Our History, el comienzo de todo By: Valentina Herrero
1. La calculadora, el inicio de todo (nuestro hilo rojo) Recuerdo el día en que estaba en prepa... ese día que tenía un examen de química o matemáticas, no recuerdo a la perfección, pero recuerdo. Estaba preocupada por no tener el instrumento que me habían pedido, una calculadora. (Yo era una persona muy distraída, constantemente olvidaba cosas que me pedían en la escuela. Al ser así, yo solía ir por todos los salones a pedir prestado, pero como me las prestaban al momento, siempre terminaba regresándolas, por obvias razones claramente. Pero hubo una vez... una vez que fue la excepción de las muchas cosas que pedí, una vez que jamás olvidé; esa vez fue el día que por primera vez tuve interacción alguna contigo. Yo sé que no la recuerdas pero, por alguna razón u obra del destino, yo sí). Y así fue como te reconocí, supe de ti. Pues yo no sabía a dónde más ir, nadie me prestaba una calculadora, todos habían prestado alguna, menos a mí, por lo que yo, junto con otra amiga, fuimos a los salones del grado más lejano, bacho... y aquí es donde entras tú. En cuanto llegamos a los salones, recuerdo perfectamente que subí las escaleras y nos asomamos a uno, no quisimos entrar a ese, sino al de la derecha. (Yo) tocando la puerta preguntando en voz alta si alguien tendría una calculadora que me prestasen, te paraste de tu lugar a decirme que tú tenías una, y recuerdo perfectamente tu nombre, porque te dirigiste hacia mi, con tu cabello de color, a entregármela en las manos, donde en un costado de la calculadora tenía una etiqueta con ese nombre tan preciado para mí: “krystal”, tu nombre. ¿Es extraño, no? Pensar que, de todas las cosas que pedí prestadas, hayan sido batas, lápices, objetos, etc, que en la vida imaginarías con algún valor, por ser tan simples, innecesarios y sin sentido, haya sido justo una simple calculadora la que comenzara nuestro hilo rojo. Es extraño, quizá ridículo hasta cierto punto, si así quieres verlo, pues dime… ¿quién le daría tanto valor a una simple calculadora? Pero yo sí, porque era tuya, y tiempo después, casi siete años después, sigo conservándola. ¿Cómo? No sé. ¿Por qué, después de perder o devolver todo lo que me prestaban, conservé justo lo tuyo? Tampoco sé. Pero de lo que sí estoy segura es de que fue por algo, y ese algo fue el comienzo de nuestra historia... sin yo saberlo, sin tú saberlo, sin que ninguna de las dos lo imagináramos, sería el inicio de esta bella historia. Porque por algo nunca olvidé tu nombre, por algo siempre lo recordaba, por algo jamás perdí ese objeto que para mí, ahora en estos momentos de mi vida, es preciado, tanto como un tesoro, porque gracias a él recordaré estos momentos tan hermosos que pasé a tu lado, con algo tan simple como lo fue una calculadora. 2. Coincidir en el mismo lugar (sin ser nuestro momento) “Entre todas esas casualidades, hay una en específico que nunca olvidaré, el día en que me di cuenta que el hilo rojo... era real, el nuestro...” Era un 2023. Yo estaba soltera, feliz, viviendo mi vida como se debía vivir, disfrutando cada día sin saber que algo estaba por cambiar para siempre. Estaba emocionada por un evento que se acercaba, sin la menor idea de lo que en realidad se aproximaba. Yo pensaba ir sola, con amigos, pero a mis amigos los vería allá, nunca estuvo en mis planes ir acompañada, hasta que llegó una amiga, me escribió y mis planes cambiaron radicalmente. Días antes, ella me escribió para ir juntas. Le dije que sí, sin saber que días después me contaría que llevaría también a otras dos amigas, y ahí, sin que ninguna lo supiéramos, sin siquiera conocernos todavía, ya estaba tejiéndose nuestro hilo rojo, porque una de ellas eras tú, krystal. La persona que, sin saber, meses después, terminaría siendo lo mas preciado de mi vida... Un día antes del evento me escribió para confirmar la hora y el lugar donde nos veríamos. ¿Dónde fue? Así es, cerca de tu casa, por unos arcos que hoy son inolvidables para mí, porque ahí vives tú. Llegó el día. Yo fui por ellas, y tú, como comprobaría años después, serías de las que siempre llegan tard jaja, porque claramente llegaron unos minutos después (apostaría un millón que parte de esa impuntualidad, tuviste mucho que ver).
