Created in Canva
1
DIRECTORIO José Chedraui Budib Presidente Municipal del H. Ayuntamiento de Puebla Anel Nochebuena Escobar Directora General del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla Fernando Ríos Rocha Director de Desarrollo Artístico, Cultural y Patrimonial José René Tabarez Herrera Jefe de Departamento de Patrimonio Cultural Georgina del Carmen Meza Gordillo Jefa de Departamento de Fomento a la Lectura Alfredo Torija Ortiz Gestión y coordinación académica Isaac Contreras Torres Revisión de textos académicos Abraham Ronquillo Bolaños © 2025 Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla ISBN: en tramite Diseño editorial.
Prólogo “Puebla Novohispana: ciudad con historia y memoria” Puebla no es simplemente una urbe de cantera, conventos y bal- cones barrocos: es un tejido vivo de 494 años de historia, un pa- limpsesto cultural donde aún resuenan los ecos de Mesoamérica, las voces de los pueblos originarios, los símbolos del mestizaje, los aromas conventuales y las huellas de una ambición novohis- pana. Aquí, la memoria se instala en cada rincón, en cada piedra, en cada sabor. Al acercarnos al quinto centenario de su fundación, este volu- men invita a emprender un paseo por los senderos de memoria que han convertido a Puebla en un referente patrimonial —no solo para México, sino para toda América Latina. En estas páginas convergen voces diversas que comparten sus miradas sobre cómo se han forjado los sistemas de gobierno, la religiosidad, los espacios domésticos, el arte, la cocina, los silencios…—es decir, los múltiples rostros del tiempo. Organizado en secciones temáticas, el libro traza un hilo desde las raíces prehispánicas del valle hasta las transformaciones no- vohispanas, y articula un diálogo entre el patrimonio material y el patrimonio inmaterial que aún estructuran la Puebla contem- poránea. Aquí la memoria —como patrimonio cultural vivo— no se limita a los muros; se despliega a través de generaciones, cos- tumbres, tradiciones, imágenes y sabores. Este libro no propone un relato cerrado; abre puertas a lectu- ras académicas, afectivas y críticas. Nos convoca a mirar hacia atrás no desde la nostalgia, sino desde la conciencia. Y nos re- cuerda que, en tiempos de olvido acelerado, celebrar nuestra his- toria es también un acto de reivindicación de nuestros orígenes. .
8 I. RAÍCES ANCESTRALES: EL TERRITORIO ANTESDELAFUNDACIÓN LA CIUDAD DE PUEBLA EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA Gabriela Serrano Rojas 13 II. FUNDACIÓN: GOBIERNO, SOCIEDAD Y ESPIRITUALIDAD EL GOBIERNO DE LA PUEBLA DE LOS ÁNGELES EN SUS PRIMEROS DOSCIENTOS AÑOS HASTA ANTES DE LAS REFORMAS BORBÓNICAS. (1531- 1754). Guadalupe Pérez Rivero Maurer NOTAS SOBRE LOS ORÍGENES DE ALGUNOS LINAJES POBLANOS Arturo Cordova Durana GOBIERNO INDIO EN LA CIUDAD DE PUEBLA DE LOS ÁNGELES, SIGLOS XVI Y XVII Lidia Ernestina Gómez García 33 59 79 LA ADMINISTRACIÓN COLONIAL ESPAÑOLA, LA INTENDENCIA DE PUEBLA Y LOS VÍNCULOS ENTRE FAMILIAS DE ÉLITE A FINALES DEL SIGLO XVIII Nidia Cruz SALUD PÚBLICA Y POLÍTICA SANITARIA EN LA PUEBLA COLONIAL Miguel Ángel Cuenya Mateos 89 105 ÍNDICE 21
III. PATRIMONIO CULTURAL RELIGIOSO: ARQUITECTURA Y VIDACONVENTUAL PUEBLA, LA CIUDAD ILUSTRADA DE FINES DEL SIGLO XVIII Carlos Contreras Cruz LA NUEVA CATEDRAL DE PUEBLA: UN PROYECTO INALTERABLE DESDESUINICIO Dr. Molero Sañudo, Antonio Pedro PUEBLA Y SUS CONVENTOS DE MONJAS EN LA ÉPOCA COLONIAL. Adriana Guadalupe Alonso Rivera LA ESTAMPA FLAMENCA COMO MODELO EN LA PINTURA BARROCA POBLANA María Isabel Fraile Martín IV. SABORES Y SABERES: PATRIMONIO INMATERIAL Y COTIDIANO DE METATES Y CONVENTOS: LA COCINA POBLANA, SABORES DE UN MESTIZAJE CULINARIO José Ángel Perea Balbuena y Víctor Josaphat Carrasco Romero 175 9 117 127 147 159
Fotografía: Isaac Contreras Torres
La conmemoración de los quinientos años de la fundación de la ciudad de Puebla de los Ángeles constituye una oportunidad privilegiada para reflexionar sobre la densidad histórica, la ri- queza cultural y la vigencia patrimonial de una de las urbes más representativas del mundo novohispano. Desde su origen en 1531, Puebla fue concebida no solo como un enclave admi- nistrativo y comercial del virreinato de la Nueva España, sino también como un espacio de encuentro entre culturas, de ex- perimentación social y de proyección espiritual. A lo largo de los siglos, su traza, sus edificios, sus expresiones artísticas y sus costumbres han configurado una memoria que permanece viva, dinámica y profundamente arraigada. En este contexto conmemorativo, Puebla Novohispana: Sen- deros de Memoria hacia los Quinientos Años se presenta como un ejercicio de revisión crítica y diálogo interdisciplinario que busca comprender la ciudad más allá de su imagen monumen- tal. La obra reúne aportes de especialistas en arqueología, his- toria, arte, arquitectura, antropología y gastronomía, con el propósito de reconstruir los múltiples rostros que Puebla ha mostrado a lo largo de casi cinco siglos. El volumen se organiza en cuatro grandes ejes temáticos que ofrecen miradas comple- mentarias sobre los procesos de formación, transformación y permanencia que han moldeado su identidad. El primer apartado, “Raíces Ancestrales: El Territorio Antes de la Fundación”, a cargo de Gabriela Serrano Rojas, examina el pasado remoto de la región y la complejidad de las culturas que habitaron el valle antes de la llegada de los españoles. A partir de vestigios arqueológicos, fuentes novohispanas e in- terpretaciones contemporáneas, la autora reconstruye un te- rritorio dinámico en lo económico y simbólico, articulado por rutas de intercambio, asentamientos agrícolas y centros cere- moniales. Su estudio muestra que la fundación española no ocurrió sobre un vacío, sino sobre un espacio vivo y cultural- mente denso, cuyos significados, toponimias y paisajes fueron resignificados dentro del nuevo orden virreinal. 13 INTRODUCCIÓN
14 El segundo eje, “Fundación: Gobierno, Sociedad y Espiri- tualidad”, reúne investigaciones que analizan la génesis de la ciudad como proyecto político, urbano y religioso. En El Gobier- no de la Puebla de los Ángeles en sus Primeros Doscientos Años hasta Antes de las Reformas Borbónicas, Guadalupe Pérez Rive- ro Maurer, estudia la configuración institucional del cabildo y las prácticas del gobierno que consolidaron a Puebla como modelo de administración local en la Nueva España. Por su parte, Arturo Córdova Durana en Notas sobre los orígenes de algunos linajes poblanos muestra cómo las redes familiares y los vínculos de parentesco dieron forma a una élite que articu- ló poder económico y político. A esta mirada se suma Lidia Ernestina Gómez García, quien, en Gobierno indio en la Ciudad de Puebla de los Ángeles, siglos XVI y XVII analiza la participación de las comunidades indígenas en la vida urbana, en los espacios de poder local y revela diná- micas de convivencia y negociación entre las repúblicas de in- dios y españoles. Complementa este núcleo el trabajo de Nidia Cruz, La admi- nistración colonial española, la Intendencia de Puebla y los vín- culos entre familias de élite a finales del siglo XVIII, que examina las implicaciones administrativas del sistema de intendencias de 1786 y el papel de personajes como Manuel de Flon en la mo- dernización del aparato virreinal. El estudio evidencia procesos geopolíticos de largo alcance que anunciaban, simultáneamen- te, el ocaso de un orden imperial y la emergencia de nuevas con- figuraciones sociales y políticas. Finalmente, Miguel Ángel Cuenya Mateos, en Salud pública y política sanitaria en la Puebla Colonial, analiza las respuestas institucionales y religiosas ante epidemias y desafíos sanita- rios, además, muestra cómo la salud fue un ámbito de control, asistencia y espiritualidad. En conjunto, estos trabajos permi- ten entender la Puebla virreinal como un laboratorio social donde confluyeron tensiones y adaptaciones entre lo europeo y lo indígena, lo público y lo privado, lo sagrado y lo cotidiano. El tercer núcleo temático, “Patrimonio Cultural Religioso: Arquitectura y Vida Conventual”, explora la dimensión estéti- ca, espiritual y material del legado poblano. En La ciudad Colo- nial, Carlos Contreras analiza cómo, a fines del siglo XVIII, Pue- bla experimentó un proceso de transformación urbana influido
por el pensamiento ilustrado, orientado al orden, la higiene y el embellecimiento del espacio público; pese a la crisis económica y la insalubridad, se promovieron obras públicas, una reorgani- zación administrativa y nuevas normas de control social, reflejo del impacto de las reformas borbónicas en la vida urbana. Por su parte, en La nueva catedral de Puebla: un proyecto in- alterable desde su inicio, Antonio Pedro Molero Sañudo examina la historia constructiva del templo mayor como símbolo de con- tinuidad institucional y teológica de la ciudad. A su vez, Adriana Guadalupe Alonso Rivera, en Puebla y sus conventos de monjas en la época colonial. Breves consideraciones, aborda el papel de las comunidades femeninas en la educación, la economía y la espiritualidad urbana, mostrando que los conventos fueron tam- bién espacios de poder y producción cultural. Finalmente, María Isabel Fraile Martín, en La estampa flamen- ca como modelo en la pintura barroca poblana, revela los víncu- los artísticos entre Puebla y Europa y destaca la influencia rube- niana en la configuración de un lenguaje plástico propio. En conjunto, estos estudios confirman que la arquitectura y las ar- tes sacras poblanas no fueron simples reproducciones de mode- los europeos, sino expresiones de una identidad local que los reinterpretó desde sensibilidades americanas, dando lugar a un barroco mestizo, luminoso y profundamente simbólico. El cuarto y último apartado, “Sabores y Saberes: Patrimo- nio Inmaterial y Cotidiano”, aborda una dimensión íntima y profundamente identitaria: la gastronomía poblana. En De Me- tates y Conventos: la Cocina Poblana, Sabores de un Mestizaje Culinario, José Ángel Perea Balbuena y Víctor Josaphat Carras- co Romero examinan la cocina como espacio de encuentro en- tre mundos, donde ingredientes, técnicas y simbolismos de diversa procedencia se amalgamaron para formar un reperto- rio culinario de reconocimiento universal. Así, la cocina apare- ce como territorio de memoria, creatividad y resistencia: un lenguaje a través del cual se transmiten saberes, afectos y prác- ticas que vinculan el patrimonio inmaterial con la identidad contemporánea. Las investigaciones reunidas en este volumen, derivadas del Diplomado en Historia de la Ciudad de Puebla en la Época Novohispana: Senderos de Memoria hacia los Quinientos Años, ofrecen una visión renovada de la ciudad como escenario de 15
16 continuidad y transformación. Puebla no solo se entiende úni- camente a partir de su traza o su arquitectura, sino también por la densidad cultural que la sostiene: por las voces, los ofi- cios, las creencias y los sabores, que generación tras genera- ción, han tejido su identidad colectiva. Celebrar cinco siglos de historia implica reconocer el valor de este patrimonio múltiple y repensar la relación entre me- moria y ciudadanía. Este volumen —resultado de la colabora- ción entre el Área de Patrimonio Cultural del Instituto Munici- pal de Arte y Cultura de Puebla y la Dirección General de Educación Continua de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla— busca fortalecer el vínculo entre conocimiento y evocación, entre investigación y comunidad. Más que una conmemoración retrospectiva, esta obra es una invitación a recorrer los senderos de la memoria poblana con mirada crítica, reconociendo en ellos la vitalidad de una histo- ria que continúa transformándose día a día.
19 I. Raíces Ancestrales: El Territorio Antes de la Fundación
Introducción La cultura mexicana constituye uno de los pa- nato de la Nueva España. Adicionalmente, du- rante el siglo XIX, Puebla tuvo un papel central en algunos acontecimientos históricos como trimonios más vastos y complejos de América la Guerra de Independencia, la Intervención Latina y del mundo, esto ha sido resultado de Francesa—con la emblemática Batalla del 5 de un prolongado proceso histórico de interac- Mayo de 1862—y la Revolución Mexicana. Ac- ción entre tradiciones indígenas, influencias tualmente, Puebla ofrece un vasto patrimonio europeas y dinámicas socioculturales contem- cultural tangible e intangible como reflejo de poráneas. Dicha riqueza cultural se manifiesta su historia a través del tiempo. en diversas expresiones simbólicas, artísticas, lingüísticas y rituales que han sido clave en la configuración de una identidad nacional plu- ral, que a lo largo del tiempo, ha resistido, se mientos prehispánicos que fueron la base para reconfigurar la actual ciudad de Puebla. Es decir, a partir de un análisis bibliográfico de las exploraciones realizadas en esta área, las cuales permitirán generar un acercamien- to a esos sitios que convergen cerca de la ciu- dad. Por otro lado, se busca visibilizar la im- portancia del quehacer arqueológico dentro de la zona de monumentos históricos de Pue- bla para la reconstrucción de la memoria, co- Con el presente documento se propone de- sarrollar un breve recorrido por los asenta- ha adaptado y ha creado nuevos contextos. La diversidad cultural se hace patente en el estado de Puebla gracias a su ubicación geo- gráfica estratégica que permitió el asenta- miento de diversos grupos culturales, los cua- les sentaron las bases para convertir a la región en un referente, no sólo en términos cultura- les, sino también comerciales, sociales y eco-nómicos. Con la fundación de la ciudad de nocimiento, transformación y conservación Puebla de los Ángeles en 1531, se consolida del patrimonio poblano. este papel preponderante en la estructura del recién creado virreinato, al ser el punto inter- medio entre Veracruz, el principal puerto, y la capital, como un centro productor y manufac- turero de gran relevancia; lo que la convirtió en choff, acuñe el término Mesoamérica para des- cribir una región geográfica y cultural que, an- Desarrollo En 1943, el antropólogo Alemán Paul Kir- la segunda ciudad más importante del virrei- 21 LA CIUDAD DE PUEBLA EN LA ÉPOCA PREHISPÁNICA Gabriela Serrano Rojas 1 1 Licenciada en Arqueología por la Universidad Veracruzana. Maestra en Restauración y Conservación de Monumentos por la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Doctorante en Procesos Territoriales por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
22 tes de la llegada de los españoles, compartía una serie de características sociales, económi- cas, políticas y religiosas. Así esta área abarca- ba el centro y sur de México y partes de los paí- ses de Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Su delimita- ción no fue únicamente territorial, sino que también se basó en rasgos culturales comunes que compartían las civilizaciones prehispáni- cas de esta zona, entre ellas la agricultura, país, presenta una topografía más llana y com- como base de la alimentación; el desarrollo de pleja que ha influido de manera decisiva en su conformación histórica, social y cultural. Este cuentran al norte del eje Neovolcánico y a más de 2000 metros sobre el nivel del mar. Éstas son grandes extensiones de tierras fértiles que en épocas prehispánicas con- taron con importantes sistemas fluviales y lacustres (p. 84). Específicamente en la región del Valle de Puebla-Tlaxcala, localizada en el centro del una escritura, la construcción de centros cere- moniales, la domesticación de alimentos y territorio central ha sido una de las áreas más estudiadas, quizá a partir de los fechamientos realizados por Richard MacNeish en 1960. animales, así como el desarrollo de calenda- rios, el juego de pelota, entre otros. Desde entonces, la mayoría de las investiga- Por su parte, García Cook (1997) describe que ciones arqueológicas se han llevado a cabo a las investigaciones de MacNeish se ampliaron: partir de esta delimitación geográfica de Me- soamérica, y el actual estado de Puebla no ha sido la excepción. Desde el punto de vista fisio- gráfico, el territorio poblano se encuentra suje- to al Eje Neovolcánico Transversal atravesado de Oeste a Este, confiriéndole un relieve mon- tañoso y único. Después de un sondeo realizado en enero de 1960 en una de las cuevas del valle, donde se encontraron pequeños olotes o raspas de maíz, de los que en un principio se pensó que eran silvestres, se elaboró el Proyecto Arqueológico-Botánico Tehua- cán (PABT) […] Los objetivos básicos in- mediatos fueron: encontrar y excavar una serie de sitios arqueológicos estratificados que contuvieran restos de plantas y ani- males preservados que hubiesen sido usa- dos como alimento por las gentes que ha- Dentro de este sistema se localizan impor- tantes volcanes como el Popocatépetl, Iztac- cíhuatl y el Pico de Orizaba que desde los pri- meros asentamientos humanos proveyeron de materiales líticos sobre todo para la produc- ción de herramientas. bitaron esos sitios; establecer una cronología, relativa y absoluta, para el va- lle de Tehuacán; reconstruir, tan comple- tamente como fuera posible, los cambios en los patrones de subsistencia y aprove- char esa información para tratar de enten- der el problema del origen y desarrollo de la agricultura en el Nuevo Mundo; recons- truir el patrón cultural de cada fase de la secuencia completa de Tehuacán; y com- parar la secuencia de Tehuacán con se- cuencias semejantes establecidas en otras partes del mundo con la intención de co- Según López Austin y López Luján (2001) men- cionan la existencia en el centro del país de: Cuatro unidades geográficas enlazadas por sus tradiciones: el valle de Morelos al sur, el Valle de Puebla-Tlaxcala al oriente, la Cuenca de México al centro y el valle de Toluca al occidente. De ellos, el Valle de Morelos es el único emplazado en tierra caliente. En cambio, las otras tres unida- des, rodeadas por altas montañas, se en-
nocer cómo se desarrolló la civilización y respectivamente” (p. 111). por qué fue dicho desarrollo (pp. 40-43). Sin embargo; esta cueva continua con una Por otro lado, las evidencias de materiales ocupación hasta 1963 d.C: cerámicos tienen relación con la aparición de grupos sedentarios que dependían de la agri- cultura y con ello, la necesidad de crear obje- tos para su alimentación. De acuerdo con López Austin y López Luján (2001): Durante esta fase el nivel tecnológico de la industria lítica clase tallada, no tiene cam- bios respecto a la fase anterior […] El cam- bio tecnológico fundamental es la apari- ción de la cerámica, cuyos inicios no aparecieron en la excavación del sitio, sino que ya se manifiesta en toda su variedad a partir de cerámica del Preclásico (García Moll, 1973, p. 119). Los restos de producción alfarera más an- tigua en el Centro de México provienen del Valle de Tehuacán, en Puebla Fase Purrón (2300 y 1500 a.C), la cual se caracteriza por la aparición de los primeros asentamien- tos sedentarios, que dependían de la agri- cultura. Esta fase podría remontarse a güedad alrededor de la ciudad corresponden 2300 a.C, de acuerdo con los fechamientos al período preclásico superior (400 a.C - 200 d.C) en el sitio arqueológico denominado San Francisco Totimehuacan, ubicado en la junta Otros de los asentamientos de mayor anti- de Richard S. MacNeish (p. 85). Si bien las primeras investigaciones en el auxiliar con el mismo nombre. Con las prime- Valle de Tehuacán, al sureste del estado, han marcado una pauta desde entonces para co- ras exploraciones de Bodo Spranz se detecta- ron ocho montículos, aunque es muy probable nocer los movimientos de poblaciones y sus que el total del sitio no sean solo estas edifica- formas de vida, es importante resaltar que ciones. Al respecto comenta Mulhare (2001): también sobre la perifería de la ciudad de Pue- bla se han encontrado evidencias tempranas de asentamientos humanos. Centrados enton- ces hacia esta parte de la ciudad, se tiene el patronato de la Fundación Alemana para la In- vestigación Científica (FAIC). Según las prue- El arqueólogo alemán Bodo Spranz excavó las pirámides en 1964/65 y 1966/1967 bajo el registro de las exploraciones realizadas en cuatro temporadas de campo (1963, 1964, bas de carbón vegetal que él recolectó, las par- 1965 y 1966) en la Cueva del Texcal a las orillas tes más antiguas de estas pirámides datan del del lago Valsequillo. año 695 a.C., otras partes del conjunto mues- tran fechas de 545 a.C., 480 a.C y 90 d.C. (Spranz, 1970: 31-33 como se citó en MulhareRoberto García Moll (1973) describió los re- sultados del análisis de materiales líticos que de la Torre, 2001). dieron como resultado fechamientos del asen- tamiento que va de 7000 a 5000 a.C. aproxima- damente y comenta, “durante esta fase la eco- nomía es de apropiación basada en la caza y huacan, la realidad es que este sitio ha sido vi- recolección, como lo indica la presencia de sibilizado recientemente a partir de las peticiones de los habitantes y colectivos hacia las instituciones de gobierno por resguardar A pesar que desde los años sesenta se reali- zaron las primeras exploraciones en Totime- puntas de proyectil, cuchillos, raspadores, rae- deras, etc., que sirven para la caza, destazar y transformar las pieles en partes de vestido, este patrimonio. 23
24 Al noreste de la ciudad, se ubica el sitio ar- queológico de Amalucan, mismo que en el in- forme de 1968 escrito por Melvin L. Fowler, co- menta los resultados de campo y análisis de materiales del sitio. Fowler (1968) menciona Manzanilla, al norte de la ciudad, con su ma- jestuoso juego de pelota de atributos teoti- huacanos fechado para el período clásico tar- dío (600 d.C – 900 d.C), así como restos de dizar en ello, sino en aquellos que pocas veces se mencionan. Además se localiza el sitio arqueológico de que: “el período cultural en que Amalucan flo- rece puede ser definido con base en los tipos de cerámica encontrados. Hasta ahora las co- lecciones superficiales tienen un rendimiento montículos que fueron consumidos por la de una abrumadora preponderancia de cerá- mica Preclásica” (p. 12). mancha urbana con el paso del tiempo. Al res- pecto Valdez Muñoz (2011) comenta que: Alrededor de la ciudad se ubican otros si- Actualmente pueden observarse sus vesti- gios en forma de montículos agrupados en dos sectores que parecen corresponder a dos tiempos históricos diferentes: los hori- zontes Preclásico Superior (600 a.C. a 200 d.C.) y Clásico Tardío (600 a 900 d.C.) (INAH, 1985, citado en Palacios, 2004:179) (Valdez Muñoz, Raúl, 2011, p. 589). tios; mucho se ha hablado de Cholula, de sus diferentes momentos de ocupación, su arqui- tectura, su cerámica y la importancia que tuvo entre las ciudades del centro de Mesoamérica; quizá sea uno de los sitios cercanos mejor es- tudiado con una amplia bibliografía histórica en comparación al resto de sitios, por lo que no es motivo del presente documento profun- Sitio arqueológico de San Francisco Totimehuacan, Puebla. Foto: Gabriela Serrano Rojas.
Existen otros sitios más, como Flor del Bos- formación y uso del espacio en distintos mo- que, en el municipio de Amozoc de Mota y Tres mentos históricos que no siempre quedan Cerritos ubicado en la zona de Angelópolis, registradas en las fuentes documentales. que en otros documentos se refieren vaga- mente debido a que no se han realizado explo- raciones sistemáticas que permitan obtener sarrolla un interesante trabajo de investiga- una mejor información. En la zona oriente de ción en el que resalta una serie de exploracio- Por su parte, Toledo Mendieta en el 2011 de- la ciudad se ubican otros sitios arqueológicos, por ejemplo, en el municipio de Santa María en la ciudad de Puebla. En este documento Coronango están “los cerritos”, nombre con el recopila tanto las investigaciones como los re- nes arqueológicas desde el año de 1988 al 2007 que lo conocen los habitantes y que ha sido al- terado por la desconsideración de los dueños de los predios. Así mismo, se observan eviden- cias en el cerro del Chiquihuite, en el Cerro del miento urbano, integración o en el mejor de Teotón y en Tetimpa cerca de Nealtican, en los casos, por programas interdisciplinarios de restauración; a partir de los sismos que han azotado el estado y de los cuales se han visto afectados inmuebles sobre todo religiosos sultados de los proyectos desarrollados en la ciudad, así estos trabajos han sido producto de la necesidad de remodelación, mejora- donde alrededor de diez años se realizaron ex- cavaciones a cargo de Gabriela Uruñuela y Pa- tricia Plunket. Recientemente se ha dado a co- nocer el sitio de Azumiatla que aunque ya se como templos, atrios, capillas y parroquias tenía conocimiento de su existencia, fue hasta con un valor histórico categorizado por el Insti- hace unos años que algunos investigadores del Centro INAH Puebla (Mendiola Galván y Melgarejo Pérez, 2021, pp. 20-25) difunden una serie de elementos de arte rupestre, los divi- den por grupos y ofrecen una cronología ten- tativa a partir de tradiciones gráficas. tuto Nacional de Antropología e Historia. Otras exploraciones se han llevado a cabo en plazuelas, casonas, ex hospitales y ex fábri- cas, de las cuales, en su mayoría, se han recu- perado entierros humanos, restos óseos fau- nísticos, evidencia arquitectónica, cerámica asociada y objetos líticos de entre mediados y finales de los siglos XVII, XVIII y XIX. Tales sitios ubicados en la periferia de la ciu- dad de Puebla ya han sido citados por Hernán- dez García y Melgarejo Pérez (2021, pp. 8-12) a través de una descripción generalizada de los asentamientos con temporalidades propuestas 1996 a 2005 (dividido en dos etapas) formaron Las exploraciones en Paseo San Francisco de a través de otras investigaciones. un precedente en las indagaciones y futuras ex- ploraciones de la ciudad, pues ofrecieron infor-Actualmente el estudio de la arqueología mación de que la ciudad fue ocupada mucho dentro de espacios urbanos se apoya de la ar- queología urbana, una disciplina que estudia los procesos históricos y culturales que han dado forma a las ciudades, mediante el análi- sis de vestigios materiales conservados en es- tos contextos y que no se observan a simple queólogo Arnulfo Allende, se localizó: vista. Dichos estudios permiten recuperar in- formación valiosa sobre la ocupación, trans- antes de lo que se había manejado o pensado. Entre 2009 y 2010, gracias a las exploracio- nes en La Casa del Mendrugo, llevadas a cabo por el Centro INAH Puebla y a cargo del Ar- Un muro construido con bloques irregula- res de piedra caliza unida con lodo, una 25
26 superficie empedrada y cientos de tiestos en este sector de la ciudad. En el año 2022, se en un contexto sellado, además de una exploró el Antiguo Hospital de San Roque don- olla grande fragmentada y, en su interior, de se recuperaron “entierros humanos com- figurillas humanas de cerámica, objetos pletos y numerosos restos óseos, entre ellos de concha trabajada, obsidiana, figurillasdestacan restos de nonatos en diversos esta- humanas de piedra verde y espejos de dos de gestación” (Morales Fernández, comu- magnetita. Asociado a esto, un entierro nicación personal, 10 de abril de 2025). El mis- humano integrado por dos individuos. Los mo año, en el ex Templo de San Javier a partir restos óseos mejor conservados resulta- de trabajos de remodelación se desarrollaron ron ser de una mujer de cerca de 60 años, exploraciones arqueológicas en las que se re- con signos de afecciones y asociada a ma- teriales de muy alta calidad, que la seña- lan como una mujer importante, influyen- te, querida y cuidada durante más de 20 años por un grupo, posiblemente una fa- cuperaron entierros humanos y algunos obje- tos que correspondían a enseres militares. A partir de la renovación de drenaje y mejo- ramiento urbano, durante el año 2023, algu- milia o una tribu, en lo que factiblemente nos investigadores del Centro INAH localizaron fue una pequeña aldea habitada entre el un empedrado histórico con materiales do- año 1500 y el 1200 a. C. (Allende, Arnulfo, mésticos asociados que corresponden a los si- 2020, p. 16). glos XVIII, XIX y XX (INAH, Boletín 595). Este proyecto también dotó a la arqueolo- Sin duda, gracias a estas evidencias y a la di- gía poblana de información relevante sobre fusión de algunos trabajos hoy se sabe que la temporalidades que no se tenían registradas ciudad de Puebla fue habitada mucho antes Centro Histórico de la ciudad de Puebla. Foto: Gabriela Serrano Rojas.
de lo que se pensaba, además, la ciudad no mesoamericanos en este sector. parte del período novohispano ya que, de acuerdo a los restos materiales en sitios aleda- ños a la ciudad, se conoce la existencia de gru- pos precerámicos como lo indican los resulta- dos en la Cueva de Texcal, así como grupos de contextos de crecimiento se convierten en teotihuacanos, zapotecas, olmecas, olmecas agentes clave para la gestión y la conservación Por su parte, la participación ciudadana también juega un rol importante en investiga- ciones dentro de la ciudad, debido a que en xicallancas y toltecas-chichimecas que deja- ron huella en este valle. del patrimonio cultural, además de ser ele- mentos fundamentales en la toma de decisio- nes informadas en torno al lugar que habitan. No menos importante resulta fortalecer las la- bores de divulgación y difusión, ya que gran parte de la información recuperada permane- ce dentro de círculos restringidos y se descui- prender la complejidad cultural y temporal del da el vínculo comunicativo que debería esta- Altiplano Central Mexicano. Sin embargo, es im- portante dejar de ver a la arqueología como una disciplina que se enfoca únicamente al estudio de contextos de sociedades prehispánicas, ya que, gracias a su metodología sistemática, per- mite estudiar contextos históricos, urbanos, in- dustriales e incluso contemporáneos. Conclusión La arqueología del estado de Puebla repre- senta un campo de estudio esencial para com- blecerse con la población en general. Bibliografía Allende Carrera, A. (2020). Los remotos oríge- nes: Puebla en tiempos mesoamericanos. Revista Cuetlaxcoapan, (24), 14–19. Aunque el Centro Histórico está inscrito en Espinosa Martínez, M. S. (2018). Amalucan, un la lista de Patrimonio Mundial por la UNESCO desde 1987, no se cuenta con un plan o progra- ma especializado por parte de las autoridades correspondientes de la salvaguarda del patri- monio cultural mexicano, instancias estatales y/o municipales que permita la investigación, Fowler, M. L. (1968). Un sistema preclásico de cerro en discordia MSEM. Ark Magazine. ht- tps://arkeopatias.wordpress. com/2018/03/10/de-la-casa-124-amalucan- un-cerro-en-discordia-msem/ la protección y la difusión del patrimonio ar- queológico inmerso en la ciudad, el cual es igual de importante que los monumentos de- clarados. distribución de agua en la zona arqueológi- ca de Amalucan, Puebla. Instituto Poblano de Antropología e Historia. García Cook, Á. (1997). Richard Stockton Mac- Neish y el origen de la agricultura. Arqueolo- gía Mexicana, (25), 40–43. Si bien se han desarrollado trabajos de in- vestigación que han dotado de información sobre el pasado prehispánico en la ciudad de Puebla, gracias a ello ya se tienen algunos an- tecedentes cronológicos, la realidad es que fal- tan muchos contextos por descubrir e inter- pretar, para que a su vez se permita armar el mosaico cultural de la ciudad, sus asentamien- tos y los desplazamientos de aquellos grupos García Moll, R. (1973). Análisis de los materia- les arqueológicos de la Cueva del Texcal, Puebla. (Tesis de licenciatura). Escuela Na- cional de Antropología e Historia, Instituto Nacional de Antropología e Historia. 27
28 Hernández García, Y., y Melgarejo Pérez, M. A. (2021). Los sitios arqueológicos en la perife- ria de la ciudad de Puebla. Revista Cuetlax- coapan, (27), 8–12. Instituto Nacional de Antropología e Historia. (2025, 8 de julio). El INAH localiza vestigios del empedrado histórico de la ciudad de Puebla (Boletín 595). https://inah.gob.mx/ boletines/el-inah-localiza-vestigios-del-em- pedrado-historico-de-la-ciudad-de-puebla López Austin, A., y López Luján, L. (2001). El pa- sado indígena. Fondo de Cultura Económica. Mendiola Galván, F., y Melgarejo Pérez, M. A. (2021). Los distintos momentos de un sitio con arte rupestre. Revista Cuetlaxcoapan, (27), 20– 25. Mulhare de la Torre, E. M. (2001). Totimehua- cán: Su historia y vida actual (2ª ed.), edita- do por Herón García Martínez, Universidad de Colgate. Reynoso Ramos, C., y Ocaña del Río, B. (2005). Una aproximación al estudio de las condi- ciones de vida en la ciudad de Puebla, siglos XVII–XVIII. https://revistas.inah.gob.mx/in- dex.php/antropologia/article/view/2937 Testard, J. (2018). Arqueología, fuentes etno- históricas y retóricas de legitimización: Un ensayo reflexivo sobre los olmecas xicalan- cas. Anales de Antropología,51(2), 142-153. https://doi.org/10.1016/j.antro.2016.11.004 Toledo Mendieta, M. (2011). Arqueología históri- ca de la ciudad de Puebla: Avances y pers- pectivas 1988–2007. ( Tesis de licenciatura). Escuela Nacional de Antropología e Historia. Valdez Muñoz, R. (2011). Los vestigios prehis- pánicos del ex bosque de Manzanilla en Puebla, México: De yacimiento arqueológi- co a producto turístico. Pasos: Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, 9(4), 585– https://doi.org/10.25145/j.pa-597. sos.2011.09.042
30
31 II. Fundación: Gobierno, Sociedad y Espiritualidad
Las ciudades en el Virreinato1 El patrón de ciudad heredado a América, o sea heredado al Virreinato de la Nueva Espa- ña fue el de la ciudad mediterránea; ésta es, “ante todo una entidad jurídica, fundada so- bre un modelo romano que permite, en con- secuencia, la representación política y la es- tructuración del espacio de acuerdo con una concepción del poder fundada en el derecho escrito” . Es por eso que coadyuvó al esta- blecimiento de la república de españoles, así como a la de indios en un territorio deter- minado, ejerciendo influencia en los núcleos de población del rededor. Los núcleos urba- nos eran territorios en los que se ponía en marcha una serie de mecanismos, mediante los cuales los súbditos establecían redes en- tre sus vecinos y con las distintas instancias de gobierno que garantizaban la lealtad al monarca. 2 Desde su fundación, en el siglo XVI, las ciu- dades fueron entidades territoriales median- te las cuales se estructuró la monarquía his- pánica. Además, las urbes contribuyeron al establecimiento del orden social en un régi- men de cristiandad con cuerpos eclesiásti- 1 Doctora en Investigaciones Históricas por el ICSYH-BUAP, maestrías en Educación por la Universidad Iberoamericana, Maestría en Historia Regional por el Colegio de Puebla y Maestría en R.I. y América Latina por la UDLA. Miembro del Seminario “Puebla, Ciudad Episcopal”. Coord. Dra. M. Galí. ICSyH-BUAP. Líneas de investigación: el cabildo virreinal y sus elites dirigentes. Las Ceremonias Virreina- les, la identidad en el virreinato. Las haciendas poblanas en el Camino Real México- Veracruz. 2 Oscar Mazín, “Una ventana al mundo hispánico”, Ensayo bibliográfico 1, Revista Relaciones, Estudios de historia y sociedad, Colegio de Michoacán, vol. 29, núm. 115 (2008): 36. cos. Ser vecino de una ciudad fue un medio de integración a la Monarquía, por los dere- chos que implicaba. Cada habitante era un ciudadano, un integrante de la república ur- bana que tenía al cabildo como un órgano de gobierno y representación. Fue el título de ciudad el que determinó una categoría nobi- liaria que proporcionaba un estatus y, con él, privilegios y concesiones para sus habitantes. Durante el siglo XVI, los primeros 20 años en la Nueva España, la fundación de ciudades obedeció a la ocupación real del territorio, como ocurrió con las fundaciones de México, Veracruz y Segura de la Frontera, erigidas du- rante la conquista; por otra parte, entre 1522 y 1523 se fundaron Medellín, Espíritu Santo (Coatzacoalcos), Santisteban del Puerto (Pá- nuco), Colima, Zacatula y Tututepec. En 1528 se fundaron San Ildefonso y Antequera, en 1531 Puebla de los Ángeles y Valladolid de Mi- choacán, y en 1533 Santa Fe de La Laguna. En los primeros años, la fundación de estas ciu- dades pobladas de españoles en territorios recientemente conquistados respondió a una cuádruple intención. Ver: mapa de la imagen n. º1. 33 EL GOBIERNO DE LA PUEBLA DE LOS ÁNGELES EN SUS PRIMEROS DOSCIENTOS AÑOS HASTA ANTES DE LAS REFORMAS BORBÓNICAS. (1531- 1754). Guadalupe Pérez Rivero Maurer.1
34 Las ciudades se vuelven las articuladoras blación: Nosotros creemos que la Monarquía entre los súbditos y el monarca y los núcleos Hispánica estuvo integrada por un universo de población de una región determinada. La de corporaciones, cada una con sus propios ciudad era una manera de regentar un territo- rio, en el sentido de ser una cabecera que fun- fueros y privilegios. Cada persona se integra- ba a esta Monarquía por su afiliación a un gía como “centro rector” o “eje directriz” de un cuerpo social, que le daba un conjunto de pri- territorio de mayor extensión . Ya desde 1990 vilegios y gracias. Estos cuerpos sociales o François Xavier Guerra señalaba, en su libro entidades corporativas reglamentaban las Modernidad e Independencia, que dentro del acciones y los comportamientos de sus inte- marco de la organización socio-política de los grantes mediante reglas que explicitaban su 3 llamados “reinos” de la Indias, la ciudad, con-forma de organización y delimitaban sus fi- siderada la célula política básica se conectaba nes, pero al mismo tiempo brindaban protec- con el poder del rey, su “señor natural”, en una ción a sus miembros y los hacían acreedores relación recíproca de derechos y deberes que de privilegios. Creemos también que, en esta ambos debían respetar: la ciudad con su pron- Monarquía, el rey desempeñaba el papel de to vasallaje y gran lealtad y el rey respetando integrador, como lo afirma Mazín , debido a5 fueros y privilegios concedidos .4 que era el encargado de velar por la conserva- ción del orden natural, establecido por Dios, y de poner por efecto un sistema de contrape- sos que garantizara un cierto equilibrio entre Estas ciudades novohispanas, como unida- des jurídico-políticas de la Monarquía Hispa- na, asentaron en el territorio el dominio de los distintos cuerpos, permitiendo su convi- los monarcas y de los vecinos de la nueva po- 3 Rojas, Las ciudades novohispanas, 85. 4 Francois Xavier Guerra, Modernidad e Independencia. Ensayo sobre las revoluciones hispánicas, 67-72. 5 Mazín, “Una ventana al mundo hispánico”, 36. vencia. La diferenciación y jerarquización, Imagen n.º 1. Las ciudades novohispanas siglos XVI y XVII. Mapa tomado de Beatriz Rojas, Las ciudades novohispanas.
fundamentos del orden social, dependían de tenida con la intervención urbana. En lo que la antigüedad, de los servicios prestados y de a la ciudad de Puebla se refiere, la formación y 7 las gracias obtenidas .6 La ciudad de la Puebla de los Ángeles y su cabildo desarrollo de su traza, su ejido y su dehesa, pero en especial de su conglomerado humano, fueron el resultado de su particular historia en la que se fueron entretejiendo una pluralidad de factores que la caracterizaron y que coad- yuvaron en la elaboración de su identidad re-Si el ser ciudad con su gobierno en cabildo, con su vida en civitas, representaba en sí ya un gional desde el temprano siglo XVII, dándole honor con dignidad específica, pensemos lo un sello y un sentido de pertenencia diferente que para la Ciudad de los Ángeles, segunda en importancia en el virreinato, con el obispado más rico, culto y poderoso, representaba ese al resto de las ciudades del virreinato. Estos factores de índole política, social, eco- “honor”, ya que, como sabemos, la formación nómica y cultural se manifestaron en la ciudad de su comunidad a lo largo del virreinato fue el de Puebla desde sus inicios, con las particula- resultado de su particular historia, en la que se ridades que rodearon su fundación como res- fueron entretejiendo una pluralidad de facto- res que la caracterizaron y que fueron elabo- rando su identidad regional, su orgullo, su ho- nor y su grandeza. puesta a la utopía y al deseo reparador de la corona de resolver el controvertido sistema de encomiendas que tanto daño estaba haciendo a sus nuevos súbditos indígenas. Así, el nuevo territorio para fundar la ciudad estaba desha- Ello se debía a que el proyecto de gobierno bitado por grupos mesoamericanos. Sin em- renacentista que concibió a la ciudad de Pue- bargo, no pudieron prescindir de la mano de bla como un asentamiento para españoles no obra indígena, que quedó resuelta con los “in- encomenderos —capaces de vivir a la usanza dios de servicio” contratados para trabajar de Castilla como campesinos y artesanos— ha- aquí pagando de esa manera su impuesto a la bía triunfado plenamente hacia 1550. En este corona. Años después, a mediados del siglo8 periodo la ciudad arrancaba con fuerza con un XVI, se les donó medio solar, pasando a ser ve- cabildo dirigido por un alcalde Mayor en vez de un Corregidor. cinos, organizados en barrios alrededor de la traza española, dando origen a los barrios de indios con sus propias autoridades y su gober- nador de los naturales como nos lo narrará la Dra Lidia Gómez especialista en ese tema. Así se observa en el mapa n.º 3, elaborado sobre el mapa de Medina. 9En cada ciudad, las élites colaboraban en la conformación de las urbes, ya fuera en la cons- trucción de los principales edificios, fundación y mecenazgo de colegios, conventos, panteo- nes, hospitales, hospicios, universidades, etcé- tera, con fines de exaltación y propaganda, o ya fuera en la organización de proyectos cere- moniales y festivos asociados a la imagen ob- 6 Mazín, “Una ventana al mundo hispánico”, 36. 7 Esther Alegre Carvajal, “La configuración de la ciudad nobiliaria en el renacimiento como proyecto ideológico de una élite de poder”, Revista tiempos modernos, vol. 6, núm.16 (2008):14. 8 Julia Hirschberg, “An Alternative to Encomienda: Puebla’s indios de servicio, 1531-1545”, en Latin American Studies, vol. II, núm. 2 (Cambridge University Press,1979), 241-264. 9 Lidia E. Gómez, Lidia E. García, “Las fiscalías en la ciudad de los Ángeles, siglo XVII”, 173-196. Al oidor de la Segunda Audiencia, Don Juan de Salmerón, se debe el sorteo de las dificulta- des de los primeros años, 1531-1535, por las 35
36 vicisitudes que tuvieron; más aún, el favore- la riqueza de la producción era movilizada a cerla ante la rivalidad que se produjo contra otras regiones; los diversos caminos que cru- México por pérdida de conquistadores que se zaban por la ciudad centralizaron en ella todas las rutas del comercio novohispano. Veamos: do constataron que Puebla quedaba a la mitad Al este el camino que salía por Veracruz hacia del camino real México-Veracruz, por donde Sevilla. Por el norte, la ruta hasta Santa Fe, que entraban y salían todos los productos, lo cual pasaba por los centros mineros, trayendo toda la plata a la capital. Por el poniente, el camino al puerto de Acapulco, de donde provenían los lujosos productos de Oriente, embodegados dad, con el establecimiento de México como anualmente en Filipinas y traídos en las Naos avecindaron aquí. La rivalidad aumentó cuan- influía en toda relación con la metrópoli. Se- gún reporta Grunberg , sólo la llegada del vi- rrey Antonio de Mendoza resolvió esta rivali- 10 ciudad virreinal.de la China. Al sur, el camino a la Antigua Gua- temala, de donde subían el cacao, la cera, la Otra fuerte característica que la ciudad tuvo grana, el tabaco y demás productos tropicales. fue su ubicación geográfica en los valles del Al- tiplano Central, concretamente, el pobla- Toda esta red de caminos llamados reales co- locaron a Puebla como paso obligado del co- no-tlaxcalteca. La agricultura, la ganadería, la mercio trasatlántico y transpacífico de la Nue- industria y el comercio fueron su fuente de ri- queza; mientras que los ríos y canteras propi- va España con la Metrópoli, y la volvieron un lugar privilegiado para mercaderes. Observar12 ciaron el establecimiento de molinos de trigo, los mapas n.º 3 y 4. obrajes de seda y lana, e industrias menores como de: fierro, muebles, vidrio, loza, pan, gra- Puebla de los ángeles al ser sede de un obis- na y los productos de la cría de cerda, desde pado muy rico de Hispanoamérica, se convir- fiambre y jamones hasta jabón y cueros . Toda tió en una espléndida ciudad episcopal, con11 10 Grunberg, “La rivalidad México-Puebla de los Ángeles. 1529-1535”, 1-46. 11 Thomson Guy, Puebla de los Ángeles, Industry and Society in a Mexican city. 1700-1850. Latin American Studies, núm. 25, Boulder, Colo., (London: Dellplain, Westview Press, 1989), 1-60. 12 Guy, Puebla de los Ángeles, Industry and Society in a Mexican city. 1700-1850, 1-60. Imagen n.º 2. La traza española y los barrios indios de la ciudad de Puebla en el XVII. Elaboracion propia basada en el mapa de barrios indios de Fausto Marín Tamayo, utilizando el mapa del bachiller Joseph Marianus de Medina de 1754.
37 Mapa n.º 4. el camino real México Veracruz tanto por Jalapa como por Córdoba. Mapa n.º 3. Los caminos Reales en el virreinato. Observe posición geográfica de Puebla
38 obispos bien preparados y cultos, más un ca- mo, las continuas migraciones de bildo catedralicio de veintisiete prebendas, peninsulares, especialmente de Brihuega ,13 integrado por sacerdotes destacados de gran cultura y méritos personales, tanto es- pañoles como criollos, que coadyuvaron no de los factores que determinaron y facilita- solo a un fuerte desarrollo cultural, sino a la ron rasgos culturales y políticos muy pro- buena administración del vasto obispado de pios. Para el siglo XVI-XVII, Puebla era el cen- Tlaxcala, fundado desde 1527, con sede en tro neurálgico del comercio, la industria y la que se asentaron en la traza urbana a lo lar- go de todo el período virreinal, fueron otro la ciudad de Puebla desde 1534. Esta organi- zación facilitó la división religiosa de las ciu- dades, pueblos y villas de su jurisdicción te- rritorial; estrategia que no solo le dio la cultura, de manera que este auge fue llama- do por muchos historiadores el Siglo de Oro (1550-1690). Así Puebla estaba a la cabeza de las ciudades virreinales, retando con su supremacía como ciudad principal, sino que pujanza y belleza a la propia capital del Vi- hizo que la riqueza de los diezmos de todo el rreinato. De acuerdo con Peter Gerhard, la obispado fluyese hacia Puebla, su sede epis- copal. ciudad de Puebla quedó territorialmente de- limitada al norte por el pico de la Malinche, al sur hasta el río Atoyac y un poco más allá, con un pequeño enclave al sureste llamado Hueyotlipa , (observar el mapa de la Ima-14 gen n.º 6), siendo el virrey Antonio de Men- La fundación temprana de conventos, co- legios y hospitales le dio un carácter distinti- vo a su desarrollo social y cultural. Asimis- Imagen n.º 5. Puebla de los Ángeles como Ciudad Episcopal. Grabado anónimo, hacia 1795, publicado por el calendario de Galván hacia 1820. Se observan la Plaza mayor, la Catedral y las Casas Reales o ayuntamiento, así como la fuente de San Miguel, el Obelisco de los plateros para la Jura de Carlos III en 1760. 13 Otte, Cartas privadas de emigrantes a Indias 1540-1616, 10-87; Guadalupe Albi Romero, La sociedad de la Puebla de los Ángeles en el siglo XVI (Tesis de licenciatura, FFL, Sevilla, 1965), 154. 14 Peter Gerhard, Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821 (México: UNAM, 2001), 227-230.
39 Imagen n.º 7. Obispado de Tlaxcala-Puebla. Del Golfo de México al Océano Pácífico. Tomado de D. Thompson. Imagen n.º 6. Alcaldía Mayor de la ciudad de los Ángeles y Alcaldías Mayores del rededor sobre las que ejerció su supremacía: Cholula, Huexotzingo, Atlixco, Izúcar, Tepeaca. Tomado de Peter Gerhard, Geografía histórica de la Nueva España, 1519-1821.
40 doza quien le asignara los siguientes límites: nómico, distribuir los terrenos urbanos entre los habitantes que quisieron asentarse en ella, tanto en la traza española alrededor de la Pla- za Mayor, donde las manzanas quedaron divi- didas en ocho solares, (ver mapa: de Cristóbal de Guadalajara) como en los barrios de indios, con Cholula y Tlaxcala “el barrio de San Pa- blo, el camino real que va a Tlaxcala, el puen- te que está en el camino que va a Atlixco y Toti- mehuacan” .15 El cabildo de la Puebla y sus deberes hasta donde, con permiso de ayuntamiento, se asen- antes de las reformas borbónicas cuando se taron y pudieron edificar, con título de vecinos en solares de traza irregular. Además, debía administrar los terrenos ejidales para labranza La corporación municipal, ayuntamiento, y comunales (dehesa) para pastizales, más los transforma en una intendencia. concejo, regimiento o cabildo, como se le lla- mó en esa época, fue la institución colonial he- bosques y canteras ubicados fuera de la traza, así como doscientas caballerías. Contaba den- redada de la España medieval que gobernó las tro de la traza con casas y tiendas llamadas ciudades novohispanas. Los estudios clásicos propios, rentadas en su mayoría, para sufragar sobre estas ciudades hispanoamericanas y sus los gastos necesarios de todo el ayuntamiento. ayuntamientos como el de Constantino Bayle, También debía abastecer a la ciudad de lo ne- Domínguez Campany, Silvio Zavala, Miranda, cesario: agua, carne, alumbrado, etcétera; Avellá Vives, Parry, Altamira y Crevea, etc. , se-16 ñalan que éstos son la prolongación más pal- además de regular el comercio, controlar los precios y medidas, vigilar los mercados, las pable de la península ibérica. El ayuntamiento ventas y mesones, así como vigilar los precios fue el fiel reflejo del régimen jurídico de las ciu- de los bienes de consumo y la buena calidad dades medievales españolas, que derivaba, a de los productos artesanales, a través del Tri- su vez, de la institución municipal romana. bunal de la Fiel Ejecutoría. La historia de cada ciudad de la Nueva Es- paña, ya sea de costa de mar o de tierra aden- tro, minera, agrícola, mercantil o manufacture- Asimismo, el cabildo también debía cons- truir y conservar las obras públicas como los caminos, los puentes, las fuentes, las acequias, ra, como fue la de Puebla, conlleva el estudio las alhóndigas, las cajas de agua, entre otros. de su cabildo. En cada ciudad, el desarrollo de Bajo la vigilancia del regidor llamado Obrero su traza urbana, de sus iglesias y conventos, mayor, elegido anualmente, debía también re- escuelas y hospitales, así como su desarrollo caudar los impuestos municipales. Pero no económico, social y cultural, tienen una rela- ción directa con la vida del cabildo y, por su- eran los únicos recursos con los que contaba el ayuntamiento. Las ciudades contaban, ade- puesto, con la élite directora de la ciudad que más, con los arbitrios, que podían ser impues- funcionaba a través de éste. Las funciones del cabildo eran muy amplias e incluían, en lo eco- tos de carácter general, o derechos cobrados por la concesión de contratos, entre otros. En- 15 Mandamiento virreinal de Antonio de Mendoza, 1546, Archivo Histórico Municipal de Puebla (AHMP), sección Actas de Cabildo, vol. 5, ff. 117v.-125v. 16 Constantino Bayle, Los cabildos seculares en la América Española (Universidad de Michigan, Editorial Sapientia, 1952). Francisco Domínguez Campany, “Participación activa de los cabildos hispanoamericanos en el reparto de tierras y solares” (ponencia presentada en Memorias del Primer Congreso Venezolano de Historia. Caracas, 1972). John Horace Parry, The sale of public Office in the Spanish Indies under the Hapsburgs. (Universidad de California, Press, 1953). Rafael Altamira y Crevea, Contribuciones a la Historia Municipal de América, Revista Historia de América, UNAM, núm. 166 (2023). Silvio Zavala, Las Instituciones Jurídicas en la Conquista de América (México, Porrúa, 1971). Joaquín Avellá Vives, Los cabildos coloniales (Universidad de Michigan, 1934).
tre los impuestos generales estaban los que gravaban la venta de alimentos llamados sisas y las contribuciones generalmente prediales. Entre los derechos que todo cabildo tenía, es- taban las subastas periódicas de los contratos para el abasto de carne y pan, que rendían anualmente al cabildo una suma llamada pro- metido. Tenían derecho los cabildos también a levantar impuestos o exacciones extraordina- rias llamadas derramas, pues se derramaban o repartían entre todos los vecinos para atender alguna necesidad urgente o celebrar el acceso al trono de un nuevo monarca, o recibir al vi- rrey o al obispo. virrey). Sin embargo, el virrey, en su papel de presidente de la Real Audiencia, podía y debía intervenir en la reglamentación de la policía urbana, así como un poder limi- tado sobre los bienes y cuentas de la ciu- dad. Los cabildos presentaban varios ras- gos en común con la junta de gobierno de una cofradía o de un hospital. Los princi- pios de su gobierno –esto es la colegiali- dad y la honorabilidad, pero también la carga y el carácter oneroso de lo que se llamaba cargos de república o cargos con- cejiles– compartían las características de lo demás gobiernos corporativos.17 El cabildo tenía como función ser el órgano principal de petición y defensa de los derechos y fueros vecinales y la obligación de represen- Para la autora, el Cabildo era una de las ins- tituciones del gobierno político de la ciudad, por lo que como corporación difería de las de- tar los intereses del común. Para ejemplificarlo más debido a su jurisdicción territorial (alcal- diremos que los regidores, a través del cabildo, día mayor) y a la amplitud de sus responsabili- eran los encargados de proteger la organiza- ción de los gremios artesanales como entida- des jurídicas, económicas y sociales depen- dades en la policía de la ciudad. Sus facultades durante estos dos siglos de existencia eran mucho mayores a las de cualquier universitas dientes de su autoridad; debían vigilar el como las del Consulado de Mercaderes. “Pero cumplimiento de las ordenanzas gremiales a también las autoridades regias estaban mu- través de los maestros veedores, y, de facto, cho más presentes en la vida de esta corpora- tutelar todo el proceso de producción y venta ción urbana” . En el campo de lo social, el ca- de manufacturas como telas, cueros, fierros, bildo cuidaba de la asistencia a los pobres a través del Procurador mayor de Pobres, elegido 18 molinos, pan, muebles, pinturas, cerámica vi- driada, entre otros. Estos ordenamientos se anualmente; cuidaba también de las cárceles y hacían cumplir mediante el Tribunal de la Fiel vigilaba la moral pública y las costumbres, ac- Ejecutoría integrado cada mes por uno de los ciones que encabezaba el Alguacil mayor. El alcaldes ordinarios y dos regidores. fomento de la educación y el cuidado de viu- das y huérfanos recaía sobre sus hombros, así como el mantenimiento del Hospital de la Lim- pia Concepción para enfermos sin recursos. La estructura del cabildo poblano Annick Lémperière señala: los Cabildos o Ayuntamientos eran las cor- poraciones republicanas por excelencia, tanto en el sistema de rangos como en la jerarquía de autoridad, ya que no estaba Durante los primeros años de la ciudad de sometido a las Audiencias ni al virrey (en Puebla, el gobierno y su cabildo se fueron len- el caso de México ya que aquí no estaba el tamente organizando para encontrar la fórmu- 41 17 Annick Lémpérière, Entre Dios y el rey: La república (México: FCE, 2004), 87-89. 18 Lémperière, Entre Dios y el rey: La república, 88.
