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E L S E M B R A D O RJUL-AGO | 2026NUMERO 3NO DECLARAMOS, SOLO ESTUDIAMOS. UD COMPARE Y CONFIRME.JESUCRISTO ES EL REY DE REYES JESUCRISTO ES EL REY DE REYES 1 "El Bie"El Bien y el Mal – Un Diálogo entre la Conciencia, lan y el Mal – Un Diálogo entre la Conciencia, la Sociedad y la Ciencia" Pag 4Sociedad y la Ciencia" Pag 4 "El Bien y el Mal – Un Diálogo entre la Conciencia, la Sociedad y la Ciencia" Pag 4 Un lUn llamado alamado a la reflexiónentre el bien y el mal. Pag 2la reflexiónentre el bien y el mal. Pag 2Un llamado a la reflexiónentre el bien y el mal. Pag 2 El Árbol de la moralidad.El Árbol de la moralidad. Pag 8Pag 8El Árbol de la moralidad. Pag 8 Bien y Mal como conveniencia y la voluntad divina comoBien y Mal como conveniencia y la voluntad divina como fundamento moral.fundamento moral. Pag 14Pag 14 Bien y Mal como conveniencia y la voluntad divina como fundamento moral. Pag 14 Como se hace una buena torta: La manera eficaz deComo se hace una buena torta: La manera eficaz de estudiar la Biblia.estudiar la Biblia. Pag 16Pag 16 Como se hace una buena torta: La manera eficaz de estudiar la Biblia. Pag 16 Los Conectores Discursivos: El Pegamento de tus Ideas.Los Conectores Discursivos: El Pegamento de tus Ideas. Pag 21Pag 21 Los Conectores Discursivos: El Pegamento de tus Ideas. Pag 21

ELa cuestión del bien y el mal no es exclusiva de filósofos o teólogos; es una reflexión que permea la vida cotidiana, las decisiones políticas, los avances tecnológicos y nuestros pensamientos más íntimos. En este número, hemos deci- dido abordarla no desde una perspectiva dogmática, sino como un ejercicio de apertura intelectual, reconociendo que las respuestas absolutas suelen ser las más frágiles. El reportaje titulado "El Bien y el Mal – Un Diálogo entre la Conciencia, la Sociedad y la Ciencia" no tiene como obje-tivo cerrar el debate; por el contrario, busca plantear pre-guntas que inviten al lector a examinar sus propias convic-ciones. A través de nuestra exploración de este tema, he-mos aprendido que la moralidad no es un monolito, sino un tejido dinámico, entrelazado por hilos de biología, cultu-ra, razón y empatía.DITORIAL Tres ideas clave emergen de este análisis: 1.La moral no es ni puramente absoluta ni puramente re- lativa. Nace de un diálogo constante entre nuestras in- clinaciones innatas (como la empatía) y las normas que construimos en sociedad. Ignorar cualquiera de estos polos empobrece nuestra comprensión del ser humano. 2.La conciencia individual es un terreno fértil pero tam- bién limitado. No todos los seres humanos tienen el mismo acceso a la reflexión moral –por edad, por sa-lud o por contexto–, y ello nos exige una ética de la res- ponsabilidad: proteger a quienes no pueden discernir por sí mismos y educar a quienes pueden hacerlo. 3.La ciencia ilumina, pero no reemplaza a la filosofía. Los avances en neurociencia y psicología evolutiva nos muestran los mecanismos detrás de nuestras decisiones morales, pero no nos dicen qué debemos hacer. Ese salto del "ser" al "deber ser" sigue siendo un puente que solo la razón y el diálogo pueden construir entre Dios y los hombres. UN LLAMADO A LA REFLEXIÓN ENTRE EL BIEN Y EL MAL 2

Cerramos con una invitación Este número de El Sembrador es, ante todo, un es-pacio de encuentro. Un lugar donde el pensamiento crítico y la reflexión serena puedan florecer. Los ani-mamos a no dar por zanjada la cuestión del bien y el mal, sino a llevarla consigo, a discutirla en familia, en el trabajo, en la comunidad. Porque si algo nos distingue como humanidad es precisamente nues-tra capacidad de preguntarnos, una y otra vez, qué significa vivir bien. Con el deseo de que estas páginas siembren más preguntas que certezas, Un llamado a la acción En tiempos de polarización, donde el otro es fácilmente eti-quetado como "malo" o "bueno" según nuestro propio marco de referencia, El Sembrador propone una actitud contraria: la humildad intelectual. Reconocer que nuestras convicciones morales, por sólidas que parezcan, son también producto de nuestra historia y nuestro entorno, no es un acto de debili-dad, sino de madurez. No se trata de caer en un relativismo paralizante, sino de a-prender a sostener nuestras convicciones con la mano abier-ta, dispuestos a escuchar, a revisar y a crecer. La verdadera fortaleza ética no reside en la intransigencia, sino en la capa-cidad de sostener principios firmes sin perder la capacidad de asombro ante la complejidad del otro. 3 Daniel Romero Director General de “El Sembrador”