“No fue una coincidencia ponerte en mi camino, fue el destino disfrazado de casualidad, siendo nosotras la prueba viviente del hilo rojo.” Y ahí fue. Ese fue el momento exacto en que, por primera vez, coincidimos en el mismo lugar, el mismo círculo social, el mismo carro, yendo hacia la misma dirección. ¿Lo raro? Que sin que yo supiera... serías tú, precisamente TÚ, una de las amigas que ella llevaría. Y te reconocí de inmediato. Sabía quién eras, porque en la prepa eras popular, todos hablaban de ti y de tu amiga, todo el mundo te conocía. Yo también te conocía, pero te veía inalcanzable. Jamás te vi a mi mismo nivel, jamás te vi cerca, mucho menos me imaginé la posibilidad de algún día hablarte. Te subiste al carro. No recuerdo en qué lugar ibas sentada, pero sí recuerdo cómo ibas vestida, con algo gris en la cabeza siendo como dos cosas raras, tu cabello suelto y con waves (si no mal recuerdo), un top un poco extravagante. Te veías hermosa. Siempre me pareciste un ser realmente bello, y ese día no fue la excepción. Pero no te hablé, solo te saludé, a ti y a otra amiga. Sé que no cruzamos palabra, pero desde ahí ya era gracioso pensarlo... cómo terminamos en el mismo carro, con la misma gente, que fuera justo a mí a quien nuestra amiga en común le pidiera el favor de llevarla, y que fueras justo tú una de esas amigas extra que decidió llevar. Pero aquí es donde pienso y digo -eras tú todo este tiempo, porque no sé si fue el destino, fue Dios, quien te puso en mi camino, pero, sea lo que haya sido, agradezco a todo por haber coincidido contigo, siendo así, que nuestro momento esperaría, para llegar más adelante y por fin ser nuestro momento-. Después de ese día, empecé a intentar seguirte, no una vez, ni dos, sino muchas más, y nunca tuve éxito. Nunca logré llamar tu atención. Nunca conseguí nada tuyo. Tiempo después, recuerdo estar scrolleando en mi celular cuando llegué a una historia tuya, vendías unos boletos de Danny Ocean. Te respondí. ¿Obtuve respuesta? No jaja. Pero así seguiría mi pequeña lucha silenciosa, porque sabía que algún día lograría tener tu atención. Quizá te manifesté, quizá fue obra del destino, no lo sé. Pero sí sabía, o mejor dicho, sentía, que serías tú, y que en algún momento terminarías conmigo. Y así fue como empezó todo... me seguiste de vuelta, subí una historia, me contestaste y el resto... el resto es historia. 3. El comienzo de esta linda historia “No fuiste el amor que busqué, fuiste el amor que encontré justo cuando dejé de buscarlo.” Hay momentos que el tiempo simplemente se niega a borrar, que yo no puedo borrar, no quiero. Por ejemplo, puedes olvidar qué comiste ayer, el nombre de alguien que conociste hace unos meses o hasta la fecha de algo importante, pero también existen esos instantes que se quedan intactos, como si la memoria hubiera decidido guardarlos en un lugar aparte, especial. El mío pasó un 5 de octubre de 2023, eran exactamente la 1:27 de la mañana cuando me llegó un mensaje tuyo, lo curioso es que yo nunca lo vi a esa hora, mientras tú escribías yo seguramente ya estaba dormida, como siempre solíamos, tú te mantenías despierta hasta las tantas horas, mientras yo dormía, sin idea de que, sin saberlo, mi vida estaba a punto de cambiar para siempre. Lo descubrí hasta la mañana siguiente. Desperté como cualquier otro día, tomé el celular todavía con sueño y empecé a revisar las notificaciones sin esperar nada distinto, y ahí, de repente, apareció tu nombre... Krystal. Me quedé viendo la pantalla varios segundos. Después de tantos intentos por llamar tu atención, después de contestar historias que nunca tuvieron respuesta, después de intentar seguirte una y otra vez, ahí estabas tú, habías sido tú la que decidió escribirme primero, no yo. Porque sí, pude haberlo hecho, pero honestamente no era de esas personas, y dos, no me veía capaz de poder obtener tu atención, pero... no fue así. Y sé que puede sonar exagerado para quien lea esto, pero en ese momento sentí algo que hasta se me hace difícil de explicar. Para mí no era un simple mensaje, era el primer puente entre dos personas que, durante años, habían coincidido sin llegar realmente a encontrarse. Hasta ese momento tú seguías siendo esa persona que veía de lejos desde la prepa, la misma que me
prestó una calculadora sin imaginar que jamás la volvería a ver, la misma con la que compartí un carro rumbo a un evento sin cruzar casi palabra, la misma que, sin querer, ignoró algunos de mis intentos por acercarme. Y aun así, ahí estabas, por fin estábamos hablando. No sabía cuánto iba a durar esa conversación, no sabía si se iba a acabar ese mismo día o si sería una más entre tantas, mucho menos me imaginaba que, con el paso de los meses, terminarías siendo la persona con la que compartiría mis días, mis sueños, mis miedos y hasta mis silencios. Lo único que sabía era que tenía un mensaje tuyo... y eso, en ese momento, ya era suficiente para hacerme sonreír como una tonta. Porque ambas sabemos que desde ese día no paramos de hablar, nos convertimos la una de la otra. Así continuamos días, nos íbamos conociendo poco a poco. Porque no sé si recuerdas, nuestras primeras pláticas... nos contábamos de las fiestas a las que íbamos, de esos momentos en los que nos poníamos mal, nos mandábamos fotos contándonos todo lo que hacíamos, nos reíamos con nuestras anécdotas, y sin darnos cuenta, entre risas y mensajes, ya se estaba formando algo entre nosotras. Sanamente, con toda la inocencia del mundo, con mucha felicidad y, sobretodo, muchas risas, que para mí es una de las maneras más hermosas de conectar con alguien, riéndose juntos. Así fuimos tú y yo desde un inicio, teniengo conexión desde el día 1. “Te conocí una vez, y bastó esa sola vez para no dejar de pensarte nunca más, para que durante 1,028 días no haya existido uno solo en el que no estés en mi cabeza." El 8 de octubre de 2023 tuvimos nuestra primera llamada. Yo estaba en casa de mi abuelita, hablando bajito para que nadie me regañara, y esa llamada terminó durando mil horas, hasta la madrugada. Jugamos Plato. Aún recuerdo que me tocó dibujar un sheriff, y tú, riéndote de tan raro que me quedó, le tomaste screenshot y me lo mandaste. Quizá suene cliché todo lo que digo, pero hay detalles que fueron haciendo que esto creciera más más. Fue algo tan simple y tan tonto, pero fue la primera vez que sentí que ya estaba pasando algo entre nosotras, que ya teníamos conexión al estar hrs en llamada y que todo fluyera sin forzar nada... había amor, empezaba a crecer, aunque ninguna de las dos lo dijera todavía. Días después llegó el 20 de octubre, el día de nuestra first date. Desde que desperté los nervios ya me tenían encima, tanto que terminé vomitando, y tú también estabas nerviosa, así que las dos nos pasamos la mañana mandándonos audio tras audio. Justo ese día mi vecina llegó a hacerme el aseo y no dejaba de hablarme mientras yo trataba de arreglarme rápido. Quedamos a las cuatro, después se cambió a las cuatro y media, y al final nos vimos hasta las seis y veinte, siempre siendo impuntual desde el día 1 jajaja. Llegaste con un kimono puesto, aún recuerdo que era tipo amarillo con verde o naranja, no recuerdo bien qué llevabas debajo porque ibas toda tapada con el mismo kimono, cerrándotelo como señora jaja, ibas con unos zapatos de tacón bajito, y olías riquísimo, como siempre, con tu vape en la mano y tu bolsita Kurt. Fuimos al Starbucks al que hasta la fecha seguimos yendo, y pedimos lo que pedimos desde entonces, un caramel macchiato cada una. No había mesa adentro, así que nos sentamos afuera, y ahí, mientras pedíamos, yo te miraba desde más arriba porque eso era lo que amaba de nosotras, que yo era más alta que tú, así que yo te miraba desde más arriba prestando atención a cada gesto, expresión y detalle de tu cara al platicarme cosas, y tú no podías ni verme a los ojos de los nervios que tenías. Que, tiempo después, ese momento es inolvidable al no poder contener tu mirada hacia mí, haciéndote burla de lo nerviosa que estabas. Recuerdo que hablamos de tu amigo Chema, de que mentía con todo mundo, pero contigo peor, y nos reímos mucho de eso, porque coincidimos en conocerlo. Después tú no dejabas de hablar, hablabas y hablabas, y yo solo te escuchaba, feliz de estar ahí... y claro, fue ahí donde me di cuenta que aquí era donde quería estar, contigo, a tu lado, escuchándote. Quizá suene ridículo, pero ese fue el momento en el que me di cuenta que estaba realmente enamorada de ti, porque yo no solía prestar atención a la gente, a menos que me gustara, y contigo fue una explosión de emociones y sentimientos, fue ahí cuando mi corazón, mente y cuerpo te escogieron, fue ahí donde decidí que tú eras la persona a la que quería escuchar por el resto de mi vida. Quizá suene dramático, quizá no, pero ahí me di cuenta de ti...
