El sabor volvió a casa El aceite sonaba en la cocina como si quisiera contarme algo. Afuera, Pucusana olía a mar, a tarde fresca y a gente regresando a casa. Yo estaba frente a la mesa de trabajo de mi pequeño negocio de comida rápida, mirando mis apuntes de Comunicación y Marketing Digital, sin saber qué historia contar para una nueva publicación. Había viajado por muchos lugares. Conocía calles de Colombia, mercados de Chile, paisajes de Argentina, colores de Brasil, montañas de Bolivia y ciudades de Europa que parecían sacadas de una postal. Pensé que, con tantos recuerdos, crear una idea sería fácil. Pero esa noche mi mente estaba más vacía que una olla después de un domingo familiar. Entonces levanté la mirada y vi una fotografía antigua que siempre está en una esquina de mi cocina. Era mi abuela, quien también fue como una madre para mí. Más de cincuenta años atrás, en esta misma casa donde hoy funciona mi negocio, ella había tenido uno tambien. Me gusta pensar que, sin saberlo, dejó sembrado el sueño que hoy continúo. Muchas veces siento que heredé de ella el gusto por cocinar y la alegría de atender a la gente. Aunque ya no esté conmigo, estoy segura de que desde el cielo sonríe cada vez que enciendo la cocina y abro las puertas de mi negocio. Mi mamá apareció en la puerta y me miró con esa calma que solo tienen las madres. —¿Y si dejas de buscar tan lejos? —me dijo—. A veces lo mejor está aquí mismo. No respondí. Seguí revisando fotos de viajes, platos, calles y cielos distintos. Quería que mi negocio tuviera una historia especial, algo que llamara la atención. Pero nada me convencía. Sentía que mi creatividad era una maleta cerrada con llave. Entonces entró una clienta de siempre. Pidió lo de costumbre y, mientras esperaba, dijo: —Tu comida tiene algo diferente. No sé si es la sazón o la energía, pero se siente como casa. Esa frase me dejó quieta. Fue como si el ruido de la cocina se apagara por un segundo. Miré mis manos, mis apuntes, las salsas, el fuego, el letrero del negocio y la fotografía de mi abuela. Comprendí que aquello que hacía especial esta marca no era solo mi receta, sino la historia que había detrás de ella. Había recorrido medio mundo buscando inspiración, pero la respuesta estaba en mi propio puerto, en la cocina, en mi mamá y en esa mujer que, muchos años antes, había cocinado entre las mismas paredes que hoy me veían cumplir mi sueño. Mi negocio no era solo comida rápida; era mi forma de decir quién soy.
Esa noche escribí una frase para la publicación: “Hay sabores que viajan contigo, pero hay otros que nacen en casa y pasan de generación en generación.” Sonreí. Por primera vez en días, todo tuvo sentido. A veces uno cruza países enteros buscando una luz, sin darse cuenta de que la lámpara estaba encendida en casa. Desde esa noche comprendí que este proyecto no solo era mi negocio de comida rápida; era mi manera de continuar una historia familiar, con mi propia sazón, mi esfuerzo y el recuerdo vivo de mi abuela en cada preparación. Claudia Mora Caycho, 35 años, estudiante de quinto ciclo en comunicación y marketing digital , le apasiona cocinar , viajar y pasar tiempo en familia. Se considera una persona empatica y divertida.