de eso, chingada madre.
102 —Pero... —Pero nada, wey. Lo volvería a hacer sí esos cabrones no quedan expulsados. Y... —Se pasa una mano por el cabello. —Perdóname. De verdad. No quería que me vieras... Pues así. Me pasé, lo sé. Y sabes que yo no soy así, ¿Verdad? — Creo que es la primera vez que lo veo así de inseguro sobre lo que yo pienso de él. ¿Cómo se le puede cruzar por la cabeza que después de esto yo lo voy a ver como los otros solo por esta vez? Jamás pensaría semejante mamada de él. —Isra, ni de pedo eres como ellos. — Le dejo en claro, quedándome con las ganas de volverlo a agarrar de las manos para que se lo crea. —Israel... Ya llegaron tus papás. — Viene a avisar el profe, así que toda la valentía que estaba reuniendo para volver a agarrarlo se va a la chingada. No. Ni madres. No me voy a tragar las ganas ni la valentía que ya tenía rato juntando. Él apenas escucha al profe, se levanta rápido, casi chocando conmigo, que sigo parada enfrente suyo. Lo agarro de los hombros, no dejando que se vaya. No aún. —Me asustaste demasiado. No quiero que vuelvas a hacer algo así, por favor... — Le sostengo la mirada, y trato de controlarme cuando me vuelve a agarrar de las muñecas, cerca de las manos, pero esta vez no me quita las manos. —Leo... — Trata de suplicar con sus ojos, como siempre. —No quiero. — Niego con la cabeza, deslizando un poco mis manos a su pecho. Él aún no me suelta. —No es que haya estado mal que me defendiste, pero... Me da miedo volver a verte así. —Está bien... Perdóname. — Suspira, sin quitarme la vista de encima. Ugh, ¿Por qué me tiene que ver así? Como... Algo intenso. Por un momento nadie dice nada. Sé que debería de dejarlo ir ya. Sé que están sus papás y el profe esperándolo, pero... Ugh, a la chingada todo. Ya fue. Comienzo a sentir la temperatura de su pecho en mis manos. Su respiración. Sus manos en mis muñecas. Otra vez el maldito tirón en el estómago decide aparecer... No vas a hacer nada malo. No se considera malo, ¿O sí? Antes de que me pueda arrepentir... Termino abrazándolo. Apoyando mi mentón en su hombro. Aferrándome más de lo que debería.
103 Se tarda en reaccionar, y con justa razón. Odio el pinche contacto físico, lo detesto a morir. Él lo sabe. Jamás inicio nada físico yo... Y que de la nada lo haga, seguro ha de ser raro para él. Pero cuando por fin dimensiona lo que estoy haciendo... Me devuelve el abrazo. Si no era suficiente el olor de su perfume en el suéter... Respirarlo casi directamente de su cuello podría terminar de matarme. Ugh, ¿Para qué me acordaba? Ahora rezaré para que Isra no se dé cuenta de que se me está por salir el corazón, si es que puede darse cuenta. Siento el rostro rojo. Bien. Genial. Increíble. Cuando me acuerdo que probablemente está el profe en la puerta, esperando a Isra... Le pongo las mando en el pecho y me separo lo más rápido que puedo. Ni modo si me ve rojo, ya no me importa. Mentira, me importa demasiado, pero... Fingiré que no. —Uhm... Al rato voy a tu casa. — Me paso la mano por el fleco, tratando de acomodarlo. Ni siquiera lo quiero ver. —Bien... — Todavía me da unas palmaditas en el hombro antes de salir junto con el profe, que, efectivamente, nos vio. Me tallo el rostro, apoyándome en la camilla. Frustrado a más no poder. Sintiendo el cuerpo algo tenso. ¿Por qué? ¿Por qué es tan pinche difícil alejarme de él? Jamás había batallado tanto en fingir que no me gusta alguien.
104 De todos… tú. Capítulo 13 —No sé ni en qué momento se me hizo buena idea decir que iba a su casa. — Camino en círculos por toda la habitación, seguro ya la tengo harta. Desde la comida he estado aquí, en su cuarto, contándole todo lo de hoy. Menos lo que me sucedió a mí. —Entonces no vayas... Te complicas la vida, Leo. — Me detengo en seco. No me la complico, solo... Pienso mucho. Es todo. Pero, no me hago la vida complicada, según yo así es más fácil. —Me va a estar esperando, ya le había dicho, aparte... Tengo el pendiente de ver cómo sigue. — Vuelvo a caminar, viendo solamente a mis pies. —Puedes mandarle un mensaje y se acabó. — Se encoge de hombros. Si, lo dice demasiado fácil. Es que... Bueno, sí, obviamente es más sencillo mandarle un mensaje, pero quiero verlo. Aunque nos hayamos visto hoy. No me importa. No me he podido sacar de la cabeza que terminó todo madreado. —No. Quiero ir. Es más, ya se me hace tarde. Adiós. — Hablo rápido, saliendo lo más antes posible de su cuarto. "Oye, entonces sí voy a tu casa? No hay castigos?" Me siento en mi cama, esperando a que responda. Dejé doblado el suéter, su suéter, mejor dicho, justo al lado de donde me he sentado. Estiro el brazo hasta tocar la tela. "Cáele cuando quieras. No hay nada de castigos" Me responde casi de inmediato. Quién sabe qué les habrá dicho a sus papás para que no haya castigo... Pero bueno, mínimo nos vamos a poder seguir viendo. Bien, yo creo que ya es buena hora para irme, aparte, no hay mucho que hacer en la casa. Quién sabe dónde se metió mi mamá que, desde que llegué, no está. Seguro anda con sus amigas o yo qué sé. Al levantarme, vuelvo a ver el suéter en la cama. Sigue lloviendo, pero no me lo puedo llevar. No me lo pienso poner para ir justo con Isra, me lo va a querer quitar, y siendo sincero... Ya no se lo pienso devolver.