42 la adecuada que mejor se adaptara a su reali- dad. Entre 1531 y 1532, la Corona nombró a un representante para gobernarla, llamado Corre- gidor, que administraba también Cholula y Tlaxcala, siendo éste el conquistador Hernan- do Saavedra. Luego, en junio de 1532, llegó de España la Cédula Real con las ordenanzas rela- tivas a la forma y orden como debían elegirse los regidores y alcaldes, nombrando el virrey a los siguientes corregidores: Hernando de Helgueta (1532), Antonio de la Cadena (1540), Antonio Caballero y el insigne Luis de León Romano (1554-1557), quien contribuyó al desarrollo de la traza urbana con los puen- tes de cantera de San Francisco y Amalucan, la erección de locales comerciales en el por- tal del Palacio, el terminado de los propios portales, el alcantarillado para transportar el agua hasta la fuente de la plaza mayor y a otras plazas públicas, la introducción del agua en algunas casas de principales y de re- gidores que contribuyeron a la obra, así como a la del obispo y de algunos conven- tos, dejando en herencia los predios que for- marían el Colegio de San Luis. A partir de 1538, se autoriza al cabildo a nombrar anualmente un Alcalde ordinario –pu- diendo después nombrar dos–, privilegio que continuó durante todo el Virreinato. Al termi- nar la década de 1550 se nota ya la estructura cabildera clásica de las ciudades novohispa- nas que permanecerá en Puebla hasta las Reformas Borbónicas (1786), y que estuvo in- tegrada por tres partes fundamentales. La pri- mera era la presidencia o el brazo de la justi- cia, que era ejercido por un Alcalde mayor, designado generalmente cada dos o tres años por el virrey, cuyo nombramiento recaía por lo regular en las élites de México. Por medio de este nombramiento, la Corona pretendió con- trolar la vida y el gobierno de la ciudad; acción que en la práctica fue difícil de lograr, ya que el cuerpo de regidores que componían el cabildo en la Ciudad de Puebla se caracterizó por la permanente presencia en él de algunas fami- lias locales. En la práctica, un Alcalde mayor llegado generalmente de la ciudad de México o pocas veces de España por dos, tres o hasta cuatro años, evitaba enfrentarse con los cla- nes familiares que tuvieron el control del cabil- do durante varias décadas. No todos los alcal- des mayores lo fueron por tres años, algunos repitieron mandato, como pasó con Eustaquio Coronel y Benavides. Es excepcional el caso de Juan José de Veitya y Linaje, alcalde mayor de Puebla de 1698 a 1722. Él fue nombrado desde España por razones políticas en un momento crucial, pues la dinastía Habsburgo de Carlos II daba paso a la nueva Casa de Borbón, con Fe- lipe de Anjou o Felipe V. Veitya llegó también con la indicación de organizar las finanzas de la ciudad, suprimiendo el control que sobre el cobro de las alcabalas tenían el cuerpo de regi- dores, para lograr su eficiente recaudación y la eliminación de la ineficiencia y corruptela exis- tente en su administración. 19 20 Este primer brazo de la justicia y de la pre- sidencia, representado por el Alcalde mayor contaba con dos Alcaldes ordinarios, que le ayudaban en la administración diaria de la justicia, sin poder juzgar casos de indios, pri- vilegio exclusivo del alcalde mayor. Estos dos alcaldes ordinarios asumían atribuciones re- ferentes al gobierno civil y podían suplir al al- calde mayor en caso de ausencia; eran elegi- dos anualmente, el 1º de enero, por el cuerpo del cabildo de entre los ciudadanos promi- nentes poblanos. Este derecho a elegir libre- 19 Para un estudio de esta administración contamos con el buen trabajo de Gustavo Rafael Alfaro, “La lucha por el control del gobierno Urbano en la Época Colonial. El Cabildo de la Puebla de los Ángeles. 1670-1723” (Tesis doctoral, UNAM, 1998). 20 Yovana, Celaya Nández, Alcabalas y situados, Puebla en el sistema fiscal imperial, 1638-1742 (México: El Colegio de México, 2010), 61-111.
mente a los alcaldes ordinarios fue un privile- les del siglo XVI ya tenía dieciséis y todavía la gio que no tuvieron otras ciudades y que los Corona le impuso uno más, alegando que se cabilderos poblanos defendieron a capa y es- debía una recompensa a la viuda de un con- pada –como se vio en el incidente de 1632, quistador. En el siglo XVII Puebla llegó a tener cuando el virrey Cerralvo intentó forzarlos a 20 regidurías (la última se creó en 1660), como elegir Alcalde de entre seis candidatos de su las ciudades capitales de virreinato, Lima y elección; el cabildo, utilizando su derecho, se México. Durante el siglo XVIII, el número decli- negó a obedecer, y se quejó ante el rey, quien nó, quedando entre 12 y 16, que serían la base años después les confirmó este derecho (ver de su élite política. nombramientos de alcaldes ordinarios en la 22 imagen n.º 8). En Puebla, dentro del regimiento o cuerpo de regidores se incluian los cargos de: El segundo elemento fue el regimiento, que era el segundo cuerpo y estaba integrado por los regidores. Sus oficios, primero elegidos por de custodiar y llevar el pendón real en las festi- Alférez mayor. Desde 1575, fue el encargado los vecinos, años después dados como mer- ced, se volvieron perpetuos y heredables en la década de 1560. A partir de 1591 fueron vendi- bles y podían heredarse en forma de renuncia. ta de San Miguel, las juras reales y las exequias vidades oficiales a las que el cabildo asistía en cuerpo de ciudad. Tenía el privilegio de ir ade- lante en las procesiones festivas, como la fies- Como consecuencia, un grupo de familias lo- gró permanecer en los cargos del cabildo por tarse en la sala del cabildo inmediatamente después del alcalde mayor. Este oficio no era de la monarquía española; así como el de sen- más de un siglo. En otros casos el apellido des- aparecía por falta de herederos varones, pero de beneficio económico y fue durante el virrei- entraban otros apellidos que pertenecían a la nato el más codiciado por suponer una fuerte misma familia. Esta situación fue posible gra- cias a mujeres que, por alianza matrimonial, lograban que sus vástagos heredaran cargos de su propia familia nuclear. Otras veces estos tribuía como policía y miembro ejecutante de la honra. Alguacil mayor. Seguía al alférez mayor. Con- clanes familiares desaparecen del cabildo du- rante algunas décadas, especialmente a fina- les del siglo XVII, para reaparecer en el siglo cuentes o personas que habían cometido algu- jurisdicción ordinaria a mantener la calma pú- blica y seguridad de la ciudad; apresaba a delin- XVIII con renovada fuerza, logrando participar así en el siglo XVIII y en el movimiento de inde- pendencia.21 na infracción, tenía la obligación de realizar rondas nocturnas y buscar a los que se dedica- ban a juegos prohibidos de azar o cometían ac- tos inmorales. Funcionó desde 1539, con voz y voto, y derecho a entrar armado al cabildo. El primero en ejercerlo fue Don Gonzalo Díaz de Vargas, heredándolo su hijo Francisco, en 1558, El número de regidores varió según la épo- ca. El cabildo se creó con derecho a ocho regi- dores como las ciudades importantes. A fina- 21 Liehr, Reinhard, “La Oligarquía terrateniente de la Ciudad de Puebla a finales de la época colonial. 1786- 1810”, en Las dimensiones sociales del espacio en la historia de Puebla (XVII-XIX), coord. Francisco Javier Cervantes Bello, (México, BUAP, 2001), 111-141 y Guadalu- pe Pérez-Rivero Maurer, “Un clan familiar en el Cabildo Poblano”, en Semblanza e historia de una familia en la Puebla de los Ángeles, coord. Francisco Pérez de Salazar (México: 1998), 61-83 22 Gustavo Rafael Alfaro, “Administración y poder oligárquico en la Puebla Borbónica, 1690-1786” (Tesis de doctorado, UNAM, 2006); y Pérez-Rivero Maurer, “Un clan familiar en el Cabildo Poblano”, en Semblanza e historia de una familia en la Puebla de los Ángeles, coord. Francisco Pérez de Salazar (México: 1998), 61-83. 43
44 como lo veremos en el capítulo siguiente. res perpetuos que habían heredado o com- prado el cargo, guardando siempre preemi- Depositario general. Se creó en el siglo XVII, nencias al regidor más antiguo que, en el este administraba los bienes o propiedades siglo XVIII, llegó a ser nombrado alcalde or- que estuvieran en litigio. Solía ser ejercido por un hacendado o comerciante rico para dar ga- rantía sobre las fortunas que se le confiaban. dinario en ausencia de éste. La estructura concejil permanecerá intacta a lo largo del virreinato, aun cuando en 1754 el alcalde mayor pasa a ser sustituido por un goberna- dor militar. Es hasta el establecimiento de la Intendencia, en 1787, que se da un golpe de- finitivo a la vieja y aristocrática estructura Oficiales reales. También se crearon en el si- glo XVII. Este cargo, a diferencia de otras ciuda- des, tuvieron voz y voto en las sesiones del ca- bildo, ya que también fueron regidores: el cabildera. Tesorero de Novenos reales desde 1643; cuyo 23 oficio de carácter medieval consistió en cobrar Este segundo cuerpo de regidores adminis- dos novenos para el rey de los diezmos de la traba la ciudad, repartiéndose anualmente iglesia; mismo que se utilizaba para las erec-(los días 2 y 3 de enero) los cargos. Así, a uno le ciones de las iglesias; y el Tesorero de la Santa tocaba ser el Procurador mayor o defensor de Cruzada, cuya entrada al cabildo fue desde 1660 y se encargaba de cobrar las bulas papa- les, predicadas cada dos años en todo el obis- pado, y que por derecho real del patronato, los derechos de la ciudad, cargo que general- mente se confirmaban por cinco o seis años; a otro le tocaba ser el Obrero mayor, encargado de las obras, drenajes, alcantarillado etc., o el manejaba la Corona. Funcionó hasta iniciado Procurador de pobres, o el tan lucido Patrono el siglo XVIII. de fiestas, encargado de preparar las celebra- ciones de las fiestas patronales, donde el ca- bildo debía asistir portando sus mazos e insig-Alcalde de la Santa Hermandad. Este fue otro cargo especial que solo tuvo la ciudad, nias, así como pagar la fiesta. con derecho a nombrarlo cada año. Era el en- cargado de eliminar el bandolerismo y el abi-Dos regidores eran nombrados mensual- geato en los caminos y en el campo de todo el mente: Fieles ejecutores, para ayudar al al- obispado. Este cargo fue integrado al regi- miento cuando, en 1642, seis regidores com- praron a la Corona para la ciudad misma el de- calde ordinario en la impartición de la justi- cia ordinaria que se llevaba a cabo en los bajos del ayuntamiento, llamado por eso el recho a serlo, como lo analizaremos en el Portal de la Audiencia. Dos regidores más, capítulo tres. De este modo, el cabildo aseguró en el siglo XVII, fueron nombrados anual- el control sobre la persona que desempeñara mente: Contadores de Reales alcabalas, el cargo y quitó de sus preocupaciones los mientras el cabildo tuvo desde 1601, el de- nombramientos en personas adversas a su in- recho a los contratos de encabezonamiento fluencia, como lo fue la insistencia en 1612 de de las alcabalas para recabar los impues- Juan de Olivares Villarroel que veremos a deta- lle más adelante. tos. Finalmente, una serie de cargos extra capitulares floreció alrededor de cada 24 ayuntamiento, como el mayordomo de pro- pios, capellán, portero, almotacén, botica-Los restantes oficios eran solo de regido- 23 LiehrReinhard,Ayuntamientoyoligarquía(México:TomoI,SEP-Setentas,1976),111-122. 24 Celaya, Alcabalas y situados, 68.
rio, alcalde de alhóndiga, cargos que en Puebla no recaían en regidores. El tercer elemento en la estructura del Cabil- do era el Escribano Real y del Cabildo. Era un personaje esencial, pues además de tomar nota en los libros del cabildo de todo lo acontecido en las sesiones celebradas por el cuerpo edili- cio, llevaba un registro de las provisiones reales, pragmáticas, mandamientos virreinales y de- más títulos y privilegios de la ciudad, debiendo guardarlos en la caja de las tres llaves para su protección, evitando así el robo de actas y la alteración de documentos. Esto resultaba par- ticularmente importante cuando la Corona es- pañola llamaba a los alcaldes o a los regidores a juicio de residencia.25 También en Puebla fue variable la forma de vinculación entre los cargos. Por ejemplo, en Mérida, el alcalde ordinario era a la vez alcalde de la Santa Hermandad, pero allí un regidor no podía ser Alcalde ordinario, cuando aquí el Al- férez mayor tenía ese derecho. La pertenencia al cabildo proveyó a sus miembros, incluso a los que no fueron con- quistadores, del honor y distinción tan desea- dos por los vecinos de la ciudad. Existía un escalafón dentro del mismo cabildo por or- den de antigüedad. El Alférez real era un car- go de sobrada distinción y honor, pero no te- nía paga; tenía el honor de portar el escudo de la ciudad tenía que ser muy abonado o por lo menos gastar mucho dinero cuando le to- caba hacer la Jura al nuevo rey. Explicamos cómo se organizó y vivió el cabildo durante el siglo XVI controlado por los conquistadores y sus descendientes pero narraremos cómo fue que los hombres comunes, no beneméritos, no descendientes de conquistadores, logra- ron entrar al cabildo, a partir de las Leyes de Venta de Oficios de 1591-1606 mezclándose con ellos a través de matrimonios y enlaces fundamentales, logrando así permanecer en él por el resto del vireinato, ya que los cabil- dos se volvieron los lugares privilegiados, portadores del tan deseado honor. Los gobiernos municipales no solo contribu- yeron al arraigo de los cientos de villas y ciuda- des que surgieron al avance de la dominación española, sino que se convirtieron en las piezas clave para el desarrollo de la vida urbana, de la civitas cristiana en los nuevos territorios que ha- bía que cristianizar y desarrollar. Es más, al constituir el principal órgano de expresión de los colonizadores y de sus intereses, acabaron por ser la imagen exacta de la realidad social prevaleciente en sus respectivas jurisdicciones. Es por ello que el análisis de los cabildos permi- te entender los comportamientos de las oligar- quías dominantes o, mejor dicho, de las lites capitulares donde encontraron el espacio para rodearse de honor y poderlo expresar en las ce- remonias de la promoción de la realeza que les tocaba organizar por derecho. El orgullo de sentirse leales vasallos, cristia- nos de viejo cuño, fieles servidores del Rey, dignos de toda honra y merecedores de honor y dignidad, y que habían logrado convertir a Puebla en la civitas cristiana siguiendo a Santo Tomás donde había entre sus habitantes, per- sonas de reconocida valía cristiana, capaces de llegar a los altares (como Sebastián de Apa- ricio, Felipe de Jesús, sor María de la Concep- ción, Catarina de San Juan, el Obispo Palafox, entre otros), reforzó siempre este sentido del honor y de la identidad. Durante el siglo XVII y parte del XVIII no tolerarán que se manche su honra y honor “como ciudad” sin respetar sus 45 25 Se entiende por juicio de residencia el procedimiento judicial del derecho castellano e indiano por el cual la Corona, al término del desempeño de un funcionario público, ya fuese el virrey, los oidores o los regidores, sometía sus actuaciones a revisión y se escuchaban todos los cargos que hubiere en su contra.
46 fueros y privilegios, como lo hizo el Virrey Ce- rralvo, en 1632, cuando, al no poder pagar la cuota que la Corona pedía para crear la Arma- da de Barlovento, los castigó agrediendo sus fueros, quitándoles el derecho a elegir sus Al- Cuando la ciudad se fundó, en el amplio es- pacio señalado para establecer la traza en for- ma de damero –retícula muy en boga en las ciudades renacentistas–; los regidores traza- ron ingeniosa e inteligentemente una ciudad caldes ordinarios. Tampoco toleraron, en 1642, con características ideales para un armonioso que los derechos y privilegios que pretendían desarrollo: Así, vemos la inclinación de 19º ha- los aspirantes a Alcaldes de la Santa Herman- cia el este, de tal manera que siempre hay una dad violaran el orden de las preminencias de acera sombreada en cualquier época del año; los regidores, así como las jurisdicciones de la la pendiente natural hacia el río San Francisco Justicia de la ciudad. No toleraron tampoco logra un buen desagüe y evitó inundaciones; la ver manchada su honra y honor como cuerpo alineación de las ocho manzanas primeras que corrían de nor-noroeste a sud-sudoeste para evitar los vientos fríos del norte; el diseño de de regidores con la entrada de alguien cuya es- posa no tenía claros sus ascendientes y así po- demos analizar los principales episodios de las manzanas de doscientas por cien varas cas- estos siglos ya que como dice el Dr. F X. Guerra tellanas permitiendo la división en ocho sola- en Modernidad e independencia: res iguales como se observa claramente en el mapa del canónigo y matemático Cristóbal de Guadalajara de 1698; y sobre todo, la espacio-El acceso a los cargos municipales repre- sentó para los novohispanos el signo más sa plaza mayor con su fuente a un costado y la fuerte de dignidad social; esta dignidad, el picota –símbolo de la justicia real– que rodea- reconocimiento a su calidad de personas, da por las casas del ayuntamiento, la catedral al honor, o a su linaje; el pertenecer a la y los portales, la convirtieron en un modelo corporación política que representaba a la ciudad cargado además, de un imaginario cultural con adjetivos tales como: “bien elegante y perfecto de ciudad renacentista. Las edificaciones civiles incluyen el ayunta- nacidos”, “leales vasallos”, “hijodalgos” o miento llamado en ese tiempo casas reales en “cristianos viejos” que acompañaba el ser cuyo nivel superior vivía el alcalde mayor y en regidor, representó siempre para ellos un donde se hospedaba al virrey cuando visitaba poderoso valor”. Fue por eso que cuida- ron con empeño el acceso a tan prestigia- do estamento. 26 la ciudad. Se construyeron también las alhón- digas para guardar el trigo y el maíz, las casas de los principales, las tiendas y las fuentes de agua. Al crecimiento de la ciudad contribuye- Los habitantes de la Ciudad de los Ángeles: ron las órdenes religiosas que empezaron a es- crecimiento de la traza y de la poblacióntablecerse y a influir en el embellecimiento y servicios para la nueva ciudad como nos lo hace notar los trabajo de María Pía Benítez y Juan Louvier. Los franciscanos fueron los pri-27 asentaron en ella? ¿Cómo estaba organizada la meros en empezar a construir; en 1535 su con- traza de la ciudad y sus habitantes? ¿Qué fue vento estaba ya adelantado. Los dominicos de los indios de servicio que vinieron a traba- jar a la ciudad los primeros treinta años? ¿A quiénes gobernaba el cabildo? ¿De dón- de vinieron los habitantes españoles que se estaban también edificando desde 1534. En 1548 los agustinos ya tenían licencia para em- 26 François XavierGuerra,ModernidadeIndependencia,74. 27 Benítez de Unanue, M.Pía, Los monasterios del Obispado de Puebla y Louvier Calderón, Juan, Las órdenes mendicantes en Puebla. Cuyos artículos se encuentran en este mismo libro.
pezar a erigir el suyo. Para 1586 se establecie- eran treinta y tres, fueron aumentando. Cabe ron los religiosos carmelitas cediéndoles el aclarar aquí de estos primeros pobladores, al- obispo Don Diego Romano la ermita dedicada gunos estaban casados con mujeres indígenas a la Virgen de los Remedios. Los religiosos fran- ciscanos erigieron el convento de San Antonio en la antigua ermita de Santa Bárbara, patro- na protectora contra rayos y truenos. formando así parte del mestizaje. En 1547 una memoria del Procurador de la Ciudad dirigida al rey narra que ya había 300 ve- cinos y para 1600, se mencionan 1500 en la tra- za blanca. Guadalupe Albi habla de la cantidad de peninsulares de diferentes regiones que lle- Los jesuitas se establecieron (1578) donde ahora está el Carolino, construyendo en su extremo norponiente la majestuosa Iglesia garon a Puebla en el siglo XVI atraídos por las de la Compañía. Por último, los mercedarios, ventajas en impuestos que se les otorgaban y a quienes el obispo Romano cedió la ermita por la pujanza de la ciudad. Su trabajo habla es- de San Cosme y San Damián quedaron asen- tados al norponiente de la traza española a partir de 1598.28 pecialmente de dos migraciones de habitantes de Brihuega, en el Arzobispado de Toledo, una en 1555 y la otra hacia 1575. Los estudios de Ida Atman sobre ellos, y en especial sobre la fa- 29 Para finales del siglo XVI la ciudad contaba milia Anzures, lo aclaran y confirman así como30 ya con 120 manzanas habitadas y cuatro pla- zas: la Mayor, la de San Agustín, la de San Fran- cisco y la de la Iglesia de la Compañía. Al termi- los de Enrique Otte sobre las cartas escritas por estos obrajeros castellanos que se asenta- 31 ron en la Puebla a fundar obrajes de seda y lana, nar el siglo, el embellecimiento y grandeza de en las que mandaban continuas remesas de di- la ciudad también se vio favorecido con el es-nero a su ciudad natal, y pedían la venida de tablecimiento de los conventos de monjas, el más familiares trayendo los instrumentos que de Santa Catarina fue uno de los primeros los obrajes de Puebla demandaban. (1556), para continuar las Concepcionistas (1593), las Jerónimas (1594), las de la Santísi- La ciudad atrajo también a una gran canti- ma Trinidad (1601), Santa Teresa la Antigua dad de gente de todas las edades y condiciones, (1601), Santa Clara (1607) y Santa Inés del desde ricos mercaderes, pintores, escultores, literatos venidos en los séquitos de los obispos y de los virreyes, hábiles artesanos de la made- Monte Policiano (1620). También fueron cons- truidos hospitales para los viajeros y los veci- nos, ya fueran españoles, indios o negros. Se ra, del ensamblado, del fierro, de la cerámica o del vidrio; hasta humildes jornaleros venidos deerigieron y construyeron cinco iglesias parro- quiales: tres para españoles (el Sagrario, San la Metrópoli –ya fuese de España o Portugal–. Todos ellos habitantes del reino de Castilla puesJosé y la Santa Cruz) y dos para los barrios de indios (San Marcos y el Santo Ángel Custodio eran los únicos que tenían derecho a pasar al de Analco). otro reino castellano de la Nueva España. A medida que el tiempo pasaba, los habi- No podemos dejar de señalar aquí la impor- tantes primigenios, que según las crónicas tancia que, como habitantes de la ciudad, tuvie- 28 Benitez de Unanue y Louvier, op.cit. 29 Albi Romero, Guadalupe, La sociedad de La Puebla de los Ángeles en el siglo XVI (Tesis de licenciatura, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, 1965). 30 Altman Ida, Transatlantic Ties in the Spanish Empire (Stanford University Press, 2000). 31 Otte, Enrique, “Cartas privadas de emigrantes a Indias” (México FCE, 1993), 1540-1616. 47
48 ron los indios traídos como constructores desde tos o bodas, recepciones del obispo o de virre- el primer día de la fundación, y que al quedar yes, o a las fiestas patronales. Los documentos asentados como vecinos en los barrios, formarán señalan ya la participación del gobernador de los naturales con sus alguaciles y alcaldes ubicados, en las ceremonias, después del alcalde mayor y los regidores. parte esencial de nuestra historia, identidad, cul- tura y mestizaje. La Dra. Lidia Gómez, experta en este tema, afirma que: desde el primer año de la funda-32 Es importante señalar que otro sector de la ción, los indios de los pueblos aledaños como población que también contribuyó de manera Cholula, Huejotzingo, Tlaxcala e incluso de otrosdecisiva a la construcción y desarrollo de esta más alejados como Tlatelolco y Texcoco, fueron ciudad fueron: los negros. Llegaron como es- desplazados para venir a servir en la construc- ción y primeros trabajos de la ciudad. Más ade- lante, los asentamientos provisionales se convir- clavos en buen número desde el siglo XVI (ha- bía trescientos negros en 1550) para ser utiliza- dos en los obrajes de paños, en la venta de tieron en barrios indios con derecho a recibir mercaderías, en las labores del campo, espe- vecindad y otros grupos más fueron atraídos ha- cialmente en los trapiches o en los ingenios cia la ciudad, motivados tanto por la exención de azucareros de Izúcar, Tehuacán o Acatlán. El impuestos de la que Puebla gozaba, como por la Libro del Cabildo nº. 4 nos habla que en el año nueva organización social que requería de caci- 1541, a diez años de la fundación de la ciudad, ques nobles que se erigieran en autoridades. Así, empezó a existir la Caja de Negros. Altamente apreciados por la élite, los encontramos en las 33 el indio dejó de ser solo un proveedor de servi- cios que llegaba en cuadrillas cada semana, para casas de los principales, ya fuesen civiles o re- constituirse en vecino; en actor social, con dere- cho a recibir reconocimiento de nobleza y de au- toridad si era el gobernador del barrio, o recono- ligiosos, en los conventos o en las cuadrillas de vigilancia de los Alcaldes de Mesta y de los Al- caldes de la Santa Hermandad. Fueron temi- cimiento de artesano como panadero, músico, das sus sublevaciones a lo largo del sigo XVII, cerero, y hasta eclesiástico, como fue el caso de especialmente después de la de México de 1624. Los testamentos de regidores, viudas principales, clérigos, monjas o caciques indios Esta característica poblana de tener las dos los mencionan; generalmente formando parte algunos caciques indios. repúblicas dentro de su organización socio- polí- tica, marcará un hito en la formación de su iden- tidad, tradiciones y costumbres y la harán sensi- de la herencia o concediéndoles ya su libertad. Se subastaban en la Plaza Mayor, siendo su precio más o menos “300 pesos la pieza”. Vi- blemente diferente de otras ciudades como vían en la traza blanca en las casas de sus México, Querétaro, Mérida o Oaxaca. amos, en los conventos, obrajes o lugares de trabajo ya que por ley no podían vivir en ba- rrios de indios. Muy pronto aparecieron nue-34 Formada ya la república de indios desde prin- cipios del siglo XVII, se integrará a las ceremonias vas realidades de los nacidos en América que reales, como las juras o las exequias, nacimien- 32GómezGarcía,LidiaE,“LosBarriosdeIndiosysuscabildos”,en LosindiosdelaciudaddePueblaSigloXVI-XVIII.Artículoeneste mismo libro. 33 Juzgado compuesto por dos jueces, escribano y dos cuadrilleros con salario anual de 50 pesos oro. En la Caja de Negros se asentaba el nombre de los negros, mulatos y moriscos esclavos mayores de 15 años y sus amos debían pagar dos pesos por cada uno. Citado también en la Cartilla Vieja, pp. 79-80. 34 Rodríguez Ortíz, Guillermo, El lado Afro de la Puebla de los Ángeles ( Tesis doctoral, BUAP, ICSyH, agosto de 2015.) y Sierra,
se fueron acentuando a lo largo de los años: criollos (blancos), negros, o asiáticos, además de las mezclas entre ellos. El mestizaje se con- virtió en una realidad imparable e imposible de categorizar, a pesar de múltiples intentos en el siglo XVIII –en especial con la Pragmática de Matrimonios (1779) y con los Tratados de castas, cuyas pinturas son solo una bella mues- tra de la vida cotidiana–. Mestizos, mulatos, zambos, indios, criollos, chinas, lobos o zam- bagos, más las mezclas entre ellos formaron una variedad racial que al final del virreinato se denominó castas. La variedad racial fue siempre una característica de la Nueva España y tuvo especial intensidad entre las clases po- pulares.Estas castas no tuvieron una posición defi- nida y lo mismo poseían educación que pade- cían una total ignorancia; viviendo de cual- quier actividad no prohibida expresamente; igual fueron capataces, sirvientes, artesanos, Pablo(Tesisdoctoral) cuyareseñaseencuentraenAreviewofUrbanSlavery in colonial Puebla de los Ángeles, 1536-1708. que mayordomos, arrieros u oficiales en los gremios. En Puebla vivieron en los barrios in- termedios como el del Parral o el Carmen, o en las orillas de los barrios de indios como suce- dió en Analco. El desarrollo económico de la ciudad La actividad productiva más importante de la ciudad desde su fundación fue la agri- cultura, tan es así que los territorios de Hue- jotzingo, Atlixco y Tepeaca la convirtieron en el granero de la Nueva España. Puebla desa- rrolló la industria molinera a lo largo de los ríos: el molino de Santo Domingo en el Ato- yac; los molinos de Huexotitla, San Francis- co, El Carmen, entre otros, en el río San Fran- cisco. Para 1698 la ciudad contaba con catorce molinos, la mitad en poder de los regidores, así como las harinas poblanas se vendían tanto en el sur de la Nueva España como en el Caribe. El auge de las panaderías 49 Imagen n.º 10. Sobre el mapa de José Mariano de Medina, 1754, se dibujó la traza española y los barrios de indios basado en Fausto Marín Tamayo y Lidia Gómez García. Elaboró: María del Pilar Ruiz Garzón Al centro la Plaza Mayor y la Catedral, la rodean los barrios de indios formando todos la polis o ciudad.
50 y el abastecimiento del bizcocho a los bar-35 Puebla fue la primera región en el Nuevo cos españoles o al Caribe y, en especial a la Mundo en adquirir una base amplia de indus- Armada de Barlovento, es otra muestra del trias introducidas por artesanos europeos que auge de la industria triguera. La ciudad tam- migraron en oleadas provenientes de diferen- bién se destacaba por la cría de cerdos y en tes regiones de España, principalmente de la la hechura de fiambres, jamones, tocino y región de Segovia donde eran pañeros de pro- embutidos que se mandaban vía Veracruz a fesión, llegando a tener en 1603 treinta y tres las islas del Caribe y a las Armadas. De esta obrajes. Fue también la primera en utilizar en su industria tecnología europea y producir lo que necesitaba la población blanca y mestiza de la Nueva España; dicha industrialización actividad se sacaba la producción de curtido de cuero que era utilizado a su vez para ela- borar cordobanes, suelas y badanas con que se abastecían los artesanos del calzado. La temprana se verá fuertemente diezmada. alfarería fue otro de los oficios con mayor presencia en la ciudad, que incluso le dará fama por la belleza y calidad de sus talave- ras puestas en las fachadas y en cúpulas po- blanas con prodigalidad en el siglo XVIII; sin Cuando en 1634 se abolió el comercio inter-co- Según Thomson, la industria textil sufrió re- trocesos en el siglo XVIII con la misma trayec- toria y fluctuaciones que la riqueza agrícola. olvidar la grana cochinilla, el vidrio, y el fie- rro. Basten como muestra, las crónicas de seda, pero la industria logró sobrevivir el asombradas de viajeros extranjeros ante la resto del siglo con telares de lana y algodón riqueza y esplendor de la ciudad, su fuerte con que surtía a todo el virreinato. Sin embar- lonial con Perú, se hirió de muerte a los textiles religiosidad y la largueza con que regalaban bienes a la iglesia. Nos referimos a Thomas Querétaro y en el Bajío, que abastecían a los centros mineros, desplazó a los poblanos. Para 1800 quedaban solo dos obrajes en Puebla, con las consabidas consecuencias de pobreza go, en el siglo XVIII la aparición de obrajes en Gage (1625), Gemelli Carreri (1697) o al ca- puchino Francisco de Ajofrín,36 […] las fábricas en que se emplean los ve-para la población. cinos tenidos por los más hábiles e inge- niosos de toda la Nueva España y con ra- zón, son los tejidos de lana algodón de la china… hermosa y delicada loza… cristal camiento en la producción de cereales prove- y vidrio; todo género de armas finas y de nientes de las haciendas entre 1675 y 1780, lo37 fuego que corren de gran fama…por su que provocó un encarecimiento en las harinas, delicado temple y primorosa hechura…el cierre de molinos, bizcocherías y panade- pingüe y opulenta es la del jabón… son rías, así como la pérdida en el siglo XVIII del co- tan diestros que con razón y propiedad mercio de harina y del bizcocho que se hacía a puede llamase esta ciudad la Barcelona los puertos del Caribe (Habana, Puerto Rico, Santo Domingo) y a la Armada de Barlovento. El Bajío fue también un fuerte rival en el abas- Los estudios agrícolas hechos sobre las re- giones de Puebla-Tlaxcala reportan un estan- de América. 35 Pandosvecescocidoque PueblateníaquemandarcadaañoalabastecimientodelaArmadadeBarlovento.Sudurezasesoluciona- ba sumergiéndolo en agua o en vino. 36 Gage, Thomas, Viajes a la Nueva España y Guatemala… Gemelli Careri, Viaje a la Nueva España… Ajofrín, Francisco, Diario del viaje que hicimos fray Francisco de Ajofrín y fray Fermín de Olite. Capuchinos. Bilbioteca Histórica Méxicana de Obra inéditas. Antigua librería de Robredo, 1936. 37 Arístides Medina Rubio, La Iglesia y la producción agrícola en Puebla, 1540-1795 (México: El Colegio de México, 1983).
tecimiento de los centros mineros en este ru- bro, pues por su cercanía podía vender a pre- gran cantidad de fiestas cívico-religiosas, lla- madas ordinarias. El lugar en la procesión o en cios más baratos. Así, veremos que para fines la iglesia –símbolo de poder y prestigio– que- del XVIII Puebla solo abastece a la propia re- daba arreglado de antemano por el regidor en gión. Un lento pero dramático retroceso se turno encargado de ello: el Patrono de fiestas. empieza a notar a partir de 1690 el cual, auna- do a sequías y fuertes epidemias y al tumulto de 1692 en la Ciudad de México, provocarán prestigiada ciudad a la usanza española, había una gran hambruna que marcará para Puebla jurado lealtad a sus santos patronos para pro- tegerla de calamidades o abogar por su pros- peridad a lo largo de estos tres siglos. Debía honrar a estos santos, ya fuesen elegidos por La ciudad de Puebla, como cualquier otra el fin de su ascenso. El ayuntamiento también sufre fuertes con- flictos en esta década; la élite capitular, que el cabildo o impuestos por la Corona, como es el caso de Santa Teresa de Ávila. Debían ser honrados en cuerpo de ciudad en la que to-39 controlaba desde 1601 el cobro de las alcaba- las (impuestos), ve en 1691 que los mercade- res que le prestaban el dinero para el asiento, dos los regidores acudían uniformados de gala y pagaban la fiesta de los bienes que el cabildoexigen para prestarles la participación manco- munada en la administración de las alcabalas. tenía “llamados propios”. Estas costumbres re- Esta exigencia y su consecuente conflicto, puso percutieron en las celebraciones de las fiestas de manifiesto los malos manejos, abusos y patronales, en las procesiones solemnes que descuido en su cobro, acción que traerá como recorrían “la traza sagrada de la ciudad”, así respuesta de la corona, el nombramiento en como en el adorno y dignidad de las iglesias y 1697 de Juan José de Veytia y Linaje como Al- calde Mayor y como Juez Superintendente de las Alcabalas de Puebla Veytia, con la energía38 que caracterizó su largo mandato de 23 años, tronos jurados por el cabildo poblano forma- ron durante el virreinato una estrella de pro- conventos poblanos. Franzisca Neff explica cómo los quince pa-40 se enfrentó a las dos élites que gobernaba la ciudad, tanto la eclesiástica como la civil y, tección espiritual para toda la ciudad. El Centro apoyándose en la corona logró no solo subir religioso fue siempre la Catedral donde se ce- drásticamente los ingresos de las alcabalas, lebraba la fiesta a los patronos más importan- sino rescatar los poderes y privilegios excep- cionales que se habían depositado en el cabil- do angelopolitano. Lo anterior lo logró enfren- tándose a las antiguas familias cabilderas lo dos cabildos: el eclesiástico y el civil, entrela- zaban sus ceremoniales, aunque eran respon- sabilidad del ayuntamiento. En el límite sur de la traza urbana se encontraban las advocacio- nes de Santa Teresa y San Juan de la Cruz en el Convento del Carmen. En el norte San José en El ayuntamiento participaba cada año en su templo y Santa Bárbara con San Felipe de tes: San Miguel, San José y la Inmaculada que ocupan los altares principales y cuyas escultu- ras fueron hechas por Cora. En sus fiestas, los que significó que perdieran mucho de su po- der. Las ceremonias del cabildo: fiestas y celebraciones 51 38 Celaya Nantes, Alcabalas y situados: Puebla en el sistema fiscal imperial 1638-1742 (México: El Colegio de México, 2010). Es el mejor estudio sobre el tema. 39 En cuerpo de ciudad significaba que todos los cabilderos en traje de gala, con los mazos delante, asistían a al ceremonia. 40 Neff, Franziska, Patronos de la ciudad de los Ángeles: Noticias de Señor San José, su escultura principal, fiesta y cofradía.
52 Jesús en el templo de San Antonio. En el Po- niente San Francisco Xavier en su propio cole- gio y en el Oriente La Virgen Conquistadora y San Francisco de Asís en el Convento Francisca- no. Estos festejos mostraban el honor y presti- gio que la ciudad ocupaba dentro de las ciuda- des virreinales, de manera que se expresaba navío que al entrar a las aguas del Golfo se desprendía de su flota para avisar, ponía en brevivido hasta nuestros días. La llegada del nuevo Virrey rompía, con sus preparativos y tejemanejes políticos, la tranquila vida del Virreinato. Su llegada a Veracruz, anunciada con antelación por el no solo en el lujo de trajes, ajuares, joyas, ca- rruajes, soberbios caballos con sillas y sillines movimiento a toda la región. La comunica- recamados de plata, sino también, en el lugar ción llegaba a Puebla con repiques de cam- específico que los regidores ocupaban en la pana desde el Puerto. Puebla, solía mandar a Jalapa o a Tepeyahualco a un regidor y dos canónigos de la Catedral para unirse a procesión y en la iglesia. Si algo fallaba en la ubicación, o en los sitiales traídos desde la sala capitular para que cómodamente se sentaran, la comitiva virreinal en su camino hacia Mé- los regidores ofendidos abandonaban el sitio. xico. Dos regidores más eran comisionados para entrevistarse, con cartas y peticiones Además de los patronatos, el cabildo tenía específicas, en el pueblo que se encontra- también otras fiestas de carácter civil llama- das extraordinarias: la llegada de un virrey, la San Juan, llamado Tepeyahualco; al térmi- ban bajando de Perote hacia los Llanos de muerte del monarca, el nacimiento del here- dero o la jura de lealtad al nuevo rey; cuyos al- no del día el virrey y su comitiva debían pernoctar para su seguridad en la hacienda tos costos eran sufragados por la corporación llamada de los Virreyes. Allí, después de y por cada regidor que participaba; de modo descansar tomaba camino hacia Tlaxcala que le tocaba al alférez real la mayor eroga- donde, por derecho, entraba primero; el Vi- ción así como a los regidores que participaban rrey les comunicaba cuándo y cómo quería en el juego de lanzas. ser recibido en Puebla y en México. Mien- tras tanto, el cabildo organizaba la recep- ción dividiendo comisiones entre sus capi-Estas ceremonias, de la realeza donde el ca- bildo era el actor principal con sus elaborados tulares para que: “se pongan luminarias y rituales, estaban sustentadas por códigos cul- turales que formaban parte del vínculo so- candelas por los vezinos de esta ciudad las tres noches de dichos dias y que se lidien y ciopolítico que legitimaba la autoridad del jueguen toros en la plasa publica en señal monarca, lazo que afianzaba la relación de de- de regosijo” Se dispuso también “haser rechos y deberes de vasallos; y aseguraba para aderesar componer y colgar las cassas e la ciudad los fueros y privilegios considerados este cavildo para el ospedaje del Exmo Se- como la contrapartida de la fe jurada al rey, ya ñor Duque de Beragua”.42 fuese tremolar el pendón, o recibir al Virrey.41 Adentrémonos ahora en estas recepciones Otra comisión era designada para mandar para observar algunos aspectos de la vida y de hacer el arco triunfal, motes, letras y pintura. la sociedad novohispana; los valores, y la Estos arcos, muestras hermosas del arte efí- mero, eran encomendados a los famosos pin-mentalidad, buscando los rasgos que han so- 41 Perez-Rivero Maurer, Guadalupe “Juras Reales: Cabildo civil, ritual sonoro y espacios ceremoniales en la Puebla virreinal”, en Montse- rrat Galí B. (coord.) Rituales Sonoros en una ciudad Episcopal. Puebla Siglos XVI-XIX (México: CIESAS, BUAP, 2013). 42 AGMP. Libro de Actas del Cabildo núm.28, fojas 200v-2001v.
tores de la época y ensamblados por los no do. La elaboración del escenario de madera de menos importantes ebanistas que estaban a varios cuerpos se había subastado de antema- no entre los principales y más afamados en- sambladores. cargo de los altares de las iglesias. Así, las ac- tas de cabildo reportan a Antonio de Santan- der en 1660 para el arco del Conde de Baños, a Rodríguez Carnero para el del Virrey Mancera en 1664 y Pedro de Silva del Conde de Mocte- zuma en 1697, por mencionar algunos artistas. dose el alférez real al lado del alcalde mayor, cabalgaban hacia la engalanada plaza pública, donde se había levantado un tablado regia- mente alfombrado y forrado, en cuyo centro se La comitiva de regidores y principales de la ciudad “hacia la venia” al escudo, y colocán- 43 colocaba el arco triunfal –frente al convento de la Santísima estaba el arco del cabildo cate- dral y en la calle de Mercaderes el del cabildo levantaba un baldaquino con la pintura velada del monarca. Allí, tenía lugar la primera gran Jura. Los regidores tomaban asiento y los re- yes de armas se colocaban, con sus cetros al El virrey era esperado en el lugar en que se civil o ayuntamiento donde un mozuelo vesti- do de paje, recitaba en barroca métrica borda- da de héroes mitológicos las hazañas del vi- rrey. La plaza pública se embellecía para dar hombro, en las esquinas del tablado, diciendo cabida a los “juegos de cañas,” en los que regi- dores y, por supuesto, el alférez como el algua- cil mayor competían a manera de torneo me- dieval con caballos y séquito hermosamente ban su juramento de lealtad: ataviados, cuyos colores y personas habían sido rifadas de antemano. Al terminar el tor- neo, seguían las corridas de toros, luminarias y fuegos artificiales para el pueblo y las recep- ciones en las casas del cabildo. en alta voz tres veces: “silencio, silencio, silen- cio”, y tres veces “oíd, oíd, oíd”. Se descorría el velo y puestos de pie los regidores pronuncia- y el dicho alférez mayor puesto enmedio decosiendo del alanis el dicho pendón – dijo en altas boses CASTILLA, NUEVA ESPA- ÑA POR EL REY NUESTRO SEÑOR...alzando y tremolando el dicho pendón y repitien- do las mismas palabras tres veces”[…] El Alférez entonces arrojaba monedas a la gente “de todos estados que había”. Sona- ban entonces tiros de mosquetes y arca- buces, aunados al vuelo de campanas, con “esquila de la catedral” a la que le respon- dían los conventos y parroquias”...44 Algunos momentos decisivos de la vida po- lítica poblana y del Cabildo de los Siglos XVI, XVII y XVIII, fueron las ceremonias organizadas por el cabildo para jurar lealtad al nuevo mo- narca, su señor natural así como para rendir luto al fallecido monarca. Un ceremonial rigu- rosamente pautado marcaba los lugares, los participantes, las palabras, los vestidos, la mú- sica, los adornos y los templetes que las auto- ridades virreinales, o los cabildos municipales colocándose inmediatamente después del ca- La república de indios también participaba como Puebla, necesitaban para rendir home- naje de lealtad al nuevo rey. bildo de españoles. En la jura de Carlos III (1760) el escribano narra cómo el gobernador de los naturales se incorpora a la comitiva por- tando su propio estandarte bordado con hiloEl ritual de la Jura se llevaba a cabo sobre templetes, el más importante se levantaba en de oro la armas de su barrio por un lado, y por la Plaza Mayor, frente a los balcones del cabil- 43 AGMP. Libro de Actas del Cabildo núm.34, foja 208v a 209v. 44 AGMP, Actas de Cabildo, vol. 26, foja. 284 f. 284 v. el otro, las armas reales. 53
54 (El Alférez Mayor Don José Manuel de Vic- toria Salazar) […] entró a la plaza pública llevando por delante crecido número de naturales precedida su república de Don Alejandro Joseph de Flores, su goberna- dor actual, alcaldes y escribano de cabil- do, vestidos todos de su propio antiguo traje de mantas de tela, penachos de plu- mas diversos colores en los sombreros adornados de varias fojas de piedras pre- ciosas trayendo dicho gobernador el es- tandarte de su barrio con las armas reales y un gran número de ministros.45 El protocolo de la Jura se repetía varias ve- ces a lo largo del recorrido. La comitiva cabal- gaba hacia la plaza de San Agustín, regresaba por el convento de la Santísima y Santa Catali- na bajando después hacia la calle de Mercade- res (ahora 2 norte) donde se encontraba con el séquito eclesiástico precedido por la gran Cruz. El regimiento se apeaba, volvía a hacerse la jura y juntos llegaban a las puertas de la ca- tedral donde: […] al portico de ella salio el cavildo ecle- siástico a resibir el dicho pendón con ca- pas pluviales blancas yendo acompañan- dolo hasta la puerta...donde el Ilustrísimo y Exmo. señor Don Diego Osorio de Esco- bar y Llamas, Obispo... bestido de pontifi- cal aguardando y asi que llegó el pendón ... se fue llevando el dicho señor obispo a dicho alférez Mayor hasta llegar a la pri- mera grada del presbiterio del altar ma- yor... y alli tomó el pendón... y abiendo echo con el tres humillaciones al Santísi- mo se colocó sobre el altar... se cantó una chansoneta echa para el acto... oirse en sus voces viva el rey nuestro señor. Este escenario, como espacio ritual, lucía esplendido de noche. El cabildo ordenaba po- ner luminarias en edificios y azoteas, preten- diendo con ello que durante la oscuridad de la noche la ciudad luciera majestuosa; lo cual, aunado al estruendo de cohetes y a la magia de los fuegos artificiales, provocara un impac- to emocional casi sobrenatural. El fin era dejar un recuerdo imperecedero en el ánimo de los espectadores, realzando así la legitimidad y grandeza de los monarcas.46 Bibliografía General Gobierno Virreinal Archivos AGNEP Archivo General de Notarias del Estado de Puebla AGMP Archivo General Municipal de Puebla AHJP Archivo Histórico Judicial de Puebla Fuentes Antiguas Éditas Ajofrín, Francisco de, Diario del viaje que hizo a la América en el siglo XVIII el P. Fray Francisco de Ajofrín, Tomo 1, México, Instituto Cultural Hispano Mexicano, 1964. Alcalá y Mendiola Miguel de, Descripción en bosquejo de la imperial cesárea muy noble y muy leal ciudad de Puebla de los Ángeles, Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 1997. Fernández de Echeverría y Veytia, Mariano José, Historia de la Fundación de Puebla de los Ángeles en la Nueva España. Su descrip- ción y presente estado, edición, prólogo y 45 AGMP. Expedientes, vol… núm. 208, foja 269 fv. 46 Para profundizar en estos escenarios ver el trabajo de Solange Alberro, “Los efectos especiales en las fiestas Virreinales de Nueva España y Perú”, 837-875.
notas por Efraín Castro Morales, 1-2 vols. Puebla, Ediciones Altiplano, 1963. potencia a la autoridad. México: Fondo de Cultura Económica, 1984. López de Villaseñor, Pedro, Cartilla Vieja de la Nobilísima Ciudad de Puebla 1781, Edición de José I. Mantecón, Introducción de Efraín Castro, Puebla, Imprenta Universitaria, 1961. Celaya N., Yovana. Alcabalas y situados: Puebla en el sistema fiscal imperial, 1638–1742. Mé- xico: El Colegio de México, 2010. Chevalier, François. Significación social de la fundación de la Puebla de los Ángeles. Pue- bla: Centro de Estudios Históricos de Pue- bla, 1953. Zerón Zapata, Miguel, La Puebla de los Ánge- les en el siglo XVII, crónica de la Puebla, cartas del venerable D. Juan de Palafox y de D. Manuel Fernández de Santa Cruz, Mé- xico, Editorial Patria, S.A., 1945. Gómez García, Lidia E. “Las fiscalías en la ciu- dad de los Ángeles, siglo XVII.” En Los indios y las ciudades en la Nueva España, coordina- do por Felipe Castro Gutiérrez, 173–195. Mé- xico: Universidad Nacional Autónoma de México, 2010. Bibliografía Albi Romero, Guadalupe. La sociedad de La Puebla de los Ángeles en el siglo XVI. Tesis de licenciatura, Facultad de Filosofía y Letras, —. “Los barrios de indios y sus cabildos en la Universidad de Sevilla, 1965. fundación de la ciudad de la Puebla de los Ángeles.” En Puebla a través de los siglos, 115–132. Puebla: Gobierno del Estado de Puebla, CONACULTA y El Sol de Puebla, 2013. Guerra, François-Xavier. Modernidad e inde- Alfaro Ramírez, Gustavo Rafael, La lucha por el control del gobierno urbano en la época colo- nial: El cabildo de la Puebla de los Ángeles 1670-1723. Tesis de maestría, FFyL- Univer- sidad Nacional Autónoma de México, 1998. pendencia: Ensayo sobre las revoluciones hispánicas. México: Fondo de Cultura Eco- nómica, 1993.—. Administración y poder oligárquico en la Puebla borbónica, 1690–1786. Tesis de doc- torado, Facultad de Filosofía y Letras, Uni- versidad Nacional Autónoma de México, 2006. Hirschberg, Julia. “An Alternative to Encomien- da: Puebla’s Indios de Servicio, 1531–1545.” Latin American Studies 2, núm. 2 (1979). Altman, Ida. Transatlantic Ties in the Spanish —. A Social History of Puebla de los Ángeles, Empire: Brihuega, Spain, and Puebla, Méxi- co, 1560–1620. Stanford: Stanford University Press, 2000. vols. 1–2. Tesis de doctorado, University of Michigan, 1976. Lier, Reinhard. Ayuntamiento y oligarquía en Bayle, Constantino. Los cabildos seculares en Puebla, 1787–1810, 2 vols. México: SEP Se- tentas, 1976.la América española. Madrid: 1952. Burkholder, Mark A., y D. S. Chandler. De la im- —. “La oligarquía terrateniente de la ciudad de 55
56 Puebla a finales de la época colonial, 1786– 1810.” En Las dimensiones sociales del espa- cio en la historia de Puebla (XVII–XIX). Pue- bla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2001. Prospectivas de las Investigaciones sobre Puebla, Comisión Puebla V Centenario 1492– 1992. Puebla: Gobierno del Estado de Puebla y Universidad Iberoamericana, 1992. Gerhard, Peter. Geografía histórica de la Nueva Medina Rubio, Arístides. La iglesia y la produc- España, 1519–1821. México: Universidad Na- cional Autónoma de México, 1986.ción agrícola en Puebla, 1540–1795. México: El Colegio de México, 1983. Pietschmann, Horst. “El Estado y su evolución al principio de la colonización española de América.” México: Fondo de Cultura Econó- mica, 1989. Neff, Franziska. Patronos de la ciudad de los Án- geles: Noticias de señor San José, su escultu- ra principal, fiesta y cofradía. Apuntes para tesis doctoral. México: Instituto de Investiga- ciones Estéticas, Universidad Nacional Au- tónoma de México, 2013. —. Las reformas borbónicas y el sistema de in- tendencias en la Nueva España: Un estudio político-administrativo. México: Fondo de Cultura Económica, 1996.Otte, Enrique. “Cartas privadas de Puebla del siglo XVI.” Jahrbuch für Geschichte Lateina- merikas 3 (1996): 123–145. Rodríguez Ortiz, Guillermo. El lado afro de la Puebla de los Ángeles. Tesis doctoral, Bene- mérita Universidad Autónoma de Puebla, Instituto de Ciencias Sociales y Humanida- des, 2015. Pérez Rivero Maurer, Guadalupe. “Un clan fa- miliar en el cabildo poblano.” En Francisco Pérez de Salazar, Semblanza e historia de una familia en la Puebla de los Ángeles, 61– 83. México: Imprenta Juan Pablos, 1998. Salazar Exaire, Cecilia, y Francisco Rosas Salas. Mercedes de agua en la nobilísima ciudad de la Puebla de los Ángeles. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2011. —. “Presencia peninsular en el cabildo pobla- no en el siglo XVII, 1640–1700.” Ponencia presentada en el Congreso Presencia espa- ñola en Puebla, siglos XVI–XX, Instituto de Sánchez Flores, Ramón. Puebla de los ilustra- Ciencias y Humanidades, Benemérita Uni- versidad Autónoma de Puebla, noviembre de 1995 [publicado en 2002]. dos: Urbanismo, ecología y libertad en los proyectos de Domenech, Flon y Furlong, si- glos XVII–XIX. Puebla, 1994. —. “Juras reales: Cabildo civil, ritual sonoro y Tepaske, John, y Herbert Klein. Ingresos y egre- espacios ceremoniales en la Puebla virrei- nal.” En Monserrat Gali Boadella (coord.), Rituales sonoros en una ciudad episcopal: Puebla, siglos XVI–XIX. Puebla: CIESAS y BUAP, 2013. sos de la Real Hacienda de la Nueva España. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1986. Thomson, Guy P. C. Puebla de los Ángeles: In- dustry and Society in a Mexican City, 1700– 1850. Boulder: Westview Press, 1989—. “El cabildo de Puebla en el siglo XVII, 1650– 1700.” En Puebla: Tercer Coloquio Balances y
57
Introducción. Puebla de los Ángeles fue una ciudad de corte renacentista que pretendió acrisolar desde sus orígenes los pensamientos más sublimes de sus fundadores con los intereses más mundanos de su principal promotor, la corona española. Desde el nombre mismo de la ciudad se conjugan ambas posturas, delimitadas únicamente por la finura de los cordeles con que fue trazada. Puebla viene de la acción material de poblar en el sentido de fundar o edificar y ello era precisa- mente lo que pretendía hacer la Segunda Real Au- diencia al ponerse a hacer “ensayos de repúblicas políticas” para ver si en alguna acertaba a crear una “ciudad de españoles y para españoles”. El apelativo de los Ángeles debemos tomarlo más en el sentido emblemático que encierra su fundación al pretender plasmar los “ángeles” que intervinie- ron en ella todo un proyecto social inédito para la época y por lo mismo utópico, al creer posible la convivencia pacífica de conquistados y conquista- dores que reafirmara las verdades proclamadas por los misioneros evangelizadores que en el he- cho de haber sido ensayada por segunda vez el 29 de septiembre, día del arcángel San Miguel, su principal patrono, como se conmemoraba for- malmente a partir del año de 1561. 1 2 3 Así, Puebla surge como una ciudad cuidadosa- mente planeada y convenientemente protegida hasta su consolidación. En ella se dan desde sus orígenes posturas políticas, jurídicas, religiosas y filosóficas difíciles de conciliar. Por un lado esta- 1 CDIAyO, t. 41, p. 79, “Carta dirigida por la Real Audiencia al rey, fechada el 14 de agosto de 1531”, citado por Chevalier (1957), p. 9. 2 El nombre de los Ángeles puede tomarse también como un tácito reconocimiento a la intervención de la Orden de San Francisco en el proceso fundacional de la ciudad. 3 AGMP, LC No. 8, f. 120v., Veytia (1962), T. I, p. 168; López de Villaseñor (2001), p. 54. 59 NOTAS SOBRE LOS ORÍGENES DE ALGUNOS LINAJES POBLANOS Arturo Córdova Durana Miembro del Consejo de la Crónica de la Ciudad de Puebla
60 ba la visión humanista y hasta utópica de sus proyectistas, entre los que se encontraban el obispo carolense de Tlaxcala, el dominico Fray Julián Garcés y la orden mendicante de San Francisco en la que militaba Fray Toribio de Pa- redes “Motolinía” que buscaban proteger a los naturales de estos reinos, en especial a los de los señoríos circunvecinos y la visión milenaris- tas de Mercurino Arborio Gatinara, canciller de Carlos V; y por el otro lado en un plano más “materialista” y mundano tenemos a la Segun- da Real Audiencia con la destacada interven- ción del licenciado Juan de Salmerón, quien ejecuta las indicaciones que le da la corona es- pañola de sustituir el sistema de encomiendas por el de “repartimiento” temporal de indíge- nas, la que se veía envuelta en medio de una polémica indiana que le cuestionaba fuerte- mente su derecho de conquista sobre América y que trataba de justificar a través de la defensa y propagación de la fe cristiana. 4 5 Además, sus intereses políticos y económi- cos se veían constantemente amenazados por la altanería y codicia de los conquistadores, que, si bien le habían dado un nuevo mundo con grandes riquezas, le exigían también en re- tribución, la encomienda perpetua de sus indí- genas para satisfacer sus enormes deseos de ri- quezas. Tal actitud contradecía la doctrina de amor que predicaban con el ejemplo los discí- pulos de Asís a los naturales del reino, a los cua- les ya se les había reconocido su capacidad ra-cional y cuyas virtudes habían sido ardorosamente proclamadas por los religiosos, Las Casas, Garcés, Motolinía y Vasco de Quiroga, quienes denunciaron las crueldades a que eran sometidos por parte de los encomenderos.6 Tal situación llevó a la corona española a recomendar a partir de las Leyes Nuevas, el establecimiento de poblaciones españo- las que combatieran los vicios derivados de la nefasta institución de la encomienda. Es por ello que desde un principio el Real Con- sejo de Indias le dio todo su apoyo y bene- plácito al experimento social que resultó ser la fundación de la Puebla de los Ánge- les, por lo que es de vital importancia ana- lizar las causas que le dieron origen y así poder determinar las consecuencias que tuvo su consolidación en el entorno colo- nial novohispano. 7 8 También nos ayudaría a entender como se fueron gestando los distintos estamen- tos de la sociedad poblana y como fueron accediendo al gobierno de la ciudad a tra- vés de la conformación de un cabildo que sentía un genuino orgullo de hidalguía por el singular origen de su ciudad, sin darse cuenta que con tal actitud contradecían los ideales primarios de dicha fundación. 9 10 Contexto histórico Se puede afirmar que las causas que moti- varon directamente la fundación de la ciudad de Puebla fueron de índole política, militar, 4 Salazar Andreu (2021), p. 291-309. 5 Hirschberger (1981), p. 32-38. 6 Gracias a la actuación sobresaliente de los dominicos fray Julián Garcés y Fray Bernardino de Minaya, se obtuvo de Paulo III la senten- cia papal en la causa de la humanidad del indio a través de la bula Sublimus Deus (Dios Excelso), rubricada por el pontífice el día 2 de junio de 1537. En ella reconoce la dignidad y la libertad del indígena y pide la liberación del hombre indio por el hecho de ser hombre. Y por lo mismo proclama su capacidad para la vida cristiana y para la vida eterna. 7 La nueva legislación indiana fue una respuesta a la ardorosa defensa del indígena americano hecha por fray Bartolomé de las Casas. 8 Francois Chevalier respalda con sus investigaciones esta postura. 9 Pérez Rivero (1998), p. 61-83. En el capítulo 2 de su tesis doctoral de Historia la autora desarrolla más ampliamente el tema. Ver: Pérez Rivero (2025). 10 Hirschberger, op. cit.
