Libro al amor 🐒💕

Created in Canva

Si algĂșn dĂ­a llegas a leer este libro, quiero que sepas que cada palabra fue escrita pensando en ti. No porque quiera que olvides lo que vivimos, sino porque hubo una historia tan bonita que me serĂ­a imposible dejar que el tiempo la borrara. Fuiste una de las personas mĂĄs importantes que ha llegado a mi vida, alguien que conociĂł mis mejores sonrisas, pero tambiĂ©n mis peores miedos. Conociste partes de mĂ­ que nunca habĂ­a tenido el valor de mostrarle a nadie y, aun asĂ­, decidiste quedarte. Gracias por cada abrazo que me hizo sentir en casa, por cada beso que me robaste, por cada vez que tomaste mi mano, por las risas, por las discusiones, por las reconciliaciones, por escucharme cuando ni yo misma entendĂ­a lo que sentĂ­a y por intentar salvarme incluso cuando yo no querĂ­a dejarme ayudar. PerdĂłn por todas esas veces en las que no entendĂ­ que tus palabras nacĂ­an del amor y de la preocupaciĂłn. Hoy las recuerdo y me doy cuenta de que nunca quisiste cambiarme; querĂ­as verme vivir, sonreĂ­r y recuperar a la niña que poco a poco se estaba perdiendo. No sĂ© quĂ© vaya a pasar con nosotros. No sĂ© si la vida vuelva a unir nuestros caminos o si este libro serĂĄ el lugar donde nuestra historia siga viviendo. Lo Ășnico que sĂ­ sĂ© es que jamĂĄs me arrepentirĂ© de haberte conocido, porque gracias a ti entendĂ­ que el amor tambiĂ©n es cuidar, incluso cuando duele. Este libro no tiene la intenciĂłn de cambiar el pasado. Solo quiere guardar cada recuerdo, cada enseñanza y cada pedacito de nosotros, para que el tiempo nunca pueda borrar lo mucho que significaste para mĂ­. Y si algĂșn dĂ­a vuelves a estas pĂĄginas, quiero que recuerdes algo que nunca cambiĂł: siempre ocupaste un lugar muy especial en mi corazĂłn. Con todo el amor con el que un dĂ­a aprendĂ­ a mirar esos ojos cafĂ©s que tanto me gustaban.DEDICATORIAPara el niño de ojos cafĂ©sCon cariño Quetzaly

PrĂłlogoHay historias que comienzan con un "te amo". La nuestra comenzĂł mucho antes, cuando ni siquiera imaginaba que aquel niño que un dĂ­a me caĂ­a mal terminarĂ­a convirtiĂ©ndose en una de las personas mĂĄs importantes de mi vida. Si hoy tienes este libro entre tus manos, quiero pedirte algo antes de que continĂșes leyendo: no juzgues esta historia por sus errores, por sus discusiones o por el final que pudo haber tenido. LĂ©ela con el corazĂłn, porque fue ahĂ­ donde naciĂł cada una de estas pĂĄginas. Durante mucho tiempo pensĂ© que los recuerdos debĂ­an quedarse guardados para no volver a doler. Pero entendĂ­ que existen personas que dejan una huella tan profunda que olvidarlas serĂ­a como borrar una parte de nosotros mismos. Este libro no fue escrito para demostrar quiĂ©n tuvo la razĂłn, ni para señalar culpables. Fue escrito para recordar. Para guardar cada sonrisa, cada lĂĄgrima, cada abrazo, cada silencio y cada enseñanza que una vez compartimos. AquĂ­ encontrarĂĄs la historia de dos jĂłvenes que se conocieron en el momento menos esperado. Dos personas que, sin saberlo, empezaron a cambiar la vida del otro. No fue una historia perfecta. Hubo errores, miedos, lĂĄgrimas y decisiones que nos llevaron por caminos distintos. Pero tambiĂ©n hubo un amor tan sincero que merece ser contado. No sĂ© quĂ© vaya a pasar con nosotros cuando termine de escribir este libro. Tal vez la vida vuelva a cruzar nuestros caminos o tal vez no. Lo Ășnico que sĂ­ sĂ© es que, mientras escribo estas pĂĄginas, vuelvo a sonreĂ­r, a llorar y a recordar cada momento que vivimos. AsĂ­ que, si llegaste hasta aquĂ­... DĂ©jame contarte cĂłmo comenzĂł todo. Porque esta no es solo una historia de amor. Es la historia del niño de ojos cafĂ©s que, sin saberlo, cambiĂł mi vida.

