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RelatoEl temblor de la sedaEvolutiva Bernardo MontoyaBernardo MontoyaEntrevistaEntrevista#22026JULIO Autopublicación una “Me volveré héroe, no porque sea lo correcto, sino para proteger a mis amigos” Experiencia
La revista de los que publican sin permiso Artículos -Del sueño a la angustia por Vianey Medina -Un viaje a La Cámara de los Libros por Cris Before -La diferenciación como una estrategia de marketing para la promoción de tus libros por Mary Lundh -Autopublicación como acto de resistencia por Georgia Bogdan Entrevista -Bernardo Montoya: autor mexicano de ciencia ficción Escaparate Indie -Alguien de mi pasado: Diluvio y Sacrificio - Milagros de los Ángeles Davila -Vivir del sueño - Ángel J. Romero Cabrera -Maradia, Nacidos - Valeria Moya -Astros - Antonio G. Cidoncha Relato -El temblor de la seda por Víctor Arturo Solano Í n d i c e
La revista de los que publican sin permisoFuente: Canva le de vida, porque un libro sin un intérprete es solo un cuerpo sin alma. La escritura no es una pesadilla, es una travesía con momentos incómodos, paisajes inesperados, sensaciones de plenitud, euforia y al mismo tiempo insatisfacción. Yo no lo supe hasta tiempo después y, déjame decirte, saberlo no asusta: prepara. Porque cuando entiendes que el trabajo invisible forma parte del oficio, la ilusión inicial no desaparece: se vuelve más honda, más tuya. Es en ese punto cuando comienzas a disfrutar, a entender que las cosas de la vida no son fáciles, pero valen toda la pena. Así que, si eres alguien que inicia en el mundo de la escritura debes saber que no es para nada fácil, pero cuando tocas una de esas puertas que solo se abren para los que se quedaron, a pesar de todo, vale la pena. El contraste entre la ilusión y la realidad. Tuve la fortuna de platicar con dos escritores que para mí son el claro ejemplo de lucha constante. Ambos han logrado el sueño de muchos desde dos puntos diferentes: el primero, autopublicado; la segunda, publicada por una de las editoriales más anheladas. Dos contrastes, con tantas similitudes: Dean Wyes, mexicano, veracruzano con afición a la fantasía y la ciencia ficción. Nos narra que su primera dificultad se presentó con la vulnerabilidad de mostrar parte de sí mismo. La mayor parte de mi vida vi las letras como la peor peste que pudiera sufrir un pueblo. Eso cambió hace seis años cuando en mi desesperación por evadirme inicié mi camino en la escritura. Comencé buscando un viaje mental que me desconectara de cada una de las capas de la Tierra, necesitaba huir de la devastación que me generaba la pérdida de un ser amado. Comencé creyendo que mi obra se convertiría en el mayor bestseller escrito en Latinoamérica, que en un mundo lleno de cliché sería lo más original. Pero la ilusión desapareció cuando entendí por primera el significado de la frase “bloqueo de escritor". Desde entonces, mi visión de la creación literaria entró en un declive que, seis años después, aún no cesa. Muchos de ustedes seguramente imaginan la escritura como un sueño, como una fuente creativa que brota sola, como esa inspiración que llega en la madrugada y llena páginas enteras sin esfuerzo. Así lo hemos visto en series y películas donde escritores terminaban novelas en una sola noche. Lo crudo viene luego, cuando descubres que hay otro lado del camino: días de dudas, relecturas que no terminan de convencerte, momentos donde dudar de ti es lo más destructivo que te podría pasar y que, justamente, te llevan a tocar el infierno con los diez dedos y el cielo con uno, al mismo tiempo. Porque ese orgullo que venías sintiendo se ve mermado por la inseguridad y te aferras a él, luchas porque desaparezca, pero casi siempre el síndrome del impostor es el que sale victorioso. Por eso, para muchos es un reto, para otros un logro. Más cuando no tienes un nombre en la industria y el anhelo de vender, de recibir una reseña positiva se ve invadido por la melancolía de un libro sin lecturas, de una página sin opiniones, sin reacciones, sin nadie que Del sueño a la angustia Vianey Medina Artículos Lo que nadie te cuenta cuando decides escribirFuente: Canva