Pero hasta ahí no acaba porque... es extraño, nunca sentí tanta paz en mi vida; digo, pude darme cuenta cuando caminamos un rato, y yo temblaba de frío, aunque en el fondo eran puros nervios, al mismo tiempo sentía paz, sentía calma contigo... a tu lado. ¿Recuerdas? Que llegamos hasta la sección de legos de Walmart, y ahí quise besarte, de verdad quise, pero los nervios me ganaron y no pude. Aún recuerdo perfectamente todo de ese día como si fuera ayer, como cuando estábamos caminando, platicando debajo de la luz de la luna, una noche fresca... cada vez que sentías que yo tenía frío me tomabas del brazo o de la mano, y yo, por dentro, sudaba de los nervios y no dejaba de tembla, pero puedo afirmar que no había lugar más perfecto en ese momento, que estar a tu lado. Después llegó mi mamá, te vio y te saludó, y nosotras seguimos platicando hasta que nos despedimos, sin ese beso que las dos, sin decirlo, habíamos querido. Pero esa misma noche, ya en mi casa, te escribí. Te dije que me había encantado verte, que había disfrutado estar contigo, que me encantaba cómo te expresabas. Nos dijimos cosas bonitas, me confesaste que estabas enamorándote, yo a ti, que sentíamos paz. Desde que te vi ese día, sentí que algo estaba pasando, que nuestro amor iba creciendo, y todo fluyó... sin forzar nada. Después de esa first date ya no hubo un solo día en el que no nos habláramos. Nos mandábamos mensajes a cada rato, nos contábamos todo, y sin darnos cuenta ya no imaginábamos un día sin escribirnos. Cinco días después de esa first date nos volvimos a ver, más específicamente un 24 de octubre, esta vez en tu casa. El plan era hacer calabacitas de Halloween, partirlas, sacarles todo por dentro y decorarlas, ponerles una velita adentro para que se vieran bonitas en la noche. El plan perfecto, como cualquier otro, porque era a tu lado. Recuerdo cómo fue tu mamá a tocar si queríamos cenar, creo que fue tinga si no mal recuerdo, y nos llevó los platos hasta tu cuarto mientras nosotras seguíamos ahí, entre nuestras cosas que estábamos armando y risas, decorando. Yo seguía sin poder besarte. Los nervios de la first date no se habían ido del todo, y aunque ya estábamos tan cerca, ahí sentadas en tu cuarto, solas, algo me detenía cada vez que pensaba en hacerlo. Hasta que llegó alguien, o pasó algo, ya no recuerdo bien qué, y salimos de tu cuarto, bajamos y salimos a la calle. Y fue justo ahí, afuera de tu casa, bajo la luz de la luna, habiendo dejado nuestras calabacitas recién decoradas esperando adentro con su velita encendida, que por fin pasó. Te acerqué a mí y te besé. Sentí, por fin, lo que tanto había estado esperando, un beso tuyo. Y seguimos besándonos, ahí, bajo la luna, sin querer que ese momento se acabara. Fue en ese beso donde sentí que de verdad conectamos, como nunca antes. Sentí como si estuviera dando mi primer beso, como si me estuviera enamorando por primera vez, pero para mí, creo... que fue la primera vez que realmente me sentí enamorada, gracias a ti, volví a sentirme viva. Y eso, eso es algo indescriptible, que siempre vivirá en mi cabeza por el resto de mi vida. Haberte sentido, haberte besado, haber esperado hasta ese momento hasta poder hacerlo. Porque claro, pude haberte besado antes, lo cual no quise, quise aguantarme las ganas, dejar que mis nervios ganaran, para poder hacerlo después, con más ganas. “No fue mi primer beso, pero fue la primera vez que un beso me hizo sentir que estaba viva de verdad.” “Creí que ya sabía lo que era enamorarse, hasta que tú me enseñaste que no tenía ni idea.” Al llegar noviembre, ese mes llegó cargado de mala suerte, justo cuando más ganas tenía de estar contigo, me pasó lo peor y más chistoso, me dio varicela. De un día para otro tuve que quedarme encerrada, sin poder verte, sin poder tocarte, viendo pasar los días desde mi cuarto mientras afuera seguía existiendo un mundo del que, por un tiempo, no pude ser parte contigo. Esos días fueron horribles, aunque hablábamos diario, no podía hacer nada más, mas que frustrarme al verme mal, con fiebre, granitos por toda la cara, pero mínimo sabía que te tenía. Fue una sensación fea, saber que apenas empezábamos algo tan bonito y ya nos tocaba estar “lejos”. No quise dejar que esa distancia se sintiera como un vacío, así que un día decidí mandarte flores. Quería que, aunque no pudiera abrazarte, supieras que seguías estando
