Created in Canva
Si algĂșn dĂa llegas a leer este libro, quiero que sepas que cada palabra fue escrita pensando en ti. No porque quiera que olvides lo que vivimos, sino porque hubo una historia tan bonita que me serĂa imposible dejar que el tiempo la borrara. Fuiste una de las personas mĂĄs importantes que ha llegado a mi vida, alguien que conociĂł mis mejores sonrisas, pero tambiĂ©n mis peores miedos. Conociste partes de mĂ que nunca habĂa tenido el valor de mostrarle a nadie y, aun asĂ, decidiste quedarte. Gracias por cada abrazo que me hizo sentir en casa, por cada beso que me robaste, por cada vez que tomaste mi mano, por las risas, por las discusiones, por las reconciliaciones, por escucharme cuando ni yo misma entendĂa lo que sentĂa y por intentar salvarme incluso cuando yo no querĂa dejarme ayudar. PerdĂłn por todas esas veces en las que no entendĂ que tus palabras nacĂan del amor y de la preocupaciĂłn. Hoy las recuerdo y me doy cuenta de que nunca quisiste cambiarme; querĂas verme vivir, sonreĂr y recuperar a la niña que poco a poco se estaba perdiendo. No sĂ© quĂ© vaya a pasar con nosotros. No sĂ© si la vida vuelva a unir nuestros caminos o si este libro serĂĄ el lugar donde nuestra historia siga viviendo. Lo Ășnico que sĂ sĂ© es que jamĂĄs me arrepentirĂ© de haberte conocido, porque gracias a ti entendĂ que el amor tambiĂ©n es cuidar, incluso cuando duele. Este libro no tiene la intenciĂłn de cambiar el pasado. Solo quiere guardar cada recuerdo, cada enseñanza y cada pedacito de nosotros, para que el tiempo nunca pueda borrar lo mucho que significaste para mĂ. Y si algĂșn dĂa vuelves a estas pĂĄginas, quiero que recuerdes algo que nunca cambiĂł: siempre ocupaste un lugar muy especial en mi corazĂłn. Con todo el amor con el que un dĂa aprendĂ a mirar esos ojos cafĂ©s que tanto me gustaban.DEDICATORIAPara el niño de ojos cafĂ©sCon cariño Quetzaly
PrĂłlogoHay historias que comienzan con un "te amo". La nuestra comenzĂł mucho antes, cuando ni siquiera imaginaba que aquel niño que un dĂa me caĂa mal terminarĂa convirtiĂ©ndose en una de las personas mĂĄs importantes de mi vida. Si hoy tienes este libro entre tus manos, quiero pedirte algo antes de que continĂșes leyendo: no juzgues esta historia por sus errores, por sus discusiones o por el final que pudo haber tenido. LĂ©ela con el corazĂłn, porque fue ahĂ donde naciĂł cada una de estas pĂĄginas. Durante mucho tiempo pensĂ© que los recuerdos debĂan quedarse guardados para no volver a doler. Pero entendĂ que existen personas que dejan una huella tan profunda que olvidarlas serĂa como borrar una parte de nosotros mismos. Este libro no fue escrito para demostrar quiĂ©n tuvo la razĂłn, ni para señalar culpables. Fue escrito para recordar. Para guardar cada sonrisa, cada lĂĄgrima, cada abrazo, cada silencio y cada enseñanza que una vez compartimos. AquĂ encontrarĂĄs la historia de dos jĂłvenes que se conocieron en el momento menos esperado. Dos personas que, sin saberlo, empezaron a cambiar la vida del otro. No fue una historia perfecta. Hubo errores, miedos, lĂĄgrimas y decisiones que nos llevaron por caminos distintos. Pero tambiĂ©n hubo un amor tan sincero que merece ser contado. No sĂ© quĂ© vaya a pasar con nosotros cuando termine de escribir este libro. Tal vez la vida vuelva a cruzar nuestros caminos o tal vez no. Lo Ășnico que sĂ sĂ© es que, mientras escribo estas pĂĄginas, vuelvo a sonreĂr, a llorar y a recordar cada momento que vivimos. AsĂ que, si llegaste hasta aquĂ... DĂ©jame contarte cĂłmo comenzĂł todo. Porque esta no es solo una historia de amor. Es la historia del niño de ojos cafĂ©s que, sin saberlo, cambiĂł mi vida.