El hecho de que existía la posibilidad de que nadie lo leyera, fue duro, y desalentador al principio. Aún así, él nos comparte una de sus frases que enamoran: “El mundo tiene millones de personas, siempre habrá una”. Esas palabras lo impulsaron para seguir adelante, su sueño como tal no ha cambiado, solo evolucionó, porque logró que su abuelo leyera su trabajo antes de que partiera. Su orgullo es haber mirado su gran logro en los ojos de la persona más importante en su vida. La escritura como mencioné antes es un trabajo solitario y Dean Wyes nos lo recuerda “Claro que hay comunidades y el apoyo entre escritores siempre es bueno, pero el momento tuyo con el manuscrito es solitario, y uno aprende a conllevar eso”. Él cierra la entrevista con esta potente vivencia que nos narra lo más valioso de su experiencia; “El hecho de que lo logré, y de que compré un pan con lo que gané de ese libro, porque una vez me dijeron que ni para un bolillo me iba a alcanzar”. Ahora sabe que, solo debe llegar a más personas y seguir con la aventura de la autopublicación. La realidad es totalmente alentadora. Nuestra segunda compañera de esta aventura es Ava Draw, española, bella, talentosa, la más mejor, la más humilde. Que quede claro: ella es quien nos deleita con una descripción que, creo, es de lo más sincero que he leído y que, sin lugar a dudas te roba una sonrisa. Para Ava, la aventura comienza cuando su hermano le pidió que le contara un cuento. A raíz de eso descubrió lo mucho que le gustaba inventar historias. Pero su primer bebé nace, fundamentalmente, de querer hacer reír o entretener con un buen chisme. De emocionar. De provocar algo en el lector. Pero no un algo cualquiera: algo positivo. La revista de los que publican sin permisoFuente: Canva Al igual que muchos de nosotros, ha enfrentado dificultades. La primera que recuerda fue a la hora de enlazar una escena con otra: las transiciones son su punto débil. Creo que muchos nos sentimos identificados con esa problemática. Para ella crear historias sale casi solo; editar es un suplicio. Escribir no tiene un lado malo… hasta que intentas publicar. Y es aquí cuando la historia se vuelve un poco oscura, cuando, dentro de todo lo que vive nace esta poderosa frase: “No podemos controlar lo que los demás piensen de nosotros, pero sí cómo nos tratamos a nosotros mismos”. Su paso por la editorial fue mejor de lo que esperaba, porque había escuchado auténticas historias de terror y su caso fue, como ella, mágico. Al interactuar con sus seguidores por primera vez la experiencia fue mucho mejor. Lo describe como “Mariposas en el estómago. Es como estar enamorado”. Aunque fue complejo conseguir visibilidad y, a la vez, mantener su estabilidad mental. El sueño que conserva es el de poder ofrecer un refugio a otros, como las novelas que ha leído se lo han ofrecido a ella. Y aunque muchos creemos que todo se centra en los libros, lo cierto es que a ella le emociona aún en este momento de su carrera conocer gente que también escribe, edita, lee y volverlas su familia. Cierra su entrevista agradeciendo a las autoras que escriben las historias que tanto lee —aquellas que la hacen disfrutar—, y a las lectoras que hacen posible que puedan seguir haciéndolo. La labor literaria no es solo para los que se equivocan: es para aquellos que se equivocan y vuelven a intentarlo. Los que secan sus lágrimas con el dorso de la mano y se levantan con ese ímpetu de acabar con el mundo. Ninguno de los dos tenía un nombre. Ninguno de los dos escribió su primera línea pensando en la fama. Ambos solo siguieron. Y tú también puedes. No porque seas especial, sino porque te quedas cuando otros apagan el ordenador. A ti ¿Qué dificultades te esperan? ArtículosFuente: Canva
La revista de los que publican sin permiso Escuchar una charla sin pensar en la siguiente tarea. Conocer a alguien sin que medie un interés inmediato. Volver la semana siguiente por el simple placer de reencontrar un lugar que ya te reconoce. Al salir, siempre miro la fachada de la antigua sede fallera, ahora convertida en este refugio de papel y voz. Y pienso que Campanar ha ganado un sitio donde los libros no son trofeos ni mercancía, sino excusa para juntarse, para que un desconocido te recomiende un autor que no conocías y esa recomendación te acompañe días después. Donde la cultura no se consume: se habita. Y sí, también pienso que he tenido suerte de verlo crecer. Y que ya estoy deseando volver. Pero, sobre todo, pienso que hay lugares que