económica, social y religiosa. Políticamente, porque convenía a la corona española y era necesario hacerlo, el reducir el creciente poder de los conquistadores quitándoles la fuente de dicho poder como lo era el sistema de enco- mienda de indígenas. Militarmente porque la ubicación geográfica de la ciudad de México era endeble al estar cercada de numerosos se- ñoríos indígenas que podrían sublevarse en cualquier momento y poner en serios aprietos la seguridad de la ciudad. Económicamente, porque había la urgente necesidad de tener una vía comercial entre la ciudad de México y Veracruz que fuera más corta y segura y que no pasara por ciudades indígenas importantes, como Tlaxcala, para que no se abusara de los naturales que en ellas residían. Socialmente porque se intentaba demostrar la posibilidad real de hacer que el español vagabundo sub- sistiera por sus propios medios en ésta tierra de promoción, sin molestar a los indígenas mas que en lo estrictamente necesario y por medio de una remuneración adecuada de sus servicios; y religiosamente por ser a partir del año de 1543 la sede del obispado más rico de la Nueva España que gracias a la riqueza gene- rada por los diezmos que ingresaban en su co- fre podrían sostener el crecido gasto espiritual y material de su catedral y dignidades ecle- siásticas, situación que los vecinos moradores de la república de Tlaxcala no habrían secun- dado con el entusiasmo esperado.11 La corona española y su Real Consejo de In- dias creían posible lograr los postulados ante- riores y empeñaron su voluntad y recursos en lograr tan magna empresa, al precio que fuera. Es por ello que apuntalaron y consolidaron la fundación angelopolitana con grandes prerro- gativas para los fundadores y primeros pobla- dores de tan privilegiada ciudad. Se le exentó por treinta años del pago de “pechos y alcaba- las”, el primer impuesto debía ser pagado por todo vasallo del rey y el segundo gravaba todo género de comercio; se les mercedaron sola- res, huertas y “suertes de tierra” a los recién avecindados pobladores, se les facilitó mano indígena bajo el sistema de “repartimiento” para que les construyeran sus casas y les labra- ran los campos de cultivo, se elevó rápida- 12 13 14 61 11 Paraunamayor comprensión delprocesofundacional recomendamoslos trabajosdeinvestigación,clásicosya dentro de lahistorio- grafía poblana, de don Francisco Pérez de Salazar y Haro, Hugo Leicht, Efraín Castro Morales y Albi Romero; además de los ya citados en el presente estudio. 12 Privilegio otorgado por medio de la cédula real concedida por la reina Isabel de Portugal, dada en Medina del Campo, en 20 de marzo de 1532 y en la que le otorga el título de Ciudad de los Ángeles. 13 Ordenanzas dictadas por el oidor Juan de Salmerón para el gobierno de la ciudad y citadas por Castro Morales. op. cit. 14 AGMP, Suplemento del Libro Segundo de Actas de Cabildo, f. 10r. Reunión del 11 de diciembre de 1532 del oidor Salmerón con los guardianes de los conventos de Tlaxcala, Tepeaca, Huejotzingo y Cholula para concertar el repartimiento de indios con los Señores de
62 mente de categoría a la recién fundada pobla- gara más adelante a la Villa de Carrión y en don- ción dándole el título de ciudad, se le de el arcángel San Miguel cambiaría su espada concedió en pocos años un escudo de armas flamígera por un haz de espigas de trigo. 15 que la ennoblecía tempranamente, se hizo16 pasar por ella el camino de Puebla a Veracruz para que sus moradores fueran los primeros no hubiera sido posible sin la conjunción de beneficiados con el tráfico de las mercaderías fuerzas de la mano de obra indígena y el espíri- traídas de la Península, del Perú y más tarde tu de los hombres que la guiaron y consolida- Sin embargo, la traza material de la ciudad de las Filipinas, se le autorizó tener un regi- miento primero de 3 cabildantes, después de ser inadecuada e insalubre, por lo que se in- 12 regidores y llegarían a ser más adelante tentó nuevamente en la ribera opuesta del río ron. Sabemos que la traza fundacional resultó hasta 20 el número de los capitulares que go- bernarían la ciudad, se le dotó de tierras sufi-17 cientes para formar con ellas el ejido y la dehe- sa de la ciudad que mediante su usufructo le 100 X 200 varas castellanas, donde el lado lar-21 con diseño reticular o de damero, con sus ca- lles rectas y manzanas rectangulares a escua- dra y compás, con dimensiones idénticas de garantizaran constantes ingresos.18 go correspondía al sentido oriente-poniente y el lado corto al sentido norte-sur, y en donde Y por si esto fuera poco se le asignaron las cada una de dichas manzanas incluían ocho fértiles tierras del valle de Atlixco, llamadas solares de 50 X 50 varas (1764 m aproximada- por Motolinía Val de Cristo, para consolidar el mente). Todo ello redundó en que hacia 1544, la ciudad trazada por Hernando de Saavedra, 19 2 20 22 éxito del “Proyecto de República Política” ensa- yado por la Segunda Real Audiencia en el lugar tuviera una fisonomía propia de gran asenta- conocido como Cuextlacoapan y en donde los miento renacentista, ocupando su traza reticu- lar más de 120 manzanas, muchas parcialmen-españoles se dedicaran a la agricultura, ponien- do especial atención al cultivo del trigo, lo que te construidas, especialmente las situadas en le dio fama al valle como granero de la Nueva torno a la Plaza Mayor, la que se encontraba flanqueada en tres de sus lados por portales con columnas de madera, edificándose en su España, hecho que quedara manifiesto en el es- cudo de armas que la corona española le otor- Tlaxcala y Cholula. 15 Cfr. nota 8. 16 Cédula Real con el Escudo de Armas, dada en Valladolid el 20 de julio de 1538. 17 El número de cabildantes que una población podía tener era de acuerdo a la categoría jurídica que ésta tenía reconocida; de tal manera que un pueblo se gobernaba por tres regidores, una villa por seis y una ciudad por doce cabildantes. Sin embargo, la ciudad de Puebla llegó a tener por su importancia hasta 20 regidores, privilegio que compartía solo con la ciudad de México como capital del virreinato. 18 Según la legislación indiana sobre nuevos centros de población debería de ser de un diámetro de una legua, equivalente a casi cinco kilómetros a la redonda. 19 AGMP, Suplemento del Libro Primero de Actas de Cabildo, 6-7r. Repartimiento hecho por don Juan de Salmerón, el 5 de diciembre de 1532, en la estancia de Diego de Ordaz, en donde se realizó la primera sesión del cabildo angelopolitano de que se tiene registro y en donde fray Jacobo de Testera, guardián del convento franciscano de Huejotzingo, el alcalde ordinario Alonso Camacho, los regidores Juan de Yépez, Martín Alonso y Alonso Martín Partidor, procedieron a mojonar el sitio que iba a ser repartido entre los vecinos fundado- res de Puebla; señalamiento que fue aceptado por don Cristóbal, señor de Huejotzingo y don Pedro, señor de Calpan y Atlixco. 20 Motolinia (2003), p. 286-293. 21 La vara castellana era equivalente a casi 84 centímetros de longitud. 22 Se ha llegado a afirmar sin fundamento alguno que Alonso Martín Partidor, a quien algunos cronistas novohispanos identifican también como Alonso Martín Pérez Partidor, entre ellos Pedro López de Villaseñor, participó en la traza de la ciudad, debido tal vez al apelativo de Partidor. (op. cit. p. 60).
para el año de 1534 sus vecinos eran ya sesen- ta y ocho, en 1547, creció a trescientos, para 1570 aumentó a ochocientos y hacia 1600 lle- gó a tener a mil quinientos, sin contar entre ellos a la población indígena que rodeaba la “traza” española.24 La ciudad de Puebla fue también un claro ejemplo de coexistencia de dos clases de re- públicas, la de españoles y la de indios, sien- do al mismo tiempo un proyecto que diera cabal cumplimiento a las ordenanzas que es- tablecían que los asentamientos españoles debían diferenciarse de los indígenas en cuanto a su ubicación, jerarquía y sitio, pues se levantó en tierra no pobladas por indíge- nas, su jerarquía de ciudad española le per- mitía acoger autoridades eclesiásticas y civi- les con las ventajas fiscales de recaudación inherentes, lo que la hacia ser una importan- te unidad política de base, y el sitio territorial en que se fundó cumplía con los requisitos necesarios de seguridad, higiene y abundan- cia de recursos naturales. 25 lado norte la Casa de Cabildo, la Cárcel pública y el Corral del Concejo; y al lado sur se cons- truía por los indios de Calpan la iglesia mayor que a la postre sería la antigua catedral de Puebla cuya fachada principal daba hacia la plaza mayor. 23 Lo anterior hizo que en los años inmediatos a la fundación española el crecimiento pobla- cional fuera siempre ascendente, favorecien- do una constante inmigración española que al decir de Boyd–Bowman fuera mayoritaria- mente andaluza, siguiéndole en importancia la inmigración de extremeños y castellanos.26 Todas estas facilidades, apoyo y protec- ción oficial, asimismo las buenas condiciones climáticas del sitio elegido y la comarca que abarcaban sus términos, hicieron que muy pronto la Ciudad de los Ángeles llegara a ser en importancia la segunda ciudad de la Nueva Es- paña, después de México-Tenochtitlan, y que su población aumentara continuamente, pues 23 Castro Morales (1981), op. cit. 24 Ibidem.; Chevalier, p. 21. 25 En 1546 el cabildo exime del pago de tributos a los indígenas asentados en la ciudad y les repartió solares. En 1550 se acuerda que vivan fuera de la “traza” española y surgen así los barrios indígenas. A partir de 1561 se empiezan a elegir alcaldes indios por cada barrio y para finales del siglo XVI se promueve la creación de cabildos indios presididos por un gobernador, institución que se conocerá como “República de Indios”. 26 Boyd-Bowman (1968). t. II. De esta forma es como llegan a establecerse a la primigenia Ciudad de los Ángeles las fami- lias de conquistadores como Alonso Martín de Mafra, Gonzalo Díaz de Vargas, Juan de Formi- cedo, Pedro de Villanueva Guzmán, Alonso Va- 63
64 liente, Juan Ochoa de Elexalde, Francisco de Orduña, Alonso Galeote, Alonso Martín Parti- dor, Blandíanes de Villapadierna, Alonso de Mata, entre otros; seguida por la continua lle- gada de mercaderes y artesanos que se unen a la creciente demanda de propiedades inmobi- liarias. Hubo comerciantes, hacendados, fun- cionarios, regidores y hasta clérigos que por medio de préstamos hipotecarios inician la compra y subasta de huertos y casonas que les dieron arraigo, estatus y poder como pasó con los linajes Carmona Tamaríz, Pérez de Salazar y Rivadeneyra; más adelante llegarían nume- rosos inmigrantes brihueguinos a dirigir en los obrajes de las exitosas familias De la Carrera, García Barranco, Angulo y Anzures; sin faltar la presencia de exitosos comerciantes, como don Melchor de Covarrubias, quienes en su mayo- ría tratan de emparentar con familias de con- quistadores y fundadores para encontrar la estabilidad social y política que les permitiera aprovechar mejor el auge agrícola, comercial y manufacturero de la novísima ciudad y acce- der a la elite gobernante del cabildo. En un principio, los cabildantes fueron los conquistadores y primeros pobladores a los que se les elegía por votación directa, cumpliendo con los cánones de la ordenan- za real que recomendaba se escogieran los regidores “entre los vecinos más ricos y abonados e hijos de conquistadores”. Des- pués, al mediar el siglo XVI los cargos con- cejiles se comenzarían a entregar por mer- ced real y será a partir de 1591 cuando se institucionalizaría su venta por medio de la ley de “venta de oficios” promulgada por la necesidad económica de la corona españo- la. Es así como los poderosos mercaderes y comerciantes buscan emparentar con las 27 viejas familias de conquistadores y exten- der su poder hasta en la cobranza de los im- puestos de las reales alcabalas.28 Lo expuesto anteriormente nos ayuda a entender como desde los primeros años de vida de la ciudad poblana, se fue gestando una elite gobernante integrada por miem- bros de destacadas familias de conquistado- res-encomenderos, quienes como primeros pobladores se enriquecieron aún más al am- paro de los privilegios concedidos por la co- rona a aquellos que se establecieran en ella para asegurar de esta forma el publicitado éxito de la fundación, que había sido puesto 27 AGMP, Suplemento del Libro Primero de actas de cabildo, f. 1r., sobre “La forma y orden que se ha de tener en el elegir de los alcaldes y regidores de la Puebla de los Ángeles”. 28 Castro Morales, op. cit., Pérez Rivero Maurer (2025), op. cit.
en entredicho por el cabildo de la ciudad de no deja de lado la posibilidad de que existie- México y que estuvo a punto de zozobrar por ran situaciones en que se escogiera a quien las torrenciales lluvias estivales de aquél políticamente conviniera más.30 año de 1531. Lo hasta aquí expuesto es susceptible de Veremos entretejer a lo largo del siglo XVI comprobarse con estudios prosopográficos de toda una red de alianzas matrimoniales entre los linajes que se formaron en el siglo XVI. De gente de estos estamentos que darán lugar a momento, solo esbozaremos algunas líneas la formación de una oligarquía dinástica que de investigación genealógica de algunas fami- mantendrá durante el virreinato un férreo con- lias representativas de esta centuria que nos trol del poder político, económico, social y permita avalar lo ya expresado. hasta religioso de la ciudad. Por otra parte, es importante señalar que de las oleadas de pe- ninsulares que llegaron a la privilegiada ciu- dad a probar fortuna en el comercio, los obra- Empecemos por ejemplificar el caso de al- gunos de los treinta y cuatro fundadores, con- quistadores o solo primeros pobladores, ave- cindados en la recién fundada Puebla de losjes y las haciendas, solo aquellos que destacaron en estos rubros fueron aceptados Ángeles y que al amparo de las preeminencias para ser integrados a las elites gobernantes, lo que les daba la tan ansiada aceptación social bladores-fundadores amasaron importantes fortunas y consolidaron familias que fueron el núcleo de linajes poblanos que pervivieron durante numerosas generaciones. Analizare- mos primero los casos de Martín Alonso Bendi- cho y de Alonso Martín Partidor, dos de los tres tedral angelopolitana, si bien la permanencia primeros regidores que presidieron el cabildo en él duraba solo el tiempo de vida de quien angelopolitano y que tomaron parte activa en poseía la prebenda, es posible encontrar en el repartimiento del valle de Atlixco a favor de su seno la actuación simultánea de dos o más los fundadores de la ciudad.31 miembros de un solo linaje, lo que es prueba fehaciente de la facilidad con que accedían a Linaje Mafra, Galeote y Diaz de Vargas él, gracias al regio patronato que la corona española tenía sobre la iglesia de la Nueva Es- paña. Esto era posible debido a que cuando hacia llamar Alonso Martín de Mafra, en honor “vacaba” alguna canonjía por muerte de su a su madre, fue natural del puerto de Palos en titular, la provisión de esta era requerida de los reinos de Castilla, hijo legítimo de Martín inmediato por quien creyera tener méritos Bendicho y de doña Isabel González de Mafra. concedidas por la corona española a los po- que les permitiría alcanzar timbres de hidal- guía y sentirse parte de una nobleza no avala- da por título alguno.29 En cuanto al cabildo eclesiástico de la ca- Alonso Martín Biendicho, quien también se suficientes para ser propuesto a ocuparla. La solicitud se dirigía al Virrey, quien como Vice da ciudad de los Ángeles lo hizo en compañía patrono poseía la facultad de nombrar a de su esposa, doña Leonor Rodríguez “La Ca- quien juzgara con más derecho a ella, lo que ballera”, y sus dos hijas, llamadas Ginesa32 29 Pérez Rivero Maurer, op. cit. 30 Córdova Durana (1998), pp. 25-60. 31 Cfr. nota 19. 32 El ayuntamiento poblano le mercedó un solar en el año de 1546. Cfr: AGMP, LC 4, f. 49r.; López de Villaseñor, p. 287. Cuando llegó a establecerse a la recién funda- 65
66 Martín e Isabel González, conocida también como “La Caballera”. La primera de las hijas casó con el conquistador y encomendero de Totimehuacan Alonso Galeote, quien a cam- bió de ceder parte de su encomienda para in- tegrar los “propios” de la ciudad fue llamado a ser integrante de su flamante ayuntamiento y en varias ocasiones fue electo por su alcalde ordinario (1533, 1535, 1539, 1544 y 1548) para vigilar el cumplimiento de las ordenanzas de la ciudad e impartir justicia en primera ins- tancia. Sin embargo, aún cuando este perso- naje fue poderoso en vida, en la siguiente ge- neración su familia perdería gran parte de su fortuna, prestigio social y presencia en el ca- bildo angelopolitano pues terminarían por vender el oficio de regidor que habían here- dado de don Alonso. 33 La segunda hija de Alonso Martín correría con mejor suerte al casarse con el capitán y conquistador Gonzalo Díaz de Vargas y crea- rían el linaje Díaz de Vargas de gran presencia y trascendencia en la historia de Puebla. Hijo legítimo de Francisco Díaz Vellerino e Isabel de Vargas, naturales de la ciudad de Huelva, don Gonzalo llegó a México en 1523 como escudero y participó en la conquista de los zapotecas, mijes y chontales. Acompañó a Cortés en la expedición de las Hibueras y Hon- duras, siendo premiado por tal acción con la encomienda de los zapotecas. En 1534 apare- ce como vecino, regidor y corregidor de Puebla, aunque es probable que ya residiera en ella desde su fundación pues en ese mismo año casó con la hija de Alonso Martín Bendicho. 34 En 1538 fue nombrado Procurador de la ciudad y como tal viajó a España donde ob- tuvo de la reina Isabel de Portugal el escu- do de armas que distinguiría a la recién fun- dada ciudad de los Ángeles. Vuelve a México y en 1547 obtiene el nombramiento de Jus- ticia Mayor de la ciudad de Puebla. Fue también corregidor de la provincia de Izú- car en donde les construyó un puente en el año de 1550. Fungió por muchos años como alguacil mayor y regidor de la ciudad de Puebla. 35 Díaz de Vargas fue el primer Alguacil Mayor que tuvo la ciudad (1537-1558) y sería él, jun- to con sus hijos, el también alguacil mayor Francisco Díaz de Vargas (1558-1583) y el regi- dor Martín de Mafra Vargas (1559- 1604) y con sus yernos: los regidores Juan de Formicedo, Antón Hidalgo y Bartolomé Rodríguez de 33 AGNP, Notaría No. 3, caja 1, Protocolos de 1541, ff: 4050-4053r. testamento de Martín Bendicho, otorgado en diciembre de 1541 y reportado también por Boyd-Bowman en Índices y Extractos [...], ficha 73. 34 Boyd-Bowman. Índice Geobiográfico 1, pp.153-154. Registro No. 5128. 35 Icaza (1927). No. 918.
Fuenlabrada, quienes controlarían la vida del consumada su conquista y llegó acompañado Cabildo poblano en sus primeros 50 años de de su esposa María Jiménez y de sus hijas Ma- vida civil. Este linaje seguiría teniendo pre-36 sencia y poder dentro del ayuntamiento a tra- vés de ulteriores generaciones emparentadas se dice fue partidor de su “traza”. Contrajo se- ría e Isabel Iñiguez de Zamudio. Fue vecino fundador de Puebla y de quien erróneamente 39 con descendientes del Conquistador Díaz de Vargas como fueron los casos del capitán y re- gidor Francisco Méndez, casado con María gundas nupcias con la célebre doña María de Estrada, “La Conquistadora” quien había en- viudado a su vez del capitán y conquistador Monte, hija del regidor Juan de Formicedo y Pedro Sánchez Farfán; encomendero del pue- el yerno de éste, el capitán y alcalde ordinario Francisco Pérez de Salazar. blo de Tetela del Volcán.40 Ya era viejo don Alonso y radicaba en Puebla Otro de los hijos del conquistador Díaz de cuando casó por tercera vez con María Escude- Vargas fue el canónigo Alonso de Leiva Vargas, ro y al igual que con María de Estrada no tuvo quien obtuvo su prebenda por mediación del descendencia con ellas. Sus hijas casaron con conquistadores, una lo hizo con don Hernando de Villanueva, hijo a su vez del conquistador41 Pedro de Villanueva y la otra hija casó con el cabildo civil cuando en el año de 1565, solicitó para él a la corona española una dignidad o ca- nonjía en el Obispado de Tlaxcala; lo que nos demuestra la posibilidad real de que todas las capitán Cristóbal de Soto y al enviudar de éste, ennoblecidas estirpes poblanas lograran ins- talar algún miembro suyo en el cabildo ecle- siástico, en donde llegaron a tener por su nú- mero, un peso considerable.37 Linaje de Alonso Martín Partidor se desposó por segunda vez con el regidor an- gelopolitano Álvaro de Sandoval. 42 Linaje Ochoa de Elejalde El presente linaje comienza con don Juan Ochoa de Elejalde y Salinas, quien fuera arma- do caballero del orden de Santiago por el em- perador Carlos V, al haber estado presente en su coronación como Emperador del Sacro Im- Natural de la judaizante ciudad de Carmo- na, provincia de Sevilla, en donde residían sus padres, Álvaro Iñiguez de Zamudio e Isabel Gó- mez, fue uno de los tres primeros regidores perio Romano Germánico el 25 de febrero de de la ciudad de los Ángeles. Llegó a la ciudad 38 1532 en la iglesia de San Petronio de la ciudad de México-Tenochtitlan en 1522, a un año de imperial de Bolonia, Italia, tuvo casa solariega 36 AGI, Patronato, 71.R, 10; Albi Romero (1965). Op. cit.; Pérez Rivero Maurer (1998), p.68. 37 Córdova Durana, p. 32. 38 Boyd-Bowman, Índice Geobiográfico 1, p. 254. Registro No. 8189. 39 No deja de llamar la atención el hecho de que Alonso Martín cambiara los apellidos paternos por el segundo apellido de su madre, Partidora y que a sus hijas les dejara el apellido del abuelo, ¿habría sospechas de judaizante sobre su familia originaria de una ciudad que tenía esa fama? 40 Icaza. Registro No. 392; ENE. II, p. 137-140. 41 Boyd-Bowman en Índices y Extractos [...], ficha 180. Carta de dote. Don Pedro de Villanueva le da a su hijo la cuarta parte de una compañía que tenía integrada con su otro hijo, Diego, y su socio Francisco de Mata, sobre ciertas minas de plata de Tasco, con sus esclavos, herramientas, “ingenio”, casas y otras cosas a ellas pertenecientes, más una renta anual de cien pesos de oro de minas situados sobre su encomienda de “Cachula” [Quecholac]. En cambio, don Alonso Martín Partidor dota a su hija Isabel con otros cien pesos de oro de minas en bienes raíces y semovientes, más ropa, joyas y menaje de casa y dos de los tres molinos que tenía a orillas del río San Francisco, conservando para sí el molino de en medio. 42 Cfr. Duvernaux, op. cit. 67
68 en Marañón y Boadilla, España. Fue su hijo el conquistador, homónimo de él, quien se asen- tara como vecino de la ciudad de los Ángeles el año de 1538 mercedándole como solar el ubi- cado en la contra esquina nororiente de la Pla- za mayor donde fincó se lugar de residencia, inmueble que con el tiempo sería conocida como “Casa de los Muñecos”. Ochoa de Elejal- de serviría a la ciudad angelopolitana como su alcalde ordinario el año de 1546, mismo cargo que desempeñaría su hijo Baltazar Ochoa de Elejalde y Reinoso el año de 1572 y su nieto Juan Ochoa de Elejalde y Reinoso en los años de 1608 y 1622, impartiendo justicia en prime- ra instancia a nombre del rey; también Don 43 Baltazar Ochoa de Elejalde se desempeñó como regidor del cabildo angelopolitano. Fue descendiente del conquistador Ochoa de Elejalde don Bernardino Antonio de Pardi- ñas Villar de Francos, caballero del Orden de En el devenir del tiempo los Ochoa de Santiago y regidor de la Villa de Madrid, se- Elejalde emparentaron con muchas de las cretario de la Presidencia de Indias y secreta- familias principales de Puebla, México y rio de Guerra del rey Carlos II, con ejercicio de España, declarando con orgullo en una carta ejecutoria de la segunda mitad del versal, para quien, en remuneración de sus valiosos servicios, el rey creo en 1699 el título de Castilla de Conde de Castelo a favor de su Decretos en la Secretaría del Despacho Uni- siglo XVIII que: Todos los de mi genealogía han sido y hijo don Nicolás de Pardiñas y Bañuelos, títu- son españoles nobles, de limpia pro- sapia e hidalguía, cristianos rancios, lo que heredó su hijo don Ildefonso Pardiñas Villar de Franco Córdoba de Bocanegra Ochoa libres de toda mala raza, sin mácula de Elejalde Reinoso, II Conde de Castelo, ca- de moros y judíos, ni de los recién sada con doña Andrea Fernández de Córdo- conquistados a nuestra santa fe cató- lica ni castigados por tribunal alguno, ni ejercitados en oficios viles mecáni- cos y si en honrosos, con puestos dis- ba. El tercer conde de Castelo lo fue don Ilde- fonso Pardiñas Villar de Francos Córdoba y Bocanegra, quien en 1733 tomara posesión del condado de Castelo y fuera electo alcalde tinguidos y empleos honoríficos, así ordinario de la ciudad, pasando dicho título a los eclesiásticos como los seculares don Andrés Pardiñas Villar de Franco, IV Con- como es constante en los recaudos de Castelo y regidor Honorario de la Muy No- demostrados a que se remiten, teni- ble y Muy Leal Ciudad de los Ángeles en 1775, dos y reputados por nobles público y siendo muy probable que el III conde de Cas- notorio, pública voz y fama, sin haber telo haya reedificado la célebre Casa de los sabido, oído ni entendido cosa en Muñecos, mandándola decorar con los pane- contrario. les que representan los trabajos de Hércules y 43 AGMP, LC. No. 155, f. 306r.-310r.
la danza de los sentidos, descritos por el his- Conquistador que participó en la pacificación toriador del arte alemán Erwin Walter Palmer y conquista de Tenochtitlán, el año de 1521, al lado de Hernán Cortés, a quien acompañó también a la conquista del Pánuco y en la ex- pedición de las Hibueras. Debido a sus méri- tos de campaña, se le hizo merced de cierta renta situada en la Real Caja de México. Don48 fue de los primeros pobladores de la ciudad de Pedro, natural de la ciudad de Cáceres, radicó Puebla. Llegó a la ciudad de México el año de 1534 procedente de su natal Badajoz, en Espa- ña, sin haber participado ya en la conquista de45 (1910-1988) en 1978.44 Linaje Blandianez Coronado de Villapadierna El capitán Juan Blandianez de Villapadierna en Cuba hacia el año de 1518, hasta que fi- nalmente se estableció en la ciudad de Pue- bla donde falleció el año de 1553, siendo uno 49 la Nueva España ni en la fundación de la ciudad de sus primeros pobladores. Su hija, Jeróni- angelopolitana, venía acompañado de su es-46 posa, doña María Rodríguez y de sus cuatro47 ma, fue mujer legítima de Diego de Montalvo Mancilla, hijo del capitán y conquistador hijos, dos varones y dos mujeres, las que casó Francisco de Montalvo, encomendero de los convenientemente dando origen a importantes pueblos de Aculzingo y Zoquitlán, fundador linajes poblanos. Fueron sus hijos: también de la ciudad de Puebla y su alcalde ordinario en el año de 1537. 50 El licenciado don Francisco de León Corona- do, primogénito de la familia. Tuvo el honor de ser el primer Arcediano de la catedral angelo- De esta línea, fueron nietos de doña Leonor Pacheco, don Francisco de Montalvo Mancilla, politana (1541-1564) cuando recién se había marido que fue de doña Isabel de Tovar y Sá- trasladado la sede episcopal del obispado de mano y doña Leonor de Montalvo Mancilla, Tlaxcala a esta ciudad. Fue él quien bendijo la mujer legítima de Alonso Camacho Téllez, pa- primera piedra de la vieja catedral. Gracias a dres a su vez del licenciado Hernán Sánchez sus méritos y virtudes personales, a la muerte Camacho, cura beneficiado del Partido de del insigne fray Julián Garcés fue consultado Acatlán y Piaxtla y más tarde canónigo de la para sucederle en la silla episcopal declinando tan elevada distinción. Prefirió hacerse religio- so descalzo del convento franciscano de Hue- iglesia catedral de Guadalajara.51 La segunda hija del capitán Blandianez jotzingo, Puebla, en donde murió con opinión fue doña Elvira de León Coronado quien casa- de varón ejemplar. ra eclesiásticamente con el capitán, fundador y regidor de Puebla Gonzalo Rodríguez de la Magdalena, quien al igual que López de Alcán- tara estuvo en el sitio y conquista de Tenochtit- Doña Leonor Pacheco de Villapadierna, na- cida en segundo lugar, estuvo casada con el capitán y regidor Pedro López de Alcántara. lán y en recompensa de sus méritos y servicios 44Palm(1999),pp.75-101. 69 45 Boyd-Bowman,Índice Geobiográfico I1. Registro No. 816; Icaza t. I, Registro 4308. 46 Bermúdez de Castro, en su Teatro Angelopolitano, cita erróneamente al capitán Blandianez de Villapadierna como uno de los 33 fundadores de la ciudad de Puebla, cuando López de Villaseñor ni lo menciona en su lista de fundadores. 47 Cuando doña María Rodríguez recibió la carta de vecindad del cabildo poblano en el año de 1542, ya era viuda del capitán Blandia- nez,. Se le concedió en merced uno de los solares de la nueva “traza” angelopolitana. Cfr. AGMP, LC 4, f. 56v. y López de Villaseñor, p. 287. 48 Bermúdez de Castro (1985), 348. 49 Boyd-Bowman, Índice Geobiográfico I. Registro No. 857. 50 Dorantes de Carranza (1970), Registro 168; López de Villaseñor, 355. 51 Bermúdez de Castro, (1985), p. 348.
70 le fue encomendado la mitad del señorío de Quechulac, provincia de Tepeaca y el Empera- dor Carlos V le concedió uno de los primeros regimientos de la angelopolitana ciudad, de la que fue su alcalde ordinario en tres ocasiones, durante los años de 1537,1550 y 1563. 52 El capitán sevillano tuvo como hijos legíti- mos a Alonso Rodríguez Coronado, quien le su- cedió como regidor del número de esta ciudad y como encomendero del pueblo de Quechulac. Parece ser que su verdadero nombre era Gonza- lo, como su padre, y así aparece registrado en el por el Santo Oficio de la Inquisición, padres a su acta de bautizo del Sagrario metropolitano de vez del licenciado Francisco Pacheco de Alar- fecha 22 de enero de 1546, lo que permite su-53 cón, dignidad Maestre escuela de la catedral de poner era su primogénito. Otra hija fue doña Comayagua, en Castilla. Doña Isabel Pacheco de Contreras, esposa que fue del general don 55 Magdalena Coronado, quien fuera mujer legíti- ma del capitán y regidor Antonio de Aguilar. Una Alonso de la Cadena Bullòn a quien el rey le hizo hija más fue doña Luisa Rodríguez de León, merced del gobierno del Soconusco por cedula quien casó con el también capitán y regidor real otorgada en la ciudad de Madrid el día 5 de octubre del año de 1626; distinción que no llegó a disfrutar debido a que la muerte lo sorprendió Alonso de Soria, padres a su vez de doña Ana de Mercado y León, mujer que fue de don Juan Ra- mírez de Arellano y Navarra, caballero hijodalgo tan solo dos días después de tomar posesión de notoria y conocida prosapia, el cual llegó a la del flamante nombramiento por lo que fue pre- Nueva España acompañando al segundo Virrey, ciso enterrarlo de limosnas, fue miembro tam-56 don Luis de Velasco y quien ejerciera el cargo de alcalde ordinario el año de 1612.54 bién de este linaje poblano. Linaje Pérez de Salazar - Carvajal Arteaga El último de los hijos de esta familia dinástica fue don Alonso Gutiérrez Coronado, padre que fue del insigne doctor Fernando Pacheco Coro- nado de Villapadierna, segundo arcediano que comerciante sevillano Andrés Pérez de México tuvo la catedral poblana y primer comisario que quien amasó una gran fortuna comerciando con plata, vino, añil y grana cochinilla. Mantuvo una El linaje surgió al amparo de una exitosa em- presa comercial e industrial. El fundador fue el hubo del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisi- ción en el obispado de Tlaxcala. Su otro hijo, estrecha relación comercial con su hermano An- tón de Carmona y con el poderoso banquero se- villano Diego Pérez de Alburquerque, su consue- don Alonso Pacheco de Alarcón fue cura benefi- ciado del partido de Calpan y su hija, doña Isa- bel, estuvo casada con el capitán Pedro Ruiz de gro. Su hijo Jerónimo Pérez de Salazar llegó a la Alarcón, primer “Familiar” nombrado en Puebla Nueva España en 1561 a representar sus intere- 52 Hirschberger, pp. 43-44; López de Villaseñor, pp. 355-359. 53 ASMP, LBE No. 1, f. 3v. 54 Hirschberger, p. 46; López de Villaseñor, p. 369. 55 Bermúdez de Castro (1985), p. 349. 56 Ibidem.
ses comerciales. Radicó primero en la ciudad de México para trasladarse después a la próspera ciudad de Puebla en donde aumentaría sus giros comerciales con la compra, venta y administra- ción de bienes raíces. Viviendo aún en la ciudad de México casó con doña María de Carvajal Artea- ga, nieta del primer poblador Esteban de Carva- jal y bisnieta del conquistador y capitán Juan Pé- rez de Arteaga, uno de los fundadores de Puebla, quien a su vez había casado con doña Angelina Pérez, hija de Camelcahua, uno de los cuatro se- ñores del reino de Tlaxcala. Fundarían en 1612 el mayorazgo Pérez de Salazar. celebró la consagración de su catedral; de igual manera le correspondió recibir y agasajar a los Jerónimo Pérez de Salazar compró para sí nuevos virreyes que pasaban por Puebla rum- una escribanía, que ejerció poco tiempo y llegó bo a la ciudad de México, entre ellos el marqués a ser después tesorero y contador de las Reales Alcabalas de la ciudad. Tuvo dos hijos: Andrés que se ordenó sacerdote y llegó a ser uno de los de Cadereita (1635), el duque de Escalona (1640), el conde de Salvatierra (1642), el conde de Alba de Liste (1650), el duque de Alburquer- más estrechos colaboradores del obispo Juan que (1655) y al conde Baños (1660). de Palafox y Mendoza; y el capitán Francisco, quien sirvió en dos ocasiones a la ciudad de En la siguiente generación, Jerónimo Pérez Puebla como alcalde ordinario, el que casaría de Salazar Méndez Monte y de la Carrera, bis- con Francisca Méndez Monte, hija del capitán nieto del primer Jerónimo, se desempeñó tam- Francisco Méndez, fundador del mayorazgo bién como alférez real de la ciudad durante el período de 1663 a 1675, durante los reinados de Felipe IV y de Carlos II, cuando gobernaronMéndez Monte, nieta a su vez de Juan de Formi- cedo y de Isabel de Vargas, la que fue hija del capitán Gonzalo Díaz de Vargas del que ya se la Nueva España los virreyes marqués de Man- trató. Francisco Pérez de Salazar y Francisca cera y duque de Veragua. Su hijo Jerónimo Méndez Monte unirían los bienes y apellidos Pérez de Salazar Méndez Monte y Dávila Galin- vinculados de sus dos mayorazgos para que en do casaría con Manuela Margarita Estrada Car- 57 lo sucesivo lo heredaran sus descendientes.vajal, hija su vez del alcalde mayor de Tlaxcala y sobrina del marqués de Uluapan. En la si- Hijo de este matrimonio fue Jerónimo Pérez guiente generación, heredarían los mayoraz- de Salazar Méndez Monte, alférez real de la ciu- dad durante cuatro décadas (1627-1663), du- gos José Francisco Pérez de Salazar Méndez Monte y Estrada Carvajal que casaría con Xavie- rante el reinado de Felipe IV, siendo el cargo ra Gómez de Vasconcelos y Luna, hija del mar- más cotizado y representativo del cabildo an- gelopolitano, presidiendo como tal los fastuo- sos festejos de la ciudad que en el año de 1649 57 Para conocer en forma detallada las fuentes de investigación histórica de éste linaje remitimos a la consulta de los libros Sino novohispano de un peninsular, Semblanzas e historia de una familia en la Puebla de los Ángeles y Mercaderes en el Nuevo mundo, cuya referencia completa apuntamos en el apartado de bibliografía especializada del presente estudio. 58 Pérez de Salazar (1998), pp.103-108. qués de Montserrat don Francisco Javier Gó- mez de Vasconcelos y Bravo de Lagunes.58 71
72 Linaje Izguerra de la Plaza Mencionaré, por último, el linaje que se for- mó al amparo de una prebenda catedralicia como fue el caso de don Tomás de la Plaza (ca. 1519-1587), quien llegó a la ciudad de los Án- geles en el año de 1564 para ocupar el deanato de la catedral, la prebenda más importante del cabildo catedralicio que le había sido otorga- da por merced real. Trajo consigo a sus sobri- nos Pedro Gómez de Espinosa, Teresa y María Izguerra de la Plaza. El primero, al igual que59 el tío, abrazó la carrera eclesiástica y llegó a pasó a poder de la familia Pérez de Salazar de- ocupar una canonjía en el cabildo eclesiástico. bido a que don Juan López Mellado y Rivade- Doña Teresa Izguerra se casó en esta ciudad neyra casó dos veces, primero con doña Ceci-con el mercader Juan Pérez de Aparicio, perso- naje no ligado a las elites poblanas. Sería Ma- ría Izguerra de la Plaza quien le daría mayor descendencia en ambos matrimonios, dio lu- gar a dos líneas genealógicas que cinco gene- raciones después se disputarían la titularidad lia de Barrientos Lomelí y después con doña Francisca Xaviera de Vargas Basurto, y al tener lustre al apellido al casarse con su consanguí- neo el poderoso hacendado Juan López Mella- do de la Plaza, hijo del funcionario real Martín del patronato de misas rezadas entre los lina- López Mellado y de doña María Rodríguez de jes ya mencionados, siendo el último posee- dor de la casa el abogado, historiador y colec- cionista don Francisco Pérez de Salazar y Haro. En el devenir del tiempo el linaje Izguerra de San José. Su hija María López Mellado Izguerra de la Plaza, casaría con el rico minero Juan Rivade- neyra y Velázquez de la Cadena, creadores del la Plaza emparentaría con las ricas y distingui- mayorazgo Mellado-Rivadeneyra, quien fuera das familias Castillo y Peralta, Vargas Basurto, Rincón Gallardo, Venegas, Ovando y Cáceres,hijo del acaudalado Gaspar de Rivadeneyra y de doña Francisca Velázquez de Salazar y de la Gómez Pedroso y Pérez de Salazar Méndez Cadena. Hijo de este matrimonio fue don José Mont.60 López Mellado de la Plaza y Rivadeneyra, el que casaría con su prima Francisca de Peralta Consideraciones finales y Castilla. Hubo otros linajes como las ya menciona- A este linaje perteneció el patronazgo de dos que emparentaron entre sí y con miem- misas rezadas fundados por el deán don To- más de la Plaza sobre su casa de morada, la los cabildos civil y eclesiástico de la ciudad, célebre Casa del Deán, siendo esta su lugar de como fueron las antiguas familias Gómez de bros de la elite angelopolitanas, integradas a residencia hasta inicios del siglo XIX cuando 59 Hubo otros dos sobrinos: Tomás Espinosa de la Plaza que llegó a ser fiscal de la Real Audiencia de Guatemala y Juana de Escobar, casada que fue con Antonio Velázquez de Cuéllar que permaneció en España. 60 ACCP, Legajos Varios, Testamento del deán don Tomas de la Plaza, Año de 1589; y AGNP, Patronato del Sr. Dr. D. Tomás de la Plaza, Deán que fue de la Santa Iglesia Catedral de Puebla, Año de 1756. Escribanía de José del Razo. El licenciado Fernando Rivadeneira Núñez, descendiente colateral de este linaje, presentó un avance de sus investigaciones histórico-genealógicas. Vasconcelos, López Berruecos, Bravo de Lagu-
nes, Carmona Tamariz, Vallarta y Villaseptién, ción de la corona española y los cuidados del Machorro y otras más; y con lo hasta aquí di- licenciado Juan de Salmerón como surgiría la cho, no ha de asombrarnos que en más de una Puebla opulenta y hermosa que ha llegado ocasión, las decisiones de ambos cabildos fue- hasta nuestros días, pero aparecería también ran acordes y que en circunstancias graves una ciudad clasista y estamentaria como las para la ciudad se apoyaran mutuamente; como que existían en las principales ciudades de ocurrió durante las controversias que tuvo el España; y en donde lo único que importaba obispo Juan de Palafox y Mendoza con la Com- pañía de Jesús al mediar el siglo XVII, pudien- do decir, a manera de conclusión, que tanto las personas que llegaron a la Nueva España y se avecindaron en la antigua Ciudad de los Ánge- les, hoy Cuatro Veces Heroica Puebla de Zarago- za, para hacer fortuna y labrar un patrimonio peño de sustituir el sistema de encomiendas para sus familias y descendientes, logrando por el de “repartimientos” de indios. Es por formar linajes dinásticos que llegan hasta ello que se le brinda protección a la ciudad a través de los excepcionales privilegios que se era tener hidalguía, nobleza y suficientes bie- nes de fortuna con que avalarlos. La corona española tuvo que optar por ase- gurar de esta forma la supervivencia de la ciu- dad por estar comprometido en su éxito el em- nuestros días, como la demás población mes- tiza e indígena que en ella vivieron en su “traza le concedieron en su fundación y el temprano otorgamiento del título de ciudad y el escudoespañola”, hoy Centro Histórico, los barrios pe- riféricos y las colonias que a partir del siglo XX de armas que se le dio. Sin embargo, la traza fueron surgiendo, han logrado edificar con sus material de la ciudad sí logró ser el proyecto vidas y sus obras, la ciudad majestuosa que renacentista más moderno y acabado de asen- hoy tenemos y que es reconocida como Ciudad tamiento urbano. Vitrubio, Serlio y Alberti se hubieran mostrado complacidos y orgullosos de ver como Juan de Salmerón, Hernando de Por otro lado, las vertientes de análisis que Saavedra y los “jumetras” indígenas unieron la Patrimonio del Mundo. se pueden desprender del presente trabajo, son al menos tres: historia con la arquitectura. En segundo, fueron las disposiciones rea- En primer lugar, tal parece que la investi- les las que dieron lugar a la creación de una gadora Julia Hirschberg tuvo razón al afirmar elite gobernante al obligar a radicar en la na- el fracaso del elevado proyecto social pro- ciente ciudad a los conquistadores que tuvie- puesto por la Segunda Real Audiencia al rey ran encomiendas en un radio de dieciocho de hacer posible “un ensayo de república po- lítica” que cobijara a los conquistadores po- bres y vagabundos para que pudieran soste- leguas alrededor de ella y “sugerir” que entre ellos se escogiera a los integrantes de su ca- bildo. No obstante, al paso del tiempo, se vie- nerse por sus propios medios; sin embargo, ron obligados a operar bajo un sistema abier- debemos tomar en cuenta que si bien la ma- yoría de los fundadores angelopolitanos eran pobres, se hicieron ricos gracias a los excep- to de “reclutamiento” de sus integrantes, aceptando en su seno a los triunfadores que demostraban ser merecedores de ser acepta- cionales privilegios concedidos a la ciudad dos en ella. Es justo reconocer también que desde su fundación. Sería bajo los lineamien- tos de la Segunda Real Audiencia, la protec- estos hombres devolvieron a la ciudad gran parte de la riqueza que recibieron y lo hicie- 73
74 ron a través de las múltiples instituciones ci- viles y eclesiásticas que funcionaban en ella, como se puede observar en las numerosas Fuentes Primarias iglesias, conventos, escuelas, hospitales y majestuosas edificaciones particulares que aún existen y que se niegan a morir ante los (ACCP) embates de la modernidad y los fenómenos naturales que de vez en vez las sacuden. Historiografía Archivo del Cabildo Catedralicio de Puebla Archivo General de Notarias del Estado de Puebla (AGNEP) En tercer lugar, el muestreo de linajes que se hizo es representativo de la estrategia que és- tos seguían en su formación y permanencia. El genearca de ellos, tenía que alcanzar primero el éxito económico en el medio que hubiese bla (ASMP) escogido para ello (comercial, agrícola, mine- ro, industrial, etc.). Después, tendría que lo- grar el éxito político con el desempeño de car- gos administrativos, ya fueran civiles o eclesiásticos, y por último, debería alcanzar el Fuentes Impresas éxito social por medio de una conveniente alianza matrimonial que les facilitara el ingre- so a las elites gobernantes. Cuando ya perte- necía a ellas, entonces, buscaba su permanen- cia a través de los hijos, educando al primogénito para ocupar cargos públicos y para consolidar y aumentar lo hecho por el pa- dre. De los demás hijos, fuesen varones o mu- jeres, casi las únicas alternativas que les que- daban por elegir eran, abrazar el estado clerical o casar “convenientemente”. 61 Archivo General Municipal de Puebla (AGMP) Archivo del Sagrario Metropolitano de Pue- Archivo General de la Nación (AGN) Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de Améri- ca y Oceanía (CDIAyO). Madrid: Imprenta de Manuel G. Hernández, 1864–1884, 42 vols. Boyd-Bowman, Peter. Índice geobiográfico de cuarenta mil pobladores españoles de Amé- rica en el siglo XVI. Vol. II: 1520–1539. México: Academia Mexicana de Genealogía y Herál- dica, Editorial JUS, 1968. Finalmente, lo que nos resta por decir es que la ciudad de Puebla ha sido siempre un —. Índice geobiográfico de más de cincuenta y seis mil pobladores de la América hispánica. Vol. I: 1493–1519. México: Instituto de Inves- tigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México, Fondo de Cultura Eco- nómica, 1985. centro irradiador de cultura al contar en su his- toria con numerosos letrados, artistas, artesa- nos, científicos, humanistas y próceres, ade- más de un pueblo laborioso y creativo que han hecho de ella el “Patrimonio Cultural de la Hu- manidad” que hoy por hoy todos tenemos la obligación de conocer, amar y preservar. —. “Índice y extractos de protocolos de Puebla de los Ángeles, México (1538–1556).” The His- panic Seminary of Medieval Studies. Madi- son, USA, 1988. 61 Pérez Rivero (2025) ha profundizado mucho en todas las líneas de investigación.
Dorantes de Carranza, Baltasar. Sumaria rela- ción de las cosas de la Nueva España. Méxi- co: Edición de Jesús Medina, 1970. do de Puebla, 2001. Motolinia, fray Toribio de Benavente. Historia de los indios de la Nueva España. Edición de Claudio Esteva Fabregat. Madrid: Historia 16, 2003 (Colección Crónicas de América). Torquemada, fray Juan de. Monarquía indiana. 3 vols. Edición facsimilar con introducción de Miguel León-Portilla. México: Universi- dad Nacional Autónoma de México, 1975. Vetancurt, Agustín de. Teatro mexicano. Pue- Epistolario de la Nueva España, 1505–1818 (ENE). Recopilado por Francisco del Paso y Troncoso. México: Antigua Librería Robredo de José Porrúa e Hijos, 1939–1942, 16 vols. Icaza, Francisco de. Conquistadores y poblado- res de la Nueva España. Madrid: Imprenta de “El Adelantado de Segovia,” 1923, 2 vols. bla: BUAP, 1992. Crónicas novohispanas Alcalá y Mendiola, Miguel de. Descripción en bosquejo de la imperial, Cesárea, Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Puebla de los Ángeles. 2ª ed. Puebla: Benemérita Universidad Au- tónoma de Puebla, 1997. Edición con estu- dio introductorio de Ramón Sánchez Flores. Veytia, Mariano Fernández de Echeverría y. Historia de la fundación de la ciudad de la Puebla de los Ángeles en la Nueva España, su descripción y presente estado. 2 vols. Edición de Efraín Castro Morales. Puebla: Ediciones Altiplano, 1962. Villasánchez, fray Juan, y Francisco Javier de la Peña. Puebla Sagrada y Profana: Informe dado a su muy ilustre Ayuntamiento el año de 1746. 2ª ed. facsimilar. Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 1997. Bermúdez de Castro, Diego Antonio. Theatro Angelopolitano, o Historia de la ciudad de la Puebla. 2ª ed. Puebla: Junta de Mejoramien- to Moral, Cívico y Material del Municipio de Puebla (JMMCMMP), 1985. Zerón Zapata, Miguel. La Puebla de los Ángeles en el siglo XVII. Edición de Mariano Cuevas. México: Editorial Patria, 1945.González Dávila, Gil. Teatro Eclesiástico de la primitiva Iglesia de la Nueva España en las Indias Occidentales. 2ª ed. 2 vols. Colección Chimalistac. Madrid: José Porrúa Turanzas, 1959. Bibliografía especializada Herrera y Tordesillas, Antonio de. Historia ge- Albi Romero, Guadalupe. “La sociedad en neral de los hechos de los castellanos en las islas y tierra firme del mar océano. 17 vols. buch für Geschichte von Staat, Wirtschaft und Puebla de los Ángeles en el siglo XVI.” En Jahr- Madrid: Tipografía de Archivos, 1934. Gesellschaft Lateinamerikas 7 (1970): 76–145. López de Villaseñor, Pedro. Cartilla vieja de la Carrasco, Pedro. “Matrimonios hispano-in- nobilísima ciudad de Puebla (1781). Puebla: dios en el primer siglo de la colonia.” En Familia y poder en la Nueva España: Memoria del TercerSecretaría de Cultura del Gobierno del Esta- 75
76 Simposio de Historia de las Mentalidades. Méxi- co: Instituto Nacional de Antropología e Histo- ria, Serie Historia, 1985. del IV Centenario de la Fundación de Puebla, 10 de junio–10 de julio de 1930, 2–3. —. “Verdadero fundador de Puebla.” Revista Castro Morales, Efraín. Noticia histórica de la de Oriente 3, no. 5 (agosto de 1933): 33–35. fundación de la Ciudad de Puebla de los Ánge- les. Puebla: Comisión Organizadora de los Fes- tejos del 450 Aniversario de la Fundación de Mejoramiento Moral, Cívico y Material del Mu- —. Las calles de Puebla. Puebla: Junta de Puebla, 1981. nicipio de Puebla, 1986. Chevalier, François. Significación social de la Palm, Erwin Walter. “La fachada de la Casa fundación de la Puebla de los Ángeles. Serie Do- cumentos No. 6. Puebla: Centro de Estudios les en el Nuevo Mundo.” En Alejandro Antuña- no, coord., La Casa de los Muñecos en la Ciu- dad de Puebla, 45–67. México: BANOBRAS, 1999. de los Muñecos en Puebla: Un trabajo de Hércu- Históricos de Puebla, 1957. Córdova Durana, Arturo. “Presencia en los cleros secular y regular.” En Semblanzas e his- toria de una familia en la Puebla de los Ánge- les, coordinado por Francisco Pérez-Salazar Verea, 95–118. México: Imprenta Juan Pablos, la pintura en Puebla y otras investigaciones Pérez de Salazar y Haro, Francisco. “La fun- dación de la ciudad de Puebla.” En Historia de 1998. sobre historia y arte. Siglo XIX. México: Edito- rial PERPAL, 1990. Grajales, Agustín, e Ilián Illades. La casa del Marqués, o Casa de las Diligencias. Biblioteca Poblana de Historia y Cultura, No. 2. Puebla: familiar en el cabildo poblano.” En Semblanzas Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, e historia de una familia en la Puebla de los Án- Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, geles. México: Imprenta Juan Pablos, 1998. 1999. Pérez Rivero Maurer, Guadalupe. “Un clan —. Honor, poder y familias en el cabildo de la Puebla de los Austrias (siglos XVI y XVII). Tesis doctoral, Instituto de Ciencias Sociales y Hu- Hirschberger, Julia. La fundación de Puebla de los Ángeles: Mito y realidad. Puebla: Honora- ble Ayuntamiento del Municipio de Puebla, manidades “Alfonso Vélez Pliego,” Benemérita 1981. Universidad Autónoma de Puebla, 2025. Leicht, Hugo. “El 16 de abril y la fundación de Puebla.” Puebla: Revista quincenal publicada por la Junta Organizadora de la Celebración del IV Centenario de la Fundación de Puebla. Estampa y Artes Gráficas, 2004. 10 de junio–10 de julio de 1930, 2-3. Pérez-Salazar Verea, Francisco, y Arturo Cór- dova Durana. Sino novohispano de un peninsu- lar: Puebla de los Ángeles. Puebla: Talleres de —. Coord. y coaut. Semblanzas e historia de —. “¿Por qué se dio a Puebla el nombre de los una familia en la Puebla de los Ángeles. México: Ángeles?” y “El traslado de Puebla de los Ánge- les.” En Puebla: Revista quincenal publicada por la Junta Organizadora de la Celebración Imprenta Juan Pablos, 1998. —, y Arturo Córdova Durana. Mercaderes en
el Nuevo Mundo. México: Talleres de Estampa y Artes Gráficas, 2010. Salazar Andreu, Juan Pablo. “El jurista y can- ciller Mercurino Gattinara, artífice intelectual de la fundación de la ciudad de Puebla de los Ángeles.” En Miguel Pino Abad, Manuel Torres Aguilar y Carmen Losa Contreras, coords., Po- der, sociedad y administración de justicia en la América Hispánica (siglos XVI–XIX), vol. 1. Ma- drid: Dykinson, 2021. Vera y Zuria, Pedro. Estatutos del Cabildo Metropolitano de la Santa Iglesia Basílica Cate- dral de la Puebla de los Ángeles, seguidos de algunos documentos y del Episcopologio Ange- lopolitano. Puebla: Imprenta La Enseñanza Objetiva, 1925. 77
IntroducciónSegunda Guerra Mundial, que había empeza- do a realizar algunos acercamientos hacia lo En este texto se analiza la manera como los que era la historia del México antiguo. Uno de indios asentados en los barrios de la Ciudad de los grandes temas que se debatían en ese gru- Puebla participaron en su fundación y desa- po de trabajo era que hasta ese momento solo rrollo, de tal manera que se volvieron actores se conocía una historia de la conquista centra- fundamentales para el devenir histórico de la da en personajes como Cristóbal Colón, Her- urbe. Fue así como los nativos fueron dejando nán Cortés o alguno de los capitanes conquis- una memoria dentro de la Çivitas que quedó tadores que vinieron a partir de 1492. Sin registrada en innumerables documentos, pero embargo, no había ningún interés en estudiar uno de los más importantes son las propias la gran cantidad de documentos en lenguas crónicas que estos grupos de nativos fueron dejando en su lengua, el náhuatl, y que se con- serva en diferentes repositorios. De esta ma- nativas, resguardados en diversos reposito- rios, relativos a los testimonios de aquellos que estuvieron presentes durante ese evento, nera este texto recoge de manera sucinta cuál no necesariamente de la caída de Tenochtit- es el motivo y el contexto de estas crónicas que lan, pero sobre todo en el proceso de estable- ayudan a entender cómo fue la historia de la cimiento del régimen novohispano. ciudad, durante los siglos XVI y XVII. Es por eso que este grupo de alemanes, que La historia de estos documentos inicia con era financiado por la Fundación para la Inves- el estudio de la historia Tolteca-Chichimeca tigación Científica en México, reclutó una serie (1960’s y 1970’s), cuando un grupo de investi- de investigadores nativos e indígenas hablan- gadores alemanes se estableció en lo que hoy tes de lenguas nativas, entre ellos el Mtro. Luis es la colonia Humboldt de la ciudad de Puebla, Reyes García, un intelectual nahua que se for- y desde ahí llevaron a cabo investigaciones so- mó con ellos y aportó a las investigaciones que bre la región Puebla-Tlaxcala desde diversas estaban haciendo en aquel momento. disciplinas. Paul Kirchhoff fue el líder y director 1 de este proyecto, un investigador de ciencias sociales muy cercano a los grupos de antropó- Gracias a estas investigaciones es que la tra- ducción de la Historia Tolteca-Chichimeca tomó logos y lingüistas alemanes de la época de la un nuevo paradigma, porque no se había tra- 1 Lidia E. Gómez García, “Introducción”, en Gómez García, Lidia, E., Los anales nahuas de la ciudad de Puebla de los Ángeles, siglos xvi y xviii. Escribiendo historia indígena como aliados del rey católico de España ( Puebla: H. Ayuntamiento de Puebla, UNESCO, Rutgers, 2019), 23-45. 79 GOBIERNO INDIO EN LA CIUDAD DE PUEBLA DE LOS ÁNGELES, SIGLOS XVI Y XVII Dra. Lidia E. Gómez García Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP
80 ducido. De manera que Paul Kirchhoff centró su vida académica en este proyecto a partir de una serie de traducciones, transcripciones y rescates de archivos. Tan importante fue este grupo, que de esta iniciativa surgió un proyec- to mucho más amplio relativo a traducción de documentos nativos, que el INAH y el Fondo Cultura Económica apoyaron. Hasta el día de hoy ha sido el proyecto más importante de di- fusión y edición de investigaciones de alto ni- vel en traducción de lenguas nativas, para con- tar la historia que fue registrada y dejada en estos documentos, por los testigos que estu- vieron presentes en la conformación de este nuevo régimen novohispano. Gracias a esa tradición es que este texto analiza un par de crónicas escritas por los indios que habitaron los barrios antiguos de la ciudad de Puebla. 2 1. El cabildo indio de la ciudad de Puebla La fundación de la ciudad de Puebla ha sido una de las narrativas más importantes del pe- riodo novohispano, sobre todo por la rituali- dad que seguía conmemorando, la fundación de la ciudad, cada día de San Miguel, en sep- tiembre. Fue en los albores de 1931, cuando en preparación de la conmemoración de los 400 años de la fundación se decidió trasladar esa fecha emblemática de septiembre al 16 de abril. Esta decisión fue fruto de nuevas investi- gaciones, debates y acuerdos de la élite inte- lectual y política angelopolitana en estos años previos a la Segunda Guerra Mundial, que die- ron como resultado la gran difusión de una na- rrativa de la fundación que persiste hasta la actualidad. Esta narrativa consideraba a la ciu- dad como un espacio urbano destinado al es- tablecimiento de españoles que venían en búsqueda de riquezas y de oportunidades. Si bien esta interpretación formaba parte de lo que fue aquel proyecto fundacional de 1531 ejecutado por el oidor Salmerón con el objeti- vo de crear una ciudad de república de espa- ñoles que acogiera a aquellos labradores, hombres de bien que venían en busca de un futuro, y que no tenían calidad de conquista- dores, por lo que tenían que encontrar alguna forma de sustento, la realidad es que la histo- riografía posterior perpetuó la idea de una ciu- dad solo para españoles, silenciado la abun- dante evidencia documental que registraba que se estaban estableciendo varios pueblos nativos. Al considerar la Puebla de los Ángeles como una ciudad de españoles, los historiado- res del siglo XX limitaron el gobierno de la ciu- dad al cabildo español y no atendieron a los oficiales de la república de indios, como suce- día en otros pueblos y ciudades como es el caso Tlaxcala, Cholula, Huejotzingo o la de Oa- xaca que también eran ciudades, pero cuyo gobierno recaía en un grupo indígena, que te- nía una conformación jurídica diferente, o la ciudad de México que tenía un cabildo español y dos repúblicas de naturales.3 Esta historiografía mantuvo durante todo el siglo XX que los indios asentados en la ciudad solo proveían de mano de obra a los españo- les. Pese a ser una población fluctuante, debi- do a que viajaban semanalmente a la ciudad como pago de tributo en servicio para prestar la mano de obra necesaria para la construc- ción de la ciudad, paulatinamente se fueron estableciendo de forma definitiva y hacia 1540 ya formaban parte de la estructura de la ciu- 2 Lidia E. Gómez García, “Introducción”, en Gómez García, Lidia, E., Los anales nahuas de la ciudad de Puebla de los Ángeles, siglos xvi y xviii. Escribiendo historia indígena como aliados del rey católico de España ( Puebla: H. Ayuntamiento de Puebla, UNESCO, Rutgers, 2019), 23-45. 3 Lidia E. Gómez García, “Capítulo II Alianza sacralizada: República de indios y fiscales de iglesia. Incorporación de los indios de la región Puebla-Tlaxcala a la geopolítica de la Monarquía Hispánica”, en Gómez García, Lidia, E., Los anales nahuas de la ciudad de Puebla de los Ángeles, siglos xvi y xviii. Escribiendo historia indígena como aliados del rey católico de España ( Puebla: H. Ayuntamiento de Puebla, UNESCO, Rutgers, 2019), 77-83.