presente en todo, en cada pensamiento mío. Y curiosamente, en vez de alejarnos, esos días nos acercaron más de lo que ninguna date hubiera podido. No paraba de escribirte, ni tú de escribirme, los mensajes iban y venían todo el día, y entre esas conversaciones interminables tú ya empezabas a imaginar en voz alta cómo sería pasar la Navidad juntas, el Año Nuevo, hablabas de planes, y eso que apenas llevábamos empezando a conocernos, y ya sonaban como si lleváramos años jajaja. Íbamos tan rápido que hasta daba risa, pero jamás se sintió apresurado, se sentía como si fuera justo lo que tenía que pasar. Aquí es donde pasa, en lo personal, lo más hermoso que pude haber experimentado contigo. Durante esos días, lo único que no se detuvo fueron nuestras conversaciones. Me desvelaba contigo noche tras noche, hablando hasta la madrugada, y aunque no lo decía en voz alta, ya sentía amor, sentía nervios, sentía mil cosas que hacía mucho no sentía por nadie, y mucho menos tan rápido. Fue ahí, un 24 de noviembre, exactamente un mes después de nuestro primer beso, otra de esas coincidencias a las que ya empezaba a acostumbrarme contigo. Esa noche no planeé decirte lo que sentía, quería hacerlo de otra forma, en otro momento, pero no aguanté las ganas. Estábamos hablándonos bonito, diciéndonos lo que sentíamos, lo mucho que yo te gustaba, lo mucho que tú me gustabas a mí, hasta que a las 2:50 de la madrugada, sin planearlo, te dije que te amaba. No encontré otra forma de nombrar todo lo que sentía en ese momento. Te quedaste callada casi cinco minutos. Cinco minutos que se sintieron eternos. Y después me llegaron mensaje tras mensaje, diciéndome que se sentía bonito, que dejáramos que todo fluyera, hasta que, a las 3:02 de la madrugada, tú también me dijiste que me amabas. Me confesaste que no querías decírmelo primero por miedo a sonar demasiado intensa, pero que ya no aguantabas guardártelo. Y así, en plena madrugada, la luna como testigo, nos dijimos por primera vez que nos amábamos. Fue un amor tan puro, tan inocente, como jamás había sentido por nadie, hasta que llegaste tú. Y recuerdas? Que me enojaba por que me llamaras por mi nombre, “val”, cuando ya empezabas a decirme amorcito jaja. Entre tantos mensajes, bromas, chistes, bullying, nos fuimos enamorando, siendo así, complementándonos al estar siendo iguales, tener la misma manera de amar, hablar, de ser, nos fuimos haciendo una misma. Conexión. Y entre todos esos mensajes que no paraban y esos planes que todavía solo existían en palabras, se fue acercando enero, y con él, la rosca de reyes, que sería el primer día en el que yo conocería a tu familia. Llegué a tu casa esa tarde sin imaginar que terminaría quedándome hasta las dos de la mañana, sino es que más tarde, envuelta entre risas que no eran solo tuyas y mías, sino también de tu hermano, de tu primo, tu familia, etc. Fue la primera vez que estuve ahí, en medio de tu familia, viéndote reír distinto, más suelta, más tú, en el lugar donde habías crecido, lo que te hacía ser tú, y conforme más iba adéntrándome, más enamorada iba estando de ti. Después de ese día, todo iba fluyendo bien, de una manera genuina, iba conociéndote más y más. Conectando más. Hasta que llegó otra fecha que se quedaría grabada para siempre, el 14 de febrero, nuestro primer 14 de febrero. Recuerdo que estaba en la uni, pero ese día no iría, para poder pasarlo contigo. Quise planear ese día únicamente por y para ti. O vaya, mejor dicho, ambas planear que yo me quedara en tu casa, ya que tus papás no estarían ese día (recuerdo que le ayudaste a tus papás a darles unas flores, de él para tu mamá, para un viaje del 14. Siempre recuerdo todo tipo de detalles, más por cosas que amas hacer desde un inicio, así sean simples). Yo estaba en la tarde, salía hasta la noche, así que tenía ventaja para pasar más tiempo contigo. Pues mi mamá trabajaba, por lo que mi hermana era la única en mi casa, se me hizo fácil y decidí ese día estar contigo. Si nos ponemos a hacer memoria, no sabíamos de qué manera me quedaría, tuve que mentirle a mi hermana, con tu ayuda obtuvimos una foto para mandársela y que me creyera que estaba con unas amigas y haría una pijamada... recuerdas? A mi mamá le dije que estaría en mi casa. Mi hermana me ayudó, pero sin ella imaginarse que estaría contigo. Gracioso, no? Porque yo ansiaba y anhelaba poder estar contigo sin preocupaciones, y que todos supieran que estaba contigo, pero aún no era el momento. “No hay lugar más vulnerable que el sueño, y aun así, contigo, fue el lugar donde más segura me sentí.”