¿Qué distingue al bien del mal? ¿Son principios absolu-tos grabados en el universo, o simples acuerdos huma-nos moldeados por el tiem-po y la cultura? Esta pregun-ta ha acompañado a la hu- manidad desde sus oríge-nes, y lejos de agotarse, se renueva con cada avance científico, cada cambio so-cial y cada dilema personal. En el siguiente reportaje, exploramos las múltiples capas de este debate, desde la reflexión filosófica hasta los hallazgos de la neuro-ciencia, pasando por el pa- pel de la conciencia indivi-dual y las normas colecti-vas. No buscamos respues-tas definitivas, sino invitar al lector a un ejercicio de pen- samiento crítico, tan nece-sario en tiempos de polari-zación y certezas apresura-das. 4 "El Bien y el Mal –"El Bien y el Mal –"El Bien y el Mal – Un Diálogo entreUn Diálogo entreUn Diálogo entre la Conciencia, lala Conciencia, lala Conciencia, la Sociedad y laSociedad y laSociedad y la Ciencia"Ciencia"Ciencia" "El Bien y el Mal – Un Diálogo entre la Conciencia, la Sociedad y la Ciencia"

Para el relativismo moral, el bien y el mal no existen fuera de las con-venciones humanas. Lo que una so-ciedad aprueba como "bueno" –la poligamia, el sacrificio ritual o la igualdad de género–, otra lo conde-na. Ejemplo histórico: En la Grecia clá-sica, la esclavitud era considerada natural y justa; hoy, es aborrecida globalmente. Este enfoque, sin embargo, tropieza con un problema: si todo depende del contexto, ¿cómo condenar la barbarie de regímenes como el na-zismo? Aquí surge la necesidad de buscar fundamentos más sólidos, que no se diluyan en el relativismo. La respuesta varía según la tradi-ción ética: Para el utilitarismo, solo impor-tan las consecuencias; los pensa-mientos sin acción son neutros. Para la deontología kantiana, la intención interior ya tiene valor moral. Para el virtuosismo aristotélico, los hábitos mentales moldean el carácter, incluso sin actos exter-nos. Este diálogo nos lleva a una con-clusión incómoda: la moralidad no es un lujo de mentes perfectas, sino un proceso que depende del desa-rrollo cognitivo, la educación y hasta la biología. 5 El bien y el mal como espejo de la cultura El filósofo Immanuel Kant sostenía que la moralidad nace de la razón autónoma: el ser humano, al refle-xionar, puede distinguir el bien del mal sin depender de mandatos ex- ternos. Pero, ¿qué ocurre cuando esa con-ciencia está limitada? Niños y personas con discapaci-dad cognitiva: No comprenden el bien y el mal abstracto, pero pue-den seguir normas por hábito o temor al castigo. Pacientes con síndrome de en- claustramiento:Conscientes pero inmovilizados, generan pensa-mientos sin posibilidad de ac-ción. ¿Son sus ideas juzgables? La conciencia como puente entre lo individual y lo colectivo

La neurociencia ha revolucionado nuestra comprensión de la moral. Estudios con resonancia magnética muestran que: La empatía: Se activa en regio-nes como la ínsula y la amígdala. Dañar estas áreas puede conver-tir a una persona en indiferente al sufrimiento ajeno. El juicio racional: Implica la cor-teza prefrontal, que madura tar-de en la adolescencia. Esto expli-ca por qué los jóvenes toman decisiones más impulsivas. Caso célebre: Phineas Gage, un o-brero del siglo XIX que tras un acci-dente que dañó su lóbulo frontal, pasó de ser un hombre responsable a uno errático y egoísta. Su historia demostró que el "carácter" tiene raí- ces materiales. Sin embargo, la ciencia describe pe-ro no prescribe. Saber que el cere-bro procesa el daño como "malo" no nos dice por qué debemos evitar dañar. Aquí la filosofía sigue siendo insustituible. Científicos y filósofos han propues-to una "ciencia de la moral" que, usando datos empíricos, guíe nues-tras decisiones. Sus pilares serían: Neuroética: Para entender có-mo reacciona el cerebro ante di-lemas. Antropología comparada: Para identificar patrones morales uni-versales. Ética experimental: Para probar teorías en situaciones reales. Pero este proyecto encuentra un muro infranqueable: el problema de la derivación (de David Hume). Los hechos ("el sufrimiento activa tal área cerebral") no implican valores ("debemos evitar el sufri-miento"). Para saltar ese abismo, se necesita un principio ético previo, que la ciencia no puede propor- cionar. Si un individuo creciera aislado, sin contacto con normas humanas, ¿de-sarrollaría nociones de bien y mal? La psicología evolutiva sugiere que ciertas inclinaciones –como la cooperación o el rechazo a la injusticia– son innatas, producto de la selección natural. Pero estas intuiciones son rudi- mentarias. Sin el lenguaje y los códigos sociales, no se cristalizan en sistemas éticos complejos. 6 Los límites de la razón – Cuando el cerebro decide por nosotros ¿Puede haber bondad sin sociedad? En español, distinguimos entre: Bueno/malo: Aplicado a actos o per-sonas en situaciones concretas. Bondad/maldad: Conceptos abstrac-tos que sugieren una esencia o un principio universal. Mientras que lo "bueno" puede ser relativo ("esta medicina es buena para ti"), la "bondad" evoca una cualidad profunda, casi trascenden-te. Esta distinción es clave en religiones como el cristianismo, donde Dios es la Bondad suprema, y en filosofías como el platonismo, donde el Bien es una Forma eterna. Hacia una ciencia del bien y el mal – ¿utopía o necesidad? Así, la sociedad no crea la moral desde cero, pero la organiza, la refi-na y la transmite. La conciencia indi-vidual, por su parte, puede aceptar, rechazar o transformar esas nor- mas.