105 Me tocará ponerme un suéter mío. Media hora escogiendo un puto suéter, y ni siquiera tengo muchos, si acaso cuatro o cinco, pero... Es que cada uno tiene diferente vibra, y como hoy está lloviendo... Yo creo que toca uno azul, aparte, se parece al color del de Isra. Tal vez así se me quite la tentación de volverme a poner el suyo. Y tiene gorro, justo perfecto, pues me voy a ir caminando porque la pinche Lucía no se va a querer parar para llevarme. Ush, deja a su pobre hermanito a la deriva. Ahí que lo atropellen o lo muerda un perro. Ah, pero no fuera Fer, su mejor amiga, porque a ella la lleva hasta el pinche aeropuerto. Mugrosa, ¿Cómo la va a preferir a ella antes que a SU HERMANO? Bueno, también hay que aceptar que ella no le da tanta lata... Pero, sigo siendo su hermano, debería de ser yo el que tiene ventaja. ¿Llevaré paraguas? Si lo encuentro, sí. Lo cual dudo mucho. Lucia ya está viendo sabe qué serie en la tele. Me mira de arriba abajo al notar mi presencia en el último escalón, —¿Qué? Te dije que iba con Isra. — abro la puerta, topándome con que parece que se está cayendo el pinche cielo. Wey, ayer a treinta y pico de grados, hoy hasta en algunos lados hay granizo. No chinguen, decídanse. —Te vas a mojar. Está lloviendo horrible. — Le pone pausa a lo que está viendo, sin quitarme la vista de encima. ¿En serio? Ni por la mente me pasaba que me iba a mojar, eh. Qué gran descubrimiento. —No me quieres llevar. Ni modo. — Trato de victimizarme para ver si así me quiere llevar. No le muevo ni la pestaña. Pinche fría. —Efectivamente, no te quiero llevar. Llévate el paraguas. — Ruedo los ojos. Premio de la hermana del año va para... —¿Dónde está? —Creo que en el baño. — ¿Qué chingados hace un paraguas en el baño? ¡¿Y cómo qué crees, Lucia?! Ugh, odio mi vida. Después de unos cinco minutos, dónde sufrí y hasta calor me dio... El paraguas terminó estando en la cosita esa donde cuelgan las llaves. Según Lucia: "Pedo tuyo porque no viste ahí primero" Pero... Yo fui directo al baño porque, como buen hermano menor, CONFÍE CIEGAMENTE EN MI HERMANA. Debería de dejar de creerle. De paso agarro mis llaves, saliendo con una despedida de mano.
106 Ahora solo falta que el paraguas se me doble para que pueda mandar a la chingada a todos. No, mentira. No hay que manifestar que se me chingue el paraguas. Luego me va a regañar mi mamá. Aparte de que está lloviendo, hay un aire bien culero. A ver si no me voy volando. Se me sale la risa nada más de imaginarme. Qué pendejo estoy, neta. Por eso nadie me quiere, ¿Verdad? Ay no, ya. Mentira. Igual no se hace muchísimo tiempo de mi casa a la de Isra. Privilegios de vivir a una calle de distancia. Yo no sé cómo hay gente que vive como a cinco minutos de donde sus amigos y nunca se ven. Por eso Isra y yo aprovechamos machín y nos vemos diario. Cuando voy llegando... Me encuentro con que está afuera, jugando con Luca. Al parecer es de hermanos que no conozcan lo que es el reposo. Pues Luca no debería de andar haciendo cosas bruscas aún, y menos Isra, que hace menos de tres horas se andaba desmayando por el golpe en la cabeza. Pero bueno, ¿Quién soy yo para juzgar cuánto tiempo debe durar el reposo de ambos? Me quedo un poco lejos para poder ver de forma menos familiarizada a Isra jugando con Luca. Me es imposible no sonreír. Ugh, odio este sentimiento de sentirme así de feliz de verlo. ¿Cómo se supone que debo de fingir que lo veo solo como mi mejor amigo cuando la primera reacción que tengo al verlo es que se me acelere el corazón y sienta unas ganas inmensas de sonreír? Ugh, haberle puesto nombre a esto que siento cuando hablé con Lucía solo bajó aun más las posibilidades de que de verdad pudiera ocultarlo. ¿Cómo les puede importar tan poco la lluvia? Isra anda en una playera sin mangas y short. Nada más no se enferma porque comió tierra de chiquito yo creo. No me quedo más tiempo parado nada más porque Isra se da cuenta que estoy como a dos casas y viene corriendo conmigo. —Ya andas bien, ¿verdad? — Me río. Obvio sé que no, el ojo morado y la pequeña cortada en el labio me lo confirman. Bueno, mínimo ya no tiene tan hinchado el ojo, y su labio… Todavía se ve medio abierta la herida.
107 Quién sabe si le dolerá. Y si sí, claramente no le importa, pues está hablando y riéndose como siempre. Sin una pizca de dolor en su rostro. Aunque probablemente se esté aguantando el dolor. Está empapado, es más, apenas ahorita voy viendo que anda. EN LA CALLE. Cada vez me preocupa más la confianza que le tiene a sus defensas. —Me dieron medicamento. Ya no me duele nada. — Se pasa una mano por el cabello, suspirando con una sonrisa cuando se le pega un mechón a la frente por la lluvia. —No porque no te duela nada significa que ya puedes andar jugando por allí. — Lo sigo viendo con cierta preocupación, luego veo que Luca anda tirado en la banqueta y suelto una leve risa, negando con la cabeza. ¿Cómo siempre sus papás les dejan hacer este tipo de cosas? A mí de chiquito jamás me dejaron mojarme en la lluvia, ni ensuciarme en el parque, ni sentarme en las banquetas... Y el primer recuerdo que tengo de Isra, y el mío estando sucio, es de cuando nos conocimos, con él todo manchado de las rodillas y de las manos de tierra en el parque. Siempre me dio algo de envidia no tener a unos papás como los suyos. La verdad. —Él también ya anda bien. No pasa nada. — Me vuelve a dejar, corriendo otra vez con Luca para cargarlo. Luca podrá tener, dos, cinco, u once años, pero Isra siempre lo va a seguir cargando. Ruedo los ojos antes de caminar hasta donde están los dos. Rezando con que Luca no me abrace porque está igual o peor de mojado que su hermano. Eso no sucede. Apenas me ve, corre a abrazarme, tal y como hace Isra. No hay duda de que estos dos son hermanos. Me agacho para abrazarlo mejor, cerrando por fin el paraguas. Importándome muy poco que esté escurriendo de agua. Total, la ropa se seca. Aparte no creo que me moje tanto. —¿Cómo estás? — Creo que jamás he sido consciente de lo mucho que me cambia la voz cuando hablo con él. Esa necesidad de hablar más calmado nada más porque es un niño. —Bien. Ya no me duele la cabeza ni traigo la venda. — No se me despega, me sigue rodeando el cuello con los brazos. A mí ya me dolieron las rodillas. —¿En serio? Qué bueno. ¿Y tus papás? ¿Dónde están? — Lo separo un poco para verlo. Él me sigue sonriendo, al igual que yo.