ĂNDICEI. La primera impresiĂłn tambiĂ©n se equivoca II. Creo que algo estĂĄ cambiando
LA PRIMERA IMPRESIĂN TAMBIĂN SE EQUIVOCA "Antes de aprender mirarte""A veces las primeras impresiones cambian cuando conoces bien a la persona." âErick Nunca imaginĂ© que este libro iba a empezar hablando de alguien que, al principio, me caĂa mal. Cuando entrĂ© a la preparatoria no conocĂa a casi nadie. Poco a poco fui haciendo amistades y tratando de adaptarme a un lugar completamente nuevo para mĂ. En ese tiempo rechacĂ© a un niño que querĂa conmigo. PensĂ© que todo quedarĂa ahĂ, pero no fue asĂ. Ăl empezĂł a hablar mal de mĂ y logrĂł que varias personas tambiĂ©n pensaran cosas de mĂ sin siquiera conocerme. Recuerdo perfectamente el dĂa en que un amigo me enseñó una captura de pantalla. AhĂ estaban varios mensajes donde hablaban de mĂ. DecĂan cosas que ni siquiera eran verdad. Para ser sincera, me molestĂł mucho. Pensar que una persona que no conocĂa y con la que nunca habĂa cruzado una sola palabra pudiera hablar asĂ de mĂ, me hacĂa enojar. En ese momento no sabĂa quiĂ©n era esa persona, asĂ que le preguntĂ© a una amiga. Ella me señalĂł quiĂ©n era. Y SĂ... eras tĂș. Y desde ese momento pensĂ© que eras un arrogante, un alzado y que me caĂas muy mal. No entendĂa cĂłmo podĂas hablar asĂ de alguien que ni siquiera conocĂas. SeguĂ pensando eso de ti durante un tiempo. Incluso nuestra primera vez cruzando palabras y miradas no fue un momento bonito. Fue un dĂa cualquiera. Recuerdo perfectamente ese momento. Estaba con mis amigos comprando algo cuando, de repente, te vi acercarte mientras ibas contando el dinero que llevabas en la mano. Lo primero que pasĂł por mi cabeza fue: "AhĂ viene Ă©l... cĂłmo puede ser tan alzado." AsĂ que me quedĂ© viĂ©ndote. Hoy te digo la verdad, porque durante mucho tiempo te lo neguĂ©. SĂ... ese dĂa sĂ te estaba viendo, no porque me gustaras, te estaba viendo porque en mi cabeza seguĂan dando vueltas todas esas cosas que habĂas dicho de mĂ. En eso levantaste la mirada y te diste cuenta de que te estaba viendo. Entonces me preguntaste: âÂżQuĂ© me ves? Y despuĂ©s hiciste algo que, en ese momento, me molestĂł todavĂa mĂĄs: soltaste una risa burlona. Yo reaccionĂ© de inmediato: âNi te estaba viendo. Y tĂș respondiste: âÂżCĂłmo no? RodĂ© los ojos, me di la vuelta y dije: â Ni quien te quiera ver. Y me fui. Ese dĂa vi tus ojos cafĂ©s. Fue la primera vez que nuestras miradas se cruzaron. No fue una forma bonita, pero aun asĂ ese momento se quedĂł grabado en mi memoria. Lo que no sabĂa en ese instante era que esos ojos cafĂ©s, que aquel dĂa me hicieron enojar todavĂa mĂĄs, con el tiempo terminarĂan convirtiĂ©ndose en mis ojos favoritos.
