REVISTA LUZ Y VIDA 7

Origine Lumière LUZ V DAREVISTA FORMATIVA E INFORMATIVA Hermanas Dominicas de la Inmaculada Concepción N° 07 Julio 2026 Y Primera Edición Especial AñosNacimiento 21826 - 2026 Bicentenario del nacimiento de Madre Hedwige Portalet d' une

Edición Comisión General de Comunicaciones - 2025. Hna. Yngrid Ramos Oballe Responsable de Comunicaciones de la Congregación Hna. Luisa Manzano Pérez Provincia Santo Domingo de Guzmán Hna. Marielena Cánova Silva Hna. Verónica Agurto Olivari Provincia Santa Rosa - Perú Diagramación Yelovi Requena Ygreda HERMANAS DOMINICAS DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN Vía Misurina 121 - 00135 Roma - Italia comunicacionesgeneral@hermanasdic.org hps://hermanasdic.org/ hps://www.facebook.com/dominicasDIC «Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia.» Salmo 118 [117], 1 Hay lugares que no solo aparecen en los mapas, sino que permanecen grabados en la memoria porque en ellos Dios ha iniciado grandes historias: Lyon. La ciudad se cobija, bajo la protección de la Virgen de Fourvière, allí nació, hace doscientos años, Françoise Geneviève Edwige Portalet, a quien actualmente conocemos como Madre Hedwige Portalet, fundadora de la Congregación de las Hermanas Dominicas de la Inmaculada Concepción. El lema que acompaña este jubileo, «La Verdad nos une, la Luz nos guía», resume su horizonte: la Verdad —Cristo— nos congrega como familia dominicana, y la Luz del carisma —recibida de Madre Hedwige— continúa iluminando nuestra misión de predicar, educar y servir con esperanza. Con alegría presentamos esta primera edición especial (1/2) de la Revista Luz y Vida, titulada Origine d'une lumière (Origen de una luz) para conocer mejor a nuestra Madre Hedwige Portalet en el marco de las celebraciones del Bicentenario de su nacimiento. La luz de la historia nos transporta a reflexionar sobre cómo Dios fue modelando, en la sencillez de una familia, una ciudad y una profunda experiencia de fe, el carisma que hoy seguimos viviendo. Por ello, agradecemos a nuestras articulistas que en estas páginas nos llevan a recorrer los lugares que marcaron los primeros años de Madre Hedwige Portalet: la rue Lainerie, el Vieux Lyon, la iglesia de Saint- Paul, Orliénas y Notre Dame de la Garde. En estos escenarios, la Divina Providencia fue sembrando la semilla de una vocación, el mismo carisma fundacional que se sigue viviendo en las Provincias, donde se celebra el jubileo con las personas de los diferentes apostolados. Celebrar doscientos años de su nacimiento no es solo mirar el pasado con gratitud, sino renovar el compromiso de hacer fecunda la herencia recibida. Que esta edición especial (1/2) logre su objetivo de fortalecer nuestra identidad y continuar siendo, en el mundo de hoy, testigos de que “la Verdad nos une y la Luz nos guía”. La portada nos ofrece una vista emblemáca de Lyon, la ciudad donde comenzó la historia de Madre Hedwige Portalet. En lo alto se eleva el Santuario de Notre- Dame de Fourvière, símbolo de la protección de la Virgen María sobre el pueblo lionés. A sus pies se encuentra el Palacio de Juscia, donde ejercía como abogado Benoît Marie Portalet, padre de Hedwige. Detrás de él se exende el histórico Vieux Lyon, con sus calles centenarias y la rue Lainerie, donde el 3 de diciembre de 1826 nació quien, años más tarde, fundaría la Congregación de las Dominicas de la Inmaculada Concepción. Portada

Editorial ÍNDICE Í N D I C E La Fuente • Rue Lainerie 1: de cuna familiar a escuela; dos siglos de historia en el corazón de Lyon. • El Templo y la corte, en la vida de la familia Portalet Couturier. • Raíces de fe en Lyon: el bausmo de Madre Hedwige Portalet. • Orliénas: infancia, pérdida y vocación en la vida de Hedwige Portalet. • Nuestra Señora de la Guarda: la colina donde la fe encontraba consuelo. • Consagrados a María: Un camino para vivir la verdad y portar la Luz de Cristo. • La Consagración al Sagrado Corazón de Jesús: una decisión que transforma vida. • La indulgencia plenaria en nuestras comunidades. • Peregrinación Jubilar, hacia Sagrada Familia de Parkinsonia. • Capítulo Provincial Elecvo en la Provincia Santa Rosa - Perú. • 24 de mayo: La traslación de Santo Domingo de Guzmán, memoria de un acontecimiento que fortalece la idendad dominicana. Santa Luz PredicaVerdad NotiVida 03 05 07 09 12 14 18 22 24 32 37 Domingo de Caleruega

El barrio Viejo Lyon respira el aire de la cercanía y la convivencia entre generaciones. Hedwige, primogénita del hogar conformado por su padre y madre, compartió el mismo techo con el abuelo paterno, quien fue su padrino y una gura edicante para su vida cotidiana. Sin embargo, el edicio que la vio nacer no ha llegado intacto hasta nuestros días. A comienzos del siglo XX, en 1911, las construcciones antiguas de la Rue Lainerie fueron demolidas o modicadas, alterando la sonomía original del lugar. La dirección permaneció, pero los muros cambiaron. El siglo XX marcaría un nuevo giro en la historia de la Rue Lainerie, 1. En 1966 se convirtió en sede de una escuela primaria pública. Hoy, el Rue Lainerie 1: de cuna familiar a escuela; dos siglos de historia en el corazón de Lyon n el número 1 de la Rue Lainerie, en pleno EVieux Lyon, nació el 3 de diciembre de 1826 Françoise Geneviève Edwige Portalet, quien con el tiempo sería conocida como Hedwige Portalet. 1826 - Casa de Madre Hedwige Portalet 2026 - Escuela Pública Francesa