7 El bien y el mal no son ni puros constructos sociales ni realidades inmutables. Son fenómenos emer-gentes, que surgen de la interacción entre nuestra herencia biológica, nuestra capacidad reflexiva y las narrativas que heredamos e inven-tamos. En un mundo donde la tecnología y la globalización multiplican los dile-mas éticos, comprender esta com-plejidad no es un lujo académico, sino una herramienta de supervi- vencia. Como lectores, ciudadanos y seres humanos, nos corresponde mantener viva la pregunta, sin con-formarnos con respuestas fáciles. Un horizonte abierto Nota del editor: Este reportaje no pretende agotar el tema, sino abrir ventanas a una discusión que nos define como especie. Los comentarios y contraargumentos son bienvenidos en nuestra sección de cartas al lector.

EL ÁRBOL DEEL ÁRBOL DE LALA MORALIDADMORALIDAD EL ÁRBOL DE LA MORALIDAD Todo comenzó con una pregunta sencilla: ¿puede una entidad malvada ab-soluta tener moralidad? La respuesta nos llevó por un camino que atraviesa la filosofía, la teología y nuestra vida cotidiana. Es-ta es la historia de ese via-je. 8 Un viaje desde la serpiente del Edén hasta el dilema de nuestra época

Lo que la serpiente prometía Lo que realmente sucedió Ser independientes para definir la moral Quedaron atrapados en su propia capacidad de juzgar Alcanzar la sabiduría divina Experimentaron el bien por haberlo perdido Ser libres de toda norma externa Se convirtieron en jueces de sí mismos y de los demás Conocer el bien como Dios lo conoce Conocieron el bien y el mal desde la distancia y el dolor Imaginemos por un momento que existe un ser completamente malva-do. Un villano sin ninguna luz, una entidad que busca el mal por el mal mismo. Ahora preguntémonos: ¿po-dría ese ser tener moralidad? La respuesta no es tan simple como parece. Por un lado, si es absolutamente malvado, parece que no podría te-ner moralidad porque la moralidad suele asociarse con el bien. Pero por otro lado, ¿acaso no actúa con principios? ¿No sigue un código, aunque retorcido? Analicemos dos formas de entender la moralidad: 1. La moralidad relativa: Dice que lo bueno y lo malo dependen de quién lo mire. Lo que para unos es malo, para otros puede ser bueno. Bajo esta mirada, nuestro villano sí tendría moralidad: la suya propia, basada en lo que a él le conviene. 2. La moralidad universal: Dice que existen principios objetivos, vá-lidos para todos, independiente-mente de lo que piensen o quieran. Bajo esta mirada, nuestro villano no tendría verdadera moralidad, aun-que tenga un código interno. Y aquí encontramos nuestra prime-ra gran revelación: detrás de esta pregunta se esconde el mismo dile-ma del jardín del Edén. 9 La pregunta incómodaLa pregunta incómodaLa pregunta incómoda La serpiente y el árbolLa serpiente y el árbolLa serpiente y el árbol Recordemos la escena. La serpiente se acerca a Eva y le dice: "No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal." La serpiente no ofrecía simplemen-te información. Ofrecía algo mucho más seductor: autonomía radical, la capacidad de decidir por sí mismos qué está bien y qué está mal. ¿Qué significa "ser como Dios, conociendo el bien y el mal"?