DespuĂ©s de ese dĂa seguĂ pensando exactamente lo mismo de ti. Para mĂ seguĂas siendo el niño arrogante, alzado y que habĂa hablado mal de mĂ sin siquiera conocerme. Pero el destino, aunque yo no quisiera, tenĂa otros planes. Poco tiempo despuĂ©s pasĂł el conflicto que tuviste con tus amigos. Recuerdo que, despuĂ©s de ese momento, dejaste de juntarte con ellos y hablaste de lo que habĂa pasado con FabiĂĄn y Arturo. Ellos te dijeron que los dejaras a un lado y fue asĂ como empezaste a juntarte mĂĄs con ellos. Cuando me enterĂ©, no me hizo ninguna gracia, pues tambiĂ©n eran mis amigos y eso significaba que tenĂa que verte o que, en algĂșn momento, tendrĂa que hablar contigo. Y, para ser sincera, era lo que menos querĂa. Lo primero que pensĂ© cuando vi que sĂ era verdad fue: "Genial... ahora lo voy a tener que ver todos los dĂas." Y asĂ fue. Al principio solo hablĂĄbamos porque estĂĄbamos con los mismos amigos. Si hacĂan una broma, ahĂ estabas tĂș. En los recreos, cuando iban con nosotras, tambiĂ©n estabas tĂș. Poco a poco empecĂ© a convivir contigo sin darme cuenta. Lo curioso es que, mientras mĂĄs te conocĂa, menos sentido tenĂa la idea que habĂa creado de ti. SeguĂas haciĂ©ndome pensar que eras un payaso de vez en cuando, pero ya no eras el mismo niño que yo habĂa imaginado cuando vi aquella captura. Aun asĂ, habĂa algo que todavĂa no podĂa olvidar, pues aquellas palabras seguĂan dando vueltas en mi cabeza. DespuĂ©s pasĂł algo que jamĂĄs imaginĂ©. En ese momento tĂș tenĂas novia, yo tenĂa novio y, para acabarla, una amiga querĂa contigo. AsĂ que, aunque empezĂĄbamos a llevarnos mejor, nunca pasĂł por mi cabeza que pudieras gustarme. Hasta que llegĂł ese dĂa. Un dĂa cualquiera. Recuerdo que yo estaba acostada sobre la mesa y tĂș llegaste, como siempre, a echar relajo. Te sentaste donde estaban mis piernas y, sin decir nada, empezaste a hacerme cosquillas. La verdad recuerdo que te decĂa una y otra vez: âYa, dĂ©jame. Pero entre mĂĄs te decĂa que pararas, mĂĄs me hacĂa reĂr. En eso un amigo nos vio y dijo: âA mĂ se me hace que Erick quiere con Quetzaly. En ese momento me levantĂ© rapidĂsimo, quitĂ© tus manos y dije: â ÂżCĂłmo crees? Ăl tiene novia y yo tambiĂ©n tengo novio. Recuerdo perfectamente que no dijiste nada, solo te reĂste. Y ahĂ quedĂł todo... O al menos eso pensĂ©.
Porque ese dĂa, cuando lleguĂ© a mi casa, no podĂa dejar de pensar en lo que habĂa pasado. Me preguntaba una y otra vez: "ÂżSerĂĄ que me estĂĄ empezando a gustar?" Y yo misma me respondĂa: "Noo... ÂżcĂłmo te va a gustar ese fastidioso?" No podĂa pasar. TĂș me caĂas mal, ademĂĄs tenĂas pareja, al igual que yo. AsĂ que tratĂ© de negarlo y convencerme de que era imposible. Pero, mientras mĂĄs intentaba convencerme de que no sentĂa nada... MĂĄs pensaba en ti. Al final decidĂ terminar mi relaciĂłn porque sentĂa que ya no estaba siendo honesta conmigo ni con la otra persona. Aun asĂ, seguĂa sin aceptar lo que estaba sintiendo. Recuerdo que incluso escribĂ una carta para sacar todo lo que llevaba dentro. PensĂ© que, al terminarla, por fin iba a sentirme tranquila y me iba a demostrar a mĂ misma que no sentĂa nada por ti. Pero pasĂł todo lo contrario. Cuando terminĂ© de escribirla entendĂ algo que llevaba dĂas intentando negar. SĂ... Me estabas empezando a gustar. AsĂ que rompĂ la carta. PensĂ© que, si la rompĂa, tambiĂ©n desaparecerĂan esos sentimientos. QuĂ© equivocada estaba. Con el paso de los dĂas nos fuimos haciendo mĂĄs cercanos. Incluso pasĂł algo que tampoco pensĂ© que sucederĂa: terminaste con la que en ese momento era tu novia. DespuĂ©s de eso empezamos a hablar mĂĄs, a pedirnos opiniones y a pasar mĂĄs tiempo juntos. Hasta que un dĂa me pediste que te ayudara a escoger quĂ© fotos dejar en tu Instagram. TodavĂa me acuerdo de ese momento. Mientras tĂș hablabas conmigo, yo ya ni siquiera estaba poniendo atenciĂłn. Estaba demasiado distraĂda viendo tus ojos. No sĂ© en quĂ© momento empecĂ© a perderme tanto en ellos, pero cada vez que te veĂa era lo primero en lo que me fijaba. Esos ojos cafĂ©s tan lindos... Incluso recuerdo que ese dĂa nos tomamos una foto de nuestros ojitos juntos. Te serĂ© sincera... En ese momento me sentĂa tan feliz. Y, aunque todavĂa no querĂa aceptarlo... Cada vez era mĂĄs evidente. Todos empezaban a darse cuenta de que algo estaba pasando entre nosotros. Todos... Menos yo. Hasta que un dĂa me dijeron: â De verdad que sĂ le gustas. RĂĄpidamente lo neguĂ©. âNo es verdad. Pero, para quitarme la duda, decidĂ hacer una prueba. PensĂ©: "Si hoy se queda conmigo, entonces sĂ le gusto." Pues todos me decĂan que por eso ya pasabas los recreos con nosotros.
Yo no querĂa creerlo, pero aun asĂ hice la prueba. Y sĂ... SĂ te quedaste conmigo. Ese dĂa sentĂ que ya no podĂa seguir engañåndome. Aun asĂ, todavĂa habĂa algo que me detenĂa. No podĂa olvidar todo lo que habĂa pasado al principio.Fue entonces cuando, dĂas despuĂ©s, volvimos a hablar de la primera impresiĂłn que habĂamos tenido el uno del otro. Te contĂ© toda la verdad. Te dije que me habĂas caĂdo mal porque me habĂan dicho que tĂș habĂas hablado cosas de mĂ. Te quedaste pensando en eso. En ese momento llegaron mis amigos y nos fuimos. PensĂ© que esa conversaciĂłn jamĂĄs volverĂa a salir. Pero parecĂa que me leĂas la mente. Yo no dejaba de pensar en esas palabras y, en esa misma semana, volvimos a hablar del tema. Me preguntaste quĂ© era lo que habĂa pasado. Yo no querĂa decirte. Pero mi amigo terminĂł contĂĄndotelo y yo solamente asentĂ con la cabeza. Te quedaste pensando unos segundos y despuĂ©s me explicaste todo. Me dijiste que ese niño habĂa ido con ustedes a contar una historia completamente diferente y que todos le habĂan creĂdo porque era su amigo. Pero, con el tiempo, te diste cuenta de cĂłmo era realmente y entendiste que todo lo que habĂa dicho de mĂ era mentira. DespuĂ©s hiciste algo que jamĂĄs esperĂ©. Me pediste perdĂłn. No buscaste justificarte. No intentaste echarle la culpa a alguien mĂĄs. Simplemente reconociste que te habĂas equivocado. Y fue en ese momento cuando entendĂ que la persona que tenĂa enfrente ya no era el niño que yo habĂa imaginado durante tanto tiempo. Ya no eras ese niño arrogante, alzado y fastidioso que existĂa en mi cabeza. HabĂas cambiado por completo la perspectiva que tenĂa de ti. Y fue ahĂ cuando entendĂ una frase que, hasta el dĂa de hoy, sigue teniendo sentido para mĂ: "Del odio al amor... solo hay un paso"