dad, incluyendo las iglesias desde las cuales de los Ángeles este cabildo empezó a funcio- las órdenes religiosas les procuraban el auxilio nar ya formalmente de manera tardía, hacia espiritual. De esta manera dichas poblaciones 1600, pero desde 1540 tuvo repres autoridades nativas fueron generando experiencias de vida urbana en la república de españoles. Por ejem- plo, los indios apoyaban en las labores del campo para cultivar las tierras que se les fue- ron otorgando a los españoles en el valle de Atlixco, y también les fueron ayudando en la construcción de la ciudad, a fin de formar una civitas donde hubiera valores y prácticas polí- ticas de las ciudades del reino de Castilla. de cabildo en la figura de alcaldes. Había alcal- des en cada uno de los barrios indios, que eran tres: San Francisco Tlaxcaltecapan, Santiago Cholultecapan y San Pablo, el barrio de los tex- cocanos. Este es el inicio de la definición de ciudad que corresponde al reconocimiento de la auto- ridad india dentro de la urbe. Los españoles no tenían ningún problema en compartir estas ju- No obstante, desde 1540 tenemos evidencia risdicciones. Cabe resaltar que las Repúblicas de la presencia de oficiales de república que de Indios compartían jurisdicción al interior de gobernaban en las jurisdicciones de los barrios las ciudades donde también había República de Españoles, como fue el caso de la Ciudad de 4 México o la Ciudad de Puebla de los Ángeles. indios. El alcalde mayor (en un inicio era corre- gidor hasta la década de 1550) era el represen- tante del virrey y tenía una jurisdicción de su Tan es así que es importante definir cuáles provincia mayor que la que corresponde a la eran sus jurisdicciones y sus facultades como autoridades indias. Una de ellas era el cobro de tributo, que tenían que llevarlo a cabo tan-ciudad. Al establecerse fundaciones de pue- blos y villas en toda la región hacia 1550, den- tro de la traza ya se habían definido los barrios to los gobernadores, como algunos oficiales que estaban alrededor de la ciudad de Puebla de la república, dependiendo de cómo esta- desde la década de 1540, que acomodaron a ban divididas la república de los pueblos suje- los asentamientos de los indios naturales que tos, pueblos cabecera, etcétera. Por razones de espacio no es posible profundizar sobre este punto, solo mencionar que éste era el me- vinieron a dar servicio para la fundación de la ciudad. Así, la jurisdicción del cabildo de espa- ñoles quedó dentro de la traza y alrededor se canismo para establecer las jurisdicciones y estableció la república de indios.facultades. Se cobraba el tributo y se entrega- ba mediante un documento que se llamaba La diferencia entre el cabildo español y el “cuenta de comunidad”, que era un acta en cabildo indio de una ciudad o pueblo radicabadonde se asentaban los cargos (por cargos se principalmente en que los cargos de gobierno, entiende por cuánto dinero ingresó a la caja de en el caso de la república de los españoles, comunidad) y desde luego los descargos que eran comprados, mientras que en el caso de la son los gastos que el pueblo debía de hacer. república de indios, eran electos por la noble-Dorothy Tanck ha señalado que estos gastos za de la ciudad o el pueblo que se tratase. Esa obligatorios eran las fiestas de Semana Santa, diferencia es fundamental porque el sistema fiestas del santo patrón, Corpus Christi, Navi- de elección de autoridades existió desde el si- glo XVI en todos los pueblos y ciudades con ju- dad, y otras menores que eran responsabili- dad de todas las repúblicas, tanto de la de es- risdicción de república. En el caso de Puebla pañoles como la de indios.5 4 Ibidem, 160-177. 5 Ibidem, 98-103. 81
82 Las cuentas de comunidad son muy impor- tregar la recaudación. Una vez recaudado, el gobernador podía hacer el pago del tributotantes porque nos explican las jurisdicciones del cabildo indio, las facultades que tenían ante el alcalde mayor de la ciudad de Puebla y sus funcionarios y de qué tipo eran, porque siempre teniendo como testigo a un fraile. generalmente eran también jueces, sobre Cabe señalar que siempre la recaudación se todo los alcaldes. Esto era fundamental por- que cuando había algún disturbio, algún pro- llevó a cabo por el gobernador indio y sus fun- cionarios, nunca vino un español a cobrar el blema entre vecinos, ellos tenían que actuar. tributo.7 Se conformaban en tribunal de justicia de pri- mera instancia y, dependiendo del caso, se derivaba al alcalde mayor o algún tribunal su- perior. Es muy importante definir que la juris- dicción de gobierno y justicia de la república bién de manifiesto a partir de una serie regula- de naturales se limitaba a los barrios. Esto no ciones en la Nueva España y que le correspon- La manera en cómo esta administración, tanto de recaudación como de gastos a los que estaban obligados los indios, quedaba tam- quiere decir que ahí vivían solo indios ya que también en la traza urbana española habita- ban indios, negros, españoles, mulatos, etc. este caso, los indios de la ciudad de Puebla es- taban obligados a realizar pago de las festivi- día a todas las autoridades de República, tanto de españoles como de indios. Por ejemplo, en El apelativo de barrio indio se refiere a la ju- risdicción de república para su gobierno, el dades como la de navidad, la de semana san- cobro de alcabalas (solo en el caso de repú- blica de españoles) o de tributos y el aspecto y de la distribución de la justicia. 6 ta, que le correspondían. En el caso del cabildo de españoles (cuya jurisdicción era el que hoy corresponde al Centro Histórico) tenía ciertas normas respecto a lo que le correspondía a la ciudad y a catedral. A los cabildos indios les estaba compuesto por un gobernador, dos o correspondía el pago de la fiesta de semana tres alcaldes (dependiendo el barrio sujeto o santa y también el del santo patrón, evidente- cabecera) y los regidores, además de una serie mente Tlaxcaltecapan que era San Francisco, de oficiales menores (mayordomo, tlacuilo o también estaba Cholultecapan que era Santia- El cabildo indio o República de Naturales escribano, topiles). Uno de estos funcionarios go y estaba el tercero, que era el de San Pablo era el fiscal de iglesia, del que hablaremos más de la zona texcocana. De esta manera el gober- adelante. Una de las atribuciones que tenía el cabildo indio era particularmente la recauda- nador tenía que entregar, junto con el pago del tributo, un informe de cargo y data donde de- ción de tributo, esto se hacía de una manera tallaba los ingresos por diversos medios. Los muy ordenada y jerarquizada. El gobernador cabildos tenían una serie de propiedades, tan- delegaba esta recaudación de manera jerár- quica entre los diferentes funcionarios que de- to casas como terrenos, que se rentaban para la crianza de ganado y de ahí se sacaba un re- pendían de él, por ejemplo, los alcaldes y los curso económico o bien, eran trabajadas estas regidores, y también en algunos casos, la no- bleza y caciques principales representantes de sus tlaxilacalli (pequeños barrios). Cada uno de los principales nobles que estaba a cargo los diferentes barrios y tlaxilacallis, de tal ma- tierras para cultivar maíz o trigo. La siembra se hacía de manera colectiva por de una jurisdicción tenía la obligación de en- 6 Ibidem, 178-193. 7 Ibidem, 233-245. nera que el producto final pudiera ser vendido
y con eso pagar alguna de las fiestas para las ese momento de denominado de Tlaxcala. cuales tenía obligaciones. En estas cuentas de Originalmente fue establecido por la bula Sa- comunidad se pueden ver claramente cuáles cri Aposolatus Ministerio de León X, en 1519 eran estos gastos y eso también significa una como Diócesis Carolense, y pasaría a diócesis jerarquización entre los barrios cabecera, de Tlaxcala por la bula Devotionis tuae proba- como eran Tlaxcaltecapan y Cholultecapan, y ta sinceritas de Clemente VII, en 1525. Fue su- una serie de barrios que estaban sujetos, por fragánea de la Arquidiócesis de Sevilla. En ejemplo, Analco, Xonaca y Santa Anita, que 1543 su sede se trasladó por cédula real de también era de tlaxcaltecas, pero estaba en Tlaxcala a la Puebla de los Ángeles bajo la cura espiritual de fray Julián Garcés, a quien se encargó instaurar este primer obispado en Nueva España. El obispo era cabeza de la ció- blicas, la de españoles, que estaba en lo que hoy cesis y también un funcionario real, nombra- es el centro histórico, con sede en las Casas Rea- una jurisdicción distinta.8 En suma, la ciudad de Puebla tenía dos repú- do por el propio rey de España ejerciendo una les (donde hoy es el ayuntamiento). Alrededor de las atribuciones que le fue concedida a la estaba la república de indios, con su gobernador y sus diferentes funcionarios. Si bien esto signifi- ca que la jurisdicción de la ciudad de Puebla es- taba dividida en dos, no implica que en los ba- rrios de indios vivieran solo indios, ni que en la zona de españoles, lo que hoy es el centro, vivie- ran solo españoles. En realidad, vivían negros, mestizos e indios en toda la ciudad. La separa- ción en repúblicas se refería a la jurisdicción y sus facultades sobre la que recaía el gobierno. A la república de naturales solo correspondía el caso de los barrios de indios, los barrios antiguos de Puebla como se les llama ahora, incluyendo An- corona española por el papa, para que los obispos de las tierras americanas fueran nombrados por el rey de España. El obispo de Tlaxcala era designado directamente por el rey, es decir, era un funcionario real que tenía más jerarquía que el alcalde mayor.10 A partir de la instauración de la diócesis y su jurisdicción se inició el proceso de estable- cer jurisdicciones parroquiales (a cargo del clero secular) que, al estar bajo el cuidado de los frailes para la evangelización de los indios, se denominaban doctrinas. La sede episcopal alco, que era un barrio sujeto al barrio cabecera del obispado de Tlaxcala, en ese momento, de San Francisco Tlaxcaltecapan. Sin embargo, con la sede la catedral se estableció en el cen-9 había otra jurisdicción que era igual de relevante y era la que marcaba la organización eclesiástica. 2. La jurisdicción eclesiástica de los fiscales y mayordomos de iglesia tro de la Puebla de los Ángeles, junto a la pla- za mayor y frente a las casas reales, hoy ayun- tamiento. La catedral también contaba con su propio cabildo catedralicio y era sede del poder de la iglesia. Dentro de la traza urbana se establecieron las parroquias del Sagrario y San José.Desde la década de 1540, Puebla de los Án- geles fue la sede del obispado de Puebla, en 8 Lidia E. Gómez García, “Capítulo II Alianza sacralizada: República de indios y fiscales de iglesia. Incorporación de los indios de la región Puebla-Tlaxcala a la geopolítica de la Monarquía Hispánica”, en Gómez García, Lidia, E., Los anales nahuas de la ciudad de Puebla de los Ángeles, siglos xvi y xviii. Escribiendo historia indígena como aliados del rey católico de España (Puebla: H. Ayuntamiento de Puebla, UNESCO, Rutgers, 2019), 144-178. 9 Lidia E. Gómez García, “Capítulo IV. Rituales de vasallaje en la Puebla de los Ángeles”, en Gómez García, Lidia, E., Los anales nahuas de la ciudad de Puebla de los Ángeles, siglos xvi y xviii. Escribiendo historia indígena como aliados del rey católico de España (Puebla: H. Ayuntamiento de Puebla, UNESCO, Rutgers, 2019), 249-250. 10 Ibidem, 250-275. 83
84 A fin de proveer el cuidado espiritual a los in- región y que por cierto, una parte de los tlax- caltecas que estaban asentados en el barrio dedios que venían a la Puebla de los Ángeles para ayudar en su fundación y posterior desarrollo, Santa Anita recibían atención de los dominicos y no de los franciscanos, como sucedía con el resto de los tlaxcaltecas. se encargó la tarea de evangelización a las órde- nes religiosas atender a los indios que venían de manera semanal, generalmente a prestar su servicio para la fundación de la ciudad, para ayudar para el cultivo de semillas y de árboles rroquias o doctrinas, en los pueblos y en las iglesias de barrio, estuvo sustentada en los grupos de fieles laicos que se organizaron a partir de una institución muy importante, que La organización eclesiástica, ya fuera en pa- frutales, etcétera. Cada barrio construyó su pro- pia iglesia y se fue definiendo el paisaje ecle- siástico de la ciudad, en el barrio de Cholulteca- pan, que se encuentran los cholultecas y se es la de los fiscales y mayordomos. Los mayor- llama el barrio del Señor Santiago, que tenían domos eran los que se encargaban de la orga- bajo su cura de almas los agustinos. El barrio de nización parroquial, de las diferentes devocio- San Francisco Tlaxcaltecapan, que era donde se quedaban asentados los tlaxcaltecas, pero tam- bién de otros grupos, igual que en otras partes de la ciudad había de diferentes grupos, pero cluyendo el altar mayor, donde se encontraba nes que se hacían y de las procesiones, fiestas que cada iglesia tenía y que estaban represen- tadas en cada uno de los diferentes altares, in- era el grupo que tenía el poder, es decir, las fa- cultades para gobernar eran los tlaxcaltecas y mos estaban encargados de la recolección de ahí quien estaba a cargo de la cura de almas aportaciones y del gasto para el ornato del cul- la devoción patronal. Los fiscales y mayordo- eran los franciscanos. El barrio de San Pablo, donde estaba los texcocanos, tlatelolcas, pero también gente de los grupos de Calpan, Huejot- zingo y de muchos otros pueblos alrededor de de luego con esta terna monárquica de la rei- la ciudad de Puebla y que estaban bajo la cura na, el altar de los reyes ornamentado con arte religioso propio del simbolismo de la realeza. Así como sucedía en la catedral, en las diferen- tes iglesias de las parroquias dentro de la re- pública de españoles se repetía el mismo es- quema, siempre con los altares principales dedicados al santo patrón y luego en los costa- dos de los altares las diferentes devociones, cada una de ellas atendidas en el caso de las to divino. Así sucedía desde la propia catedral, que en el caso de la ciudad de Puebla era la de la Reina de los Ángeles, es decir la virgen y des- de alma de los dominicos.11 Por otro lado, es en este entorno que los in- dios tenían que venir a la traza urbana de repú- blica de españoles que estaba donde se en- contraban los conventos y atender, recibir instrucciones y el convento estaba dentro de la ciudad, excepto el de San Francisco, que es- taba al otro lado del río, que es el barrio indio y parroquias por los mayordomos.12 se les daba su atención espiritual. En el caso de los dominicos que estaban asentados a dos calles de la plaza mayor de la ciudad de Pue- bla, en ese caso construyeron un convento los donde había devociones de indios, las mayor- dominicos fuera de las fronteras de la ciudad, domías compartían esos gastos con los indios, tanto la recolección de dinero y de insumos En el caso de las iglesias de los monasterios sucedía algo similar y algunos de los altares a fin de dar en ese espacio la asistencia espiri- tual a los indios que estaban asentados en su para las fiestas, como el gasto y cada una de 11 Ibidem, 250-275. 12 Ibidem, 275-286.
las iglesias de los barrios que estaban alrede- dor. Todos los pueblos de la región tenían este mismo sistema de tener sus mayordomos para cada una de sus devociones. Sin embargo, ha- bía una gran diferencia entre la iglesia en las repúblicas de españoles con las repúblicas de indios. En el caso particular de la devoción del santo patrono, la autoridad de esa iglesia re- caía en el fiscal o alguacil de iglesia, este cargo era elegido cada año con el cabildo de la repú- blica y tenía por lo tanto que ser autorizado por el virrey. Eso sucedió así desde el siglo XVI cuando se establecieron las jurisdicciones tan- to eclesiásticas como civiles. Fue desde este momento que la figura de los fiscales tuvo pre- ponderancia dentro de los pueblos.13 Los fiscales tenían capacidad recaudatoria, tenían que ser nobles, debían saber leer y es- cribir, ya que su función principal era cuidar la enseñanza de la doctrina, pero también ayu- dar en el ornato y el culto divino. Por lo tanto, los fiscales estaban encargados de la compra de breviarios, libros de música, ornamentos para el culto divino, organizar las fiestas, pago a los músicos y cantores, y de todo el ciclo fes- tivo del año. Por lo tanto, eran una autoridad importante que estaba dotada de facultad re- caudatoria para hacerse cargo de los diferen- tes gastos de la iglesia. Así, paulatinamente durante el siglo XVI y XVII, fueron las autorida- des que independientemente de quienes ha- bían sido elegidos como república de indios o como gobierno civil, tuvieron una enorme re- levancia para los pueblos y para el éxito del proceso de evangelización. Dentro del obispado no solamente estaban los franciscanos, agustinos y dominicos, sino pero también otras órdenes religiosas, como es el caso de los jesuitas, mercedarios, carmelitas, entre otros, que colaboraban en este complejo 13 Ibidem, 275-286. 14 Ibidem, 275-286. sistema de jurisdicciones eclesiásticas y logra- ron hacer del obispado uno de los más exitosos y prósperos de la América española. La convi- vencia y articulación de tal complejidad de ju- risdicciones, intereses y objetivos fue creando problemas diversos. La corona no ignoraba esta circunstancia, por lo que, en 1640 nombró al obispo Juan de Palafox y Mendoza para intentar corregir abusos y establecer el orden normativo establecido por el concilio de Trento desde el siglo XVI. Su encomienda y proyecto reforma- dor se conoce como secularización de las parro- quias, es decir, retirar la cura de almas a los frai- les y encargarla a los curas seculares. Hubo excepciones, como fue el caso de los dominicos que por cuestión de espacio no puedo explicar aquí más ampliamente. Cuando Juan de Pala- fox y Mendoza le retira la cura de almas a los frailes y darles esa encomienda al clero secular, pasó junto con esta jurisdicción eclesiástica toda la tradición devocional y orgnización de fiscales y mayordomos, que se mantuvo bajo los nuevos paradigmas del clero secular ya como parroquias de indios.14 Tan es así que las autoridades eclesiásticas como las autoridades civiles del barrio de San Francisco Tlaxcaltecapan, fueron impactadas al momento de la secularización de las parro- quias, porque principalmente esta tradición de elección, tanto de república de indios, es decir, gobernadores, alcaldes, como de fisca- les y mayordomos en el caso de la iglesia, fue- ron trastocadas porque el fiscal de iglesia tenía como jurisdicción lo que correspondía a la cura de almas de los franciscanos y lo mismo sucedió con los fiscales de Cholultecapan, que estaban en las jurisdicción de los agustinos o los de la iglesia de Santa Anita, San Miguel, San Sebastián estaban abajo la cura de almas ya sea del clero secular o de los dominicos. El gran problema para estas autoridades es que 85
86 quedaron bajo parroquias que apenas se esta- ban conformando para atenderlos espiritual- mente, por lo que no había una iglesia o capi- lla a la cual poder ejercer las facultades que tenían estas autoridades eclesiásticas. Puebla. Este par de testimonios son los regis- tros que presento ante ustedes. 16 17 3. Los Anales indígenas de la Puebla de los Ángeles Esta organización jurisdiccional se vio modi- Vemos en ambos anales una tradición muy peculiar de los tlaxcaltecas, el que se refiere al uso de los registros anuales en su propia len- ficada por la secularización de las parroquias llevado a cabo por don Juan de Palafox y Men- doza. Hubo una transformación en cuanto a las gua y a través de los cuales se presentaban autoridades indias que estaban al frente de las ante los demás barrios indios, sin llegar a pro- iglesias, como el caso de los fiscales y alcaldes cesos judiciales, para poder explicar lo que de iglesia o los mayordomos de cofradías. Aque- llos que correspondían al Tlaxcaltecapan y que lias o de un grupo o sector importante de su estaban dentro del convento de San Francisco nobleza. Presentarse ante los demás con méri- tuvieron que mudarse a una nueva jurisdicción tos suficientes era necesario en momentos de consideraban los mayores méritos de las fami- eclesiástica en el barrio de San Antonio y su ca- pilla se estableció en lo que actualmente es San tablecida por el obispo Palafox y Mendoza para José. Esto mientras se construía su parroquia seguir teniendo un lugar en la toma de decisio- nes y en la maquinaria de poder de sus pue- conflicto o cambio, como lo fue la reforma es- de indios, que iba a quedar en lo que actual- mente es San Juan del Río, que es una iglesia blos. Por ello los Anales de San Juan del Río tu- bastante importante. En lo que se construía la vieron tal relevancia que se copiaron al menos nueva iglesia, de acuerdo a las nuevas disposi- ciones de don Juan de Palafox y Mendoza, que- darían dentro de la traza urbana en una capilla en la iglesia parroquial de San José.15 cinco veces. Su original se encuentra resguar- dada en el archivo de la catedral del obispado de Puebla, en este se narran los sucesos ocu- rridos en el siglo XVII y claramente se deja mar- cado lo que sucedió a partir de la intervención Estos funcionarios eclesiásticos eran nobles de Juan de Palafox y Mendoza, sobre todo en y por lo tanto hubo una serie de negociaciones la gestión del obispo Manuel Fernández de internas entre los barrios y el obispo Palafox que quedaron registradas en un par de extraor- dinarias fuentes, los Anales de San Juan del Río y el Documento 377 de la Biblioteca Nacional de to debido a que durante esta mitad del siglo XVII es cuando los eventos son narrados con Santa Cruz.18 Sabemos que esta es la cronología del rela- Francia, cada uno de ellas, narra las vicisitudes de lo que vivieron cada uno de estos colegiados mayor detalle, tienen más datos y tienen una narrativa más frecuente y más elaborada enindígenas, que era la nobleza del barrio de Tlax- caltecapan, que siempre fue muy poderoso en cuanto a la defensa de sus propias noblezas. 15 Lidia E. Gómez García, “Capítulo III. Los anales poblanos”, en Gómez García, Lidia, E., Los anales nahuas de la ciudad de Puebla de los Ángeles, siglos xvi y xviii. Escribiendo historia indígena como aliados del rey católico de España (Puebla: H. Ayuntamiento de Puebla, UNESCO, Rutgers, 2019), 218-225. 16 Lidia E. Gómez García, “Capítulo III. Los anales poblanos”, en Gómez García, Lidia, E., Los anales nahuas de la ciudad de Puebla de los Ángeles, siglos xvi y xviii. Escribiendo historia indígena como aliados del rey católico de España (Puebla: H. Ayuntamiento de Puebla, UNESCO, Rutgers, 2019), 233-245. 17 Ibidem, 160-193. 18 Ibidem, 233-245.
Esto evidencia que es un argumento político claramente definido. Terminan dichas narrati- vas hacía finales del siglo XVII (1690 aproxima- damente) y aunque en algunos casos fueron añadidos algunos registros más, en realidad fueron escuetos y no secuenciales. Tales docu- mentos los escribieron miembros de la repú- blica de naturales pero específicamente los del barrio de San Francisco Tlaxcaltecapan, de ahí que lo podemos notar porque hay otros eventos que sucedieron en la segunda mitad del siglo XVII y que son silenciados en los ana- les porque son relatos que tuvieron que ver con el barrio de Cholultecapan o bien del ba- rrio de San Pablo y por estas razones no fueron incluidos en la narrativa. Si bien se incluyen algunos eventos en esos barrios, solo sucede cuando incluyen algunas acciones, activida- des o intereses de la nobleza de Tlaxcala. El Documento 377 de la Biblioteca Nacional de Francia igualmente inicia su registro en la segunda mitad del siglo XVII, después de la se- cularización de las parroquia. Dicho documen- to narra el momento cuando Juan de Palafox y Mendoza llega y hace las transformaciones para la secularización, a su vez detalla cómo sucedió y cómo tuvieron que salir de sus igle- sias. Desde luego que se refiere exclusivamen- te al barrio de Tlaxcaltecapan, no toma en cuenta a los demás barrios y es así como se va elaborando la narrativa de que pasó y cómo tuvieron que ir al barrio de San José; la rele- vancia que van a tener estando en el barrio de San José; así como se termina después la pa- rroquia de San Juan del Río y tienen que regre- sar al otro lado del río, es decir, del lado de su barrio. Sin embargo, también narran que para este momento han generado suficientes redes y algo insólito es que conservan su capilla de indios en San José, dentro de la traza urbana, cuando ya tienen que regresar a su nueva pa- rroquia al otro lado del río. Esto va a modificar Bibliografía Gómez García, Lidia E. Los anales nahuas de la ciudad de Puebla de los Ángeles, siglos XVI y XVIII: Escribiendo historia indígena como alia- dos del rey católico de España. Puebla: H. Ayun- tamiento de Puebla, UNESCO y Rutgers Univer- sity, 2019. la conformación habitacional de lo que era una traza de la jurisdicción de españoles que se va a manifestar en los padrones del siglo XVIII, donde vemos en esa región, lo que cono- cemos como el barrio de San Antonio, en los alrededores de la iglesia de San José, con pre- sencia importante de naturales indios tlaxcal- tecas ya establecidos en sus diferentes oficios, con los cuales sostenían el culto y el ornato del culto divino, de su capilla y sus devociones. Fi- nalmente, estos anales revelan que son un im- portante testimonio que nos han dejado para la historia de la ciudad de Puebla. 87
I. Introducción Por ahora para lograr una comprensión más amplia del significado de estos movimientos en El propósito de este trabajo es considerar la dinámica social colonial española, considera- las circunstancias, las formas y resonancias en remos la actuación solo de algunos personajes la vida administrativa colonial hispanoameri-que se desempeñaron como funcionarios leales cana del último cuarto del siglo XVIII, desde los a la institución y al rey Carlos III, cumpliendo ordenamientos de la metrópoli europea, tras- con las tareas encomendadas para la buena vasándose a un espacio muy demarcado, la ejecución de las medidas impuestas por la ad- Intendencia de Puebla. Se trata de unos mo- mentos personales y hasta familiares de cier- tos personajes relevantes en la región pobla- ministración colonial en territorio poblano, de- nominado como Intendencia de Puebla, conse- cuente con la creación del sistema de na, con influencias más allá de sus límites Intendencias de 1786. Este sistema de inten- geográficos, que formaron parte de una ges- dencias fue una reorganización geopolítica muy tión imperial de amplios alcances dentro de importante dentro de la política de estado, cu- un proceso histórico de amplia duración. Nos yas disposiciones y reformas abarcaron los am- ocuparemos de conocer las tareas desempe- ñadas por el Intendente Manuel de Flon, pos- plios territorios de la dominación española; con el propósito de lograr un gobierno y una admi- teriormente conde de la Cadena por heredad, nistración más eficiente, modernizadora y con y de otras personalidades en torno suyo, con- siderándolos funcionarios reales en el cumpli- mayores beneficios para la monarquía españo- la borbónica. Lo que aquí veremos nos adentra miento de tareas asignadas para el logro de un en algunas de esas dinámicas vivenciadas en gobierno monárquico más eficiente. territorios americanos bien entrado el siglo XVI- II, con la participación de personajes que contri-Por límites de espacio editorial será una breve buyeron de manera importante en la gestión de aproximación, dejando para una próxima segun-esos proyectos sociales de grandes miras. Cir- da parte, establecer una mayor profundidad de cunstancias y personajes quedaron situados en los vínculos, los pormenores y los resultados de momentos estratégicos de ese proceso, que nos las interacciones entre autoridades y particula- permiten observar la ruta del declive y del as- res, en relación con las dinámicas geopolíticas en censo de viejos y nuevos imperios. el declive del imperio español, teniendo como escenario la región poblana en el altiplano mexi- cano y las familias aquí mencionadas. Extiendo mi agradecimiento a los organiza- dores del diplomado Historia de la ciudad de 89 LA ADMINISTRACIÓN COLONIAL ESPAÑOLA, LA INTENDENCIA DE PUEBLA Y LOS VÍNCULOS ENTRE FAMILIAS DE ÉLITE A FINALES DEL SIGLO XVIII Nydia E. Cruz Barrera ICSYH/BUAP
90 Puebla, que fue el origen del presente texto diversas áreas. Así, los funcionarios reales como Manuel de Flon en Puebla y José Antonio Riaño en Guanajuato, como otros intendentes virrei-auspiciado por la BUAP, desde la Dirección Ge- neral de Educación Continua y el Instituto Mu- nicipal de Arte y Cultura; Dr. Carlos Contreras y nales, resultaron nombrados directamente por el monarca, asumieron amplias facultades y competencias em diversos rubros: Hacienda, Mtro. René Tabarez, quienes organizaron tam- bién la tarea editorial, expandiendo la posibili- dad de compartir estas charlas de manera más justicia, guerra y el uso de la representación de formal. II. Estructura de la administración colo- nial española; las reformas de la dinastía borbónica la autoridad real en los territorios novohispa- nos e hispanoamericanos. Estos nombramientos y la recolocación de funcionarios produjeron en los extensos terri- torios de Hispanoamérica, diversos vínculos Casi al despuntar el siglo XVIII la monarquía que se fomentaron y sostuvieron más allá del española con la nueva dinastía borbónica y formalismo institucional, como parte impor- sus anhelos de orden y reestructuración del sistema institucional y administrativo, des- pués de la guerra de sucesión (1701-1714), im- tante de una red de solidaridades y apoyos en- tre los funcionarios recién nombrados directa- mente por el rey. Recordemos que se trataba pulsó una serie de medidas y disposiciones, de personas nacidas en España, cuya misión tendientes a lograr una administración que era la de establecer cambios programados modernizara las antiguas formas del sistema desde las políticas imperiales y que implica- colonial de la dinastía anterior, comúnmente ban el encuentro con resistencias, desde los llamados los Austrias. Los principios políticos, grupos oligarcas o élites locales que resulta- filosóficos y de gobierno de la nueva dinastía, rían afectados con el cumplimiento de las ins- se correspondieron con lo que se ha denomi- nado el absolutismo ilustrado. trucciones reales. En el ámbito económico fue emitido el Re- glamento de Libre Comercio de 1778, una me-Este renovado proceso social buscaba forta- lecer el control político y fiscal en los territorios dida que abría diversos puertos de América y ultramarinos de la corona española, y reactivar con ello reducía el campo de acción del viejo la economía imperial que se encontraba mer- mada en relación con las otras potencias euro- sistema comercial de flotas y galeones, que, a su vez, había propiciado actividades perjudi- peas. Su propósito fundamental era lograr una ciales cómo el contrabando. Otras medidas estructura administrativa más centralizada y consideradas de importancia organizativa fue- 1 con mayor eficiencia en sus funciones. Dentro ron de índole militar, defensiva y de vigilancia. de la reorganización territorial fue considerada Se reorganizó el ejército y la marina, hubo nue- y aplicada la creación de nuevos virreinatos vos arsenales y se fortaleció la defensa de al- para administrar mejor algunas regiones muy gunas costas americanas. extensas y distantes de los centros de gestión real. De esa manera se consideró la creación del La administración colonial que abordare- sistema de intendencias, que fue sustituyendo mos de manera breve se aplicó en Hispa- a los antiguos corregimientos y alcaldías mayo- noamérica en el siglo XVIII, durante el reinado res, para recuperar eficientemente el control de de Carlos III, (1759-1788). Los monarcas que lo 1 John, Lynch. Las revoluciones Hispanoamericanas, 1808-1826, Edit. Ariel, Barcelona, 1976.
antecedieron; Felipe V y Fernando VI, iniciado- La autorización para crear las intendencias res de la dinastía Borbón, impulsaron medidas como forma de recuperación y mejor control de los territorios geográficos bajo dominio realdiseñadas para lograr cambios para la reorga- nización del reino en sus amplios dominios. hispánico produjo la división de Provincias In- Con las disposiciones de Felipe V, iniciando el ternas entre 1776 y la denominación de Inten- dencias transcurrió de 1786 a 1821. Estas dis- posiciones tenían como propósito fundamental 2 4 siglo XVIII, se fue abriendo paso a las secreta- rias de estado y del despacho de gobierno, dis- minuyendo con esto, la importancia y el peso la recuperación del control sobre aspectos que a lo largo de años anteriores habían debilitado la autoridad real en diversos aspectos. que tenían los diferentes consejos, permane- ciendo solo los de Indias y de la Casa de Con- tratación de Sevilla. Como resultado, se mani-3 festó más el declive del poderío de los consejos y la preeminencia de funcionarios nombrados vez menos por peninsulares, y más por naci- Al ejercerse puestos administrativos cada directamente por el rey como ministros de es- tado, el modo absolutista de gobernar se fue contramedida; los nuevos funcionarios espa- imponiendo, en detrimento de un formato de ñoles traían nombramientos directamente au- gobierno polisinodal, aquel modelo basado en torizados por el rey. Uno de los personajes que dos en territorio americano, se impuso una una pluralidad de consejos asesores del mo- narca, más acordes a la dinastía previa de los tantes en el escenario novohispano y poblano que nos ocupa, fue el ministro José de Gálvez y Gallardo, quien estuvo comisionado con am- figuran en este texto con tareas y nexos impor- Austrias. La estructura de la administración española plios poderes para llevar a cabo la supervisión hasta antes de las reformas de la dinastía borbó- nica, en el periodo anterior, mantenía en el pri- mer puesto la figura del rey, seguida por el Con- sejo de Indias y la Casa de contratación de Sevilla ambas en igualdad de jerarquía. En un tercer puesto descendente, encontramos la figura del el nuevo sistema de Intendencias en la Nueva virrey, de cuya autoridad dependían las figuras España y en esas disposiciones encontramos una línea muy clara de política real para una administración colonial española con medidas del cumplimiento de estas medidas de control para la mejor administración colonial en toda Hispanoamérica. El 4 de diciembre de 1786 quedó impuesto de las Audiencias y de la Iglesia católica, a conti- nuación, y en esa pirámide de poder, encontra- mos en el siguiente escalón, a los gobernadores y planificadas, a cargo de funcionarios reales a los cabildos o Ayuntamientos de las distintas que llegaban nombrados directamente desde ciudades del reino dentro de sus virreinatos. En el centro de la metrópoli europea, facultados esta ubicación encontraremos a los intendentes para imponer y controlar a los funcionarios que usualmente formaban parte de las elites regionales, nacidos en territorio americano. Los intendentes debieron afrontar respuestas virreinales novohispanos y en este caso al Inten- dente del territorio poblano, Manuel de Flon. 91 2Para unaprofundizaciónyparticularizacióntemática,ver,JorgeGelman EnriqueLlopisyCarlos Marichal,Coords.Iberoaméricay España antes de las independencias, 1700-1820. Crecimiento, reformas y crisis. México,2014, Inst. de Investigaciones. Dr. José María Luis Mora; Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología: El Colegio de México, 3 Ver Concepción Castro Monsalve, “Las primeras reformas institucionales de Felipe V, el marqués de Canales (1703-1704) “en Revista Cuadernos Dieciochistas, 2000, pp.155-183. 4 Maximiliano Abner Alarcón Martínez. 2021. “Crisis del gobierno de la justicia. monarquía y reformas administrativas en la Nueva España durante el ocaso del siglo XVIII”. Revista Fuentes Humanísticas 33 (62), 91-104. Vol. 33 Núm. 62 (2021): Literatura, historia y estudios culturales
92 de resistencia y hasta rechazo, que solo por do de las mismas, en el vasto territorio hispa- medio de las amplias facultades recibidas para noamericano.6 su ejercicio profesional, pudieron ir imponien- do su autoridad. Si bien llegaron como altos5 funcionarios reales y debieron haber pasado por los reconocimientos correspondientes dis- puestos en protocolos formales; el hecho de llegaron a Hispanoamérica con nombramien- traer nuevas formas de ejercer la autoridad tos reales, con el consecuente desplazamiento de autoridad de los funcionarios asentados en Una vez que se introdujeron los cambios en la estructura del gobierno español, las nuevas intendencias y las figuras de los intendentes real, afectando intereses ya formados o en cur- so, les acarreó resistencias para la aceptación y operativización de sus encargos. III. Las Intendencias y sus funcionarios reales las provincias tornadas intendencias.7 Cau- sando un conjunto de complejas reacciones de parte de autoridades y funcionarios de vieja data en gestiones administrativas, ante el ad- venimiento de personajes que desconocían las Para lograr el mejor cumplimiento de las maneras de gestionar las políticas coloniales reales órdenes de transformación y cambio, se en esos lugares y eran portadores de amplias realizó el nombramiento de José de Gálvez y facultades de gobierno. Gallardo (1720- 1787) que repercutió en la nue- va intendencia de Puebla por circunstancias Otra figura importante fue la de Bernardo de relaciones familiares que detallaremos en de Gálvez y Madrid, (1742-1786) sobrino del primero, ambos cultivaron amplios vínculos favorables para sus carreras de funcionarios breve. Primero fue Visitador General de la Nue- va España y posteriormente, Secretario de Es- tado de Indias; arribó a tierras americanas reales. La buena relación de los Gálvez con el muy al norte de las posesiones españolas y se monarca español contribuyó en los respecti- destacó por organizar campañas militares con- vos nombramientos de Manuel de Flon y de tra apaches y series. Inclusive algunos de sus José Antonio Riaño como Intendentes en terri- contemporáneos consideraron que ejerció con torio novohispano. Se trataba de viejos com- demasiado rigor en sus acometidas. pañeros en combates anteriores durante las acciones bélicas que sostuvo España contra La misión central de las reformas fue la de sus rivales y todos ellos encontraron un espa- administrar mejor los recursos en sentido am- cio propicio para la expansión de su desarrollo plio, y en sentido inmaterial, la procuración profesional en América. Antes de pasar al alti- del manejo del orden público y del orden pri-plano novohispano desempeñaron diferentes vado. Las ordenanzas recibidas dan cuenta de puestos militares, cumpliendo a cabalidad sus estas directrices, y las formas de entender y encargos en vastos territorios fronterizos al comprender el sentido de las reformas. Inclu- sive llegaron a plantear asuntos contradicto- rios entre sí; quedando de manifiesto en las distintas versiones que se fueron desarrollan- norte de la Nueva España, sirviendo bien a los intereses de la corona. En esos cuerpos militares de vigilancia del 5 Lucrecia Enríquez, Laura Machuca, “El régimen de intendencias: reformas y resistencias a su implantación”. Historia 396, Vol. 14, Núm. 1 (2024) Dossier, enero-junio, pp. 1-4 6 Para conocer más a fondo estas gestiones ver: Castejón, P. (2017). “Reformar el imperio: el proceso de la toma de decisiones en la creación de las intendencias americanas (1765-1787)”. Revista De Indias, 77(271), 791–821. https://doi.org/10.3989/revindias.2017.023 7 Lucrecia Enríquez, Laura, Machuca “El régimen de intendencias: reformas y resistencias a su implantación. Idem
orden fronterizo se destacaron nuestros per- bre de 1785 ; su nombramiento como Inten- sonajes y años más tarde fortalecidos con esas dente Propietario lo recibió el 21 de febrero de experiencias como es el caso más notable de 1787, ejerciéndolo hasta el día de su muerte, Flon, siguieron al mando de los dragones de su en enero de 1811, sirviendo en el ejército rea- región, militares reales destacados en su In- lista en la batalla de Puente de Calderón, fina- tendencia. Eran los encargados de mantener lizada con victoria para las fuerzas imperiales vigilados los caminos y a los presidiarios, que sobre las insurgentes. Ejerció como Intenden- se destinaban a trabajos forzados para el man-te de ejército y provincia durante 26 años. El tenimiento de esas vías de comunicación. Los intendente Flon permaneció casi tres décadas presidios se establecieron en asentamientos encabezando el programa administrativo pro- cercanos a centros mineros y portuarios fue- yectado en las reformas mencionadas y que- ron de gran valor. Los llamados caminos de daron registrados variados asuntos que tuvo plata. Los cuerpos militares de los dragones, que dirimir en largos expedientes. que los hubo denominados de cuera y de la reina, tuvieron gran importancia en la defensa organizada, para la conservación de territorios conquistados y para la expansión de conquista de la Intendencia y la recaudación de impues- Las funciones que debían cumplir los inten- dentes: Mejorar la fiscalización de los recursos al norte de la Nueva España. tos; supervisar la economía local; promover el desarrollo económico en sus diferentes áreas; En la Intendencia de Puebla fue designado Ejercer y mantener la autoridad judicial en Manuel de Flon, personaje que desde su llega- da a la ciudad capital, acompañado de su fa- asuntos civiles y penales; vigilar y mantener el orden y la seguridad en sus territorios, capita- milia: esposa, hijos y sirvientes, ejerció sus neando a sus cuerpos de dragones reales; fo- funciones como interino desde el 19 de octu- mentar el trabajo, comercio, industria, gana- dería, agricultura, comunicaciones y transportes, apoyados por diferentes funcio- narios bajo su responsabilidad. Incluían la mi- sión de asumir el cargo de Corregidor en la provincia ante ausencia o necesidad. IV. Las familias de los intendentes de Puebla y Guanajuato y sus vínculos con personajes notables En la ciudad de Puebla de los Ángeles y en la de Guanajuato se radicaron los dos intenden- tes recién nombrados en sus cargos. Se trata- ba de viejos conocidos provenientes del conti- nente europeo, ellos habían sido camaradas al 93 Portada de la Real Ordenanza para el establecimiento e instruc- ción de Intendentes de exército y provincia en el reino de la Nueva España. Madrid, 1786.
94 En estas dinámicas pueden verse las inte- racciones entre personajes distinguidos, en- cargados de políticas reales que pretendían recuperar, afianzar y afinar el control sobre la población novohispana, el gobierno adminis- trativo de los bienes que tutelaba la corona es- pañola y las actuaciones de los funcionarios reales, los nuevos intendentes. Como se ha mencionado, estos intendentes desarrollaron con anterioridad actuaciones militares defen- sivas al norte de la Nueva España muy desta- cadas, mismas que avalaron sus nombramien- tos en el Altiplano mexicano, además de la determinante circunstancia de sus nexos de amistad con el virrey Bernardo de Gálvez, ca- sado con otra de las hermanas Saint Maxent, y sobrino de José de Gálvez y Gallardo, promo- tor autorizado de las reformas reales de mayor alcance a finales de aquel siglo XVIII e hijo del servicio del ejército real y posteriormente sus virrey Mariano Gálvez, asumiendo el cargo a la nexos se estrecharon aún más. Crearon lazos muerte de su padre. familiares por alianzas matrimoniales con mu- jeres nacidas en el norte del continente ameri- cano y para mayor singularidad del caso, her- A estos personajes los unía un pasado co- mún, militar y político desde los inicios en sus manas las tres; incluimos en este conjunto a la carreras, en diversos acontecimientos béli- esposa de Bernardo Gálvez, alto funcionario en la Luisiana y después virrey en la Nueva Es- cos, al norte de África y otros sitios . En un proceso dinámico, a pesar de las distancias, y 8 paña. Las hermanas María Ana y Victoria de en conjunción con sus intereses de grupo, en- Saint Maxent, originarias de Nueva Orleans, contramos a otros miembros de la familia desposadas tiempo atrás con los militares Ma- Gálvez, Matías de Gálvez, hermano de José de nuel de Flon y José Antonio Riaño y Bárcena, Gálvez, ambos tíos de Bernardo de Gálvez y cuando ambos se desempeñaban como mili- Miguel de Gálvez, que si bien muy alejado del tares en la Luisiana; fueron asignados a otros territorio americano, prestaba servicios en la cargos en el norte de la Nueva España y nom- brados posteriormente, Intendentes de Pue- bla y Guanajuato. 8 Rodrigo Rivero, Lake, Los Gálvez y su tiempo. Edit., Turner. 2021 9 Juan Hernández, Hortiguela, “Bernardo de Gálvez y Madrid (Conde de Gálvez) y familia: españoles sepultados en el ominoso olvido de la historia” Universidad Complutense de Madrid. http://www.ucm.es corte rusa y mantenía actividades diplomáti- cas entre ambos imperios como ministro ple- nipotenciario.9 En Miguel Ángel Cuenya, Carlos Contreras Cruz, Reformas borbóni- cas y ordenamiento urbano. Las Ordenanzas de Puebla de los Ángeles de 1787-1796, edición facsimilar. Puebla, BUAP, DGFP, ICSYH, CONACYT.