ÍNDICEI. La primera impresiĂłn tambiĂ©n se equivoca II. Creo que algo estĂĄ cambiando

LA PRIMERA IMPRESIÓN TAMBIÉN SE EQUIVOCA "Antes de aprender mirarte""A veces las primeras impresiones cambian cuando conoces bien a la persona." —Erick Nunca imaginĂ© que este libro iba a empezar hablando de alguien que, al principio, me caĂ­a mal. Cuando entrĂ© a la preparatoria no conocĂ­a a casi nadie. Poco a poco fui haciendo amistades y tratando de adaptarme a un lugar completamente nuevo para mĂ­. En ese tiempo rechacĂ© a un niño que querĂ­a conmigo. PensĂ© que todo quedarĂ­a ahĂ­, pero no fue asĂ­. Él empezĂł a hablar mal de mĂ­ y logrĂł que varias personas tambiĂ©n pensaran cosas de mĂ­ sin siquiera conocerme. Recuerdo perfectamente el dĂ­a en que un amigo me enseñó una captura de pantalla. AhĂ­ estaban varios mensajes donde hablaban de mĂ­. DecĂ­an cosas que ni siquiera eran verdad. Para ser sincera, me molestĂł mucho. Pensar que una persona que no conocĂ­a y con la que nunca habĂ­a cruzado una sola palabra pudiera hablar asĂ­ de mĂ­, me hacĂ­a enojar. En ese momento no sabĂ­a quiĂ©n era esa persona, asĂ­ que le preguntĂ© a una amiga. Ella me señalĂł quiĂ©n era. Y SĂ­... eras tĂș. Y desde ese momento pensĂ© que eras un arrogante, un alzado y que me caĂ­as muy mal. No entendĂ­a cĂłmo podĂ­as hablar asĂ­ de alguien que ni siquiera conocĂ­as. SeguĂ­ pensando eso de ti durante un tiempo. Incluso nuestra primera vez cruzando palabras y miradas no fue un momento bonito. Fue un dĂ­a cualquiera. Recuerdo perfectamente ese momento. Estaba con mis amigos comprando algo cuando, de repente, te vi acercarte mientras ibas contando el dinero que llevabas en la mano. Lo primero que pasĂł por mi cabeza fue: "AhĂ­ viene Ă©l... cĂłmo puede ser tan alzado." AsĂ­ que me quedĂ© viĂ©ndote. Hoy te digo la verdad, porque durante mucho tiempo te lo neguĂ©. SĂ­... ese dĂ­a sĂ­ te estaba viendo, no porque me gustaras, te estaba viendo porque en mi cabeza seguĂ­an dando vueltas todas esas cosas que habĂ­as dicho de mĂ­. En eso levantaste la mirada y te diste cuenta de que te estaba viendo. Entonces me preguntaste: —¿QuĂ© me ves? Y despuĂ©s hiciste algo que, en ese momento, me molestĂł todavĂ­a mĂĄs: soltaste una risa burlona. Yo reaccionĂ© de inmediato: —Ni te estaba viendo. Y tĂș respondiste: —¿CĂłmo no? RodĂ© los ojos, me di la vuelta y dije: — Ni quien te quiera ver. Y me fui. Ese dĂ­a vi tus ojos cafĂ©s. Fue la primera vez que nuestras miradas se cruzaron. No fue una forma bonita, pero aun asĂ­ ese momento se quedĂł grabado en mi memoria. Lo que no sabĂ­a en ese instante era que esos ojos cafĂ©s, que aquel dĂ­a me hicieron enojar todavĂ­a mĂĄs, con el tiempo terminarĂ­an convirtiĂ©ndose en mis ojos favoritos.