edicio alberga a niños de entre 6 y 11 años. Aulas, comedor y actividades escolares forman parte del sistema educativo francés, en línea con las políticas contemporáneas, la escuela p r o m u e v e u n a e d u c a c i ó n inclusiva, donde estudiantes con distintas necesidades aprenden juntos los valores humanos. El barrio antiguo de Lyon, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, guarda siglos de transformación urbana y social entre sus calles estrechas y muros de piedra. El contraste es elocuente. De una cuna a un escuela; coincidencias signicativas. Donde antes se escuchaban las voces del la familia Portalet Couturier, hoy r e s u e n a n l a s v o c e s d e l a esperanza de muchas familias. La inocencia, el amor pedagógico, la educación como servicio, las v o c e s e s p o n t á n e a s y l a s educadoras permanecen como un signo de que la semilla del Evangelio siempre da fruto. Allí, donde nació una mujer que dedicaría su vida a la educación —esp ecialmente de niños con discapacidad visual— persiste, de otra forma, ese mismo espíritu educativo. Este paralelo de la lectura en el tiempo no puede pasarse por alto: el origen donde nació Hedwige Portalet, futura maestra y educadora, alberga hoy una escuela primaria. Como si, pese a las transformaciones del tiempo y de la ciudad, la vocación educativa de aquel punto geográco de Lyon permaneciera viva; y todavía más, se extiende en los apostolados de las Dominicas de la Inmaculada Concepción, donde se irradia la predicación, con la mirada rme en un horizonte evangelizador que promueve la dignidad de la persona humana. Cathédrale Saint-Jean-Baptiste - Lyon Hna. Magali Tenorio Alcarazo

n el entramado histórico de Lyon, se Eencuentra el corazón del Vieux Lyon, un barrio que en 1826 ya era símbolo de tradición, vida urbana y memoria viva. Fue allí, en la rue Lainerie, número 1, donde el 3 de diciembre de ese año, cuando el otoño comenzaba a despedirse de la ciudad, nació Hedwige Portalet. En esta época la Rue Lainerie no era una postal turística, sino una calle viva, habitada por familias, artesanos y trabajadores. Las casas, muchas de origen medieval o renacentista, se elevaban en piedra, con fachadas estrechas, patios interiores y escaleras que conectaban distintas viviendas en un mismo edicio. El Templo y la corte, en la vida de la familia Portalet Couturier Place Saint-Paul

A pocos pasos de allí, la vida p r o f e s i o n a l d e s u p a d r e s e desarrollaba en la Corte de Lyon, reejando el entorno jurídico en el que estaba inserta la familia. Ese mismo círculo se extendía por las calles vecinas: en la cercana place du Change residía Alexandre Grégoire Dubie, y en la rue Saint-Jean, Étienne Fauchet, ambos abogados y testigos en el acta de nacimiento de la niña. El barrio no solo era un espacio geográco, sino una red social compacta, donde las relaciones p e rs ona l e s y profe s i ona l e s s e entrelazaban de manera natural. Muy cerca también se alza la Église Saint-Paul, templo emblemático del barrio, donde Hedwige recibió el bautismo. Este hecho no es menor: en una época en la que la fe formaba parte esencial de la vida cotidiana, la cercanía de la iglesia marcaba el ritmo espiritual de las familias. El entorno no solo estaba impregnado de vida religiosa y jurídica, sino también de cultura popular. A escasa distancia de la casa familiar vivió entre 1795 y 1832 Laurent Mourguet, creador del célebre personaje Guignol, símbolo del teatro popular lionés. Su presencia añade una dimensión artística a este barrio ya cargado de historia. Así, el Vieux Lyon de comienzos del siglo XIX se revela como un espacio donde convergen la fe, el arte, la vida familiar y la actividad profesional. En ese escenario nació Hedwige Portalet, rodeada de un ambiente que, más que un simple lugar de origen, fue un verdadero crisol de inuencias. Esta crónica no solo reconstruye un nacimiento, sino que dibuja el paisaje humano y cultural que lo hizo posible: un barrio lleno de historia, donde cada calle, cada casa y cada vecino contribuían a tejer la vida cotidiana de una ciudad en constante latido.

n el corazón histórico de Lyon, Eentre calles estrechas y cargadas de memoria como la rue Lainerie, un antiguo registro parroquial conserva la huella de un acontecimiento que, en su momento, pasó casi desapercibido. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese acto sencillo ha adquirido un profundo signicado: el bautismo de quien sería conocida como Madre Hedwige Portalet. El 7 de diciembre de 1826, apenas cuatro días después de su nacimiento, Françoise Geneviève Edwige Portalet fue llevada a la Iglesia de Saint-Paul, un templo cercano a su hogar y considerado hoy una de las iglesias históricas de la ciudad. Hija de Benoit Marie Portalet, abogado de la Corte Real de Lyon, y de Zélie Eléonore Couturier, la niña pertenecía a una familia arraigada en la vida social y profesional de la ciudad. Pero más allá de su entorno, el acto del bautismo revela la importancia de la fe Raíces de fe en Lyon: el bautismo de Madre Hedwige Portalet Allí, en la pila bautismal que aún se conserva, recibió las aguas que marcaban el inicio de su vida cristiana.