Nivel Característica Principios fundamen- tales Preservarme a mí mismo, acumular poder, mantener coherencia Reglas derivadas Soy leal mientras me convenga; cumplo acuerdos mientras sea beneficioso Estrategias de legitima-ción Presento mis intereses como deberes; convierto lo que me conviene en sagrado El árbol de la ciencia del bien y del mal no era un árbol cualquiera. Era la representación de una moralidad desvinculada de su fuente, una mo-ralidad que pretende ser autosu- ficiente, que no necesita de Dios pa-ra definir lo bueno y lo malo. Era, ni más ni menos, la moralidad relativista que hemos analizado. Y aquí llegamos a la figura que sin-tetiza todo esto: el Soberano Estra-tégico. Imaginemos a alguien que: No reconoce autoridad moral ex-terna alguna Evalúa cada acción por su utili-dad Mantiene principios solo mien-tras le sirvan Presenta su conveniencia como si fuera un deber Jamás siente culpa porque ha a-bolido todo deber externo ¿Les suena familiar? Es exactamente la descripción de lo que la Bíblia lla-ma el diablo. 10 Cuando una persona o una socie-dad asume que la moralidad es re-lativa, que depende de cada punto de vista, ocurre algo curioso. La mo-ralidad deja de ser un ideal al que aspiramos y se convierte en una he- rramienta de conveniencia. A esto lo llamamos "el código inter-no de conveniencia sistematizada". Suena complicado, pero en realidad es muy simple: Es el sistema de reglas que una per-sona o grupo se da a sí mismo, no para hacer el bien, sino para obte-ner beneficio. Este código funciona así: El código de convenienciaEl código de convenienciaEl código de conveniencia El diablo como arquetipoEl diablo como arquetipoEl diablo como arquetipo La fe judeocristiana describe al dia-blo como el ser que dijo "no serviré" y construyó su propio orden basado en su autonomía y su conveniencia. El diablo no es caótico ni irracional. Al contrario: es extremadamente ló-gico, coherente y sistemático. Su có-digo es impecable. El problema es que ese código no es moralidad au-téntica, sino su sustituto. El diablo tiene forma de moralidad, pero su contenido es negar del bien objetivo. Tiene reglas, pero esas re-glas están al servicio de su conve-niencia. Tiene coherencia, pero esa coherencia es puramente instru-mental. Es la encarnación perfecta de la mo-ralidad relativista llevada a sus últi-mas consecuencias.

Rasgo del Soberano Estratégico Rasgo del diablo en la tradición Autonomía radical "No serviré" (Non serviam) Coherencia instrumental Tienta estratégicamente, calcula Cálculo perpetuo "Anda como león rugiente buscando a quien devorar" Legitimación impecable Se presenta como "ángel de luz" Ausencia de culpa No se arrepiente, no cambia Principio Lo que exige No matar a un inocente Dejar vivir al niño Hitler Evitar un genocidio Matar al niño Hitler 11 El experimento mentalEl experimento mentalEl experimento mental Para entender esto mejor, hagamos un ejercicio. Imaginemos que pode-mos viajar en el tiempo y tenemos la oportunidad de matar a Adolf Hitler cuando era niño, evitando así el Ho-locausto. ¿Sería moralmente correcto? Desde el relativismo, la respuesta dependería de quién juzgue: Desde tu punto de vista personal: Si crees que salvar millones de vidas justifica matar a un niño inocente, entonces sería moral para ti. Desde la aceptación de las masas: La sociedad probablemente conde-naría el acto como asesinato, aun-que entienda el motivo. Desde el código de conveniencia: Dependería de si el beneficio de evi-tar el genocidio supera el costo de cometer un asesinato. Desde el universalismo, el dilema es más profundo porque hay dos prin-cipios objetivos en conflicto: Aquí los universalistas se dividen: Los deontológicos (basados en el deber): Dirían que es inmoral matar a un niño inocente, porque el fin no justifica los medios. Los consecuencialistas (basa-dos en las consecuencias): Dirían que es moral, porque salvar mi-llones de vidas justifica el acto. Y el pasaje de Romanos 5:18-19 nos da una pista de cómo la tradición bíblica aborda esto: "Así que, como por la transgresión de uno solo vino la condenación para todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno solo vino a todos los hombres la justificación que da vida." Pablo nos dice que la solución al fracaso de Adán (el primer hombre) no fue borrarlo y crear otro, sino redimirlo desde dentro a través de Cristo. No se trató de reiniciar el sis- tema, sino de transformarlo desde la fidelidad.