108 No se parece mucho a Isra, si acaso el cabello y los ojos, pero me atrevería a decir que ambos son igual en energía. No sé cómo explicarlo, es como si tuvieran la misma forma de hablar, de moverse, de ver a la gente... No tengo duda que cuando crezca, va a ser igual de cabrón que la cosa que tengo como mejor amigo. —Adentro. — Señala a la puerta, por fin soltándome. Me levanto, yendo con Isra. —Te ama. — Rueda los ojos. Está recargado en el marco de la puerta, cruzado de brazos, pero aun así no puede quitarse la sonrisa del rostro. —¿Quién no? — Bromeo, él solo me da un empujón en el hombro, riéndose. Por un momento nos quedamos callados, simplemente viéndonos a los ojos. Rezo con que él no pueda escuchar que mi corazón se acelerado otra vez. ¿Por qué…? Bueno, no, mentira. Sí sé por qué de todos tenía que ser él, pero me sigue pareciendo bastante injusto. O sea, es mi mejor amigo. ¿De verdad no había otro que se pareciera? Aunque, me toca aceptar que, aunque alguien llegara a ser idéntico a él, lo seguiría eligiendo. Yo no sé qué chingados me hizo. No sé si me hizo un amarre, me manifestó o quién sabe qué otra cosa, pero le funcionó. Le funcionó. Me siento como nunca antes, y no me alegra mucho. No cuando sé que, aunque haya oportunidad, yo le voy a decir que no. —Te estás súper mojando. — Su burla me saca de mi trance. Mierda, es cierto. Antes de que yo me pueda mover por mi cuenta, él ya me está jalando adentro de su casa. Allí es cuando me topo a sus papás en la sala. Se me hace rarísimo verlos en casa, considerando que siempre que vengo andan trabajando y dejan a Isra solo, algunas veces hasta sin Luca. Pero considerando que se salieron los dos del trabajo solo para ir a ver todo el desmadre de Isra en la prepa… Seguro no están tan contentos de verme acá, por lo que simplemente los saludo de lejos, además Isra decidió que iremos directo a su cuarto, jalándome de la muñeca escaleras arriba. Pero siendo sincero, hasta acá noté que se apresuró en sacarme de allí porque lo más probable es que, con lo que sea que le habrán dicho a su mamá sobre el por qué se peleó Isra… También se preocupó por mí.
109 Y Isra más que nadie sabe que odio que la gente se preocupe por mí. ... —¿Seguro que ya no te duele? — Lo veo por el reflejo del espejo, viendo cómo presiona un pedazo de toalla húmeda en su labio para limpiar la herida. Todavía le sale un poco de sangre, y ahora sí se está quejando. —No. Duele horrible. — habla entre dientes, tratando de mover lo menos posible sus labios. Seguro ya se le pasó el efecto del medicamento. Aunque no quiero, termino burlándome un poco de él, haciendo que termine viéndome súper ofendido. —Nadie te mandó a pelearte. — me sigo burlando, aunque, también aprovecho la gran oportunidad que tengo para no apartarle la vista de encima sin parecer sospechoso. —Ya te dije que lo volvería a hacer. — se voltea para verme directamente a los ojos, porque hasta ahorita, me estaba viendo desde el espejo. Otra vez me deja callado, Isra, ¿De verdad no valoras ni tantito tu vida? Lo peor es que ni siquiera se ríe o lo dice con una sonrisa, lo dice casi como si me estuviera regañando o diciendo que ya me dejó en claro eso, que ya no discutamos el tema. Paso saliva, no me ha quitado la Mirada de encima y eso está haciendo que los nervios me lleguen hasta el cuello. Lo peor es que, por alguna razón, yo tampoco puedo dejar de verlo. Me siento medio atado, ¿Sí me habrá hecho un amarre? Tengo que romper este silencio, a ver qué chingados digo, pero estarlo viendo por más de cinco minutos fijamente a los ojos me está haciendo considerar cosas que sé que no me van a ayudar en nada si quiero mantenerme al margen de nuestra amistad. —Bueno... Te espero allá. — Huyo. Obviamente huyo. Me salgo del baño, pero me tengo que aguantar las ganas de tirarme de jeta en la cama porque, número uno: no es mi cama y, número dos: sería MUY obvio. Lo peor es que sentí cómo mi cara ya estaba roja en el instante en el que decidí comunicar que me iba a salir de allí. Ugh, odio mi vida. Odio sentirme como un idiota enamorado. Odio que seguramente para Isra sea super fácil leerme y que eso puede hacer que ya se haya dado cuenta que estoy más pendejo de lo habitual. —Leo... Ven tantito. — Habla aun desde el baño, ¡¿WEY PARA QUÉ ME NECESITAS?! Nada más me quiere tener ahí sufriendo porque de seguro le da risa que esté todo rojo o yo qué sé.
110 ¿Será buena idea buscar en Google cómo bajar el color rojo de la cara en segundos? No pienso ir a dónde está si sigo con la cara ardiendo. Me levanto de mala gana del sillón, solo para toparme con que Isra ya estaba en el marco de la puerta del baño. Si no iba yo, él venía. Estaba clarísimo. —¿Qué? — Me paro enfrente de él, cruzándome de brazos, tratando de verme lo más desinteresado posible. En lo cual seguro ya fallé, porque apenas siento que el rojo se me está yendo del rostro. —Uy, qué agresividad. — Levanta ambas manos al aire, riéndose. Ay sí qué chistoso. Ruedo los ojos. Aunque tal vez sí me pasé de seco. —¿Ya no traigo sangre ni nada así en el labio? — Se queda quieto, como un niño chiquito esperando a que su mamá lo revise de la herida. Trato de verlo desde dónde estoy, pero se me olvida que estoy medio ciego. —No pasa nada si te acercas más, eh. No voy a explotar ni nada por el estilo. — Sonríe descaradamente. Yo solo suspiro, pensado seriamente si acercarme, porque, otra vez, sé qué tipo de pensamiento me va a golpear si le tomo la palabra. —Pues agáchate, estúpido, no te veo bien. — No sé qué tan conveniente es que lo haya jalado de la nuca para verlo bien. Me está respirando prácticamente en la jeta. Dios, soy yo de nuevo. Lo peor es que se deja jalar, es más, se está riendo en bajito. —Israel. Deja de reírte porque no puedo verte bien. — Me quejo, pero finalmente termina por no reírse ni moverse, aunque eso signifique que me ponga más nervioso, pues ahora sí lo tengo demasiado cerca y prácticamente me pidió que viera a sus labios. Me lleva la que me trajo. No estoy soportando. —No, wey, no traes nada ya. — Lo suelto antes de que mi corazón decida actuar más rápido que mi cerebro para volver a jalarlo conmigo. —Okey... Gracias. — Noto que se quieren reír, pero sabe a lo que se va a enfrentar si se ríe. Pinche perro, neta. —Ajá. — ruedo los ojos, volviendo a su cama. Sacando mi celular para ver la hora. Aún sigue lloviendo, ya pasan de las seis de la tarde. Me quiero ir, pero a la vez me pudiera quedar aquí siempre. Ugh, ¿Por qué de la nada la vida decidió que me voy a contradecir en todo?