como pilar fundamental en la vida familiar de la época. La ceremonia estuvo acompañada por una presencia signicativa: sus padrinos fueron sus propios abuelos, el abuelo paterno y la abuela materna, quienes asumieron el compromiso de velar por su crecimiento espiritual. Este gesto, p r o f u n d a m e n t e s i m b ó l i c o , reejaba no solo la unidad familiar, sino también la transmisión de la fe de generación en generación. La Iglesia de Saint-Paul, testigo silencioso de aquel momento, se alza hoy como un lugar donde h i s t or i a y e s pi r itu a l i d a d s e entrelazan. Sus muros han acogido innumerables historias, pero entre ellas destaca la de esta niña que, sin que nadie lo sospechara entonces, dejaría una huella perdurable. Así, lo que fue un acto cotidiano en la Lyon del siglo XIX se convierte hoy en una escena cargada de sentido. El bautismo de Hedwige Portalet no solo marcó el inicio de una vida, sino también el primer paso de un camino que trascendería su tiempo, recordándonos que las grandes historias suelen comenzar en la sencillez de los gestos más humildes. Pila Bautismal Eglise Saint Paul Lyon

pocos kilómetros de Lyon, entre Acaminos r urales y un paisaje tranquilo que contrasta con el bullicio urbano, se encuentra Orliénas, un pequeño pueblo que marcaría profundamente la infancia de Hedwige Portalet. Fue allí donde, unos años después de su nacimiento en la ciudad, su familia inició una nueva etapa, impulsada por un cambio de fortuna. El traslado no fue casual. El padre de Hedwige, cuya situación económica mejoró Orliénas: infancia, pérdida y vocación en la vida de Hedwige Portalet Iglesia de Saint Martin - Orliénas

gracias a la herencia de dos tías ancianas, adquirió un estudio de notario en el pueblo. Este ascenso social llevó a la familia a instalarse en Orliénas, donde nacerían sus dos hermanos: Marie y Gastón. El entorno era muy distinto al de Lyon: más íntimo, más silencioso, donde todo parecía estar al alcance. Aquellos días estaban marcados por pequeñas escenas que mezclaban inocencia y carácter. Cuando la joven empleada de la familia no podía acompañarla a la escuela, un perro llamado Azor asumía la tarea. Con una seriedad casi humana, llevaba en su boca la cesta con la merienda de la niña y se convertía en su guardián el. Pero el trayecto hacia la escuela no siempre era directo. Hedwige —ya entonces con una personalidad curiosa e independiente— prefería el camino más largo, ya fuera acompañada por Azor o por la empleada. Un día, tras llegar más tarde de lo habitual, intentó suavizar la reprimenda de la maestra con un gesto espontáneo: recogió un ramo de ores en un campo de tréboles y, al entrar en clase, lo ofreció con entusiasmo. La respuesta fue inesperada y severa: «¡Me tomas por un cordero!». Aquella frase, lejos de disiparse con el tiempo, quedó grabada en su memoria como una de sus primeras experiencias. Sin embargo, la etapa en Orliénas no estaría marcada solo por estos recuerdos de infancia. La felicidad de aquellos años fue breve. Una tragedia cambió el curso de su vida: la muerte de su madre, víctima de una enfermedad grave en un contexto en el que Europa atravesaba epidemias como la del cólera. La pérdida fue profunda. Hedwige no tenía aún diez años; su hermana, apenas tres. A esa edad, comprendió el vacío que dejaba su madre en el hogar. Pero también, en ese mismo momento, comenzó a emerger en ella una sensibilidad que marcaría toda su vida. Fue en este escenario donde comenzaron los recuerdos de infancia que Hedwige evocaría más tarde con sus hijas. Entre ellos, destacaba su etapa escolar, vivida en casa de una anciana institutriz de la que conservaba una memoria muy precisa.

Desde entonces, desarrolló un vínculo especial con su hermana menor. La cuidó con una ternura constante. Fue, en cierto modo, el inicio de una vocación silenciosa: una forma de maternidad que no abandonaría jamás. El pequeño pueblo de Orliénas, con su aparente calma, fue así escenario de aprendizajes decisivos. Allí convivieron la inocencia de la infancia, las primeras experiencias de disciplina y autoridad, y el dolor temprano de la pérdida.

ominando el puerto de Marseille, la DBasílica de Notre-Dame de la Garde ha sido, desde hace siglos, el corazón espiritual de los marselleses. Dedicada a la Virgen María bajo la advocación de la Bonne Mère (la Buena Madre), este santuario ha sido refugio de marineros, peregrinos y familias que, desde lo alto de la colina, han conado a María sus alegrías, sus temores y sus esperanzas. Su imagen, vigilando la ciudad y el Mediterráneo, simboliza para los creyentes la protección maternal de la Virgen sobre Marsella. A pocos pasos de este santuario se encontraba el Instituto de Niños Ciegos de las Hermanas de María Inmaculada, donde ingreso Madre Hedwige Portalet a los 36 años. La cercanía de Notre-Dame de la Garde hizo que este lugar se convirtiera en parte de su vida Nuestra Señora de la Guarda: la colina donde la fe encontraba consuelo Notre Dame de la Garde - Marsella

cotidiana. Allí encontraba un espacio de silencio y oración, fortaleciendo su conanza en la Virgen María antes de volver a la misión educativa y al servicio de los más vulnerables. La propia Madre Hedwige dejó entrever el profundo vínculo que la unía a este santuario al escribir: «Las tinieblas de la noche nos quitaron el triste gozo de ver huir la ciudad marsellesa, y de saludar con una última mirada la querida colina de Nuestra Señora de la Guarda donde tantas veces habíamos saboreado la felicidad de la oración y la consolación de la fe.» Estas palabras revelan que Notre-Dame de la Garde no era simplemente un lugar al que acudía, sino un hogar espiritual donde encontraba fuerza, paz y la certeza de la presencia maternal de María. Hoy, la colina de Nuestra Señora de la Garde sigue recordándonos que, en medio de las responsabilidades y desafíos de cada día, siempre es posible detenerse para elevar la mirada al cielo. Así como Madre Hedwige encontraba allí la alegría de la oración y el consuelo de la fe, también nosotros podemos descubrir, en cualquier santuario mariano o en la iglesia más cercana, un lugar para renovar nuestra esperanza y conar nuestra vida a la protección de la

oda consagración auténtica a la TSantísima Virgen nace del deseo de dejar que María forme el corazón del creyente para congurarlo cada vez más con Jesucristo. Madre Hedwige Portalet nos lega este anhelo en una oración tan sencilla como luminosa: “María, Madre del amor hermoso, haz mi corazón parecido al tuyo”. En estas palabras no solo resplandece una entrañable devoción mariana; se revela un auténtico camino de vida cristiana. Quien se deja formar por María aprende, como ella, a escuchar la Palabra, acoger la voluntad de Dios y seguir con delidad a Jesucristo. Consagrados a María: Un camino para vivir la verdad y portar la Luz de Cristo