no se describen: se visitan. Y este es uno de ellos. Si entras en La Cámara de los Libros sin saber bien qué es, quizá busques con la mirada una librería común: estanterías ordenadas, algún cartel de novedades, el familiar olor del papel envejecido. Pero nada más cruzar la puerta, alguien te recibe como si hubieras llegado a casa. Y ahí empieza a torcerse lo que esperabas. No es una librería. Tampoco una biblioteca al uso. Es un lugar que se ha ido haciendo mientras crecía, sin prisa, sin manual de instrucciones. Acoge donaciones de libros, sí, pero también a artesanos que que buscan mostrar sus obras, a niños que descubren que leer no es una obligación, a escritores sin publicar que encuentran un público aunque solo sea una silla, a vecinos que buscan un sitio donde quedarse un rato sin que nadie les pida que consuman a toda prisa. Hay mesas para conversar, un escenario diminuto, sofás que invitan a caer rendido, exposiciones que cambian sin hacer ruido, y un silencio que no pesa, que te deja estar sin pedirte nada a cambio. Lo que sorprende, en realidad, no es lo que hay. Es lo que no hay: prisa. Kuma Almasy, su fundador, ha conseguido que esta asociación cultural sea muchas cosas a la vez sin que ninguna desentone. Biblioteca, refugio, sala de exposiciones, club de lectura, taller de manualidades, micro abierto, punto de encuentro vecinal. Todo eso cabe bajo un mismo techo porque este techo no es de ladrillo, es de comunidad. En ciudades donde los espacios culturales suelen medirse en metros cuadrados y en visitas por hora, La Cámara propone algo casi subversivo: quedarse. Leer unas páginas sin mirar el reloj. Un viaje a la Cámara de los Libros Cris Before Artículos Cuando el silencio hablaFuente: Google maps
La revista de los que publican sin permisoFuente: Canva Muchos autores prefieren maquetaciones simples, sin ilustraciones y portadas limpias. Porque creen que sus textos no requieren de ornamentos adicionales. Otros prefieren diseños elaborados y portadas extravagantes. Ninguna de las opciones es mala, pero hay que recordar que, aunque cada género tiene lo suyo, el autor es quien toma las decisiones. A fin de cuentas, es la persona que mejor conoce su manuscrito. Muchas veces elegimos mal y por eso perdemos la oportunidad de llamar la atención de los lectores. Así que pon mucha atención a este paso. Dependiendo de lo que se decida, más adelante debemos diseñar la comunicación, es decir, hacer publicidad. Aquí no evaluamos el libro como autor, sino como un comprador potencial. Esto me permitirá ver qué estilo de diseño y anuncio conviene emplear. Por ejemplo, si mi libro es para un público adolescente, debo enfocar mis esfuerzos a comprender sus gustos y preferencias. Si logro descifrar el lenguaje actual de estos jóvenes, podré hacerles llegar mi mensaje diferenciador. En este apartado definimos el target, y a partir de él los medios de comunicación adecuados para enviar la publicidad de manera efectiva a su destino final. Si quieres destacar tu estrategia diferencial, el diseño es tu mejor aliado. Desde siempre, esta herramienta ha sido esencial para la buena publicidad. Ya sea el diseño gráfico, la fotografía o una combinación de ambos. Hoy en día la comunicación es irremediablemente visual. Tengamos claro que, difícilmente, lograremos impactar de manera positiva en nuestros targets si no logramos la combinación artística coherente, por lo que nunca subestimes a un buen diseño. Por último, debo mencionar que la diferenciación es una herramienta que muchas veces define a un producto en el mercado; por lo tanto, como autor, no debes tomarlo a la ligera. Es una decisión que requiere mucha reflexión y análisis de lo que realmente deseas transmitir a tus lectores. Todos amamos un buen libro, pero ¿quién es el que decide si un libro es bueno o malo? Normalmente asumimos que es una editorial. No obstante, la realidad es otra. En la actualidad quien lo decide es el lector. Y, a diferencia de las editoriales, ellos no evalúan tu libro mediante métricas predeterminadas, sino porque —de alguna manera— les llamó la atención. Esa cualidad que te permite “brillar entre el montón” en marketing la llamamos diferenciación. La diferenciación es una cualidad que permite a tu libro destacar entre miles. Es una característica que lo hace único. Ahora me