111 El universo me sonrió. Capítulo 14 Me paso la mano por el cabello, ayer por fin me di a la tarea de cortarlo. Siempre le digo a Lucía, pero como no volví a mi casa hasta como las 9:00 de la noche, todavía lo que tardé bañándome y todo esto... Lucía ya estaba dormida. O sea, de todos los días en los que se duerme tardísimo, decidió dormirse temprano justo el día que yo la necesitaba. Aparte, seguro que, si seguía un día más sin cortarme el cabello... Ya no me dejaban entrar a la prepa. Pinches perros, ¿A ellos qué el largo de mi cabello? Cuando bajo corriendo las escaleras, casi dándome en la madre, me topo que mi papá está en la casa, ¿Qué chingados hace acá? Es demasiado temprano, ¿Le habrán cambiado el turno en el trabajo? Está en la cocina, quién sabe qué menjurje se le haya ocurrido ahora. —¿Qué haces acá? ¿No deberías estar en el trabajo? — Me apoyo en la barra de la cocina. Suelto una risa cuando se asusta al escucharme. —Debería. Pedí el día. — Se voltea, viéndome de arriba abajo. No sabría decir si me está criticando o solo está confirmando que siga entero. Con eso de que no lo veía como en una semana... No me sorprende que quiera verificarlo. Me conoce, sabe que es más probable que me atropellen a que consiga novia. Pobrecito, todavía cree que podría llegar con novia algún día y presentarla en la casa. —¿Por? — Voy por una botella de agua al refri. Pinche calor que hace y eso que son antes de las siete. Tenía razón, llovió y nada más refresco unas horitas. —Leonardo. — Volteo a verlo. ¿Ahora qué hice? —¿Qué? — Me recargo en el refri, esperando a que hable. —Cumple años tu abuela, mi mamá. — Ah... Espera, ¿Es hoy? No mames que no me acordé. Bueno, he estado hecho mierda todo el mes. Le voy a echar la culpa a eso en vez de que no es como que la aprecie mucho. Sí, ya sé que debería de agradecer de tenerla aún con vida y todo eso, pero... Prefiere más a los hijos de mi tía que a Lucía y a mí. Eso está claro, nos lo ha dicho en nuestra cara.
112 Aparte, siempre está chingue y chingue con la novia, al igual que mi tía. Todos me tienen harto de estarme preguntando eso, ya búsquense una vida. Dejen de preocuparse lo que sea de mi vida amorosa. —¿Qué? ¿Apoco es hoy? — Finjo estar sorprendido. —Piénsale tantito, hijo. — Ruedo los ojos, evitando que no me vea. —Ush, pues perdón. Se le olvidó. —Para que te alistes porque en la tarde noche vamos a ir a su casa. — Odio ir allí, pero bueno, nada más lo hago por ser familia y porque no quiero que se enoje mi papá conmigo. —Okey. — Contesto algo seco, dejando la botella en la mesa, porque la hija de su madre se congeló. O sea, por mí mejor, verdad, pero... Le doy un trago y adiós Leo. Vuelvo a subir las escaleras, porque bajé descalzo. Ni cuenta me di hasta ahorita que me encajé una piedrita. Me topo con Lucía apenas terminando el último escalón, la pobre trae el rímel en mano, la bolsa colgando del hombro, y un espejo en la boca. Bueno, cada quién se alista como quiere. —Hola y adiós. — Suelto una risa, viéndola con cierta diversión. Es lo único que me dice, muy apenas alcanzo a apartarme para que pase. Y atrás de ella... Mi mamá. Ah, bueno, se me juntó toda la familia. Qué raro verlos a todos un martes en la mañana, ¿Será que me desperté muy temprano? Mi mamá solo me da un beso en la mejilla, me avisa que ya se va, y acto seguido... Escucho el cerrón a la puerta. Me acomodo el cabello mientras me abrocho los tenis. Solo Dios sabe cuándo les tocará que se laven, porque hasta que yo no vea que estén grises en vez de negros (que ya no les falta tanto) los voy a lavar. Hago chequeo mental de lo que se supone que debería de llevar, según yo no mucho. Aquí lo importante es el celular. Escucho que tocan la puerta y cómo mi papá le abre. ¿Por qué ahora sí vino hasta mi casa? Siempre me espera en la esquina. Bajo las escaleras, corriendo otra vez, malamente, porque ahora sí me resbalo. Lo bueno que sí me agarré, pero Isra ya estaba esperándome en el primer escalón, y cuando ve todo eso... Suelta la carcajada. La risa es la que chinga. —Me odias. — Le doy un empujón en el hombro, haciéndome el ofendido.
113 —No te odio. Dramático. — Rueda los ojos, agarrándome de la muñeca, pero yo sacudo el brazo, zafándome de él. Está mi papá, no quiero que nos vea. —¿Quieren que los lleve? — Pregunta mi papá desde la sala, yo volteo a ver a Isra de inmediato. —Como tú quieras. — Me susurra, para que solo yo lo escuche. Ugh, odio tomar decisiones. —¿Quieres caminar? — Pregunto, viéndolo a los ojos. Examinando el moretón del ojo, ya no está tan mal, se ve medio verde ya. —Leo, me da igual. Elije tú. — Suspiro, se supone que lo miré a él cuando mi papá preguntó para que él eligiera. —Sabes que odio elegir. — me cruzo de brazos. —Que nos lleve entonces. — Se ríe en bajito. Tomo aire antes de hablar. —Pa, ¿Sí nos puedes llevar? Por fa. — me asomo para que me escuche mejor. —Voy. — Deja lo que sea que está haciendo, agarrando las llaves. Por lo que Isra le vuelve a valer madre, jalándome de la muñeca. Ay ya lo voy a dejar. Decido que me voy atrás junto con Isra, yo sé lo incómodo que es ir atrás y que la persona con la que vayas adelante. Puedo ser medio culero con él a veces, pero tampoco a ese nivel. —¿Predicciones de calificaciones? — Se voltea a mí en cuanto el carro arranca, susurrando. —Voy a reprobar, sobre todo matemáticas. — Me río un poco, ya mentalizado para no ver ni un diez en la boleta. Yo no sé qué me pasó, todavía el semestre pasado mi calificación más baja fue ocho. En este semestre... Siete por inglés. Ugh, pinche vieja, neta. —Lo dudo, eres bueno. — Lo volteo a ver, ¿Bueno en qué aspecto? —¿En matemáticas o en general? — Lo digo en tono de juego, pero realmente quiero una respuesta sincera de su parte. Solo ando tanteando terreno. —En matemáticas eres horrible. — Me sostiene la mirada, con esa sonrisa que siempre hace que le dé algo a mi corazón. Aparto la mirada. Ya no digo nada, solo paso saliva, acomodándome el cabello. ¿O sea que en la vida sí soy bueno, o cómo? Ya no entendí.