Es notable la relación que se estableció en- José de Gálvez, enviado desde España, pro- tre estos personajes, de gran importancia para movió vigorosamente las reales reformas ad- el gobierno y la administración colonial espa- ñola; a pesar de los obstáculos y resistencias a las que se enfrentaron desde su llegada, logra- ministrativas; en 1767 coordinó la expulsión de las ordenes jesuitas dictadas por el rey y mantenidas en secreto bajo pena de muerte ron grandes méritos en esa tarea y dejaron por revelarlo, recibidas el 30 de mayo por el vi- huella con su desempeño en el ámbito militar rrey en funciones Carlos Francisco de Croix en la primera década del siglo XIX, cuando aún hasta su ejecución realizada casi un mes des- pués, el 25 de junio de ese año. La orden de ex- pulsión se complementó con la de confisca- en sus correspondientes puestos de intenden- tes, lideraron la lucha contra las fuerzas insur- gentes independentistas mexicanas, contando ción de bienes, documentos y objetos varios .10 con la experiencia adquirida en la frontera nor- Con estas medidas el rey imponía su real do- te de la Nueva España y anteriormente en otros minio a la orden jesuita, que había declarado tener y reconocer como autoridad la del papa, por encima de la autoridad real.territorios. Parecería a simple vista que nos tocan muy de lejos estas circunstancias, sin embargo, nos muestran la cercanía de muchos aspectos cru- Los años transcurridos y los diversos esce- narios en que se desarrollaron las actividades ciales para el desarrollo de acontecimientos de los miembros de la familia Gálvez, Flon y entrelazados, tanto de iniciativas, como de re- Riaño, estuvieron en relación con el cumpli- sultados: se trata de la formación de un grupo miento de las tareas de administradores de las políticas de gobierno que la corona españolade personajes que cobraron singular impor- tancia en la región del altiplano mexicano con en una amplia área geográfica que compren- día desde los territorios disputados y negocia- dos al final de la guerra de sucesión; la Luisia- na y el norte más extremo de la Nueva España, vieron contacto cercano con la cultura y el donde los afanes de expansionismo territorial idioma francés, en territorio europeo, lo que propiciaron la creación de fuertes militares, les resultó muy conveniente en sus posteriores presidios y corporaciones en aquellos lugares, diligencias en relación con la política de la Lui- siana, y las maniobras militares de los inde- pendentistas de los Estados Unidos de Nortea- resonancias de gran impacto. Por variadas circunstancias todos ellos tu- como los dragones de cuera y más al centro del territorio novohispano y similares, los dra- gones de la reina, cumpliendo funciones de vi- mérica. Para comprender mejorsus gilancia y control del orden. Ambos tipos de actuaciones; en 1763 se firmó un tratado en cuerpos armados ya poseían un desarrollo Paris, terminando así la guerra denominada previo en la península española y en territorio de los Siete Años, dando una reconfiguración americano reproducían y se adaptaban a las territorial que en América quedó de esta ma- nera: España perdió la Florida, que fue anexio- nada a Gran Bretaña, lo mismo que Canadá, nuevas circunstancias. Después de haber ingresado muy joven al consiguiendo derecho de libre navegación por servicio de las armas en la península española y otros sitios, Bernardo de Gálvez, (1746-1786) conoció y se relacionó con personajes que des- pués volvería a encontrar en territorio ameri- el rio Mississippi y obtuvo de Francia la transfe- rencia del territorio de la Luisiana (Tratado de Fontainebleau, 1762). 95 10 Rodrigo Rivero, Lake Los Gálvez y su tiempo. Edit. Turner. 2021, pp. 118, 119
96 cano. Cumpliendo órdenes militares retornó a acuñó su frase célebre “yo solo”; sin embargo, España. De vuelta al continente americano, en en aquellas maniobras militares también estu- 1776, el 22 de mayo, fue nombrado coronel del vieron participando José Antonio Riaño, quien Regimiento fijo de Luisiana, en Nueva Orleans, contaba con formación profesional de ingenie- y después de una carrera meritoria en las cam- pañas contra los indios de la región, obtuvo una negociación exitosa con una de las tribus ro naval y Manuel de Flon, quien ascendió al grado de teniente coronel por su contribución en estas acciones de guerra. A pesar de las des- más fuertes, logrando acuerdos ventajosos ventajas y circunstancias adversas Bernardo y sus compañeros lograron un resonado triunfo militar. Durante el periodo que sirvió en la Lui- Participó activamente en el gobierno de su siana, consiguió establecer relaciones cordia- para ambas partes. región y proporcionó apoyo a las tropas que reivindicaban la independencia de los Estados les con las autoridades de los recién indepen- dizados Estados Unidos y sus territorios Unidos de Norteamérica. La Real Ordenanza aledaños, lo mismo que su familia política; los11 emitida el 24 de diciembre de 1776, le instruía Saint Maxent. Bernardo de Gálvez fue gober- a proporcionar la ayuda solicitada por el gene- ral del Ejercito Continental, George Washing- ton, a través del gobernador Unzaga, quien re- nador interino de Luisiana y en 1777 tomo po- sesión del cargo, sucediendo a Luis de Unzaga y Amezaga, casado con Isabel de Saint Maxent, mitió la solicitud al ministro de Indias, José de en 1775, otra de las hermanas de su esposa. Gálvez; éste la hizo llegar al rey Carlos III, quien desoyendo algunas advertencias de sus con- sejeros más cercanos, argumentando los peli- gros futuros de estas empresas e ideas eman- La importancia de estos vínculos reside en las solidaridades que se fueron desarrollando y manifestando en el curso de estos años. En- cipatorias, el monarca dispuso brindar la tre los tres militares llegados de España al ser- ayuda necesaria, apoyando la revolución devicio real, quedó establecido el parentesco de independencia de las trece colonias. Algunos concuños por las vinculaciones familiares de autores consideran que la revolución de inde- 12 sus respectivas esposas. Al poco tiempo se re- pendencia de los Estados Unidos posibilitó en unieron nuevamente en el altiplano central cierta medida las independencias de los terri- mexicano para cumplir con las tareas de pro- torios novohispanos y su emancipación de la mover y mantener ese orden colonial tan an- corona española, mientras que otros sostie- nen que eso no fue posible por tratarse de pro- cesos históricos vividos en momentos muy di- ferenciados en relación con el desarrollo de sus metrópolis.13 siado y detallado en las ordenanzas que se ha- bían expedido para ser publicadas y obedecidas en el territorio hispanoamericano. Ocupémonos ahora brevemente del patriar- ca de la familia Saint Maxentn La Roche: don En este escenario, en 1780 y 81, Bernardo de Antonio de Saint Maxent: un prominente co- Gálvez se destacó por sus actuaciones heroi-merciante exportador de pieles, al que se men- cas en Mobile, (actual Alabama) y en la toma ciona con el grado de coronel, llegado de Fran- de Pensacola, en el golfo de México, donde cia y casado con Isabel La Roche, una de las 11 Historia Hispánica en https://hispanica.rah.biografias/18454-bernardo-de-galvez 12“Bernardo de Gálvez”, en Historia Hispánica: hstoria-hispanica.rah.es 13 Jaime E Rodríguez O.., “Sobre la supuesta influencia de la independencia de los Estados Unidos en las independencias hispanoameri- canas, en Revista de Indias, 2010, vol. LXX, núm. 250, ISSN: 0034-8341doi:10.3989/revindias.2010.0221;
damas de gran fortuna de la sociedad de Nue- va Orleans. En el período de la lucha indepen- dentista, apoyó con víveres, armas, municio- Pero por sus influencias, sus dos compañeros de armas fueron nombrados a las intenden- cias que nos ocupan. Su desempeño como vi- nes y embarcaciones a las tropas rebeldes para rrey fue muy breve, si bien dejo proyectos en remontar el Mississippi, eludiendo las tropas marcha. La virreina seguía las tendencias del enemigas. El nuevo gobierno de George Whas- hington le otorgó a don Antonio la exclusivi- dad del comercio con las naciones indias en el trayecto del rio Misisipi. Logró grandes alian- zas mediante los enlaces matrimoniales de sus rrey de Nueva España, la condesa viuda se trasladó a Madrid, donde se instaló desde 1787, en una casona de la Corredera Baja de Su hija María Felícitas, casada con un alto San Pablo, y se hizo célebre como anfitriona de pensamiento ilustrado con que estaba familia- rizada desde su natal Nueva Orleans: “Tras fallecer su marido, en 1786, siendo vi- hijas e hijos. funcionario francés ejerciendo en Luisiana y madre de una pequeña hija, Adelaida de Ho- tertulias en las que participaban ilustres litera- tos y políticos, entre ellos Aranda, Cabarrús, noré había enviudado. Posteriormente, María Jovellanos, Moratín, Sabatini o Ignacia Cle- Felícitas de Saint Maxent y Bernardo de Gálvez mente, viuda del ministro de Hacienda Miguel se prometieron en matrimonio y lo formaliza- ron con una ceremonia íntima en circunstan- cias peculiares por una enfermedad con peli- Múzquiz, conde de Gausa, en las que se habla- ba en francés y se recibían publicaciones del país vecino”. Se menciona en estas notas a14 gro de muerte del prometido; para cumplir su María Felícitas, y las acusaciones que padeció palabra de matrimonio, contrajo nupcias con por mantener vínculos con personajes identifi- María Felicitas de Saint Maxent “in articulo cados como peligrosos para la estabilidad de mortis”el 2 de noviembre de 1777, circunstan- cia que superó. En 1783 recibió el título de con- de de Gálvez por sus servicios a la corona com- la autoridad real y sus dominios: “el 11 de septiembre fue desterrada a Valla- dolid, autorizándose en 1791 su traslado a Za- ragoza. Desde el destierro, se defendió en sus cartas de las acusaciones de difundir las ideas revolucionarias, tratando de presentar sus ter- batiendo a los ingleses y apoyo a la independencia de los Estados Unidos de Nor- teamérica. Tiempo más tarde los esposos y su familia, tulias como reuniones carentes de contenido político. Absuelta en 1793, murió cinco añostuvieron que salir rumbo a la ciudad de Méxi- co; Matías de Gálvez estando en funciones más tarde en Aranjuez”.15 como virrey de la Nueva España y padre de Bernardo falleció, y el hijo fue nombrado su su- cesor a mediados de 1785. La pareja se trasla- dó a la Nueva España, para dar cumplimiento contrajeron matrimonio en su natal Nueva Or- Las dos hermanas Marie Ane de Saint Maxent y Marie Victorie de Saint Maxent, años atrás a sus deberes reales. leans con los jóvenes militares llegados de la península española, amigos cercanos del go- bernador de Luisiana, Bernardo de Gálvez; losEl nuevo virrey Bernardo de Gálvez no tuvo una larga vida en la Nueva España, murió el 30 futuros intendentes de Puebla de los Ángeles y de noviembre de 1786, a los cuarenta años. de Guanajuato, antes de que fueran llamados 14 https://historia-hispanica.rah.es/biografias/40565-felicitas-de-saint-maxent 15 Idem. 97
98 a cumplir con ese encargo. De esta manera, maíz” ante la experiencia de la hambruna de una vez nombrados intendentes, los tres fun- cionarios convivieron un corto tiempo en el co- razón de la nueva España; Bernardo de Gálvez ción como “la pequeña Francia” por el idioma antes de morir dejó el encargo que su viuda hablado a diario, las costumbres y enseñan- fuera a territorio peninsular a residir a Madrid zas que desde allí se compartían en el espíritu de una educación ilustrada. Son de señalarse los nexos que mantuvieron con otros perso- najes relevantes del periodo. Dados sus vín- 1783. A la residencia que ocupó con su fami- lia como Intendente se le conocía en la pobla- 17 con pensión real. En la composición y dinámica de esta fami- lia puede apreciarse la importancia de los culos sociales con Miguel Hidalgo, Allende y vínculos sociales y de parentesco que se esta- blecieron. Manuel de Flon y José Antonio Ria- ño, lograron acciones militares de gran méri- otros destacados personajes de la localidad en tertulias literarias, antes de su proclama- ción llamando a la rebeldía insurgente, y fren- to, inicialmente a su llegada al norte, te a la inminencia del enfrentamiento arma- cumplieron tareas de vigilancia, defensa y pa-do esos días, Riaño recibió sendas cartas de trullaje de territorios fronterizos, apoyados Hidalgo, una con formalidad militar y la otra por los dragones de cuera, los cuerpos milita- res especializados en las luchas contra las na- ciones indias hostiles a la expansión españo- en términos de viejos amigos, ofreciendo res- guardo para su familia, a lo que rehusó, tam- bién en sendas respuestas. Sobre las dos la, o extranjera en lo general. Sus habilidades hermanas viudas que quedaron en la Nueva de negociación con algunas de esas tribus fa- 18 vorecieron el comercio interior y la pacifica- ción de determinados territorios. Posterior- España regresaremos en una segunda parte. V. La composición de las ordenanzas para mente fueron llamados a ejercer como el gobierno de las Intendencias funcionarios de más alto rango, dotados de las capacidades jurídicas que el puesto de in- tendentes consideraba necesarias y adecua- das para establecer las medidas requeridas nanzas para el nuevo establecimiento de Al- Presentamos como referencia inmediata para el caso poblano el texto de las Orde- en el éxito de sus reales funciones.16 caldes de Quartel de la ciudad de la Puebla de los Ángeles que mandó publicar Manuel de Flon, y que distribuyó en los lugares per- tinentes, llegando noticias de no haber los Los decesos de los intendentes de Puebla el 17 de enero de 1810, don Manuel de Flon, después de la batalla de Puente de Calderón suficientes ejemplares para difundir lo plan- como ha quedado dicho, y el 28 de septiem- bre de 1811 en Guanajuato, fue abatido José Antonio Riaño, en la defensa de la toma insur- gente de la Alhóndiga de Granaditas en Gua- najuato, lugar en que había puesto sus empe- ños profesionales; construir un “palacio del 16 Manuel Olmedo Checa y Francisco Cabrera Pablos. “Bernardo de Gálvez” en https;//dialnet.Unirioja.es/descarga/articulo/6162012.pdf 17 Eric Beerman, historiador. Conferencia pronunciada en el Museo de Cañones de La Cavada, con motivo de su bicentenario. Agosto de 2010, en grupos.unican.es 18 Carta de Miguel Hidalgo a Juan Antonio Riaño, Intendente de la Provincia de Guanajuato, en httpps://www.memoriapoliticademexico. org /Textos/1Independencia/28091810-MH-AR-html teado en ellas. Sobresale en esta publicación el cuidado de incluir un mapa de la ciudad, que, si bien había sido trazada con anterioridad siguiendo un pro- yecto de orden y vigilancia; esta disposición
Trazados del centro a la periferia y estos a su vez se subdividian en otros cuatro. Por lo que quedaron dieciséis cuarteles menores dentro de los cuatro mayores. Lo que complementaba el plan de reordenamiento de la ciudad fue la designación de vecinos encargados de la vigi- lancia y el constante reporte a los representan- tes también designados y sus actividades fue- ron reguladas bajo penas por incumplimiento y hasta por no aceptar lo que se hacía ver como el honor de servir a su majestad. Sanciones que sectorizó a la ciudad de Puebla de los Ángeles, diseñó y formalizó una estructura dinámica y moldeable, al seccionarla en cuarteles que se subdividían y permitían la fluidez de medidas de control social y policial en una amplia con- cepción. Muy brevemente señalamos que divi- día a la ciudad en cuatro cuarteles principales. iban de la confiscación de bienes y de destierro en caso de rehusarse a cumplir el cargo honori- fico o de faltar al cumplimiento según lo regula- do en esa ordenanza real. VI. El ordenamiento de la ciudad y sus es- pacios como medio idóneo de control y vigilancia social La conformación de la ciudad, además de regularse en cuarteles mayores y menores, de- bía incluir la debida nominalización de las ca- lles y la señalética para el reconocimiento de cada calle, lo que implicaba el perfecciona- miento de una vida civil donde los habitantes podrían ser ubicados y reconocidos por sus lu- gares de vivienda, un mayor control de la ciu- dad y sus expresiones de orden popular. La or- denanza incluyó un listado del censo realizado de las calles existentes. La ordenanza se extendió hasta la descrip- ción y regulación de varios oficios comunes para el apoyo o beneficio de los habitantes. La peculiaridad queda en el hecho de ser oficios que prestaban servicio a necesidades públicas dentro de establecimientos como la cárcel. Los oficios de barbero y flebotomiano, o el de abogado o médico de la cárcel, quedaron in- cluidos en estas regulaciones con señalamien- tos específicos, considerándolos funcionarios de menor rango al servicio de la ciudad y sus autoridades. Otro de los rubros en que se destacó el in- tendente Flon fue en el comando de los drago- nes a su cargo. Con su auxilio se vigilaba el or- den al interior y en las zonas aledañas a la ciudad. Los cuerpos militares de los dragones, que los hubo denominados de cuera y de la reina, tuvieron gran importancia en la defensa organizada, para la conservación de territorios conquistados y para la expansión de conquista al norte de la Nueva España. En esos cuerpos 99 Portada de las Ordenanzas para el nuevo establecimiento de Alcaldes de Quartel de la ciudad de Puebla de los Ángeles. Publicación dispuesta por el Intendente Manuel de Flon. 1796
100 militares de vigilancia del orden fronterizo se Señalemos brevemente una circunstancia; destacaron nuestros personajes, Flon y Riaño, como miembro de los reales ejércitos, Félix militares reales destacados en su Intendencia. María Calleja, llegó a la Nueva España en 1789 Eran los encargados de mantener vigilados los a servir en el ejército, agregado al regimiento caminos para el buen tránsito de convoyes, de infantería fijo en Puebla, en la Intendencia mercaderías o cargamentos de metales, com-bajo el mando de Flon. Al paso de los años, Ca- plementando con la vigilancia de los presidia-lleja desarrolló una exitosa carrera militar y lo- rios, cuya pena los destinaba a trabajos forza-gró un puesto relevante para combatir a los dos para el mantenimiento de los caminos, insurgentes en la primera década del siglo XIX; fuertes, fortalezas. Los presidios que se esta-los acontecimientos y la necesidad de hacerles blecieron en asentamientos cercanos a cen-frente, requirieron la colaboración de ambos, y tros mineros y portuarios fueron de gran valor. Flon quedó bajo el mando de su antiguo su- Mencionemos los presidios de San Diego en bordinado. Ese día, 17 de enero de 1811 fue el Acapulco, de San Carlos en el camino a Vera-último en la vida del Intendente Manuel de cruz, de San Juan de Ulúa en su zona costera, Flon, quien sucumbió cuando ya los insurgen- los presidios de la zona norte y como éstos, los tes estaban en retirada, habiendo quedado el del gran territorio del resto de Hispanoaméri-ejercito real en situación victoriosa de la bata- ca. También Puebla contaba con su propio lla de Puente de Calderón. En comunicación presidio, diferenciándose de la cárcel común.enviada al virrey para dar parte de la batalla 19 19 Ver Juan Ortiz Escamilla, Calleja. Guerra, botín y fortuna, Zamora, Mich., Universidad Veracruzana, El Colegio de Michoacán, 2017 Plano de la ciudad de la Puebla de los Ángeles hecho para el establecimiento de los alcaldes de cuartel, en cumplimiento de órdenes del marqués de Branciforte, virrey de Nueva España. Archivo General de Indias, MP-MEXICO,457
librada en Puente de Calderón, Calleja obser- vó que Flon no tuvo el cuidado de seguir la es- entre circunstancias concretas, proyectos, mu- jeres y hombres de aquellos tiempos; esclare- trategia convenida y se adelantó a la maniobra cer los intereses que pudieron motivar sus ac- planeada, aconteciéndose su desgracia. ciones y los resultados obtenidos, parecería ser un mérito al que solo la historia puede acercarnos. Las familias Gálvez, Flon, SaintDespués de aquella victoria el imperio espa- ñol seguiría haciéndose presente una década Maxent, Riaño y tantas otras, nos han permiti- más en la Nueva España, con sus funcionarios do conocer a través de sus dinámicas, el entra- administrativos y militares a cargo de mante- ner en pie aquella monarquía, que veía el as- censo del imperio británico y despuntaban las luces de los Estados Unidos de Norteamérica. Las alianzas complejas que se establecieron vinculando extensas familias entre diversas Bibliografía naciones y continentes, son una muestra de la multifactoriedad que nos estimula para aden- trarnos en distintas perspectivas de la historia. Conclusiones mado de un mundo que también hizo su pro- pia historia. Alarcón Martínez, M. A. (2021). Crisis del go- bierno de la justicia: Monarquía y reformas ad- ministrativas en la Nueva España durante el ocaso del siglo XVIII. Fuentes Humanísticas, 33(62), 91–104. A través de las disposiciones reales para la reorganización de un territorio tan extenso como el de la América española en el siglo XVI- II y el seguimiento a las gestiones de los funcio- narios y sus vínculos familiares y sociales que unican.es ejecutaron para hacer cumplir los mandatos reales, podemos conocer mucho mejor el pro- ceso histórico ocurrido en una ciudad como proceso de la toma de decisiones en la creación de las intendencias americanas (1765–1787). Revista de Indias, 77(271), 791–821. https:// doi.org/10.3989/revindias.2017.023 Beerman, E. (2010, agosto). Conferencia pro- nunciada en el Museo de Cañones de La Cavada con motivo de su bicentenario. https://grupos. Castejón, P. (2017). Reformar el imperio: El Puebla de los Ángeles. La ciudad de Puebla, como escenario parti- cular y específico dentro de un contexto amplí- simo que abarca dos continentes y redes de familia, afiliaciones de diversa índole y moti- vaciones diferenciadas por los intereses, ya fueran colectivos o individuales en aquel siglo XVIII, nos permite adentrarnos en fascinantes universos de lo posible; que si logramos enfo- car con cierto cuidado, nos traerán de vuelta a men de intendencias: Reformas y resistencias a nuestro presente, induciéndonos a localizar su implantación. Historia 396, 14(1), 1–4. aquellos nexos con muchos de los asuntos que aún hoy resuenan en nuestro interés inmedia- to y de largo alcance. Establecer dentro del Gálvez y Madrid (conde de Gálvez) y familia: Es- gran proceso social los vínculos relacionales pañoles sepultados en el ominoso olvido de la Castro Monsalve, J. (2000). Las primeras re- formas institucionales de Felipe V: El marqués de Canales (1703–1704). Cuadernos Dieciochis- tas, 155–183. Enríquez, L., & Machuca, L. (2024). El régi- Hernández Hortigüela, J. (s. f.). Bernardo de 101
historia. Universidad Complutense de Madrid. https://www.ucm.es Hidalgo y Costilla, M. (1810, 28 de septiem- bre). Carta a Juan Antonio Riaño, intendente de 102la provincia de Guanajuato. https://www.me- moriapoliticademexico.org Historia Hispánica. (s. f.). Bernardo de Gál- vez. Real Academia de la Historia. https://his- toria-hispanica.rah.es Lynch, J. (1976). Las revoluciones hispanoa- mericanas, 1808–1826. Ariel. Olmedo Checa, M., & Cabrera Pablos, F. (s. f.). Bernardo de Gálvez. Dialnet. https://dial- net .unirioja.es/descarga/articulo/6162012.pdf Ortiz Escamilla, J. (2017). Calleja. Guerra, botín y fortuna. Universidad Veracruzana / El Colegio de Michoacán. Rivero, R. (2021). Los Gálvez y su tiempo. Tur- ner. Rodríguez O., J. E. (2010). Sobre la supuesta influencia de la independencia de los Estados Unidos en las independencias hispanoamerica- nas. Revista de Indias, 70(250). https://doi. org /10.3989/revindias.2010.022
Puebla, al igual que todas las ciudades novo- hispanas, era una ciudad multifacética, poliét- no; centro de atracción de importantes con- tingentes de migrantes provenientes tanto de nica, que desarrolló desde sus orígenes en la Metrópoli como de diversas regiones de la Nueva España, durante el siglo XVIII diversos tural, social y religiosa que hicieron del centro factores golpearon, directa o indirectamente a urbano un espacio de enorme dinamismo, que la Puebla, cuando en la última década del si- se vio reflejado en un importante crecimiento glo XVII una serie de malas cosechas, el impac- to de epidemias de sarampión y el matla- 1531, una dinámica actividad económica, cul- de su población. zahuatl (tifo exantemático) frenaron Está por demás decir que la Puebla de los bruscamente el crecimiento demográfico que Ángeles fue un espacio privilegiado que supo había posicionado a la ciudad como la segun- aprovechar desde sus orígenes su ubicación geográfica (en el camino de la ciudad de Méxi- co al puerto de la Vera Cruz), que permitió faci- litar el desarrollo de una trascendental activi- da del virreinato. En 1678 la población de la Puebla alcanzaba los 110,000 habitantes.2 A partir de la última década del siglo XVII, la dad artesanal y manufacturera, al tiempo que población de la ciudad comenzó a disminuir a se convirtió en una plaza que posibilitó el es- un ritmo acelerado, tal es así que en los prime- tablecimiento de diversas órdenes religiosas ros cuarenta años del XVIII vio disminuir casi el (masculinas y femeninas) y sede de un extenso 50% su población, indicativo de la crítica si- obispado.1 tuación por la que atravesaba el centro urba- no. El comercio cerealero que había sido uno de los bastiones económicos poblanos debió 3 Ahora bien, debemos también tener en con- sideración un hecho de gran trascendencia: si competir con la producción del Bajío que oca- bien es cierto que nuestro centro urbano dis-sionó la pérdida de importantes mercados, si- frutó a lo largo de las dos primeras centurias tuación que afectó también a la industria hari- de una trascendente prosperidad económica nera. En la misma línea se puede hacer que la proyectaron como uno de los principa- les polos de desarrollo regional y novohispa- referencia a la crítica situación por la que atra- vesó la producción del jabón, textiles y cueros. 105 SALUD PÚBLICA y POLÍTICA SANITARIA EN LA PUEBLA COLONIAL Miguel Ángel Cuenya Mateos Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades Benemérita Universidad Autónoma de Puebla 1 Cfr, el trabajo de Miguel Ángel Cuenya y Carlos Contreras Cruz, Puebla de los Ángeles. Una ciudad en la historia (México: Editorial Océano, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, 2012). 2 Cfr, el trabajo de Miguel Ángel Cuenya y Carlos Contreras Cruz, Puebla de los Ángeles. Una ciudad en la historia (México: Editorial Océano, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, 2012), 43-46. 3 Miguel Ángel Cuenya, “Puebla en su demografía, 1650-1850”, en AA.VV, Puebla de la colonia a la Revolución. Estudios de historia regional (México: Centro de Investigaciones Históricas y Sociales, Universidad Autónoma de Puebla, 1987), 52-53.
Es más, desde la década de 1720 perdió la ad- ministración del azogue que se desplazó a la ciudad de México. En una palabra, la Puebla dejó de ser un importante centro redistribui- dor de mercancías en el ámbito novohispano. 106 de un tema complejo de analizar en la medida que las fuentes son escasas y la mayor parte de ellas son indirectas que dejaron pocas hue- llas. Se refiere a un sector mayoritario de la po- blación constituida por hombres, mujeres y niños desconocidos, miserables, analfabetas, los que no contaban con ningún patrimonio, que buscaban estrechos y pequeños cuartos en los barrios que rodeaban la traza a fin de resguardarse de las inclemencias del tiempo y pasar la noche; se trataba de una población desnutrida, mal alimentada, sin hábitos de hi- giene personal la que presentaban pocas de- fensas ante las concurrentes enfermedades que a lo largo del año se exteriorizaban y, que en diversas oportunidades, generaban mortí- feras epidemias; la mayoría de los pobres y desvalidos habitantes de los grandes centros urbanos poblaban los diversos camposantos existentes en atrios y capillas. La salubridad urbana (*) Lista de comulgantes 1771 – A.G.M.P., Padrón de la parroquia del Santo Ángel Custodio (Analco); 1771 – Gálvez, Archivo General de Indias, Audiencia de México, vol. 2,578; 1791 – A.G.M.P., Lista de los censos de los curatos de San Sebastián, Santo Ángel, San Marcos y Santa Cruz (1790-1792), Expedientes sobre Padrones, vol. 128-129, Legajos 1380-1390. Debemos tener presente que, para el desa- rrollo de una determinada patología, es nece- saria la existencia de condiciones favorables la economía, el golpe se dejó sentir en toda la para su desarrollo, las que tienen relación con Al verse afectados casi todos los sectores de ciudad, en donde los signos de la decadencia fueron visibles; la pobreza aumentó considera- blemente y el espacio urbano comenzó a mos- diversos agentes patógenos. En este sentido, es importante tener en cuenta los hábitos de limpieza personal, alimentación y condiciones trar signos de deterioro: el contraste entre el de vida, los que crean el ambiente propicio, un centro y la periferia cada vez fue más notorio medio apto para el desarrollo y expansión de al mostrar grandes contrastes. Alrededor de la múltiples microorganismos responsables de antigua traza española, los barrios y zonas pe- riféricas se caracterizaban por la proliferación de humildes jacales. La pobreza era una reali- dad y las condiciones de vida, ya de por sí difí- ciles, se acrecentaron. generar diversas enfermedades. Durante el período colonial, Puebla de los Ángeles presentaba condiciones de insalubri- dad muy manifiestas, situación que inquietó desde el siglo XVI a las autoridades del ayun- La pobreza era una realidad en todas las tamiento, quienes manifestaron en diversas ciudades novohispanas y Puebla de los Ánge- les no constituía una excepción; la indigencia oportunidades esta situación. Las preocupa- ciones de los cabildantes poblanos se relacio- muestra un aspecto de la vida cotidiana de las nó principalmente con tres problemáticas: 1) grandes ciudades de la etapa virreinal. Se trata el abastecimiento de granos y carnes, 2) dis-
tribución de agua para el consumo de los ve- cinos de la ciudad y 3) el problema de la higie- ne urbana. deros de los dichos puercos en sus cassas en toda esta ciudad ecepto en los barrios de San Francisco, San Pablo, San Sebas- tián y Santiago…5 Muy poco tiempo después de la fundación de la ciudad, el ayuntamiento poblano comen- zó a manifestar preocupación por las condicio- nes de higiene y salubridad existentes en el centro urbano. En este sentido, es importante tener en consideración que en Puebla al igual que en las principales ciudades novohispanas, la acumulación de fangos, muladares y des- perdicios era un problema cotidiano, de allí que las autoridades de la Angelópolis busca- ran encontrar soluciones a este problema. Otra de las preocupaciones giró en torno al mantenimiento y limpieza de las fuentes y pi- las públicas, por lo que en 1599 se ordenó: Que por cuanto en la Plaza Publica de est- ta ciudad ai una fuente de agua de donde todas las personas de ella se proveen de agua y de otras fuentes que ai en esta ciu- dad lo qual conviene que estte con mucha limpieza y como por experiencia se ha vis- to que algunas personas negros, indios, y mulatos, mestizos y otros sacan agua de ellas con xicaras y otras vacijas que tienen enxavonaduras se recrecen las enferme- dades […] mandaron que ninguna perso- na laven cosa alguna junto a la dicha fuen- te y pilas de la ciudad que agora están hechos y en adelante se hicieren… 6 Desde el mediados del siglo XVI, el Ayunta- miento de la ciudad buscó regular todas aque- llos actividades que consideraba “altamente contaminantes y perjudiciales para la salud”, de esta manera en 1557 acordó que “debido al daño y perjuicio que recrece para la salud de los vecinos de la ciudad” prohibir que dentro de la traza urbana “aya hornos de cal y de la- drillo por el humo que de ellos sale cuando la queman”. A finales de la centuria, aprobaron sente que debido al desarrollo de diversas ac-4 tividades relacionadas con tocinerías, cur- tiembres, panaderías, bizcocherías, rastros, carpinterías, hornos de vidrio, obrajes, velerías y locerías acostumbraran a tirar a las calles los desperdicios que generaban serios problemas de salud, prohibiéndose, por primera vez en 1548 con diversas penas a quienes “osaran echar basura en las calles”. No obstante, tal pa- rece que el dicho colonial “obedezcase pero no se cumpla” era una realidad. Ya que para mediados del siglo XVII los problemas se agu- dizaron; la plaza pública se caracterizaba por la “suciedad” existente, al tiempo que en di- Que ninguna persona de cualquier estado versas calles de la ciudad se generaban mula- y condición […] no seben ni tengan seba-dares, lodazales y muladares debido a que na- De igual manera, los cabildantes tenían pre- otras ordenanzas relacionadas con los cerdos, fuentes de agua, carpinterías y basura esparci- da por diversos rumbos del espacio urbano. Alrededor de los cerdos se desarrollaron im- portantes actividades industriales: jabón, ve- las, tocino, cebo, curtidurías, tenerías, etcéte- ra, de allí la existentes de porquerizas dentro de la traza urbana, lo que acarreaba diversos problemas para la salud debido a “las vascosi- dades que echan a la calle”, por lo que se orde- nó en 1594 107 4 Archivo General Municipal de Puebla (AGMP), Ordenanzas, Tomo 2, 6 de octubre de 1557, f. 46r. 5 AGMP, Ordenanzas, Tomo 2, 22 de octubre de 1594, f.39r/v. 6 AGMP, Tomo 2, 3 de diciembre de 1599, f.56v.
die “se quería hacer cargo de la dicha limpieza”. Para el último cuarto del siglo XVII el regidor don Antonio Ignacio de Aguayo en un docu- mento presentado ante el cabildo el 9 de julio de 1675, señaló 108 Que ha reconocido todas las calles y pla- zas publicas de esta ciudad, [las que] es- tán muy sucias e indecentes y con mu- cho lodazar y ediondas, de ella los aires de corrompen de donde dimanan y se originan las muchas enfermedades que se padecen (…) 7 Las opiniones del regidor Aguador fueron corro- boradas por el Alcalde Ordinario de la ciudad don Joseph de Veira y Quiroga, quien el 30 de julio del mismo año, puso en conocimiento del cabildo que […] el primero y mas pronto es el público be- neficio de la salud común a quien perjudica perniciosamente el inmundo estado de dichas calles, que corrompiendo el ayre ocasiona el nocivo temperamento que hace las epidemias que de ordinario se padecen, el segundo es la incomodidad de los ciudadanos para el tragi- no de las calles, pues no ay ninguna cuio tran- sito sea siquiera razonable […] 8 Durante el siglo XVIII las condiciones de insalu- bridad no mejoraron, en la medida que el creci- miento de la ciudad y la crisis económica ocasiona- ron diversos trastornos las quejas de las autoridades municipales continuaron invariablemente. Los grandes problemas planteados desde el siglo XVI no habían desaparecido, es más estos se habían 7 AGMP, Libro N° 28, 1675, f. 371r. 8 AGMP, Libro N° 28, 1675, f 373r. 9 “Desde la fundación de la ciudad, siguiendo pautas culturales vigentes en Europa desde el siglo XII, los templos fueron el lugar elegido para dar sepultura a los difuntos. Todas las iglesias de la ciudad, tanto del centro como de los barrios, grandes basílicas como humildes capillas situadas en la periferia, fueron utilizadas como camposantos. Los atrios de <catedral, San Agustín, Santo Domingo, San Felipe Neri o la Soledad, por citar solo unos pocos ubicados en el corazón del centro urbano […] fueron utilizados para cristiana sepultura a los habitantes de la ciudad.”, Miguel Ángel Cuenya Mateos, “Del panteón al cementerio: un largo camino hacia la secularización de los entierros en una ciudad decimonónica. El caso de la ciudad de Puebla”, en Cuadernos de Trabajo N° 42 (Xalapa, Veracruz : Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, Universidad Veracruzana, Septiembre 2012), 21. acrecentado. En este sentido, se puede anotar que a pesar de los esfuerzos realizados por mantener en buen estado el agua que abastecía a la ciudad, su contaminación fue frecuente debido a que las ca- ñerías que transportaban el vital líquido eran de ba- rro por lo que las fisuras, grietas y fracturas eran un problema cotidiano. Así también, es importante anotar que los hábi- tos sanitarios de los poblanos durante el período colonial no ayudaban a mejorar la situación exis- tente. Sin ningún tipo de diferencia socioeconómi- ca, todas las viviendas, desde las grandes casonas del centro de la ciudad hasta la humilde vivienda de los barrios indígenas, carecían en sus viviendas de letrinas o comunes. Durante la noche se utilizaban bacines que se limpiaban durante el día en plena calle. Será recién a finales del siglo XVIII cuando se estableció la obligatoriedad de construir letrinas o comunes en las viviendas, aunque estas disposicio- nes casi nadie las respetaba.Otro foco de contaminación lo constituye- ron los camposantos o cementerios ubicados en atrios y capillas de Iglesias y conventos que, la mayoría de ellos, se encontraban ubi- cados dentro de la traza urbana, situación que ocasionaba serios problemas en la medi- da que con el paso del tiempo se fueron satu- rando; en épocas de epidemias la situación se agravaba lo que obligó a la apertura de fosas comunes que ocasionaban serios problemas de salubridad. En algunos momentos extraor- dinarios como en 1737 cuando el matla- zahuatl (tifo exantemático) protegidos por las sombras de la noche eran depositados furti- 9
vamente en los atrios de algunas parroquias (Santo Ángel Custodio y Santiago), los cuer- pos de cientos de víctimas, a fin de que se les diera cristiana sepultura.10 Los poblanos del siglo XVIII, de manera si- milar que los vecinos de las grandes ciuda- des novohispanas, convivieron entre la su- ciedad y la descomposición de desperdicios, fangos y muladares, a pesar de establecer la necesidad de limpiar la ciudad de basureros esparcidos por toda la ciudad, no obstante, las autoridades municipales se sintieron im- potentes para dar soluciones a estos proble- mas y, hasta la década de 1830, no fue posi- ble implementar una política preventiva de salud pública. Estas circunstancias favore- cieron el desarrollo de diversas enfermeda- des que afectaron a toda la población, sin distinciones étnicas, económicas y sociales. Las epidemias El hambre, la pobreza, las condiciones de vida, así como diversas enfermedades, fueron las causantes de severas epidemias y pande- mias que afectaron al hombre desde la anti- güedad. Estos factores, a veces solos y otros combinados constituyeron diferentes cuadros patológicos que golpearon con fuerza inusita- da a pueblos, ciudades, regiones y reinos. Población y disponibilidad de alimentos estaban en las sociedades pre capitalistas estrechamente asociadas. Debemos recor- 10 Miguel Ángel Cuenya Mateos, “Del panteón al cementerio: un largo camino hacia la secularización de los entierros en una ciudad decimonónica. El caso de la ciudad de Puebla”, en Cuadernos de Trabajo N° 42 (Xalapa, Veracruz : Instituto de Investigaciones Históri- co-Sociales, Universidad Veracruzana, Septiembre 2012), 21. 11 Ignacio Almada Bay, Algunas consideraciones generales sobre nutrición, epidemias y sociedad en la Europa de los siglos XVI – XIX (México: El Colegio de México, 1984). 12 Cfr. Elsa Malvido, “Efectos de epidemias y hambrunas en la población colonial de México (1519 – 1810), en Enrique Florescano y Elsa Malvido coord., Ensayos sobre historia de las epidemias en México (México: IMSS, 1982). 13 Cfr. Miguel Ángel Cuenya Mateos. Epidemias y mortalidad en la Puebla de los Ángeles en el período colonial (Puebla: Secretaría de Cultura, Gobierno del estado de Puebla, 1989). 14 CF. Miguel Ángel Cuenya Mateos, Puebla de los Ángeles en tiempos de una peste colonial (México: El Colegio de Michoacán, BUAP, 1999). 15 Cfr. Elsa Malvido, “Efectos de epidemias y hambrunas en la población colonial de México (1519 – 1810), en Enrique Florescano y Elsa dar que la subalimentación y la desnutri- ción eran casi permanentes en amplios sec- tores de la población. Muchas veces las crisis agrícolas afectaron el territorio novo- hispano, como en el año 1785, que genera- ron condiciones favorables para el desen- cadenamiento de una gran y desbastadora epidemia.11 La viruela, el sarampión y el tifo fueron los protagonistas de esta historia en territo- rio novohispano, así como en la Puebla colonial. La primera epidemia que se de- claró poco tiempo después del contacto con los conquistadores castellanos con los pueblos indígenas en tierras veracruzanas. hizo su entrada “triunfal” para dar comienzo a un negro y mortífero reinado hasta su erradi- cación del territorio nacional en la década de 1950. Desde el primer contacto y a lo lar- go del período virreinal afectó en 13 opor- tunidades el territorio novohispano: 1521, 1615-1616, 1653, 1663, 1678,1707, 1711, 1748, 1761-1762, 1779-1780, 1791 y 1797. 12 13 14 En 1531, la viruela (hueyzahuatl) Por su parte, el sarampión (zahualtepiton) llegó a tierras novohispanas diez años más tarde, en 1531; enfermedad que golpeó durante el período colonial en 12 oportunidades: 1531, 1563_1564, 1591-1592, 1595-1596, 1604, 1615- 1616, 1639, 1659, 1692, 1728, 1768-1769 y 1770- 1780. 15 109
110 El tercer jinete del apocalipsis que superó en sus efectos destructivos a los dos anterio- res, fue el cocoliztli o matlazahuatl (tifo exan- temático). Fue la más mortífera de todas las patologías coloniales, aniquiló entre el 80 y 90% del total de la población afectada. Entre 1521 y 1812 en 16 oportunidades: 1545-1548, 1559, 1566, 1578-1581, 1601, 1604-1607, 1613, 1629-1631, 1633-1634, 1651, 1691-1697, 1731, 1736-1737, 1761-1762, 1772-1773 y1812- 1813, varias de las cuales causaron verdade- ras crisis de sobre mortalidad como la de 1545-1548 y 1578-1581 en el siglo XVI, la de 1736-1737 en el siglo XVIII y la de 1812 – 1813 en el siglo XIX. El matlazahuatl (tifo exantemático) El término tifo, del griego typhus (estupor), es una enfermedad infecciosa altamente con- tagiosa ocasionada por rickettsias. A lo largo de los siglos se pueden encontrar innumera- bles referencias a este padecimiento que asoló regiones enteras desde la Antigüedad. Se trata de una enfermedad inseparable de la guerra, pobreza y miseria; se encuentra asociada con la ausencia de higiene corporal y la prolifera- ción del piojo, vector transmisor del mal.16 En diversas ocasiones las rickettsias fueron las responsables de enviar al sepulcro a un mayor número de soldados que las ocasiona- das por una sanguinaria batalla. Se trataba de las condiciones sociales, el hambre, la pobre- za, la falta de higiene, la presencia de roedo- res, piojos, garrapatas y pulgas, los que crea- ban un medio favorable para que el tifo convirtiera un triunfo militar en derrota, o ter- minada de aplastar a los ejércitos derrotados. Fue tal el impacto epidemiológico ocasionado por el tifo, que es considerada al lado de los otros tres jinetes del apocalipsis (peste, cólera y viruela). Históricamente la relación hom- bre-hambre-miseria-piojo formó una estrecha simbiosis. Durante el período colonial la refe- rencia documental sobre el “tabardillo” es fre- cuente debido a su mortal recurrencia que en- viaba al sepulcro a pueblos enteros. 17 Dicha situación sucedió, por ejemplo, en 1737-1739 y 1812-1814, cuando el matla- zahuatl generó en la ciudad de Puebla, las dos epidemias más mortíferas del período colo- nial. Debido a su gravedad haremos referen- cia a la gran epidemia de 1737, cuando convi- vían 50,000 habitantes, período difícil en el que las condiciones sociales y económicas im- perantes se caracterizan por un marcado des- 18 viruela 1521 1615-1616 1653 1663 1678 1707 1711 1748 1761-1762 1779-1780 1791 1797-1799 sarampión 1531 1563-1564 1591-1592 1595-1596 1604 1615-1616 1639 1659 1692 1728 1768-1769 1770 1780 tifo 1545-1548 1559 1566 1578-1581 1601 1604-1607 1613 1629-1631 1633-1634 1651 1691-1697 1731 1736-1737 1761-1762 1772-1773 1812-1813 Malvido coord., Ensayos sobre historia de las epidemias en México (México: IMSS, 1982). 16 Miguel Ángel Cuenya, Revolución y Tifo en la ciudad de Puebla, 1915 – 1916. Un estudio sociodemográfico (México: BUAP, 2008), 101. 17 Cfr. Miguel Ángel Cuenya, Revolución y Tifo en la ciudad de Puebla, 1915 – 1916. Un estudio sociodemográfico (México: BUAP, 2008). 18 Cfr. Miguel Ángel Cuenya, Revolución y Tifo en la ciudad de Puebla, 1915 – 1916. Un estudio sociodemográfico (México: BUAP, 2008). Fuente: Elsa Malvido, “Efectos de epidemias y hambrunas en la población colonial de México (1519 – 1810)”, en Enrique Florescano y Elsa Malvido (Coord.), Ensayos sobre historia de las epidemias en México (México: IMSS, 1982). Epidemias que afectaron la Nueva España 1521 – 1813
ajuste social, con finanzas municipales esca- ñor a servido castigarnos”, el fervor popular sas, así como la pobreza generalizada que llenó Iglesias, templos y capillas, en especial abarcaba a amplios sectores de la población.que donde se encontraban las milagrosas imá- genes de San Roque y San Sebastián (patrones En 1737 el antiguo resplandor que había con las pestes), al tiempo que se organizaban convertido a la Puebla de los Ángeles un im- portante centro productivo, mercantil, cultu- ral y religioso, había desaparecido. Los servi- cios públicos eran deficientes; la basura se novenarios, procesiones y rogativas con la in- tención de pacificar la justicia divina. Jesús Nazareno, cuya imagen se veneraba en el tem- plo parroquial del Señor San José, fue objeto encontraba esparcida por diversos puntos de por parte de pobres y ricos de plegarias multi- la ciudad, las zahúrdas. En estas condiciones tudinarias al ser trasladado solemnemente en anormales, en los que la pobreza, la falta de hi- procesión a la Iglesia Catedral, en donde se le giene general y aseo personal, conjuntamente instaló un altar especial. Por otra parte, los ca- con la desnutrición, crearon el marco idóneo bildantes poblanos participaron también en el para el pulular de las rickettsias y el desarrollo del tifus generara una gran crisis de sobremor- talidad. novenario realizado al “glorioso San Sebastián para que aplacara la peste”. A diferencia de la viruela, el sarampión y otras enfermedades, el matalzahuatl superóEl matlazahuatl de 1737 no fue democráti- co; los sectores más humildes, en especial los barreras étnicas y socioeconómicas, no obs- indígenas fueron los más afectados, situación tante, la miseria, las difíciles condiciones de que se observa con claridad en los entierros vida, la convivencia con animales, los escasos realizados en las parroquias cuya feligreses hábitos higiénicos y el hacinamiento, genera- eran mayoritariamente indígenas, tal fue el ron condiciones diferentes entre el centro de caso de la parroquia del Santo Ángel Custodio (Analco) donde se avecindaba el 10% de la po- la ciudad y los barrios que rodeaban la antigua traza. Indígenas y castas fueron los grupos que blación de la ciudad, en donde se registró el sintieron con mayor intensidad los efectos de 43.33% de los entierros, mientras en el centro la mortal enfermedad; el golpe fue tan severo de la ciudad (Sagrario Metropolitano) donde que las consecuencias se sintieron durante se avecindaba el 53 53% de la población (ma- yoritamente españoles, mestizos y castas) dio sepultura al 23.07%. muchos años. En solo 8 meses el tifo envió a los campo- santos de la ciudad 7,167 personas de toda la ciudad, que representó el 93.26% de las defun- ciones de ese año (7,685). El matlazahuatl ha- bía enviado al sepulcro al 15.26% de la pobla- ción de la ciudad, lo que indica la gravedad de la crisis de sobremortalidad. Fue la epidemia Bibliografía más mortífera que sufrió la Angelópolis en el siglo XVIII. Almada Bay, Ignacio, Algunas consideraciones generales sobre nutrición, epidemias y socie- dad en la Europa de los siglos XVI – XIX, Méxi- Ante el “contagio con que Dios Nuestro Se- 111
112 co, El Colegio de México, 1984. Miguel Ángel Cuenya, Revolución y Tifo en la ciudad de Puebla, 1915 – 1916. Un estudio so- ciodemográfico, México BUAP, 2008.Cuenya, Miguel Ángel y Carlos Contreras Cruz, Puebla de los Ángeles. Una ciudad en la his- toria, México, Editorial Océano, Benemérita Cuenya, Miguel Ángel, Puebla de los Ángeles en Universidad Autónoma de Puebla, México, 2012. tiempos de una peste colonial, México, El Co- legio de Michoacán, BUAP, 1999. Cuenya, Miguel Ángel, “Del panteón al cemen- Malvido, Elsa, “Efectos de epidemias y hambru- terio: un largo camino hacia la secularización de los entierros en una ciudad decimonónica. El caso de la ciudad de Puebla”, en Cuader- nos de Trabajo N° 42, Instituto de Investiga- ciones Histórico-Sociales, Universidad Vera- cruzana, Xalapa, Veracruz, septiembre 2012. Cuenya, Miguel Ángel, “Puebla en su demogra- nas en la población colonial de México (1519 – 1810), en Enrique Florescano y Elsa Malvi- do (Coord.), Ensayos sobre historia de las epidemias en México, México, IMSS, 1982. Malvido, Elsa, “Efectos de epidemias y hambru- nas en la población colonial de México (1519 – 1810), en Enrique Florescano y Elsa Malvi- do (Coord.), Ensayos sobre historia de las epidemias en México, México, IMSS, 1982 fía, 1650-1850”, en AA.VV. Puebla de la colonia a la Revolución. Estudios de historia regional, México, Centro de Investigaciones Históri- cas y Sociales, Universidad Autónoma de Puebla, 1987. Cuenya, Miguel Ángel, Epidemias y mortalidad en la Puebla de los Ángeles en el período co- lonial, Puebla, Secretaría de Cultura, Go- bierno del estado de Puebla, 1989.
115 II. Patrimonio Cultural Religioso: Arquitectura y Vida Conventual
Carlos Contreras Cruz El siglo XVIII representó no solo modificacio- nes políticas y económicas al viejo orden colo- nial, sino también diseminó e impulsó nuevas ideas sobre la administración y el embelleci- miento de los espacios urbanos. Se ha dicho provocaba el río de San Francisco. De manera que el procurador general de puentes hacía continuas advertencias por los perjuicios que provocaban los desbordes del río San Francis- la higiene pública que era verdaderamente la- mentable. Un problema grave era la insalubridad que que para el pensamiento ilustrado los concep- tos de belleza y ordenamiento urbano estuvie- ron ligados a los criterios de centralidad, sime- tría, rectitud y uniformidad. Bajo esta co, producto de la basura depositada en su le- perspectiva se trató de renovar la imagen de cho y que provenía en gran parte de la ciudad. 1 las principales ciudades novohispanas, parti- cularmente la ciudad de México. El propio ayuntamiento y su obrero mayor reconocen en más de una ocasión no contar En las últimas décadas del México colonial, con “los monetarios necesarios” para cubrir el Cabildo de la ciudad de Puebla desplegó una serie de acciones encaminadas a embelle- cer la fisonomía urbana y dotar a la ciudad de mejores servicios. Entre las principales dispo- siciones estuvieron: la reparación de los puen- tes que unían el centro español con los barrios conjunto de obras civiles y religiosas de impor- tan urgentes obras.2 Aún en el marco de una ciudad con graves difi- cultades económicas y demográficas, la socie- dad poblana de la época pudo desarrollar un del poniente de la ciudad; la traslación del mercado de El Parián del zócalo a la Plazuela en 1748 se estrenó la iglesia de San Sebastián; en 1752 se construyó la iglesia de Nuestra Señora del Refugio en el barrio de San Antonio y un año antes, se había estrenado la iglesia dedicada a San Francisco Javier donde los jesuitas fundaron un gran colegio para la enseñanza de los indios. Hacia 1758 se comenzó la reedificación de la ca- tancia, de ellas quedan las siguientes referencias: de San Roque, así como una serie de obras re- lativas al alumbrado y empedrado de las prin- cipales calles de la ciudad. La corporación mu- nicipal poblana había creado diferentes impuestos sobre la harina, las casas, los co- ches y los carros con el fin de apropiarse de re- cursos financieros para las obras urbanas. Esta pilla de Belén que una vez concluida tomó el era una necesidad urgente dado el estado de nombre de iglesia del cerro de Guadalupe. 1 Citado por Eduardo Gómez Haro, La ciudad de Puebla y la Guerra de Independencia (Puebla: Imprenta de “El Arte Tipográfico”, 1910), 22- 23. 2 AAP (Archivo del Ayuntamiento de Puebla), Expedientes, tomo 103, 1795, legajo 1132, f 33 y 47-49. 117 PUEBLA, LA CIUDAD ILUSTRADA DE FINES DEL SIGLO XVIII
Al inicio de la siguiente década se inauguró tento entre los pequeños propietarios que se el Coliseo de Puebla, mejor conocido como levantaron en contra de las disposiciones del Teatro Principal; en 1763 se erigió el obelisco a ayuntamiento y del propio intendente, argu- Carlos III en la plaza principal donde permane- ció hasta mediados del siglo XIX; en 1767 se es- trenó la torre de la iglesia de San Francisco. Un mentando que “todos habían experimentado una suspensión en las ventas e imposibilidad para recuperar varios efectos de que surtían118 año después, en 1768, se comenzó a edificar el sus cajones” debido a lo retirado del terreno. templo de Nuestra Señora de La Luz en el ba- El ayuntamiento actuó con energía y Flon ma- rrio del Santo Ángel y se estrenó la torre de la nifestó que estaba pronto “á corregir el movi- catedral que no tiene campanas. También se miento sedicioso” que “alteraba la tranquili- levantaron los templos de Balbanera en el ba- rrio de El Alto, el de Xanenetla, dedicado a San- ta Inés del Monte Pulciano, en las faldas del cerro de Loreto. Además, se fundó el convento Mariano Fernández de Echeverría concluía, al dad pública”.4 Veinte años antes de finalizar el siglo XVIII de monjas de la Soledad con su hermosa igle- sia. De igual manera de construyó el pórtico de dad, que un buen número de casas era de la iglesia de la Compañía y el cementerio o “muy buena fábrica y bastante fortaleza a cau- campo santo de Xananetla con su capilla para sa de la bondad de los materiales de que se fa- hacer un balance de la planta física de la ciu- el entierro de los pobres.3 brican, y de la solidez del suelo en que se asientan sus cimientos”. Mayoritariamente las casas ubicadas en el centro de la ciudad, en las das por la administración colonial lejos de ser principales calles y en torno a la Plaza Mayor, Por otra parte, algunas medidas impulsa- recibidas con beneplácito se convirtieron en tenían pisos altos y entresuelos “con lo que se fuente de conflictos, tal fue el caso del intento aumentan sus viviendas y hermosura y se lo- de trasladar el mercado de El Parián entre 1803 gra mayor comodidad”. Pero también queda- y 1804. Dicho mercado consistía en “cajones ban, decía el autor, “algunas (casas), aún en de baratillo” donde se “exhibía toda clase de los parajes más principales del centro de la baratijas usadas y sucias”. El ayuntamiento ha- bía iniciado desde fines del siglo XVIII la cons- ciudad y en la misma Plaza Mayor, de estructu- ra antigua y con balcones de palo que la afean trucción de varios cuartos en terrenos de la mucho, y aún en las calles más inmediatas a la plazuela de San Roque, distante varias cua- dras del centro y colindantes con el río de San plaza bastantes edificios bajos, que no dejan de servirle de lunares, acusando alguna falta Francisco. Mientras éstos no eran utilizados de policía, aunque no imputable a sus jueces y frecuentemente se generaban “excesos y pe- cados … á pesar de la vigilancia de la policía”. La falta de puertas favorecía, que al cobijo de “las sombras nocturnas, gente de malas cos- tumbres” entablara “juegos prohibidos por la ganización del espacio y la creación de los cuarteles como unidad básica de la estructura regidores”.5 Un punto fundamental del tramado urbano del último tercio del siglo XVIII fue la nueva or- moral”. El traslado generó malestar y descon- 3 Véase José de Mendizábal, Efemérides del estado de Puebla y especialmente de su capital, s.l., s.f. pp. 12-14 y José de Mendizábal, “Evolución topográfica de la ciudad de Puebla”, Memorias de la sociedad científica Antonio Alzate (México: Imprenta del Gobierno Federal en el Ex Arzobispado, t. VIII, 1894-1895), 265-279. AAP, Expedientes, tomo 103, 1795, legajo 1132, f 33 y 47-49. 4 Eduardo Gómez Haro, op. cit., 6-7 y 15-17. 5 Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, Historia de la fundación de la ciudad de Puebla de los Ángeles en la Nueva España, su descripción y presente estado. vol. I ( Puebla: Ediciones Altiplano, 1962), 222.
urbana. Hace más de veinticinco años, Alejan- dra Moreno Toscano había advertido que la or- ganización espacial concebida por los borbo- nes implicaba para las ciudades “una administración de base territorial que facilita- ra el control político de la población”. Para la trativo recayó en los alcaldes de barrio, mis-6 mos que no podían excusarse de sus obligacio- nes “bajo la pena de cien pesos, si lo hicieren, y destierro de la ciudad si insistieran sin causa justa”. Su tarea principal era el ejercicio en la na, la jurisdicción acumulativa que corres- ponde a cada uno de los jueces mayores en toda la extensión de la ciudad. El elemento central del armazón adminis- ciudad de México se ensayaron diversas opcio- nes entre 1720 y 1782 para dividir la ciudad en cuarteles mayores y menores con sus respecti- vas autoridades urbanas; en el caso de la ciu- dad de Puebla fue hasta 1796 que se dieron las administración de la justicia, así como vigilar y evitar todo tipo de delitos que se dieran en el perímetro urbano. ordenanzas para el establecimiento de los al- caldes de cuartel, quedando la ciudad admi- nistrada en cuatro cuarteles mayores y en 16 cuarteles menores. Este ordenamiento de-7 marca territorialmente el espacio urbano, or- ganiza manzana por manzana y registra con bre el espacio de la ciudad. Finalmente, los al- Además de la vigilancia urbana, la otra gran tarea de los alcaldes era asegurar el control so- clara precisión los nombres de cada calle, pla- zuela, huertas y edificaciones religiosas, infor- mación que se tradujo en el mapa correspon- diente. Don Manuel de Flon, coronel de los impacto de esta organización territorial del es- Reales Ejércitos, gobernador político y militar, pacio urbano se llevó a cabo en las principales ciudades novohispanas y su herencia perduró caldes estarían en posibilidad de levantar los respectivos padrones dando cuenta precisa del monto y movimiento de la población. El e intendente de la ciudad y su provincia, ex- presa plenamente el significado y papel de las hasta mediados del siglo XIX, constituyéndose en una larga permanencia de corte colonial tardío. ordenanzas: La división y asignación de cuarteles, solo mira á hacer más pronta y expedita la ad- ministración de justicia, y á poner en buen hacían evidentes desde finales del siglo XVII orden y método, el Gobierno político y habían llevado a fray Juan de Villa Sánchez a Las grandes dificultades de la región que se económico, lo que se consigue más fácil- mente, reduciendo á una parte su aten- ción y vigilancia, los que tienen a su cargo tendían desde La Habana a Maracaibo, había provocado que “entre todas las ciudades la que más pierde, la que mayor atraso ha tenido sostener en 1743 que la decadencia del co- mercio poblano, cuyas ramificaciones se ex- 8 la salud pública en el todo; sin que esta distribución perjudique en manera algu- 119 6 Alejandra Moreno Toscano,“Un ensayo de historia urbana”, Ciudad de México: Ensayo de construcción de una historia (México, SEP- INAH, Departamento de Investigaciones Históricas, 1978), 18, (Col. Científica núm. 61). 7 Cfr. Manuel de Flon, “Ordenanzas para el nuevo establecimiento de alcaldes de cuartel de la ciudad de la Puebla de los Ángeles de Nueva España”. Puebla: Impresas en dicha ciudad en la oficina de don Pedro de la Rosa, año de 1796, en Miguel Ángel Cuenya y Carlos Contreras Cruz, Reformas borbónicas y ordenamiento urbano. Las ordenanzas de Puebla de los Ángeles de 1787-1796 (edición facsimilar) (Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, 2003). 8 Fray Juan de Villa Sánchez, Puebla sagrada y profana, Informe dado a su muy ilustre Ayuntamiento el año de 1746, lo publica con algunas notas Francisco Javier de la Peña, hijo y vecino de la misma Puebla (1835), estudio introductorio, cotejo y adaptaciones de Francisco Téllez Guerrero y María Esther López-Chanes (Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla), 73, 75 y 80.
es la Puebla de los Ángeles”. Más adelante refi- riéndose a la población, detectaba abundan- tes “muchachos en cueros vivos” y “hombres y mujeres mal cubiertos de andrajos”. bía de gentuza muy soez, andrajosa y des- nuda, que grita siempre confusamente, riñe de continuo, y come sin embargo en ranchos, defendiéndose del sol con unos sombrajos de palma o petate muy puer- cos, y guisando en unos fogones, que a salga lo que saliere, son un rimero de pie- dras negras con tanto hollín, y llenas de las más asquerosas mugres.11 120 Por su parte, Diego Antonio Bermúdez de Castro sostenía (que):9 aunque en el día de hoy no se experimenta el trato de paños tan corriente como en su primitivo origen por los muchos que vie- nen en las flotas de Venecia, Holanda, Francia y otros lugares de Europa y se fa- brican en las ciudades de Cholula y Queré- Si bien el siglo XVII mostró una ciudad tajan- te y orgullosa de su destino, el siglo XVIII la di- bujará como un espacio afectado por los cam- taro, con los que se trabaja es suficiente bios económicos del reformismo borbónico. (...) porque únicamente la gente muy po- En el seiscientos la Puebla se levantaba como bre o miserable es la que se viste en esta la tercera ciudad del mundo hispano, solo su- ciudad de paño criollo de la tierra, pues perada por Sevilla y la ciudad de México, en hasta los oficiales de cualesquiera gremio cambio para el setecientos mostrará un centro lo hacen de Castilla.urbano azorado por la pérdida de dinamismo expulsando incluso la mano de obra califica- da. Ante ello se imponía la migración, sobre todo a la ciudad de México “donde su copioso número se hizo en poco tiempo el barrio que rio para cronistas y viajeros que visitaron el llaman de los poblanos”. La pobreza urbana centro urbano, quienes destacan la gran canti- Al interior de la ciudad, los signos de la de- cadencia eran visibles: la pobreza en la que vi- vía la mayor parte de sus habitantes era noto- fue uno de los símbolos más claros del deterio- dad de “hombres y mujeres mal cubiertos de ro del nivel de vida de la población. Aún así, se andrajos” que circulaban cotidianamente conservó el orgullo e hidalguía de ciudad es- por las calles de la Angelópolis. 10 pañola, católica y monárquica. Y no obstante continuó siendo un espacio urbano muy atrac- tivo para otros grupos sociales, recibiendo a lo largo de la centuria un importante número de migrantes españoles e indígenas que hicieron de ella su lugar de residencia permanente. El 1798, Ignacio Doménech criticaba profu- samente los últimos trece años de la adminis- tración del intendente Manuel de Flon toman- do como ejemplo el deterioro de la Plaza Mayor de Puebla, la primera después de la capital del reino de la Nueva España: La plaza era Como se sabe, la Puebla del siglo XVIII presen- taba condiciones de insalubridad muy marca- …una confusión de mondongueras, frute-das. Por un lado, había numerosas porquerizas ras revendedoras y de una turba y algara- tanto en el centro como en las principales calles 9 Diego Antonio Bermúdez de Castro, Theatro Angelopolitano o Historia de la ciudad de Puebla o historia de la ciudad de Puebla, 1746 (Puebla: Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material del Municipio de Puebla, 1985), 190. 10 Fray Juan de Villa Sánchez, op. cit., 75. 11 Ramón Sánchez Flores, “Ignacio Antonio Doménech. Plan del empedrado y junta de policía para la ciudad de Puebla, 1798” en Ramón Sánchez Flores, Puebla de los ilustrados. Urbanismo, ecología y libertad en los proyectos de Doménech, Flon y Furlong, siglos XVIII y XIX. Colección Crónica de Puebla, núm. 3. (Puebla: H. Ayuntamiento del municipio de Puebla, 1994), 32.
de la ciudad, pues alrededor de los puercos se que un 80% de las viviendas del centro de la había constituido una gran industria urbana que ciudad “compartían el espacio habitacional abastecía de jabón, velas, tocino, cebo, y en las con animales”, lo que generaba un hábitat pro- curtidurías y tenerías se producían mercancías picio para el desencadenamiento de diversas necesarias para la vida cotidiana. En su conjunto enfermedades. Basuras, desperdicios, esterco- generaban grandes volúmenes de desperdicios que se depositaban en la vía pública y que al des- componerse generaban miasmas fétidos. Las ca- lles de la ciudad se encontraban –por otra parte– llenas de “muladares asquerosos, albañales y ba intolerable la vida, situación que empeora- lodasales ynmundos”, mientras que el tianguis ba en épocas de lluvias.12 existente en la plaza pública, principal mercado del centro urbano, generaba enorme cantidad de basura y desperdicios de manera permanen- te. Además, en las distintas calles que desembo- caban a la Plaza Mayor como eran la primera y segunda de Mercaderes, primera y segunda de Santo Domingo, Herreros, Compañía, Ochavo, así como la calle de la Aduana Vieja y en el Bara- tillo, “las verduleras, fruteras, bodegoneras, pul- queras y revendedoras” generaban una gran “confusión de los portales, y el cúmulo restante de tantos agregados, con un gentío desnudo y hediondo” presentaban a los ojos de los pobla- nos “un todo de cosas, tan chocantes y desorde- nadas que sin verlas materialmente no es posi- ble formar la idea que corresponde”. A esta “confusión” –diría el autor–, había que añadir la “junta la de los coches de alquiler apontados en las bocas de dichas calles, y la algarabía de los burros, en que los indios de la comarca” trans- portaban sus frutos y dejándolos “atados de las manos para evitar su extravío” en diversas calles y plazuelas.13 leros y detritus humanos ocasionaban cotidia- namente diversos problemas. La pestilencia existente en el interior de las viviendas torna- Por otra parte, los hábitos sanitarios de los habitantes de Puebla agravaban aún más la si- tuación. Sin distinciones o diferencias socioe- conómicas, tanto el rico como el miserable, el mercader español que habitaba una suntuosa casona del centro de la ciudad, como el indíge- na que ocupaba un humilde cuarto en un ba- rrio de la periferia, carecían en sus viviendas de letrinas o comunes. Al igual que en otras ciudades se acostumbraba defecar u orinar en la vía pública; durante la noche se utilizaban bacines, que se limpiaban durante el día en plena calle, por donde pasaba una vez al día los “carros excrementeros” del ayuntamiento levantando los desechos depositados normal- mente en las esquinas.14 Diversos estudios contemporáneos han constatado la intención y la magnitud subya- cente en muchas de las políticas de la época. Sabemos en general que el interés implícito de las políticas reales era el engrandecimiento, la prosperidad y el interés del Estado por apro- piarse espacios públicos y combatir el desor- den y la insalubridad para establecer las con- diciones básicas que permitieran la creación En el interior de las casonas del centro, la si- tuación no presentaba un mejor aspecto, ya 12 AAP, Actas de Cabildo, libro 34, 1699, f. 460. 13 Y todavía el autor añadía: “Puesto en la necesidad de retirarme a mi casa, me he ido metiendo en este laberinto varias veces, y con dificultad he acertado salir apenas, pero siempre con el peligro que se deja conocer, y debido a la ociosidad generosa de algún pasajero de éste riesgo y apuro”, Ignacio Doménech, op. cit., 48-49. 14 Sobre el particular, puede consultarse el trabajo de Francisco Javier Cervantes Bello, “La ciudad de Puebla y sus desechos. Problemas y soluciones del siglo XIX (1810-1876)”, en Rosalva Loreto López y Francisco J. Cervantes B. coord. Limpiar y obedecer. La basura, el agua y la muerte en la Puebla de los Ángeles ( 1605- 1925) (México: Claves Latinoamericanas, CEMyC, BUAP, El Colegio de Puebla, 1994), 127-186. 121
de una ciudad funcional y cómoda donde sus habitantes pudieran desplazarse en un espa- cio tranquilo, salubre y bello, a la vez que con- trolable, con el fin de proporcionar un hábitat adecuado a los “ciudadanos felices” y sobreto- de su ejemplo, que lo conduce al mismo precipicio. Nunca tendrán recato las hijas que presencien las confianzas matrimo- niales de sus padres, en el estrecho recin- to de una accesoria… no puede tener ja- más rubor la juventud que se cría y crece entre la desnudez, licencias y abandono de sus iguales y coetáneos… 122do de provecho económico para el reino. Dicho de otra manera, el interés implícito en las polí- ticas reales era el engrandecimiento, la pros- peridad y el control del reino y de sus súbditos para gloria y poder de los monarcas. Se imponía socialmente el combate al “abo- minable vicio la embriaguez, que es el manan- En esta perspectiva encontramos que el tial hediondisimo de la continua y mutua sedi- texto de Ignacio Doménech engloba toda una ción de la plebe prostituida, y la peste de una ciudad tan populosa”. Respecto al segundo15 propuesta de orden administrativo y ejecuti- vo sobre las obras públicas de la ciudad con punto, la descripción y molestia del autor un contundente sentido moral, político y de muestra, entre otras cosas la cara cotidiana del bullicio urbano donde la calle es de todoscontrol social. Cuando convoca a la necesaria limpieza de la ciudad y a la conveniencia del sin diferenciación entre el espacio público y el espacio privado. Así, respecto a los caballos,nuevo empedrado, hace referencia al hacina- miento de las basuras, a las aguas pútridas, al mulas y coches el proyecto asentaba: “la carga negativo comportamiento higiénico y moral y descarga de las recuas que llevan y traen far- dos, barrilería, trigos, harinas, azúcares, algo- dones, ropas de la tierra, cebos y leña, se eje- cutan con tanto tropel, desorden y confusión de la población, al combate desmedido con- tra la embriaguez de los habitantes, y al ur- gente ordenamiento de las calles y del tránsi- to de los animales. Las siguientes líneas que hacen intransitables las calles más públi- exponen con plenitud y viveza su pensamien- cas de la ciudad”. A temprana hora y luego de to respecto a los principales males como la los acuerdos comerciales entre los tratantes embriaguez, el tránsito de los animales y el “quedan ciento o doscientas mulas sueltas, al uso público del espacio urbano. Vale la pena cuidado de dos o tres muchachos de la cuadri- lla”. Al medio día se sumaba el tránsito de ca-hacer referencia puntual a sus preocupacio- nes para observar con cierto detalle como ballos, coches y carretas generando una “in- toma cuerpo y se traduce en propuestas con- cretas la política ilustrada. justísima incomodidad, expuesta siempre a las desgracias que puede ocasionar un desor- den de tal clase, sin respeto ninguno a la cali- Respecto al primer punto nuestro autor decía: dad del sujeto”. Por su parte la circulación y16 limpieza de los coches sin ningún orden y cui- el borracho, por ejemplo, lo es en América dado generaba con frecuencia la “incomodi- porque no se le cierra el camino para que dad general del vecindario”. no lo sea: porque no entiende el precio y quilates de la sobriedad y porque el hijo inocente es testigo desgraciado de este vi- Las ropuestas de nuestro autor se podrían resumir en los siguientes postulados: 1) lograr cio de su padre, y víctima por consiguiente un manejo diferente de la basura, a fin de que 15 IgnacioDoménech,op.cit.,39-40. 16 Ibid., 48.