DespuĂ©s de ese dĂ­a seguĂ­ pensando exactamente lo mismo de ti. Para mĂ­ seguĂ­as siendo el niño arrogante, alzado y que habĂ­a hablado mal de mĂ­ sin siquiera conocerme. Pero el destino, aunque yo no quisiera, tenĂ­a otros planes. Poco tiempo despuĂ©s pasĂł el conflicto que tuviste con tus amigos. Recuerdo que, despuĂ©s de ese momento, dejaste de juntarte con ellos y hablaste de lo que habĂ­a pasado con FabiĂĄn y Arturo. Ellos te dijeron que los dejaras a un lado y fue asĂ­ como empezaste a juntarte mĂĄs con ellos. Cuando me enterĂ©, no me hizo ninguna gracia, pues tambiĂ©n eran mis amigos y eso significaba que tenĂ­a que verte o que, en algĂșn momento, tendrĂ­a que hablar contigo. Y, para ser sincera, era lo que menos querĂ­a. Lo primero que pensĂ© cuando vi que sĂ­ era verdad fue: "Genial... ahora lo voy a tener que ver todos los dĂ­as." Y asĂ­ fue. Al principio solo hablĂĄbamos porque estĂĄbamos con los mismos amigos. Si hacĂ­an una broma, ahĂ­ estabas tĂș. En los recreos, cuando iban con nosotras, tambiĂ©n estabas tĂș. Poco a poco empecĂ© a convivir contigo sin darme cuenta. Lo curioso es que, mientras mĂĄs te conocĂ­a, menos sentido tenĂ­a la idea que habĂ­a creado de ti. SeguĂ­as haciĂ©ndome pensar que eras un payaso de vez en cuando, pero ya no eras el mismo niño que yo habĂ­a imaginado cuando vi aquella captura. Aun asĂ­, habĂ­a algo que todavĂ­a no podĂ­a olvidar, pues aquellas palabras seguĂ­an dando vueltas en mi cabeza. DespuĂ©s pasĂł algo que jamĂĄs imaginĂ©. En ese momento tĂș tenĂ­as novia, yo tenĂ­a novio y, para acabarla, una amiga querĂ­a contigo. AsĂ­ que, aunque empezĂĄbamos a llevarnos mejor, nunca pasĂł por mi cabeza que pudieras gustarme. Hasta que llegĂł ese dĂ­a. Un dĂ­a cualquiera. Recuerdo que yo estaba acostada sobre la mesa y tĂș llegaste, como siempre, a echar relajo. Te sentaste donde estaban mis piernas y, sin decir nada, empezaste a hacerme cosquillas. La verdad recuerdo que te decĂ­a una y otra vez: —Ya, dĂ©jame. Pero entre mĂĄs te decĂ­a que pararas, mĂĄs me hacĂ­a reĂ­r. En eso un amigo nos vio y dijo: —A mĂ­ se me hace que Erick quiere con Quetzaly. En ese momento me levantĂ© rapidĂ­simo, quitĂ© tus manos y dije: — ÂżCĂłmo crees? Él tiene novia y yo tambiĂ©n tengo novio. Recuerdo perfectamente que no dijiste nada, solo te reĂ­ste. Y ahĂ­ quedĂł todo... O al menos eso pensĂ©.

