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Luna y Nuez: Un hogar lleno de bellotasPara: Mi pequeña Luna
Se acercaba el invierno, y una pequeña ardilla llamada Luna recorría el bosque cada día en busca de bellotas. Sabía que, cuando llegaran los días fríos, necesitaría mucha comida para mantenerse calentita y sin preocupaciones. Muy cerca de allí vivía otra ardilla llamada Nuez. Era un poco más grande que Luna y tenía un corazón muy bueno, aunque también era muy distraída y desordenada. Siempre escondía las bellotas que encontraba, pero luego olvidaba dónde las había guardado.
Un día, mientras paseaba por el bosque, Nuez pasó frente al árbol donde vivía Luna. Al mirar hacia adentro, vio el montón de bellotas que la pequeña había reunido con tanto esfuerzo. —Solo tomaré unas poquitas — pensó.
Tomó algunas bellotas y se marchó. Pero al poco rato creyó que no serían suficientes, así que regresó por más. Después volvió una vez más... hasta que, sin darse cuenta, terminó llevándose todas las bellotas de Luna. Más tarde, Luna regresó muy contenta con unas cuantas bellotas nuevas que había recogido. Sin embargo, al entrar a su hogar descubrió que toda la comida que había guardado había desaparecido.
Miró a un lado, luego al otro... pero no encontró nada. Muy triste, se sentó frente a su árbol y comenzó a llorar.Cuando Nuez la vio, sintió un enorme peso en el corazón. Quiso devolver todas las bellotas que había tomado... pero entonces ocurrió algo inesperado.
—¡Oh, no! —exclamó llevándose las patas a la cabeza —. ¡Olvidé dónde las escondí! Avergonzada, decidió contarle toda la verdad a Luna. —Lo siento mucho. Fui yo quien tomó tus bellotas. Nunca quise hacerte daño, pero olvidé dónde las escondí. Luna la miró por unos momentos. Podía ver que Nuez estaba realmente arrepentida.
Entonces sonrió con dulzura y le dijo: —Te perdono... pero con una condición. —¿Cuál? —preguntó Nuez. —Que desde hoy busquemos bellotas juntas. A Nuez le brillaron los ojos de alegría.
Desde ese día, las dos recorrieron el bosque compartiendo el trabajo. Reían mientras buscaban comida y, antes de que llegara el invierno, habían reunido suficientes bellotas para las dos. Con el paso de los días descubrieron que hacían un gran equipo.
Luna tenía un pequeño secreto: le asustaban muchísimo los truenos. Cada vez que había una tormenta, se escondía sola porque le daba vergüenza que alguien lo supiera. Pero una noche, Nuez la vio temblando dentro de su escondite. Sin decir una sola palabra, se sentó a su lado y la abrazó con su suave colita.
—No tienes que pasar miedo sola —le susurró. Desde entonces, cada vez que el cielo rugía, Nuez permanecía junto a Luna hasta que la tormenta terminaba. Y Luna, con toda la paciencia del mundo, ayudaba a Nuez a recordar dónde guardaban las bellotas para que nunca más las perdieran.
Así fueron pasando los días, luego las semanas y, más tarde, los años. Su amistad se hizo tan fuerte que decidieron formar una hermosa familia y buscar un lugar especial donde vivir. Después de mucho caminar encontraron un enorme árbol, fuerte y lleno de ramas. A su alrededor crecían muchísimos robles cargados de bellotas. Nuez observó aquel lugar y sintió que le resultaba extrañamente familiar. Entonces recordó algo que la hizo abrir los ojos de sorpresa.
—¡Ya lo recuerdo! —dijo riendo—. Hace muchos años escondí aquí las bellotas que le había tomado a Luna... ¡y olvidé dónde estaban! Con el paso del tiempo, aquellas bellotas habían crecido y se habían convertido en los grandes robles que ahora rodeaban su nuevo hogar.
Luna sonrió y tomó la patita de Nuez. —Parece que, incluso de los errores, pueden crecer cosas maravillosas... si aprendemos de ellos.Y así, rodeadas de bellotas, amor, risas y muchos recuerdos, vivieron felices durante muchísimos inviernos más.
Fin.
Si llegaste hasta aquí es porque lo has leido y espero que te guste tanto como a mi me gusto escribirlo, amor se que siempre me pides que te cuente alguno y no lo hago porque me da wiwi y porque no se algun cuento lindo que no de miedo, por eso escribi este para ti, te amo mi amor y espero que si te guste.