ésta no fuera depositada en la vía pública, re- gulándose también en el interior de las vivien- das, es decir, los desperdicios y desechos deja- puesta en práctica de muchas de esas pro- puestas. Si bien los sectores ilustrados eran conscientes de la necesidad de aplicar una po- rían de pertenecer exclusivamente al ámbito lítica sanitaria debido a la insalubridad reinan- público, estableciéndose una corresponsabili- dad entre Estado y sociedad en torno al orden te, la mayoría de las autoridades todavía no tenían presente la necesidad de elaborar una e higiene de la ciudad; 2) construir atarjeas política preventiva permanente, las que se to- subterráneas para conducir por ellas las aguas maban cuando los problemas se hacían mani- de lluvias y las aguas negras que las casas de- rramaban por los albañales a la calle, evitán- fiestos, teniendo que pasar todavía más de treinta años para que las autoridades adqui- dose así, la formación de lodazales y enormes rieran conciencia y comenzaran a asumir la charcos de agua estancada desde donde ema- naban “pútridas miasmas”, que generaban di- responsabilidad de velar por la salud de sus habitantes. Así, al despuntar el nuevo siglo ha- versas enfermedades; 3) exigir la construcción bían caído en el olvido la mayor parte de las de comunes en el interior de las viviendas, con recomendaciones realizadas por la Junta de lo que se buscaba lograr un mejor manejo de Caridad, las ordenanzas municipales elabora- los desechos humanos y 4) paralelamente, das con motivo de la viruela de 1797 y las pro- empedrar las principales calles del centro de la puestas de Doménech. ciudad a la vez que ordenar el tránsito de los animales de carga y de los coches que circula- ban por la ciudad. El mecanismo concreto era timos decenios del siglo XVIII, la ciudad de constituir un Tribunal de Policía, en el sentido Puebla transitó entre un periodo de importan- En conclusión, se puede decir que en los úl- más amplio de la palabra, encargado del orde- namiento urbano, de vigilar el buen desempe- ño de la autoridad y de los ciudadanos así como aplicar correctamente y de manera sis- temática las diversas multas y sanciones a los de vida de la mayoría de los habitantes de la ciudad. Tales acciones fueron un ejemplo claro del impacto del pensamiento ilustrado en la política urbana de la Puebla de finales del si- glo XVIII. tes obras materiales que se manifestaron en nuevas iglesias y puentes, asimismo en el de- sarrollo de una interesante política urbana en- caminada a superar las precarias condiciones infractores. Desde esta perspectiva vemos que hacia fi- nales del siglo XVIII, la razón, la moral y el prag- matismo animaron el sentido de la política ur- bana con la finalidad de alcanzar la comodidad y el saneamiento social. La utilidad y el orden debían avanzar, en el mismo sentido, de esta manera la concepción urbana subordinaba la organización de la ciudad a las reglas de la ra- cionalidad ilustrada. Todas estas medidas expresaban un nuevo concepto de salud y de gobernabilidad; no obstante, los consabidos problemas financie- ros del ayuntamiento poblano impidieron la 123
Bibliografía AAP, Archivo del Ayuntamiento de Puebla, se- rie expedientes. 124Bermúdez de Castro, Diego Antonio, Theatro Angelopolitano o historia de la ciudad de Puebla, Puebla, Junta de Mejoramiento Mo- ral, Cívico y Material del Municipio de Pue- bla, 1985. Contreras Cruz, Carlos y Miguel Ángel Cuen- ya Mateos (coordinadores), Puebla, histo- ria de una identidad regional. El período colonial, nacimiento y consolidación de una urbe del altiplano central, Tomo I, México, SEP/Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, 2012. Domenech, Ignacio, “Plan del empedrado y Junta de policía para la ciudad de puebla propuesta al Exmo., sor, Virrey D. José de Azanza por. Comisario del Hospital de San Pedro, Canónigo racionero…” en Ramón Sánchez Flores, Puebla de los ilustrados. Ur- banismo, ecología y libertad en los proyec- tos de Domeche, Flon y Furlong, siglos XVIII y XIX, (Crónica de Puebla 3), Puebla, H. Ayuntamiento de Puebla, 1994. Fernández de Echeverria y Veyta, Mariano, Historia de la fundación de la ciudad de la Puebla de los Ángeles. Su descripción y presente estado, (1780) Puebla, Gobierno del Estado de Puebla, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1990Villa Sán- chez, Fray Juan de, Puebla, Sagrada y profa- na. Informe dado a su muy Ilustre Ayunta- miento el año de 1746, lo publica con algunas notas de Francisco Javier de la Peña, hijo y vecino de la misma Puebla (1935), estudio introductorio, cotejo y adap- taciones de Francisco Téllez Guerrero y Ma- ría Esther López Chanes, Puebla, Benemé- rita 1999. Universidad Autónoma de Puebla,
Introduccióncatedral nueva, comenzándose a mover los hi- los necesarios para ello. No será hasta el año A comienzos de la década de los setenta del 1575 cuando comienza la nueva construcción, siglo XVI, la catedral vieja de la Ciudad de los de la mano del extremeño Francisco Becerra, Ángeles fundada en 1531 se encontraba casi recién nombrado maestro mayor de la fábrica en “ruina”, según reflejan los documentos del catedralicia por el virrey D. Martín Enríquez de cabildo catedralicio, además de que era insufi- ciente para albergar a la población en creci- miento existente en ese momento.1 Almansa. La obra estuvo dirigida por este2 maestro apoyado por Francisco Gutiérrez como mayordomo, veedor y aparejador, y por el obrero mayor Juan de Cigorondo hasta el En el año 1570 el cabildo toma verdadera año 1580. Becerra recibía 500 pesos de oro3 conciencia de la posibilidad de levantar una común de salario al año (362 ducados), Fran- 1 Archivo General de Indias, a partir de ahora, AGI, Papeles de Simancas, Est. 60, caj. 4, leg. 1 (Libro de cartas). Del Paso y Troncoso, Epistolario de la Nueva España 1505-1818 (México: Antigua Librería Robredo, de Jesús Porrúa e Hijos, 1940, t. XI 1570 - 1575, doc. 653),109 y 110. “Carta al rey, del deán y Cabildo Eclesiástico de [Puebla de] Los Ángeles, dando aviso de la muerte del obispo [Fernando de Villagómez] y de la pobreza y ruina de la iglesia [catedral]. Los Ángeles: 30 de diciembre de 1570”. 2 D. Martín Enríquez de Almansa (¿1510? - 1583) fue el cuarto virrey de la Nueva España desde el 5 de noviembre de 1568 hasta el 4 de octubre de 1580. A continuación pasó a ser el virrey del Perú desde el 15 de mayo de 1581 hasta su muerte el 12 de marzo de 1583. AGI, Patronato 191, ramo nº 2, México, 24 de enero de 1575, f. 9 v. Nombramiento de Francisco Becerra para el cargo de maestro mayor de la catedral de Puebla. Este documento aparece citado y transcrito en: Yolanda Fernández Muñoz, “Francisco Becerra. Su obra en Extremadura y América” ( Tesis doctoral, Universidad de Extremadura, 2007), 1464. 3 El maestro mayor de una obra de tanta importancia como una catedral era el encargado de realizar las trazas y diseños de toda la estructura arquitectónica a la manera de un arquitecto actual. Según el profesor Fernando Marías, “El problema del arquitecto en la España del siglo XVI”, Academia, Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando 48 (primer semestre 1979), 185. “El apareja- dor era un maestro (generalmente de cantería y con ligeros conocimientos del arte de trazar) de categoría, cuya misión consistía en dirigir la fábrica constructiva, interpretando las trazas del arquitecto, vigilando su exacta traslación en piedra o ladrillo, gobernando las cuadrillas de oficiales y peones. […]”. Enrique Rabasa, Forma y construcción. De la cantería medieval a la estereotomía del siglo XIX. (Akal, 2000), 150. “[…] El aparejador se ocupaba de realizar algunos trazados a tamaño natural para obtener dimensiones y plantillas para la talla de los sillares, y organizaba este trabajo. Era un maestro cantero y estaba a las órdenes del ‘maestro de obra’, expresión que no designaba una categoría o título, sino un puesto, el del maestro cantero que dirigía una obra. […]”. María Victoria García, El oficio de construir: origen de profesiones: el aparejador en el siglo XVII (Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid, 1990), 121-122. “[...] En obras que por su índole requerían de mucho personal y diverso, lo frecuente era nombrar un maestro responsable que dirigiera a todos, al que se le daba la denominación de maestro mayor, señalándole con ello como maestro de maestros, y a él correspondía la dirección y mando de la obra, conducentes a la unificación de todas las actuaciones en un proyecto único. Cuando este maestro, distinguido por su capacidad, tuviera que ausentarse, o no pudiera dedicar a esta obra determina- da su tiempo completo, por ser requerido en otros lugares, es cuando surge la figura de otro maestro que le suple a esa dirección, en la 127 LA NUEVA CATEDRAL DE PUEBLA: UN PROYECTO INALTERABLE DESDE SU INICIO Dr. Molero Sañudo, Antonio Pedro
cisco Gutiérrez, 400 pesos, y Juan de Cigoron- teaba la construcción de todo un complejo ca- do, 400 ducados de Castilla, cantidades muy tedralicio que se integraba armónicamente en el urbanismo de la ciudad. Antes de su partidasuperiores a las que se pagaban en la penínsu- la por desempeños similares, más teniendo en de Puebla, Palafox dejó nombrado por obrero cuenta que Becerra no pasaba de ser un buen mayor de la catedral al canónigo y amigo per- 128maestro cantero local, prácticamente desco- sonal D. Andrés de Luey, quien comenzó a eje- cutar el diseño dejado por el prelado, pero magnificado, lo que causó una enorme polé- nocido fuera de su Trujillo natal, ya que todos sus trabajos los había desarrollado en esta ciu- dad o en algunos pueblos de los alrededores. mica a lo largo de muchos años, controversia también prácticamente desconocida y con la cual cerraremos este pequeño ensayo.5 Primeros pasos Por ejemplo, en 1575 Diego de Siloé (1495- 1569) cobraba por su maestría mayor en la ca- tedral de Granada 200 ducados, y el maestro mayor Andrés de Vandelvira (1509-1575) reci- bía 107 ducados en la de Jaén, ambos perso- najes de muy alto reconocimiento arquitectó- nico en España.4 La catedral nueva de la Ciudad de los Ánge- les comenzó a tomar forma en la mente del ca- bildo catedralicio cinco años antes de dar ini- cio su fábrica, en 1570, siendo el obispo de la diócesis D. Fernando de Villagómez, quien fa- A partir de esa fecha, la obra continuará con altibajos hasta la década de los treinta del si- glo XVI, en que quedó paralizada, no obstante llecería en el mes de febrero de 1571. Poco an-6 se retomó con la llegada del obispo D. Juan de tes, el 29 de agosto de 1570 una Cédula Real Palafox y Mendoza en 1640, quien en nueve ordenaba hacer una relación del estado de la años consiguió consagrarla, antes de ser recla- mado para volver a España por el rey Felipe IV. trucción de una nueva. A continuación, el7 Palafox nunca volvió a su querida Puebla pero deán y el cabildo alertaban al rey por medio de una carta del 30 de diciembre de 1570 sobre catedral vieja y el coste que tendría la cons- dejó antes de su partida un proyecto arquitec- tónico muy poco conocido, que no solo incluía las pésimas condiciones en que se encontraba la terminación del templo, el cual fue consa- grado con numerosas carencias, sino que plan- disposición y aprovisionamiento de hombres y materiales con el mismo fin, llevar a buen término la obra, y ese es el Aparejador. Luego, en una primera aproximación, podemos decir que el aparejador está ligado a la obra de forma continua, que conoce la totalidad del proyecto y debe saber dar solución a los problemas y dudas planteados por los demás maestros y oficiales que allí trabajan”. El cargo de obrero mayor es de carácter administrativo y no técnico. Suele ser un cargo externo a la arquitectura que se otorga en la construcción de magnas edificaciones como las catedrales. Es la persona que está al cuidado de la obra para proporcionar puntualmen- te los suministros de los materiales necesarios y velar por el cumplimiento de los horarios y las tareas de todos los que participan en la edificación; siempre ha de estar enterado del estado en que se encuentran las diferentes secciones de la fábrica material. Juan de Cigorondo se encargaría de aunar las exigencias del 4 Marías, Fernando. El largo siglo XVI: los usos artísticos del Renacimiento español (Madrid: Taurus, 1989), 513-514. 5 D. Juan de Palafox y Mendoza fungió como obispo de la Ciudad de los Ángeles desde el 3 de octubre de 1639 hasta el 23 de noviembre de 1653, aunque abandonó obligadamente esta ciudad el 6 de mayo de 1649. A continuación fue presentado como obispo del Burgo de Osma, en Soria, España, el 23 de junio de 1653. 6 D. Fernando de Villagómez ejerció como obispo de la Ciudad de los Ángeles desde 27 de junio de 1561 hasta su muerte el 10 de febrero de 1571. 7 Archivo Cabildo Catedral de Puebla, a partir de ahora, ACCP, Libro Cédulas Reales 1540-1588, f. 52 r, 29 de agosto de 1570. Citado en Efraín Castro Morales, “La catedral vieja de Puebla”, en Estudios y documentos de la región de Puebla-Tlaxcala, Vol. II (Colegio de Historia, Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla: Instituto poblano de Antropología e Historia, 1970), 48. 8 AGI, Papeles de Simancas, Est. 60, caj. 4, leg. 1 (Libro de cartas). el viejo edificio. 8
En esos momentos, el deán D. Tomás de la incipiente desarrollo de la ciudad en general. Plaza Goes ejercía el gobierno absoluto del El nuevo obispo D. Antonio Ruiz de Morales ejerció su cátedra desde el 10 de diciembre deobispado ante la ausencia obligada por en- fermedad del obispo. No nos extenderemos 1572 hasta su muerte el 17 de julio de 1576, sobre la interesante figura del deán, tan solo quedando entonces de nuevo el deán como brazo ejecutor de la diócesis hasta el 13 de enero de 1578, en que fue designado nuevo obispo D. Diego de Romano. Si tenemos en apuntar que procedía del pueblo de Albur- querque en Extremadura y que tenía una sóli- da formación cultural unida a un gran conoci- miento de la realidad y la religiosidad de estas cuenta que el 24 de enero de 1575 el virrey Al- tierras, al haber servido como párroco en di- versos lugares de las diócesis de Oaxaca y Puebla. D. Tomás será quien en 1573 contra-9 mansa había nombrado maestro mayor de las obras de la catedral que se construiría en la Ciudad de los Ángeles a Francisco Becerra, y te al maestro Francisco Becerra, su paisano, que, el 11 de noviembre de ese mismo 1575, el para hacerse cargo de la remodelación de su maestro y el obrero mayor mostraron al deán casa en Puebla, lo que incluía la construcción D. Tomás y a su cabildo catedralicio “traza, de una portada monumental en tres cuerpos modelo y montea” de la futura catedral, ade- de altura que a la postre serviría a Becerra, más de exponerles las condiciones para su rea- una vez nombrado maestro mayor de la cate- dral, como laboratorio de pruebas de la mag- na obra. En la portada aplicó módulos, pro- lización y pedirles que les fuera señalado el lugar para iniciar los cimientos, queda claro que D. Tomás de la Plaza fue uno de los artífi- porciones y formas arquitectónicas que ces fundamentales que hizo posible que se co- después fueron utilizadas en la catedral y per- menzara la construcción de la nueva catedral, duraron a lo largo de los siglos, como una además de ser uno de los autores principales marca de fábrica propia de la ciudad y de mu- chos de sus edificios. implicados en que le fuera otorgada la maes- tría mayor de la obra a su paisano, Francisco Becerra, a quien ya tenía trabajando a prueba A la muerte del prelado Villagómez la sede en la portada de su casa.10 quedó vacante hasta diciembre de 1572, un tiempo durante el cual el deán De la Plaza, Las se obras iniciaron con cierta celeridad, como máxima autoridad del obispado, dio ya que el 21 de julio de 1576, a petición del obrero mayor Cigorondo, el cabildo mandóprioridad a los trámites necesarios para conse- guir permiso para iniciar la nueva edificación, derribar las casas donde había vivido el obispo convirtiéndose en el auténtico motor impulsor Ruiz de Morales para la construcción de la “ca- de las obras, y no solo de la catedral, sino del tedral nueva”. El maestro mayor Becerra ha-11 Francisco del Paso y Troncoso, Epistolario de la Nueva España 1505-1818 (México: Antigua Librería Robredo, de Jesús Porrúa e Hi- jos),1940), t. XI 1570 - 1575, doc. 653, 109 y 110 (versión paleográfica del documento). “Carta al rey, del deán y Cabildo Eclesiástico de [Puebla de] Los Ángeles, dando aviso de la muerte del obispo [Fernando de Villagómez] y de la pobreza y ruina de la iglesia [catedral]. Los Ángeles, 30 de diciembre de 1570”. 9 Para saber más acerca de la figura del deán D. Tomás de la Plaza véase: Helga Von Kügelgen, ed., Profecía y triunfo. La Casa del Deán Tomás de la Plaza. Facetas plurivalentes (Frankfurt: Vervuert; Madrid: Iberoamericana; México: Bonilla Artigas Editores, 2013). 10 ACCP, Actas de Cabildo, vol. 0, 1539-1576, f. 27 r - 27 v, 18 de noviembre de 1575. 11 ACCP, Actas de Cabildo, vol. 0, 1539-1576, f. 33 r, 27 de julio de 1576. “Este dicho día, el dicho señor canónigo Antón García Endrino dijo y propuso que Juan de Cigorondo, obrero mayor de esta santa iglesia, pedía que convenía y era muy necesario que se derribe las casas donde vivía su señoría ilustrísima del señor obispo que sea en gloria, todas ellas para aprovechar la piedra y madera de ella en la obra de la dicha iglesia, que su señoría ilustrísima de los señores deán y cabildo lo viesen y mandasen acerca dello lo que conviniese […]. Atento los dichos votos se mandó y determinó en que se derriben las dichas casas y tiendas luego, y se le diga al dicho Juan de Cigorondo de 129
bía llegado a la Nueva España en 1573, año en Desde 1573 se había asignado personal in- que comenzó la obra de la catedral nueva de la dígena de la provincia de Tlaxcala para la cons- trucción de la nueva catedral. Según el histo- riador Diego Muñoz y Camargo (1529-1599), fueron designados “65 o 70 efectivos cada se- Ciudad de México de la mano del maestro ma- yor Claudio de Arciniega. Obra de la que el ex- tremeño tomaría buena nota a tenor de algu- 130nas similitudes que observamos en ambos mana”, que se dedicaron a realizar trabajos en la ciudad mientras daba comienzo la nueva edificación.12 edificios, al menos hasta lo construido por Be- cerra antes de partir al virreinato del Perú en 1580, donde trabajó en las catedrales de Lima y Cuzco. Este mismo año 1580, aparece labra- do en el entablamento del segundo cuerpo de que estuvo en Puebla marcó el desarrollo pos- terior de la obra, tanto formal como proporcio- nalmente, ya que los modelos de todas las pie- zas constructivas, que también se encuentran presentes en la portada de la casa del deán D. Tomás de la Plaza, fueron repetidos y reinter- pretados durante el resto de la construcción. Las medidas otorgadas a la planta de la cate- dral y su proporción 1:2, unidas al módulo ele- gido y a la exacta ubicación para levantar la edificación, señalada por parte del deán De la Plaza y el cabildo catedralicio, muestran que había una clara idea por realizar un proyecto completo, que no solo contemplara levantar un edificio para sede de la cátedra, sino que éste estuviera perfectamente integrado en la ciudad, demostrando un propósito de carácter urbano, conforme al cual el edificio más im- portante de la ciudad sería una parte por sí Lo construido por Becerra en los cinco años la portada de la casa del deán D. Tomás, inter- pretado como la fecha de su terminación, coin- cidente con la de su marcha al Perú. Fig. 1. Planta de la ciudad de Puebla y su catedral marcando la proporción esta dicha determinación para que lo haga”. 12 Diego Muñoz Camargo, Suma y epíloga de toda la descripción de Tlaxcala, (México: Universidad Autónoma de Tlaxcala, Secretaría de Extensión Universitaria y Difusión Cultural, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 1994, 1ª ed. 1591), 210. En teoría, los tlaxcaltecas deberían haber estado exentos de servicios personales en virtud de sus privilegios adquiridos desde tiempos de Hernán Cortés. Andrea Martínez Baracs y Carlos Sempat Assadourian, Tlaxcala, textos de su historia, Siglo XVI, Vol. 6 (México: Gobierno del Estado de Tlaxcala, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1991), 103. “Hacia 1565, Tlaxcala contribuyó con 50 indios para la reparación de la catedral de Puebla. Pero el llamado pleito por el servicio público tiene que ver con la asignación de 65 o 70 efectivos cada semana para la edificación de la nueva catedral. Ya no era una contribución de corto tiempo sino un servicio de larga duración; Tlaxcala protestó, además, porque solo un número reducido de sus indios trabajaba realmente en la obra, mientras «los demás se reparten para servir a particulares en que son muy vejados y molestados»”. Charles Gibson, Tlaxcala en el siglo XVI (México: Fondo de Cultura Económica, 1991), 68-69. “Al finalizar el siglo [XVI], el rey reafirmó cédulas previas, sosteniendo una vez más que los tlaxcaltecas no debían trabajar fuera de la provincia. Al igual que otras cédulas reales, esta orden fue redactada hábilmente de modo que, aunque parecía inequívoca, tanto el virrey como sus consejeros pudieron descubrir frases que constituían excepciones. El virrey observó que la cédula prohibía a los tlaxcaltecas trabajar para ciudadanos particulares pero no prohibía en forma específica las levas para la catedral. No hay indicios de que los tlaxcaltecas pudieran contradecir esta interpretación. Siguieron sometidos al repartimiento de labores para la catedral, y mucho tiempo después, al finalizar el siglo seguían enviando 50 hombres por semana”.
solo y a la vez formaría parte de ella como un módulo más. Por tanto, este planteamiento que utilizaba para la catedral el mismo patrón 1:2 de las cuadras de la Traza, se insertaba per- fectamente en la trama urbana y dejaba de ser una utopía renacentista para pasar a ser una singularidad híbrida mesoamericana; es decir, una realidad única en la historiografía de la construcción. Francisco Becerra también contempló el uso de un patrón constructivo único para la ca- tedral. El módulo escogido y sistematizado para todas las piezas de sillares de cantería del edificio fue la altura de media vara o un pie y medio en el sistema métrico sexagesimal vi- gente en Castilla (0.42 m) o, lo que es lo mis- mo, un mollicpitl del sistema de medidas vige- simal nahua. Este módulo fue utilizado desde entonces en todas las construcciones pétreas de la ciudad hasta nuestros días, formando parte incluso del enlosado de todo el centro histórico, en el que las lajas de las banquetas, plazas, etcétera, tienen la medida del molli- cpitl náhuatl que ha pasado a ser una de las señas de identidad principales de la ciudad de Puebla. La traza del maestro Becerra constaba de una nave central y dos colaterales cubiertas con bóvedas de crucería a una misma altura – tipo Hallenkirche o iglesia salón– más otras dos naves de capillas hornacinas con los con- trafuertes embutidos en sus muros. En la cabe- cera colocó la capilla de los Reyes al centro y a los lados: la sacristía en la derecha y la sala ca- pitular en la izquierda; al igual que estaban co- locadas en la catedral de Jaén por Andrés de Vandelvira, proyecto que Becerra pudo cono- cer bien personalmente en su viaje hacia Sevi- lla para embarcarse hacia la Nueva España – 13 El alcance y difusión de dibujos y trazas arquitectónicas entre los maestros de obras en el siglo XVI es un tema poco conocido e investigado, pero es seguro que era más fluido de lo que creemos. 14 Bramante (1444-1514) fue un pintor y arquitecto italiano introductor del Renacimiento. Su primer trabajo realizado en Roma fue el cuestión no documentada– o bien mediante estampas o dibujos.13 La gran novedad del diseño en la catedral poblana fue la inclusión de cuatro torres en las esquinas; algo absolutamente insólito por esas fechas de 1575, que tan solo había sido planteado, pero no realizado, en el proyecto para la basílica de San Pedro en el Vaticano he- cho por Donato d’Angelo Bramante en 1506. En suelo español, el arquitecto real Juan de 14 131 Fig. 2. Planta de la catedral de Francisco Becerra remarcando las cuatro torres.
Herrera elaboró un nuevo diseño para la cate- dral de Valladolid igualmente con cuatro to- Francisco Becerra era miembro de una fami- lia de canteros reconocidos en su Trujillo na- rres pero su fecha de 1585 es posterior al de tal, en Extremadura, donde realizó casi toda su Francisco Becerra. La otra gran novedad inte-15 labor constructiva hasta su llegada a la Nueva grada por Becerra fue el mencionado uso de España. Sin embargo, su amistad con el en-18 132un módulo constructivo que fusionó armóni- camente las dos culturas constructivas: la na- comendero de Oaxaca Gonzalo de las Casas le abrió las puertas de América, ya que fue recla- hua mesoamericana y la cristiana castellana; mado por él para trabajar en el convento de con dos sistemas métricos diferentes: vigesi- Yanhuitlán. Becerra había trabajado en el pala- mal y sexagesimal, de modo que se entendían cio de Santa Marta que De las Casas poseyó en y trabajaban armónicamente.Trujillo, construyendo algunas piezas emble- máticas como su portada, un patio interior porticado o la bóveda de cantería del zaguán co (media vara/mollicpitl) poco común en la de entrada prácticamente plana. Además de península , o al menos no utilizado de forma estos trabajos para el encomendero, también masiva, vino dada por la relación coincidente realizó otros de cierta importancia como la con tres sillares de altura 13 cm, procedentes portada con balcón en esquina de la Casa Cha- del derribo de arquitecturas prehispánicas, De hecho, la utilización de un patrón métri- ves Calderón, la portada de la Dehesa de las más las dos llagas existentes entre ellos. Este Yeguas o la obra de ingeniería del embalse de tipo de sillarejo fue usado en los muros sur y la Albuhera, que dejó inconclusa por su parti- este levantados por el maestro Becerra hasta da a la Nueva España. la altura de las capillas hornacinas antes de marcharse al virreinato del Perú. La decisión16 Una vez hecha la pertinente información de de adoptar este módulo, no solo aceleró la limpieza de sangre en Trujillo, el 17 de mayo obra sino que además, integró a todos sus tra- de 1573, Becerra se embarcó hacia la Nueva bajadores, tanto de origen peninsular como España junto a Martín Casillas, Alonso Pablos y indígena, que de esta forma se apropiaban ín- timamente de la nueva construcción.17 El maestro Francisco Becerra Jerónimo Hernández, canteros que trabaja- ban en su taller y que llegaron a conseguir cier- to renombre en estos territorios; de hecho, Hernández llegó a ser obrero mayor y apareja- dor de la fábrica poblana, e incluso, una vez Templete deSanPietroin Montorio(Il Tempietto) construidoen1502 por encargo de losReyesCatólicos.En1503fue nombrado arquitecto pontificio con el cometido de construir la nueva basílica de San Pedro en el Vaticano, cuya primera piedra fue colocada el año 1506. Bramante hizo numerosas trazas y dibujos de este proyecto que fueron muy copiadas y difundidas por toda Europa; incluso, llegó a hacerse una medalla conmemorativa de la colocación de la primera piedra del templo el 18 de abril de 1506 acuñada por Cristoforo Foppa “Caradosso”, en la que se aprecian las cuatro torres mencionadas. 15 Pedro Navascués Palacio, “Las catedrales de España y México en el siglo XVI”, en Manuel Toussaint: su proyección en la historia del arte mexicano (Instituto de Investigaciones Estéticas, Universidad Nacional Autónoma de México, 1992), 99. 16 Este tipo de sillarejo de aproximadamente 13 cm aparece en gran cantidad prácticamente en todas las construcciones prehispánicas que han llegado hasta nuestros días. 17 “Diccionario de la lengua española”, 23ª ed. (DLE, 2014), s.v. ‘íntimo’. Según este diccionario la palabra íntimo en su primera acepción significa: lo más interior o interno. Esta “apropiación” no solamente se producía por el uso de material de construcciones de la cultura y religiosidad anteriores a la llegada de los españoles, que pasaba a integrarse en los muros de la catedral, sino por la propia importancia del número 13 en las culturas mesoamericanas que pasaba también a formar parte de la nueva construcción. 18 Trujillo actualmente es un municipio de la provincia de Cáceres en la Comunidad Autónoma de Extremadura muy cercano a la frontera con Portugal.
afincado aquí, desempeñó numerosos e im- portantes cometidos edilicios, tanto para el cabildo catedral como para el municipal. Ya en la Ciudad de México, Becerra trabajó en va- rias obras de importancia como la reconstruc- ción de la iglesia del convento de Santo Do- mingo o en el municipio de Tlalnepantla, donde se ve clara su presencia en la portada de la catedral del Corpus Christi, muy similar a otras realizadas en Trujillo y acá en la Nueva España, todas ellas siguiendo claramente el modelo presente en el tratado de Diego de Sa- gredo Medidas del Romano, publicado en To- ledo en el año 1526. 19 20 Becerra pasó a la Ciudad de los Ángeles des- pués de su corta estancia en México y de visitar el mencionado convento de Yanhuitlán, donde se le atribuyen las bóvedas de crucería de la iglesia entre otras labores. Los trabajos hechos nada más llegar junto a la recomendación del encomendero Gonzalo de las Casas, así como la que pudo también hacer su paisano el deán D. Tomás de la Plaza, obviamente influyeron para que el virrey Martín Enríquez de Almansa lo nombrara maestro mayor de la catedral nueva que estaba por hacerse en la Ciudad de los Ángeles. Aunque, según su propio informe de méritos y servicios, se hizo cargo de las 133 19 Jerónimo Hernández pertenecía a una familia de canteros trujillanos registrados documentalmente desde principios del XVI. En 1596 se encuentra en Puebla de los Ángeles como obrero mayor de la catedral y en 1607 aparece como aparejador mayor de la misma. 20 Diego de Sagredo, Medidas del Romano: necessarias a los oficiales que quieren seguir las formaciones de las basas, colunas, capiteles y otras pieças de los edificios antiguos (Toledo: en casa d[e] Remō de petras, 1526), 3. Fig. 3. Alzado hipotético en 3D del estado de la obra de la catedral en el año 1580.
134 obras de la catedral con el solo título de “ser hombre preeminente en el dicho oficio y en competencia de otros muchos maestros”. 21 El maestro mayor Francisco Becerra dejó la obra de la catedral en 1580, levantada en sus costados sur y cabecera hasta la altura de la cornisa de las capillas. No obstante, lo cons- truido hasta entonces conformó un patrón ar- quitectónico inamovible hasta nuestros días. En este aparentemente pequeño, fragmento de construcción que dejó levantado se conte- nían todas las medidas, módulos y proporcio- nes necesarias para la conclusión de la fábrica según su traza: el ancho y la altura de las naves tanto longitudinal como transversalmente, así como la relación proporcional entre ellas; el patrón a utilizar en todas las piezas de la es- tructura; la muy posible inserción de una cú- pula o cimborrio en el crucero; las dimensio- nes de la capilla de los Reyes; la disposición de la sacristía y la sala capitular a los lados de la anterior; la incorporación de los cuatro cubos de escalera para la subida a las torres corres- pondientes en las esquinas del templo; así como la colocación de los contrafuertes embu- tidos sobre los muros de división de las capi- llas hornacinas. Tristemente, no nos ha llegado la traza que realizó Becerra, ni copia alguna, pero sí tene- mos referencias a “trazas antiguas” en docu- mentos posteriores, como una del periodo del virrey marqués de Villamanrique (1585-1590), que situaba un claustro y una fuente en la par- te delantera de la catedral, tal y como aparece en el único plano conservado, resguardado en el archivo general de Indias de Sevilla, firmado por Juan Benítez en el año 1749. Consagración de la catedral por el obispo D. Juan de Palafox y Mendoza 21 Enrique Marco Dorta, “Arquitectura colonial; Francisco Becerra”, Archivo español de arte, tomo XVI (1943), 9. Fig. 4. Plano de la catedral de Puebla por Juan Benítez, 1749 (AGI) Fig. 5. Alzado hipotético en 3D del estado de la obra de la catedral en 1640.
Llegué a la Puebla y hallé este templo edifi- incluida la Inquisición, que intentaron por to- cado sólo hasta la mitad de los pilares, y todo dos los medios frustrar la celebración. De he- él descubierto sin instrumentos y materiales cho, tan solo una semana antes el tribunal in- algunos, ni efectos prontos para comprarse, quisitorial organizó un imponente auto de fe, sin haberse comenzado arco ni bóveda alguna “el más solemne y numeroso que hubiera teni- y sin esperanza de poderse proseguir.22 do lugar en Nueva España, con el que se pre- tendía eclipsar, como algo de ello se consiguió, El obispo D. Juan de Palafox y Mendoza hizo la fiesta poblana, la fiesta del obispo”. La23 su entrada solemne en la Ciudad de los Ánge-consagración de la catedral se había converti- les el 22 de julio de 1640 a lomos de una mula do en un reto para el obispo, más al represen- como marcaba la tradición. El prelado traía tar una victoria contra sus oponentes, encabe- consigo dos cometidos principales, uno de ca- zados por el arzobispo de México Juan de rácter civil y político: hacer que se cumplieran Mañozca principal promotor del auto de fe jun- las Leyes de Indias y controlar los posibles ex- cesos de la audiencia y del nuevo virrey; y el to a la Inquisición y los jesuitas. Las faltas y fa- llas que presentaba el edificio el día de su con- otro de orden eclesiástico como garante de las sagración fueron producto de la prisa por resoluciones del concilio de Trento que no ha- finalizar las obras, una vez conocida la orden bían sido cumplidas con rigor. Además, el rey de su traslado a España. Palafox era conscien- Felipe IV le encargó especialmente el ocuparse te de la importancia y el prestigio que este acto personalmente de la fábrica de la catedral po-tendría a los ojos del rey, patrono real de la blana y llevarla a buen término, asunto en el edificación, y de ahí que no quisiera regresar que puso todos sus esfuerzos. El domingo 18 sin antes santificar la catedral. de abril de 1649, antes de partir hacia España reclamado por el rey y su Consejo, D. Juan de Palafox consagró la nueva catedral bajo la ad- vocación de la Inmaculada Concepción. Palafox llegó a Puebla con una real cédula fechada en Madrid el 30 de enero de 1640, por la cual se le urgía a continuar, junto al deán y al cabildo de la catedral, la fábrica parada años atrás, dándola a destajo o como mejor le pare- ciera. En ese momento la obra estaba construi- da hasta la altura de las capillas que ya esta- ban cubiertas. En una carta escrita al rey Felipe IV en 1646, el obispo da cuenta del estado de la obra, minimizando en cierta medida lo que en- contró levantado y ensalzando todo lo hecho El obispo consiguió terminar suficiente- mente la catedral, dejándola lista para su con- sagración en tan solo nueve años, aunque el estado que lucía el edificio el día de esta cele- bración no era el más óptimo; de hecho, pen- samos que en la España peninsular esta con- sagración no se hubiera podido llevar a efecto, ante las numerosas faltas arquitectónicas que por él hasta ese momento y lo que se conti- tenía y las graves fallas estructurales que se nuaría haciendo. En realidad, conocemos per- fueron manifestando pocos años después. Pa- fectamente el estado de la obra que encontró lafox logró consagrar la catedral a pesar de los por un informe realizado en 1635 por el maes- numerosos detractores que tenía en México, tro mayor de la catedral de México Juan Gó- 22 Mariano F. Cuevas García, Historia de la iglesia en México, Tomo III (México: Imprenta del Asilo “Patricio Sanz”, 1924), 69-70. De nuevo una muestra más del menosprecio por parte del obispo Palafox hacia lo que había construido en la fábrica catedralicia poblana antes de su llegada, exagerando sobremanera “lo poco que había levantado”. 23 Gregorio Bartolomé Martínez, “Acta palafoxiana. Viaje de iniciación a los fondos de archivos y bibliotecas sobre don Juan de Palafox y Mendoza”, en Palafox: Iglesia, Cultura y Estado en el siglo XVII, coord. Ricardo Fernández Gracia (Pamplona: Universidad de Navarra, 2001), 59. 135
mez de Trasmonte, que fue llamado a Puebla do por Trasmonte, el obispo Palafox decidió para dictaminar la obra hecha hasta entonces tomar el camino más conveniente, económico y la mejor forma para continuarla. Trasmonte y rápido: continuar el proyecto de Becerra, in- elaboró un exhaustivo informe con quince cluyendo las novedades de Gómez de Tras- condiciones, donde detalló lo construido, los monte: elevar la nave central manteniendo la 136materiales labrados y sin labrar que había den- proporción de la estructura ya construida y le- tro de la obra, así como una serie de reformas vantar una cúpula en el crucero, para la que no por hacer que consideraba oportunas y que hubo que realizar reforma alguna en los pila- eran similares a las que estaba implementan- res, por lo que pensamos que este elemento do en esos momentos en la catedral de México: pudo estar ya pensado por Becerra en su traza la elevación de la nave central sobre las colate- rales y su cierre con bóvedas vaídas de piedra laja para conseguir una mayor luminosidad, ya que en la traza del maestro Becerra se cerra- ban las tres naves principales “al mismo peso y ría como superintendente absoluto de la obra de la catedral. En teoría era el encargado absoluto original.26 Junto con D. Juan de Palafox llegó a Puebla su criado el pintor Pedro García Ferrer, quien ejerce- movimiento” con bóvedas de crucería de pie- dra. Trasmonte también sugirió la colocación de realizar las trazas y dibujos de todo lo que construyera en la catedral, bien fuera en piedra, 24 de una cúpula en el crucero, para cuya cons- trucción dio cinco condiciones. En realidad ladrillo y mampostería, o bien en madera y otros materiales. Además, como pintor diseñaría junto 25 estas reformas trataban de imprimir un carác- ter más moderno a la edificación y eran unas al obispo todos los lienzos que llevarían los reta- variaciones que, de hecho, ya se estaban aco- metiendo en México. Además, este nuevo tipo el ejecutor absoluto de la fábrica, cumpliendo los de cerramiento para las bóvedas suponía un designios marcados por el obispo. No obstante, gran ahorro de material y mano de obra, al no debemos matizar que por orden del propio Pala- blos. De tal manera que Ferrer se presenta como estar hechas de piedra completamente. fox, el maestro de albañilería Agustín Hernández de Solís fue colocado al frente de todas las cues- tiones arquitectónicas, primero como apareja- dor y después como maestro mayor de la fábrica Hasta ese momento el planteamiento traza- do por Becerra había sido continuado fielmen- te por los sucesivos maestros encargados de la material, incluso por delante del superintenden- obra. A la vista de lo construido y lo dictamina- te Pedro García Ferrer.27 24 El maestro mayor en ese momento, Pedro López Florín, mostró a Trasmonte los planos originales o copia de los iniciales de Becerra, donde aparecían las bóvedas cerradas al “mismo peso y movimiento”. 25 ACCP, Libros de Fábrica, Fábrica 03, Mandamiento de vuestra excelencia para tomar a destajo la obra de esta iglesia…, f. 26 r-31 r, 26 de enero de 1635. Este largo documento es un testimonio del estado de la fábrica de la catedral en ese preciso momento con el que podemos trazar un esbozo fidedigno de lo que había construido y lo que faltaba por hacer. Además, queda claro que la obra estaba en buenas condiciones con las paredes y los pilares prácticamente listos para recibir las bóvedas y sin ningún rastro de resentimiento en la fábrica. 26 ACCP, Papeles sueltos sin clasificar, s/f. Asentamientos de lo que se ha de prevenir conforme al informe y parecer de Juan Gómez de Trasmonte para que el cimborrio que se hubiere de hacer sea con toda seguridad. Montserrat Galí Boadella, “Juan de Palafox y el arte. Pintores, arquitectos y otros artífices al servicio de Juan de Palafox”, en Palafox: Iglesia, Cultura y Estado en el siglo XVII, coord. Ricardo Fernández Gracia (Pamplona: Universidad de Navarra, 2001), 371. La doctora Montserrat cita la fecha de 1640 para la elaboración de este documento por Juan Gómez de Trasmonte a instancias del obispo Juan de Palafox y Mendoza. No obstante, el documento no tiene ninguna fecha y en el momento de su localización se hallaba colocado desorde- nadamente entre una serie de documentos del siglo XVIII. 27 Agustín Hernández de Solís era hijo del maestro de cantería Jerónimo Hernández, llegado a la Nueva España junto a su paisano
Hernández de Solís continuó la obra, siguiendo las condiciones dadas por Trasmonte, así elevó la nave central, para lo que fue necesario subir las medias muestras de los pilares correspondientes. No obstante, Becerra ya había contemplado pro- longar la luz de los arcos de las tres naves, con un entablamento sobre el ábaco para ganar más al- tura. Este modelo había sido utilizado por Filippo Bruneleschi en algunas obras, como en la basílica de San Lorenzo o en la del Espíritu Santo, construi- das en la ciudad de Florencia en la primera mitad del siglo XV. Esta solución italianizante había sido introducida por el maestro Andrés de Vandelvira en la catedral de Jaén (1551), fábrica que como ya se ha dicho pudo ver Becerra o bien pudo cono- cerla por dibujos que circularan sobre ella. En la misma carta escrita en 1646 desde Xalapa, mencionada más arriba, el obispo dice que la traza de la catedral es “de dos torres por la parte de Occidente, donde está la entrada principal: será de gran emi- nencia, proporcionándolas al modo de las de San Pedro de Roma, que se muestran en sus estampas”. Esta alusión que hace Palafox al templo romano con dos torres resulta curiosa, ya que no las tuvo, ni se le- vantaron nunca. Probablemente, el obispo vio algún dibujo o grabado de la traza de Bramante, o bien la pintura de Viviano Co- dazzi en la que aparecen dos torres, el campanario en una recreación fantasiosa realizada en 1630. 137 Francisco Becerra, que fue aparejador de la catedral poblana en el año 1607. Solís desempeñó prácticamente todos los cargos de importancia arquitectónica dependientes del cabildo municipal, mientras que para el cabildo catedralicio también trabajó en numerosas ocasiones (1620, 1627 y 1636), ganándose poco a poco una gran reputación que le sirvió para ejercer como aparejador y maestro mayor de la catedral bajo el gobierno del obispo Palafox. Solís comenzó a ejercer el oficio de albañil previo examen en 1623; AGMP, serie Actas Cabildo, vol. 16, f. 155 r - 155 v, 28 de julio de 1623. AGMP, serie Actas Cabildo, vol. 19, F. 23 v, 3 de enero de 1639. Nombramiento de maestro de albañil, maestro de arquitecto y alarife a Agustín Hernández de Solís, con un salario de doscientos pesos. El 18 de agosto de 1640 se le nombró mayordomo y guarda herramientas con el cometido de cotejar las herramientas y pertrechos que había en la fábrica con la memoria realizada por el maestro mayor de la catedral de México Juan Gómez de Trasmonte, y decidir si eran suficientes para la continuación de la obra o en caso contrario ordenar que se hicieran más nuevas. ACCP, Libros de Fábrica, Legajo de 1640, Entrego de herramientas que se hace a Agustín Hernández de Solís por mandado del señor doctor Juan Nieto Dávalos en cuatro foxas y una suelta, f. 1 r, 18 de agosto de 1640. En el libro de fábrica de la catedral Obras Materiales de la Santa Iglesia Catedral 1643, se le menciona como “maestro de arquitectura que dirige dicha obra por mandato del obispo Juan de Palafox”. A continuación aparece en los documentos como “aparejador y maestro aviador” de la catedral, alternando estos desempeños con el de alarife de la ciudad. Fig. 6. Alzado hipotético en 3D del estado de la obra el día de la Consagra- ción de la catedral, 18 de abril de 1649. (propiedad del autor) Fig. 7. Vista de la basílica de San Pedro y la plaza del Vaticano por Viviano Codazzi, 1630.
No obstante, queda claro que ya entonces En la parte anterior a los claustros que se se había desechado el proyecto de levantar las han trazado para las procesiones dominicales cuatro torres, aunque esa idea estuvo presen- y cae a la calle principal, se forman dos capi- te durante mucho tiempo, tal y como se ve en llas muy hermosas que sirven a los dos curas, el mencionado plano de Juan Benítez fechado una de invocación de San Lorenzo y otra a 138cien años después de la consagración. En la Nuestra Señora del Pilar; esta para mujeres y aquella para hombres; en bastante distancia de la Catedral para que no pueda embarazar el ministerio de su administración a los oficios misma carta de 1646, Palafox inserta una expli- cación acerca del exterior del templo que re- sulta de gran interés, al mencionar que delan- te de las puertas principales se forma un patio divinos.29 con una fuente en medio y que en “la parte anterior a los claustros que se han trazado para las procesiones dominicales y que cae a la calle principal” se habían formado dos ca- pillas a bastante distancia de la catedral. De28 nuevo, esta descripción corresponde con el plano de Juan Benítez, donde se menciona Puebla el 6 de mayo, embarcándose para Es- esta parte como lo que “resta por fabricar”, lo paña el 10 de junio y arribando al Puerto de cual indica que fue copiado del modelo del Santa María el 28 de octubre. A su llegada el rey le ordenó presentarse en Madrid, donde Partida para España siendo obispo hasta 1653 Una vez terminadas las festividades por la consagración de la catedral, Palafox dejó obispo un siglo después. 28 Recordemos que una fuente ya aparecía en una traza de tiempos del virrey marqués de Villamanrique (1585-1590). 29 Zerón, La Puebla de los Ángeles en el siglo XVII. Crónica de la Puebla, 152-153. Fig. 8. Detalle del plano de Juan Benítez, “adorno del claustro que por la parte exterior resta por fabricar”, 1749. (AGI)
fue sometido al reglamentario juicio de resi- rreinato de la Nueva España, había apagado su dencia y del cual resultó absuelto el 13 de brillo y caído en desgracia. Finalmente, Pala- marzo de 1652. fox fue presentado como obispo del Burgo de Osma el 23 de junio de 1653, lugar donde mu- rió el 1 de octubre de 1659, siendo enterrado en la capilla mayor de su catedral.Además de este proceso, tuvo que defen- derse de la acusación de haber colocado en el remate del retablo de los Reyes unas armas que no se consideraban pertenecientes y que finalmente fueron quitadas de su lugar. Este agravio de los escudos no fue el único sufrido por Palafox y su memoria; en 1651 se proclamó un auto inquisitorial sobre la devoción y vene- ración de las imágenes del obispo y, en 1653 el tribunal de la Inquisición envió un edicto al ca- bildo de la catedral, expedido en Madrid el 16 de agosto de 1652, mandando que fueran re- cogidos todos los retratos de Palafox –todavía era obispo de la diócesis– a fin de evitar que se le diera una devoción indebida. Al parecer, fue- ron más de 3.000, aunque según algunos bió- grafos llegaron hasta los 6.000. En palabras del profesor Gregorio Bartolomé: En la catedral de Puebla, a los pies del altar del Perdón, el obispo Palafox tiene una lápida, tal y como él quería, con una inscripción en la- tín que reza: Aquí yace, polvo y ceniza; Juan de Palafox y Mendoza indigno obispo de la Puebla de los Ángeles. Hijos, rogad por vuestro pa- dre. Espero que llegue mi mudanza y en mi carne veré a Dios. Job. 14. 19. Nació con el siglo, murió el año de 16… el día… estamos ante una de las personalidades de la Historia más repetidas en lienzos y grabados. […] Primero, encontramos los cuadros clásicos de porte episcopal o vi- rreinal; luego vienen los de la devoción de sus fieles, y, más tarde, los destinados a la propaganda de la figura y de la obra de un santo.30 Palafox permaneció en la Corte de Madrid por más de tres años sin que se le nombrara oficio alguno, hasta que se le empleó tempo- ralmente en el consejo de Aragón y fue reco- mendado para la diócesis de Osma en Soria, una sede que ordinariamente se daba a los que empezaban en el ministerio episcopal. Quedaba claro que el influyente obispo de Puebla, que había llegado a desempeñar los Fig. 9. Cenotafio del obispo D. Juan de Palafox y Mendoza en la catedral de más altos cargos eclesiásticos y civiles del vi- Puebla. (imagen propiedad del autor) 139 30 Bartolomé, “Acta palafoxiana. Viaje de iniciación a los fondos de archivos y bibliotecas sobre don Juan de Palafox y Mendoza”, 29-54.
Legado arquitectónico Palafox dejó en la Nueva España grandes hitos arquitectónicos y culturales. Entre los primeros, el mayor exponente es la catedral de Puebla; respecto a los segundos, los hubo muy variados e importantes, tanto en la capital del virreinato, donde reformó la Universidad de México redactando unas nuevas constituciones, como en la Ciudad de los Ángeles con la erección del Real y Pontificio seminario palafoxiano, que com- prendía los colegios de San Pedro, San Juan y San Pablo, así como la fundación de la bi- blioteca palafoxiana. 140 Antes de marcharse a España, el obispo ancho y de veintitrés a veinticuatro de largo, más Palafox en sesión del cabildo del 12 de enero de 1649 presentó una nueva planta del con- junto catedralicio realizada por Agustín Her- nández de Solís. Dicha traza fue aprobada aunque se remarcó que debía remitirse pre- el espacio necesario para las sacristías y estancias para el sacristán en sus respectivas cabeceras. 32 Esta similitud entre el plano de Benítez y la traza de Palafox manifiesta que el proyecto del obispo se viamente a España para su aprobación por mantuvo mucho tiempo vigente como indica la le- el Consejo de Indias y el monarca, aclarando que debía guardarse la “traza antigua” en todo lo referente a las portadas y remates fi- nales de la iglesia.31 En esta reunión, que trató sobre el estado de la fábrica y su continuación, el obispo presentó, como cuestión principal, una serie de propuestas para la construcción de las estancias necesarias para uso de la catedral. La más importante fue la construcción de dos sagrarios exentos frente a la fachada principal que aparecen en el plano de Be- nítez mencionados como “piezas que parece de- signadas capillas”. Las dimensiones para estas construcciones fueron de ocho a nueve varas de 31AGI, Gobierno, Audiencia de México,Cartas y expedientesdepersonaseclesiásticas,(México,307),Testimoniodelosautos fechos sobre la obra del sagrario de la cathedral desta ciudad y petición que presentó el doctor don Domingo de los Ríos, arcediano, sobre esta razón, f. 34 r - 36 v, 8 de septiembre de 1660. 32 AGI, Gobierno, Audiencia de México, Cartas y expedientes de personas eclesiásticas, (México, 307), Testimonio de los autos fechos sobre la obra del sagrario de la cathedral desta ciudad y petición que presentó el doctor don Domingo de los Ríos, arcediano, sobre esta razón, f. 34 r - 36 v, 8 de septiembre de 1660. Fig. 10. Alzado del proyecto arquitectónico hipotético en 3D del obispo D. Juan de Palafox y Mendoza. (propiedad del autor)
yenda: “explicación del claustro que demuestra lo delimitado de amarillo y fachadas exteriores que inlcuyen asimismo el mapa original”. Ambas parro- quias quedaban unidas al templo mediante unas pandas claustrales, y serían destinadas al culto or- dinario de los parroquianos y como baptisterio, quedando la catedral para la liturgia del culto divi- no y celebraciones importantes. Este proyecto formaba parte de un plan in- tegral urbanístico que incluía la construcción de una serie de casas “iguales y proporciona- das”, adosadas a los lados norte y sur de la ca- tedral, que una vez alquiladas como tiendas o viviendas aportarían liquidez a la fábrica. Ade- más, la propuesta del obispo para el costado norte contemplaba la idea de configurar una plaza pública rodeada al completo de soporta- les, como existía en los otros tres lados. Que toda aquella acera o parte de la cua- dra que cae a la banda de la plaza desde una a otra esquina, que se entiende desde el empedradillo hasta la que hace a la casa del alférez mayor de la ciudad, corra de ca- sas igualmente desde el principio hasta el fin, y todas iguales y proporcionadas en cuanto se pueda, pidiendo a la ciudad que tenga por bien de que se hagan portales, que será de mucho lucimiento de la mis- ma plaza y tendrá la iglesia eso más de rentas.33 D. Juan de Palafox dejó a cargo de la finaliza- ción de la obra y de la realización de esta nueva traza a su amigo personal, el canónigo racionero Andrés de Luey, con el cargo de obrero mayor. La consagración se había llevado a cabo sin haberse levantado ninguna de sus cinco portadas (tres en la fachada principal y las dos del crucero); tampo- co tenía levantadas ninguna de las dos torres que hoy vemos y las naves en su parte exterior no te- nían los contrafuertes necesarios para su perfecta estabilidad, sobre todo en el lado sur; además, el edificio tenía bastantes deficiencias estructurales que se fueron solucionando a posteriori. 34 141 Fig. 11. Alzado del proyecto arquitectónico hipotético en 3D del obrero mayor Andrés de Luey. (propiedad del autor) 33 AGI, Gobierno, Audiencia de México, Cartas y expedientes de personas eclesiásticas, (México, 307), Testimonio de los autos fechos sobre la obra del sagrario de la cathedral desta ciudad y petición que presentó el doctor don Domingo de los Ríos, arcediano, sobre esta razón, F. 35 r, 8 de septiembre de 1660. La negrita de la cita es nuestra. 34 El obispo Palafox había conseguido que el cargo de obrero mayor de la fábrica catedralicia recayera en alguien del propio cabildo, cuestión que había sido polémica desde el inicio de la construcción, ya que siempre estuvo en manos de personal civil normalmente en los propios alcaldes mayores de la ciudad, que eran designados directamente por el virrey.