L a invo c ación Madre del Amor Hermoso procede de una antigua tradición bíblica y litúrgica que, inspirándose en los textos sapienciales —especialmente el libro del Sirácida— c onte mpl a e n Mar í a a l a muj e r plenamente abierta al amor de Dios y modelo perfecto del discípulo. En ella descubrimos a la Madre que, con su ejemplo e intercesión, educa el corazón del creyente para amar, ser vir y permanecer el al Evangelio. Certeza que atraviesa toda la experiencia espiritual de Hedwige Portalet, quien encuentra en María no solo protección, sino una verdadera Maestra de vida interior. Esta riqueza espiritual encuentra una expresión privilegiada en los desafíos que Madre Hedwige propone para el mes de María. Lejos de limitarse a prácticas devocionales, invita a recorrer un itinerario de conversión del corazón. Cada desafío conduce a la escuela de Nazaret, donde el silencio se hace oración, el trabajo cotidiano se transforma en ofrenda y la caridad fraterna orece como el don más hermoso ofrecido a la Virgen. Por ello nos exhorta a “vivir con Jesús y

María en la santa casa de Nazaret, realizando bajo la mirada de Dios nuestro trabajo cotidiano”; nos invita a establecer “nuestra morada espiritual en el corazón de nuestra Madre del cielo” y nos deja la súplica que resume toda su pedagogía espiritual: “María, Madre del amor hermoso, haz mi corazón parecido al tuyo”. Así nos enseña que la auténtica devoción mariana transforma la vida ordinaria en un camino de santidad vivido con Cristo. No deja de ser admirable que esta experiencia espiritual encuentre un eco tan profundo en el Magisterio de la Iglesia. El Concilio Vaticano II recuerda que la misión maternal de María «no oscurece ni disminuye en modo alguno la única mediación de Cristo, sino que maniesta su ecacia» (Lumen gentium, 60) y exhorta a cultivar una auténtica devoción que conduzca a la imitación de sus virtudes (nn. 66-67). Del mismo modo, san Juan Pablo II enseña que la maternidad espiritual de María acompaña permanentemente el camino de la Iglesia y fortalece la unión de los creyentes con Cristo (Redemptoris Mater, 45-48). Por tanto, la consagración mariana, no constituye un n en sí misma; es un camino privilegiado para vivir el Evangelio y congurarse cada día más con Jesucristo. Esta misma comprensión da vida al corazón del carisma dominicano. Desde sus orígenes, la Orden de Predicadores reconoce en María a la primera discípula del Verbo encarnado: la mujer que escucha, guarda y contempla la Palabra antes de ofrecerla al mundo con su propia existencia. Contemplar la Verdad para anunciarla fue primero el camino de María. Por eso esta herencia espiritual conserva hoy una sorprendente actualidad. El amor lial a la Santísima Virgen ocupa un lugar central en la propuesta formativa de Madre Hedwige Portalet. Así lo testimonia el capítulo II del Reglamento del Instituto de Niños Ciegos, re d a c ta d o p o r el l a , d o n d e , e nt re l a s asociaciones destinadas a acompañar el crecimiento humano y cristiano, destaca la Asociación de las Niñas de María. En ella invita a las jóvenes a distinguirse por «una buena conducta y una verdadera piedad», alimentadas por una «devoción ferviente a la Santa Virgen María». De este modo, la devoción mariana deja de ser una práctica exterior para convertirse en un verdadero camino de formación que, bajo la guía maternal de María, conduce el corazón a

seguir cada vez más de cerca a Jesucristo. Hoy las Dominicas de la Inmaculada Concepción prolongamos con alegría este mismo legado al preparar a nuestros estudiantes, especialmente a los jóvenes de quinto de secundaria, para conar lialmente su vida a la Santísima Virgen mediante la consagración mariana. Así, la intuición pedagógica de nuestra Fundadora continúa dando fruto al formar generaciones que, de la mano de María, aprenden a vivir la Verdad y a portar la Luz de Cristo. A l c el e br ar el Bi c e nte n ar i o d el nacimiento de Madre Hedwige Portalet, renovemos con alegría este precioso apostolado mariano. La Iglesia necesita jóvenes cuyo corazón, formado por María, aprenda a escuchar antes de hablar, a servir antes que buscar reconocimiento y a amar antes que juzgar. Quizá esta sea la oración que más necesita nuestro tiempo. No la de quien busca únicamente protección, sino la de quien desea que María transforme su corazón para vivir como Cristo. Si cada uno de nosotros, especialmente nuestros jóvenes, pudiera repetir con sincera convicción: «María, Madre del amor hermoso, haz mi corazón parecido al tuyo», la Verdad encontrará nuevos testigos y la Luz de Cristo seguirá iluminando nuestro mundo. Porque cuando María forma el corazón de un cre yente, siempre lo conduce hast a Jesucristo. Hna. Georgina Silvana León Orbgoso

n u n mu n d o m a r c a d o p o r l a Evelocidad, las redes sociales y las noticaciones constantes, detenerse para escuchar el propio corazón parece un desafío. Sin embargo, en las instituciones educativas de las Dominicas de la Inmaculada Concepción (DIC), existe una tradición que invita a los jóvenes a hacer precisamente eso: encontrarse con Jesús y consagrar su vida a su Sagrado Corazón. La Consagración al Sagrado Corazón de Jesús: una decisión que transforma vida