preguntarás: ¿Cómo hago para reconocer esta cualidad? Primero, necesitarás analizar algunas variables relacionadas con tu libro. Para empezar, cada género literario tiene sus características y debes conocerlas bien para establecer una estrategia viable. No se pueden vender espinas como flores. Es importante reconocer los aspectos que destacan en el tuyo y determinar la forma más eficaz de comunicar tu mensaje diferenciador. Una vez que tengas claro el primer punto, debes analizar tu libro de pies a cabeza y de manera objetiva para descubrir qué aspectos lo hacen único. Esto con el objetivo de determinar las razones por las que un comprador potencial lo adquiriría. Puedes hacer una lista; más adelante la necesitarás. Otro aspecto a tener en cuenta es si la cualidad diferenciadora será intrínseca o extrínseca. En este punto entra nuestra lista. Tras verificarla, debemos decidir qué aspecto destacar. Como autor, debo ser sincero y reconocer si mi texto es lo suficientemente atractivo para brillar por sí mismo o necesita de una ayuda adicional. Aquí se hace una evaluación similar a la de una editorial y se determina, por ejemplo, si un libro necesita o no ilustraciones. La diferenciación Mary Lundh Artículos como una estrategia de marketing para la promoción de tus libros
La revista de los que publican sin permiso Porque cuando publicas por tu cuenta, no le debes nada a nadie. No hay una editorial que te diga qué cambiar para que guste más. No hay una fecha de entrega que no dependa de ti. No hay una tirada que condicione tu siguiente paso. Eres tú, tu libro, y el mundo. Y aunque ese mundo a veces mire hacia otro lado, la decisión de haberlo hecho es tuya. Autopublicar te obliga a aprender cosas que nunca habías pensado que necesitarías. A entender que escribir es solo una parte del proceso, a veces la más pequeña. A descubrir que la paciencia no es una virtud, sino una herramienta de supervivencia. A aceptar que el fracaso no es una opción, es una posibilidad real y no te define. A gestionar la ansiedad, la espera, las reseñas que duelen y las que te dan alas. A entender que el camino no es una línea recta, sino una espiral. Y en ese aprendizaje, algo cambia en ti. Dejas de escribir para los demás y empiezas a escribir para ti. Dejas de medir tu valor por el número de descargas y empiezas a medirlo por el eco que deja tu historia en quienes la leen. Dejas de buscar la validación externa y empiezas a construir tu propia confianza. Ya no necesitas que nadie te diga que eres escritor; lo sabes porque escribes, porque publicas, porque has hecho el trabajo. Autopublicar es un acto de resistencia contra la idea de que solo es válido lo que pasa por el filtro de unos pocos. Contra la creencia de que el talento necesita un sello para ser real. Contra la inercia de esperar a que alguien te diga “puedes pasar”. Es una declaración de principios: mis historias no van a esperar a que alguien decida si merecen ser leídas. No es el camino fácil. Ni siquiera es el camino más rentable. Pero es un camino que existe porque alguien decidió que su historia no podía esperar a que la validaran. Porque hay lectores que no se sienten representados por lo que publican las grandes editoriales. Porque hay voces que necesitan ser escuchadas aunque no encajen en el molde. Y ese alguien, en este caso, soy yo. No sé si mi libro llegará lejos. No sé si alguien lo leerá dentro de diez años. No sé si algún día podré vivir de esto. Pero sé que lo escribí, que lo publiqué y que no esperé a que nadie me diera permiso. Y eso, para mí, ya es suficiente. Llevaba años escuchando que el camino para ser un escritor de verdad era siempre el mismo: encontrar agente, firmar con editorial, esperar que alguien validara lo que había escrito. Que si no llegabas ahí, no eras un autor "de verdad". Que autopublicar era para los que no habían logrado entrar por la puerta grande, para los que se habían rendido, para los que no tenían suficiente talento. Y un día me di cuenta de que estaba esperando permiso para hacer algo que ya estaba en mi mano. Autopublicar no es un plan B. Es una decisión. No es rendirse; es tener el control. No es decir “no valgo para esto”; sino “esto es mío y lo voy a compartir aunque no venga con el sello de nadie”. Elegir la responsabilidad sobre la comodidad. Decir: “no necesito que