114 Lo bueno que Isra no sabe quedarse callado, por lo que no me deja hundirme en lo que me acaba de decir. —¿Te cortaste el cabello? — Siento su mano en mi cabello, trato de fingir que no me afecta, pero me sobresalto un poco apenas siento su mano. Soy pésimo en esto, alguien aviénteme un ladrillo, por fa. —Yo solo, ¿Sí quedó bien? — Volteo a verlo, apenas con una sonrisa. —Bastante bien. — Mantiene el tono bajo, sonriéndome al decir eso. Continúa con su mano en mi cabello, jugando con los mechones ya más cortos. Isra, ¿Sigues sin notar que mi corazón es demasiado débil a las cosas de este tipo? Lo peor es que no puedo decirle nada, ni mucho menos quitarme. Lo bueno que llegamos rápido a la prepa, así que me despido despistadamente de mi papá, bajándome junto con Isra. —Tú no me dijiste tus predicciones de calificación. — Recuerdo, volteando a verlo mientras él se fija que no venga ningún carro para cruzar, porque era más fácil bajarnos en la otra calle y no directamente en la banqueta de la prepa, ¿Verdad Pa? —Yo no creo reprobar nada, yo sí hice todo a diferencia de algunos. — Otra vez me jala de la muñeca para cruzar la calle, y tengo que luchar con mis ganas de zafarme como lo hice en mi casa, pero no quiero que me vea raro. Y tampoco quiero que me suelte, solo... Ugh, ¿Por qué no me puede valer madre como antes? —Si saco arriba de ocho en alguna materia, todo te lo debo a ti. — Cruzamos corriendo, porque los carros no dejaban de pasar, y si hay algo que no valoramos lo suficiente es nuestra vida. Aparte, se pusieron bien mamones con los horarios, y ya vamos tarde. —Obvio, porque soy increíble. — Voltea a verme por encima de su hombro. Qué insoportable es. —Tampoco, eh. — Le doy un manotazo en la espalda, entrando a la prepa. —Me amas, admítelo. — Hace como si se quisiera acercar de más a mí, y en vez de moverme... Mi cuerpo decide traicionarme al hace que me quede congelado antes de finalmente reaccionar, poner una mano en su pecho para marcar distancia y dar unos pasos hacia atrás. —Ya te lo he dicho, te aprecio. — Le doy unas palmaditas antes de retirar la mano de su pecho. Sonriendo lo más despreocupado que puedo.
115 —Eres malo mintiendo. — Revuelve mi cabello, con esa sonrisa que hace que todo mi sistema valga mierda. No alcanzo a pegarle, porque el muy mugroso le corre. Lo odio con cada respiración que doy. Lo odio porque sabe lo que hace y finge que no. Odio sentirme tan visto por él. Odio romper mi regla de no contacto físico con él. Odio que cada vez que lo veo me apendejo peor que cuando de quince veía a mi crush. Y claramente el odio está de más, porque justo es eso lo que me tiene enganchado a él. ... Los dos vamos de camino a mi casa, porque al muy pendejo se le olvidaron las llaves en su casa, y se sabe que sus papás se la viven trabajando. Así que no hay ni un alma en su casa que le pueda abrir. —Efectivamente te debo la calificación a ti. — Lo digo bastante en serio, aunque me río para no hacerlo tan seco, lo cual parece molestarle, porque voltea a verme como si le hubiera dicho que me quiero matar. —No digas eso, pendejo. La calificación es tuya. — Por la forma en la que me hace detenerme para decir eso mientras me ve a los ojos, decido que no voy a insistir. En lo que seguimos caminando, se me hace imposible no voltear a verlo cada tanto. No me quiero ilusionar, porque puede que solo mi mente de enamorado me esté haciendo pensar de más actitudes nada nuevas entre él y yo. Pero, juro que se siente diferente. Bueno, puede que sea así porque, aunque me cueste admitirlo... Cambió la forma en la que lo veo. Aunque eso no quita que desde el viernes haya hecho cosas que, si fuera una persona externa a nuestra amistad, pensaría que somos más que amigos. Y es que, ugh. Jamás me había sentido tan pinche seguro y confundido con una sola persona. Vuelvo a verlo de reojo, pero tengo que fingir que lo vi por "accidente" porque noto que él ya me estaba viendo. Me estoy inventando cosas, obvio que es eso. Finalmente doblamos la esquina que va para mi casa. La verdad, ojalá no haya nadie en mi casa, aunque sé que seguramente estará mi papá. Pero espero que, por una vez en la vida, el universo me sonría y me cumpla la dicha de que la casa esté sola. Saco las llaves de mi mochila, y me dispongo a abrir la puerta. Dándome con la grandiosa noticia de que efectivamente, el universo decidido sonreírme, pues no hay nadie.
116 Trato de no sonreír mucho cuando volteo a ver a Isra, pero él sí se ve algo emocionado cuando pasa y ve que no hay nadie. Que estamos solos. Bien, yo pedí esto, la vida me lo dio. No sé si el universo está tratando de hacerme ver las cosas y de decirme "A ver si como ladras, muerdes" o de plano me está dando señales para que haga lo que tengo en mente desde hace días. Cosa que dudo, soy un pinche cobarde. Isra deja su mochila en el sillón, cosa que yo también hago. Camina hasta los bancos de la barra que divide la cocina de la sala, yo ya estoy escuchando mi corazón demasiado fuerte en mis oídos. Como no sé qué más hacer, termino siguiéndolo. —Siéntate menso, aquí está el otro banco. — Me sigue con la mirada, sonriéndome. Hago un ademán para decirle que estoy bien, que no necesito sentarme. No sé cuánto tiempo pasa en los minutos que ninguno de los dos deja la mirada del otro. Mi corazón se me va a salir, no tengo duda alguna. ¿Qué estará pensando? Para empezar, ¿Sí estará pensando o solamente se quedó ido? Eso se me resuelve cuando me vuelve a sonreír, moviéndose un poco en el banco por el hecho de que está moviendo el pie. Ya se desesperó. Suelto una leve risa, caminando un poco hacia él, sin romper el contacto visual. Siento que me sudan un poco las manos, pinches nervios que no me dejan. Tengo que quitarle la vista de encima a Isra para poder segur acercándome a él sin que mi mente y mi corazón lo interpreten como estar por tirarme de un paracaídas. Aunque ya no lo estoy viendo directamente, sí puedo notar como su respiración se acelera un poco al verme acercarme. No noto lo cerca que ya estoy de él hasta que choco con sus rodillas, pero nada perdido, no tarda en abrir las piernas para que yo pueda seguir acercándome. Esa es la señal, sí quiere esto. La respiración se me acelera al darme cuenta que estoy tan cerca como para poder sentir el calor de su cuerpo. Vuelvo a mirarlo a los ojos, pero solo lo cacho que está muy ocupado viendo a mis labios. Sonrío, aun sintiendo que me voy a morir. Como quiera, ya no va a detenerme. Ya llegué demasiado lejos como para arruinarlo todo echándome para atrás justo ahora.
117 —¿Nos podemos dejar de hacer pendejos de ahora en adelante? — Digo en voz baja, bajando también por unos segundos a ver sus labios, percatándome del detalle de la herida. Aunque, si hubiera algún problema con eso, ya me lo hubiera dicho, ¿No? Decido ignorarlo mientras paso mis brazos por encima de sus hombros, rodeándole el cuello, totalmente decidido a seguir con esto, pero en el momento que pone sus manos en mi cintura, toda esa fachada se me cae. Haciendo que me olvide hasta de mi nombre. —Tú eres el único que se ha estado haciendo pendejo. Yo solo estaba esperando a que hicieras justo esto — Alterna la vista entre mis ojos y mis labios. Ya me siento algo rojo. —Bueno, entonces ya no me quiero hacer pendejo —Sentencio, viéndolo a los ojos. Él se sienta un poco más derecho para poder alcanzarme. Allí es donde termino por pasar mis manos a sus mejillas, No estoy seguro quien fue el que inició, solo pude sentir su respiración chocar con la mía hasta que sus labios chocaron con los míos, para darme cuenta de que realmente está pasando. Mis manos vuelven a su cabello, enredando mis dedos en sus rizos. Mientras que una de sus manos sube a mi nuca, dejando la otra en mi cintura. Esto es mil veces mejor de lo que me imagine. Su mano aprieta ligeramente mi cintura cuando me acerco aún más, apoyándome por completo en él. Suspira pesadamente contra mi boca cuando se separa solo para tomar aire, haciendo que escalofríos recorran todo mi cuerpo. Ambos terminamos desesperándonos, sin querer separarnos ni para respirar. Mis manos de vez en cuando tiran de sus mechones, ocasionando que baje su mano a mi cintura otra vez, sosteniéndome con firmeza. Lo cual hace que me termine riendo a mitad de beso por los nervios. A Isra también le gana la risa, así que terminamos por separarnos. Cuando abro los ojos, está algo rojo, cosa que ya me da directo en el corazón, porque él no es tan propenso a ponerse rojísimo como yo, y está sonriendo como nunca lo había visto, viéndome directo a los ojos. No cabe duda que no hay nada que haya anhelado más que eso. Trato de nivelar mi respiración, aunque note que el cabello de Isra está todo despeinado gracias a mí y me vuelvo a reír.