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús no es una práctica reservada para unos pocos; es una devoción de toda la Iglesia. A través del símbolo del corazón, cada bautizado puede descubrir el inmenso amor de Dios, un amor que abraza, perdona, fortalece y da sentido a la vida. Consagrarse al Sagrado Corazón signica responder libremente a ese amor y dejar que Cristo sea el centro de las decisiones, los sueños y los proyectos personales. Esta hermosa tradición tiene sus raíces e n l a e s pi r it u a l i d a d d e nu e s t r a fundadora, Madre Hedwige Portalet, quien vivió una profunda conanza en el Corazón de Jesús. Desde las primeras páginas de su diario espiritual expresó esa entrega con una sencilla pero profunda oración: «Es a ti, oh Corazón adorable de mi Jesús, a quien yo consagro las páginas de lo que voy a escribir.» Con esa misma conanza, ella encomendaba cada obra y cada paso de su misión educativa. Siguiendo este legado, nuestros estudiantes se preparan durante el año desde las clases de Religión, donde reexionan sobre el signicado de la consagración, del amor misericordioso de Cristo y el compromiso que implica vivir la fe en la vida cotidiana. Esta experiencia encuentra eco en las palabras del papa Benedicto XVI durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2011, cuando armó que al

consagrarnos "tocamos a Jesús" y renovamos la gracia del Bautismo, fortaleciendo nuestro d e s e o d e v i v i r d e l o s s a c r a m e n t o s , esp ecialmente de la Eucar istía y del Sacramento del Perdón, para convertirnos también en signo del amor de Dios hacia quienes más lo necesitan. Como parte de esta preparación, los jóvenes participan en retiros espirituales que son espacios de silencio, reexión y encuentro p e r s o n a l c o n D i o s . E n m e d i o d e l a hiperconectividad y la sobreestimulación digital, estos momentos permiten descubrir quiénes son, revisar sus acciones y escuchar la voz de Jesús. Tal como narra el Evangelio, cuando Jesús invita a sus discípulos: «Vengan ustedes solos a un lugar tranquilo para descansar un poco» (Mc 6,31-32), el retiro se convierte en una oportunidad para renovar el corazón y fortalecer la vida interior ayudado de la oración, reconciliación y la eucaristía. Todo este camino culmina con la ceremonia pública de consagración durante la celebración eucarística. Los estudiantes expresan libremente su deseo de renovar su fe en Cristo y de cultivar la sencillez de corazón, condición indispensable para una auténtica conversión. Este momento solemne es acompañado por la comunidad educativa y de manera especial los padres de familia, quienes previamente participan en una jornada

de reexión que los anima a renovar su compromiso de amar, educar y cuidar a sus hijos, reconociendo que su testimonio cotidiano es el fundamento de un hogar guiado por Dios. Así, la consagración al Sagrado Corazón de Jesús no es solo una ceremonia, sino un camino de formación integral que fortalece la fe, inspira el servicio y ayuda a los jóvenes a descubrir que el verdadero éxito comienza cuando el corazón aprende a amar como Cristo. Son estos gestos sencillos, vividos con profundidad, los que hacen realidad la misión de educar en la Luz y la Verdad, transformando vidas para la mayor gloria de nuestro Señor Jesucristo. Hna. Yanet Hidalgo Segura

ada día, en nuestra oración comunitaria, se Cenciende una luz que nos recuerda el Año Jubilar concedido con ocasión del bicentenario del nacimiento de nuestra Madre Fundadora, Hedwige Portalet. Esa llama es un signo sencillo, pero profundamente elocuente: nos invita a dar gracias a Dios por el don de su vida, por el carisma que continúa vivo en la misión de las Hermanas D om i n i c a s d e l a In m a c u l a d a Concepción y por este tiempo especial de gracia que la Iglesia nos concede. Con inmensa alegría acogemos el jubileo proclamado por Papa León XIV, que ofrece a todos los eles la posibilidad de obtener la indulgencia plenaria al visitar devotamente nuestras capillas y al cumplir las demás condiciones establecidas para este Año Santo. Es una invitación a renovar nuestra fe, fortalecer nuestra esperanza y experimentar la innita misericordia de Dios. Como Dominicas de la Inmaculada Concepción, vivimos este jubileo con La indulgencia plenaria en nuestras comunidades

un corazón profundamente agradecido. Cada comunidad está llamada a ser un faro que anuncie esta gracia, acogiendo con alegría a quienes se acercan a nuestras capillas y promoviendo el conocimiento de este don espiritual para que muchas personas puedan beneciarse de él. Que la luz que encendemos cada día en nuestras capillas ilumine también los corazones de quienes buscan a Dios. Que, siguiendo el ejemplo de Madre Hedwige Portalet, sepamos ser testigos de la Verdad, instrumentos de reconciliación y unidad durante este Año Jubilar.

on el corazón lleno de gratitud y esperanza, la Ccomunidad educativa de la Institución Educativa Dominica Las Capullanas dio inicio a las celebraciones por el Bicentenario del nacimiento de nuestra Madre Fundadora, Hedwige Portalet, una mu j e r c u y a v i d a c o nt i nú a iluminando nuestro camino y fortaleciendo nuestra misión. En este marco jubilar, el pasado 19 de mayo se vivió una de las experiencias más profundas y s i g n i c a t i v a s d e l a ñ o : l a Peregrinación Jubilar hacia la comunidad educativa Sagrada F a m i l i a d e P a r k i n s o n i a . Respondiendo al llamado del Señor a caminar unidos en la fe, la esperanza y el amor, y bajo el lema del jubileo: “La Verdad nos une, l a L u z n o s g u í a ” , n o s congregamos desde las 6:30 a.m. para emprender este itinerario de gracia con el deseo de renovar nuestra vida cristiana. Peregrinación Jubilar, hacia Sagrada Familia de Parkinsonia