me validen para saber que esto merece existir”. Porque la edición tradicional tiene sus propias reglas, y muchas veces esas mismas reglas no tienen nada que ver con la calidad de lo que escribes, sino con lo que se vende, lo que encaja en una colección, lo que es “comercial”. No es un juicio sobre tu talento; es un filtro de mercado. Y eso está bien, pero no es la única verdad. No es la única manera de que una historia llegue a quien la necesita. Autopublicar es construir tu propia puerta en lugar de esperar a que alguien te la abra. Te enfrentas a todo: maquetar, elegir tipografía, diseñar portada, subir a plataformas, gestionar reseñas, lidiar con el algoritmo que decide si te ve alguien o no. Aprendes a promocionarte sin sentirte un vendedor de humo. Aceptas que tus amigos no siempre serán tus lectores. Descubres que hay lectores ahí fuera a los que nunca llegarías si esperaras a que una editorial te eligiera. Aprendes que el éxito no se mide en cifras, sino en la gente a la que tu libro llega, aunque sea a unos pocos. Es frustrante, a veces. Es solitario, a menudo. Es un trabajo inmenso que nadie te paga y que la mayoría no ve. Pero también es liberador. Autopublicar como acto de resistencia Georgia Bogdan ArtículosFuente: Canva
La revista de los que publican sin permiso En realidad si, pues antes no era tan fácil publicar un libro. Varias veces trate de contactar editoriales, entré a concursos. Y pues lamentablemente los rechazos si fueron desalentadores, pues llegué a pensar que tal vez el mundo que había creado no era interesante. Varias veces puse en pausa este proyecto, a veces durante varios años, y cuando lo retomaba reescribía el manuscrito de mi primer libro, pues mi forma de pensar había cambiado, pero la historia en sí siempre se mantuvo la misma. Creo que lo que por fin me dio ánimos de seguir fue conocer a varios autores independientes en mis viajes a la ciudad de Monterrey, pues fue entonces que me di cuenta que podría cumplir este sueño, incluso sin el apoyo de una editorial. 4. ¿Qué has aprendido sobre ti mismo al terminar un proyecto que tardó casi dos décadas? Principalmente creo que me di cuenta que valió la pena el esfuerzo, me di cuenta que la perseverancia tuvo sus frutos y que esto se cumplió en el momento correcto. 5. ¿Te consideras parte de la comunidad friki/geek de Nuevo Laredo? ¿Esa cultura también influye en tu día a día o solo en tu escritura? Aunque siempre me he considerado friki u otaku, honestamente en la actualidad no me siento mucho parte de ese mundo, pues me siento muy desactualizado con las modas actuales, fuera de aquellos animes populares como Demon Slayer o Jujutsu Kaisen. Incluso en mi escritura, usualmente las inspiraciones vienen de los animes que vi de joven. 6. ¿Qué miedos tuviste al autopublicar? ¿Y qué alegrías te llevaste? Primero que nada, creo yo, lo que cualquier autor autopublicado siente, ¿Y si mi historia no es buena? ¿Y si no le gusta a nadie? Pero me alegró mucho el recibimiento de los que ya han podido leerla y que me dijeran que les gustara. 1. Cuéntanos quién es Bernardo Montoya Ruiz fuera de la escritura. ¿A qué te dedicas, qué te gusta hacer cuando no estás creando mundos de ciencia ficción? Estudié Ingeniería Electrónica, pero actualmente trabajo como maestro en una preparatoria técnica en las materias de la especialidad de Mecatronica. En mis tiempos libres me gusta mucho ver animes como One Piece, o series y películas como el MCU de Marvel. También disfruto mucho de los videojuegos como Pokémon el cual es mi favorito. 2. ¿Cómo era el Bernardo de 2007 que empezó a escribir esta historia? ¿Y cómo es el Bernardo de 2024 que por fin la publicó? De joven era el típico otaku retraído y algo introvertido, creo que precisamente eso fue lo que me llevó a comenzar a escribir, pues tenía muchas ganas de contar la historia que se me había ocurrido. En el 2024 ahora ya un adulto de 34 años, y viendo hacia atrás creo que si cambié mucho, aunque todavía con esa pasión por la ciencia ficción y fantasía. “Me volveré héroe, no porque sea lo correcto, sino para proteger a mis amigos” Bernardo Montoya Entrevista Crónicas de un Dios Género: Ciencia Ficción Disponible en Amazon Formatos: Ebook e Impreso 3. ¿Hubo algún momento en esos 17 años en que pensaste en abandonar el libro? ¿Qué te hizo seguir?
