Sin reglas
Así siempre he sido... Crecí en una familia ruidosa, yo era la única niña de mis hermanos.
Siempre había risas, juegos y pies que nunca se quedaban quietos Mis manos y ropa sucias, mis rodillas llenas de marcas.
Me gustaban mucho los videojuegos, el skate, el basket, la ropa ancha Me sentía cómoda así.
Mis gustos siempre fueron iguales. Nunca pensé mucho en eso, solo hacía las cosas que me hacían feliz.
Hasta que llegué a un lugar donde todo era de una forma, parecía que todos conocían las reglas.
Las niñas se juntaban con las niñas, y los niños con los niños, ellas hacían ciertas cosas y los niños otras. Y nadie parecía preguntarse por qué, o solo era yo que me sentía fuera de lugar…
¿Por qué a ninguna niña le gustaba jugar como yo? ¿Por qué lo que me gusta parece estar en el lugar equivocado? ? ? ? ? ¿ ¿
Y si me gustaban a mí… ¿eso qué significaba? Por primera vez empecé a pensar que tal vez el problema era yo.
Sin darme cuenta, comencé a parecerme cada vez más a las demás. intentar ser como ellas. Cambie mi forma de vestir. Intenté hablar más suave. Intenté moverme diferente.
Intenté esconder las cosas que realmente me gustaban. Deje de hablar de mis videojuegos favoritos, deje de llegar en skate a clases, deje de jugar baloncesto en los recreos.
Pensaba que, si me parecía más a las otras niñas, todo sería más fácil.
Y aunque parecía que todo empezaba a funcionar, algo dentro de mí no estaba bien.
Mis compañeros parecían sentirse más cómodos conmigo.
Pero yo me sentía cada vez más incómoda conmigo misma.
Era extraño. Mientras más intentaba encajar, más sentía que me alejaba de quien era.
Me di cuenta de que ya no me sentía completamente feliz. Me sentía vacía. Como si estuviera dejando atrás partes importantes de mí.
Y sin buscarlo, lo vi otra vez.Hasta que un día, de camino a casa, pasé por la plaza donde antes había pasado tantas tardes.
Entonces entendí que, para pertenecer a algún lugar no debes dejar de ser quien eres. El skatepark. Las ruedas deslizándose sobre el suelo. Las risas. Los juegos. La libertad.
No quería ser como los niños. No quería ser como las otras niñas. Solo quería ser yo.
Y comprendí que los gustos no nacen con instrucciones. Pertenecen a las personas. No vienen acompañados de etiquetas. No pertenecen a un género.
Porque aquello que nos apasiona, aquello que nos hace sentir libres, felices o auténticos, no debería depender de lo que otros esperan de nosotros.
Ese día entendí que nunca hubo nada malo en mí. No tenía que elegir entre mis gustos y quién era. Nunca tuve que hacerlo. Solo tenía que permitirme ser yo.