El profeta Malaquías plantea una pre-gunta que parece hecha para nuestro dilema: "¿No hizo él un solo ser, aunque tenía el resto del espíritu? ¿Y por qué uno solo? Porque buscaba una descen-dencia para Dios." En otras palabras: ¿por qué Dios no hizo otro Adán cuando el primero falló? La respuesta es reveladora: Dios no opera con la lógica del reinicio estra-tégico. No descarta lo que falla para empezar de nuevo con algo mejor. En cambio, trabaja con lo existente, lo redime desde dentro, lo transfor-ma. 12 Malaquías y laMalaquías y la pregunta del reiniciopregunta del reinicio Malaquías y la pregunta del reinicio Aplicado al dilema del niño Hitler: La lógica de Malaquías no diría "má-talo para evitar el genocidio" ni "déja-lo vivir y que ocurra". Diría: ¿qué fide-lidad es posible para que ese niño no se convierta en el monstruo que sa-bemos que será? ¿Qué transforma-ción, qué educación, qué justicia tem-prana puede redimirlo sin violar el principio de no matar a un inocente? En política: Las leyes pierden fundamento objetivo. Ya no son "justas", sino solo "acordadas". El poder se convierte en la capa-cidad de imponer la propia con-veniencia. Los derechos humanos se vuel-ven frágiles, porque pueden ser revocados cuando dejen de ser convenientes para la mayoría. En lo social: La sociedad se fragmenta en gru-pos con morales incompatibles. La confianza se erosiona porque todos operan por conveniencia calculada. Surgen nuevas morales sustitu-tivas (ideologías, causas identita-rias) que pretenden ser absolu-tas. En lo individual: Cada persona debe construir su propia moral desde cero. Se instala el cinismo: "todos ac-túan por conveniencia". Se valora la "autenticidad", pero sin criterios para saber qué signi-fica ser auténtico. La paradoja final: Para mantener la cohesión, una sociedad necesita prin-cipios comunes que todos acepten. Pero el relativismo niega que existan principios comunes objetivos. La úni-ca salida es imponerlos por consenso o por fuerza. Si los impone por consenso, el consenso mismo se convierte en un absoluto. Si los impone por fuerza, la socie-dad se gobierna por el poder, sin límite moral. En ambos casos, la sociedad relati-vista no puede sostener su propio re-lativismo. El dilema de laEl dilema de la sociedad relativistasociedad relativista El dilema de la sociedad relativista Si toda esta reflexión la llevamos al plano social, las consecuencias son profundas. Una sociedad que asume que la mo-ral es relativa y que cada quien defi-ne su propio bien se enfrenta a pro-blemas muy concretos:

El camino de la serpiente El camino de la fidelidad Autonomía radical Obediencia confiada Definir el bien por sí mismo Recibir el bien como don Calcular conveniencia Vivir en relación Ser como dioses Ser imagen de Dios Moralidad relativa Moralidad objetiva Volvamos al principio. La serpiente ofreció un camino: "seréis como dioses, conociendo el bien y el mal". Ese camino prometía autonomía y poder, pero entregó fragmentación y muerte. El árbol de la ciencia del bien y del mal no era un árbol cualquiera. Era la propuesta de que el ser humano puede definir por sí mismo lo bue-no y lo malo, sin referencia a un or-den objetivo. Era la propuesta del relativismo moral como camino a la divinidad. Pero el fruto de ese árbol, una vez comido, no se puede dejar de dige-rir. El conocimiento del bien y del mal, obtenido por desobediencia, se convierte en una conciencia que a-cusa y juzga, pero que ya no puede vivir en la inocencia del bien simple-mente compartido. 13 La respuesta delLa respuesta del JardínJardín La respuesta del Jardín Hemos recorrido un largo camino. Comenzamos preguntando si una entidad malvada absoluta podía te-ner moralidad, y terminamos en el jardín del Edén, frente al árbol de la ciencia del bien y del mal. El relativismo moral, como hemos visto, no es solo una teoría filosófi-ca. Es una tentación tan antigua co-mo la humanidad: la tentación de ser como dioses, de definir por no-sotros mismos lo bueno y lo malo, de construir nuestro propio código de conveniencia sistematizada. Y su arquetipo, el "Soberano Estra-tégico", es la descripción de lo que ocurre cuando llevamos esa lógica hasta el final: autonomía radical, cálculo perpetuo, legitimación impe-cable, ausencia de culpa. La pregunta que queda abierta es ésta: Si el relativismo moral —el ca-mino del árbol — no puede sostener una sociedad digna sin caer en con-tradicciones o en el cinismo estraté-gico, ¿hay alguna alternativa? La doctrina bíblica sugiere que sí: la fidelidad. No como un conjunto de reglas impuestas desde fuera, sino como una relación viva con el ori-gen. No como un código de conve-niencia, sino como una participa-ción en el bien que nos trasciende. Pero esa es una pregunta que cada lector debe responder por sí mis-mo. Una pregunta abiertaUna pregunta abiertaUna pregunta abierta