118 No me creo que esto me esté pasando. ¿Será prudente desmayarme de la emoción? Una sonrisa se forma en sus labios al escuchar mi risa. De verdad que jamás había visto esa sonrisa en él, mucho menos esa mirada con la que ahora me está viendo, es muy... Genuina, me atrevería a decir que tierna. Bajo mis manos a sus hombros, aunque él no me suelta, no quiero que lo haga de todas formas. Me quiero quedar así con él todo el día. Acaricia distraídamente con el pulgar mi cintura, soltando risa cuando yo me tenso por eso. Ruedo los ojos, aunque eso no evita que termine sonriendo como tonto. Ya no estoy acostumbrado a esto, es por eso. Sigo pensando que Isra puede sentir, o mínimo, escuchar mi corazón de lo fuerte que sigue latiendo. No creo que se vaya a calmar a menos que Isra esté a cien metros de distancia, Y siendo sincero... No creo que eso vaya a ocurrir. Porque por él, estoy dispuesto a romper mi regla de contacto físico siempre.
119 Entre nosotros. Capítulo 15 Me separo de inmediato una vez que la mente se me enfría y me cae el veinte de lo que hice. De lo que hicimos. Apoyo los codos es la barra, cubriendo mi rostro con ambas manos. Alguien dígame que esto no es cierto. Alguien dígame que no fui tan pendejo como para atreverme a hacer esto. No me arrepiento, obvio no, solo que... ¿Ahora qué chingados se supone que vamos a hacer con esto? Bueno, mínimo yo sé que sí quería. Porque si ese no hubiera sido el caso, no me hubiera dejado ni acercarme. —¿Leo...? — Siento una presión en el pecho que es horrible comparada con la felicidad que sentía hace menos de cinco minutos. Solo me volteo porque escucho cómo se levanta del banco. —Wey, sí te arrepientes o algo así no hay pedo. O sea... Está bien no hay que hacer nada si no quieres... — busca algo en mi mirada. Aunque se quiera hacer el que no le afecta. Lo conozco lo suficiente como para saber que le está quemando la garganta decir eso. —No es eso. Sí quería. Yo me acerqué. Ese no es el pedo. — Me señalo a mí mismo mientras hablo. Me caga hablar así de desesperado y seco, mucho más porque no lo hago con intención. —¿Entonces qué es? — Cambia un poco el tono de su voz, uno bastante dulce. Quiero pensar que no es consciente de la forma en la que me mira. Porque, ¿Cómo después de que te hablé medio mal me puedes ver así? Isra, quiérete tantito, ¿Seguro que me quieres a mí? ¿Qué es? Bueno, obvio sé qué es lo que de verdad me trae mal de esta situación, pero... ¿Cómo puedo explicarlo sin sentir que vuelvo a tener quince años? —Bueno, o sea, no me arrepiento del beso, ese no es el problema. Solo que... — Me arrepiento. No, mejor cambio de frase. —Ay wey, te lo voy a decir así. Me tienes que entender. — me digno a mirarlo a los ojos, y otra vez me cae la culpa cuando veo que ya se le empiezan a humedecer los ojos. Soy un pendejo. —El problema es el cómo esto va afectar nuestra amistad. — Me trago el: "no te quiero perder por causa de esto."
120 —No afecta si no quieres. — Habla rápido, desesperado. Toma mis manos en las suyas, sin quitarme la vista de encima. Jamás me habían visto así. Jamás en mi perra vida me había sentido tan perdido en la mirada de alguien. Y no sé si alegrarme por estarlo sintiendo ahora. —¿Cómo? — Me hago que no entiendo, pero solo quiero que lo diga. Quiero que me diga que no hay pedo si me echo para atrás, aunque sé que no lo voy a hacer. No estuve pensándomelo una semana como para al final decir "No, mejor no." —Puede no pasar nada después de esto. Nos hacemos la idea de que no pasó. No hay problema. — Se acomoda el cabello, soltándome de las manos, apartando un poco la vista de mí para parpadear varias veces, evitando que sus ojos se humedezcan de más. Sería un pendejo si le tomo la palabra. Pero, si no lo hago... ¿Qué sería de aquí? Cómo quiera nadie lo va a saber. Otra vez me toca esconderme. Me toca callar. Ugh, ya no tengo quince, ya no me quiero conformar con eso. —No quiero volver esconderme... — Muy apenas me sale la voz. Apenas escucha el "volver" y me mira nuevamente. Él sabe que en ese tiempo me la pasé horrible siendo ocultado y negado a toda costa. Él mismo me dijo que no me merecía eso. —Es arriesgado no hacerlo, Leo. Puede que ya hayan sacado a los tres pendejos esos, pero sigue habiendo gente igual de culera en la prepa. Y no quiero que te vuelvan a decir de cosas por esto. — Jamás voy a poder tener novio sin miedo, al parecer. —¿Entonces qué hacemos? — Tenía tiempo sin escucharme así de desesperado por una respuesta. A veces desearía no poder escuchar mi voz en algunas situaciones, en esta, por ejemplo. Ya no dice nada, solo me mira. Ambos estamos jodidos. Muy jodidos. No me quiero arriesgar a ser yo quien suelte la primera lágrima porque de allí ya no vamos a salir si eso sucede. Y si hay algo de lo que no dispongo en este momento... Es de tiempo. No sé cuándo pueda llegar mi papá. Puede incluso que ya haya llegado, que esté en la esquina o yo qué sé. No hay tiempo suficiente para tardarme una eternidad en que uno de los dos suelte una respuesta. El tiempo se me hace eterno, hasta que finalmente se talla un ojo y decide hablar.