Y así fue, ese día me quedé a dormir en tu casa por primera vez. Tus papás no estaban, así que la noche terminó siendo solo tuya, mía, y de tu hermano claramente jajaja, los tres juntos, riendo, jugando, sin preocupaciones, solo nosotros tres, pero sobretodo, tú y yo. Me hiciste de cenar una milanesa en forma de corazón jajaja, y ese detalle tan bonito, tan simple, se quedó como uno de esos recuerdos que no se van jamás. Después estábamos los tres ahí, hasta que de repente escuchamos ruidos extraños, y terminamos todos asustados, riéndonos después de nuestro propio susto. Con tu hermano siempre me llevé increíble, éramos parecidos en tantas cosas que a veces sentía que hablábamos igual, que éramos casi iguales, y tú lo sabías, sabías exactamente a qué tipo de persona te estabas enfrentando conmigo, porque ya vivías con alguien así, y aun siendo tan diferentes tú y yo, ahí estaba la prueba de que nos entendíamos perfecto, en la forma en que encajábamos con la gente que nos rodeaba. Y esa noche, cuando por fin nos quedamos solas, pasó algo que nos unió todavía más. No hubo nada forzado, nada superficial, solo dos personas enamoradas, con deseo mutuo, con amor de por medio, encontrándose por completo. Fue bonito, fue indescriptible, y sentí que esa noche, un 14 de febrero, nos volvimos aún más cercanas. Porque conectamos ya no solo nuestras emociones, sino más alla de eso, conectamos nuestros cuerpos, como si nuestras dos almas hubieran estado esperando hasta ese momento para encajar a la perfección, como dos almas gemelas, nosotras. Al dormir, aún recuerdo tenerte cerca de mí, porque eso sí, nos dormimos tarde, ambas sabemos qué pasó la primera vez que dormimos juntas, pero eso está de más jajaja. Lo que sí recuerdo, como si hubiera sido ayer, es dormir contigo por primera vez, tenerte entre mis brazos, sentirte tan cerca en ese momento en el que una está más vulnerable, más expuesta, que es al dormir. Ahí donde una se muestra completamente tal cual es, sin filtros, sin saber nada más que estar la una con la otra. Nuestros cuerpos fusionados, tu respiración cerca de mí, escuchándote, sintiéndote a ti. Siempre he sido de las que no pueden dormir con ruido, y tú roncas, pero eso jamás me importó jajaja. Qué curioso, no? Cómo cosas que de cualquier otra persona no habría tolerado, de ti las llegué a amar. Ni siquiera me pesaba, porque al venir de ti, todo lo tuyo terminaba encantándome, hasta sentía paz, porque sabía que estabas ahí, dormida, siendo tú misma sin darte cuenta, en paz, conmigo. Creo que fue esa noche cuando comprobé que, aun habiendo ruidos que no soportaba de nadie más, contigo terminaba enamorándome de cada uno de ellos. “Dormir a tu lado me enseñó que la verdadera intimidad no está en lo que se dice despiertos, sino en lo que se comparte sin darse cuenta, dormidos.” Después de conocer a tu familia, algo en mí terminó de enamorarse por completo. Me enamoré de tu hermano, de tus papás, de tu tía, de tu primo, básicamente de todo lo que te formaba a ti. Porque conocer tu casa, tu familia, el lugar donde creciste y te fuiste convirtiendo en quien eres, era como asomarme directo a tu ser, a tu interior, ver de dónde venía esa transparencia que tuviste conmigo desde el primer día. Y a pesar de mis propios errores, nunca hubo un momento, desde que empezamos, en que dudara de que te quería a ti. Tuve miedo, obvio lo tuve, porque cuando nos conocimos mucha gente nos dijo cosas negativas, a mí y a ti también, decían que teníamos formas de amar tóxicas, hasta enfermas si se quiere ver así, y lo reconozco, pero fue justo eso lo que nos hizo encajar todavía más. Ignoré todo lo que me dijeron de ti, tú ignoraste todo lo que te dijeron de mí, y solo fuimos tú y yo, conociéndonos día a día, enamorándonos cada vez más, viviendo momentos que jamás se irán de mi cabeza porque fueron contigo. Estemos juntas o no, esos recuerdos me los llevaré hasta mi último día, te lo aseguro, porque fuiste mi primer amor real. Había tenido otros antes, pero ninguno me hizo sentir lo que tú, ninguno me enseñó a amar como tú lo hiciste. Nadie fue tú, y nadie lo será, porque eres única a tu manera, y fue justamente eso, todo de ti... lo que me enamoró. ¿Cómo me enamoraste? Fue fácil, aunque el camino no siempre lo fue. Al principio salíamos a escondidas de mi mamá, porque yo crecí reprimiendo quién me gustaba, de quién me enamoraba, en un ambiente familiar muy religioso que hasta cierto punto se volvió tóxico para mí en ese sentido. Pero ni con eso quise dejarte ir. Quise arriesgarme a un amor como nunca había sentido, a lo que éramos tú y yo, y así te fui conociendo más, entre esas salidas escondidas que ahora recuerdo con amor y añoro. Una de las primeras cosas
que me regalaste fue una hojita, donde era una carta con el nombre “all of the girls you loved before”, porque te había dicho que me gustaba Taylor Swift, y me escribiste algo que hacía referencia a todo lo que hablaba esa canción, sobre que nadie más me amaría como tú, a tu manera, que aunque hubo gente antes en mi vida, y serías y fuiste tú quien llegó a enseñarme lo que era el amor de verdad. La acompañaste con unas flores que hasta hoy conservo secas, guardadas en una bolsita dentro de una cajita donde tengo absolutamente todo lo que me has dado, papel, listones, uno que otro ticket, todo, porque viene de ti y amo conservarlo. Y así me fuiste enamorando, con esos detalles. Yo no estaba acostumbrada a recibir regalos ni gestos así, llevaba mucho tiempo sin una relación y las personas con las que había salido antes nunca me daban nada, ni un detalle. Hasta que llegaste tú, y mi vida cambió. Prestabas atención a cada cosa que te contaba, y ahí, en esos detalles, me ibas conquistando, como cuando en otra ocasión intentaste conseguirme un disco de Taylor Swift en casa de mi hermana y al final no se pudo jajaja, pero aun así hiciste todo lo posible por lograrlo. Nadie había hecho eso por mí antes. Fuiste tú quien me enseñó que el amor también se demuestra en lo que uno está dispuesto a hacer por el otro, y de alguna manera, sanaste una parte de mí que ni siquiera en mi infancia había sanado, porque crecí careciendo de atención, de promesas que nunca se cumplían, hasta mis once o doce años, careciendo de todo ese tipo de cosas. Y fuiste tú quien logró que esa niña que fui, por fin, se sintiera feliz. “No me enamoré de un gesto ni de un momento, me enamoré de todo lo que te hacía ser tú” Hay