Andrés de Luey comenzó a acometer las to inicial, ya que la primera piedra del monas- obras necesarias pero en seguida centró to- terio se puso el 23 de abril de 1563, por lo que dos sus esfuerzos en la construcción del el maestro Becerra pudo conocer el proyecto claustro y los sagrarios frente a la fachada, re- flejados en la traza dejada por Palafox. No 142obstante, decidió no respetar las medidas y antes de embarcarse para la Nueva España. El obrero mayor Luey llegó a levantar el sa- proporciones dadas por el obispo, magnifi- cando estos espacios con el fin de crear un bloque rectangular que ocupara toda la cua- dra de la catedral. Agrandó los sagrarios y la panda claustral 17 varas para abrazar las to- rres y fortalecerlas; además, así conseguía les del templo (17 m); lo que generó una gran que el claustro se alineara perfectamente con polémica que se prolongó durante muchos grario izquierdo (Evangelio) hasta los arcos para voltear las bóvedas, con una altura pro- porcionada a las nuevas dimensiones que lle- gaba a opacar la fachada de la catedral, ya que ascendía hasta el nivel de las bóvedas latera- los soportales que se colocarían a lo largo del costado norte hacia la plaza. años, subsistiendo esta construcción en esta- do ruinoso hasta bien entrado el siglo XVII. Por el contrario, la traza palafoxiana confi- Conclusión guraba una “especie de parrilla”, cuyo mango era el claustro remetido sobre el cuerpo del La tantas veces repetida unidad estética y templo, en una posible alusión al tormento de estilística de la catedral de Puebla responde a San Lorenzo, a quien estaba dedicado el sagra- nuestro juicio a tres causas fundamentalmen- rio del lado del Evangelio. De hecho, el diseño te: la primera, el que su construcción se hizo ex novo sobre una ciudad de nueva planta, de tal forma que desde su comienzo no estuvo atada de Palafox parece en algunos aspectos un re- medo de la basílica y el atrio delantero del mo- nasterio de El Escorial en la sierra de Madrid; a ningún condicionamiento espacial ni urba- construcción bien conocida a través de las es- no. La segunda, el continuo flujo económico tampas de Juan de Herrera y Pedro Peret que recibió la fábrica a lo largo de práctica- (1589). A pesar de este enorme parecido, algu- mente todo su periodo constructivo. Y la terce- nas de las “novedades” introducidas por el ra, y más importante, la rotunda decisión del obispo en su traza pudieron estar en el proyec- cabildo eclesiástico para que la esencia del Fig. 12. Estampa de la Fábrica de San Lorenzo el Real de El Escorial, Juan Herrera y Petrus Perret, 1587-1589.(Real Biblioteca) Fig. 13. Alzado hipotético en 3D de la unión de los proyectos para la catedral de Francisco Becerra, D. Juan de Palafox Palafox y Andrés de Luey, sobre el plano de Juan Benítez.
proyecto original no fuera modificada en gran Castro Morales, Efraín. “La catedral vieja de medida. Estos tres condicionantes fueron las claves para que no se llevaran a cabo grandes transformaciones de orden estructural, siendo las que se realizaron por razones de carácter estético, ligadas a modas temporales que no lograron despojar a la obra de su intrínseco va- lor original. Puebla.” En Estudios y documentos de la re- gión de Puebla-Tlaxcala, vol. 2. Puebla: Co- legio de Historia, Escuela de Filosofía y Le- tras, Universidad Autónoma de Puebla, Instituto Poblano de Antropología e Histo- ria, 1970. Cuevas García, Mariano F. Historia de la Iglesia en México, t. 3. México: Imprenta del Asilo “Patricio Sanz,” 1924. Para finalizar queremos resaltar que la cate- dral de Puebla, aún siendo una de las principa- les del mundo hispánico, pudo haber llegado a ser absolutamente única de haberse consolida- do una fusión de los proyectos del maestro Francisco Becerra, del obispo D. Juan de Pala- fox y el de su obrero mayor Andrés de Luey: una catedral con cuatro torres en las esquinas, un Galí Boadella, Montserrat. “Juan de Palafox y el arte: Pintores, arquitectos y otros artífices al servicio de Juan de Palafox.” En Palafox: Iglesia, cultura y Estado en el siglo XVII, coord. Ricardo Fernández Gracia, Pamplo- na: Universidad de Navarra, 2001, 367–381. García Mirales, María Victoria. El oficio de cons- Fernández Muñoz, Yolanda. “Francisco Becerra: Su obra en Extremadura y América.” Tesis doctoral, Universidad de Extremadura, 2007. claustro delantero y una extensión de habitácu- los alrededor del edificio con una galería porti- cada hacia la plaza principal de la ciudad. Estas características la hubieran convertido en un hito universal para su época. Aun así, actual- mente podemos contemplar uno de los mode- los más armónicos y mejor logrados de laarqui- tectura eclesiástica de todos los tiempos. truir: Origen de profesiones. El aparejador en el siglo XVII. Madrid: Colegio Oficial de Apa- rejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid, 1990. Bibliografía Archivo del Cabildo Catedralicio de Puebla Gibson, Charles. Tlaxcala en el siglo XVI. Méxi- co: Fondo de Cultura Económica, 1991. (ACCP) Kügelgen, Helga von, ed. Profecía y triunfo: La Casa del Deán Tomás de la Plaza. Facetas plurivalentes. Frankfurt: Vervuert; Madrid: Iberoamericana; México: Bonilla Artigas Edi- tores, 2013. Archivo General de Indias (AGI) Archivo General Municipal de Puebla (AGMP) Bartolomé Martínez, Gregorio. “Acta palafoxia- na: Viaje de iniciación a los fondos de archi- vos y bibliotecas sobre don Juan de Palafox y Mendoza.” En Palafox: Iglesia, cultura y Es- tado en el siglo XVII, coord. Ricardo Fernán- dez Gracia. Pamplona: Universidad de Na- varra, 2001, 29–53. Marco Dorta, Enrique. “Arquitectura colonial: Francisco Becerra.” Archivo Español de Arte 16 (1943): 7–15. Marías, Fernando. “El problema del arquitecto en la España del siglo XVI.” Academia: Bole- 143
tín de la Real Academia de Bellas Artes de Navascués Palacio, Pedro. “Las catedrales de San Fernando 48 (primer semestre de 1979): 173–216. España y México en el siglo XVI.” En Manuel Toussaint: Su proyección en la historia del arte mexicano, 89–101. México: Instituto de Investigaciones Estéticas, Universidad Na- cional Autónoma de México, 1992. —. El largo siglo XVI: Los usos artísticos del Re- 144 nacimiento español. Madrid: Taurus, 1989. Martínez Baracs, Andrea, y Carlos Sempat As- sadourian. Tlaxcala: Textos de su historia. Si- glo XVI, vol. 6. México: Gobierno del Estado de Tlaxcala, Consejo Nacional para la Cultu- ra y las Artes, 1991. Rabasa Díaz, Enrique. Forma y construcción: De la cantería medieval a la estereotomía del si- glo XIX. Madrid: Akal, 2000. Sagredo, Diego de. Medidas del Romano: Ne- cessarias a los oficiales que quieren seguir las formaciones de las basas, colunas, capi- teles y otras pieças de los edificios antiguos. Toledo: Casa de Remón de Petras, 1526 Molero Sañudo, Antonio Pedro. La catedral de Puebla: Historia de su proceso constructivo. 2ª ed. México: Benemérita Universidad Au- tónoma de Puebla , Profética A.C., 2022. Muñoz Camargo, Diego. Suma y epíloga de toda la descripción de Tlaxcala. Paleografía, pre- sentación y notas de Andrea Martínez Ba- racs y Carlos Sempat Assadourian; prólogo de Wayne Ruwet. Ed. facsimilar, 1ª ed. 1591. México: Universidad Autónoma de Tlaxcala, Secretaría de Extensión Universitaria y Difu- sión Cultural, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 1994.
Para fortuna de la historiografía monjil novohispana son cuantiosos los estudios relativos a los conventos de monjas de la ciudad de los ángeles, siendo el final del siglo XX y los albores del siglo XXI, la cúspi- de numérica de tales investigaciones. Dig- nos de mencionar, son los trabajos de Jo- sefina Muriel , Concepción Amerlinck , Nuria Salazar , Fray Esteban Arroyo y sor María de Cristo Santos , Rosalva Loreto , Manuel Ramos , Kathleen Myers y Amanda Powell , Asunción Lavrín , Alicia Bazarte , Alma Montero Alarcón , Luz del Carmen 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Jimarez , Robin Rice y Franziska Neff , quienes lo mismo han dedicado sus es- fuerzos a la realización de estudios mono- gráficos, que al análisis de los distintos problemas que supuso la vida conventual femenina en la ciudad de Puebla durante el período virreinal. 11 12 13 El caso del Convento de Agustinas Reco- letas de Santa Mónica de Puebla ha sido uno de los más favorecidos historiográfi- camente, destacando los trabajos empren- didos por los agustinos Balbino Rano Gun- 147 PUEBLA Y SUS CONVENTOS DE MONJAS EN LA ÉPOCA COLONIAL. BREVES CONSIDERACIONES. Adriana Guadalupe Alonso Rivera. 1 Josefina Muriel, Conventos de monjas en la Nueva España, (México: Editorial Santiago, 1946). 2 Concepción Amerlinck, Conventos y Monjas en la Puebla de los Ángeles, (México: Gobierno del Estado de Puebla, 1988). 3 Nuria Salazar, La vida común en los conventos de monjas de la ciudad de Puebla, (Puebla: Gobierno del Estado de Puebla, Secretaría de Cultura, 1990). 4 Fray Esteban Arroyo González y Sor María de Cristo Santos Morales, Monasterio de Santa Rosa de Lima: Puebla de los Ángeles, MDCCXL (México: Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas, 1992. Fray Esteban Arroyo González y Sor María de Cristo Santos Morales, Las monjas dominicas en la cultura novohispana (México: Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas, 1993). 5 Rosalva Loreto, El Convento de Santa Rosa de la Puebla de los Ángeles (México: Gobierno del Estado de Puebla, 1997). Rosalva Loreto, Los conventos femeninos y el mundo urbano de la Puebla de los Ángeles del siglo XVIII (México: El Colegio de México, 2006). Rosalva Loreto, Tota Pulchra. Historia del monasterio de la Purísima Concepción de Puebla. Siglos XVI-XIX (México: BUAP, 2017). 6 Manuel Ramos, Místicas y Descalzas (México: CONDUMEX, 1997). 7 Kathleen Ann Myers, Amanda Powell. A wild country out in the garden. The spiritual journals of a Colonial Mexican nun. (EU: Indiana University Press, 1999). 8 Asunción Lavrin, Las Esposas de Cristo. La vida conventual en la Nueva España (México: Fondo de Cultura Económica, 2016). 9 Alicia Bazarte, Enrique Tovar Esquivel, El convento de San Jerónimo en Puebla de los Ángeles: cuarto centenario de su fundación (México: Jerónimas de Puebla, 2000). 10 Alma Montero Alarcón, Monjas coronadas. Profesión y muerte en Hispanoamérica virreinal (México: Plaza y Valdés, 2008). 11 Luz del Carmen Jimarez Caro, Tipología de los templos conventuales poblanos (México: BUAP, 2008). 12 Pedro Salmerón, Robin Rice, ed., Vida de la venerable madre Isabel de la Encarnación (Madrid: Iberoamericana, 2013). 13 Franziska Neff, “Arquitectura de los conventos femeninos de Puebla de los Ángeles a mediados del siglo XVIII: Un acercamiento desde las fuentes documentales”, Boletín de Monumentos Históricos, n.º 39 (2017).
dín , Teófilo Aparicio López y Roberto Jaramillo Escutia , así como los realizados por José Medel , Cecilia Vázquez Ahuma- da y Rosa María Garza Marcué , Judith Katia Perdigón Castañeda , Jesús Joel 148Peña Espinosa , Eduardo Merlo Juárez , 14 15 16 17 18 19 20 21 22 Miriam Gómez Escalante y Adriana Alon-23 so Rivera . Finalmente, son dignos de24 mencionar los estudios en torno al funda- dor del convento, el obispo Manuel Fer- nández de Santa Cruz, emprendidos tanto por Montserrat Galí y Concepción Zayas ,25 26 como por Alejandro Soriano Vallés , Em-27 manuel Michel Flores y Adriana Alonso28 Rivera quienes se han encargado de abor-29 14 Balbino Rano, “Los primeros tiempos del convento de agustinas de puebla de los ángeles en los documentos de su archivo y del archivo vaticano”, Archivo Agustiniano, n.º 71, (1987). 15 Teófilo Aparicio, El Convento de Santa Mónica, trescientos años de vida fecunda y generosa 1688-1988 (Puebla: Monasterio Agustino de Santa Mónica, 1988). 16 Roberto Jaramillo Escutia, “La madre Guadalupe Vadillo, restauradora del monasterio de Santa Mónica de Puebla”. Boletín de monumentos históricos, n.o 30, (2014). 17 José Medel, El convento de Santa Mónica. Museo colonial (México: Editorial Puebla, 1940). 18 Cecilia Vázquez Ahumada, Ex convento de Santa Mónica (México: BUAP, 2000). Cecilia Vázquez Ahumada, “Los patrimonios regionales artísticos reclaman ser estudiados. El caso del Museo de Arte Religioso del ex convento de Santa Mónica en Puebla, Pue.” (Tesis de maestría, Universidad Nacional Autónoma de México, 2010). 19 Rosa María Garza Marcué y Cecilia Vázquez Ahumada, Mujeres construyendo un mundo: las recetas del Convento de Santa Mónica en Puebla (México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2017). 20 Judith Katia Perdigón Castañeda, Ed., La conservación de las coronas de monjas del Museo de Arte Religioso Ex Convento de Santa Mónica, Puebla (México: INAH, 2011). 21 Jesús Joel Peña Espinosa, “Crisis, agonía y restauración del monasterio de Santa Mónica de la Ciudad de Puebla, 1827-1943”. Boletín de monumentos históricos n.o 30 (2014). 22 Eduardo Merlo Juárez, Las iglesias de la Puebla de los Ángeles (México: Secretaría de Cultura Puebla, 2001). Eduardo Merlo Juárez. Apología de los chiles en nogada (México: Gobierno de Puebla, 2021). 23 Miriam Aurora Gómez Escalante, “Vida conventual en Santa Mónica de Puebla (1680-1720)” (Tesis de licenciatura, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, 2016). 24 Adriana Alonso Rivera, “La imagen en el contexto agustino femenino: modelos de espiritualidad y filiación corporativa. Puebla, siglos XVII-XIX” (Tesis de doctorado, Universidad Nacional Autónoma de México, 2022). Adriana Alonso Rivera, “Imagen y filiación corporativa: el convento de Agustinas Recoletas de Santa Mónica de Puebla, un proyecto secular preocupado por consolidar una identidad de carácter regular”, en Desde el clamoroso silencio: estudios del monacato femenino en América, Portugal y España de los orígenes a la actualidad, editado por Daniele Arciello, Jesús Paniagua Pérez y Nuria María Rosa Salazar Simarro (España: Peter Lang, 2021), 753-784. 25 Montserrat Galí Boadella, “El patrocinio episcopal en la ciudad de Puebla” el caso del obispo Manuel Fernández de Santa Cruz (1677-1699)” Actas III congreso internacional del barroco americano: territorio, arte, espacio y sociedad (2001), 71-90. 26 Concepción Zayas, “La escritora Ana de Zayas y el obispo poblano Manuel Fernández de Santa Cruz”, en Anuario de Estudios Americanos, Tomo LVIII (2001): 61-81. Concepción Zayas, Ana de Zayas: Escritora y maestra de espíritu (México: BUAP, 2017). 27 Alejandro Soriano Vallés, Sor Filotea y sor Juana. Cartas del obispo de Puebla a sor Juana Inés de la Cruz (México: FOEM, 2019). 28 Emmanuel Michel Flores Sosa, “Un dechado de príncipe eclesiástico. Puebla de los Ángeles durante la gestión del obispo Manuel Fernández de Santa Cruz (1675-1699)” (Tesis de doctorado, El Colegio de México, 2020). 29 Adriana Alonso Rivera, “Representación simbólica de un legado. El corazón de Manuel Fernández de Santa Cruz, su retrato y las bancas del coro alto en el Convento de Santa Mónica de Puebla”, Boletín de monumentos Históricos (2023). dar el legado histórico y artístico del obis- po, así como su relación con las mujeres de su tiempo. Es sabido que la fundación de conven- tos femeninos en la Nueva España com- prendió de mediados del siglo XVI al si- glo XIX, siendo las ciudades de México (Tabla 1) y Puebla (Tabla 2) las que con- centraron el mayor número de institucio- nes monacales:
En la ciudad de Puebla se fundaron en total talina, La Concepción, San Jerónimo, Santa Te- once conventos, todos ellos ubicados al inte-resa, Santa Inés, La Santísima Trinidad y Santa rior de la zona urbana. Rosalva Loreto divide Clara, mientras que a la segunda ola pertene- las fundaciones en dos períodos, el primero cen los monasterios de Santa Mónica, Capuchi- comprendido entre 1568 y 1604 y el segundo nas, Santa Rosa y La Soledad. entre 1680 y 1748 . A la primera ola de funda-30 ciones pertenecen los conventos de Santa Ca- 30 Rosalva Loreto, Los conventos femeninos y el mundo urbano de la Puebla de los Ángeles del siglo XVIII, 37. 149 María Concepción Amerlinck de Corsi y Manuel Ramos Medina, Conventos de monjas. Fundaciones en el México virreinal (México: Condumex, 1995). Josefina Muriel, Conventos de monjas en la Nueva España (México: Editorial Santiago, 1946), en Asunción Lavrin, Las Esposas de Cristo, 451-452. Tabla 1 Fundaciones monacales en la Ciudad de México Convento La Concepción Regina Coeli Santa Clara Jesús María San Jerónimo y Santa Paula Nuestra Señora de la Encarna- ción Santa Catalina de Siena San Juan de la Penitencia San Lorenzo Santa Inés Orden religiosa Concepcionista Concepcionista Franciscana Concepcionista Jerónima. Concepcionista Año de fundación 1540 1573 1573 1581 1585 1593 Dominica Franciscana Agustina Concepcionista 1593 1598 1598 1595-1596 Efectiva en 1600 1610 1616 San José de Gracia San José (Santa Teresa la Antigua). Nuestra Señora de Balvanera San Bernardo San Felipe de Jesús Santa Teresa la Nueva Corpus Christi El Salvador y Santa Brígida. Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza. Nuestra Señora de Guadalupe (Villa de Guadalupe). Nuestra Señora de Guadalupe. Concepcionista Carmelita Concepcionista Concepcionista Franciscana capuchina Carmelita. Franciscana Orden brígida. Orden de María, La En- señanza Antigua. Franciscana capuchina 1634 1636 1666 1700. Efectiva en 1704. 1724 1735. Efectiva en 1744. 1752. Efectiva en 1754. 1780. Efectiva en1787 Orden de María, La En- señanza Nueva. 1811
150 La distribución urbana de las fundaciones con-obedecieron sobre todo al papel de las religio- ventuales se asentó de norte a sur por la perfecta sas en la misión salvífica de la sociedad colo- traza rectilínea angelopolitana coincidiendo, se- nial, pues “las personas entendían su vínculo gún lo estudiado por Rosalva Loreto, con los ejes con los conventos femeninos como un inter- de abasto y distribución de agua dulce por medio cambio de apoyo material por los beneficios de acequias, alcantarillas y fuentes dependientes espirituales” derivados de su mediación. Al de los monasterios, beneficiando casi de manera margen de la utilidad religiosa y el prestigio 32 directa a los sectores circunvecinos: social que supuso su establecimiento, es pre- ciso tomar en cuenta su importancia como Coincidiendo con los ejes de distribución de una de las pocas opciones de vida para la mu- agua dulce que recorrían la ciudad de norte jer novohispana, pues se les conformó con el a sur se localizaba el conjunto de los monas-propósito de resolver una problemática rela- terios femeninos conformando una zona cionada con el resguardo y aseguramiento bien delimitada en el corazón mismo de la económico de numerosas mujeres. Respecto traza. Hacia el oriente estaban Santa Teresa, al cauce de la espiritualidad femenina y la con- Santa Clara, San Jerónimo y La Soledad. De veniencia social y espiritual de estos recintos, manera paralela, en la calle central que divi- de a la ciudad de oriente a poniente se loca- lizaban Santa Mónica, La Santísima, La Con- cepción y Capuchinas. Para concluir, un tercer bloque al poniente agruparía a los tres conventos de dominicas: Santa Rosa, Santa Catalina y Santa Inés .31 Asunción Lavrín asegura: Los conventos femeninos formaron parte del trasplante cultural español y europeo al Nuevo Mundo. […] Representaban la acep- tación de ciertas cualidades de género que hacían a las mujeres depositarias de una forma particular de espiritualidad deseable para los fundamentos de una nueva socie- Las razones para fundar estas instituciones 31 Rosalva Loreto, Los conventos femeninos, 57-58. 32 Asunción Lavrin, Las Esposas de Cristo, 19 Asunción Lavrin, Las Esposas de Cristo, 452. Tabla 2 Fundaciones monacales en la Ciudad de Puebla. 1568-174832 Convento Orden religiosa Año de fundación Santa Catalina de Siena La Concepción San Jerónimo San José (Santa Teresa) Santa Clara La Santísima Trinidad Santa Inés de MontepulcianoDominica Dominica Concepcionista Jerónima Carmelita Franciscana Concepcionista 1568 1593 1597 (efectiva en 1600) 1604 (efectiva en 1607) 1607 1619 1620 (efectiva en 1616) 1688 1704 Santa Mónica Santa Ana Agustinas Recoletas Orden Franciscana Capuchina
dad. […] Los colonizadores vieron en el es-dicción episcopal” . En 1640 el obispo Juan tablecimiento de conventos femeninos un de Palafox y Mendoza reiteró la conveniencia distintivo espiritual y social, así como un de que los conventos femeninos angelopoli- tanos formaran parte de la jurisdicción ordi- naria diocesana , a excepción del de Santa Clara que continuó bajo el cuidado y manda- to del Provincial de la Orden Franciscana. Lo 35 36 anterior implicó que los conventos se some- reducto para dar protección a aquellas mu- jeres que consideraron vulnerables en las nuevas circunstancias sociales .33 Como es sabido, gracias a las investigacio- nes de Josefina Muriel y Nuria Salazar, en la tieran a los designios del obispo en turno, Nueva España coexistieron dos tipos de insti-quien dictaría, entre otras cosas, las políticas tuciones monacales femeninas. Por una parte, en materia económica y administrativa, así los conventos descalzos o recoletos, distingui- dos por observar sus reglas y constituciones con sumo rigor, así como por practicar el mo- delo de vida común en comunidades reduci- como las regulaciones en torno a las visitas, los confesores, la certificación de vocaciones, etc. En este sentido, resultan muy ilustrativos los casos de las monjas concepcionistas y do- das; y por otra parte, los conventos calzados o minicas poblanas durante la prelacía del urbanistas, que se distinguieron por interpre- tar de manera más flexible sus reglas y consti- obispo Juan de Palafox y Mendoza. A las pri- meras, les dio nuevas reglas, tal como se indi- tuciones, seguir el modelo de vida particular y ca en su edición de 1641, en la que se incluye hallarse por ello muy bien abastecidos de vo- caciones, bienes y rentas. En la Ciudad de Pue- una carta del obispo dirigida a las madres abadesas de los conventos de la Concepción bla los conventos descalzos fueron los de los y la Santísima Trinidad, la cual reza: de Santa Teresa, Santa Mónica, Capuchinas del señor San Joaquín y Santa Ana, Santa Rosa y Nuestra Señora de la Soledad, mientras que los calzados fueron los de Santa Catalina de Siena, San Jerónimo, La Concepción, La Santí- sima Trinidad, Santa Inés de Montepulciano y Santa Clara.34 A esta causa, nos ha parecido, no solo con- veniente, sino necesario, tomar trabajo de disponer la Regla, Mandatos, y Constitu- ciones, y todo lo que en esta razón está or- denado […], separando lo repetido en ellas, y reduciéndolas a menos número […]. Estas pues son las Reglas, y Constitu- ciones, que han de guardar. Estos son los pasos por donde han de buscar, la corona de la eternidad. Este el camino, de la per- fección, a que anhelan .37 Por otro lado, se sabe que para el siglo XVI todos los conventos novohispanos se encon- traban bajo la firme dirección de la clerecía masculina, de manera que “cada obispado tenía un vicario de monjas que supervisaba las actividades de los conventos bajo la juris- 33 Ibid., 13. 34 Nuria Salazar, La vida común, 22. 35 Asunción Lavrín, Las Esposas de Cristo, 165. 36 Rosalva Loreto menciona que en los Concilios Provinciales I y II apenas se hace referencia a los cánones legales que debían normar la relación entre los monasterios regulares y los obispados, sin embargo, fue hasta 1640 que el obispo Palafox, como parte de una tenden- cia de claro corte tridentino, refrendaría el que los conventos de monjas fueran normados por el ordinario diocesano. Rosalva Loreto, “Conventos de mujeres en Puebla y Concilios provinciales”, en Los concilios provinciales en Nueva España. Reflexiones e influencias, editado por María del Pilar Martínez López Cano (México: UNAM-BUAP, 2005), 415. 37 Regla y constituciones que han de guardar las religiosas de los conventos de Nuestra Señora de la Concepción, y la Santísima Trinidad En el caso de las monjas dominicas de los 151
conventos de Santa Catalina y Santa Inés, el obispo Palafox les dio también reglas y una se- rie de preceptos, posteriormente a una visita canónica realizada a sus monasterios en 1644. La regla mandada a observar fue la de San el convento de Santa Mónica de Puebla se la cual para 1714 ascendía a 186, 568.00 y 9, 328.00 pesos respectivamente .41 En este sentido es preciso puntualizar que 152Agustín, a la que se sumaron ordenanzas y planteó desde el principio como una institu- constituciones realizadas por el obispo en eje- cución de la regla referida: ción de naturaleza descalza y recoleta, surgida de la iniciativa de un obispo y por ende como un proyecto de naturaleza secular constante- […] para que sepan las Religiosas la obli-mente preocupado por consolidar una identi- gación de su estado, y vivan con mayor dad de carácter regular. cuidado de su observancia. A esta causa nos ha parecido no solo conveniente sino necesario, tomar el trabajo de disponer la del Convento de Agustinas Recoletas de Santa Breve relación en torno al origen y fundación Regla, Mandatos y Constituciones anti- guas […] y hacer un volumen breve, po- niéndolo todo en orden conveniente para que con mayor facilidad puedan leerse coletas de Puebla se remontan al año 1600, cuando un canónigo de la catedral de Puebla, natural de la ciudad de Palencia, España, de nombre Francisco de Reynoso, junto con el Entre 1640 y 1760, el número de religiosas clérigo, presbítero y racionero de la catedral, Mónica de Puebla .42 Los orígenes del Convento de Agustinas re- por todas las Religiosas, y cada una obser- ve aquello que profesó.38 dentro de los monasterios crecería considera- blemente debido a una interpretación flexible cogimiento para mujeres erradas y arrepenti- Julián López, fundaron una institución de re- de las normas internas de cada orden por par- te de los obispos en turno , sin embargo, esto fundación del aquel entonces llamado “Reco-39 gimiento de Santa María Magdalena”. El docu- das, según lo que se sabe por la escritura de no sucedería en el caso del convento de Agus- tinas Recoletas de Santa Mónica en Puebla, el mento, ubicado en el actual Archivo General de Notarías de la Ciudad de Puebla, manifiestacual, desde su fundación nunca excedió el nú- mero de veinticuatro monjas originalmente la voluntad de ambos personajes: propuesto en sus constituciones , así como la40 cantidad de bienes y rentas que le fue legado, de la Ciudad de los Ángeles (México: Editor no identificado, 1641), 10 r. 38 Regla del Glorioso Doctor de la Iglesia N.G.P.S. Agustín, que han de guardar las religiosas de los conventos de Santa Catalina de Sena y Santa Inés del Monte Policiano, de la Orden de N.P. Santo Domingo, Establecidos en la Puebla de los Ángeles (Puebla: Real Seminario Palafoxiano, 1789), 3-4. 39 Rosalva Loreto, “Conventos de mujeres en Puebla y Concilios provinciales”, 418-419. 40 Regla dada por N.P.S Agustin a sus monjas. Constituciones que han de guardar las religiosas agustinas recoletas de Santa Monica de Ciudad de la Puebla [....] (Puebla: Diego Fernández de León, 1691). 41 Loreto, “Conventos de mujeres y Concilios provinciales”, 420. 42 Para abundar más en el origen y proceso de fundación del convento de Agustinas Recoletas de Santa Mónica de Puebla ver: Adriana Alonso Rivera, “La imagen en el contexto agustino femenino: modelos de espiritualidad y filiación corporativa. Puebla, siglos XVII-XIX” (Tesis de doctorado, Universidad Nacional Autónoma de México, 2022). Adriana Alonso Rivera, “Imagen y filiación corporativa: el convento de Agustinas Recoletas de Santa Mónica de Puebla, un proyecto secular preocupado por consolidar una identidad de carácter regular”, en Desde el clamoroso silencio: estudios del monacato femenino en América, Portugal y España de los orígenes a la actualidad, editado por Daniele Arciello, Jesús Paniagua Pérez y Nuria María Rosa Salazar Simarro (España: Peter Lang, 2021), 753-784. En el nombre de Dios todopoderoso, y de
la Virgen Santa María, su madre, señora za, resolvió reestructurar el proyecto inicial de Francisco de Reynoso y fundar, por una parte, un recogimiento y por otra un Colegio para con- nuestra. Sepan cuantos esta carta vieren como yo, Julián López. Clérigo presbíte- ro, racionero de la santa iglesia catedral servar la virtud de dichas mujeres en riesgo. de éste obispado de Tlaxcala y vecino de ésta ciudad de los Ángeles, digo por cuan- to [he] considerado que en ésta ciudad casa de recogimiento se reubicó, bajo la advo- no hay casa de recogimiento o colegio de cación de Santa María Egipciaca, en un paraje mujeres herradas y arrepentidas y que de situado cuadra arriba del inmueble original. Por otro lado, el edificio original se dispuso Acorde a la decisión del obispo, la antigua haberla se servirá [a] Dios, nuestro señor, y se evitarán muchas ofensas suyas [...] para fungir como “relicario de purezas” al al- habiéndonos juntado el canónigo don Francisco de Reinoso e yo para dar asien- to en la dicha obra [...]. Y ruego y encargo reformado, nombrado aún de Santa María Magdalena, entró en funciones con una misa celebrada por el obispo Manuel, con la asisten- bergar al nuevo colegio para doncellas nobles. Fue el 11 de junio de 1680 que el nuevo colegio a tales recogidas que en la dicha casa hu- biere rueguen a Dios por mi y hagan par- ticular oración el día de la advocación de cia de sus tres primeras colegialas, de los cape- la dicha casa que ha de ser de Santa Ma- ría Magdalena .43 llanes, pajes y los familiares de todas ellas. Un año después, el Obispo resolvió pedir a Una de las primeras diligencias emprendidas la Santa Sede, mediante un poder conferido a por el obispo Manuel Fernández de Santa Cruz cuatro jesuitas que habrían de embarcarse a Europa, la conmutación de la advocación del colegio de Santa María Magdalena por la de después de tomar posesión oficial de su dióce- sis el día 9 de agosto de 1677 , fue la de rees-44 tructurar la antigua casa de recogimiento de Santa Mónica. Respecto al porqué Manuel Fer- nández de Santa Cruz decidió dedicar la advo-María Magdalena ya que, según lo relatado en la documentación y las crónicas analizadas con cación de su nuevo proyecto a Santa Mónica, anterioridad, “más que motivo de edificación, constantemente se reitera la versión de que el obispo se valió de “echar suertes” para realizarlo era de escándalo” , pues para entonces la45 casa no sólo se encontraba prácticamente en tal elección. Es difícil de creer que fuera el azar ruinas, sino que además de permanecer vacía a quien se le confiara el designio místico de tan una gran parte del año, cuando ésta llegaba a encarecida empresa, pues era sabido que la santa elegida fungiría como modelo a seguir para las colegialas. Las crónicas contenidas tanto en el Esclarecido Solar de las religiosas ocuparse servía de encierro para mujeres acu- sadas de delitos de orden civil. Siendo sensible el obispo a la precaria y escandalosa situación de la casa, así como al peligro que corrían en el Agustinas , como en el Dechado de Príncipes siglo la integridad moral y espiritual de viudas, Eclesiásticos así lo confirman; ambas fuentes46 niñas y doncellas nobles en situación de pobre- aseguran que el obispo había pensado en al- guna santa y heroica virgen, sin embargo, en- 153 43 AGNP, Notaría No. 3, Protocolos de 1600, Expediente XI, ff. 1489-1492 r. “Escritura de fundación del Recogimiento de Santa María Magdalena”. 44 Emmanuel Michel Flores, “Un dechado de príncipe eclesiástico”,14. 45 Rano, “Los primeros tiempos del convento de agustinas”, 248. 46 De Torres, Miguel, Dechado de Principes Eclesiásticos que dibujó con su exemplar virtuosa y ajustada vida el Illust. Exc. Señor Don Manuel Fernandez de Santa Cruz y Sahagun (Puebla: Imprenta de Miguel de Ortega y Bonilla, 1716).
tre las opciones que mandó escribir en varias que se sirve dar licencia para la fundaçion del cédulas o papeletas, resolvió incluir también a convento de Religiosas Augustinas recoletas del la madre del Obispo de Hipona, Santa Mónica, Titulo de sta. Monica en la Çiudad de los Angeles. quien salió sorteada tres veces seguidas. EL REY […] Y Vista su representazion en el dicho mi Consejo de las Indias, con lo que en esta raçon 154 La renuencia del Obispo frente a los resul- tados reiterados en los que la madre de San Agustín salía siempre beneficiada, forma par- te de los relatos de ambos cronistas en un me informoel Real Acuerdo de la Audienzia de empeño por enarbolar la prudencia del obis-mexico […] y el dicho mi Virrey Conde de Pare- po. Sin embargo, aunque nadie duda de su des […], asi ellos como el Cavildo eclesiastico, cuidadoso proceder, pues la documentación (que dio su Consentimiento junto con la Çiu- dirigida a la Santa Sede y al Rey Carlos II así lo confirma, resulta claro que el particular inte- rés de Manuel Fernández de Santa Cruz por la dades a la causa publica sin discurrir yncom- conmutación de las advocaciones, arrojaba beniente ni perjuicio alguno de ella, y […] so- dad) son todos de parezer, se seguían de esta fundazion, conocidas Combeniençias y utili- destellos claros de un plan mucho más preci- so respecto al destino de su comunidad de Combeniençia que ban espresados, he resuel- bre ello atendiendo a los motivos de piedad y viudas y doncellas. En todo caso esta deci- sión, a la luz de las cuantiosas diligencias em- prendidas por el obispo, manifiesta su inten- ción por imponer un modelo de observancia tual de la Yglesia de Puebla de los Angeles, derivado de su propia afinidad con el carisma para la fundazion de las referidas Casa y Con- to, conçeder (como por la presente Conçedo) la licencia que pide el dicho Dor. Don Manuel Fernandez de Sahagun y santa Cruz obpo. âc- agustiniano. vento de religiosas Agustinas recoletas debajo de la Regla del Glorioso Dor. Sn. Agustin, y de la Obtenido el breve pontificio Exponis nobis, adbocazion de santa Monica, en la forma y fechado el 14 de septiembre de 1682, median- te el cual el sumo pontífice concedió la per- como lo pide por todas las raçones de la Con- gruençia y piedad que concurren para ello, y muta del colegio de María Magdalena por el ban espresadas, y con la Calidad, que el nume- de Santa Mónica, el obispo Fernández de San- ta Cruz comenzó a emprender numerosas vi- ro pues todos Combienen, uniformemente, en la gran utilidad, que de ello se sigue a la Repu- sitas a su comunidad de colegialas, que para blica con tanto Benefiçio y Consuelo de las entonces era ya de catorce niñas. En dichas Doçellas pobres, honradas y Virtuosas […] y el reuniones el Obispo las incitaba a imitar las considerar todos que en ningún tiempo, puede virtudes que distinguían a las monjas Agusti- nas Recoletas. Después de mandar su peti- ción al Papa, en marzo de 1685, el obispo ob- resultar perjuiçio alguno de la fundazion de este Convento al estado eclesiástico ni secular han movido mi Real animo, a conçeder esta tuvo la respuesta real. Fechada el 1º de mayo liçencia la qual doy y conçedo […]. Fecha en de 1686, la licencia de fundación manifestaba Buen Retiro a primero de Mayo, de mil y Seis- lo siguiente: cientos y oçhenta y seis años = Real Çedula original de Don Carlos II, nuestro Rey, y Señor, que Dios guarde muchos años, en Yo el Rey [autógrafo rubricado].
Por mandado del Rey mi Señor Antonio Sanchez de Otalosa47 Finalmente, el obispo Manuel Fernández de ———. “Representación simbólica de un lega- do: El corazón de Manuel Fernández de San- ta Cruz, su retrato y las bancas del coro alto en el Convento de Santa Mónica de Puebla.” Boletín de Monumentos Históricos, 2023. Santa Cruz recibió el Breve Pontificio Cum Si- cut, fechado el 12 de diciembre de 1687. Sin Flores Sosa, Emmanuel Michel. “Un dechado embargo, el convento no se erigió hasta el 20 de mayo de 1688, fecha en la que el prelado emitió el auto de erección en el cual manifestó el día en que debían celebrarse las profesio- nes, así como los nombres de las colegialas que habrían de tomar estado religioso. Gracias Lavrin, Asunción. Las esposas de Cristo: La vida de príncipe eclesiástico: Puebla de los Ánge- les durante la gestión del obispo Manuel Fernández de Santa Cruz (1675–1699).” Te- sis doctoral, El Colegio de México, 2020. a este documento puede saberse que profesa- ron 18 monjas de velo negro y coro y dos de velo blanco, quedando cuatro haciendo el no- viciado por no haber estado aún el tiempo ne- cesario en el colegio. La ceremonia de profe- sión finalmente se llevó a cabo el 24 de mayo de 1688. conventual en la Nueva España. México: Fon- do de Cultura Económica, 2016. Loreto, Rosalva. Los conventos femeninos y el mundo urbano de la Puebla de los Ángeles del siglo XVIII. México: El Colegio de México, 2006. ———. “Conventos de mujeres en Puebla y concilios provinciales.” En Los concilios pro- vinciales en Nueva España: Reflexiones e in- fluencias, editado por María del Pilar Martí- nez López Cano. México: UNAM, BUAP, 2005. Bibliografía Alonso Rivera, Adriana. “Imagen y filiación cor- porativa: El convento de Agustinas Recole- tas de Santa Mónica de Puebla, un proyecto Muriel, Josefina. Conventos de monjas en la Nueva España. México: Editorial Santiago, 1946. secular preocupado por consolidar una identidad de carácter regular.” En Desde el clamoroso silencio: Estudios del monacato femenino en América, Portugal y España de Rano, Balbino. “Los primeros tiempos del con- los orígenes a la actualidad, editado por Da- niele Arciello, Jesús Paniagua Pérez y Nuria María Rosa Salazar Simarro, 753–784. Espa- ña: Peter Lang, 2021. vento de Agustinas de Puebla de los Ángeles en los documentos de su archivo y del archi- vo vaticano.” Archivo Agustiniano 71 (1987). Salazar, Nuria. La vida común en los conventos de monjas de la ciudad de Puebla. Puebla: Gobierno del Estado de Puebla, Secretaría de Cultura, 1990. ———. “La imagen en el contexto agustino fe- menino: Modelos de espiritualidad y filia- ción corporativa. Puebla, siglos XVII–XIX.” Tesis doctoral, Universidad Nacional Autó- noma de México, 2022. 155 47 “Carta del Rey concediendo licencia amplísima al obispo Manuel para fundar el Convento de Santa Mónica (1.V.1686)”, citado en: Rano, “Los primeros tiempos del convento de agustinas”, 316-320.
156 Impresos antiguos Documentos de archivo Regla dada por N.P.S Agustin a sus monjas. AGNP, Notaría No. 3, Protocolos de 1600, Expe- Constituciones que han de guardar las reli- giosas agustinas recoletas de Santa Monica de Ciudad de la Puebla […]. Puebla: Diego Fernández de León, 1691. diente XI, ff. 1489-1492 r. “Escritura de fun- dación del Recogimiento de Santa María Magdalena”. Regla y constituciones que han de guardar las religiosas de los conventos de Nuestra Seño- ra de la Concepción, y la Santísima Trinidad de la Ciudad de los Ángeles, México: Editor no identificado, 1641. Regla del Glorioso Doctor de la Iglesia N.G.P.S. Agustín, que han de guardar las religiosas de los conventos de Santa Catalina de Sena y Santa Inés del Monte Policiano, de la Orden de N.P. Santo Domingo, Establecidos en la Puebla de los Ángeles, Puebla: Real Semina- rio Palafoxiano, 1789.
Introducción La influencia de Rubens en la pintura novohis- A la influencia que ejerce el primero de ellos sobre los pintores poblanos dedicaremos las siguientes páginas, articulando nuestro ensa- pana ha sido un tema ampliamente estudiado yo en dos apartados. El primero para hacer re- desde hace varias décadas, han sido numero- ferencia la figura de Rubens, las características sas las investigaciones que han aportado notas de su obra y la importancia de llevarla al gra- relevantes para enriquecer esta línea de investi-bado. A continuación haremos una aproxima- gación. Desde los modelos más tempranos en ción a los miembros de su taller más destaca- ser utilizados por los pintores americanos has-1 dos, esto es, al círculo de grabadores que ta las iconografías más repetidas , pasando por fielmente plasman sus modelos compositivos2 diversas exposiciones en museos donde no se para así acercanos a los ejemplares de algunos ha dejado de incluir esta vertiente como una de casos poblanos que dan cuenta de qué tan las más ricas a la hora de contemplar la pintura amplia es su estela y de qué manera impacta del periodo . La América barroca debe mucho, en la escena artística local. Cerramos el ensa-3 al menos en materia pictórica, a la influencia yo con unas consideraciones finales. notable de dos figuras que principalmente des- tacan en el contexto europero de la época y que 1. Rubens y la escuela flamenca también trascienden en los repertorios pictóri- cos más exigentes de las escuelas de pintura de ultramar. Sería el caso de Pedro Pablo Rubens Reforma del siglo XVI, el norte de Europa se divi- Con los cambios en la política europea tras la (1577-1640) y Francisco de Zurbarán (1598- 1664) , ambos son creadores de estilos pictóri-4 cos muy sólidos cuyos modelos resuenan entre tante escuela de tradición pictórica eminente- de en dos zonas claramente diferenciadas: Flandes con Rubens a la cabeza de una impor- los artistas novohispanos. 1 Merecen la pena citarse, al menos, unas lecturas básicas sobre el tema. Véase: José Rogelio Ruiz Gomar, “Rubens en la pintura novohis- pana de mediados del siglo XVII”, Anales del Instituto de Investigaciones Eestéticas 50, (1982), 87-101. José Rogelio Ruiz Gomar, “La presencia de Rubens en la pintura colonial mexicana”, Rubens y su siglo, (1998), 47-54. Isabel Fraile Martín: “Huellas de Rubens en la catedral de Puebla: la serie mariana en la capilla del Ochavo”, Boletín de Monumentos Históricos 21, (2011), 18-34. 2 Según los expertos, la Serie Eucarística ha sido la que genera una mayor expectación entre los artistas americanos, siendo el Triunfo de la Iglesia, el tema más influyente del conjunto. 3 VV. AA., Pintura de los Reinos. Identidades compartidas. Territorios del mundo hispánico, siglos XVI-XVIII, 2009. 4 Existe una amplia bibliografía sobre el tema. Véase, entre otros, algunos textos esenciales que relacionan al pintor con América: Benito Navarrete Prieto y Odile Delenda, Zurbarán y su obrador. Pinturas para el Nuevo Mundo, (1999). Juan Miguel Serrera, “Zurbarán y América”, Zurbarán, (1998), 6-84. Isabel Fraile Martín,”El Zurbaranismo novohispano. Revisión a los modelos iconográficos más influyen- tes en Puebla”, Quiroga. Revista de Patrimonio Iberoamericano 12 (2017), 32-44. mente religiosa y, por otro lado, Holanda con 159 LA ESTAMPA FLAMENCA COMO MODELO EN LA PINTURA BARROCA POBLANA Fraile Martín, Ma. Isabel
Rembrant y su particular estilo más avocado a la demanda de una clientela burguesa y mer- cantil que reclama temáticas pictóricas más di- versas. El gusto de Rubens por ampliar el reper- torio de pinturas de temática religiosa, aunado 160a la estrecha vinculación que mantenía con la Monarquía Hispánica, especialmente sedienta de tales herramientas para propagar la fe, pro- picia que entre ambos se establesca una cola- boración duradera a la par que fructífera. Esta relación se vio alimentada por un no- table grupo de grabadores de los Países Ba- jos que apoyó a los intereses monárquicos, generando estampas muy variadas que iban desde los motivos cartográficos, necesarios para comprender la expansión del territorio hispánico, como bien refieren varios auto- res , hasta el retrato de los monarcas o las temáticas alegóricas. Sin embargo, aún con el amplio reclamo que existía de cualquiera de estos temas, donde en realidad van a ser más audaces será en la realización de estam- pas de imágenes religiosas de las que, ade- más, se manejaba el mayor número de pie- zas dentro del propio mercado del arte. Asimismo, cabe mencionar que ya desde el siglo XVI, España acusaba una carencia de artistas del buril, lo que propició la llegada de un considerable conjunto de artistas ex- tranjeros a la península . En su mayoría, es- tos grabadores procedían de Francia, Flan- des o incluso Inglaterra, contribuyendo así a la evolución de la imagen impresa al servicio de los intereses de la Monarquía Hispánica y renovando las prácticas y lenguajes del gra- bado entre los reinados de Felipe II (1556- 1598) y Felipe IV (1621-1665) . 5 6 7 Asimismo, la consolidación del estilo pro- pio de Rubens es vital para comprender el éxito de ‘su empresa’. Debemos entenderlo como el dirigente de una comunidad de artí- fices insertos en su taller, un espacio perfec- tamente organizado para trasladar al graba- do la esencia de su obra. Rubens se desempeñó como un artista vigoroso, de amplia producción y buen manejo de un len- guaje propio marcado por la presencia de figuras corpulentas, de gestos expresivos acordes a la teatralidad barroca, con la que genera composiciones dinámicas a base de líneas diagonales muy marcadas, que provo- can un movimiento intenso, donde el uso del color es vibrante y los contrastes de luz y sombra se apoderan de cada escena. Por otra parte, como bien señala Alejandro Vergara , ningún artista de su época pudo re- solver mejor que él la contradicción de haber- se formado artísticamente con dos modelos distintos, uno artesanal y otro humanista, algo que se conjugó favorablemente en él, creando obras de gran armonía. Como consecuencia, Rubens supo acercarse hacia todo tipo de clientes, privados e institucionales, lo que con- tribuyó de manera notable a la difusión indis- cutible de su obra. En conjunto, podríamos considerar que el asentamiento de todas estas características se verían claramente desplega- das en una línea iconográfica centrada en la representación de la historia sagrada, lo que hizo que se convirtiera en un autor altamente reconocido para un momento en el que la di- vulgación de la fe seguía siendo un tema esen- cial entre los clientes europeos y especialmen- te entre las autoridades pensinsulares. Tales 8 5 Benito Rodríguez Arbeteta, “El grabado en el siglo XVII como medio propagandístico”, Arte Barroco en el Siglo XVII, Historia y Arte, en: https://xvii.es/el-grabado-en-el-siglo-xvii-como-medio-propagandistico/ (Consultado: 10/ 8 / 2025). 6 Benito Navarrete Prieto, La pintura andaluza y sus fuentes grabadas, (1998), 77. 7 Javier Blas, María Cruz de Carlos y José Manuel Matilla,Grabadores extranjeros en la Corte española del Barroco, (2011). 8 Alejandro Vergara, El caso de Rubens y su taller, (2011) en https://www.march.es/es/madrid/conferencia/ganarse-vida-arte-literatu- ra-musica-ii-caso-rubens-su-taller (Consultado: 02/ 06 / 2025).
particularidades lo convertirían, seguidamen- te, en una de las figuras más admiradas en el nuevo mundo, donde las prioridades espiri- tuales vinculadas al relato visual que ofrecía la maestro contó con ese gran taller de auto- pintura eran especialmente valoradas en el res trabajando para él, sus alumnos -entre quienes surgen artistas tan reconocidos como Anton Van Dyck (1599-1641)- no fue- ron suficientes para propagar el éxito de su lienzo , siempre bajo su atenta supervisión.10 Sin embargo, aún con la certeza de que el periodo barroco. No obstante, la amplia circulación de su im- pronta y, por ende, el gusto generalizado hacia estilo y la demanda de sus concurridas es- los rasgos temáticos y estilísticos de su obra no cenas religiosas. Es ahí donde cobra vital habría sido posible si no hubiera contado con importancia el ejército de grabadores que el amplio grupo de autores que laboraron en igualmente trabajan para él reproduciendo sus pinturas. Por ello, cuando hablamos en el mundo del arte sobre Rubens y la gran in- fluencia que adquiere su estilo en Europa y América, tenemos que remitirnos tanto al propio Rubens y sus discípulos predilectos, como al conjunto de grabadores que tam- bién trabajan para él. El estilo inconfundi- ble del maestro y también de sus discípu- su taller, como veremos a continuación. 2. Los grabadores de rubens y los ecos de su obra en la Puebla barroca A Rubens se le atribuyen más de dos mil pie- zas, mismas que son el resultado de una organi- zación estricta de la actividad profesional que li- deraba en su taller, donde se formaban jóvenes los, necesitaría del compromiso de los grabadores para generar un medio artísticode diversa procedencia que regularmente apren- dían el oficio bajo la atenta mirada del maestro. que ayudara a difundir sus rasgos y estilo Muchos detalles respecto al funcionamiento del más allá de su entorno. taller se conocen porque el autor dejó una am- plia documentación de su vida a través de la co- rrespondencia, en la que él mismo explica la graba permear con naturalidad en los talle- enorme demanda que existía para trabajar con res de los artistas de ambos lados del océa- él, así como la forma en que se repartía el trabajo no convirtiéndose en una herramienta más en su taller. El organizado método que utilizó fue de trabajo. Los autores de estas estampas, lo que le permitió crear ese amplio volumen de sobradamente especializados, reproducían las pinturas con fines tanto comerciales como educativos. El éxito de los mismos per- mitía que con cierta pericia se distribuyeran La estampa, versátil y de fácil manejo, lo- cuadros, convertiéndose así en el pintor más co- tizado y solicitado de Europa . Su taller funciona-9 ba gracias a un sistema riguroso con el que al- canzó el éxito: el maestro hacía un bosquejo con de manera eficaz entre Italia, España, Ale- sus ideas sobre una tabla de pequeñas dimen- siones, después lo pasaba a manos de sus alum- nos y colaboradores cercanos para que ellos tra- dujesen la idea, la ampliaran y la llevaran al gellini, numerosas listas aseguran la presen- mania y también América. Se sabe del envío concreto de material con estas característi- cas al Nuevo Continente, y como señala Bar- 161 9 Alejandro Vergara, El caso de Rubens y su taller, (2011) en https://www.march.es/es/madrid/conferencia/ganarse-vida-arte-literatu- ra-musica-ii-caso-rubens-su-taller (Consultado: 02/ 06 / 2025). 10 Alejandro Vergara, El caso de Rubens y su taller, (2011) en https://www.march.es/es/madrid/conferencia/ganarse-vida-arte-literatu- ra-musica-ii-caso-rubens-su-taller (Consultado: 02/ 06 / 2025).
cia de estas estampas en los inventarios de Paulus Pontius, están entre los burilistas que las iglesias, así como de otras instituciones más centran su carrera en llevar las obras del religiosas y talleres de artistas .11 maestro a la estampa grabada. A ellos dedica- remos las siguientes páginas. 2.1. Lucas Vosterman (1595-1675) El modus operandi entre Rubens y el graba- 162dor estaba igualmente claro: el maestro entre- gaba bocetos o cuadros completos a sus gra- badores, ellos interpretaban la obra y la Se sabe que Vosterman, por ejemplo, fue trabajaban en cobre o madera, conservando la uno de los grabadores más vinculados a Ru- esencia dramática y compositiva de su autor, bens y uno de los principales responsables en pero adaptándola a la técnica de grabado. Se difundir su estilo. De origen flamenco y con sabe que el propio Rubens estaba realmente grandes cualidades artísticas, era un experto implicado en el proceso, preocupado hasta el en el manejo de la técnica grabada desde una más mínimo detalle, de hecho, se han podido edad temprana; por consiguiente, los cono- rastrear numerosas pruebas que fueron corre- cedores de su obra señalan que ya dominaba gidas por él . Lo importante era mantener el el oficio con doce años . Según parece en sello del maestro, pues eran conscientes que 1618 comienza a trabajar en el taller de Ru- 12 14 la estampa iba a servir de medio para circular bens, con quien mantiene una relación estre- su estilo, su forma de crear las composiciones cha y también compleja por el uso y manejo y de desarrollar los patrones iconográficos. La de los derechos de la imagen, un concepto rápida difusión de estas estampas permitía que ya preocupaba a los artistas de entonces que los artistas de otras regiones conocieran y que los expertos en su obra no escatiman en obras que de otro modo no podrían ver pues comentar al estudiar la relación entre am- no estaban a su alcance, incluyendo las de Ru- bos . De hecho, las fuentes señalan que parte15 bens y otros maestros flamencos. Como bien del éxito en la masiva llegada de estas imáge- nes con motivos rubenianos a la Nueva Espa- ña se debió, en buena medida, al trabajo in- refiere Navarrete Prieto, desde la segunda mi- tad del siglo XVII y buena parte del XVIII las es- tampas que representaban composiciones de cesante de muchos imitadores y piratas Rubens y Van Dick tuvieron gran protagonismo conocidos en el medio de la estampa. Estos entre los virreinatos americanos , por lo que autores también reprodujeron los modelos aclamados del maestro, pero sin tener en cuenta los criterios de revisión implementa- dos por el propio Rubens y manejados por 13 sus colaboradores más cercanos . Tales cir-16 un buen número de ellas son las que compo- nen los inventarios a los que la propia Bargelli- ni hacía mención. Entre los miembros más destacados de su cunstancias propiciaron un clima tenso en las taller vinculados a la actividad grabada desta-relaciones personales que establecía Rubens can varios nombres de reconocido prestigio: con sus colaboradores, especialmente con los hermanos Bolswert, Lucas Vosterman o 11 Clara Bargellini, “Difusión de modelos: grabados y pinturas flamencos e italianos en territorios americanos”, Pintura de los Reinos. Identidades compartidas. Territorios del mundo hispánico, siglos XVI-XVIII, (2009), 965-966. 12 Friso Lammertse y Alejandro Vergara, Rubens, pintor de bocetos, (2018), 49. 13 Benito Navarrete Prieto, La pintura andaluza y sus fuentes grabadas, (1998), 81. 14 Carl Depauw & Ger Luijten, Anton van Dyck y el arte del grabado, (2003), 387. 15 Ibidem, 387-389. 16 Benito Navarrete Prieto, La pintura andaluza y sus fuentes grabadas, (1998), 81.