Creo que algo estĂĄ cambiando"Sin darme cuenta " "Y aunque querĂa evitar lo que sentĂa por ti, el destino parecĂa tener otros planes." â Quetzaly DespuĂ©s de todo lo que habĂa pasado seguĂa pensando en cĂłmo era posible que me gustaras. La verdad muchas veces me preguntaba en quĂ© momento pasĂł todo. ÂżCĂłmo era posible que el niño que al principio me caĂa tan mal ahora fuera la persona con la que mĂĄs querĂa estar? Y, aunque trataba de encontrar una respuesta, nunca la encontraba. DespuĂ©s entendĂ que no habĂa sido un solo momento. Fueron muchos. Fueron las bromas, las risas, los recreos, las salidas y todos esos pequeños momentos que poco a poco hicieron que me enamorara de ti. ÂżTe acuerdas cuando empezaste a ir a dejarme a mi casa? Hay un momento que nunca se me va a olvidar. Ăbamos cruzando la calle y de repente me dijiste: "RĂĄpido". Enseguida me jalaste de la cintura para que avanzĂĄramos. Puede sonar como algo muy simple, pero nunca te imaginaste lo feliz que me hizo ese detalle. Ese mismo dĂa lleguĂ© a mi casa y lo primero que hice fue contarle a mi amiga. No dejaba de pensar en eso. Y al dĂa siguiente me hiciste pasar una de las vergĂŒenzas mĂĄs grandes. EstĂĄbamos viendo el celular de un amigo porque ahĂ tenĂa abierta mi cuenta de Instagram. Llegaste y dijiste que querĂas ver mis chats. Yo te dije que no, pero tĂș me quitaste el celular y saliste corriendo. Fui detrĂĄs de ti toda apenada. Lo peor fue cuando abriste el chat con mi amiga y leĂste donde decĂa que me estabas empezando a gustar. TodavĂa me acuerdo cuando volteaste a verme y, con esa risa burlona que siempre hacĂas, me dijiste: "ÂżA poco?". Hasta te pusiste rojito. Yo solo querĂa que me regresaras el celular para salir corriendo de la pena. Nunca te lo dije, pero ese dĂa me dio muchĂsima vergĂŒenza.
DespuĂ©s de eso ya no tenĂa sentido seguir negando lo que sentĂa. Me gustabas y ya no podĂa hacer como que no pasaba nada. TambiĂ©n me acuerdo perfectamente de nuestro primer abrazo. EstĂĄbamos comprando cuando abracĂ© a alguien mĂĄs y tĂș dijiste: "Yo tambiĂ©n quiero uno". Me hice la que no escuchĂł porque me dio muchĂsima pena, pero ya sabes cĂłmo eran nuestros amigos. Enseguida dijeron que te abrazara. Al final lo hice. DurĂł muy poquito, pero para mĂ fue uno de los abrazos mĂĄs bonitos que habĂa dado. Desde ese dĂa ya no querĂa que dejaras de abrazarme. Y luego vino lo de la pulsera. TĂș dijiste que yo nunca llevaba una y te respondĂ que no me gustaban porque mi mano estaba muy flaquita y siempre me quedaban grandes. Entonces me dijiste riĂ©ndote que asĂ no ibas a poder quitĂĄrmelas. Al dĂa siguiente lleguĂ© con una para ti. Cuando te la di me preguntaste por quĂ© no me la quedaba yo y te dije que preferĂa que la usaras tĂș. Lo Ășnico que te pedĂ fue que la cuidaras. Me sonreĂste y me dijiste que no te la ibas a quitar nunca. DespuĂ©s me dijiste: "Ponmela". Nunca te lo dije, pero mientras te la estaba poniendo me sentĂa muy feliz. Ahora que lo pienso, nunca hubo un momento exacto en el que dijera: "Ya estoy enamorada". Simplemente pasĂł. Fueron todos esos pequeños detalles los que hicieron que cada dĂa me gustaras un poquito mĂĄs... y, sin darme cuenta, ya no me imaginaba mis dĂas sin ti.