algo curioso que pasó después de todo eso. Un marzo, el día en que se regalan flores amarillas, yo tenía que ir a la universidad. Fui, pero me llevé el carro, porque había quedado con mi amigo Gael de salir después de clases, él iría por flores para su novia, y yo por unas para ti. Tú no te lo esperabas para nada. Había visto en tu Twitter que querías unas flores amarillas, y yo quería ser de las primeras personas en dártelas sin que tú lo pidieras. En cuanto salí, recorrí varios lugares buscando las flores más bonitas que pudiera encontrar, que ahora que lo recuerdo, ni siquiera eran tan bonitas; ahora pienso y me pregunto, ¿Cómo pude regalarte algo así? ¿Cómo pude haberte dado flores de panteón? Jajaja. Pero era de las primeras veces que yo misma elegía flores, que pensaba en cómo quería que se vieran para alguien, para ti. Te avisé que iba en camino con algo para ti, y cuando llegué, Gael se quedó esperando en el carro mientras yo bajaba a dártelas. Me abrazaste, me besaste, y en cada abrazo, en cada beso, sentía que mi corazón se enamoraba un poco más de ti, viendo esos ojos tan llenos de vida y de luz que tienes, esa sonrisa que ilumina hasta el alma con solo aparecer. Y tu voz, esa voz tan dulce, tan suave, tan tuya, creo que fue lo que más me enamoró desde el primer día que te escuché hablar. Verte feliz, con ese tono tuyo tan alegre y sutil en tu voz, no tienes idea de todo lo que eso provocaba en mí. Solo escucharte sentía que yo misma me llenaba de vida. Gracias a ti. “Escucharte era como escuchar la melodía perfecta, de esas que te tocan algo por dentro y sientes que revives.” Poco a poco te fuiste convirtiendo en parte de mi rutina, y yo en la tuya. Nuestras actividades cotidianas, nuestros días normales, empezaron a mezclarse, y fue justamente eso lo que me fue enamorando más y más. Muchas veces faltaba a la universidad solo por verte, por ir a tu casa, por hacer cualquier cosa juntas, aunque fuera no hacer nada en absoluto. Si el plan era vernos solo cinco minutos, para nosotras esos cinco minutos eran perfectos, porque lo único que nos importaba era estar juntas. Nos amábamos como dos adolescentes enamorándose por primera vez, perdidamente la una de la otra. Mi mamá te consideraba una amistad, porque yo todavía no estaba lista para decirle que eras la persona con la que salía. Me daba miedo. Crecí en un ambiente donde todos eran muy religiosos como ya mencioné anteriormente, y eso me hacía sentir terror de que se enteraran que andaba con una mujer. No era que quisiera ocultarte, porque en realidad todo mundo te conocía, te presumía en todos lados, sino que era mi familia específicamente la que no sabía, porque me aterraba lo que pudieran decir, que me rechazaran. Es algo
difícil, ¿sabes? Crecer en una familia con una ideología tan cerrada en ese sentido. Pero aun así seguía viéndote, priorizándote por encima de casi todo. Y quizá ahí empezó algo que no fue del todo sano, el priorizarte a tal grado que empecé a dejar de lado todo lo demás. Cuando peleábamos, dejaba de ir a la universidad, no dormía, descuidaba mi vida entera, porque me fui enamorando de ti de una manera tan profunda que cuando no te tenía cerca sentía que una parte de mí se perdía. Hay algo que sentí desde el principio y que tal vez nunca te dije... desde que te conocí sentí que había encontrado a mi otra mitad, a mi alma gemela. Conecté tanto contigo que, sin darme cuenta, empecé a depender de ti de una manera que ahora entiendo que no era del todo sana. Si pasaba tiempo sin hablarte, podía pasarme días enteros hundida, pensando que ya no tenía sentido nada sin ti. Te hiciste fundamental para mí, para todo lo que me rodeaba. No podía pensar en divertirme sin contarte, no podía pensar en hacer alguna actividad sin contártela, no podía hacer nada sin ir contigo y desde el primer instante decirte qué hacía. Porque así soy yo, cuando me enamoro, tú lo viste, me enfoco meramente en esa persona y no más. En ti, solo eras tú, mi mundo. Todo lo mío empezó a girar entorno a ti. Tú eras mi motivación, tú eras mi todo. Pasando tiempo, en todo ese lapso, hubo una fecha que también se quedó grabada, aunque por razones distintas, el 24 de enero de 2024. Pasó algo entre nosotras, un malentendido que no recuerdo con total exactitud, pero creo que fue por comentarios de una amiga que, tiempo después sí estuvo mal lo que permití, pero yo no me di cuenta hasta después. Siempre solía poner cosas para mí, las cuales veía normales, pues solíamos llevarnos así, pero no me di cuenta que tenías razón, ponía cosas con cizaña, con y yo te pedí que no me trataras de cierta forma que me lastimaba. Para entonces ya había desarrollado un apego bastante fuerte hacia ti, tanto que cualquier cosa que hicieras o dijeras me afectaba profundamente. En ese momento, en lugar de hablarlo directamente contigo, cometí un error: se lo conté a una amiga de una manera que no debí, y me expresé mal sobre alguien de tu familia. Fue un error mío, el primero de varios, y aunque en ese momento sentía que actuaba dolida, hoy, con más madurez, sé que estuvo mal. Si algún día lees esto, Krystal, quiero que sepas que lo siento de verdad. Fue una falta de respeto que no debí cometer, sin importar cuánto me doliera algo en ese momento. Hubo una época, poco después de esa primera vez que dormimos juntas, que fue difícil para las dos. Un día vi algo que me rompió por dentro: unas capturas relacionadas con tu ex, después de que yo le pidiera que se alejara de ti. No sé con certeza qué tan real era lo que vi, y prefiero dejarlo así, sin afirmar nada con seguridad, porque de verdad no lo sé. Lo que sí sé es que ese día tuve un ataque de ansiedad como nunca antes había sentido, porque nunca había amado a alguien de esa manera, con esa intensidad. Y creo que fue justo desde ahí que empecé a cambiar, a volverme más posesiva, más insegura, y sin darme cuenta empecé a sabotear cosas entre nosotras sin razón aparente. Fue mi error, lo reconozco. Después vinieron los pleitos, las noches sin dormir, las veces que dejé de ir a la universidad porque solo quería estar contigo o porque estaba demasiado mal para hacer cualquier otra cosa. Tú venías a mi casa, insistías, y yo sé que eso también te dolía a ti, así como a mí me dolía todo lo que estaba pasando entre nosotras. Ninguna de las dos estuvo completamente bien en esa época, el daño siempre fue de ambas partes, nunca solo mío ni solo tuyo. Hoy, escribiendo