Porque ese dĂ­a, cuando lleguĂ© a mi casa, no podĂ­a dejar de pensar en lo que habĂ­a pasado. Me preguntaba una y otra vez: "ÂżSerĂĄ que me estĂĄ empezando a gustar?" Y yo misma me respondĂ­a: "Noo... ÂżcĂłmo te va a gustar ese fastidioso?" No podĂ­a pasar. TĂș me caĂ­as mal, ademĂĄs tenĂ­as pareja, al igual que yo. AsĂ­ que tratĂ© de negarlo y convencerme de que era imposible. Pero, mientras mĂĄs intentaba convencerme de que no sentĂ­a nada... MĂĄs pensaba en ti. Al final decidĂ­ terminar mi relaciĂłn porque sentĂ­a que ya no estaba siendo honesta conmigo ni con la otra persona. Aun asĂ­, seguĂ­a sin aceptar lo que estaba sintiendo. Recuerdo que incluso escribĂ­ una carta para sacar todo lo que llevaba dentro. PensĂ© que, al terminarla, por fin iba a sentirme tranquila y me iba a demostrar a mĂ­ misma que no sentĂ­a nada por ti. Pero pasĂł todo lo contrario. Cuando terminĂ© de escribirla entendĂ­ algo que llevaba dĂ­as intentando negar. SĂ­... Me estabas empezando a gustar. AsĂ­ que rompĂ­ la carta. PensĂ© que, si la rompĂ­a, tambiĂ©n desaparecerĂ­an esos sentimientos. QuĂ© equivocada estaba. Con el paso de los dĂ­as nos fuimos haciendo mĂĄs cercanos. Incluso pasĂł algo que tampoco pensĂ© que sucederĂ­a: terminaste con la que en ese momento era tu novia. DespuĂ©s de eso empezamos a hablar mĂĄs, a pedirnos opiniones y a pasar mĂĄs tiempo juntos. Hasta que un dĂ­a me pediste que te ayudara a escoger quĂ© fotos dejar en tu Instagram. TodavĂ­a me acuerdo de ese momento. Mientras tĂș hablabas conmigo, yo ya ni siquiera estaba poniendo atenciĂłn. Estaba demasiado distraĂ­da viendo tus ojos. No sĂ© en quĂ© momento empecĂ© a perderme tanto en ellos, pero cada vez que te veĂ­a era lo primero en lo que me fijaba. Esos ojos cafĂ©s tan lindos... Incluso recuerdo que ese dĂ­a nos tomamos una foto de nuestros ojitos juntos. Te serĂ© sincera... En ese momento me sentĂ­a tan feliz. Y, aunque todavĂ­a no querĂ­a aceptarlo... Cada vez era mĂĄs evidente. Todos empezaban a darse cuenta de que algo estaba pasando entre nosotros. Todos... Menos yo. Hasta que un dĂ­a me dijeron: — De verdad que sĂ­ le gustas. RĂĄpidamente lo neguĂ©. —No es verdad. Pero, para quitarme la duda, decidĂ­ hacer una prueba. PensĂ©: "Si hoy se queda conmigo, entonces sĂ­ le gusto." Pues todos me decĂ­an que por eso ya pasabas los recreos con nosotros.

Yo no querĂ­a creerlo, pero aun asĂ­ hice la prueba. Y sĂ­... SĂ­ te quedaste conmigo. Ese dĂ­a sentĂ­ que ya no podĂ­a seguir engañåndome. Aun asĂ­, todavĂ­a habĂ­a algo que me detenĂ­a. No podĂ­a olvidar todo lo que habĂ­a pasado al principio.Fue entonces cuando, dĂ­as despuĂ©s, volvimos a hablar de la primera impresiĂłn que habĂ­amos tenido el uno del otro. Te contĂ© toda la verdad. Te dije que me habĂ­as caĂ­do mal porque me habĂ­an dicho que tĂș habĂ­as hablado cosas de mĂ­. Te quedaste pensando en eso. En ese momento llegaron mis amigos y nos fuimos. PensĂ© que esa conversaciĂłn jamĂĄs volverĂ­a a salir. Pero parecĂ­a que me leĂ­as la mente. Yo no dejaba de pensar en esas palabras y, en esa misma semana, volvimos a hablar del tema. Me preguntaste quĂ© era lo que habĂ­a pasado. Yo no querĂ­a decirte. Pero mi amigo terminĂł contĂĄndotelo y yo solamente asentĂ­ con la cabeza. Te quedaste pensando unos segundos y despuĂ©s me explicaste todo. Me dijiste que ese niño habĂ­a ido con ustedes a contar una historia completamente diferente y que todos le habĂ­an creĂ­do porque era su amigo. Pero, con el tiempo, te diste cuenta de cĂłmo era realmente y entendiste que todo lo que habĂ­a dicho de mĂ­ era mentira. DespuĂ©s hiciste algo que jamĂĄs esperĂ©. Me pediste perdĂłn. No buscaste justificarte. No intentaste echarle la culpa a alguien mĂĄs. Simplemente reconociste que te habĂ­as equivocado. Y fue en ese momento cuando entendĂ­ que la persona que tenĂ­a enfrente ya no era el niño que yo habĂ­a imaginado durante tanto tiempo. Ya no eras ese niño arrogante, alzado y fastidioso que existĂ­a en mi cabeza. HabĂ­as cambiado por completo la perspectiva que tenĂ­a de ti. Y fue ahĂ­ cuando entendĂ­ una frase que, hasta el dĂ­a de hoy, sigue teniendo sentido para mĂ­: "Del odio al amor... solo hay un paso"