E L U T I L I T A R I S M O P R Á C T I C O Y L A T E O L O G Í A Iglesia Evangélica Libre Pentecostal "Los discípulos de Jesucristo " Pastor: Leonardo Díaz. Catia, Caracas. BIEN Y MAL COMO CONVENIENCIA Y LA VOLUNTAD DIVINA COMO FUNDAMENTO MORAL. 14

a) El bien como obe-diencia y semejanza di-vina Dios es la Bondad suprema, el Bien en sí mismo. Lo "bueno" es a-quello que refleja su carácter: amor, justi-cia, misericordia,san-tidad. Ejemplo bíblico: Mi-queas 6:8 "Hacer justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con Dios". b) El mal como separación y rebelión El mal no es una en-tidad con poder pro-pio, sino una priva-ción del bien (Agus-tín). Es la elección delibe-rada de apartarse de Dios y de su desig-nio. Ejemplo: El pecado o- riginal no es un acto aislado, sino una ruptura de la rela-ción con el Creador. Desde una perspectiva puramente terrenal, el bien y el mal pueden entenderse como: Conveniencia indivi- dual: Lo que favore-ce mi supervivencia, bienestar o felicidad. Conveniencia colecti-va: Lo que beneficia al grupo (familia, co- munidad, especie). Ejemplo: No robar es "bueno" porque, si to-dos roban, la sociedad colapsa (conveniencia colectiva). Mentir puede ser "bueno" si evita un daño mayor(convenien-cia situacional). Crítica: Este enfoque reduce la moral a un cálculo de beneficios, y puede justificar atroci-dades si "convienen" a un grupo (ejemplo: ge-nocidio por "interés na-cional"). 15 El bien y el mal como "conveniencia" (enfoque pragmático) El enfoque de Dios: el bien y el mal como participación en lo divino En las religiones abrahá-micas (judaísmo, cristia-nismo, islam), el bien y el mal no se definen por utilidad, sino por rela-ción con Dios: c) La conveniencia des-de la óptica divina Lo que "conviene" al ser humano, desde la fe, es lo que lo a-cerca a Dios y a su propósito eterno. Paradoja: Puede ser "conveniente" mentir para salvar una vida, pero desde la ética divina, la verdad y la confianza en Dios priman sobre el cál- culo humano. Ejemplo:Los mártires cristianos prefirieren la muerte antes que negar su fe, porque la "conveniencia" e-terna pesa más que la terrenal. Se puede resumir, pero con matices Desde lo humano: El bien y el mal están li-gados a la conve-niencia, pero debe ser examinada críti- camente(¿convenien-cia para quién? ¿a corto o largo plazo?). Desde lo divino: El bien y el mal tras-cienden la conve-niencia; son catego- rías de alianza o rup-tura con el Creador. La "conveniencia" verdadera es la que conduce a la salva-ción y la comunión con Dios, aunque en la tierra parezca in- conveniente.

Ed i c i ó n E s p e c i a ll a e n t r e v i s t a16d e i m p a c t o La escena: El estudio del her- mano Celestereo Colbetti. Un lugar acogedor, lleno de li- bros viejos con olor a papel, una taza humeante de café negro y una lámpara que ilumina justo donde están sus manos. Nuestro reportero, Don Raimundo Alegría, se sienta enfrente con su sonri- sa de oreja a oreja. Como se hace una buenaComo se hace una buena torta: La manera eficaz detorta: La manera eficaz de estudiar la Biblia.estudiar la Biblia. Como se hace una buena torta: La manera eficaz de estudiar la Biblia. Iglesia Evangélica Libre Pentecostal "Jesús, Puerta al cielo" Pastora: Liliana Montañez. Catia, Caracas.

Don Raimundo (Entrevistador): Hermano Celestereo, ¡qué alegría tenerlo con nosotros! Y no me ven-ga con que está viejo, porque yo sé que su mente es más rápida que un rayo en tormenta de verano. Usted que ha masticado la Biblia más que un campesino mastica un grano de maíz pira… ¿cómo le hace para no atragantarse con tanta doctrina? Hermano Celestereo (Ríe sonora-mente): ¡Ay, Don Raimundo! Si no fuera por la gracia de Dios, estaría más enredado que un carrete de hi-lo en manos de un gato. Pero mire, la clave no es tragar entero, sino a- prender a masticar despacio. Por e-so, cuando hablamos de estudiar la Palabra, tenemos que distinguir en-tre el "menú" y la "digestión". ¿Me sigue? Don Raimundo: ¡Como un perro a un hueso! Pero vamos al plato fuer-te. Explíqueme esto con un ejemplo mundano, de esos que le encantan a nuestros lectores. Cuando usted se sienta a estudiar, ¿qué es lo pri-mero que hace? Hermano Celestereo: Lo primero, mi querido Raimundo, es ponerme en modo APRENDIZAJE. Usted sabe, es como cuando mi esposa, Doña Petronila, quiere hacer un nuevo pastel de chocolate. Ella no se lanza a echar harina al aire; primero bus-ca el recetario, lee los pasos, pre-gunta a la vecina. El aprendizaje es el proceso: es el "cómo" me siento, el "cuándo" abro el libro, el tomar notas, el tener lápiz en mano. Es el sudor de la frente del estudio. Don Raimundo: ¡Claro! Es la faena del campo. Pero una vez que está en esa faena, ¿qué va recogiendo? Hermano Celestereo: Ahí entra el CONOCIMIENTO. Eso es el fruto que va poniendo en la canasta. El cono-cimiento es saber que el pastel lleva tres tazas de harina y dos de azúcar. En la Biblia, es saber que el Salmo 23 dice "Jehová es mi pastor", o que Pablo escribió Romanos desde Co-rinto. Son los datos duros, las verda-des en crudo. ¡Sin eso, estamos per-didos! Don Raimundo: Pero oiga, Her-mano, un dato duro sin más, es co-mo tener un ladrillo en la mano. Bonito, pero no le sirve a uno para construir una casa. Hermano Celestereo: ¡Exactamen-te, Don Raimundo! Por eso viene el ENTENDIMIENTO. Esto es pasar del ladrillo al muro. El entendimiento es comprender por qué el pastel nece-sita horno a 180 grados, no solo sa-ber la temperatura. Es entender por qué Jesús habló en parábolas, o cuál es el trasfondo histórico de la carta a los Hebreos. Es captar la lógica divina. Es decir: "Ah, por eso Dios lo dijo así". 17 Iglesia Evangélica Libre Pentecostal "Arca de la alianza" Pastor: Gregorio Saavedra Vista Alegre, Caracas.