esto con la distancia que da el tiempo, entiendo que las dos estábamos heridas, las dos estábamos aprendiendo a amar de una manera que ninguna sabía manejar del todo bien. Y si en algo te lastimé en ese proceso, lo siento de verdad, porque lo único que siempre quise fue que tuviéramos un amor sano, bonito, genuino, y en el camino, también yo tuve mi parte de culpa en que no lo lográramos del todo. Podría pasarme la vida entera intentando detallar cada fecha, cada día y cada hora que pasamos juntas. Podría hacerlo, pero sería alargar la historia infinitamente, y al final, más allá de los días difíciles o de los errores, lo que realmente importa es todo lo que construimos en medio de todo eso. Porque sí, hubo momentos malos, peleas pesadas y momentos donde la cabeza me jugaba en contra no solo a mí, sino a ambas, como el día que revisé tu celular y vi cosas que me dolieron. O los días que viste cosas mías que te lastiamron, o que te hayas enterado de cosas mías, etc. Pero aun en esos momentos de enojo y confusión, siempre elegí quedarme. Tú también, siempre elegimos
quedarnos, seguir. Seguí ahí porque te amaba con un amor que superaba cualquier otra cosa en este mundo, porque para mí, tú valías cada intento, cada conversación y cada cosa que nos hiciera permanecer juntas, valías más que todo. Siempre hallábamos la forma de solucionar las cosas y de rescatar el lado bonito de nosotras. Y es que nuestra historia está llena de esas anécdotas que solo nosotras entendemos y que me sacan una sonrisa inevitable al recordarlas. Como aquella vez que me quedé a dormir en tu casa y terminamos teniendo sex justo al lado de tu hermano, que se había puesto medio acá jajaja. Para el colmo, en medio del momento te mordí donde no debía de jajaja... fue un momento tan raro, no incómodo, pero al mismo tiempo tan nuestro y tan chistoso que simplemente nos reímos y seguimos. O como esa madrugada en la que estabábamos durmiendo, tu Alexa empezó a sonar y tú, en lugar de decir “Alexa”, dijiste mi nombre para apagarla. Me desperté de la nada y riéndome; ese es uno de esos detalles pequeños pero inolvidables que se me quedaron grabados para siempre. “En cada risa compartida, en cada chiste y en cada segundo, fuimos escribiendo un lenguaje que solo nosotras dos sabíamos entender.” A veces miro hacia atrás y me acuerdo hasta de nuestra primera cita. Los nervios al full, tú que casi no me volteabas a ver de la vergüenza, las risas nerviosas y ese humor tan rancio que desde el primer momento nos conectó. O del día que fui a tu casa y jugamos Mario Kart, para que quedaras en último lugar y tu hermano y primo te hicieran burla como de costumbre, donde las horas se nos pasaban volando entre risas. Y cómo olvidar cuando salimos con mi familia y mis sobrinos; verte con ellos, tan dedicada, tan dulce, como si fueras una mamá con esa paciencia y ese amor tan maternal jaja, fue una de las cosas más bonitas que me tocó presenciar. Recuerdo también esa vez que fuiste a quedarte con mis amigos. Yo estaba insistiéndole a tu mamá junto contigo al teléfono para que te dejara quedar a dormir, hasta que por fin lo logramos. Esa noche no podíamos con la risa tú y yo, tronando besos a propósito solo para hacer ruido, mientras Jesi se enojaba y nos pedía dejar de hacer eso porque le daba cosa que nos escucharan jaja. Y fue en esa misma noche, ese día, donde me di cuenta de algo, veíamos a Gael y a su novia durmiendo juntos, pero era algo sin chispa, sin esa conexión real. En cambio, lo de nosotras no había forma de disimularlo, todos a nuestro alrededor notaban la química, lo ridículamente enamoradas que estábamos. Éramos inseparables, de esas personas que de verdad no podían estar la una sin la otra. Si no nos veíamos, teníamos que estar en llamada, y si no había llamada, simplemente no podíamos conciliar el sueño. Jugábamos juntas, nos veíamos seguido y aun así sentíamos que el tiempo no era suficiente. Éramos cursis, empalagosas, tiernas, pero para todos era evidente que solo existíamos tú y yo. Nos creamos un universo lleno de pequeños momentos únicos, siento solo tú y yo. Nos dedicábamos canciones, armábamos playlists para todo, diseñábamos planes a futuro y elegimos el Starbucks como nuestro refugio favorito. Teníamos la costumbre de que, lugar al que íbamos, lugar donde siempre buscábamos sentarnos exactamente en el mismo lado de siempre, en la misma silla, juntas como siempre. Me encantaba tomar tu lugar y manejar cuando a ti te daba flojera hacerlo. Y volviendo a tus ronquidos, de verdad eran los únicos que toleraba en este mundo; lejos de molestarme, terminaban arrullándome porque venían de ti, y yo ya amaba absolutamente todo lo que salía de ti. Me aprendí de memoria cada una de tus expresiones, los movimientos de tus manos al hablar, los gestos de tu cara, las inflexiones de tu voz, tus mañas, tu risa, y me obsesioné por completo con tu olor. Desde el día en que te conocí, no existió un solo día en el que no estuvieras en mi mente. Toda la música que escuchaba terminaba hablándome de ti, y cualquier detalle en mi camino me devolvía a tu recuerdo. “Amarte fue aprender de memoria cada uno de tus gestos, hasta hacer de tu presencia el único lugar en el mundo donde me sentía en paz.” Me acuerdo también de las bromas en tu casa, como cuando tu papá jugaba con nosotras y nos preguntaba que quién de las dos era 'el hombre' jajaja. O de cómo tu hermano y yo éramos tan increíblemente parecidos. Al principio me parecía curioso que tú también encajaras en ese mismo humor tan roto, inmaduro y divertido que teníamos él y yo, porque yo a ti te tenía en