121 —Lo pueden saber solo los más cercanos... Gisselle, Debany, Daniel, pude ser también Lucía si quieres. ¿Eso también es esconderte? — La genuinidad y preocupación con la que pregunta lo último me termina rompiendo de más. De verdad le está importando no hacerme sentir ocultado. Realmente está buscando una solución, aunque sea temporal. Ya no puedo. Cierro los ojos con fuerza, dejándome soltar todo. No tardo en sentir cómo me abraza, también comenzando a sollozar. Se aferra a mí, apoyando su mentón en mi hombro. Al escuchar sus sollozos tan cerca de mi oído, no solo me dan escalofríos, también me suelto a llorar aún más. Dios. Somos terribles en esto. Tremendo primer beso, eh. ... —¿De verdad ya me tengo que ir? — Ladea la cabeza, yo suelto una leve risa. Ambos tenemos los ojos medio hinchados y ardiendo por habernos puesto a llorar hace media hora. —Me van a regañar si no estoy listo a tiempo. — me apoyo en la puerta, viéndolo colgarse la mochila en el hombro. No quiero que se vaya. —Entonces... ¿En qué quedamos? — Solo quiero volver a confirmarlo, ¿Okey? Lo sigo hasta que sale de la casa, yo quedándome en el marco de la puerta, recargado. —Solo los más cercanos. — Asiento lentamente, grabándome la información. Eso también incluye a Lucía, ¿Verdad? Inconscientemente camino hasta estar frente a él, y cuando lo tengo lo suficientemente cerca... Lo abrazo como si mi vida dependiera de ello. No tarda en rodear mi cintura con sus brazos, levantándome ligeramente del suelo mientras ambos reímos. Ya hacía falta algo de felicidad después de la mierda de hace rato. Odio que nunca se me dé bien hablar de sentimientos y cosas así. Bueno, mínimo salió bien esto. —Ya te tienes que ir... — Aun así, sigo aferrado a él. No lo quiero soltar nunca. Se separa de mala gana de mí, instalando un gran vacío en mi cuando ya no siento sus brazos rodeándome.
122 Cuando da unos pasos hacia atrás... Pienso que ya es todo. Que se va ya. Cosa que no me agrada. Pero, se me olvida que es Isra. No se va a ir con las manos vacías. Da media vuelta, apresurando el paso para venir hacia mí otra vez. Y cuando ya está bastante cerca... Me termina jalando hacia él, dándome (robándome, más bien) un beso corto en los labios. Ni siquiera me da tiempo de reaccionar, huyó tan rápido como pudo, riéndose a carcajadas mientras corría. Mi corazón retumba fuerte en mis oídos. Me tallo la cara con las manos, tratando de sacarme de mi trance. Noto que mi cara está mucho más caliente que siempre. Maldito. ... —¿Y Leo todavía no trae nada? Ya se te está pasando el tren, hijo. — Tengo diecisiete, ¿Cómo se me va a estar pasando el pinche tren? Me esfuerzo en darle una sonrisa a mi tía, aunque me sale más tensa de lo que me gustaría. Tengo que poner muchísimo esfuerzo para no rodarle los ojos cuando me dice eso. —Él está enfocado en la prepa, como ya casi sale, no tiene tiempo para eso. — Ajá... "No hay tiempo" —Ay, pero, ¿Ni una muchacha de por ahí te llama la atención? — Tía... ¿Es o se hace? ¿De verdad no me ve? —Eh... No... — Paso una mano por mi cabello, volteando a ver de reojo a Lucía, al lado de mi mamá, aguantándose la risa la muy desgraciada. Me disculpo brevemente antes de levantarme de la mesa. Ya no puedo con esto. Jamás he soportado a la familia de parte de mi papá, ni la de mi mamá, de hecho. Bueno, pero mínimo con mi mamá es más llevadero, aquí me siento observado siempre. Para acabarla, hay chingos de gente, no recordaba tener tantos tíos, tías, primos, primas... Y quién sabe qué otras chingaderas más. Hasta "sobrinos" o una cosa así tengo. Ugh, ya no se reproduzcan, somos muchos, no mamen. La vida me sonríe un poco cuando me topo a mi tía, que yo le digo prima, pero bueno, ese no es el pedo. Apenas la veo, corro a sentarme a su lado.
123 Ya me está sacudiendo el cabello como saludo ni bien sentado estoy. Le aparto la mano con una sonrisa. —Tengo chingo de tiempo que no te veo. — Me es imposible ocultar mi emoción en la voz. Le doy un repaso de arriba a abajo con la mirada, ¿Desde cuándo se tatuó la mano? No lo vi ni en su Instagram. —Como tres años, ¿No? — Acomoda su cabello detrás de la oreja, dándole un sorbo a lo que sea que trae en el vaso. —Creo, ¿Por qué no viniste la vez pasada? — Enarco las cejas. No tiene mucho que nos juntamos todos, y tampoco vino. Bueno, puede que sea porque ya se hizo muy fresita la cabrona y se fue a San Pedro a tener vida godín. —No sé, no me acuerdo que estaba haciendo ese día. — Se encoge de hombros, viendo con atención a los demás que van llegando. Neta, ¿De dónde sale tanta pinche gente? Ya van a dar las nueve y sigue llegando gente. —Me abandonaste. — Me hago la víctima. Ella rueda los ojos, riendo y acomodándose mejor en el sillón. Se ve... Calmada. Tal vez ya está medio tomada. No es muy temprano como quiera. —¿Qué tomas? — Levanto una ceja, fijando la vista en su vaso a ver sí veo algún color sospechoso. —Vampiro. — Extiende el vaso hacia mí, lo rechazo con un gesto. Sí, está tomada. —¿Lo hiciste tú? —Ajá. —¿Me haces uno? — Ladeo la cabeza, haciendo ojitos y sonriéndole para convencerla. —¿Te dejan? — Ugh, si estuviera afuera con mis tíos y mi papá... Ya me hubieran ofrecido, y sin preguntarme ¿De qué se preocupa tanto? No es algo que no haya probado. —Están ocupados, no se van a dar cuenta. Ándale. — alargo la última palabra, sacudiéndole el brazo en el que no tiene nada en la mano. —Acompáñame, pues. — Se levanta, negando con la cabeza. Bien que le gusta empedar gente, que no se haga. En la boda de quién sabe quién fue la que andaba repartiendo shots. Por poco me da a mí teniendo catorce. Y ahora no me quiere dar sabiendo que ya soy más legal. Voy con una sonrisa enorme detrás de ella, yendo en busca de todo para hacer la bebida.