18 Don Raimundo: Me está gustando esto, pero se me hace agua la bo-ca… ¿y luego? ¿Cuándo comemos el pastel? Hermano Celestereo (Se inclina y baja la voz como si compartiera un secreto): ¡Ah, Raimundo! Ahí es don-de entra la SABIDURÍA. Mire, la sabi-duría no es saber hornear, es saber a quién invitar a merendar. Es apli-car la verdad. Es tener el conoci-miento de "no robarás" y el entendi-miento de por qué la propiedad privada importa, para que cuando usted vea una cartera caída en el suelo, su mano no se estire hacia ella. ¡La sabiduría es el pastel servi-do en la mesa! Sin sabiduría, el co-nocimiento nos hincha, nos vuelve engreídos, como dice Pablo. Don Raimundo (Anotando frené-ticamente): ¡Qué rico! Pero, con to-do respeto, en algunas iglesias uno ve que se la pasan repitiendo lo mismo sin entender. ¿Eso es adoc-trinamiento? Hermano Celestereo (Suelta una carcajada que hace tintinear las ta-zas): ¡Ay, Don Raimundo, qué pun-zada me ha dado! Mire, el ADOCTRI-NAMIENTO es la estructura de la casa. Es bueno cuando es como el molde de una torta: te da la forma para que no te desparrames. La "sana doctrina" es el marco, el ci-miento. El problema es cuando el adoctrinamiento se vuelve una ca-misa de fuerza y no deja que el Espí-ritu Santo sople. El buen adoctrina- miento te enseña las líneas maes-tras para que puedas aprender y entender por ti mismo, no para que repitas como loro sin saber qué es-tás diciendo. Don Raimundo: Y en medio de to-do este ajetreo de aprender, saber y entender… muchos lectores me es-criben diciendo que se sienten se-cos, que les falta "sentir" a Dios. ¿Qué hacemos con eso? Hermano Celestereo (Se lleva la mano al corazón y su tono se vuelve más pausado): Ah, mi querido Rai-mundo. Eso es porque nos falta la MEDITACIÓN. Mire, la meditación no es sentarse en posición de loto y vaciar la mente, ¡eso es de brujos! Meditar es rumiar. Es como la vaca que traga el pasto, lo sube y lo vuel-ve a masticar. La meditación es to- mar ese versículo que aprendiste (conocimiento), que entendiste (en- tendimiento), y pasar 20 minutos saboreándolo en tu corazón. Es de-cirle a Dios: "Señor, ¿qué me dices a mí con esto?". Es ahí donde la cabe-za le hace cosquillas al corazón, y la letra se vuelve viva. Sin meditación, todo es pura teoría.