Nos acompañaron en este caminar las quer id as her manas Margar it a Túp ac Yunpanqui Tolentino, Belén Vértiz Cabrejos, Alejandrina Ontaneda Pacherres y Luisa Salas Solís, junto al Rvdo. Padre David Paredes, el equip o directivo, do centes, p ersonal administrativo, de apoyo y amigos de nuestra comunidad, haciendo de la peregrinación una auténtica expresión de Iglesia en camino sinodal. Antes de partir, se compartió un emotivo mensaje para recordar a los peregrinos que este trayecto no sería un simple desplazamiento físico, sino un auténtico itinerario espiritual. Se invitó a todos a caminar con el corazón abierto Iniciar el camino con el corazón dispuesto a la gracia, llevando en cada paso sus intenciones personales, las de sus familias y las de toda la institución. Desde el primer momento se respiraba un ambiente de recogimiento y fraternidad, conando especialmente a Dios las necesidades de nuestra C o n g r e g a c i ó n d e H e r m a n a s D o m i n i c a s d e l a I n m a c u l a d a Concepción y de toda la Iglesia. El recorrido hacia la capilla jubilar de Parkinsonia estuvo marcado por la oración. Mientras avanzábamos, rezamos el Santo Rosario meditando los misterios de la vida de Jesús junto a María, nuestra Madre Inmaculada, cuya imagen era llevada con profundo respeto en andas. Al frente de la marcha

abría el paso la Cruz de Cristo como fundamento de nuestra esperanza. Junto a ella, las banderas del Perú, de Francia y de la Orden Dominicana daban un hondo signicado al trayecto: la peruana e x p r e s a b a n u e s t r o c o m p r o m i s o evangelizador en la patria; la francesa evocaba la tierra natal de Madre Hedwige; y la dominicana recordaba nuestra identidad inspirada en el legado de Santo Domingo de Guzmán. Cada paso, canto y momento de silencio transformó el cansancio físico en una ofrenda comunitaria. Al llegar a la Comunidad de Parkinsonia, fuimos acogidos con la calidez de quienes comparten un mismo carisma. Antes de ingresar a la capilla, el Padre David Paredes dirigió un momento de reexión y dio lectura al Decreto Jubilar, explicando el inmenso don de la Indulgencia Plenaria concedida por la Iglesia al celebrar el bicentenario del nacimiento de Madre Hedwige Portalet, fundadora de la Congregación. Con sencillez, nos exhortó a cumplir con fe los requisitos establecidos: la peregrinación, la confesión sacramental, la participación fervorosa en la Eucaristía, el rezo del Credo, las oraciones por las intenciones del Santo Padre y un sincero arrep entimiento. Esto dispuso los corazones para comprender que el verdadero fruto del camino era la renovación interior. Un llamado al recogimiento y la Gracia Sacramental Unidos a la Iglesia universal, participamos en la Santa Eucaristía presidida por el Padre David, d o n d e p r e s e n t a m o s l a s intenciones silenciosas de cada p e re g r i no. Tr as l a Mis a , l a comunidad disfrutó de un valioso momento de f rater nid ad a l compartir los alimentos, el cual dio paso a una profunda experiencia de Lectio Divina dirigida por la Hna. Belén. A la luz de la Palabra,

en un clima de silencio y encuentro interior, cada participante confrontó el mensaje divino con su propia vida. TESTIMONIOS DE LA PEREGRINACION JUBILAR POR EL BICENTENARIO DEL NACIMIENTO DE MADRE HEDWIGE PORTALET Esta experiencia transformadora no solo q u e d ó g r a b a d a e n l a s a c t i v i d a d e s comunitarias, sino que echó raíces profundas e n e l c or a z ón d e c a d a a s i s te nte. A continuación, compartimos las voces y testimonios de quienes formaron parte de esta jornada de fe; vivencias en primera persona que reejan cómo el cansancio se transformó en gracia, y cómo el legado de Madre Hedwige Portalet sigue latiendo con fuerza en la vida y el sentir de nuestra comunidad educativa: CARMEN ZAPATA VÁSQUEZ “La vida está compuesta de hechos y acontecimientos”. Hoy esa frase tiene un sentido mucho más profundo para mí, porque el 19 de mayo dejó de ser una fecha cualquiera y se convirtió en un momento que marcó mi historia personal. Aquel día amanecí con un fuerte dolor en el cuerpo. Me sentía débil y dudé si realmente podría participar en la peregrinación. Sin embargo, en medio de esa fragilidad, sentí una fuerza interior que me impulsaba a no rendirme. Decidí caminar, aunque fuera lentamente, ofreciendo cada paso como una oración. Mientras avanzaba, le pedía a Madre Hedwige y a la Virgen María que me acompañaran y me ayudaran a llegar. Poco a poco, comencé a sentir alivio. El dolor fue desapareciendo de manera inesperada, y en su lugar llegó una paz profunda que me envolvía y me daba nuevas fuerzas.

En ese momento comprendí que Dios caminaba conmigo. Esta experiencia transformó mi manera de ver la vida, porque entendí que hay acontecimientos que no solo se viven, sino que dejan huella en el corazón y fortalecen la fe. CARMEN YARLEQUÉ MATOREL Esta peregrinación fue mucho más que una caminata; fue un encuentro profundo con Dios y conmigo misma. Llegué con el corazón cargado de preocupaciones. Mi mente no dejaba de pensar en todo lo que tenía que hacer, en las responsabilidades pendientes, en el ritmo acelerado de la vida diaria. Mientras caminaba, empecé a darme cuenta de algo que me confrontó: me estaba pareciendo demasiado a Marta, siempre ocupada, siempre inquieta, siempre corriendo. directamente al corazón. Comprendí que estaba buscando paz en medio de mis actividades, cuando en realidad la paz debía nacer desde dentro, desde mi relación con Él. Mientras avanzaba, algo en mí empezó a aquietarse. Mi respiración se hizo más serena, mis pensamientos más claros. Dejé de enfocarme en lo que me preocupaba y empecé a centrarme en lo que realmente importa: la presencia de Dios. Ta m b i é n e n t e n d í a l g o q u e t o c ó profundamente mi interior: aprender a mirar como ella. Mirar con compasión, sin juicio. Mirar con amor. Mirar con los ojos de Dios. Al terminar la peregrinación, ya no era la misma. No porque mis problemas hubieran desaparecido, sino porque dentro de mí había nacido una nueva forma de afrontarlos: desde la paz. En medio de ese caminar, una frase de Madre Hedwige comenzó a resonar con fuerza dentro de mí: “Cuando la calma y la paz interior reinan en el alma, ¿qué importan las tempestades externas?” Esa frase no solo la recordé… la sentí. Fue como s i D i o s m e h a b l a r a