Vosterman, a quien el maestro tachaba de ca- En este mismo espacio catedralicio nos en- prichoso provocándole al discípulo noches contramos otra pequeña lámina de cobre, con sin dormir y problemas de ansiedad .17 bastante seguridad realizada por el valioso Juan Tinoco (1641-1703), cabe mencionar, el Una de las composiciones de Rubens que mejor pintor del barroco poblano. Este autor Vosterman lleva al grabado y repercute direc- tamente en las colecciones pictóricas pobla- nas nos lleva a la Capilla del Ochavo de la Ca- contaba con un amplio conocimiento de estam- pas grabadas, muchas de ellas a su alcance, a considerar por el diverso conjunto de imágenestedral de Puebla. Nos remite a la que sin duda que realiza emulando poses y estilos compositi- es una de las series iconográficas más impor- vos que a buen seguro identificaba gracias a es- tante de este acervo: el ciclo dedicado a la tas herramientas. Entre las numerosas pinturas exaltación de la vida de la Virgen María a través que se conservan del poblano en la catedral, al de doce espléndidas láminas de cobre . De la menos una nos enlaza con los modelos de Vos- serie destacamos ahora la Adoración de los terman: La Visión de Segovia de San Juan de la 18 Pastores, una pintura de singular resultado, en Cruz . Según Rodríguez-Miaja, la pieza en cues-20 la que el pintor usa los vívidos tonos propios tión responde a una de las varias estampas rea- de la escuela flamenca para reproducir minu- lizadas por Vosterman con este tema, todas pa- ciosamente el modelo rubeniano. El cobre que recidas entre sí y que obedecen a la gran encontramos en el Ochavo representa la obra devoción que había en Flandes hacia la figura del mismo título realizada por Rubens entorno del santo desde finales del siglo XVI .21 a 1617-1619, conservada actualmente en el Museo Longschamps de Marsella, y grabada Otra obra grabada por Vosterman y de la de manera inversa por Lucas Vosterman en que tenemos ecos en la pintura poblana nos 1620. El hecho de invertir los modelos a la hora lleva a su vínculo con los discípulos del propio de plasmarlos en el grabado, es decir, el copiar Rubens, como es el caso de Van Dyck. Un autor directamente sin usar el espejo, provoca que muy aficionado a las iconografías cristológi- al grabar la estampa se invierta el sentido ori- ginal de la pintura. Esta es una práctica fre- cuente en muchas de las estampas que circu- cas, como las escenas que realiza sobre la Muerte de Cristo, tema muy desarrollado en su producción y que encuentra gran acogida en- laban en la época y que, según los expertos, se tre los pintores de la escuela poblana, como da principalmente en el mercado ilícito de las iremos viendo a continuación. Una de estas estampas , siendo en el mercado clandestino pinturas, La Piedad, fechada en 1634 y conser- donde no se cuidaban estos aspectos y luego 19 resultaba un cambio de sentido en la disposi- vada en Alte Pinakothek München resuena en- tre los artistas de la escuela de Puebla. Se trata ción de la imagen final. No obstante, también de una escena de acusada composición pira- se debe a ciertos conocimientos técnicos que midal con el voluminoso cuerpo desnudo de no siempre estaban presentes en el quehacer Cristo en la base, sostenido en el regazo de Ma- del grabador, como pudiera entenderse en el ría, con las manos abiertas y su rostro dirigido caso de Vosterman. al cielo. Los ángeles, que escoltan la escena 163 17 Friso Lammertse y Alejandro Vergara, Rubens, pintor de bocetos, (2018), 49. 18 Isabel Fraile Martín, “Huellas de Rubens en la catedral de Puebla: la serie mariana en la capilla del Ochavo”, Boletín de Monumentos Históricos 21, (2011), 18-34. 19 Benito Navarrete Prieto, La pintura andaluza y sus fuentes grabadas, (1998), 81. 20 Fernando Rodríguez-Miaja, Una cuestión de matices: vida y obra de Juan Tinoco, (1996), 202. 21 Ibidem, 203.
por el lateral derecho, otorgan el movimiento flamencos, pues además de los artistas men- necesario para una escena de fuertes tintes cionados, también trabajó con las imágenes dramáticos. Vosterman la lleva al grabado en de otros autores destacados de la época como sentido inverso y el modelo se replica tiempo Abraham van Diepenbeeck, Jacob Jordaens, después en el contexto novohispano, como la Gaspar de Crayer o el célebre Tiziano. La popu- 164pintura que se conserva en el templo de San laridad de Pontius fue en aumento debido a Jerónimo. El lienzo, de quien no conocemos su que cuando Vorsterman rompió su relación con Rubens, Pontius le reemplazó en el taller.autoría, se genera en la escuela poblana del si- glo XVIII y a pesar de su discreto resultado, se Empezó a trabajar para el maestro en 1624 , inspira en esta iconografía para remitirnos a la se ganó su confianza y se convirtió en su prin- cipal colaborador en la producción de graba- dos desde entonces hasta la muerte del maes- tro en 1640. Se le reconocen, entre otros 24 Décimo Tercera Estación del Viacrucis. Única- mente transforma a los personajes secunda- rios, en el lateral izquierdo, donde no repre- senta a los ángeles sino que en su lugar recurre talentos, haber sido el primero de los grabado- a San Juan y la Magdalena. Lo más torpe de la res que trabajan para Rubens en sacar un gra- bado que no está a la inversa del cuadro origi-escena viene del trabajo de Jesús, cuyo cuerpo no descansa de manera natural en el regazo de nal, lo que consigue con la adaptación del su madre, sino que se muestra con talente arti- ficioso. El interior del templo, contempla el to- tal de la serie del viacrucis, con las catorce es- taciones bien conservadas y varias de ellas22 inspiradas en fuentes grabadas. 2.2. Paulus Pontius (1603-1658) Retrato de W. Sigismundo, el príncipe de Polo- nia y Suecia .25 De su amplio capital de imágenes grabadas existen algunos modelos que resuenan espe- cialmente en nuestro entorno. En el enclave catedralicio sin ir más lejos, dentro de la serie mariana a la que hemos señalado antes en la Antes de adentranos en la actividad de los Capilla del Ochavo, podemos considerar a hermanos Bolswert generadores de estampas Pontius como el encargo de difundir dos ico- de gran trascendencia en el entorno poblano, nografías relevantes. La primera de ellas, la no quisiéramos dejar de lado las aportaciones Asunción de la Virgen María, reproduce la com- al medio hechas a partir de Paulus Pontius. posisión original de Rubens hecha para la Ca- También flamenco y próximo tanto a Rubens tedral de Amberes en 1626. El grabador realiza como a Van Dyck, llevó al grabado imágenes esta estampa al poco tiempo de irse a vivir a ideadas por ellos en infinidad de ocasiones. casa del maestro en 1631 , siendo una de las26 Fue alumno de Lucas Vosterman, al igual que primeras interpretaciones que hace de su obra. los hermanos Bolswert , convirtiéndose en La estampa de Pontius se remata con un for-23 uno de los principales artistas del buril a la mato semicircular en la parte superior para co- hora de compartir los modelos de los maestros ronar la Asunción de María, lo que no se da en 22 Eduardo Merlo Juárez y José Antonio Quintana Fernández, Las Iglesias de Puebla de los Ángeles, T II, (2001), 183. 23 A Lucas Vosterman se le reconoce un importante taller de burilistas establecido en Amberes, en el que además de Pontius y los hermanos Bolswert destaca la formación de otros autores como Peter de Jode. Francisco Fernández Pardo, “El grabado como divulga- ción de un estilo”, Pintura Flamenca Barroca. Cobres, siglo XVII, (1996), 42. 24 Friso Lammertse y Alejandro Vergara, Rubens, pintor de bocetos, (2018), 198. 25 Helga von Kügelgen, “La pintura de los Reinos y Rubens”, Pintura de los Reinos. Identidades compartidas. Territorios del mundo hispánico, siglos XVI-XVIII T III, (2009), 1025-1026. 26 Carl Depauw & Ger Luijten, Anton van Dyck y el arte del grabado, (2003), 382.
el original, mientras que en la parte inferior de terística común en las escenas que el flamenco la estampa se refleja por igual el asombro de trabaja con estas iconografías, dejando paso los apóstoles ante la tumba vacía. El modelo ahora a una bella Magdalena que se acerca a que encontramos en la catedral de Puebla re- besar la mano del Cristo yacente. De nuevo en- cupera solo la parte superior de la escena, la contramos la inversión del modelo para la es- Asunción como tal, eliminando el amplio cor- tampa que, por lo demás, se mantiene bastante tejo de varones que se emplean tanto en la fiel al original. Será también en el repositorio de pintura original como en la fuente grabada. Es la Catedral de Puebla, en uno de los retablos de la Capilla de los Dolores, donde encontremosextraordinariamente fiel, por otra parte, al des- pliegue de ángeles y querubines que rodean a un lienzo de amplias proporciones en el que se una esplendorosa María, de gesto delicadado, recupere la esencia del tema. Datamos la pieza envuelta en finos ropajes y dirigiendo su mirada a finales del siglo XVII, y la remitimos al nutrido grupo de pintores de la escuela poblana, deal cielo. Este cobre del Ochavo mantiene la esté- tica rectangular que impera en toda la serie, a gran actividad en la época y con importante material visual a su alcance. Llama la atención el interés por aumentar el número de persona- jes secundarios en la pintura catedralicia, que alcanza en conjunto a un total de ocho, justo el doble de los miembros que aparecen en la ver- sión original y en la grabada. pesar del formato vertical que el grabado pre- senta, fiel a la pintura de Rubens. Lo mismo ocurre con la siguiente obra, Pre- sentación del Niño en el Templo, de la misma co- lección, en la que el autor de la obra poblana se adapta a la lectura horizontal para una pieza que en el original y en la estampa es de forma 2.3. Hermanos Á Bolswert: Boetius (1580- alargada. La obra creada por Rubens que inspi- ra el cobre de Puebla es una de las tablas latera- les del conocido Tríptico con el Descendimiento, la Visitación y la Presentación del Niño en el Tem- plo, que hace para la Catedral de Amberes entre que influyen en el contexto poblano: los herma- 1611 y 1614. La estrechez del espacio provoca nos Bolswert, Boetius y Schelte. La familia Bol- 1633) y Schelte (1586-1659) Hemos dejado para el final a los autores que, en principio, reúnen un mayor número de piezas una amalgama de personajes dispuestos apre- tadamente para narrar el pasaje; efecto que que trabajan principalmente en Ámsterdam y en desaparece tanto en la fuente grabada como en la zona de Amberes. Al menos se identifica la pro- el cobre del Ochavo, donde los personajes se ducción de dos de ellos, Schelte y Boetius, como miembros destacados e inmersos en el círculo de Rubens y su taller. El primero en colaborar con Rubens fue el mayor de los hermanos, Boetius, Una última obra que conviene destacar para quien trabajó para reproducir los patrones del swert se compone por varios artífices del buril disponen de forma relajada, claramente favore- cidos por el formato apaisado. resaltar la influencia de los modelos trabajados pintor desde 1628, con un total de cinco adapta- por Pontius nos remiten de nuevo a Van Dyck y ciones de modelos del maestro . Cuando muere sus temas pasionarios. Su obra sobre La Piedad, en 1633, será su hermano Schelte quien ocupe su lugar en el taller, trabajando cerca del pintor, quien a veces retocaba sus pruebas. La obra grá- 27 de 1629 conservada en el Museo del Prado, rei- tera la corpulencia del cuerpo de Cristo, carac- 165 27 Helga von Kügelgen, “La pintura de los Reinos y Rubens”, Pintura de los Reinos. Identidades compartidas. Territorios del mundo hispánico, siglos XVI-XVIII T III, (2009),1027.
fica de Schelte asciende a 345 estampas, en su pertorio iconográfico de gran valor espiritual e mayoría inspiradas en Rubens . De ahí que no íntimamente ligado a una de las grandes pro- resulta extraño encontrar numerosos cuadros ducciones rubenianas. Se trata de los temas que representan los Triunfos de la Fe: el Triunfo de la Iglesia y la Eucaristía, o también El triunfo de la Eucaristía sobre la idolatría. Los modelos 28 originales, un amplio conjunto de tapices, fue- inspirados en sus estampas dispersos en los prin- cipales repositorios de la capital poblana. 166 A pesar de la fidelidad al maestro, quien inclu- so a veces firmaba los grabados hechos por los ron encargados hacia 1625 al flamenco para hermanos, no dudaron en hacer estampas de ornamentar el Monasterio de las Descalzas de las obras de otros autores, entre ellos Van Madrid y se conservan en el madrileño Museo Dyck, para quien también trabajaron de mane- ra incesante. Gozaron de una buena reputa- del Prado. Para la Catedral de Puebla, el respe- tado pintor Baltasar Echave Rioja (1632-1682) ción en el medio y su cercanía con Rubens les reproduce el conjunto a través de tres grandes trajo importantes beneficios pues en algunas pinturas fechadas en 1675. Las modificaciones ocasiones ellos mismos proponían escenas, que hace el pintor con respecto al original y su teniendo el visto bueno del maestro, en una fuente grabada tienen que ver con la adapta- clara intención de venderlas aprovechando la cercanía que tenían con todo el taller del pin- ción del lienzo al espacio arquitectónico que lo acoge, en cuya pintura principal lo obliga a re- tor , lo que les permitió seguir grabando sus matar la escena en medio punto en la parte su- obras aún después del fallecimiento de Ru- 29 bens en 1640. perior. El lenguaje de Echave es muy rico en la incorporación de detalles diversos para am- pliar esa zona con un extraordinario rompi- Es importante reconocer el talento de los miento de gloria. En todo el conjunto hace hermanos en la adaptación de la Sagrada Fa- milia con Santa Isabel y San Juanito inspirada en Rubens y punto de partida de José Juárez, el gran pintor novohispano, para su particular Sagrada Familia. Una tela de gran talento que firma en 1655 y se conserva en las coleccio-30 nes universitarias de la BUAP a resguargo de su alarde de su minuciosidad y gran atención a los detalles, captando tejidos y flores con gran delicadeza. Debió tener éxito el tema principal del conjunto, el Triunfo de la Iglesia y la Eucaris- tía, a juzgar por la repercusión que tuvo en Museo de la Casa de los Muñecos, su principal otros espacios de la ciudad. Prueba de ello institución cultural. son las pinturas que, en menor tamaño y ca- lidad, se apegan al modelo original de traza horizontal en sendas pinturas dispuestas enLa huella de los Bolswert también se plas- ma en otro conjunto notable en los repertorios la iglesia de Xonaca y el templo de Santo Do- catedralicios novohipanos. Nos referimos a los mingo . La que está en el templo de Xonaca31 grandes lienzos con los que se ornamentan está firmada por Pascual Pérez, el pintor a una buena parte de las sacristías de estas cate- caballo entre los siglos XVII y XVIII que tiene drales, cuyos testeros de gran tamaño fueron a una producción fecunda y calidad dispar. Se menudo reservados para representar un re- le reconoce haber completado distintos ci- 28 Carl Depauw & Ger Luijten, Anton van Dyck y el arte del grabado, (2003), 367. 29 Idem. 30 Eduardo Merlo y Velia Morales, Estudio, devoción y belleza. Obras selectas de la pinacoteca universitaria. Siglos XVII-XX, (2002), 50-51. 31 Isabel Fraile Martín, “Influencias europeas en la pintura novohispana. El caso de Puebla”, Norba-Arte, Vol. XXII-XXIII, (2002-2003),131.
clos iconográficos de la vida de María dis- puestos en varios repositorios de la entidad, ca cristológica y, sobre todo, centrados en la Crucifixión de Cristo despiertan el interés de los aunque vemos que tampoco desconoce los grabadores para adaptarlos a la estampa. Con modelos internacionales, como se advierte respecto a los modelos de Rubens centrados en esta iconografia restacamos La Lanzada, hecha para la Iglesia de los Recoletos en Amberes, tra- bajada por Boetius en 1631 y reinterpretada en esta pieza que fecha en 1705. El propio Pé- rez de Salazar llegaría a elogiar sus resulta- dos considerando que, como otros tantos au- tores. “…tiene(n) el mérito de haberse tiempo después en 1679 por Antonio de San- formado casi por sí solos, sin maestros y sin tander para la Capilla de La Soledad en la Cate- escuela, con unos cuantos modelos y no dral poblana. Se trata de una escena que abarca siempre muy perfectos, en que inspirar- se….” .32 la parte superior de un cuadro, de grandes di- mensiones, que despliega en la parte inferior el momento en el que los soldados se juegan las vestiduras de Nuestro Señor. La pintura se co- Otras dos representaciones de la ya mencio- nada serie mariana del Ochavo, nos remiten a noce como El Calvario y junto a su compañera, la labor de estos hermanos. La adoración de El Descendimiento de la Cruz, de iguales propor- los Magos, es una de ellas y reproduce el origi- nal que Rubens hiciera en 1626-29 y se conser- va en el Museo del Louvre. Como en casos an- ciones y situada enfrente, fueron encargadas al pintor por el Dean de la Catedral, Diego de San Juan Victoria . En la que nos ocupa, destaca-33 teriores, el artista que interviene en el Ochavo mos la parte superior, donde se recuperan los se decanta por el formato apaisado dando ma- yor comodidad a los integrantes de esta con- modelos rubenianos y se muestra a los tres cru- cificados, en mitad de la noche, rodeados de los currida escena que encuentra en María y su asistentes que con asombro contemplan al sol- Hijo a sus grandes protagonistas. La otra lámi- dado que atraviesa el pectoral de Cristo. Si bien na de cobre del Ochavo que continúa con el es una escena compleja, con numerosos perso- uso de los modelos rubenianos es una de las najes, el espacio central se muestra totalmente piezas más bellas del conjunto y representa relacionado con la obra grabada y el cuadro ori- Los Desposorios de María. El modelo grabado ginal de Rubens. en base a la composición de Rubens tuvo que ser conocido entre los miembros de la escuela poblana de pintura, pues otra tela de gran ta- Una última estampa con esta temática nos remite nuevamente a los trabajos de Anton maño recupera en esencia la idea original, si Van Dyck, el alumno predilecto de Rubens y el bien de nuevo invirtiendo el sentido de la es- gran aficionado a la representación de los te- tampa, en un gran lienzo anónimo que cuelga mas de la Pasión. Hacia 1635 pinta una Lamen- en los muros del Museo de la Casa de los Mu- ñecos de la BUAP. tación de Cristo Muerto en una interesante composición, de formato apaisado, en la que incide en sus planteamientos habituales para A parte de las representaciones marianas, de resolver estas escenas: la monumentalidad en gran importancia en los repertorios de influen- cia rubeniana por lo esplendoroso de sus com- posiciones, otros temas vinculados a la temáti- el cuerpo yacente de Cristo, la gesticulación dramatizada en los brazos abiertos de María y el dinámico despliegue de los actores secun- 167 32 Francisco Pérez de Salazar y Haro, Historia de la Pintura en Puebla y otra investigaciones sobre historia del arte del siglo XIX, (1990), 75. 33 Alejandro Julián Andrade Campos, “Tradición, intelecto e identidad en la pintura poblana del siglo XVII: el establecimiento de un diálogo pictórico con Cristóbal de Villalpando”, Cristóbal de Villalpando. Esplendor Barroco en Puebla, (2018), 87.
darios, unos jóvenes ángeles en este caso, es- pectadores atentos que avivan la escena por el lateral derecho. En sentido inverso, Bolswert interpreta cabalmente la escena, incluyendo los mismos figurantes y marcando el sentido hemos podido ver a través de los casos señala- dos, creaban nuevas propuestas y ofrecían dife- rentes variantes. A menudo los pintores invertían el sentido de 168trágico del momento. La estampa, al igual que los modelos primigenios, en otras ocasiones in- corporaban o reducían personajes en sus cua- dros lo que, a la postre, significaba cambios im- portantes con respecto al modelo original. Estas otras de las ya mencionadas, tuvo que popula- rizarse entre los miembros de la escuela po- blana, pues encontramos dos versiones anóni- mas dispuestas en lugares diferentes: el trasformaciones, a veces quedaban justificadas templo del Señor de los Trabajos y la iglesia de por una simple adaptación arquitectónica de la La Soledad. En ambas se mantiene la lectura obra y en otras ocasiones requerían soluciones apaisada del formato horizontal siendo que la más complejas. En consecuencia, requería de un ejercicio de planeación en el quehacer artístico que estimulaba las capacidades del pintor para resolver la escena de manera favorable, generan- do una reapropiación de estos modelos flamen- cos tan extendidos en la América del barroco, de primera de ellas, a pesar de su potente oscuri- dad, muestra una mejor calidad. 3. A modo de cierre Hemos hecho referencia a lo largo de estas la que Puebla es un ejemplo excepcional. páginas a la fecunda labor de Pedro Pablo Ru- bens como uno de los principales promotores Por su parte, estos grabadores son conscien- del estilo barroco, cuya esencia permea en las tes de su papel en el delicado comercio del arte, escuelas pictóricas de los virreinatos y, espe- cialmente, en el caso de Puebla. Lograrlo no hu- biera sido posible sin la capacidad ingente de cuidando con esmero la producción de sus obras, firmando a menudo sus láminas grabadas e in- cluso perfeccionando su oficio para evitar casos un considerable conjunto de grabadores que fraudulentos en el mercado. El conocimiento de trasladaron la esencia de su estilo a la estampa. sus trayectorias nos invita a reflexionar sobre la riqueza artística de autores como Rubens que no De entre todos ellos hemos destacado las podríamos comprender, en toda su dimensión, aportaciones de Vosterman, Pontius y los her- manos Bolswert, a quienes consideramos me- diadores decisivos en esta transferencia cultu- sin atender cabalmente la impronta de su estilo en las reiteradas interpretaciones que hicieron de sus trabajos otros productores, sobre todo, ral, pues sus estampas no solo difundieron el los grabadores aquí expuestos. estilo rubeniano, sino que también abrieron un campo de posibilidades para la invención de los artistas locales. Muchos de los pintores de la es- cuela poblana tenían estampas en su haber y a man o el propio Pontius, no son los únicos mode- partir de la obra que generaban inspirados en los que podríamos señalar como fuentes de ins- Los casos de los hermanos Bolswert, Voster- esta fuente grabada, esta nueva obra servía, a su vez, de inspiración para otros autores que no entre los autores más destacados en la misión de tenían siquiera acceso a la estampa. De este nutrir con sus estampas los albumes que tradi- piración entre los artistas poblanos, pero sí están manera, la estampa se comporta como un me- dio inspirador de temáticas, es una herramienta talleres, siendo el punto de partida para numero- más para los autores de la época quienes, como sas pinturas en el escenario local. La relevancia cionalmente acompañaban a los artistas en sus
del tema sigue despertando el interés de muchos Depauw, Carl, y Ger Luijten. Anton van Dyck y el arte del grabado. Madrid: Fundación Carlos de Amberes, 2003.estudiosos del arte y, en espera de una jugosa publicación que reuna el nutrido conjunto de es- tampas que influyen en el arte local, conviene recuperar el Proyecto sobre las fuentes grabadas Fernández Pardo, Francisco. “El grabado como del arte colonial español (PESSCA) , por su gran labor de proyección del patrimonio virreinal jun- to a los posibles modelos grabados que le sirvie- ron de inspiración. Sirvan las reflexiones vertidas 34 en estas pocas páginas para alimentar el conoci- miento del repertorio de pictórico de nuestro en- torno, que se nutre de la llegada de estos mode- los y acerca a los pintores de la escuela poblana a mundos infinitos que solo a través de una es- tampa grabada les resultaba posible acceder. Bibliografía y Fuentes Digitales Andrade Campos, Alejandro Julián. “Tradición, intelecto e identidad en la pintura poblana del siglo XVII: El establecimiento de un diá- logo pictórico con Cristóbal de Villalpando.” En Cristóbal de Villalpando: Esplendor barro- co en Puebla, editado por Alejandro Julián Andrade Campos, 27–45. Puebla: Museo In- ternacional del Barroco, Ediciones El Viso, 2018. divulgación de un estilo.” En Pintura flamen- ca barroca (cobres, siglo XVII), 81–94. San Se- bastián: Fundación Caja Vital Kutxa, 1996. Fraile Martín, Isabel. “Huellas de Rubens en la catedral de Puebla: la serie mariana en la capilla del Ochavo.” Boletín de Monumentos Históricos, tercera época, núm. 21, 2011, 77– 96. México: CONACULTA. ———. “Influencias europeas en la pintura no- vohispana: El caso de Puebla.” Norba-Arte 22–23 (2002–2003): 45–60. Badajoz: Univer- sidad de Extremadura. Kügelgen, Helga von. “La pintura de los reinos y Rubens.” En Pintura de los reinos: Identida- des compartidas. Territorios del mundo his- pánico, siglos XVI–XVIII, t. 3, 261–273. México: Fomento Cultural Banamex, 2009. Lammertse, Friso, y Alejandro Vergara. Rubens, pintor de bocetos. Madrid: Museo del Prado, 2018.Bargellini, Clara. “Difusión de modelos: graba- dos y pinturas flamencos e italianos en terri- torios americanos.” En Pintura de los reinos: Merlo Juárez, Eduardo, y José Antonio Quinta- Identidades compartidas. Territorios del mundo hispánico, siglos XVI–XVIII, t. 3, 233– 259. México: Fomento Cultural Banamex, 2009. na Fernández. Las iglesias de Puebla de los Ángeles, t. 2. Puebla: Secretaría de Cultura, UPAEP, 2001. Merlo, Eduardo, y Velia Morales. Estudio, devo- ción y belleza: Obras selectas de la Pinacote- ca Universitaria, siglos XVII–XX. Puebla: Be- nemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2002. Bruno, Silvia. Pintura flamenca y holandesa. Florencia: SCALA, 2010. “Colonial Art.” Colonial Art Database. https:// colonialart.org/ (consultado el 2 de junio de 2025). Navarrete Prieto, Benito. La pintura andaluza del siglo XVII y sus fuentes grabadas. Madrid: 169 34 Puede accederse al proyecto a través de la siguiente página: https://colonialart.org/
Fundación de Apoyo a la Historia del Arte ———. Rubens y la pintura flamenca del siglo XVII. Madrid: Museo Nacional del Prado, 1995.Hispánico, Consejo Superior de Investiga- ciones Científicas, 1998. Pérez de Salazar y Haro, Francisco. Historia de ———. Con Friso Lammertse. Rubens, pintor de 170 la pintura en Puebla y otras investigaciones sobre historia del arte del siglo XIX. México: Editorial Perpal, S.A. de C.V., 1990. bocetos. Madrid: Museo del Prado, 2018. Rodríguez-Miaja, Fernando. Una cuestión de matices: Vida y obra de Juan Tinoco. Puebla: Gobierno del Estado de Puebla, Universidad Iberoamericana Golfo Centro, 1996. Vergara, Alejandro. “El caso de Rubens y su ta- ller.” Conferencia en el ciclo Ganarse la vida en el arte, la literatura y la música, Funda- ción Juan March, Madrid, marzo de 2011. https://www.march.es/es/madrid/confe- rencia/ganarse-vida-arte-literatura-musi- ca-ii-caso-rubens-su-taller (consultado el 2 de junio de 2025).
172
Introducción La influencia de Rubens en la pintura novo- hispana ha sido un tema ampliamente estu- diado desde hace varias décadas, siendo nu- merosas las investigaciones que han ido aportando notas relevantes para enriquecer esta línea de investigación. Desde los modelos más tempranos en ser utilizados por los pinto- res americanos hasta las iconografías más re- petidas , pasando por diversas exposiciones SINOPSIS Uno de los temas inherentes al estudio de la historia del arte novohispano y particularmen- te de su pintura, tiene que ver con la relación que se establece entre la imagen representada y la fuente grabada que la inspira. Es, además, una de las vertientes investigativas que requie- re una observación constante, de ahí que el universo de imágenes que manejamos para un ensayo de esta naturaleza abrirá nuestra mira- da haciaotroshorizonteslejanos,aquellosen donde seoriginn estas temáticasque tnto fascinaron a los pintores de Inmaterial y Cotidiano l ba rroco poblano. Especialmente centraremos el interés en el foco flamenco, liderado por Pedro Pablo Ru- bens, en cuyo taller se gesta una buena parte del imaginario iconográfico religioso que se- duce por igual tanto a los artistas europeos como a sus homólogos en los territorios de ul- tramar. Sirva el siguiente texto para entender el complejo sistema de la comercialización de la estampa grabada, a partir de un voluminoso grupo de artífices que llevaban a este soporte las célebres composiciones de su maestro, di- fundiendo su estilo de manera ágil para ali- mentar la inspiración de sus contemporáneos. 173 III. SaboresySaberes: Patrimonio
Sinopsis ción, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) reconoce como patrimonio cultural: tradición que per- La cocina poblana es una expresión viva del dura, identidad que se renueva, comunidad mestizaje culinario, donde ingredientes, sabe- que se alimenta de su historia. Es un universo res y culturas convergen para crear una de las de símbolos, sabores y relatos donde lo sagra- tradiciones gastronómicas más emblemáticas do y lo cotidiano se funden en cada bocado de México. Su historia se teje con productospara llevarnos a nuestra culinaria poblana re- originarios de Mesoamérica y aquellos que flejada en tradiciones que la historia y la leyen- cruzaron océanos desde Europa, Asia y el mun- do árabe, viajando por antiguas rutas comer- ciales hasta encontrar un nuevo significado en los fogones novohispanos. da cuentan. Introducción El destacado cronista de la Ciudad de Méxi- En los conventos de la llamada Puebla de co, Salvador Novo escribió alguna vez: “Comer los Ángeles se crea la alquimia entre ingredien- es el acto biológico, cocinar es un acto cultu- tes autóctonos, manos devotas, y el silencio ral. La cocina es cultura” …. es aquí donde el de los claustros, donde emergieron platillos tiempo se condensa en el sabor y el espacio se que aún hoy resuenan con sabores y suspiros narra en el aroma. 1 de espiritualidad y leyenda. Entre metates, ca- zuelas, recetarios y plegarias, nació una cocina donde el alma y el paladar dialogan. La cocina poblana, es la expresión viva del mestizaje, es testimonio sensible de los proce- sos históricos que dieron forma a la ciudad de Puebla, un laboratorio barroco en el que se amalgamaron mundos y saberes bajo el signo de lo sagrado y lo cotidiano. En cada platillo habita una memoria colec- tiva, un alcance de rutas trasatlánticas, de ma- nos indígenas y voces monacales que, sin pro- ponérselo, fusionaron la esencia de varias culturas. Así, la cocina poblana se levanta no solo como deleite sensorial, sino como heren- cia viva que plasma los principios que la Orga- nización de las Naciones Unidas para la Educa- 1 Cecilia Kühne, Poesía de Salvador Novo. “Pero mis ojos te vieron”. Página Web. 27 de junio de 2011, consultado el 28 de julio de 2025. https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/Pero-mis-ojos-te- vieron-20110727- 0102.html#:~:text=%22Comer%20es%20el%20 acto%20biol%C3%B3gico,demostrado%20por%20escrito%2 C%20nunca%20muere. Fundada en 1531 en un valle fértil, entre ru- tas comerciales, montes y ríos, la ciudad de Puebla de los Ángeles no solo fue paso obliga- do entre Veracruz y la capital novohispana, 175 DE METATES Y CONVENTOS: LA COCINA POBLANA, SABORES DE UN MESTIZAJE CULINARIO Perea Balbuena, José Ángel Carrasco Romero, Víctor Josaphat
sino también un crisol de culturas, donde el Desarrollo encuentro de lo europeo, lo indígena y lo asiá- tico se tradujo en lenguaje culinario. Desde sus inicios, la ciudad se nutrió de peregrinos, co- merciantes, misioneros y funcionarios que exi- 176gieron, crearon y consumieron una nueva ma- La cocina poblana es, en esencia, una sinfo- nía de tiempos y culturas; un arte mestizo que floreció bajo los cielos dorados del virreinato. En sus ollas de barro se cocinaron no solo in- gredientes, sino siglos de historia, creencias y saberes venidos de Oriente y Occidente. Los conquistadores españoles, al llegar a estas tie- rras de maíz y cacao, trajeron consigo no una sola tradición culinaria, sino un cúmulo de sa- nera de comer. Entonces, la cocina poblana es la cristaliza- ción de una historia de migraciones, rutas, resis- tencias y devociones. Este texto ofrece un reco- rrido por sus raíces, su florecimiento conventual, bores ya sazonados por el aliento árabe que su riqueza técnica y simbólica, así como por el durante más de siete siglos perfumó la Penín- reconocimiento que ha merecido como patrimo- nio cultural intangible, de acuerdo con los crite- rios de la UNESCO. sula Ibérica con azafrán, almendra, canela y agua de azahar. En esta herencia, ya mestiza, la cocina no- Más allá de los muros encalados del convento vohispana halló tierra fértil. Y fue en Puebla de y del sigilo místico de las cocinas monásticas, la los Ángeles, ciudad trazada con regla y compás por los designios del cielo y las necesidades decocina poblana vibra y se respira en las calles empedradas, entre el pregón del marchante y el la Corona, donde este mestizaje concibió una chisporroteo del comal. Allí, en el vaivén incesan- te de los mercados —ese teatro cotidiano donde se cruzan canastas, secretos y sazones— se des- pliega un festín perpetuo donde el antojo es ley y el gusto, liturgia. Chalupas que brillan como reli- carios de manteca, tacos árabes que exhalan nostalgias de Oriente, cemitas coronadas con ajonjolí como panes sagrados y molotes que cru- jen como letanías de maíz. Cada puesto, cada fonda, es un altar profano donde el alma se re- concilia con el cuerpo a través de cada bocado. expresión sublime en los muros conventuales. Es aquí, en la cocina callejera, donde la Puebla de los Ángeles se cocina a fuego vivo, donde la receta no está escrita sino memorizada en la mano que voltea la tortilla, en la cuchara que ta- tema la salsa, en la mirada que calibra el punto exacto del guiso. Y en esa constelación de aro- mas, voces, humo y grasa, se revela una verdad antigua: que la calle también es convento, que el mercado también es templo, y que el pueblo, al comer, celebra su propia identidad.2 Perea, Ángel. “La ciudad que fue soñada” (2001). Pintura al Óleo. Colección privada JAPB. privada JAPB. Ángel Perea. “La ciudad que fue soñada” (2001). Pintura al Óleo. Colección 2
Puebla, enclave estratégico entre el puerto tes mesoamericanos. Estos intercambios no de la Vera Cruz, la capital virreinal y el puerto fueron simples traslados de mercancías: cada de Acapulco, fue cruce de caminos, mercado bulto cargado de especias llevaba consigo téc- de maravillas, despensa de mundos. En sus nicas, símbolos y maneras de entender la co- mesones y panaderías se ofrecían manjares a mida como acto cultural y espiritual. viajeros y mercaderes, quienes llevaban en sus alforjas no solo mercancías, sino anécdotas, rumores y sueños. De este mestizaje de clases, credos y coci- nas emergieron leyendas que aún susurran en- tre los muros coloniales y las cazuelas hu- meantes. Así, la gastronomía poblana no solo alimentó cuerpos: encendió imaginarios, per- petuó historias y elevó el acto de cocinar a una forma de eternidad. A pesar de que esta localidad fue concebi- da como ciudad de paso entre el puerto de Veracruz y la capital novohispana, su ubica- ción no fue accidental, se diseñó como un punto logístico clave para la circulación de mercancías, personas y culturas. Su traza or- togonal y su arquitectura temprana revelan la intención de crear un espacio moderno y de- vocional, con una fuerte presencia religiosa. Pronto, los conventos se multiplicaron y con periodo, se introdujeron a España ingredien- tes que a través de la cocina española, arriba- ron a la Nueva España, constituyendo el sopor- te de una revolución sensorial que transformó las cocinas conventuales y domésticas. Alca- chofas, espárragos, berenjenas y plátanos se Carrasco, Víctor. 31 alimentos que México dio al mundo, 2019. Fotografía Museo Exconvento de Santa Rosa, Puebla4 Durante más de siete siglos, la Península Ibérica vivió bajo influencia árabe; en ese largo ellos, las cocinas. A decir de Salvador Novo, “La ciudad de Puebla es el lugar donde el ba- rroco se convirtió en sabor” .3 Antes de llegar a la Nueva España, los ingre- dientes que darían forma a la cocina poblana entretejieron con las hortalizas locales, mien- recorrieron caminos milenarios, a través de las tras higos, dátiles, albaricoques, naranjas y rutas comerciales que conectaban con Oriente nueces aportaron dulzor, textura y perfume a los nuevos guisos. Las almendras, convertidas en esencia y cuerpo de salsas y postres, encon- traron en la nogada un destino glorioso. y Europa. Gracias a la Ruta de la Seda, la Ruta de las Especias y el Galeón de Manila, arribaron a América productos como el arroz, la canela, el clavo, el jengibre, el coco y una variedad de es- pecias que se amalgamaron con los ingredien- Pero fue en el mundo de las especias donde el legado árabe alcanzó su máxima elocuen- cia: la canela, el azafrán, el anís, el jengibre, el sésamo y el azúcar no solo dieron sabor, sino 177 3 Salvador Novo, CocinaMexicanao HistoriaGastronómicade la Ciudadde México(México:Conaculta, 1996). 4 Carrasco, Víctor, 31 alimentos que México dio al mundo. 2019. Fotografía Museo Exconvento de Santa Rosa, Puebla.
que dotaron de aura, misterio y sofisticación a El cacao, oscuro y aromático, se bebía como la mesa novohispana. Y como viajero errante un elixir de dioses y se ofrendaba como mone- del trasatlántico Galeón de Manila, se integra da de prestigio; por su parte, la vainilla, fra- “el arroz” como cereal fundamental, símbolo gante y etérea, perfumaba lo dulce y lo sacro. de abundancia y refinamiento. El aguacate, untuoso y fecundo, ofrecía su car- ne como emblema de lo fértil y lo pleno. Esta constelación vegetal, al igual que sus prepara- ciones, conformaba una cocina compleja, sim- 178 Con los dones del oriente islámico, las coci- neras poblanas no solo mezclaron ingredien- tes, sino que conceptualizaron nuevas recetas bólica y perfectamente balanceada en la que — auténticos tratados de equilibrio y exube- rancia— que aún hoy dan testimonio del mes- tizaje culinario y de su vigencia ritual y simbó- lica. Esta tradición culinaria, ya mestiza en sí cada ingrediente tenía un lugar en la cosmogo- nía del sabor. La dieta mesoamericana no reposaba úni- misma, fue la que desembarcó en América con camente en los dones vegetales: la caza y la los conquistadores y colonos. crianza de animales endémicos complementa- ban, con carnes magras y ofrendas silvestres, la mesa cotidiana y ritual. Para endulzar los manjares, antes de la llegada del azúcar, recu- rrían al ámbar dorado de la miel de abeja nati- Sin embargo, las rutas no solo trajeron insu- mos, impulsaron encuentros, es así como po- demos decir que en la cocina poblana se pue- de rastrear este mestizaje: los dulces va y al néctar espeso del maguey, extraído con conventuales, las salsas especiadas, el uso del paciencia casi sacerdotal. La vainilla, de perfu- ajonjolí, el cacao o el empleo de frutos, son me etéreo y carácter ceremonial, se usaba para herencias de ese cruce incesante entre lo ára- be, lo hispánico y lo indígena. Tal como lo men- embalsamar bebidas y postres, mientras que el epazote, con su aroma penetrante, y el ciona Sophie Coe, “La cocina mexicana no se achiote, de color encendido, dotaban a los pla- entiende sin la cocina española, y ésta, a su tillos de identidad, medicina y misterio. vez, sin la árabe” .5 Entre las bebidas más preciadas figuraba el pulque —octli—, espesa pócima fermentada de la aguamiel del maguey, bebida sagrada Antes de la invasión de los españoles, los pue- blos originarios de Mesoamérica habían edifica- do, con paciencia ancestral y profunda sabiduría, que animaba festines y rituales. Y el cacao, ser- una cocina basada en la ofrenda de su suelo na- vido en jícaras de guaje, se mezclaba con maíz tal. El maíz, sagrado y omnipresente, no era solo molido, se aromatizaba con vainilla y se endul- sustento, era divinidad encarnada en grano. A su zaba con miel, convirtiéndose en bebida de re- lado, el frijol y la calabaza completaban la tríada yes, sacerdotes y guerreros. Así, el alimento de la milpa, ofreciendo proteína, frescura y equi- librio nutricional. El chile, con su ardor vivifican- te, no solo sazonaba, sino también ritualizaba el alimento. El jitomate, rojo como la sangre cere- mesoamericano no solo nutría el cuerpo: era un lenguaje de lo sagrado, un código de vida. Indudablemente, la tradición oral, la prácti- monial, otorgaba color y acidez a los guisos; ca en las cocinas y los saberes transmitidos de mientras el nopal, noble y espinoso, representa- ba resistencia, salud y permanencia. generación en generación configuraron una compleja cultura alimentaria que se volvió propia. La dieta prehispánica basada en la mil- 5 Sophie D. Coe, America’s First Cuisines (Austin: University of Texas Press, 1994).
En este sentido, la cocina poblana no fue ajena a este mestizaje culinario; en particular, las cocinas conventuales se convirtieron en el pa —maíz, frijol, chile, calabaza y una gran di- versidad de quelites— se transformó al contac- to con los nuevos ingredientes, sin perder sus raíces ni su cosmovisión. Las jícaras de guaje, o xicalli, eran vasos de la tierra, moldeadas por la naturaleza y puli- das por la costumbre, perfectas para contener La nixtamalización, el tatemado, la cocción líquidos sagrados como el cacao o el pulque. El en hoja y otras técnicas eran resultado de un molinillo, con su corona de madera y su danza refinado conocimiento del entorno y del cuer- po humano, Ningún platillo ancestral se com- prende sin sus instrumentos, pues en ellos ha- giratoria, espumaba la bebida de dioses, mien- tras que las cucharas y palas de madera, senci- llas, pero nobles, dirigían la alquimia del guiso bita también la memoria del fuego y del gesto con ternura cotidiana. Cada uno de estos uten- repetido. El molcajete, de piedra volcánica y silios, lejos de ser mero objeto, es testigo de un linaje culinario que se rehace en cada uso,corazón rugoso, ha sido desde tiempos inme- moriales el altar del sabor, donde se trituran transmitido de mano en mano, como se trans- los chiles, las semillas y los saberes. El metate, miten las oraciones, las leyendas y los silen- con su rodillo llamado metlapil, es tabla de sa- cios sabrosos de la cocina y de una filosofía crificios culinarios, donde el maíz se convierte alimentaria donde el maíz era no solo sustento en masa, y la masa en alimento sagrado. El co- mal de barro, circular y cálido ha sido cuna de tortillas y testigo de innumerables amanece- res; su variante más elaborada, el comitalli, la conquista; más bien, se mezcló con lo nuevo y dio lugar a una de las cocinas mestizas más complejas del mundo. sino entidad sagrada. Este universo culinario no desapareció con dotaba de firmeza y precisión la cocción ritual. 179 Carrasco, Víctor. Diorama San Pascual Bailón. 2014. Fotografía del Museo Ex convento de Santa Mónica, Puebla.6 Perea, Ángel. Utensilios de cocina. 2019. Fotografía: Mercado de San Andrés Calpan, Puebla7 6 Víctor Carrasco, Diorama San Pascual Bailón. 2014. Fotografía del Museo Ex convento de Santa Mónica, Puebla. 7 Perea, Ángel. Utensilios de cocina. 2019. Fotografía: Mercado de San Andrés Calpan, Puebla.
epicentro de esta alquimia alimenticia. Los fueron auténticas artífices del mestizaje culi- claustros femeninos, verdaderos jardines ce- rrados del ingenio y la devoción, albergaron a complejos que mezclaban ingredientes loca- mujeres que, entre rezos y silencios, tejieron les y foráneos, en recetas elaboradas no solo con manos pacientes las recetas que darían para nutrir el cuerpo, sino para honrar un in- nario. Desde sus cocinas emergieron guisos 180identidad a una ciudad entera. En los conven- tercambio de sabores y saberes. tos poblanos del siglo XVII y XVIII —Santa Rosa, Santa Mónica, y Santa Clara—, las monjas de- sarrollaron una cocina mestiza de alto refina- miento. Obligadas a agradar a obispos, virre- yes y benefactores, las religiosas mezclaron ingredientes nativos con especias y técnicas traídas de Europa y Asia. Así, en los anafres de Santa Rosa, nació uno de los platillos emblemáticos de esta ciudad, como un canto barroco de chiles y especias; ahí, los dulces cristalizaron no solo azúcar, sino también memoria y fe. La relatoría popular na- rra, cuando Sor Andrea de la Asunción, inspira- da por la visita del virrey Tomás de la Cerda, reunió chiles, chocolate, almendras, ajonjolí, clavos, canela y pan viejo en una salsa tan den- “Mole”. De los 5 Sentidos Culinarios,13 de septiembre de 2012.9 No solo este manjar nace de los claustros, pues en estos recintos surge el platillo rey “El sa como exquisita . Y con rezo y devoción se chile en nogada”, guiso por excelencia del ba- crea “el mole poblano”, un poema espeso es- 8 crito con fuego lento, pues no es salsa, ni gui- so, es rito, es conjuro, es recuerdo hecho sabor. Por eso decimos que << mole poblano no se come, se revela >>. Es un rezo espeso, un reta- blo de sabores donde el chile y el cacao, el ajonjolí y la canela, se abrazan en la oscuridad fragante de la historia. Cada bocado es un ver- so mestizo, una plegaria que se tatema al fue- go lento de la memoria. rroco, donde cada ingrediente representa un mundo, y cada cucharada, una historia. El chile en nogada es más que un plato, es un poema comestible, una oda al barroco, donde el gusto se convierte en rito y la patria se repre- senta con nuez, perejil y granada. Desde su in- grediente principal, el chile poblano, robusto y fragante, se ofrece como ofrenda y como recep- táculo. En su interior se anida un picadillo de carnes, semillas secas y frutos como el durazno criollo, el plátano macho, la manzana panoche- pacios de descubrimiento y perfección, pues ra; todos oriundos de la comunidad de San An- lejos de las visiones románticas, los conventos drés Calpan, y la pera de leche de Huejotzingo, Estos espacios de clausura eran también es- fueron laboratorios sensoriales donde se creó se envuelven con resabios de acitrón, canela y una nueva identidad alimentaria. Las monjas, clavo, en un dulzor casi místico que evoca las rodeadas de silencio, espiritualidad y sazón, cocinas conventuales donde fue concebido. 8 Teresa Castelló Yturbide, La Cocina Novohispana (México: FCE, 1995). 9 “Mole”. De los 5 Sentidos Culinarios. 13 de septiembre de 2012. Consultado el 25 de julio de 2025, https://los5sentidosculinarios. wordpress.com/2012/09/13/historia-del-mole/.
Así que, en ese picadillo de carnes, delica- damente guisado, es donde se impregna la sa- zón, como si recogieran los murmullos de las monjas que, entre rezos y azahares, idearon un delicioso manjar digno de reyes para agasajar a los próceres de la patria. Arropado en un de- licado manto dorado, —una cubierta dorada hecha con huevo—que abraza al chile con ter- nura crujiente, no es mero ornamento, ni ca- pricho estético: es herencia milenaria que via- jó desde las cocinas persas, fue adoptada por los árabes y enseñada a los españoles, quienes finalmente la legaron a la Nueva España, vol- viéndose símbolo de opulencia. No puede faltar la nogada, hecha con nuez de castilla tierna, recién pelada, con leche y je- rez, que desciende sobre esa delicada capa dorada que resguarda un deleite al paladar, como un manto de indulgencia, blanco como el cielo de agosto, denso como la historia. Y Perea, Ángel. Chile en nogada, simbolismo de la culinaria poblana barroca. 2025. Fotografía de Colección Privada JAPB10 para amalgamar a este manjar divino, la gra- nada de corona traída de la ciudad de Tehua- cán con su color bermellón—roja como la san- La cocina poblana no se encierra únicamen- te en los claustros que dieron vida a una culina- gre del sacrificio y viva como la ria sutil, ni se agota en los banquetes virreinales esperanza— estalla en cada bocado, y junto de manteles largos y pomposos, es un descubri- con ella hojas perejil, verdes y tiernas, refres- cando el alma como símbolo de identidad, jus- to para darle ese toque peculiar de suntuosi- dad y delicadeza. Así, tricolor y triunfante, el miento del humo del comal mezclándose con el de las veladoras, donde las manos sabias salie- ron del convento para encontrarse con el trajín de la ciudad, por lo que la cocina poblana dejó chile en nogada no solo alimenta, sino que de ser susurro de clausura para volverse voz de conmueve, evoca y representa. De modo que plaza, pregón de antojo y rito cotidiano. es la patria misma en estado de gracia, la coci- na elevada a emblema, la identidad converti- da en festín. En este sentido, podemos afirmar que la co- cina poblana es también cocina del pueblo, del comal callejero, del anafre de esquina y del bu- En los conventos poblanos fue donde se llicio del mercado; es sazón transmitida entre crearon muchos de los platillos más icónicos murmullos de fondas, consejos de abuelas y de la cocina mexicana, como en otros casos trueques de esquina. Sin duda, la memoria del este tipo de cocina fusiona varias culturas. En fogón borbotea de forma viva y fragante en los sus platillos encontramos ingredientes prehis- pánicos, españoles y asiáticos. mercados, esos santuarios terrenales donde el bullicio es salmo y la transacción, rito. 181 10 Perea, Ángel, Chile en nogada, simbolismo de la culinaria poblana barroca. 2025. Fotografía de Colección Privada JAPB.
Entre especias, maíz tostado y frutas en al- míbar, las cocineras indígenas, mestizas y crio- llas siguieron transmitiendo estos saberes, desde la oralidad y la práctica cotidiana. Fue en esos espacios palpitantes donde la cocina poblana continuó su hechizo, entre el antojo popular y la herencia de siglos. Tal y como afir- ma Judith Friedlander, “la cocina es una forma de resistencia cultural, una manera de afirmar la identidad cuando todo lo demás cambia” .11 182 aún se escuchan a lo lejos, con ese cantar del panadero ofreciendo su producto con un to- que de alegría. En esa dimensión viva, palpitante y colecti- va, surge una evocación gustativa, en la que en esta ciudad angelical se convierte en tierra donde conviven, como en un tabernáculo de sabores, las cemitas coronadas de ajonjolí, las chalupas que chispean en manteca, los tacos árabes de herencia oriental y los dulces con- ventuales de Santa Clara que aún suspiran desde vitrinas centenarias. Sin embargo, entre todos los manjares que adornan su mesa, uno se alza con dignidad arcaica y perfume ritual: “el pipián verde”, heredero legítimo de las cazuelas prehispánicas y testigo de siglos de fe, sazón y sobrevivencia. Su origen se remonta a los tiempos del To- tolin Patzcalmollo —nombre que en la lengua de los antiguos designaba un caldo de ave, chili bermejo, tomates y pepitas de calabaza molidas—, platillo digno de Moctezuma y de los dioses. En sus primeras versiones, el pipián se preparaba con pato silvestre, pues en las crónicas de la capital poblana y sus alrededo- res eran paso y refugio de aves migratorias que, venidas del norte, encontraban reposo entre lagunas, ríos y milpas. Con el devenir de los siglos, la receta se adaptó a las mesas de todos los hogares, acogiendo al pollo y a otras carnes, sin perder el verdor, la densidad y la mística de su origen. Carrasco, Víctor. Doña Vicky, cocinera tradicional poblana. 2014. Fotografía. II Foro Mundial de la Gastronomía Mexicana, Puebla12 De estos lugares populares surgieron pro- ductos como la charcutería, las frutas confita- das y las salsas, que nutrieron la identidad po- blana. Estas preparaciones, muchas veces acompañadas de relatos y simbolismos, die- ron forma a leyendas que siguen vivas y que El nombre “pipián”, acaso derivado de la pepitoria hispánica, se fundió en el crisol de la Nueva España hasta quedar como apelati- vo de este espeso y fragante guiso ancestral, ceremonial y entrañable, que sintetiza la con- tinuidad entre lo prehispánico, lo festivo y lo 11 Judith Friedlander, Being Indian in Hueyapan (Nueva York: St. Martin’s Press, 1975). 12 Carrasco, Víctor, Doña Vicky, cocinera tradicional poblana. 2014. Fotografía. II Foro Mundial de la Gastronomía Mexicana, Puebla.
profundamente poblano; este platillo cobró instituyó como fecha de homenaje a quienes, un brillo singular, no solo por su sabor, sino con manos sabias y paladares heredados, han por la leyenda que le dio forma y arraigo. En sabido guardar la llama del sabor: cocineras y ella, se cuenta que entre los siglos XVIII y XIX, cocineros poblanos: alquimistas del fogón y una plaga azotó la Angelópolis con luto y des- esperanza, por lo que los fieles encomenda- ron sus ruegos a San Sebastián Mártir, segun- del recuerdo, herederos de las recetas susurra- das entre muros conventuales, en patios do- mésticos y pasillos de mercado; bordadoras do patrono de la ciudad. Siendo el 20 de del gusto, transmisores de la memoria que se enero, día de su festividad, cuando cesaron los estragos del mal, y como ofrenda de grati- tud nació una costumbre: peregrinar a la ca- pilla aún erguida sobre la 17 Sur y 5 Poniente rio se iluminó con oro comestible; en los mer- cuece, se prueba y se sirve. Porque fue en los claustros donde el receta- y celebrar con pipián verde cocinado con pato la misericordia del santo. cados donde el trueque de especias y afectos nutrió los calderos populares; en los hogares donde abuelas y tías multiplicaron el prodigio cotidiano; y en cada cocina, donde lo sagrado y lo profano se fundieron en una sinfonía mes- tiza que, sin prisa, pero sin tregua, ha atravesa- Desde entonces, este platillo dejó de ser solo alimento y se volvió símbolo. Actualmen- te su presencia en las cartas de los restauran- tes típicos, en los puestos del mercado y en las do los siglos. cocinas humildes, es constante y venerada. No importa el fogón ni el mantel: quien lo prepara Conclusión lo hace con respeto casi litúrgico, siguiendo las antiguas instrucciones como quien recita una oración de sabor. Así, el pipián verde permane- La cocina poblana se alza no solo como arte del fogón, sino como testimonio vivo de un ce, no solo como receta, sino como una joya mestizaje profundo, complejo y perdurable. En viva del imaginario poblano, donde historia, fe cada guiso, en cada salsa espesa o dulce con- y sabor se funden en cada cucharada. ventual, resuenan siglos de historia, rutas leja- nas, rezos murmurados y trueques cotidianos. Es un mosaico donde lo indígena se funde con lo hispánico, lo árabe con lo oriental; asimis- se, continúa vigente. Puesto que en el año mo se une lo popular con lo ritual, en una sin- 2010, la UNESCO reconoció a la cocina tradi- cional mexicana como Patrimonio Cultural In- Todo este cúmulo de aromas, texturas, sa- bores, leyendas y tradiciones, lejos de agotar- fonía gustativa que trasciende el tiempo y las modas. Desde el metate y el comal hasta la no- material de la Humanidad; aunque centrado gada y el pipián, la cocina poblana no solo ha en Michoacán, este reconocimiento abarca sido subsistencia: sino ha sido resistencia, in- también las tradiciones culinarias de Puebla, vención y acto estético. donde la colectividad y la creatividad siguen latiendo en cada fonda, en cada cocina fami- liar, en cada celebración religiosa y civil. Esta gastronomía nacida entre el incienso de los conventos y el humo de los mercados, se ha sostenido en la práctica cotidiana, en el Desde entonces, el día 17 de mayo, bajo la legado de las cocineras y en las leyendas que advocación de San Pascual Bailón —santo pa- trón de las cocinas, protector de los sabores y de los milagros que hierven a fuego lento— se se tateman en cada olla. El mole, el chile en nogada, el pipián y los antojitos callejeros son 183
más que recetas, son relatos comestibles, na- rraciones barrocas que se transmiten de gene- ración en generación, con el respeto de quien hereda un bien; es así, como la UNESCO reco- noce a esta cocina no solo por pertenecer a un 184territorio, sino por ser esencia del alma de un na. 2014. Fotografía presentada en el II Foro Mundial de la Gastronomía Mexicana, Pue- bla. Castelló Yturbide, Teresa. La cocina novohispa- na. México: Fondo de Cultura Económica, 1995.pueblo que cocina su identidad a fuego lento. La Puebla, en su traza perfecta y sus sabores Coe, Sophie D. America’s First Cuisines. Austin: exuberantes, ha hecho de la cocina una forma de eternidad. Allí, donde el barroco se volvió sabor, la cuchara sigue escribiendo, cada día, una historia que empieza en el maíz y termina en la memoria. University of Texas Press, 1994. Friedlander, Judith. Being Indian in Hueyapan. Nueva York: St. Martin’s Press, 1975. “Mole”. De los 5 Sentidos Culinarios. 13 de sep- Salvaguardar esta tradición no implica en- tiembre de 2012. Consultado el 25 de julio cerrar su herencia en vitrinas museísticas, sino celebrarla en la cotidianidad, en los hogares, los mercados y las fondas. Reconocer su valor es defender la diversidad, la memoria y la iden- tidad de los pueblos que han sabido convertir Novo, Salvador. Cocina mexicana o historia de 2025. https://los5sentidosculinarios. wordpress.com/2012/09/13/histo- ria-del-mole/. el acto de cocinar en un arte profundo y com- partido. gastronómica de la Ciudad de México. Méxi- co: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), 1996. Y así, con este acto que no es clausura, sino apertura, el reconocimiento legal se alza como Perea, Ángel. Chile en nogada: Simbolismo de testimonio de una eternidad gustativa. La co- cina poblana continúa su andar, entre humo, entre lo que fue y lo que será, convidando a propios y extraños a sentarse, aún hoy, en la ———. La ciudad que fue soñada. 2001. Pintura la culinaria poblana barroca. 2025. Fotogra- fía de colección privada JAPB. mesa donde el tiempo se sirve en cazuela, y el alma, siempre, repite. Bibliografía Carrasco, Víctor. 31 alimentos que México dio al al óleo, colección privada JAPB. ———. Utensilios de cocina. 2019. Fotografía del Mercado de San Andrés Calpan, Puebla. mundo. 2019. Fotografía del Museo Ex Con- vento de Santa Rosa, Puebla. ———. Diorama San Pascual Bailón. 2014. Foto- grafía del Museo Ex Convento de Santa Mó- nica, Puebla. ———. Doña Vicky, cocinera tradicional pobla-
Puebla, Pue. México. 2026 Puebla Novohispana: Senderos de memoria hacia los quinientos años Fue publicada por el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla
Sinopsismer es el acto biológico, cocinar es un acto cul- tural. La cocina es cultura” …. es aquí donde el La cocina poblana es una expresión viva del tiempo se condensa en el sabor y el espacio se mestizaje culinario, donde ingredientes, sabe- res y culturas convergen para crear una de las 188tradiciones gastronómicas más emblemáticas narra en el aroma. La cocina poblana, es la expresión viva del de México. Su hDiusrtaonritae s4e9 4te ajeñ ocso, nP uperobdlau chtao ss idom uesnt iczraujece, edse t ecsatmiminoonsio: esle lnesgiabdleo d e los proce- originarios de mMeessooaammeérriiccaan oy daiqaluoeglalo cso nq uloe nosvoosh hisisptaónrioc;o lsa q eusep idriiteuraolnid faodrm coan a- la ciudad de cruzaron océanoves ndteusadle c Eounrvoipvea , cAosnia eyl e bl mululicni-o uPrubeabnloa;, luons laarboomraatso rdieo lbaa rcrooccion ae n el que se do árabe, viajanmdeos tpizoar saen etingtureams reuztcalas nc ocomne er-l silaemncailog adme maruorno ms cuenndteons ayr isoasb. ePruees- bajo el signo ciales hasta encbolnat Nraorv uonh insupeavnoa :s iSgennifdicearodso deen Medme loor isaa hgraacdiao lyo slo Q cuoitnidieianntoos. Años los fogones novionhviistap aanl oles.ctor a descubrir una ciudad íntima y profunda, forjada con piedra, fe, sabor y memoria. Fundada en 1531 en un valle fértil, entre ru- En los conventos de la llamada Puebla de los tas comerciales, montes y ríos, la ciudad de Ángeles, se crea laE asltqeu vimoliuam eenntr er einúgnree dvieeinnttees e nPsuayeobsla q duee l oislu Ám autóctonos, mapnroesh disepváontaicso, sy deel sl ivleanllcei,o l ad feu lnodsa ceiónntr de eV lear acicuru claustros, dondlea eamrqeurigtieecrtounr ap blaatrilrloocsa q, ulae c aoúcnin a tcaomnbveiénnt uuanl cy hoy resuenan cognib slea bqouree sp ayl psuitsap eirno sc addea e csaplilrei-, entr coa ddea l oc oenuvroe tualidad y leyenedna .c Eandtar etr madeitcaiótens p, coabzluaenlaa.s N, roe -es sdouljoo h einst loerniag cetarios y plegadriea sid, neanctiidóa udneas cqoucein hao dy ocnodnefo erlm acniu Pduaedb slae. nutrió alma y el paladar dEiastloag iannic.iativa editorial es impmrulissaiodne rsu llaec(tIM Ponyylca ) aonporyeIsctioDsoiruemccilfitnaorio enu suqnatenMraulevnuicedeamipeieronaaxlig ,crea-eiórnnonnGu i-ACidlloe hAartbei tya Cuunlatu mrae mdeo Priuae cboEncadaplat va, un alcance dcaec riuótna sC otrnatsinatulaá ndteic laas ,B deen emmaé-rita ULnai cvoercsinidaa pdo Abulatónnao, emnato dnec ePsu, ee-s la cristaliza- nos indígenas yb vloac, ecso nm oeln pacroapleóss qituoe d, esi nq upero l-as cvioócne ds elo ucnaale hs isyt oarciaad déem miciagsr atcraiosn-es, rutas, re- ponérselo, fusicoineanrdoann . lGar aecsiaesn caila a pdoey ov ianrsitaistu csioisnteanl,c eisatse yli bdreov eosc —iorneessu. ltEasdteo dteexl to ofrece un culturas. Así, lad cipocloinmaa pdoob elna nhais tsoer ilae vdaen ltaa c niuod arde dcoe rPriudeob plao cro snu es nrafoícqeuse, nsuo vfloohriesc-imiento con- solo como deleiptaen soe—ns souriragle, scionmo oc oumn op uheenreten -entvreen ltou qaul,e s fuu er yiq luoe qzuae tpéecrndicuara .y simbólica, así cia viva que plasma lo ipis acUion ic tra,sCra N:EpSa laad ie levnc izacióndelasNn ción, comopatrimon laCienciaydel a nasinpevriitnacltesmUraonidiaóasnoppqauraeraqlaalaEcaOdrégma--icocso,m pilraaCm aioñc,su aO )u sab reiend leotoorerselureonorcocp im eusc c uscgiuehlydittranoirtlndutiaqeanneamegesish recido iainNsr loesusloaqaruUiEeSnCe-ble,deacuer-an,osascaeebe-tocdnoqmp aocusoeyenlaavtrcniiosoo ialteedbreoiracleloeseim.Ccrd qorceo re roas toOs. ió u qosuletcuuram(rl:iUn sePa u areddeeedsro ao,encsosouloe uhdisetourniae.gEasddura,identidad quesealiment uo qmn uuunenmpeirr r idadaratráMsá;sesalrleácdoenloocsemrquuroesseonmcoaslahde de símbolos, sabores y relatos donde lo sagra- do y lo cotidiano se funden en cada bocado calles empedradas, entre el pregón del mar- cas, la cocina poblana vibra y se respira en las para llevarnos a nuestra culinaria poblana re- flejada en tradiciones que la historia y la leyen- da cuentan. Introducción chante y el chisporroteo del comal. Allí, en el vaivén incesante de los mercados —ese teatro cotidiano donde se cruzan canastas, secretos y sazones— se despliega un festín perpetuo don- de el antojo es ley y el gusto, liturgia. Chalupas que brillan como relicarios de manteca, tacos árabes que exhalan nostalgias de Oriente, ce- mitas coronadas con ajonjolí como panes sa- El destacado cronista de la Ciudad de Méxi- co, Salvador Novo escribió alguna vez: ““Co-