19 Don Raimundo: Hermano, ha sido un placer esta charla. Antes de ir-me, ¿un último consejo para nues-tros lectores que están empezando? Hermano Celestereo (Guinando un ojo): Sí, uno solo: No lean la Biblia como quien lee el periódico para ver quién ganó el partido. Léanla como quien lee la carta de su prometida, que está lejos, y quiere saber cuán-do va a regresar. Porque al final, to-do este conocimiento y entendi-miento tienen un solo fin: conocerle a Él. Y ese conocimiento, sí que es vida eterna. Don Raimundo: ¡Amén! Y que Dios lo bendiga, Hermano Celestereo. Es-to será un éxito en la revista. Hermano Celestereo: ¡Amén, ami-go! Y no se olvide del café, que la meditación con café sabe a gloria. ¡Hasta la vista! Don Raimundo (Dejando la libreta): Entonces, para resumir… El aprendi-zaje es el sudor, el conocimiento es el ladrillo, el entendimiento es el plano, el adoctrinamiento es el esti-lo de la casa, la sabiduría es vivir en ella, y la meditación es el aroma a café y hogar que tiene la casa. ¿Es así? Hermano Celestereo (Aplaude): ¡Don Raimundo, por eso es usted el entrevistador! Lo ha clavado al cen-tro de la diana. Y mire, le diré la ver-dad, no le tengas miedo a este pro-ceso. La Biblia no es un examen de ingreso a la universidad, es una car-ta de amor. Claro que hay que estu-diar duro, ¡pero con el corazón ale-gre! Porque el que mucho conoce, mucho ama; y el que mucho ama, mucho sabe cómo perdonar. Un estudio bíblico saludable y transformador inte-gra todos estos elementos: Se involucra en el aprendizaje continuo. Busca adquirir un conocimiento preciso de la Palabra. Se esfuerza por lograr un entendimiento claro del significado original. Se deja moldear por una sana doctrina. Medita profundamente en las verdades descubiertas para internalizarlas. Ora pidiendo sabiduría para aplicar esas verdades a cada situación de la vida, que es el fruto que glorifica a Dios. La meta no es solo ser un erudito de la Biblia (conocimiento y entendimiento), sino ser un discípulo sabio y obediente que vive de acuerdo a ella.

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21 Los Conectores Discursivos: El Pegamento de tus Ideas Un viaje por las palabras que dan sentido a nuestro discurso ¿Alguna vez has sentido que tus ideas están claras en tu cabeza, pero al es-cribirlas parecen un rompecabezas desordenado? La solución está más cerca de lo que piensas. Los conectores discursivos son esas pequeñas palabras mágicas que transforman un montón de frases sueltas en un discurso cohe-rente, fluido y convincente. Imagina que estás construyendo una pared. Los ladrillos son tus i-deas, pero sin cemento, todo se derrumba. Los conectores son ese cemento: unen, organizan y dan estructura a lo que quieres expre-sar. No aportan significado por sí mismos, pero son fundamentales para guiar a quien te lee o escucha, mostrando cómo se relacionan las i-deas entre sí. ¿Qué son y para qué sirven?

22 Para sumar ideas Y, además, también, asimismo... Cuando quieres añadir informa-ción, estos son tus aliados. "Es-tudió toda la noche y, además, repasó por la mañana". Para contrastar Pero, sin embargo, no obstante, en cambio... Perfectos para mostrar oposi-ción. "Hacía frío; sin embargo, no se puso el abrigo". Para explicar la causa Porque, puesto que, ya que, dado que... Introducen la razón de lo dicho. "No fuimos al parque porque llovía". Para mostrar consecuencias Por tanto, por lo tanto, así pues, en consecuencia... Indican que lo que viene es el resultado lógico. "El puente está cerrado; por lo tanto, tendre-mos que dar un rodeo". Para dar ejemplos Por ejemplo, así, pongamos por caso... Ilustran y clarifican. "Me encan-ta la música clásica, por ejemplo Mozart". Para ordenar el discurso Primero, luego, finalmente, por un lado/por otro lado... Estructuran tu mensaje en par-tes lógicas. Para resumir En resumen, en conclusión, en definitiva... Sintetizan lo dicho al final de un texto. Los grandes grupos de conectores Esta expresión merece atención aparte. No indica consecuencia ni oposición, sino que sirve para cambiar de enfoque hacia as-pectos complementarios o se- cundarios. "La película tiene un guion débil. Por lo demás, la fotografía es excelente". Es la herramienta perfecta para evaluaciones y críticas equilibra-das. Un caso especial: "Por lo demás" Varía tu vocabulario: No repitas siempre "entonces" o "pero". Un buen repertorio enriquece tu estilo. Cuida la puntuación: La mayo-ría van seguidos de coma. "Sin embargo, no estuvo de acuer-do". Adapta el registro: En lo cotidia-no, usa "o sea", "bueno", "así que”. En textos formales, opta por "por consiguiente", "no obs-tante", "asimismo". No abuses: Demasiados conec-tores sobrecargan el texto. De-ben fluir con naturalidad. Claves para usarlos bien

23 Dominar los conectores discursivos es como aprender a to-car un instrumento: al principio requiere atención, pero con la práctica se convierte en algo natural. Y cuando logras que tus ideas fluyan con claridad y elegancia, tus lectores te lo agradecerán. En El Sembrador, sabemos que las buenas palabras, bien co-nectadas, pueden cambiar el mundo. El poder de una buena conexión Glosario rápido Conector Función Además Suma ideas Sin embargo Contraste Por tanto Consecuencia Porque Causa Por ejemplo Ejemplifica Por lo demás Aspecto complementario En resumen Conclusión Por cierto Digresión