TERESA TÁVARA GAMIO H u b o u n m o m e n t o d u r a n t e l a peregrinación en el que sentí que el tiempo se detenía. Mientras rezábamos el Rosario, cada avemaría se convertía en una ofrenda, en un gesto de amor. No era una repetición mecánica, sino un diálogo profundo, íntimo, lleno de sentido. En ese ambiente de silencio y recogimiento, mi corazón se abrió a un recuerdo muy especial: mi madre. Sentí su presencia de una manera muy real. No desde la nostalgia, sino desde una paz profunda. Fue como si caminara a mi lado, a c o m p a ñ á n d o m e e n c a d a p a s o , recordándome todo lo que me enseñó con su vida. En ese momento, comprendí con m a y o r c l a r i d a d l a s p a l a b r a s : “el amor no pasa nunca” (1 Cor 13,8). Ese amor sigue vivo. Se transforma, se hace presencia de otra manera, pero permanece. Cuando llegamos a la Eucaristía, sentí que todo cobraba sentido. Allí, en ese encuentro con Jesús, entregué mi vida, mis alegrías, mis preocupaciones… pero, sobre todo, entregué a mis hijos. Como madre, entendí que educar no es solo enseñar, sino sembrar con paciencia, conar en los tiempos de Dios y amar sin condiciones. Al nal de la jornada, no solo había caminado un trayecto. Había vivido una experiencia que me transformó profundamente. ELIZABETH DE LA CRUZ GIRÓN Al inicio, dudé mucho si debía compartir lo que viví. Sentía que era algo muy personal, muy mío. Pero con el paso de los días comprendí que las experiencias de Dios no se guardan… se comparten. Esta peregrinación signicó mucho más de lo que esperaba. No fue solo cumplir con un acto religioso o alcanzar una indulgencia plenaria. Fue, sobre todo, un encuentro profundo con Dios. Desde el primer momento, sentí una alegría distinta. No era una emoción pasajera, sino una paz que nacía desde lo más profundo de mi interior. Hubo algo que hizo esta experiencia aún más especial: por primera vez, decidí ofrecer la peregrinación por mí. Siempre suelo pensar en los demás, en sus necesidades, en sus intenciones… pero ese día entendí que también necesitaba detenerme y abrirme a lo que Dios quería hacer en mí. Recordé entonces el ejemplo de Madre Hedwige. Su vida, su entrega, su forma de vivir la verdad. Y comprendí que su legado no es algo del pasado; sigue vivo en cada uno de nosotros. Esa certeza me llenó de compromiso. Sentí el llamado a ser testimonio, a vivir con coherencia, a reejar esa luz en mi vida

cotidiana. Hoy puedo decir que esta peregrinación dejó una huella en mí. Una huella que me invita a seguir caminando, pero ahora con mayor fe y conciencia. MAGALY BRICEÑO CHUNGA Cuando inicié la peregrinación, mi corazón estaba lleno… pero no precisamente de paz. Llevaba conmigo muchas preocupaciones, responsabilidades, pensamientos que no me dejaban descansar. Sentía el peso de todo lo que debía hacer, de todo lo que aún no lograba resolver. Sin embargo, decidí caminar. Y fue precisamente en ese caminar donde comenzó el cambio. Al inicio, mis pensamientos seguían allí, insistentes. Pero poco a poco, a medida que avanzaba, algo empezó a transformarse dentro de mí. El ritmo de mis pasos, el silencio, la oración… todo fue ayudando a que mi interior se aquietara. Hubo un momento en el que comprendí algo muy importante: no tenía que cargar con todo. No tenía que tener el control absoluto de cada situación…Podía soltar… Podía conar. Esa experiencia fue profundamente liberadora. Sentí la misericordia de Dios de una manera muy concreta, como un abrazo que me decía: “no estás sola”. Hoy sigo teniendo responsabilidades, pero ya no las vivo de la misma manera. Hay una conanza nueva en mi corazón. Ahora sé que, incluso en medio de las dicultades, Dios camina conmigo. GISSELA RAMOS OBALLE Desde antes de iniciar la peregrinación, sentía que esta experiencia sería especial. Preparar mi corazón a través de la reconciliación fue fundamental, porque me permitió comenzar este camino con mayor apertura y disposición interior. Durante la caminata, cada momento fue signicativo, pero lo que más marcó mi experiencia fue la intención con la que caminaba: ofrecer la peregrinación por el alma de mi madre. Cada oración y cada esfuerzo llevaban su nombre en silencio dentro de mi corazón. En medio de ese ofrecimiento, experimenté una profunda paz. Sentí que Dios acogía mi intención, que escuchaba mis súplicas y que transformaba mi dolor en consuelo. Fue una experiencia íntima, donde el amor y la esperanza se hicieron presentes de una manera muy real.

Al llegar a la Eucaristía, todo cobró sentido. Hoy, al recordar lo vivido, solo puedo dar gracias a Dios por esta experiencia que fortaleció mi fe y me permitió sentir que, incluso en el dolor, Él siempre nos acompaña. A modo de conclusión: La peregrinación jubilar dejó en cada corazón una huella profunda que trasciende el momento vivido. No fue solo un caminar compartido, sino una experiencia de encuentro con Dios que fortaleció la fe y renovó el espíritu comunitario. A través de cada testimonio, se evidencia cómo la gracia actúa de manera personal y transformadora. Inspirados en el legado de Madre Hedwige, somos llamados a continuar este camino con esperanza, siendo luz y testimonio en nuestra vida diaria. Así, lo vivido no concluye aquí, sino que se prolonga en cada acción guiada por la verdad y el amor. Hna. Margarita Túpac Yupanqui Tolentino

nmensa alegría uye en nuestros Icorazones que, enlazados en armonía, repetían con alegría: ¡Ya se acerca el Capítulo Provincial Electivo! Era la voz que cada día se escuchaba como una melodía que se mecía en los patios y corredores de las comunidades. Sí, se acercaba un g ran aconte cimiento p ara l a Provincia “Santa Rosa” del Perú, que removerá los cimientos de nuestra C o n g r e g a c i ó n , p a r a a r m a r c o l u m n a s r m e s y s e g u r a s , iluminadas con la luz del Espíritu Santo. Esperábamos este CAPÍTULO PROVINCIAL ELECTIVO para marcar un nuevo capítulo en la historia dominicana de la Provincia, porque después de él, nuestro quehacer y nuestro compromiso será el a los anhelos de nuestra Madre Fundadora: Hedwige Portalet y al Carisma al que hemos sido llamadas a desempeñar. Ya en esos momentos, percibíamos un renovado interés por este Capítulo, porque nos dará la oportunidad para acoger las inspiraciones y luces del Espíritu Capítulo Provincial Electivo en la Provincia Santa Rosa - Perú