La revista de los que publican sin permiso Hoy en día seria ilógico leer una historia donde los protagonistas son adolescentes y no tienen celulares. También cambió un poco la forma en la que mis personajes interactuaban, pensaban, etc. 10. ¿Qué le dirías a un lector de Nuevo Laredo que vea su ciudad convertida en escenario de superhéroes? Que espero le pueda dar la oportunidad a esta historia, muchas veces la misma gente de esta ciudad siente como si ésta no tuviera mucho que ofrecer, espero este libro sirva para de alguna manera la gente ubique más a Nuevo Laredo. 11. El protagonista, Benjamín, no quiere ser un héroe. ¿Eso lo escribiste por convicción narrativa o porque también refleja algo tuyo? Un poco de ambos. Narrativamente se me hizo interesante escribir a alguien destinado a salvar el mundo pero primero cediendo a su lado oscuro, pues en un inicio Benjamin solo busca beneficio propio. También, para mí, tenía sentido que alguien que fue bulleado toda su vida, cuando por fin tuviera poder, lo usara para vengarse de sus bullies. 12. Dices que tu libro tiene mucha influencia de anime, cómics y videojuegos. ¿Podrías nombrar alguna obra concreta que haya dejado huella en tu forma de contar? Honestamente es una enorme amalgama de todo lo que he visto. Superman, Dragon Ball, Resident Evil, entre muchos otros, pero creo que las dos obras que has influenciaron fueron FullMetal Alchemist y la serie de Smallville. Al igual hay referencias a pequeños aspectos de muchas otras series y películas de ciencia ficción. 13. ¿Hay algo autobiográfico en Benjamín? ¿Tú también te sientes un "extranjero" en tu propia ciudad o en tu propia vida? Al inicio de la historia yo creo que sí, yo también sufrí bullying muchos años, cometí errores y pasé por una depresión. 14. ¿Qué consejo le darías a alguien que lleva años con un proyecto guardado en el cajón y no se atreve a publicarlo? Primero que nada, que pierda el miedo, pues seguramente como a mí me pasó, siente miedo a que otros lean su obra. Debemos quitarnos el miedo al “qué dirán”. Pero también, el consejo más importante que podría darles es que no necesitan ser escritor de profesión para poder escribir. Esto, aunque suene contradictorio, me refiero a que, yo nunca estudie letras o carreras similares, soy ingeniero, de hecho tengo muchos defectos al momento de la ortografía o tal vez la secuencia de eventos, sin embargo, para esto tengo a una editora que me apoya en todos esos aspectos. Lo importante es poder plasmar en palabras lo que tengo en mi imaginación. 7. Cuéntanos de qué va Crónicas de un Dios. En tu sinopsis hay anime, cómics, videojuegos, superpoderes, un espíritu idéntico al protagonista y un demonio que aparece en sueños. ¿Cómo se conecta todo eso? Crónicas de un Dios es un libro con dos historias, la historia principal, es decir, la de la saga, y la historia de Benjamín, nuestro protagonista actual. La historia principal trata de Crono, un guerrero de un planeta llamado Apocalipto, a muchos años luz de distancia del nuestro, el rey de ese mundo lo llevó a la destrucción, y en su intento por hacerle frente y matarlo, fracasó, ambos llegaron a nuestro planeta hace seis milenios, dónde Crono juró destruirlo, sin embargo, al saber que jamás podría cumplir su meta en vida, ha estado reencarnando para poder hacerle frente a Apocalipsis. Hace 5 milenios reencarnó en el antiguo Egipto como un faraón llamado Ra, hace 2 milenios como un emperador mexica llamado Quetzalcoatl, y en la época actual como Benjamín. Los sueños que tiene Benjamín, son más bien recuerdos de sus vidas pasadas, las veces que se enfrentó a Apocalipsis antes. Él está destinado a enfrentarlo, sin embargo, al no saberlo, cuando recibe los poderes de Crono, decide convertirse en un supervillano, a lo largo del primer libro, debe entonces ir venciendo a su lado oscuro y convertirse en el héroe que estaba destinado a ser. 8. La historia está situada en Nuevo Laredo, tu ciudad natal. ¿Por qué decidiste que los héroes y villanos nacieran ahí y no en una gran ciudad como México, Monterrey o incluso Estados Unidos? Desde un inicio quería que mi historia se situara en el mundo real, pero para poder plasmar en las páginas un mundo que se viera convincente, debía ser un lugar que yo pudiera describir perfectamente. Por eso escogí Nuevo Laredo. 9. Dices que el proyecto lo empezaste en 2007 y lo publicaste en 2024. Diecisiete años. ¿Qué cambió en ti y en la historia durante todo ese tiempo? ¿En mí? Bueno, primero que nada la madurez, pues de un joven de 17 ahora era un señor de 34, mi manera de ver el mundo ya no era, por decirlo de cierta manera, tan inocente. En cuanto a la historia, la trama principal siempre se mantuvo igual, incluso hay capítulos que se quedaron casi iguales a la primera vez que los escribí. Pero si hubo muchos cambios a lo largo de los años, principalmente ir actualizándola con los avances tecnológicos, un ejemplo es que cuando la escribí por primera vez no teníamos redes sociales, teléf