124 El año pasado lo probé, y con uno tuve para terminar vomitando en el baño, con Isra grabando ese bellísimo momento. Todavía lo subió de portada en el dump de ese mes. Ah, pero no fuera la foto en la que Lucía nos maquilló de dragas a los dos porque ahí sí defiende mucho la privacidad y el consentimiento para subir algo. Nada más cuando le conviene al mugroso. —¿Lo quieres cargado? — Voltea a verme, ya con la botella en mano. —¿Eh? Ah, sí, porfa. — me recargo en la pared de la cocina, rezando que los instintos de hermana mayor de Lucía no intervengan, porque quién sabe cómo logra llegar en los momentos que estoy haciendo puras mamadas. Cuando me entrega el vaso y le doy el primer sorbo... Hasta ganas de rezar me dan. Creo que tenemos ideas muy distorsionadas de lo que es cargado, porque se tardó un chingo y nada más no dejaba de ponerle cosas, y según mis conocimientos... No lleva TANTAS cosas. Hago una leve mueca, viéndola reírse cuando me doy cuenta que estaba esperando justo esa reacción. —¿Qué tanto le pusiste? — Aun así, le sigo tomando, recargándome más en la pared. —Es mejor que no sepas. — me palmea el hombro. —Luego se te mete en la cabeza y se te sube más rápido. — Me le quedo viendo fijamente cuando dice eso. Mierda. O sea que sí le echó mucho mugrero. Ya valí madres. Me asusto cuando siento que me vibra algo, luego recuerdo que tengo mi celular en la bolsa de mi pantalón, así que no tardo en sacarlo. ¿Quién está chingan...? Ay, es Isra. —Hey, ¿Qué pasó? — Le atiendo la llamada, moviendo la muñeca para revolver la bebida antes de volver a tomarle —¿Sigues allá? —Ajá, ¿Por? — La pinche Elena ya me está haciendo señas para saber quién es con quien hablo. —Acaba de salir plan, pero bueno, no te puedes salir, ¿Verdad? — Ugh, ¿Por qué hacen planes a último minuto siempre? Mugrosos. —Justo acabo de empezar a tomarme un vampirito. — Admito con algo de pena, riéndome. —¿No aprendiste de la vez pasada, wey? — Aunque trata de regañarme, yo sé que se está riendo, se le nota en la voz.
125 —Primero, ya no tienes permitido decirme wey. Segundo... No. No aprendí. — No me importa que yo sí le haya dicho wey, si vamos a dejar de tratarnos tanto como amigos... Eso me parece importante. Igual al rato se me olvida y nos volvemos a tratar así. —¿Entonces cómo quieres que te diga? ¿Mi am-? — Nada más no lo callo porque no lo tengo al lado. —Te voy a colgar. —Ya, ya, ya. Bueno, ¿te puedes ir sí o no? — se aclara la garganta. Escucho que dio vuelta en su cama. —No. ¿Tú vas a ir? — Pobre de ti, Isra, donde me digas que vas a ir sin mí. —Sin ti no. — Se me sale una sonrisa con eso, ocasionando que Elena me vea aún más sospechosamente. No tardo en ponerme rojo. —Uhm... Bueno, ¿Ya es todo? — Acomodo mi cabello, bajando la mirada para ya no ver a Elena, tomando de mi vaso. Ya me comenzó a calar el polvo de lo escarchado. —Ajá, me avisas cualquier cosa. — Él sabe lo que hace. No tengo dudas. —Ni que fuera qué, Isra. Tampoco te pases de lanza. — Elena abre más los ojos cuando escucha el nombre. Verga, se me salió. Por mucho que me quiero cubrir la boca porque hasta yo me sorprendí de que se me haya salido el nombre cuando es justo lo que andaba cuidando... Fingiré que no me di cuenta de mi gravísimo error para despistarla. —Ay, ¿Pues quién te entiende? — Hasta parece que lo veo rodando los ojos. —Ya, adiós. Si no contesto es porque termine vomitando en el baño otra vez. — Le corto el tema. Ya no me quiero delatar más, y si sigo en llamada con él, eso va a seguir pasando. —Si pasa, te grabas, quiero burlarme de ti. —Ugh. — Ruedo los ojos, colgándole. Aunque no tardo mucho en reírme, negando con la cabeza al ver el mensaje que me acaba de mandar, leyéndolo desde la bandeja de notificaciones. "No había ningún plan, pero si jalabas a salirte de ahí iba a inventar que el plan era en mi casa" Es un pendejo. Uno que lamentablemente quiero muchísimo. Guardo mi celular, sin contestarle.
126 Cuando vuelvo a levantar la mirada a Elena, tiene esa mirada que grita “Aquí hay algo de lo que no estoy enterada y lo voy a descubrir cueste lo que cueste” —¿Quién es el causante de este milagro? — Ruedo los ojos, qué exagerada. —No sé de qué hablas. — Me acomodo el cabello, haciendo la mejor cara de inocente que tengo. —Estabas como tonto en llamada, no te hagas. — Siento la cara todavía más caliente que hace rato. No estaba como tonto. Ugh, ¿Por qué no nací con habilidades para fingir que no estoy feliz? —Sigo sin saber a qué te refieres. — Pero mi corazón va cada vez más rápido. Va a ser la primera en saber esto. —Leonardo, eres malísimo disimulando. Ya te vi, no pasa nada, pero dime. Quiero saber el chisme completo y a lujo de detalle. — Suspiro, de verdad nunca me puedo zafar de ella. —Bien… pero acá hay mucha gente. — Doy media vuelta, dejando la cocina atrás. Me sigue con su mano sobre mi hombro. … Terminamos en el escalón del porche, porque es donde no hay nada de gente. Hace algo de frío. Ya llevo rato que me acabé el vampirito, fue mala idea habérmelo fondeado nada más para que en el camino Lucía no viera que estaba tomando; si me veía iba a ir de chismosa con mi mamá. Me quiero vomitar. Llevo rato tratando de sacarle la vuelta al tema, pero ella no se va a olvidar. Puede olvidarse hasta de lo que comió ayer, pero de que estaba por saber algún chisme, jamás. —Leo, escuché el nombre. No te puedes hacer tan pendejo. — Me quejo, apoyando mis codos en mis rodillas y mi mentón en mis manos. Disfrutando de la breve brisa. —¿Pa´ qué sábanas si ya cobijas? — Uno puede salir de la prepa, pero la prepa nunca sale de uno. —No seas naco. — Rueda los ojos, empujándome en el hombro. ¿Tan rápido se te olvidaron tus raíces? Pinche mamona. —Nada más digo lo que es. — Levanto las manos en señal de rendición, riéndome.
127 —Mentira, si no ya me hubieras contado. — Y dale otra vez con lo mismo… Es ahora o nunca. Ya fue. Agarro aire antes de hablar. —Fue hoy. Con Isra, ¿Sí te acuerdas de él…? — Sueno tenso, algo cortante, no pensaba soltarlo así. Obvio que se acuerda de él. Si no es porque le he platicado mil veces de él, es porque lo subo a mis historias casi diario de donde salimos siempre. Todos los que me conocen lo conocen a él. Abre la boca para decir algo, pero las palabras no le salen. Hasta agarra aire varias veces. —Bueno, era predecible… — Se encoge de hombros, sonriendo de lado. ¿Y YA? ¿ESO ES TODO? Ni para qué la hacía de emoción entonces. —¿Predecible…? — Levanto una ceja, frunciendo ligeramente el ceño. —Te vuelvo a repetir que no sabes disimular. —Pero caí en cuenta de que me gustaba hace unas semanas —Siempre se dan cuenta primero los de afuera, Leo. — ¿Entonces desde cuándo he estado actuando así con Isra? ¿Desde cuándo empezó realmente esto? ¿Seguro que lo descubrí o solo lo acepté?