Santo que nos ofrece para involucrarnos en esta tarea, ardua, pero llena de esperanza para examinar los puntos básicos y esenciales y así, poder construir “Comunión” y “Comunidad”, elementos necesarios e indispensables en los cambios estructurales que actualmente exige la vida comunitaria. Era el ideal más grande y noble, que v e n í a c u lt i v án d o s e e n nu e s t ro s

corazones. Por eso, pedíamos y seguimos pidiendo a nuestro Padre Celestial, que la paz y el gozo de pronto estar reunidas, para algo tan trascendente e importante, sea el signo del Reino de Dios y la alegría de la fraternidad, donde abunde la gracia, la justicia, la paz y el amor. Esperamos que la gracia de nuestra consagración fructique en un camino de perfección; que nuestros proyectos estén abiertos a Dios, sin desalentarnos porque contamos con la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible descubrir una norma más perfecta de vivir lo que lo que predicamos, aprovechando las ocasiones que se presentan cada día, para realizar a c c i o n e s , o r d i n a r i a s d e m a n e r a extraordinaria, tratando de discernir y escuchar la voz del Señor a través de la oración, y así, reconocer los signos que Él nos da en cada momento de nuestra convivencia comunitaria; y en cada opción que tomemos para apreciar el valor inconmensurable que tiene un Capítulo en nuestra propia misión, desde donde somos capaces de reejar a Jesucristo en el mundo de hoy. Él tiene un mensaje que quiere decir al mundo con la vida y testimonio de cada hermana que se deja transformar y renovar

por el Espíritu Santo para que sea posible su misión la que estará siempre abierta a su acción sobrenatural. Que la aspiración a identicarnos con Cristo nos conduzca al empeño de construir, con esfuerzos y renuncias que impliquen también las alegrías y fecundidad, ese reino de amor, de justicia y de paz, para vivir la vida comunitaria de manera que los esfuerzos tengan sentido evangélico y nos identiquen, también, con nuestro carisma para que cada tarea sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. De este modo todos los momentos vividos en fraternidad, serán

e s c a l one s e n nu e st ro c am i no d e santicación, que tocadas por Jesús a través de sus palabras, nos desafían, y nos interpelan a un cambio real de vida; es decir, a una vida austera y fraterna como signo principal que el Señor nos ha dejado para que “el mundo crea”. Sostener el testimonio de fraternidad, que es un don vivicador que viene de lo alto, es lo que enriquece la comunidad basada en la libertad, en la igualdad, en las relaciones humana y otros valores propios del carisma. Después del C apítulo, dejaremos las dicultades, las debilidades y miedos para lanzarnos a la misión, portando LUZ Y VERDAD. Hna. Sabina Marroquin Matos

ada 24 de mayo, la Familia Dominicana Ccelebra la Traslación de Santo Domingo de Guzmán, acontecimiento ocurrido en 1233, cuando sus restos fueron trasladados desde la sencilla sepultura donde había sido enterrado, al nuevo sepulcro preparado en la basílica de Bolonia. La ceremonia tuvo lugar doce años después de su muerte, en la madrugada del lunes de Pentecostés. Las crónicas antiguas, especialmente las de Jordán de Sajonia y otros testigos de la época, narran que al retirar la pesada losa que cubría el sepulcro se percibió un perfume extraordinario que llenó el ambiente. Aquel aroma, considerado por los presentes como un signo de la santidad de Domingo, conmovió profundamente al arzobispo de R ávena, a los obispos, frailes, autoridades civiles y eles que participaron en la ceremonia. Entre lágrimas, cantos de alabanza y profunda veneración, los restos del 24 de mayo: La traslación de Santo Domingo de Guzmán Memoria de un acontecimiento que fortalece la identidad dominicana

fundador de la Orden de Predicadores fueron colocados en un nuevo féretro de madera de cedro y trasladados al lugar destinado para su veneración. Sin embargo, la celebración de la Traslación va mucho más allá del traslado material de unas reliquias. Para la espiritualidad d o m i n i c a n a , e s t e acontecimiento recuerda que la vida de los santos continúa dando fruto en la Iglesia. La misión de Santo Domingo no terminó con su muerte; por el contrario, su testimonio sigue alentando a quienes, inspirados por su carisma, anuncian el Evangelio con la predicación, el estudio y la contemplación. Para las Hermanas Dominicas de la Inmaculada Concepción, esta memoria constituye una invitación a renovar la delidad a la espiritualidad dominicana. La pasión por la verdad, la compasión por quienes buscan a Dios, la vida fraterna y el compromiso con la predicación continúan siendo expresiones vivas del legado de Santo Domingo. Al celebrar la Traslación de nuestro Padre Santo Domingo, damos gracias a Dios por el don de su vida y pedimos la gracia de mantener vivo su carisma en la misión que la Iglesia nos confía. Que, siguiendo su ejemplo, sepamos ser mujeres contemplativas en la acción, alegres en la esperanza y eles predicadoras del Evangelio allí donde el Señor nos envía.

B IC E N T E NA R IO DEL NACIMIENTO DE LA MADRE HEDWIGE PORTALET Hermanas Dominicas de la Inmaculada Concepción