La revista de los que publican sin permiso Escaparate Indie Alguien de mi pasado: Diluvio y Sacrificio Autor: Milagros de los Ángeles Davila Género: Suspenso/Thriller Mel se ve envuelta en un conflicto entre organizaciones criminales, mientras su pasado, que no la deja, regresa a cada instante para atormentarla. La joven lucha por la venganza y la justicia después de haber sido traicionada y de haber sufrido la perdida de sus seres queridos. A lo largo de la historia, Mel se enfrenta a dilemas morales y a las duras consecuencias de sus decisiones, mientras intenta descubrir la verdad y poner fin a un ciclo de violencia. Disponible en Amazon en formato impreso Vivir del sueño Autor: Ángel J. Romero Cabrera Género: Realismo mágico Vivir del sueño es una fascinante antología de trece relatos que se adentra en los territorios más misteriosos de la condición humana. A través de estas páginas, el lector descubrirá personajes atrapados entre la cordura y el delirio: ancianos que desafían al olvido, mentes que encuentran portales en la enfermedad, y destinos marcados por la fatalidad, la nostalgia y la esperanza. En este universo, lo inexplicable no es una anomalía, sino la única forma de entender los rincones más profundos del alma. Disponible en Amazon en formatos ebook e impreso
La revista de los que publican sin permiso Disponible en Amazon en formatos e-book e impreso Astros Autor: Antonio G. Cidoncha Género: Ciencia Ficción Luis lleva años viviendo detrás de un casco. Respira a través de filtros, evita el contacto y ha convertido la distancia en una forma de vida. En un Madrid reconocible y extraño al mismo tiempo, sentirse a salvo parece suficiente. Hasta que aparece María. Y, por primera vez, algo empieza a resquebrajarse. Astros es una distopía íntima y emocional sobre el miedo, la salud mental, el aislamiento y las protecciones invisibles con las que aprendemos a vivir. Una historia de amor cuando tocar no es posible, y sobre lo difícil, y a veces necesario, que es cambiar. Porque a veces sentirse a salvo no es lo mismo que sentirse vivo. Escaparate Indie Disponible en Amazon en formato impreso "Viev, me llamo Dallax. Tengo trece años y acabo de nacer". En el corazón de la blanca Maradia, Danais y Dallax despiertan en un palacio sin apenas recuerdos. Junto a otros niños, son criados por los misteriosos Cuidadores mientras aprenden las normas del mundo al que serán enviados tras la Ceremonia de Iniciación. Pero su seguridad se quiebra ante preguntas que asolan sus mentes: ¿Qué significa ser frágil en un mundo que ansía romperlos? Bienvenidos a Maradia, donde los fragmentos más pequeños pueden cambiarlo todo. Maradia, Nacidos Autor: Valeria Moya Género: Fantasía
La revista de los que publican sin permiso e parece que nos estamos repitiendo. Esto es como el verdad o reto de aquella tarde de lluvia, cuando intentaste preparar un arroz con curry que luego ni el perro quiso comerse. Pero bueno… hoy también llueve a cántaros y el póker ya cansa. Sí, incluso el de prendas. El temblor de la seda Autor: Víctor Arturo Solano Género: Realismo Mágico RelatoM Bien, empiezo, pero advierto que esta no es una historia de esas que acostumbramos, de esas en las que exprimimos la memoria de nuestras interacciones buscando el beso que no me di con Laura bajo el pórtico de la facultad o cuando más cerca estuvieron El Sebas y Guiri o cualquier otro par de los zopencos de esta carrera de violar nuestro pacto de virilidad colectiva. No, esta vez hablo de una verdadera distorsión del marco existencial, que tuve el privilegio —o más bien la desgracia— de experimentar. Para colmo, en la etapa más volátil y cuesta arriba de la vida, aquella en que tu cerebro se hace popó: los 15 años. Una experiencia surreal, eh. Perfecto, aquí vamos: Mi hermanita Coral acababa de nacer. Era el 15 de abril del 93 y el médico había acostado a mi madre en el tercer tercio porque venía prematura y eso era Sergio aquí, Sergio allá y los fregados y el trapeado... Aunque todo valió la pena, fueron 7 libras y media y 50 cm. El caso fue que una amiga se comprometió a quedarse con mi madre esa noche en el