Creo que algo estĂĄ cambiando"Sin darme cuenta " "Y aunque querĂ­a evitar lo que sentĂ­a por ti, el destino parecĂ­a tener otros planes." — Quetzaly DespuĂ©s de todo lo que habĂ­a pasado seguĂ­a pensando en cĂłmo era posible que me gustaras. La verdad muchas veces me preguntaba en quĂ© momento pasĂł todo. ÂżCĂłmo era posible que el niño que al principio me caĂ­a tan mal ahora fuera la persona con la que mĂĄs querĂ­a estar? Y, aunque trataba de encontrar una respuesta, nunca la encontraba. DespuĂ©s entendĂ­ que no habĂ­a sido un solo momento. Fueron muchos. Fueron las bromas, las risas, los recreos, las salidas y todos esos pequeños momentos que poco a poco hicieron que me enamorara de ti. ÂżTe acuerdas cuando empezaste a ir a dejarme a mi casa? Hay un momento que nunca se me va a olvidar. Íbamos cruzando la calle y de repente me dijiste: "RĂĄpido". Enseguida me jalaste de la cintura para que avanzĂĄramos. Puede sonar como algo muy simple, pero nunca te imaginaste lo feliz que me hizo ese detalle. Ese mismo dĂ­a lleguĂ© a mi casa y lo primero que hice fue contarle a mi amiga. No dejaba de pensar en eso. Y al dĂ­a siguiente me hiciste pasar una de las vergĂŒenzas mĂĄs grandes. EstĂĄbamos viendo el celular de un amigo porque ahĂ­ tenĂ­a abierta mi cuenta de Instagram. Llegaste y dijiste que querĂ­as ver mis chats. Yo te dije que no, pero tĂș me quitaste el celular y saliste corriendo. Fui detrĂĄs de ti toda apenada. Lo peor fue cuando abriste el chat con mi amiga y leĂ­ste donde decĂ­a que me estabas empezando a gustar. TodavĂ­a me acuerdo cuando volteaste a verme y, con esa risa burlona que siempre hacĂ­as, me dijiste: "ÂżA poco?". Hasta te pusiste rojito. Yo solo querĂ­a que me regresaras el celular para salir corriendo de la pena. Nunca te lo dije, pero ese dĂ­a me dio muchĂ­sima vergĂŒenza.

DespuĂ©s de eso ya no tenĂ­a sentido seguir negando lo que sentĂ­a. Me gustabas y ya no podĂ­a hacer como que no pasaba nada. TambiĂ©n me acuerdo perfectamente de nuestro primer abrazo. EstĂĄbamos comprando cuando abracĂ© a alguien mĂĄs y tĂș dijiste: "Yo tambiĂ©n quiero uno". Me hice la que no escuchĂł porque me dio muchĂ­sima pena, pero ya sabes cĂłmo eran nuestros amigos. Enseguida dijeron que te abrazara. Al final lo hice. DurĂł muy poquito, pero para mĂ­ fue uno de los abrazos mĂĄs bonitos que habĂ­a dado. Desde ese dĂ­a ya no querĂ­a que dejaras de abrazarme. Y luego vino lo de la pulsera. TĂș dijiste que yo nunca llevaba una y te respondĂ­ que no me gustaban porque mi mano estaba muy flaquita y siempre me quedaban grandes. Entonces me dijiste riĂ©ndote que asĂ­ no ibas a poder quitĂĄrmelas. Al dĂ­a siguiente lleguĂ© con una para ti. Cuando te la di me preguntaste por quĂ© no me la quedaba yo y te dije que preferĂ­a que la usaras tĂș. Lo Ășnico que te pedĂ­ fue que la cuidaras. Me sonreĂ­ste y me dijiste que no te la ibas a quitar nunca. DespuĂ©s me dijiste: "Ponmela". Nunca te lo dije, pero mientras te la estaba poniendo me sentĂ­a muy feliz. Ahora que lo pienso, nunca hubo un momento exacto en el que dijera: "Ya estoy enamorada". Simplemente pasĂł. Fueron todos esos pequeños detalles los que hicieron que cada dĂ­a me gustaras un poquito mĂĄs... y, sin darme cuenta, ya no me imaginaba mis dĂ­as sin ti.