un pedestal, te veía como alguien inalcanzable... pero por dentro tenías esa misma vibra ocurrente que nos hacía reír por horas, siendo inmaduras, ridículas, etc. Como cuando Leon ponía orula y te paniqueabas porque era mala, pero más la poníamos para molestarte. Vi a leon crecer, lo vi graduarse, creciendo, pasando a otra etapa, y también lo quise mucho, pues fue como un hermano para mí también. Todo lo que te complementaba lo amé, familia, hábitos, etc. Más allá de las risas, siempre hubo una profunda admiración de mi parte hacia ti. Siempre vi lo inteligente, artística y desbordantemente creativa que eres. Cuando te apasionaba algo, te entregabas con todo el corazón. Me llenaba de un orgullo enorme verte crear, como cuando hacías esos arreglos de flores tan hermosos que parecían salirte sin el menor esfuerzo, con una soltura y un talento natural increíbles. Y sé que en algún momento tus papás llegaron a dudar de lo que podías conseguir, pero yo jamás dudé de ti. Ni por un segundo. Siempre supe todo el potencial que tenías dentro y estaba segura de lo lejos que ibas a llegar. Por eso hoy, ver que estás feliz, haciendo tus flores y disfrutando tanto de lo que lograste sin que te pese, me hace sentir una alegría inmensa. Porque siempre vi el brillo de tu talento, incluso cuando nadie más lo notaba. Hay miles de historias más, un sinfín de anécdotas que viví a tu lado. Tuvimos tropiezos, es verdad, pero al final del día siempre sabíamos volver la una a la otra. Supimos encontrar luz incluso en los días oscuros, y me quedo con eso... con la certeza de que supimos amarnos con todo lo que éramos. Me contaste tus sueños más profundos y también tus miedos más grandes, abriéndote conmigo de una forma en la que siempre me sentí privilegiada de escuchar. Recuerdo perfectamente cómo me hablabas de cómo querías casarte... al principio imaginabas algo súper maximalista, medio lujoso y enorme, pero poco a poco esa idea se transformó en algo más discreto, más íntimo. Me dijiste exactamente cómo querías tu anillo, inspirándote en el de Hailey, un anillo personalizado, hecho de forma única por y para ti. Guardé cada uno de esos detalles en el lugar más valioso de mi memoria, porque mientras te escuchaba, en mi mente no solo guardaba tus palabras, sino que construía nuestro futuro a tu lado. Soñaba despierta con nosotras casándonos, con formar una familia, con la ilusión de tener a nuestra propia bebé y hacer una vida juntas. Todo lo que tú me contabas se convertía de inmediato en mi mayor motivación, porque en cada uno de mis planes para el mañana siempre estuviste tú. “Planear un futuro contigo jamás se sintió como una fantasía lejana, sino como el único camino que mi corazón quería recorrer.” El año pasado, fue ese año que nos dimos un tiempo. Ambas sabemos lo que pasó, lo malo que hicimos, errores, etc. Pero el amor seguía ahí, el tiempo nos ayudó, puede que haya pasado más cosas, pero el amor seguía intacto. Cuando regresamos, ambas habíamos cambiado. Traíamos heridas que nunca terminamos de sanar y, sin darnos cuenta, tal vez abrimos más de las que pudimos cerrar. Sin embargo, en medio de todo, nos dimos cuenta de que todavía podíamos funcionar, de que la chispa seguía ahí. El problema fue que jamás nos tomamos el tiempo de sanar individualmente, y todo ese dolor guardado se nos fue acumulando con el tiempo. Pero aun con todo en contra, te amé como nunca a nadie. Me preferiste por encima de la persona con la que empezabas a salir en ese momento, y yo hice lo mismo por ti. Sé que lo hicimos mal, que las formas no fueron las correctas, pero así éramos nosotras... intensas, apasionadas, siempre priorizándonos por encima de todo y de todos. Cuando nos veíamos a escondidas, el resto del mundo desaparecía. Todo fluía tan bien y conectábamos con una fuerza impresionante; esa misma conexión que a veces intentábamos negar por miedo, orgullo y ego, pero que era imposible de ocultar, porque el amor real simplemente no se puede esconder. Y lo más increíble es que eso, hasta el día de hoy, sigue en pie. Porque aun después de miles de problemas, de las vueltas de la vida y de las heridas, cada vez que nos volvemos a ver, esa conexión vuelve a surgir intacta, demostrando que lo nuestro siempre fue más fuerte que cualquier tormenta. “Hay conexiones que ni el tiempo, ni los errores, ni las ausencias pueden romper; porque cuando el amor es real, basta un solo reencuentro para recordar de dónde venimos.”
Y en estos últimos meses, aun en medio de la distancia y los problemas que pasamos, que pasé, estuviste ahí cuando más lo necesité, apoyándome cuando konguita se enfermó. Cuidarla, con mil cosas en la cabeza y estando mal por verla mal, fue una de las etapas más difíciles de mi vida. Aun así, entre todo ese caos, me tardé horas preparándote ese video y armándote esa cajita hecha a mano para tu cumpleaños. Sabes de sobra que las manualidades jamás han sido lo mío, pero quería darte algo naciente de mi esfuerzo, un trozo de mi tiempo y de mi corazón. Lamentablemente, ese mismo día mi Konguita se me fue, y aunque me estaba cayendo a pedazos, intenté estar presente para ti y sacarte una sonrisa. Como último recuerdo grabado en mi mente, me queda esa anécdota de cuando fuimos a EDC. Sinceramente, jamás en la vida había disfrutado tanto un lugar, evento o concierto con alguien como lo hice esa vez contigo. Probé cosas a tu lado, me sentía ridículamente segura contándote todo, y mi único pensamiento era tenerte cerquita, cuidarte y protegerte, mientras por dentro yo andaba toda mal viajada jajaja. O el día en el Ángel, cuando todos empujaban fuertemente y yo hacía de todo con mi cuerpo para que la gente no te chocara ni te lastimara. Siempre fui así contigo, jamás permití que abrieras una puerta, ni siquiera en los días que estaba molesta; siempre te caminaba del lado de la pared, procurándote, escuchándote con el alma y prestando atención a esos pequeños detalles tuyos que ni tú misma veías, esos que nadie más en el mundo logró notar. “Cuidarte jamás fue una obligación; protegerte y amarte en los detalles más pequeños fue la forma más pura que encontré para decirte que tu vida me importaba más que la mía.” Amo profundamente haber sido ese abrigo para ti. Y aunque sé que no fui perfecta y que cometí errores que te dolieron, hoy mi único deseo sincero es que, si el día de mañana llegas a conocer a alguien más, jamás recibas menos de ese tipo de protección, cuidado y entrega. Te mereces a alguien que te haga sentir contenida, valorada y segura, pero de una forma aún mejor, limpia y sanadora, donde nadie vuelva a hacerte el daño que yo te hice. Te amo, Krys. Y esta es nuestra historia, de principio a fin. Todo comenzó con esa teoría de nuestro hilo rojo, y sigo sosteniéndola: si nuestro amor es veraz, si es de esos que trascienden, el destino, Dios o la vida misma se encargarán de volver a hacernos coincidir y de unir nuestras vidas de nuevo. Pero si no es así, quiero que te quedes con la certeza absoluta de que te amé con todo mi ser, con una intensidad más grande de la que pude haberme tenido a mí misma. Te adoro, Krystal Valeria Jiménez Sánchez. Te adoro en esta vida, y ojalá la eternidad me conceda la dicha de seguir haciéndolo en las próximas que nos toquen vivir.