hospital, ya que a mí no me dejaban por ser menor y ella tuvo un breve desgarro que requirió sutura. No pueden imaginar lo suertudo que me sentía. Ya saben, la típica satisfacción adolescente cuando te dejan solo. La ternura por mi hermanita se mezclaba en un cóctel confuso con mis reclamos hormonales. Ya lo tenía todo calculado: un sándwich de aguacate para cenar, luego sintonizar Cine pícaro (que mi madre siempre insistía en ver conmigo, arruinando el momento) y luego, la materialización en nuestras carnes del placer anticipado que ninguno de nosotros confesamos a esa edad y pretendemos que nadie imagina. Ni bien acababa de entrar al barrio cuando experimenté el preludio de la decepción posterior: estábamos de apagón y, como siempre, no se sabía cuánto iba a durar. En ese tiempo habitábamos una esquinita de la Ciudad Colonial, en una cuartería en la José Gabriel García, próxima al parque Pellerano. El corredor estaba animado. Todas las mujeres esperaban la energía fuera de sus estancias. Saludé a Norma, a su marido y luego a Carlitos, a María y a Lucila. Cuando giré la llave, me engulló la oscuridad absoluta del interior. Era un edificio muy viejo, de concreto armado y algo ruinoso, cuyas habitaciones estaban insonorizadas. Luego a la luz de la vela, masticando sin mucho apetito, el aguacate me supo a jabón. Pensé en ahogar mi decepción en una charla en la terraza. Tal vez Yuleisy aún estuviera en casa, aunque decían que salía con un chico que ya cursaba el cuarto de media por esos días y que la pillaron retirándose del Ícaro con una compañera en su Porsche… Ya estoy divagando otra vez, retomo. El corredor estaba tan desierto y oscuro como nuestra estancia. Y las puertas que hace un par de minutos estaban de par en par, ahora se insinuaban cerradas a cal y canto. Les puedo jurar por mi título que esa gente no se acostaba tan temprano. No, estoy totalmente sobrio en este momento —solo van cuatro Cuba libre y sé resistir muy bien—. Era como si el tiempo fuera líquido o, más bien, ¿recuerdan lo del estado sol y el estado gel? Puedo apostar que era algo así. ¿Tardé tanto en preparar ese sándwich o todos los vecinos se acostaron antes? Mi reloj de pulsera estaba descompuesto, pero no hacía falta para darme cuenta de que algo raro pasaba. Regresé a mi habitación y me resistí a dormirme, aún acariciando la esperanza de que restablecieran el servicio y de poder lustrar el sable con algo más que apareciera en pantalla. Al otro día era sábado, podría levantarme tarde. Me quedé dormitando, sin pensar en nada, ni siquiera en Yuleisy y menos en el informe de lectura que ya llevaba dos días retrasando.
La revista de los que publican sin permiso No sé cuánto estuve así, más o menos hasta el momento en que me pareció escuchar una risita como de ninfa revoloteando y, tras la disipación de ese tintineo vocal, la tuve de improviso frente a mí, a Yuleisy. Vestía un kimono, lo cual tenía algo de sentido, porque era de ascendencia oriental, específicamente china. Era de flores y de pájaros revoloteantes. Parecía una geisha y se me insinuaba en esos momentos con su presencia difusa, espectral. Pero, aun así, contrastando con la semipenumbra de la pieza. Ensayaba una danza que supuse oriental, de contenida sensualidad. No alcanzo a describir mi estado de ánimo en ese preciso instante: una extraña mezcla de excitación, expectación y pavor. Justo cuando estaba por asomar su pecho bajo las amplias y sedosas entretelas del kimono, su imagen se difuminó en estática, como si fuera televisiva y hubiera perdido la sintonía. En su lugar surgió bajo la tela una especie de travestido demacrado, cadavérico, que me interpeló con la voz más gutural y destemplada que había escuchado en mi vida. Este sujeto hacía crujir la seda del atuendo, transmitiéndole su propio temblor. Parecía enfermo. —¡Hola, Horacio! Mi grito rasgó la oscuridad, el espacio, el tiempo, hasta mis ansias carnales. ¿Cómo demonios lo supo esa cosa? Estuvimos leyendo aquel poema la semana pasada, en clase de literatura, el poema de Horacio a Mecenas… ahora que lo pienso, esta proyección era similar a… ¡Oh, por Dios! ¡No podía ser él!. ¿Por qué me quitas la vida con tus quejas? Ni a los dioses es grato, ni a mí, que mueras antes, Mecenas, tú, pilar mío, toda mi gloria. ¡Ah! Si una fuerza prematura… Luego, al otro día, todos me aseguraron que se fueron a la cama sobre las diez y nadie me escuchó gritar en la oscuridad. ¿No mejor volvemos a las cartas? Sí, yo creo que sí… hay verdades que deben permanecer sepultadas y quiero sentirme seguro de nuevo. FIN Relato